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miércoles, 26 de diciembre de 2007

Posturas ejemplares



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos y esta su última participación. El artículo que hoy recojo en este blog fue escrito en octubre de 1995 y publicado en el número 22 de dicha revista.

Estadio Vicente Calderón
Estadio Vicente Calderón
Las posturas ejemplares son aquellas que nos interrumpen la respiración por hermosas. Cuando digo hermosas pienso en una belleza moral más allá de lo corriente, es decir, aquellas que suponen un don en quien las ejecuta del que carecen mayorías e incluso minorías. Las posturas ejemplares se alejan del hombre, pues conllevan un sacrificio o manifiestan una decisión impropia. El problema de las posturas ejemplares es que son inevitablemente prácticas y nunca teóricas -surgen espontáneamente para ser imitadas, no se crean como entelequias- pues se amparan en la individualidad. Para solucionar tal carencia dogmática, creamos a partir de hoy una base programática con la que construir una libertad e independencia inventada para todos.

fmdo: Comité Revolucionario del 12 de octubre



POSTURA 3

Siempre ha habido equipos de fútbol para ricos y equipos de fútbol para pobres. Si nos quedamos en Madrid, unos tienen el estadio en la Castellana y los otros a la orilla del Manzanares o en Vallecas. El primero es un equipo para presumir, los otros, no queda más razón, para soñar. Para el primero se ha de ir al campo con traje y corbata; para los otros, como los obreros, con la tortilla en la fiambrera.

No es extraño que me declare seguidora atlética, aunque no pise nunca el estadio. A ello me impulsa el mismo sentimiento que me lleva a defender siempre posturas románticas; defender al desvalido perdedor, sentirme solidaria con las minorías; en fin, a oponerme a la prepotencia de los que ganan porque son los «los buenos» y sentarme con las causas en las que «palpita el corazón».

Ana del Berro



POSTURA 623

No hay otra palabra en mi boca que la de provocación. Voy a provocarte para que me revientes los labios con los tuyos. Voy a provocarte para que pienses que te deseo más allá de lo razonable. Voy a ser imprudente y desabrocharte el sujetador ahora que no me miras. Pero tú me conoces muy bien y sabes perfectamente que la única provocación posible que hay en mi boca es la intelectual, que he venido para cambiar de idea y explotar, para inventar otro punto de vista diferente y ridiculizar con él los anteriores.

En nuestra vida nos hemos creado unos principios que no van más lejos de ser un perchero sobre el que asentamos nuestras ideas como si de gabardinas se trataran; pero las ideas deben sostenerse por sí mismas o dejarse caer. Es la hora de romper los percheros.

Jesús Blazque -actual amante de Ana del Berro-

jueves, 13 de diciembre de 2007

El no de Ana del Berro



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos, tuvo una pequeña columna que perduró durante dos números, luego se mudó al suplemento y allí participó en varios especiales. El artículo que hoy recojo en este blog pertenece a uno de esos espacial, en concreto uno que pedía decir NO. Fue escrito en abril de 1995 y publicado en el número 21 de dicha revista.

Decir no
Decir no
Sé que me han pedido un articulo NO para que en este suplemento haya voces femeninas; los hombres siempre han estado interesados en conocer a qué decimos no las mujeres, supongo que para imaginarse luego a qué diremos sí. Así que he decidido boicotearles y voy a proponerme el tema de otra manera: «Si yo fuese un hombre a qué diría no». Pensé que iba a ser más fácil, pero me encuentro con que los hombres dicen sí a todo, siempre y cuando el todo pueda ponerse faldas, o mejor aún, quitárselas. Se me ocurre algo: si fuese hombre diría no a la monogamia, la «grupalidad» sin competencia es lo mejor, eso de un amo y muchas esclavas es el ideal masculino. Sin embargo es triste pesar que si fuese un hombre sólo sería un pene, no os parece; así que voy a discurrir algo más. A ver que os parece esto, si fuese hombre me gustaría ser hermoso, tener un cutis de piel de melocotón y una mirada profunda desde mis dos ojazos verdes; también unas espaldas anchas, unas manos fuertes y la tez morena, aunque sin excederse. Por supuesto querría no ser inteligente, pero desgraciadamente soy una mujer y nunca podré llegar a cumplir este ideal.

Tal vez, bromas aparte, si fuese hombre diría no a exteriorizar los sentimientos en público, a mostrarme sensible por temor a caer en esa otra palabra que es sensiblero. Tal vez sea un miedo irracional a hacer el ridículo. Ellos, los hombres, siempre han temido al ridículo sobre todas las cosas; pues ocurre que carecen de los más simples conceptos de los límites. Ellos son esos individuos indecisos que no saben dónde está la frontera, ni siquiera entre el no y el sí.

Si fuese un hombre valiente diría no al fútbol -realmente a la masa que conforma y uniforma el fútbol-, no a la violencia como actitud ante la vida, no al desafío constante a los demás hombres, no al servicio militar ni a las armas, no a la irreflexión absoluta en la que vivimos, no a los políticos que nos han hecho entes irreflexivos, no a la intolerancia constante que nos rodea Pero resulta que soy una mujer y hace tiempo que dije no a todo esto.

Por cierto, me gustaría que la gente dijera no más a menudo de lo que lo hace; me aburren las personas tan tímidas que siempre, pidas lo que pidas, te dicen sí.

Ana del Berro

lunes, 12 de noviembre de 2007

Las horas de Ana (2)



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos. El segundo artículo de un personaje nuevo siempre resulta complicado, pues afianza o derrumba el universo que se va describiendo. El artículo que hoy recojo en este blog fue escrito en febrero de 1995 y publicado en el número 20 de dicha revista.

Bohemio
Bohemio
Tirito de frío por la calle; las manos en los bolsillos y el pelo largo cruzándome la cara; yo sin fuerzas para quitármelo de los ojos y recogérmelo para que el viento no juegue con él. Tiemblo, mientras levanto los ojos hacia el cielo para ver el sol que no me cobija Debe ser la fiebre, así que entro en un bar para pedir un café, a ser posible con una aspirina y unas gotas de coñac. Cierro los ojos y empiezo a delirar. Deliro, como casi siempre, unos versos de Antonio Colinas y otros de Blas de Otero; luego, dos minutos después, pienso en él, moreno-ojos-verdes, que me los leyó -una noche sí, una noche no- dentro de la cama.

Hace casi tres meses coincidimos en el autobús a León. Estaba muy cambiado, yo también -me dijo-. Nos sentamos juntos y durante las cuatro horas y media de viaje charlamos de vez en cuando. El me contó vaguedades de su vida, anécdotas inútiles para llenar un silencio molesto; pero ni un solo verso. Es así, por pequeños detalles, como nos vamos dando cuenta de dónde se quedó nuestro «amor».

Él, ahora, lleva una americana sobre una camisa de rayas y un pantalón de vestir color verde oscuro. En su cara, perfectamente rasurada, ya no destaca su mirada de miope, pues ahora lleva unas lentillas. Así, a bocajarro, le disparo:

-¿Dónde has dejado tus vaqueros raídos, o tu perilla?

No sabe contestar, se masca las palabras buscando una disculpa. Me toca pues tomar la iniciativa y contar cómo me va la clase de yoga, lo hermoso que es el budismo y, aunque sigo loca por la música de Pink Floid, últimamente escucho mucho Los Protones, es que suenan muy bien con ese ritmillo británico y además PP tiene muy buena voz. Sigo hablando sola un rato y luego decido mirar por la ventana el paisaje de siempre.

Pienso en cómo pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años... y como perdemos las ilusiones. Vamos cambiando, él ya no lleva perilla ni recita versos. Vuelvo lentamente el rostro, le miro a los ojos y disparo, por segunda vez:

-¿Ya no escribes?

Le cuesta decir que no, que ni siquiera cartas. Me va dando pena, así que no sigo disparando. En dos años ha enterrado su juventud y ahora se viste un uniforme de madurez conformista, seguramente aún seguirá votando a los socialistas, pero simplemente por nostalgia. Toda su rebeldía duerme encerrada en un armario, bajo siete llaves, y él sin tiempo para pensar, ni para leer una historia ajena, ni para dejar unas letras impresas en una esquina de un folio, ni para tener una ilusión, ni... Es triste ver cambiar a un muchacho hacia un hombre. Triste.

Seguramente ahora dormirá inquieto por las noches, le apesadumbrará la idea del futuro y ya no buscará posturas o proposiciones nuevas con quien sea ahora su amante. Pero es más triste saber que yo voy por el mismo camino. Él es un espejo en el que miro el pasar de mis años, mi espeso envejecimiento. No hay dolor mayor sinó perder la inocencia de la juventud. Así pues vamos dejando de hablar. Cuando el autobús entra en la estación de León nos vamos despidiendo. Con las maletas en la mano él me dice:

-Llámame alguna tarde y nos tomamos un café.

Cierro los ojos; me llevo la aspirina a la boca, siento en el aire el vaho caliente del café y respiro un suave olor a coñac. Luego abro los ojos.

Ana del Berro

martes, 6 de noviembre de 2007

Las horas de Ana (1)



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos. Es una evolución de Ly y de Basi Vos, y sin duda de los tres es la que resulta más madura. El artículo que hoy recojo en este blog fue escrito en noviembre de 1994 y publicado en el número 19 de dicha revista.

Cerebro republicano
Cerebro republicano
Cuando me ofrecieron esta columna -un jueves en un concierto de Ilegales- sólo pensaba en escandalizar -por qué sino me habían ofrecido este «dichoso» espacio-; pero tras charlar con Basi Vos una noche oscura, dentro de un trance romántico -entrada en una dulce sesión de espiritismo azul- con Lola, Mari Luz y Bárbara, lo he pensado mejor. Basi Vos dice que una palabra escrita no es más que un punto de referencia o bien para el recuerdo o bien para la reflexión. A mi, como ya saben los que me conocen, eso de la añoranza siempre me ha producido destemplanza y unos ligeros retortijones.

A la mañana siguiente -era lunes y tenía clase de yoga- dejé volar mis manos alrededor del aire para poder suspirar el principio. Mil gorriones, que despegaron sus leves alas y aletearon suspiros, se fueron persiguiendo el mío -una continuación que atravesó por el pequeño espacio que me permite descubrir mi ventana-. No lloverá, creo que dije.

¿Quién me vende un pensamiento?, pregunté el lunes en la clase de yoga. Fue así como descubrí que los buenos pensamientos, tal como los buenos consejos, no se compran, sino que te los regala una buena amiga cuando menos te lo esperas. Fue así, el lunes en la clase de yoga, como descubrí, por puro azar, que Carlos se inyectaba heroína, o que Eva se había comprado un libro titulado Teoría de Compiladores. Pero nadie me vendió una utopía y me gasté más de mil duros. Deduzco que hoy pasaré hambre, aunque tal vez me prostituya ¿Veis como soy una persona amoral, casi sin estudios y discapacitada para la constancia?

Han pasado tres párrafos -dos días midiendo el tiempo en otras unidades- y no tengo aún un mal pensamiento que llevaros a la boca del alma Así pues, me retoma la idea de Carlos encerrado dentro del lavabo mugriento de cualquier tugurio. Una jeringuilla en la mano preparada para lastimar una vena -la de siempre-, una sonrisa en sus labios -marchitos para siempre- y diciendo tonterías sobre un mundo que no es culpable de nada. Tampoco son culpables las horas de tedio. Eva encierra su soledad de otra forma, pero tiene menos que contar incluso: siguiendo -desde sus gafas y hora tras hora- el dibujo de unas letras en un libro titulado Teoría de Compiladores, mientras afuera mil gorriones -ellos son los únicos que me entienden completamente- persiguen un suspiro.

No hay caminos que seguir, no hay respuestas, no hay sentido, ni mundo siquiera; sólo ríos de ideas que vienen y van -que vienen del mar y van a morir al mar- con el propósito de ahogamos en sus aguas. Así, veo que es triste huir sin el propósito de inventar nada -nadar corriente abajo para sobrevivir-. Triste, también, es huir –otro huir-, para, simplemente, no estar. Más triste aún, si cabe, es despertar para no inventar nada. Tener las venas -o los ojos- picados y el alma ruin -o vacía- y muerta para no inventar nada; y pasar las horas sin retenerlas.

Luego estoy yo -sola y perdida como diría mi madre-, tal vez equivocada, matando las horas de mi silencio con una colección de palabras robadas a un suspiro.

Ana del Berro

sábado, 3 de noviembre de 2007

Ana del Berro vista por Ly



Nota: En el Coleópteros y Otros Virus (la revista de la Facultad de Informática), me creé varios seudónimos. Había una cierta paranoia, e incluso probaba que unos describieran a los otros. Me gustaba jugar con ellos. Hoy recupero para este blog la descripción que hizo Ly de Ana del Berro.

Ana del Berro
Ana del Berro
Al salir de la cárcel decido buscar trabajo, pero resulta imposible, todas las puertas a las que llamo me son cerradas con contundencia y hasta cierto desprecio, puedo decir sin mentir. Todo el mundo huye del expresidiario. La confianza –por muy país de católicos que seamos- se pierde para siempre, sin posibilidad de restituirse. Vago por calles y portales. Exploto mi mal aspecto. Extiendo la mano para que una moneda regalada me permita desayunar. En el calor del bar, «encuentro» un móvil y a mi cabeza sólo viene un número: el de Ana del Berro. Me contesta con el primer tono de señal. Su voz sigue siendo la misma, llena de matices dulces, pero sus palabras han cambiado, envejecidas. No tratan de romper el mundo, ni de descolocar, provocar, o descubrir; tampoco de modelar, de hacernos mejor a todos. Le digo que soy yo, que la vida me está resultado muy difícil y que necesito su ayuda. Me habla de dinero, dice que siempre puede «rascar» algo porque no le va mal del todo, pero que tiene que ser sin que su marido se entere. No es eso, le respondo, quiero sentirme una persona humana. Contesta que ahora no tiene tiempo para mis chorradas. Oigo una voz joven que le llama mamá. Presiento que con la palma de la mano sobre el auricular, para que yo no la escuche, le pide a la niña paciencia. Luego vuelve conmigo: «Miro a ver que puedo hacer y te llamo. Me ha alegrado mucho haber vuelto a hablar contigo después de tanto tiempo, aunque me apene la situación en la que estás. Ahora no puedo seguir hablando. Te llamo Ly. Te lo prometo». Colgué el teléfono sin despedirme, sabiendo que aquella era la última vez que escucharía su voz.

Ly

domingo, 26 de marzo de 2006

Democracia



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas. Di vida a algunos personajes que me sirvieron para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. Sin duda eran tiempos de juegos, de encontrar mi propia mirada y de hacer experimentos con ella. El artículo que hoy recojo en este blog se escribió en octubre de 1993, se publicó en el número 15 de dicha revista y supuso la última aparición de Ly.

España
España
Estaba yo en una clase de Compiladores -sí, tengo asignaturas de quinto; siento decepcionar a tantas hermosas mujeres que confundían mi persona con la de un dulce adolescente- cuando me surgieron ciertas dudas sobre la democracia. Ya sé que un aula no es el lugar más apropiado para esta clase de reflexiones, pero allí me pilló.

Todo surge de manera accidental: un profesor pregunta cuántas personas piensan que esto es cierto y luego pregunta cuántas personas creen que esto es falso («esto» es la contestación a un problema de Compiladores). Anota los «votos» en el encerado. Son mayoría -por cierto, aplastante los que han «votado» cierto (cuarenta frente a tres)-.

Es así como veo la democracia. ¿Os dais cuenta de que aunque la mayoría piense que es cierto no tiene porqué serlo? Es decir, la mayoría no garantiza la realidad -o la veracidad-.

He de reconocer que en dicho ejemplo la mayoría acertó. Dicha actitud -eso de votar- se repitió otras dos veces. En todas la mayoría tuvo la razón. Pero, ¿qué hubiese pasado si la misma pregunta se le hubiese realizado al conjunto de los bedeles de la Facultad?, o ¿si a los citados alumnos un eminente biólogo les hubiese preguntado sobre un problema de genética? Según las leyes de la probabilidad, ante la desinformación en ambos supuestos, la posibilidad de equivocarse es la misma que la de acertar.

Si estas hipótesis las trasladamos al campo de la política, el panorama ha de ser catastrofista. Acabo de decir que el voto desinformado es un factor de riesgo, o lo que es lo mismo, que si no se entiende de política es mejor no votar -quien dice política dice economía, si vamos a una teoría más simplista-. Repito, el voto universal es una estupidez. Esta afirmación debería llevarme a la horca.

Realmente dicha clase demostró seguir esa teoría (un total de cuarenta y tres votos frente a otras sesenta personas que se callaron). No es difícil adivinar mi siguiente afirmación: la mayoría es abstencionista. Pero, dejando de lado a estas personas no participativas y volviendo a la clase de Compiladores, lo cierto es que ese compendio de expertos participativos no se equivocó. El problema es que no todos estuvieron de acuerdo.

Ly

lunes, 13 de marzo de 2006

Todo puede ser



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ly fue el primer seudónimo que utilicé. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en marzo de 1993 y publicado en el número 14 de dicha revista.

Las dos caras
Las dos caras
«¿Cómo pasar las horas si no es inventando la vida?». Con esa frase oí pensar por primera vez a Santi Fonte, mientras señalaba con el dedo a un muchacho llamado Manuel. Manuel es un ser extraño que circula por la Facultad dando saltos (toma aire, se impulsa y avanza); jamás le veréis caminar normalmente.

Más tarde me encontré con Margarita. Aún no ha superado su problema: sigue caminando con su brazo izquierdo en alto, apuntando con el dedo índice al cielo. Santi la mira y piensa, en voz alta, «¿será cierto eso de que señalamos lo que queremos y no tenemos?».

Lo que le ocurre a Santi es que se hace muchas preguntas, pero no sabe responderse, supongo que hay veces en las que le gustaría entablar una conversación, pero el pobre es tan tímido que no se atreve a intercambiar una palabra con otra persona que no sea él mismo. «¿Y si me acerco a alguien con intención de iniciar un diálogo y esa persona tiene mal carácter y me insulta?». Todo puede ser, Santi.

Manuel tiene miedo a ser normal, a que un día vaya por la calle y la gente no diga: «Mira, por ahí va Manuel». Lo de Margarita es peor, dice que su madre es una bruja que conoce muchos conjuros y que un día se enfadó con ella porque cogió uno de los libros prohibidos que su progenitora guardaba en lo más alto de la estantería y la hechizó. Ya veis, todo puede ser.

Ly

jueves, 16 de febrero de 2006

De tus recuerdos



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas. Di vida a algunos personajes que me sirvieron para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. Ly fue uno de ellos. Sin duda eran tiempos de juegos, de encontrar mi propia mirada y de hacer experimentos con ella. El artículo que hoy recojo en este blog se escribió en octubre de 1992 y se publicó en el número 12 de dicha revista.

Tragedia y Comedia
Tragedia y Comedia
Esta noche, amor mío, iré a buscarte. Me acercaré con sigilo, después de las diez, embozado en mi capa. Treparé hasta el balcón de tu salón y con un empujón abriré la puerta.

Tu padre estará removiendo un café a la vez que lee las páginas deportivas del periódico. Tu madre estará tejiendo las mangas de un jersey que nunca te pondrás. Tu abuela parecerá dormida en el sofá y el gato me enseñará las uñas. Así, viéndoles, sabré que esos seres nunca podrán ser tu padre, ni tu madre, ni tu abuela, ni tu gato. Sabré que nunca volverás a tener un hogar desde lo de la bomba que explotó a tu puerta.

Pasaré de puntillas hasta tu habitación. Me abrirás temblorosa y malgastaremos un par de minutos en decirnos estúpidas palabras de amor. Entonces, nos miraremos a los ojos con reproche y me contarás otra historia de cuando la guerra, allá en tu país, de cuando los francotiradores serbios jugaban a matar. Me hablarás de la muerte de tu familia, de tu huida al sótano, del silencio de aquellas dos noches arropada bajo una manta; muerta de hambre, aterida de frío, llorosa de miedo... Me dirás que aquella soledad era insoportable:

- ...y así, entonces, cuando oía pasos, o al menor sonido, me sentía acompañada y empezaba a hablar con el ruido. Pero, ¿sabes?, se iba pronto y yo seguía estando sola...

Me darás, después, un beso y me iré triste pensando en lo cruel que es la humanidad.

Ly

miércoles, 8 de febrero de 2006

Adiós



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ly fue el primer seudónimo que utilicé. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en abril de 1992 y publicado en el número 11 de dicha revista.

El armario
El armario
Dicen adiós con las manos los soldados que vuelven a casa. La guerra de Vietnam ha terminado. Se van, no saben cómo -si triunfadores o derrotados-; sólo que hay lágrimas y niños que cogen sus madres en brazos.

Sonríen, no saben que les espera en casa, pero es algo distinto a lo que dejaron. ¡Si ellos supiesen!

Siempre hay que decir adiós para volver, sin embargo, nunca es posible volver del todo. Nada -ni la fotografía que han dejado sobre la mesita de noche- permanece igual. Tiene una capa de polvo asentada, y parece que cada objeto se ha oxidado: ni siquiera el piano suena igual. Todo se ha entumecido por los años que le han caído encima a los músculos, por eso tiempo que siempre avanza hacia delante.

Adiós para nada. Para bajar a la calle y sentarme a tomar un vino en la taberna, para ver pasar otras gentes y decir adiós, para pagar la cuenta y no volver a casa.

Después recorreré las calles con los vagabundos pensando que un día, quizá el siguiente, les diré también adiós a ellos para regresar con mi mujer y mis hijos, que ya se habrán cansado de esperarme; tal vez me digan hola, pero no será como antes.

Así nos damos cuenta que cada decisión es un adiós y que ya nunca podremos dar marcha atrás.

Ly

sábado, 4 de febrero de 2006

Todos



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algunos personajes que me sirvieron para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. Ly fue uno de ellos. Sin duda eran tiempos de juegos, de encontrar mi propio punto de vista y de hacer experimentos con él. El artículo que hoy recojo en este blog se escribió en marzo de 1992 y se publicó en el número 10 de dicha revista.

Serie de siluetas. Silueta 32
Serie de siluetas. Silueta 32
Carlos se ha suicidado esta mañana. Tenía veintitrés años y un perro en su tierra natal de Málaga. Estudiaba informática aquí en Madrid. Compartía piso con un venezolano que escribía versos y un licenciado en biológicas sin trabajo. No tenía coche y fumaba mucho.

La sociedad -la de consumo- le ha matado; ella fue quien le empujó desde un quinto piso sin teléfono. Sí, hoy quiero hablar de los traumas psicológicos que crea el carácter socializador de las generalizaciones: «todo el mundo tiene teléfono» o «todo el mundo tiene televisor». La verdad es que me da miedo el todo el mundo acompañado del tiene. Pobre Carlos, señalado con el dedo, el bicho raro que no tenía...

Se generaliza porque, por lo visto, para sentar cátedra no bastan los casos individuales, sino un compendio de ellos y la consiguiente generalización. Esta técnica en manos del pueblo es peligrosísima, pues la «vox populi» no tiene la más mínima piedad con el individuo.

Por otro lado a quien no le guste Picasso no hay duda de que es un retrógrado que no entiende de arte. Tantos y tantos artistas nos han sido impuestos con esta técnica, ¿verdad?; hay que disimular nuestra ignorancia ya que «sabios doctores tiene la Santa Madre Iglesia».

Esta sociedad sería la perfecta madre para los tres sastres que vistieron al rey con su desnudez, y por padre, todos nosotros.

Ly

martes, 24 de enero de 2006

Bucle



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personaje. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. Ly fue el primer seudónimo que utilicé. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en enero de 1992 y publicado en el número 9 de dicha revista.

La piedra
La piedra
Dicen que la energía ni se crea ni se destruye. Pensemos por un momento que dicha afirmación es cierta. Interroguémonos llegados a este punto: ¿qué es, pues, la Energía? No hay duda: la verdadera esencia de lo eterno en cualquiera de sus mil formas -desde el agua que fluye, hasta la triste y bella mirada de unos ojos enamorados-.

Poesía aparte, hablemos de «la triste mirada de unos ojos enamorados», es decir, de las chispas que esos ojos despiden. ¿Dónde se crean esas chispas -o brillos- si sabemos que no son propiamente «energías puras»? ¿No tendrá, acaso, su origen, algo que ver con la descomposición de la materia? Fuegos fatuos son las dos palabras que buscaba.

Ahora que ya las tengo atrapadas en mi red, dejemos el fuego para los enamorados y centrémonos en los fatuos. El diccionario asocia dicho término con el de engreído. ¡Qué vueltas da la vida! En mi humilde opinión -que hubiese dicho San Francisco de Asís que no Juan Pablo II-, engreído es aquel que siendo bajito (por sus actos o pensamientos) se pone de puntillas para salir en la foto, generalmente a fuerza de estropearla.

La foto ya está hecha. Es hora, pues, de mostrarla con grandilocuencias verbales y aspavientos en el gesto, es decir, presuntuosamente. Y todo ello para que vean como se nos cae la Energía (eso que ni se crea ni se destruye) por la boca.

Ly

lunes, 16 de enero de 2006

Tiempos modernos



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algunos personajes un tanto extrovertidos y los mundos oníricos que los rodeaban. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. Ly fue el primer seudónimo que utilicé. El artículo que hoy recojo en este blog, fue el primero de todos ellos, se escribió en noviembre de 1991 y se publicó en el número 8 de dicha revista.

Imperdible entre manchas
Imperdible entre manchas
Tiempos modernos, ¡qué asco! A las seis en punto de la mañana un autobús chirriante se detiene ante el semáforo que hay frente a mi casa; marca el inicio de una jornada. Le seguirán cientos de apestosos autobuses de la EMT que frenan y aceleran por culpa del dichoso semáforo. Miles.

Son las ocho, el vecino de arriba vuelve a encontrarse con un coche en doble fila que no le permite poner en circulación su pesada furgoneta. Se sienta al volante y nos da un concierto de claxon que con un poco de suerte sólo durará media hora.

En mi calle están de obras, supongo que esto ocurrirá en todas las calles de Madrid. Ruido de máquinas a las 8:30. Insoportable. Diez minutos después, os lo podéis imaginar, los nerviosos conductores se atascan, pues los obreros han invadido uno de los carriles con sus trastos y comienzan a levantar el suelo. Millones de pitidos. Maldita ciudad, aquí nadie respeta nada.

Es este el instante en que uno se pregunta: ¿debería levantarme de la cama, porque dormir me parece que no me van a dejar?

No lo soporto, ciudad horrible de infelicidad. Suena el estrepitoso teléfono, Cristina corre a cogerlo y ya tenemos su voz agitando toda la casa. La tortura aumenta. Ahora el chirrido de mi despertador. Son las 9:15, la hora de levantarme. Un nuevo amanecer, ¡qué bien! Lo cierto es que ya tengo los nervios deshechos y es el momento de tomar el metro, servirme del autobús -el 591, por supuesto-, soportar otro día más de Facultad...

Lo dicho, tiempos modernos, ¡qué asco!

Ly

domingo, 8 de enero de 2006

Ly visto por Basi Vos



Nota: En el Coleópteros y Otros Virus (la revista de la Facultad de Informática), me creé varios seudónimos. Me gustaba jugar con ellos. No sé incluso si llegué a la paranoia, pero una vez en que les pedí a unos que describieran a los otros. Hoy recupero para este blog la descripción que hizo Basi Vos de Ly.

Ly
Ly
Esta mañana me encontré con Ly en la Isla inexistente. Venía a dar unas charlas sobre no sé qué demonios al paraninfo de nuestra universidad. Contaba vaguedades, todo etéreo, de esas cosas informáticas que a él tanto le gustaban. Ya recuerdo, me hablaba de una herramienta de «business inteligent» que está haciendo millonarios a sus jefes y dándoles dolores de cabeza a los que la desarrollan. El mercado tecnológico no ha pasado de comportarse como un monstruo que devora a los nuevos obreros de hoy en día, esos que llevan trajes italianos y que se dejan la vida en oscuras oficinas, delante de ordenadores, silenciosos, alienados, tal vez muertos. Le vi como siempre, agobiado porque el tiempo no le da para mucho, negativo con todo su entorno, algo más cansado que entonces... Pequeñas apreciaciones que yo iba contrastando con el tono de su voz y alguna que otra palabra suelta que se le escapaba. Le traía de la mano el Barón de Grantorcaz, que se comportó como un anfitrión inadecuado, ya que no se separó de él un metro y que permaneció escuchando atentamente durante los quince minutos en que Ly y yo repasamos nuestras vidas desde la última vez que nos habíamos visto. No me contó nada trascendente, su especialidad siempre resultó ser esos pequeños detalles habituales que tantas veces, el resto de la humanidad, somos incapaces de percibir. Me dijo que le gustaba mucho mi paraguas y le correspondí halagando los topos rojos de su corbata verde. Poco más. Aunque trato de hacer memoria, no consigo recordar lo que me gustaba de este muchacho, ni porque fuimos una vez amigos inseparables.

→ Basi Vos firma#

lunes, 12 de diciembre de 2005

Basi Vos visto por Ana del Berro



Nota: En el Coleópteros y Otros Virus (la revista de la Facultad de Informática), me creé varios seudónimos. Me gustaba jugar con ellos, hasta el punto que unos tenían que describir a los otros. Hoy recupero para este blog la descripción que hizo Ana del Berro de Basi Vos.

Único retrato de Basi Vos conocido
Único retrato de Basi Vos conocido
La primera vez que vi a Basi Vos, tan envarado, con ese aire de suficiencia, me sentí obligada a dejarle en ridículo. Recuerdo, que aquella noche le llevé la contraria en todo lo que dijo. Basi no se inmutaba, me sonreía y seguía con su perorata cuando yo terminaba, sin que mis palabras, por terribles que fueran, le hicieran la menor mella. Cuando yo empezaba a hablar me dejaba exponer mis argumentos mientras se llevaba las manos a la espalda y hacía como que me escuchaba con atención inclinado con levedad su cabeza hacia mí. Así es él, educado e inamovible, todo lo contrario a lo que yo represento. No anidaba en su corazón el mínimo sentimiento y sin embargo, toda la noche tuve la sensación de que estaba perdiendo su tiempo con nosotros, un tiempo que gastado en otro lugar seguro le traería mayores satisfacciones. Traté de averiguar cuales eran sus vicios, pero la coraza inexpugnable de sus pulcras vestimentas de mayordomo no permitía vislumbrar nada al otro lado, como si no hubiera un ser humano detrás. Ahora, pasado el tiempo y después de haber compartido decenas de botellas de ginebra con Basi, reconozco parte de su razón y que me comporté como una niña mal criada, que fui yo la que se puso en ridículo. De su boca, a pesar de que yo le pregunte con constancia sobre aquella noche, nunca ha salido ningún comentario. De sus vicios, como entonces, sigo sabiendo lo mismo: nada en absoluto.

Ana del Berro

jueves, 20 de octubre de 2005

El poder y el gobierno



Nota: A pesar de haber matado a Basi Vos allá por el año 1994, lo cierto es que en junio de 2004 no pude resistirme a volver a utilizarle en otro nuevo texto de opinión política en uno de nuestros juegos del Taller Literario Oktubre 2003. En aquella ocasión teníamos que escribir un relato de ocupase menos de una página donde tuviera lugar una cena y un fuego. Este artículo que hoy recojo en este blog fue el resultado.

Miss Margaret
Miss Margaret
Lord Vran de Milos y Gorverats, con la excusa de una cena en honor del cumpleaños de nuestro monarca, había reunido en su mansión a la escasa nobleza de la isla. Sin embargo, el objetivo real no era otro que el de formar una coalición de poder con la que desplazar los previsibles resultados electorales de las elecciones de mayo. El control económico lo tenía asegurado desde que se había mostrado públicamente a favor de que al banquero Anselmo Ñaspe le fuese otorgado el título nobiliario de Barón de Grantorcaz. Ahora buscaba atar otros cabos.

Mis labores de mayordomo me mantuvieron ocupado toda la semana; especialmente difícil me resultó convencer a Miss Margaret de que la sopa de cebolla debía desaparecer del menú, por mucho que ésta fuese su especialidad. La cocinera utilizaba su sordera como un muro y blandía su vejez como la experiencia infinita para imponer qué se debía hacer y qué no.

- No soy un advenedizo, Miss Margaret. Conozco todas las puertas y llaves que abren o cierran el protocolo, la idiosincrasia que se mueve bajo cualquier palacio y la elegancia de cambiar un florero por un búcaro sin mover un solo objeto. Así que no puedo permitir que sirvamos su sopa de cebolla francesa para celebrar una onomástica de un monarca mitad londinense, mitad romano.

No hubo sopa de cebolla, aunque sí se sirviese un consomé con cierto aroma similar. Antes de los postres, Lord Vran me llamó para presentarme a los comensales como una atracción de feria. Golpeó la copa con la cucharilla del postre, engoló su voz y comenzó:

- Quería agradecer al mayordomo Basi Vos su esfuerzo para lograr hacer de esta humilde cena una velada irrepetible. Por cierto, no creo que conozcan ustedes el temperamento filosófico de este hombre; en los últimos meses se ha convertido en mi consejero de cámara. Basi Vos, ¿qué opina sobre que los conservadores debamos dejar el gobierno de la nación a la izquierda? ¿No le parece una aberración?

En el tono de la pregunta entendí que me tendía una trampa en la que caer. Tal vez Lord Vran desconociese mis tendencias sexuales, pero estaba seguro de que sabía perfectamente mi filiación política. Cauteloso pensé si descubrir las cartas del noble y lanzar sobre la mesa la teoría de que gobierno y poder son dos cosas diferentes, que cuando se tiene bien atado el poder no importa quien gobierne; pero en el fondo, tal estrategia favorecía al lord. Así que mentí:

- No entiendo que tenga para ustedes interés mis palabras. Desconozco grandemente el efecto de un gobierno sobre los muros de esta noble morada, pues dentro de sus paredes la bonanza y el positivismo no se extingue. Las órdenes de Lord Vran son las únicas que ejecuto. Cierto es que alguna vez, para consideraciones de poca entidad me es permitido tomar iniciativas y paliar resultados previsiblemente molestos; pequeños detalles como desplazar un ornamento para colocar en su lugar otro. Nada más. Presiento que izquierda y conservadurismo, fuera de esta casa, sean términos opuestos, pero ambos prescindibles para cualquiera de mis labores.

No añadí nada más, no era momento de comenzar una revolución, ni de dejar descuidadamente un cigarro habano encendido, al pie de la mesa y tocando el mantel para que con un leve impulso se incendiase y produjese un fuego en la cena. Me retiré discretamente a mis aposentos a disfrutar de las habilidades sexuales de mi eunuco, donde, entre polvo y polvo, fui empezando a sentir el olor del humo del incendio. Aunque para fuego en aquella cena, el nuestro. Chinchín, mi amor.

→ Basi Vos firma#

domingo, 18 de septiembre de 2005

Suicidio y muerte



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personajes extrovertido y todo el mundo onírico que le rodeaba. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en septiembre de 1993 y publicado en el número 18 de dicha revista. Fue la última vez que Basi Vos y el resto de habitantes de la isla inexistente aparecieron en aquellas páginas.

El eunuco
El eunuco
Lord Vran tenía el propósito de quemarme esta mañana. Pensaba en una gran hoguera con leña bien seca de negrillo. Lord Vran ha descubierto mi homosexualidad.

Así pues estoy haciendo mi maleta para escapar como un ladrón por la buhardilla que da al tejado. Huir tristemente calle abajo, hacia el muelle, y abandonar para siempre esta isla inexistente. Por mi parte ya no habitaré más en la mansión de Lord Vran.

→ Basi Vos firma#



Basi Vos ha huido de esta isla: se ha cortado las venas en el interior de la bañera. No podría morir de otra manera, pues nunca fue capaz de sufrir: el dolor le espantaba.

Ahora empiezo a notar su vacío, el frío de esta mansión sin sus sabios consejos, ni su extraña forma de ver el mundo. Ya no oigo sus palabras y me siento solo, incapaz de seguir adelante. No estoy preparado para el mundo exterior.

El mundo me comerá y algún paleontólogo soñador encontrará los restos del festín dentro de miles de años. El paleontólogo creará su teoría y volverá a resucitar una vez más. Tal vez entonces me faltará un brazo también.

Lord Vran de Milos y Gorverats



No he podido hacer nada; mis pies no eran capaces de realizar ningún movimiento. Lord Vran sacó un revólver de su casaca roja y se disparó en la cabeza. Ahora yace muerto. ¡Maldito hijo de puta que nos abandona! Somos plebe sin cultura, esclavos sin un amo condenados a vagar atados por la cadena de la insuficiencia e incapaces de pensar y decidir por nuestra cuenta.

También el mayordomo, ese tirano político, se ha suicidado. En eso he tenido suerte: no volverá a joderme.

¿A quién seguir ahora? ¿Por quién votar si no nos queda cacique ni demagogo?

El eunuco



Afortunadamente mi sordera se confunde con ceguera y todo ello con locura. ¡Qué estupidez! Siempre se demuestra que los más viejos viven más por lo que saben callar que por otra cosa, pura tautología. Si a Miguel Servet le hubiesen cortado la lengua al nacer, hubiera muerto de viejo tranquilamente sobre su cama. Basi Vos diría que mi postura reaccionaria va contra el progreso y qué sería del hombre sin evolución. No sé, yo desconozco las respuestas a mis cuestiones ontológicas: ser o no ser sin progreso. Tampoco tengo interés en contestármelas pues creer en el dios católico me exime de ello: nunca hay que confundir la tierra con el paraíso. De esta manera poco me importa esperar al próximo amo de esta mansión.

Miss Margaret



De esta forma he matado a todos mis personajes, pues tras el suicidio de Basi Vos y el Lord, desplomé una pared sobre el ama de llaves e hice que tres salteadores apuñalaran al eunuco. Soy cruel, no obstante, qué más da si al final siempre hay un cabrón que se salta un semáforo y te mata.

El autor

martes, 16 de agosto de 2005

Filósofo



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personajes extrovertido y todo el mundo onírico que le rodeaba. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en enero de 1994 y publicado en el número 16 de dicha revista.

Retrato de Lord Vran de Milos y Gorverats
Retrato de Lord Vran de Milos y Gorverats
Lord Vran no ha conseguido dormir, así que pasea descalzo por el jardín. Dos mansiones más allá -hacia el mar, quiero decir- el Barón Anselmo Ñaspe hace lo mismo. Caminan los pies desnudos humedeciéndose del despertar de la hierba -hermosos rocío que invade las plantas (de los pies)-, piensan las cabezas cubiertas bajo los sombreros. Los unos andan en círculos y a pasos más o menos rápidos, mientras las otras reflexionan: «¿Es el hombre un fin en si mismo?». Oscuras palabras de nobles señores ociosos, que un mayordomo como yo ha de responder sin más dilación o ninguno de ellos dormirá esta noche.

Hago sonar una campanita y acuden. Ya reunidos en el salón carraspeo -por hacerme resaltar- y comienzo mi Basi Vos Perorata:

- Pienso en el hombre y veo una alimaña pequeña y revoltosa que salta y huye por el bosque. Otras veces es un oso enorme puesto en pie y chillando. Pero no es eso de lo que queréis que diserte. Es más bien, en si el hombre debe luchar por la evolución, como amo del mundo, de su especie o debe morir como individuo. Hablar de prosperidad colectiva es indicar la necesidad de un proceso escalonado -de piedra sobre piedra-, es sugerir la continuidad entre unos y los siguientes, apostar por el compromiso. Sí, es necesaria la transmisión de conocimiento para comprender el mundo. Aunque también puede ser que queráis preguntar si el hombre es el fin de la cadena -un fin en si mismo-. Lo cierto es que no necesita de un ente «superior» para vivir su vida; todo, absolutamente todo, está a su alcance. No hay respuestas fuera del hombre. No hay milagros. Ha de conformarse con lo que tiene: labrar la tierra con sus propias manos para que sea fértil, regar con su propia inteligencia. Nada cae del cielo, ni el futuro está escrito, se va construyendo día a día.

Concluido mi discurso, abandoné el salón para que ellos reflexionaran. Supongo que dentro de unas horas me llamarán de nuevo para interrogarme sobre la muerte. Pero esa ha de ser otra disertación, en la que habré de fundir la nada u el silencio, para luego confundirlos en la perfección absoluta de la inmovilidad. Hermosos discursos metafísicos, pero más hermosos es practicar el sexo oral con mi eunuco. Así que no os extrañe que escrito esto Basi Vos desaparezca durante algunas horas.

→ Basi Vos firma#

jueves, 14 de julio de 2005

Reflexiones



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personajes extrovertido y todo el mundo onírico que le rodeaba. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito en octubre de 1993 y publicado en el número 15 de dicha revista.

Basi Vos Retrato
Basi Vos Retrato
Lord Vran escucha la radio en sus habitaciones. Es un programa gris que mezcla los sucesos con las opiniones y los cotilleos con una música horrible. Así pues, ante este inesperado descanso, me acerco a la ventana. Miro al horizonte, escapando de esta isla inexistente en la que vivo tan solo con cerrar los ojos. Soñar que camino por el cielo mirando a los hombres. Va siendo complejo analizarlos, tan contradictorios que son.

Es así que ves largas colas de ellos ante la taquilla de un cine, y en el cine de enfrente no hay nadie. No tienen sentido de la simetría. La simetría es el arte del equilibrio aplicado. Simetría es mi eunuco cuando duerme con su pijama rayado a franjas melocotón y fresa. Pero dejemos de pensar en él o tendremos una Basi Vos Excitación.

Silba la tetera en la cocina. Sin duda el té está listo. Tomo las tazas con dinosaurios y preparo el servicio para Lord Vran. Acaricio su puerta y entro para servirle. Me sorprendo, pues Lord Vran ha redecorado su cuarto con feos mamut, diplodocos y otros bichos cuyos nombres desconozco. Me sorprendo de nuevo, pues Lord Vran no viste su casaca roja ni su hermosa camisa con chorreras blancas; lo que viste es un horrible dinosaurio con una inscripción: Jurasic Park.

- Por favor, dame tu Basi Vos Opinión de mi nuevo aspecto juvenil.

- Lo siento, mi lord, pero siempre he odiado las seudo culturas del desconocimiento. Me muevo incómodo en esta loca pasión sobre la genética de bichos desaparecidos durante el cuaternario. Siento nostalgia por Pedro Picapiedra y Pablo Mármol, pero no por el DNA o ADN reconstruido, ni por el sueño de repoblar un planeta con dinosaurios. Me duele fuertemente el negocio descarado de ese Spielberg; con los sueños de los niños no han de jugar los mayores.

Me di la vuelta y con mi desaire abandoné la estancia. Me crucé con Miss Margaret en el pasillo y sonriendo le dije:

- Maldito consumismo norteamericano.

Ella, que desafortunadamente es sorda, también con una sonrisa, me contestó:

- A planchar la ropa, Basi, a planchar la ropa.

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domingo, 12 de junio de 2005

Palabras



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso dar vida a algún personajes extrovertido y todo el mundo onírico que le rodeaba. Todo para hacer un poquito de opinión desde otro punto de vista. El artículo que hoy recojo en este blog, fue escrito a finales de marzo de 1993 y publicado en el número 14 de dicha revista. Fue la presentación de Basi Vos en sociedad.

Mapa de la isla inexistente
Mapa de la isla inexistente

Lord Vran se ha levantado con el pie izquierdo, como todos los días, pues Lord Vran perdió su pie derecho en la guerra de los cien años y ahora lo que tiene es un taquito de madera. Toca la campanilla y grita:

- Basi Vos Mayordomo.

Y aquí estoy yo, su mayordomo. Mirándome -Lord Vran a mí- fríamente a los ojos me pregunta:

- ¿En qué se diferencia alguien nacido en nuestra isla inexistente de un persona que llega, pongamos por ejemplo, del Norte de África e intenta hacer vida entre nosotros? Dame tu Basi Vos Opinión.

Cruzo los brazos. Carraspeo por dos veces con intención de aclarar mi voz y digo:

- Querido Lord Vran, no es fácil hallar distinciones viéndoles de lejos, pues físicamente tenemos condiciones semejantes (como vos sabéis, la especie es la misma, aunque diferimos en el color, vos sois verde y yo naranja, ellos son ausencia de color). Más de cerca, veréis que hablan otras lenguas y su cultura -desde nuestra óptica- es más primitiva que la nuestra -llegado hasta aquí, abandoné toda mi arrogancia insustancial y, bajando la voz, continué-. Luego viene lo de nuestra intransigencia, les tomamos injustamente por enemigos y les apartamos de nuestro lado; les aislamos no permitiendo la mezcla étnica, ni les dejamos que se acerquen a nuestras casas. Decimos «No son nuestro problema» y damos un portazo. ¡Qué equivocados estamos, mi lord! Vienen, muertos de hambre, por un trozo de pan y les negamos hasta la mirada. Pobres esclavos huyendo de la muerte a los que les matamos hasta la ilusión -o la esperanza- de un futuro mejor para sus hijos. Pobres abandonados en el metro a los que molemos a palos con nuestra policía y nuestra indiferencia, con nuestra xenofobia y nuestro odio -llegado hasta aquí, recuperé mi habitual arrogancia insustancial y, subiendo el tono, proseguí-. Pero no os preocupéis, el baño de mi señor está preparado con el agua a su gusto.

Abandoné la sala y con el alma tranquila -acallada- por mi perorata me fui a las habitaciones de mi eunuco y me dediqué horas y horas al amor.

→ Basi Vos firma#

martes, 10 de mayo de 2005

Cuestionario a Javi Álvarez y sus seudónimos



Nota: Unos años después de mi etapa en el Coleópteros y Otros Virus (la revista de la Facultad de Informática), alguien me preguntó con cuántos nombres había firmado durante ese tiempo. Le dije que cuatro. Se sorprendió pensando que aquella ensalada de nombres debía resultar todo un lío. Respondí: «No, en absoluto. Cada uno de ellos habita espacios diferentes y se comporta como una persona distinta». Me volvía casa un tanto dubitativo, así que puse a cada ante un papel y estos son los cuestionarios que resultaron y que hoy recupero para este blog.

Javi Álvarez
Javi Álvarez
Origen: Leonés, de la ribera del Órbigo, donde se criaban las mejores truchas y cangrejos de río.

Edad: Soy del babyboom del 68 y del «La, la, la» de Massiel por el que luego se organizó el tan traído «mayo del 68».

Sexo: Masculino.

Domicilio: En Madrid, en mitad del rastro.

Profesión: Informático, llevando proyectos y equipos pequeños de trabajo.

Vestimenta: Me encantan los pantalones a cuadros y las chaquetas con cremalleras. Mucha lana y algodón.

Comportamiento: Algo obsesivo con la puntualidad, hasta tal punto que llego siempre con demasiado tiempo de antelación. Estoy viendo de qué manera curármelo.

Aficiones: Las normales que contesta todo el mundo (viajes, cine, teatro, lectura...), pero me gusta mezclarlas, así que mi favorita es viajar a ver Festivales de cine (La Habana, Huelva, San Sebastián, Gijón, Valladolid...). También soy adicto a La semana negra de Gijón.

Rasgo identificativo: Apariencia tranquila, pero sólo eso, apariencia.

Basi Vos
Basi Vos
Domicilio: En la isla inexistente, en una de las habitaciones más recargadas -por la decoración- de la mansión del Lord Vran de Milos y Gorverats y con vistas a una hermosa playa.

Profesión: Mayordomo.

Edad: Desconocida, aunque debe rondar los seisicientos años, pues existe constancia de que en 1453 forma parte de las tropas de Carlos VII de Francia que recuperan la ciudad de Burdeos.

Sexo: Masculino, con claras tendencias homosexuales que sacia con un eunuco que habita en la mansión.

Color de piel: Naranja, aunque no presente un tono muy intenso.

Vestimenta: Viste uniforme de mayordomo, habitualmente con librea verde y botones dorados.

Comportamiento: Muerde, con frecuencia, una pipa larga traida de las tribus indias del norte de América que nadie ha visto nunca encendida.

Fobia: Al agua, huye de ella desapavorido. Cuenta el eunuco, que en el baño de su habitación, tiene trozos de lienzo tapando las bocas de los grifos.

Familiares más cercanos: No se le conocen.

Ly
Ly
Apariencia: No exiten imágenes suyas, lo más próximo es este garabato que dejó pintado sobre una servilleta de bar diciendo que era su retrato. Después dijo que se iba al servicio un momento y nadie más ha vuelto a verle.

Domicilio: El último conocido en Madrid, en el barrio de Aluche.

Profesión: Eterno estudiante de informática.

Edad: Se debió quedar en los veintitrés o veinticuatro.

Sexo: Masculino.

Vestimenta: Un guadapolvo azul que se agita con el viento.

Comportamiento: Es una persona tímida e indecisa, que se aisla fácilmente cuando comparte mesa y diálogo con más de tres personas. En esos casos su mirada huye a paisajes que el absorbentes y desaparece.

Fobias: A casi todo en general y en particular al ruido.

Estado: Desaparecido.

Ana del Berro
Ana del Berro
Apariencia: Al revisar sus fotos no aparece ninguna posterior a nuestra etapa de estudiantes. Me imagino que se ha teñido el pelo de rubio y que se ha convertido en una ejecutiva despiadada.

Domicilio: En Madrid, aunque descozco a qué barrio se habrá mudado cuando dejó el barrio de las letras.

Profesión: Lo dicho, ejecutiva de una firma multinacional.

Edad: Ayer cumplió treinta y cinco.

Sexo: Femenino.

Vestimenta: Entonces, camisetas multicolores con mensajes políticos, faldas cortas y vaporosos.

Comportamiento: Juguetear con el bolígrafo entre los dedos, haciéndolo girar sobre el índice, mientras distraída mira a la pizarra.

Rasgo identificativo: Una pequeña cicatriz que termina sobre su ceja derecha. Según contaba, cuando nació su hermano pequeño, en casa dejaron de hacerle caso, así que se subió al marmol de la cocina y diciéndole a su madre «mira como vuelo» saltó de cabeza.

Fobia: No soporta las grandes aglomeraciones de gente. En el momento que se encuentra en una mesa con más de seis personas, se calla y cierra los ojos, mientras susurra una pequeña letanía apenas perceptible.

Su gran secreto: Durante su infancia quería dedicarse al mundo de los toros y creo que con doce o trece años logró ingresar en una reputada escuela de toreo.

La situación más embarazosa: La pillaron haciendo el amor en un ascensor.

Estado civil: Casada con un prometedor banquero diez años mayor que ella.