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martes, 30 de julio de 2013

Chus Pedro, la rememoranza de una identidad asturiana

Chus Pedro ofrece en el Jardín Botánico de Gijón un nuevo concierto de su gira ¿Cómo era aquello que decía…?


Martes 30 de julio de 2013. Jardín Botánico Atlántico. Gijón

Chus Pedro durante el concierto en el Jardín Botánico. Foto Toni Gutiérrez
Chus Pedro durante el concierto en el Jardín Botánico. Foto Toni Gutiérrez
Nadie puede considerarse asturiano del todo hasta que comprende el peso de esta tierra como un sentimiento y esa fuerza con la que se arranca el carbón a golpes como una forma de ser que muestra la lucha diaria por subsistir sin rendirse contra lo más adverso. Cada día se empieza de nuevo en una pelea que no tiene fin, eso es lo que dicta la vida para quien vive honestamente de su trabajo. De la misma forma, nadie puede sentirse asturiano sin emocionarse escuchando cantar a Chus Pedro. Sus raíces son ese peso de la tierra, las de una cuenca minera dinamitera y cada día más dinamitada. La naturaleza conforma el carácter de las personas que habitan un lugar, de la misma forma que las horas de lluvia dan color al paisaje asturiano. Sin ese agua que aquí a menudo cae hasta el agotamiento no habría verde tan abrupto, tan desbordado, con el que se convive. La orografía construye a su vez la resistencia de sus gentes y las condiciones de trabajo les dotan de una rebeldía que no se doblega. Así se tejen las sociedades, con individuos que sienten lo propio por debajo de lo colectivo. Ese engranaje perfecto entre naturaleza y sociedad se da en la canción popular, en ese decir indirecto las verdades vividas.

Algo de mágico tiene este concierto de Chus Pedro al celebrarse dentro del Jardín Botánico de Gijón, entre un llagar, un hórreo, una casona y una arboleda y con el cielo como cúpula. No es un concierto cualquiera, es un repaso por la banda sonora de su vida. Chus Pedro va contando con palabras las anécdotas, sus historias. Enlazando confesiones y cantos va construyendo su monólogo, recuperando y recordando la esencia de una generación combativa. Explica cómo fue su primer «contrato profesional», esa primera vez que le pagaron por cantar. Después, con ocho años, participó en un festival con Cuando la aurora una canción popular que le enseño su hermana. Con once, en otro festival, cantó su primera canción protesta: Si yo tuviera una escoba. De su infancia se acuerda de varias canciones que triunfaban en aquella época y las va interpretando: Angelitos negros, El tamborilero o La vida sigue igual. Respira un instante y se ríe pensando en alto que hubo un tiempo en el que le gustaban los cantantes de derechas. Con cariño le «echa la culpa» a su hermana, porque era ella quien traía y ponía esos discos en su casa.

Pero la realidad, todo lo que vino después cuando la vida rasga el telón inocente con el que se protege la infancia del mundo, le llevó al otro lado, a que sus inquietudes políticas y sociales le definieran como el joven comunista en que se convirtió. Participó en el colectivo cultural Camaretá, conoció la poesía de Manuel Asur y con Manolo Peñayos surgió el grupo Nuberu que fue conformando la banda sonora de toda una generación, la que forjó la Transición en Asturias. Se mezcla lo político, con lo personal, con las raíces y los paisajes. Suenan La Mula torda, Delina, La carbonera, La Canción de los Valles, Dame Tira, Nenita, So vaqueiro, El chamiceru… y todas ellas obligan a quien las escucha a emprender un camino de sentimientos, de rememoranza y de identidad difícil de explicar.

Chus Pedro después de Nuberu. ¿Cómo era aquello que decía…?
Chus Pedro después de Nuberu. ¿Cómo era aquello que decía…?
Cuando canta El chalaneru todo el público le acompaña. Tal vez, esa canción representa su unidad con la tradición y el sentimiento de un lugar y unos valores que cuentan cómo fuimos. Las figuras de su hermana Florentina Suárez, Nenita, y del poeta Manolo Asur se repiten a lo largo del concierto, al igual que la sombra de su padre que marca una especie de herencia biológica maldita. Su hermana forja en él la emotividad, la unión con la tierra y el mundo rural, mientras que Asur le ofrece una visión poética y política de compromiso y solidaridad. El concierto ofrecido es una llamada urgente a la solidaridad, a retomar con coraje los valores de una cuenca minera que se enfrenta y pelea, a que volvamos a preocuparnos los unos de los otros. Así lo dice, con cierta rabia, con un regusto amargo de nostalgia y con un cierto deje de decepción al mirar el camino que entre todos hemos tomado.

No es el único momento en que la política le viene a la boca, hay un instante para soltar el aguijón de la ironía contra el concejal de cultura del Ayuntamiento de Gijón. Se lo ha ganado a pulso con su estrechez de mente y con esas declaraciones de desprecio que últimamente ha hecho sobre la minería asturiana. A él le dedica la canción con la que cierra el concierto: En el pozo María Luisa.

miércoles, 10 de abril de 2013

Los colegas, la rumba y que no falte el buen rollito

Desde la azotea del Círculo de Bellas Artes despega La Pandilla Voladora y su gira ¡Del deporte también se sale!


Miércoles 10 de abril de 2013. Círculo de Bellas Artes. Madrid

Cartel de la gira ¡Del deporte también se sale! de La Pandilla Voladora
Cartel de la gira ¡Del deporte también se sale! de La Pandilla Voladora
¿Por qué? Porque es un concierto que contagia el buen rollo desde el escenario y entre rumbas
Pocas vistas de Madrid hay que impresionen más que las que uno vislumbra desde la azotea del Círculo de Bellas Artes. Desde allí arriba la ciudad parece estar a los pies de quien la contempla para que pueda, con los dedos, ir trazando entre las calles toda una geografía de sus recuerdos. Es, en cierta forma, un lugar donde jugar a reconocer sitios por pequeños indicios y visualizar una panorámica de la capital diferente y completa, distinta de la que podemos hacernos con los mapas que la representan tan plana pero que nunca la abarcan. Todo Madrid se extiende a sus pies, con una estampa diferente para cada uno de los cuatro puntos cardinales. Sin querer, solo por el lugar, a todo lo que allí pasa se le adhiere un cierto aroma a magia, a momento inimitable. Así ocurrió también, no podría haber sido de otra manera, con el concierto de La Pandilla Voladora.

La Pandilla Voladora no es un grupo al uso, es algo diferente y hasta cierto punto inimaginable, es la «confluencia galáctica de la rumba más canalla». Son tiempos difíciles en los que se necesita apoyarse los unos en los otros, en los que hay un deseo de cambiar el rumbo, pero sobre todo de buscarse las castañas con ingenio. No sé cual de estos tres motivos ha convencido a Muchachito Bombo Infierno, Tomasito, Albert Pla, Lichis y El Canijo de Jerez (Los Delinquentes) a juntarse para explotar los cinco su vena artística, aunque esta vez hayan decidido hacerlo en equipo. Ataviados con capa y antifaz saltan al escenario como si fueran superhéroes de barrio que diría Kiko Veneno, otro artista que no está pero al que se siente cerca, no en vano el concierto comienza con En un mercedes blanco. Todos llevan una «pe» mayúscula sobre su pecho, la mayoría bordada, salvo Tomasito que se la ha pintarrajeado en el cuerpo, es lo que tiene ser tan calorífico y no usar camisas ni camisetas.

Se presentan con sorna, explicando que a esta gira la han llamado ¡Del deporte también se sale! porque ellos lo están intentando con todas sus fuerzas. Ese Spanish Tour despega con el coraje de los que no se rinden nunca. A los cinco les acompañarán en esta gira otros tres músicos excepcionales: Diego Cortés -guitarrista habitual de Albert Pla-, David Sáenz de Buruaga y el batería Tino de Geraldo.

¿Qué pretenden con La Pandilla Voladora? La verdad es que no hay que darle muchas vueltas a la respuesta porque resulta muy sencilla: estar a gusto o como ellos dicen ponerse «agustisísimo». En realidad, reivindican la postura vital de Tony Curtis, un ídolo para todos ellos, así que cada vez que pueden explican que «hay que ponerse hasta arriba y disfrutar en la vida como lo hacía Tony Curtis», no hay otro secreto. La verdad es que les funciona, ellos se lo pasan bien y el público también, contagiado por su irreverencia y sobre todo por el ritmo de sus rumbas que van haciendo que los pies empiecen a moverse solos al compás, que las palmas fluyan y que las caderas no paren de bailar. Es imposible quedarse quieto o no canturrear con ellos los himnos del repertorio que han elegido. Son canciones de cada uno de ellos pero revisitadas por todos. Suenan La lista de la compra, Felicidad, La fábula del hombre lobo y la mujer pantera, Joaquín, el Necio, Insolación, El lado más salvaje de la vida, Soy rebelde, El aire de calle, La primavera trompetera, La mujer del tuerto, Camino del hoyo, Sobreviviré, Siempre que quiera, Será mejor, Azul… Letras pegadizas, palmas y mucho ritmo.

La Pandilla Voladora (Lichis, Albert Pla, Tomasito, Muchachito Bombo Infierno y El Canijo de Jerez) en la azotea del Círculo de Bellas Artes antes de comenzar el concierto
La Pandilla Voladora (Lichis, Albert Pla, Tomasito, Muchachito Bombo Infierno y El Canijo de Jerez) en la azotea del Círculo de Bellas Artes antes de comenzar el concierto
La Pandilla Voladora desparrama porque ellos son así y no pueden evitarlo, va con su naturaleza. Cantan, tocan y se apoyan en el público que se muestra entregado en todo momento. Me gusta mirar a Albert Pla, encerrado en su propio mundo y disfrutando como nadie; canta todas las letras, rasga su guitarra con fuerza una veces y otras la desenchufa para moverse por el escenario y acercarse a la gente, animándose mutuamente con ellos. Lichis está serio, ensimismado en marcar con su bajo el pulso del corazón de la banda. Sobre Muchachito y sus guitarras también descansa gran parte del peso musical de la Pandilla, así que también se muestra concentrado. A Tomasito le toca dar espectáculo; corre frenético, bate palmas y taconea su arte más flamenco mientras se va desnudando, siempre le puede su exhibicionismo y el calor que siente tan arropado. El Canijo está en el punto medio, entre un lado y el otro, así que se divierte con responsabilidad.

A medio concierto se van todos y dejan allí, solo ante el peligro, a Diego Cortés. No se amilana y demuestra su arte haciendo maravillas con las manos y la guitarra que suena y suena. De ella consigue nuevos sonidos e incluso nos engaña, pues nos parece a veces que suenan dos, ya que Cortés es capaz de tocar con su mano derecha y su mano izquierda a un mismo tiempo. Otras, la madera de su instrumento se convierte en un cajón de percusión a sus golpes rítmicos que se van haciendo étnicos con los gritos de su voz. Parece que la música está dentro y va saliendo como impulsada por la propia noche a través de su cuerpo, como si estuviéramos en una sesión de magia negra y vudú.

A la Pandilla Voladora tal vez les falte acoplarse un poco más, algún que otro ensayo, pero eso irá llegando con el rodar de los conciertos que les llevará a ajustarse. Lo que traen de serie es ese colegueo y un buen rollo que se disfruta. Es bueno dejarse llevar durante hora y media por su música, y darse cuenta que todos nos sabemos cada una de las canciones, sean de quien sean, y que en el fondo estaban predestinados para cantar juntos. Me volví a casa con una sonrisa porque hacía tiempo que no me divertía tanto en un concierto.

domingo, 11 de marzo de 2012

Daniel Higiénico, la teatralización de la canción

El pianista David Sam acompaña a Daniel Higiénico en su gira por los escenarios con El club de los 6.000 millones


Domingo 11 de marzo de 2012. Sala Clamores. Madrid


Cartel del espectáculo El club de los 6.000 millones
Cartel del espectáculo
El club de los 6.000 millones
El club de los 6.000 millones es la forma íntima, solo con voz y piano, que tiene Daniel Higiénico de presentar en pequeños escenarios su último disco 6.000 millones. Lo primero que hace al salir al escenario es presentar a su pianista, David Sam. Después explica que siempre quiso hacer un disco de crooner, de esos que se tocan en directo en los clubs de jazz y en los garitos que regentan los más mafiosos. Así se disculpa por tener que llevar corbata, diciendo que en esos lugares, el cantante siempre debe salir a escena con ella. Cosas de la corrección.

Abre con la canción que da título al disco, 6.000 millones, no sin antes contar la génesis del tema con gracia. De la vida cotidiana, de verla con otros ojos, van naciendo los temas. Así lo explica, aunque utilice otras palabras. Te regalo un blues surge en la cola de un supermercado, Yo quiero hablar como un argentino del deseo de querer imitar y no poder a sus amigos argentinos y su poder de convicción, El camarero del regreso al curro tras unas vacaciones. ¡Y es que la realidad nos resulta siempre tan cruel en contraposición con la imaginación! Daniel Higiénico no se siente a gusto si no se mete dentro de cada uno de sus personajes, así que se ayuda de los disfraces, del gesto y de la representación dramática. Ese es el plus que aporta, con el que viste su potente voz.

Como es hombre de cuentos, pero al revés, interpreta uno de los temas más aplaudidos: Aquí nadie será azul. Le sigue Deduzco una canción que le pidieron una vez para hacer un disco de homenaje a Edgar Alan Poe y que nunca llegó a ver la luz. La aprovechó y la dramatizó para incorporarla al disco y a sus últimos espectáculos. Para ella se viste con una camisa blanca de enormes chorreras y una larga capa estilo drácula con la que se tapa y oculta. Se apagan las luces para que solamente una luz blanca le enfoque a la cara mientras surge humo en el escenario. Es uno de sus temas emblemáticos y que mejor recibe el público.

David Sam y Daniel Higiénico durante una actuación de su espectáculo El club de los 6.000 millones
David Sam y Daniel Higiénico durante una actuación de su espectáculo El club de los 6.000 millones
Daniel Higiénico tiene cara de niño pillo, de esos que están en todas las salsas, de los que no se conforman y de los que han roto más de un plato. En su rostro destacan sus ojos grandes, la nariz afilada, la perilla enloquecida y su pelo largo y rebelde recogido en una coleta. Antes de casi todas las canciones avisa que la siguiente es diferente, y es verdad, no le gusta repetir, cada tema tiene su propia historia. Hace Estoy acabado y después se viste con una boa de plumas rosas y amarillas, oculta los ojos tras una gafas de feria, para interpretar El contrato. Deja a un lado su último trabajo y recupera dos temas antiguos: La humedad del disco Flipando en colores y Me duele el cuello de tanto mirar las estrellas de El hombre del tiempo. Después se echa un gabán encima y se escuchan sonidos de lluvia para crear el ambiente necesario que necesita El último cigarrillo, a la que sigue la veloz y alocada Nunca es demasiado y luego una canción escrita para su hijo: Sentirte especial donde le pide que cuando crezca piense por sí mismo y no le haga demasiado caso a su padre. Cada uno ha de vivir su vida.

El público está entregado, disfrutando de la música y también del ingenio de Daniel Higiénico, de su exageración y de ese mirar diferente, con cierto humor y mucha ironía que deja un sabor agridulce, en ese estilo tan propio como personal, de llevar lo teatral a lo musical. La de Daniel Higiénico es una espontaneidad muy trabajada. Para que resulte tan natural y encantadora le ha tenido que dedicar horas y esfuerzo. Los detalles están medidos con el fin de hacer perfecta cada representación, cada historia que cuenta.

Vuelve al disco Flipando en colores para hacer A veces me pregunto si los peces duermen, otro tema lleno de filosofía de bar, de entre copa y copa. Para el siguiente tema dice que no tiene explicación, se titula Me gustaría ser mujer y también es una historia antigua, en este caso del disco Flipando el doble.

Llega el último tema del concierto, y también del disco que presenta y que ha tocado completo. Dice que quizá no es la más propicia, pues supone acabar con una canción triste, pero es que el título obliga a cerrar con ella: El último vals.

El público le reclama de nuevo para los bises. Hace primero una historia negra, de dibujante de cómic y personaje detectivesco, Freedie Black de su disco Flipando el doble. Termina con La rebelión de los niños que es el tema principal de La rebelión de los niños con problemas emocionales. Es un final que resulta apoteósico; con el solo final de piano, Daniel Higiénico abandona el escenario dejando solo a David Sam, pero se le puede ver por entre las cortinillas entreabiertas y lo que se descubre es que está siguiendo con las manos el ritmo, chasqueando sus dedos y moviendo la cabeza al compás. Regresa saltando y gritando para acabar la canción. Se retuerce la camiseta y pone voz de niño porque la rebelión será mañana, sin falta. Así cierra y entonces, al hacer balance final, se puede decir que las intenciones de crooner que confesó al principio, se le han cumplido. A Daniel Higiénico, le ha salido un concierto con muchos aires de blues, de swing, de sonidos de Nueva Orleans y también de rock & roll.

Rápido, sin tiempo para cambiarse, se baja del escenario y arrastra una bolsa de viaje. Se sienta en una mesa a la salida y va extrayendo los cds para venderlos y firmarlos con cariño. Así es una parte de su vida, de escenario en escenario, haciéndolo todo para ganarse la vida con lo que le gusta, siempre mirando de frente a su público. Daniel Higiénico es una gran artista, dentro y fuera del escenario.

A modo de pequeño anecdotario: Daniel Higiénico, antes de músico tuvo un empleo de mecánico de automóviles. Empezó en solitario, pero muy pronto se hizo acompañar de una banda. Recorrieron los escenarios bajo el nombre de Daniel Higiénico y la Quartet de Baño Band y ganaron en 1992 la X edición del Concurso de Rock de Palma, lo que les permitió grabar ese mismo año su primer disco Doble hoja, a los que seguirían El poder de flipar (1994), Flipando en colores (1996), Flipando el doble (1998), In laif (2000) y Lágrimas de chimpancé (2001) que cierra el ciclo de la banda. La decisión de terminar esta aventura es del propio Daniel Higiénico que quiere profundizar en su vena más teatral. Asiste a un «psico-cursillo» con el actor Leo Bassi y después se pasa dos años recorriendo salas y teatros con su espectáculo Mamá, quiero ser autista, que recoge en un disco con el mismo título.

En 2002 funda su sello Producciones Higiénicas y lo aprovecha para editar su libro de cuentos Personajes y su hígado. Se embarca en su segundo espectáculo teatral Mentiras podridas que le supone una dedicación exclusiva a su faceta interpretativa de tres años. Regresa a la carrera musical con El hombre del tiempo (2004), al que siguen La Rebelión de los niños con problemas emocionales (2007) y Rarezas de Cojones (2007). Explota de nuevo su vena teatral con su tercer espectáculo Palabra de Ornitorrinco. En 2010 edita su último trabajo discográfico 6.000 millones del que prepara dos giras, una con banda y otra más íntima, acompañado por el pianista David Sam, y que llama El club de los 6.000 millones.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cantautores por Tele K

El apoyo a una emisora necesaria que el 16 de enero volverá a las ondas


Jueves 1 de diciembre de 2011. Auditorio Marcelino Camacho de CC.OO. Madrid


Cartel de presentación del concierto en apoyo de Tele K
Cartel de presentación del concierto en apoyo de Tele K
Los preámbulos y la palabra antes de la música

Pepe Tarduchi se encargó de presentar el concierto. No podía empezar de otra manera, por el lugar en el que estaba, que recordando a Marcelino Camacho, un sindicalista y un hombre como pocos, de esa docena de personas que no pueden olvidarse nunca. De Tele K dijo poco y a la vez mucho, que es la expresión popular de un barrio con capacidad de autogobierno: Vallecas.

Javier López, secretario general de CCOO de Madrid, explicó que debe ser una exigencia de todos reivindicar la vuelta de Tele K a las ondas, que ahora que se celebra el aniversario de la Constitución debemos pensar en qué es lo que se homenajea desde los poderes políticos y recordar por el contrario lo que costó conquistar los derechos que recoge y lo fácil que resulta perderlos.

Por su parte, Manel Calbet, presidente de Ràdio i Televisió Cardedeu, se sumó a este acto para apoyar a Tele K desde una emisora que empezó en el 80, en una pequeña población, como medio de expresión de sus ciudadanos y que sigue emitiendo. Señaló que Tele K es una alternativa necesaria tanto a la telebasura como a las cadenas propagandísticas de los políticos.

Luis Pastor, el sentimiento arraigado y la lucha que no cesa

Luis Pastor tomó su guitarra y se acercó al micrófono para empezar recordando que viene de una generación cuyos padres fueron emigrantes que vinieron a Madrid desde muchos puntos de España para ganarse un sustento. Vallecas fue uno de los lugares que les acogió. Para aquella generación, aquel barrio se convirtió en la imagen y el recuerdo de la lucha colectiva, de los movimientos vecinales y de la solidaridad. Recordó que Vallecas en los 70 añoraba una utopía: convertirse en un puerto de mar independiente, así construyó su imaginario, fruto del cual es la batalla naval que se celebra todos los años. Tele K es otra de las utopías, un medio independiente, libre, cercano, de izquierdas; una bandera que nos une y que es necesario defender.

Él lo hace, como ha venido haciéndolo siempre, con responsabilidad y desde sus canciones. Está preparando un disco nuevo del que recitó Qué fue de los cantautores, el tema que le dará título, una declaración de que él sigue en pie, de que aquel espíritu de lucha contra la dictadura aún respira.

Con su inseparable Lourdes Guerra a su lado y haciendo los coros se arrancó con Vengan a ver (Vallecas 75) y después, a capela, golpeándose el pecho como cajón de percusión que marca el ritmo, cantaron Mariposa que dedicaron al poeta chileno Nicanor Parra que recientemente ha sido galardonado con el premio Cervantes y a su hermana, Violeta Parra.

Lourdes Guerra, Pedro Pastor Guerra y Luis Pastor en un momento del concierto
Lourdes Guerra, Pedro Pastor Guerra y Luis Pastor en un momento del concierto. Foto por cortesía de Pedro Pastor
Después, para el siguiente tema, llamó al escenario a su hijo, Pedro Pastor. Los dos, bajo la mirada atenta de Lourdes, afinaron sus instrumentos: Pedro la guitarra y Luis el timple canario. Lo hicieron sin prisa, con meticulosidad, entre bromas, empezando de nuevo y cuando todo estuvo a su gusto, lo tres nos ofrecieron En las fronteras del mundo, un himno a la integración y el ser humano.

Pedro Pastor, la saga continúa

Los padres se fueron y se quedó solo el hijo. Se presentó con soltura y avisó que estaba aquí para «romper el esquema de estos mayores». Tiene diecisiete años y apunta maneras, sabe incorporar nuevos ritmos a esto de ser cantautor. Para empezar se arrancó rapeando Creer, soñar… un tema que comienza con la estrofa: «Yo creo en Libia y creo en Palestina». Después hizo otros dos temas, uno de ellos definido como funky. Actúa con descaro, moviéndose cómodo sobre el escenario, con garbo, y bromeando con el público. Repitió su nombre una y otra vez, sabedor de que la repetición –con un poco de humor– hace memoria. Para cerrar eligió un tema que escribió la semana pasada: Viva la libertad.

El titular: El 16 de enero vuelven a las ondas

Pepe Tarduchi regresó al escenario para oficiar de maestro de ceremonias con humor, con el mismo que se cantó a capela Yo soy banquero, una versión libre del Soy minero de Antonio de Molina.

Tras él tomó la palabra Paco Pérez, el alma de Tele K y uno de sus rostros más reconocibles. Anunció que traía un titular: «Después del apagón llega la luz, el 16 de enero, lunes, Tele K va a volver a las ondas» para demostrar que otra televisión es posible. Agradeció la participación de los presentes por tener esa consciencia de que Tele K es una necesidad, la de tener una televisión crítica, ciudadana e independiente. Se necesitan las manos de todos, las de los indignados, las de las gentes de los barrios y también las de unos sindicatos fuertes.

Marcó el concierto como algo histórico, cuya recaudación resulta vital para el sostenimiento de la cadena, les sirve para ponerse al día en sus cuentas y que puedan transmitir en esta tecnología tan cara. Agradeció la labor y apoyo del Ateneo Republicano de Vallecas. Después al propio barrio que definió como una comunidad imbatida, una metáfora de la utopía, un ejemplo de dignidad y un maestro que a él le ha enseñado todo, empezando por la lucha. La chabola mediática que es Tele K sigue adelante.

Ismael Serrano y Manuel Cuesta en un momento del concierto
Ismael Serrano y Manuel Cuesta en un momento del concierto.
Foto por cortesía de Manuel Cuesta
Manuel Cuesta, un cantautor con estilo de rockero

Al cantautor sevillano Manuel Cuesta le tocó retomar la parte musical. Presentó temas de La vida secreta de Peter Parker, su último disco que prometió vender en persona a la salida del concierto. Abrió, guitarra en mano, con Bailando en una nube de cartón. Es un cantautor de voz potente y estilo rockero, que se mueve entre lo íntimo y lo social.

Para se segundo tema, Teoría del Caos, solicitó la colaboración del público, con el que ensayó el estribillo. No quedó mal y lo cerró cantando al público sin micro los últimos versos. Cambió de disco, se fue a Días Rojos para hacer Cuando despierte esta guerra un canto que surgió tras la caída de las Torres Gemelas y que habla de hacer el amor en lugar de la guerra. Volvió a su último disco para el siguiente tema, Baílame el agua, uno de los más potentes y mejor trazados musicalmente y que acompañó tocando la armónica. Para despedirse invitó al escenario a Ismael Serrano y juntos hicieron Tu risa en la Alameda.

Ismael Serrano, un militante vallecano de la memoria

Se quedó solo en el escenario Ismael Serrano con su guitarra. Antes de nada quiso expresar que para él resultaba un placer compartir el escenario con maestros y amigos apoyando a Tele K. Recordó que tuvo un programa allí que se llamaba Cualquier noche puede salir el sol. No olvidó lo mucho que aprendió en Tele K y en el barrio. «La indignación la inventó Vallecas» y a él le dejó un sentimiento de clase adherido a la conciencia. Un barrio de obreros, de dignidad incuestionable y legendaria. Saludó a los trabajadores de Tele K y les dio las gracias.

Tocó Te vas. Se acordó de Urdangarín y Marcichalar, a los que el republicanismo debería rendir un homenaje por lo mucho que están haciendo por la causa republicana y después hizo Al bando vencido, al que siguieron Ya ves y Dónde estarás.

Tomó de nuevo la palabra antes de cantar Papá cuéntame otra vez, un reproche de su generación a la de sus padres, por haber renunciado a la utopía, pero también a la suya, pues también le corresponde asumir gran parte del desastre que habitamos. Ismael aún cree en los sueños, en reivindicar aquellas mismas utopías que dejamos caer. Sigue cantando este tema porque continúa militando en la memoria y la reivindica para construir una identidad propia y como una herramienta de futuro. Y también porque es un homenaje a los que siguen en la primera línea de combate desde entonces, sin resignarse. Porque vendrá una nueva generación que llenará las calles. Porque es un relato que ahora empezamos a construir entre todos exigiendo una nueva sensibilidad a los políticos.

Luis Eduardo Aute: fe, curiosidad y criterio propio

Luis Eduardo Aute fue el encargado de cerrar el concierto. Explicó que le resultaba estimulante que después de esta derrota y fracaso que vivimos hoy, el teatro estuviera lleno. Bromeó diciendo que habían decidido dar cinco conciertos más, porque si con este se ayuda a salvar a Tele K, bien podría darse que con la recaudación del resto pudiéramos comprar Prado del Rey. Avisó que vienen tiempos un tanto extraños, donde parece que se va a derrumbar, que solo nos quedan nueve días para una nueva catástrofe financiera. Pero en realidad lo único que ocurrirá es que nos quedaremos con el culo al aire. Con este preámbulo, a modo de causa, presentó La intemperie.

El siguiente tema Giraluna se lo dedicó a los que tienen fe, no pierden la curiosidad y mantienen su criterio propio, porque tendrán su recompensa. Para La belleza no necesitó presentaciones, ni tampoco para hacer el ultimo tema: Al alba, que cantó a capela, con el hermoso coro de todo el público como un susurro infinito de dignidad y memoria. Al terminar sonó el mayor aplauso de la noche con el público puesto en pie.

A modo de pequeño anecdotario: Con motivo de que Tele K vuelve a las ondas el lunes 16 de enero de 2012, el viernes anterior, día 13, en la sala Hebe se celebrará La Fiesta del Retorno de Tele K, en la que participarán Motociclón y Wyoming y Los Insolventes.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Sigue siendo poema José María Alfaya

José María Alfaya plantea un concierto reivindicando la poesía escrita por grandes mujeres caribeñas


Sábado 5 de noviembre de 2011. Asociación Cultural Yemayá. Madrid


Cartel de presentación del concierto de José María Alfaya en el Yemayá
Cartel de presentación del concierto de José María Alfaya
José María Alfaya es un luchador, un militante de izquierdas, de las de verdad, las que están más allá de esas socialdemocracias. Si le pides a él que se defina, unos días te dirá que es un cantautor de guardia y otros que cantautor de la tercera edad. Siempre le tenemos de guardia porque está dispuesto a atender cualquier llamada y salir disparado y con urgencia para subirse a un escenario que le necesita, donde sea y a cualquier hora. Pero más aún, está de guardia porque su compromiso político y los tiempos que vivimos, los de ahora y los de antes, le obligan a permanecer alerta. Lo de la tercera edad puede ser, tal vez, porque luce canas y reivindica el derecho a una vejez que siga expresándose públicamente en nuestra sociedad, que participe activamente en ella. Jugador de la palabra, de esos que desnudan lo políticamente correcto para que entendamos el significado de lo que nos escuchamos en los medios –también de lo que se callan-, y lo hace con ironía, reivindicando el uso de la inteligencia y alejándose del mercantilismo.

Cantautor y músico polifacético, José María Alfaya es conocido por su retranca y el sarcasmo político-social de sus canciones, que se condimentan a partes similares con humor y compromiso. Aunque últimamente viene hablando de otras cosas: le ha dado por musicar poemas de grandes mujeres caribeñas, especialmente de Carilda Oliver (Cuba) y Julia de Burgos (Puerto Rico). Explica que el concierto de esta noche así lo ha planteado, cargado de poesía, coraje de mujer y sensualidad. Como todo concierto, tiene sus intenciones y Alfaya comienza declarándolas con el tema de Pedro Mir A capriccio. Arranca acompañándose de su guitarra, con voz fuerte, melodiosa y entonada. Silban sus eses en un acento rico, que mece y arrulla. Elige, con intención, un poema de Julia de Burgos, A José Martí, para seguir. Lo canta Mónica Yebra con su voz impresionante, llena de dulzura, y los oídos se deshacen al escucharla.

José María Alfaya en una foto de archivo
José María Alfaya en una foto de archivo
Es el turno de Canela en rama, un tema que Alfaya ha construido sobre un texto de Valle Inclán. No tiene reparo en parar a medias, pues entre el público, Pepe Tarduchi, su compañero de andanzas musicales, está cantando. Le pide que se acerque al escenario para hacerlo juntos. Parecen dos niños traviesos. Mónica Yebra, que le acompaña esta noche con su voz, interpreta Nada, sobre un poema de Julia de Burgos. La canción resulta una delicia, pues el aire del local se llena, contagiado, de sentimientos y temblores. A dos voces, la de Alfaya y la de Yebra, hacen Dicen que soy, basada en un poema de Carilda Oliver. Siguen Es necesario a veces y Elegía por mi presencia. Regresan después a Julia de Burgos para hacer Oh lentitud del mar. La noche está encendida, con la piel sensible que solo sabe poner la poesía cuando recita el Discurso de Eva de Carilda Oliver, un clamor directo. Vuelve a las canciones con La loba, de Etnairis Rivera.

Otra parte importante del concierto son las charlas animadas de Alfaya con las que presenta los temas y que este cronista se ve incapaz de reproducir pues desvelaría una de los mayores encantos de estos conciertos y que precisan ser vividos en directo. Así, cuando van a hacer La cita rota se deshace en explicaciones sobre la fina ironía de Carilda Oliver en este poema en el que nos cuenta el detalle de una mujer preparándose para una cita que al final no se cumple, y el fino sentido del humor con el que la propia mujer describe ese despecho. A La mañana está de lluvia le sigue el recitado de los versos de Que mueras primero amor.

A José María Alfaya y Mónica Yebra les acompaña en el escenario Quico Aladro, con cajón, palillos y sonidos de percusión. Alfaya comenta que tiene mucho mérito, pues le llama para que venga y no le dice que canciones van a formar el repertorio, así que Aladro se toma los conciertos como si fuesen de jazz improvisado, saltando de sorpresa en sorpresa.

Hacen Dame tu hora perdida de Julia de Burgos , recitan El beso de Carilda Oliver Recitado y siguen cantando otra canción de esta cubana, Me desordeno, que suena dulce y hermosa. De Julia de Burgos y a dos voces, interpretan Voy a hacer un rompeolas, otra canción intensa. Vuelven a Carilda Oliver con Adiós, Lo digo porque lo siento y Sombra seré que no dama para la que Alfaya pide la participación activa del público con un estribillo onomatopéyico y étnico, que resulta tan especial como divertido. Eligen cerrar con Réplica, de Julia de Burgos, por su fuerza y porque condensa esta maravillosa velada musical.

No se pueden ir así, el público reclama más, y con sorpresa Alfaya le pasa la guitarra a Mónica Yebra, quien nos va hacer dos poemas de Julia de Burgos en solitario. El primero es Canción Amarga y el segundo Yo quiero darme a ti, que es la primera vez que lo interpreta en público. El sentimiento que su voz transmite convierte en mágica la noche y un estado hipnótico muy cercano a la felicidad nos embarga a todos.

Tampoco así se pueden ir, ante la insistencia, Alfaya recupera la guitarra y pide a Pepe Tarduchi que vuelva al escenario para que le haga coros con Yebra. Es el momento de Caperucita roja una canción de Alfaya de la época del Campamento de la Esperanza y la Dignidad de los trabajadores de Sintel.

Después lo prometido, como Mónica Yebra estaba de celebración, el público le canto Cumpleaños Feliz con todo su corazón.

A modo de pequeño anecdotario: José María Alfaya nació en Ceuta y estudió en Granada. Mientras estudiaba su carrera de Filosofía y Letras comenzó su actividad sindical y política. Se vio obligado a marchar de cooperante y exiliado a Argelia. En 1975 le llega el indulto que ofrecía la amnistía a cambio de la pérdida de memoria. Aún así decide quedarse en Marruecos como trabajador sociocultural. Regresa a España en 1984 y es uno de los periodos de paro cuando comienza a cantar en bares y otros escenarios. Se declara aficionado a la cienci-ficción y además marxista-darwinista, reclamando la práctica diaria del humor político y creyendo en la inteligencia del pueblo (organizado).

sábado, 22 de octubre de 2011

Christina Rosenvinge: fragilidad, dulzura y coraje

Christina Rosenvinge presenta en los escenarios su nuevo disco La joven Dolores con un formato más íntimo


Sábado 22 de octubre de 2011. Sala Galileo Galilei. Madrid


Christina Rosenvinge en una foto de archivo
Christina Rosenvinge en una foto de archivo
Christina Rosenvinge sale al escenario del Galileo Galilei acompañada por Refree (Raül Fernández) y Aurora Aroca, una banda corta, sin percusión, para ofrecer un concierto más íntimo. Toma decidida su guitarra y se planta frente al micrófono, mientras su compañeros se sientan, Refree con una guitarra que va templando y Aurora tras su violonchelo. Christina lleva un vestido negro, ligero y vaporoso, con transparencias, que deja ver una camiseta interior de tirantes. La falda corta, con volantes, las botas altas y un cinturón muy estrecho que se ciñe a su cintura. La tez pálida solo se rompe por unos labios perfilados tenuemente en rojo y porque, a veces, esconde el rostro tras su larga melena rubia.

Abre el concierto con dos temas de su disco Tu labio superior. Primero La distancia adecuada con el que rompió el hielo y después Negro cinturón. Con el sonido ya afinado, es el momento de Tu sombra un tema de su nuevo disco, La joven Dolores, que hoy presenta. Se oyen aplausos entre un público joven y heterogéneo. Su música recoge lo más pop, con muchas influencias del rock más canalla. Pero también es una búsqueda interior de un sonido diferente, de sabor intenso y cargado de matices que hacen sencillo lo más complejo. Sus historias narradas en voz alta, con singularidad, consiguen sonar siempre de tal forma que producen una mezcla de sensaciones, un remolino. Lo suyo, donde más se lucen, son las letras con voz propia, cargadas de mujeres de su generación que han roto moldes, desgarradas, y que han ido dejando demasiadas cosas por el camino.

Refree se sienta al piano, con su mirada miope que esconde tras la gafas, con su barba larga y desaliñada por pura casualidad, como si fuera un chico que carga con un saco de timidez. Chistina canta en inglés As the wind blows, un tema de su disco Frozen pool.

Cuenta que para navidades se publicará Un caso sin resolver. Se trata de una caja con toda su discografía en cuatro Cd`s y un DVD. También traerá novedades, ya que ha grabado cinco canciones en formato acústico con Refree y Aurora. Son dos versiones de su época de Christina y los Subterráneos, de cuando el disco Que me parta un rayo, otra versión de un tema de La joven Dolores y dos más que no están en ninguno de sus discos y de las que hablará luego. Hace uno de esos cinco temas: Alguien que cuide de mí, una canción de tiene veinte años, comenta. Después de decirlo se asusta por el tiempo que ha pasado y se le escapa un «joder». El público corea el tema de principio a fin, sin duda una de sus mejores canciones. Le sigue otro tema del mismo disco Mil pedazos, otra de las canciones más aplaudidas. Aquel pop que hacía en los 90 mantiene aún toda su fuerza.

Otro de los temas que estará en Un caso sin resolver es una versión que hace Christina de la canción de Refree El sud, del disco Els invertebrats. Un hermoso poema cargado de sensibilidad. Christina aparca su guitarra y nos habla del catalán como lengua que todos deberíamos aprender, porque sin saberlo nos estamos perdiendo grandes letras, como la de este tema que canta en catalán.

Aurora Aroca, Refree y Chistina Rosenvinge durante la prueba de sonido previa al concierto
Aurora Aroca, Refree y Chistina Rosenvinge durante la prueba de sonido previa al concierto
Tras este momento cargado de belleza e intimidad, Refree y Christina toman de nuevo sus guitarras y regresan al presente, al disco de la La joven Dolores para hacer Weekend. Al terminar alguien le grita «guapa» y ella responde que mejor que la llamen guapa, prefieren que le lleve el desayuno a la cama, y nos da más pistas: un croissant y un zumo a las diez. Con ese preámbulo hace Anoche (El puñal y la memoria), del disco Tu labio superior. Su voz melosa y dulce, a veces da sensación de fragilidad, pero sabe subir con fuerza, mostrar todo el carácter que tiene. Se va sintiendo cómoda en el escenario y habla un poco más. Refree regresa al piano y ella se sienta sobre él para hacer el siguiente tema a cuatro manos. Pero antes decide desmigarlo, cuenta al público que hace algún tiempo fue a un psiquiatra. Le cobró 200€ -no escatima detalles- y le dijo que no necesitaba tomar ninguna pastilla, pero que de todas formas le iba a dar algo. Escribió la receta y se la extendió. Sin leerla la llevó a la farmacia, pero la farmacéutica se rió y le dijo que de eso no tenían allí. Lo que el médico le había prescrito era «un hombre formal». Así surge esta canción, Un hombre muy formal, que no aparece en el disco La joven Dolores, pero que es un bonus track del mismo para itunes.

Después se queda sola al piano pues Refree regresa a la guitarra, para desgranar otro tema de La joven Dolores: Eva enamorada. Salta de nuevo al pasado, para cantar Tú por mí. Cuenta antes que hace veinte años vivía en el barrio de Tetúan, en una casa compartida con mucha gente y a la que ellos llamaban «la pensión internacional». Tenían un mexicano que cocinaba, una inglesa que trabajaba en el Templo del Gato y mucha más gente. Un día, la inglesa, se enamoró de un hombre y desapareció. Cuando la volvieron a ver, trabajaba en la calle de la Ballesta. Mientras tanto, en ese tiempo en el que la habían perdido de vista, le escribió esta canción. Christina es capaz de contar lo más íntimo, como sin querer, pero directamente. Así, de su propia vida, de quienes la rodean, se van nutriendo sus canciones. Cuando termina el tema nos da la nota de esperanza a la angustia que surgió tras conocer el origen que inspiró la canción. Nos dice que, al final, Sara, la inglesa, acabó muy bien, con un montón de animales y un marido.

Mi vida bajo el agua, otro tema del disco La joven Dolores, suena de maravilla, por algo lo eligió como primer single. Le siguen sonidos con cierta psicodelia, recuperados del disco Continental 62 y agudizados por el cello que tiembla, por la voz que sube en Christina y por unas notas más tétricas que escarba en su piano al final de Tok tok.

Faltaba por hablar de la última versión que formará parte de Un caso sin resolver, ahora lo desvela, se trata del Allelujah de Leonard Cohen. Dice que quiere felicitar al maestro y que también lo hace por «molestarle» de lejos, porque sabe que le «irrita» la existencia de tantas versiones que hay ya del Allelujah. Con él se cierra el concierto.

Para los bises, Aurora abandona por primera vez el vilonchelo para sentarse al piano. Viste de oscuro, con ropa amplia y cómoda, como buscando un cierto anonimato. Refree toma la guitarra y Christina, con las manos libres, coge el micrófono y comienza las primera notas de No lloro por ti, un tema del disco Verano fatal, el que hizo en el 2007 a medias y compartido con Nacho Vegas. Al terminar recupera la guitarra y nos vuelve a contar una pequeña historia personal. Hace algún tiempo salió con un chico que solo le puso una condición: le pidió que nunca le escribiera una canción. Después hace Jorge y yo, un tema nostálgico desde el que recupera su infancia y que forma parte de su último disco.

Se va de nuevo, pero el público la reclama y no tardan en regresar guitarra en mano, como Refree, y con Aurora de nuevo al violonchelo. Hacen Nadie como tú, de Tu labio superior. Y termina con un tema estupendo, de aires entre mitológicos y oníricos: La Canción del eco que es el que abre su último disco La joven Dolores. Así cierra un ciclo, terminando el concierto tal y como empieza el disco.

A modo de pequeño anecdotario: La historia de Christina Rosenvinge en el mundo de la música es muy larga. Ya formaba parte de la movida de los 80 con Ella y Los Neumáticos, formación de la que era cantante y compositora. Luego con Álex de la Nuez forma el grupo Magia Blanca, una banda que se va reduciendo hasta quedar convertida en el dúo Álex & Christina. Alcanzan un gran éxito en 1987 con su tema ¡Chas! y aparezco a tu lado. En 1988 representan a España en el festival de la OTI con la canción Dulce maldición, quedando décimos, empatados con Costa Rica. Sacarían un segundo disco más antes de cerrar el dúo.

En 1992 reaparece con el nombre de Christina y Los Subterráneos y grabará uno de sus discos más míticos Que me parta un rayo, al que siguen otros dos álbumes más. Después viene su etapa en solitario, aunque en el año 2007 sacó un disco con Nacho Vegas que llamaron Verano Fatal, siete temas firmados e interpretados por ambos.

sábado, 16 de julio de 2011

Carmen París y amigas

Entre juegos de palabras, fusión y sentimientos


Viernes 15 de julio de 2011. Auditorio Conde Duque. Madrid


Carmen París en una foto de archivo
Carmen París en una foto de archivo
Carmen París baja la escalera del auditorio para sentarse sola ante el piano. Flaca, de pelo ensortijado, vestida con un pantalón descosido y una blusa de colores vivos, mira al público de frente. Con desparpajo saluda y presenta el concierto. Habla y habla contando la esencia de lo que hace, de dónde vino la inspiración para tal tema o que influencia presenta tal otro. Lo hace con simpatía e inteligencia.

Que no le gustan las etiquetas es algo sabido, lo suyo es salirse de los estantes establecidos, así que no es extraño encontrar una mezcla de jota aragonesa con chotis madrileño y ranchera mexicana. Así suena Jotera lo serás tú, como pura rebeldía. Tras ella nos habla de Cuba, del tiempo que pasó allí preparando su tercer disco, de que cuando pensamos que las cosas ocurren por casualidad en realidad lo hacen por pura sincronía, una cosa muy científica. Para hablar de ella y mezclando historias reales que le han ocurrido a ella, o a gente que conoce, surgió Cositas in-solitas, un tema en el que pidió la participación del público para cantar el estribillo.

La verdad es que aunque está sola sobre el escenario, no necesita más, sabe ocupar el espacio con facilidad, como sin proponérselo. Resulta espontánea cuando habla y al cantar su voz lo llena todo, le bastan unas dulces notas al piano para acompañarse a sí misma. A veces ni eso, se levanta y hace un fragemento de la tradicional jota aragonesa La fiera de viva voz y el auditorio rompe en aplausos. Esa jota es el origen de la siguiente canción que interpreta, En mi pecho, donde su entrega sube para contar lo más íntimo.

Sus canciones así interpretadas, con solo sus manos en el piano, suenan a confesión. Algo hay de hipnótico en esa sencillez, quizá una sensación de placidez que flota y va dejando reminiscencias de felicidad en quien la escucha. ¡Puede haber mejor placer que oírla cantar con su preciosa voz y ver como entabla una relación de confianza con el público, jugando con las palabras, charlando, contando, conduciendo la conversación sin guardarse secretos, repasando sus lecturas o lo que una vez le interesó, escuchando sus anécdotas!

Llegan después las dos primeras sorpresas. Hace un tema en inglés llamado de The cry of nightingale, una canción que ha grabado recientemente para un disco en el que diferentes músicos mediterráneos musican los poemas del filósofo turco Fethullah Gülen. El segundo estreno es un homenaje a María Dolores Pradera. Confiesa la artista que hace un tiempo, cuando aún estaba en la Warner, quiso preparar un disco que se llamase de De París a la Pradera y que trabajó algún tiempo en los arreglos de varias canciones que solía interpretar María Dolores Pradera, un proyecto que no llegó a salir publicado pero del que ha rescatado Te solté la rienda.

Cartel del concierto
Cartel del concierto Carmen París, entre nos y otras
Tras los largos aplausos toma la palabra de nuevo. Cuenta que al concierto le ha dado el título de Entre nos y otras para explicar que en esto de la música hay muchas intérpretes que también son creadoras, que componen y escriben, mujeres que toman el escenario y que montan sus espectáculos. No sé si es correcto hablar de una visión femenina de la música, pero es cierto que cantan con otra sensibilidad y que sus voces nos traen timbres, tonalidades y sonidos mucho más amplios. De pronto surge en el aire una complicidad extraordinaria, la de las amigas con las que va a acometer el resto del concierto. Habla de un viaje a Palestina con varios artistas sensibilizados con el conflicto que vive aquel pueblo. Allí conoció a Mercedes Ferrer a la que siempre había admirado. De aquel viaje, de lo vivido, de aquella dureza, de la amistad, surgieron dos temas. Aparece Mercedes Ferrer con su guitarra roja y crema y con ella desgarra las primeras notas de una de aquellas canciones, la que se titula Revelación porque estamos viviendo una época en la que empiezan a caerse muchos velos y vamos a descubrir las mentiras con la que nos han estado engañando. El apocalipsis no es otra cosa que el tiempo de la revelación.

Después hacen juntas Todavía, un tema de Mercedes Ferrer. Sin que abandone el escenario ninguna de las dos mujeres presentan a Cristina Narea. Es Narea la que introduce Agua un tema de su disco. Canta, toca la guitarra y Ferrer y París le hacen los coros. Se siente entre ellas el respeto, la admiración mutua y el amor compartido por lo bien hecho. Saben que de lo colaborativo, sin la presión de la competitividad tan masculina, sale lo mejor, lo que funde en sus voces miles de historias.

Mercedes Ferrer se va, para dejar el escenario a las otras dos mujeres. Hay una compatriota de Narea que les gusta mucho a ambas, se trata de la chilena Violeta Parra, así que juntas hacen una de sus canciones Volver a los diecisiete. Resulta un momento mágico.

Se va Cristina Narea para que llegue Olga Román. París se sienta de nuevo al piano y hacen Savia nueva. Llega después otra invitada, la pianista Marta Sánchez, una estupenda jazzista que en breve se irá a Estados Unidos para continuar con sus estudios. Marta, Olga y Carmen producen otro instante memorable cuando interpretan Me asomo. Se oyen «bravos» entre el público y muchos aplausos.

La anfitriona presenta a la última invitada, la cantante cubana Danays Bautista, una voz excepcional y ya van cinco. Hace uno de sus temas A la insensatez acompañada por Marta Sánchez al piano y por primera vez en la noche sin Carmen París en el escenario. Tras la hermosa canción regresa París al piano y cubana y maña interpretan juntas el bolero Distancia espeluznante.

La aragonesa se queda de nuevo sola, sentada ante el piano, para cerrar el concierto. Lo hace con una canción nueva que ha preparado para su próximo disco y con la que expresa su preocupación por la deriva que está tomando nuestro mundo. La canción se llama Por favor, por amor.

Suena una ovación calurosa y larga que Carmen París comparte con sus invitadas. Un pequeño amago de irse y todas juntas hacen Agua que ha de correr. Después vuelven los recuerdos de aquel viaje a Palestina. Habla de Cisjordania, de un campo de refugiados en Qalandia que suena parecido a Calanda, pueblo de donde son sus orígenes familiares, de como una historia confluye en la otra para que surja Rompiendo la hora. Se cuelga el tambor al cuello y con sus cinco amigas la interpretan para despedirse.

Ha sido una noche sobresaliente en lo musical, llena de fusión, mezcla, mucho arte, pero sobre todo de cariño y humanidad. Un concierto perfecto.

A modo de pequeño anecdotario: Carmen París estudio en el conservatorio de Zaragoza canto, piano, guitarra, violoncello, armonía y solfeo. Estudios que compaginó con la carrera de Filología Inglesa, el trabajo como cantante de la orquesta Jamaica y en la curiosa librería especializada en cine y copas CineMasCopas que comparte con Marta Sanuy.

jueves, 14 de julio de 2011

Rubén Blades y la «salsa dura»

El incansable cantante panameño ofreció a su público un concierto que superó las dos horas y media


Martes 12 de julio de 2011. Escenario Puerta del Ángel. Madrid


Rubén Blades en una foto de archivo
Rubén Blades en una foto de archivo
Media hora antes de lo habitual en la programación de los Veranos de la Villa y con puntualidad de reloj, pues Rubén Blades sabe de sobra que la organización le ha puesto hora de cierre al concierto y no quiere perder el tiempo, salen los músicos. Sobre el escenario la orquesta panameña de Roberto Delgado, doce instrumentinstas experimentados a los que para esta gira se ha unido como artista invitado el mágico trombón de Jimmy Bosch, un artista neoyorquino de la música afrocubana. El micrófono en el centro. De él cuelgan dos maracas unidas por un cuerda que llevan por única decoración la bandera panameña. Abren los músicos el concierto con La rosa de los vientos. Tras las primeras notas aparece Blades vestido de negro de pies a cabeza y abrigado pues la tarde se ha vuelto fría. Zapatillas de suela cóncava para cuidar la espalda, chubasquero negro que le proteja del viento molesto que se ha subido al escenario y un coqueto sombrero. Carga con una mochila de cuero al hombro como quien acaba de llegar de un viaje. La abandona sobre las tablas, bebe miel y coge el micrófono veloz para cantar los primeros versos de la noche: «Cada uno lleva encima la marca de su tiempo / cada uno lleva encima la huella de su sueño / ¿Quién dijo que la risa de tanta alma joven tiene que emigrar? / ¿o que la llamarada de los sueños nobles ya no alumbra más? / ¿quién dijo que nos ganó el olvido? que nos venció el "jamás"? / ¿quién dice que hay caminos imposibles de encontrar? / ¿Quién dice que perdimos, si entre las angustias sigue Panamá? / ¿Quién cree que no hay manera de dar a su historia un mejor final? / Sigamos respirando, también por los demás, / porque la causa es buena, no me canso de tratar».

Rubén Blades es un gran artista que ha compuesto e interpretado canciones memorables, símbolos de un tiempo y emblemas de una América con mucho futuro. Su música, esa salsa social, y sus letras, comprometidas con la vida y sus problemas, van de la mano por el mundo convertidas en la banda sonora de una generación fiel que ha crecido con él, que buscaba entender el convulso mundo que les tocó vivir para intentar mejorarlo un poquito. Un público que pide que le cuenten con inteligencia las historias de la gente corriente.

Tras esta primera canción bromeó con el tiempo que teníamos en Madrid, mucho frío para un panameño, dijo, tanto que le había hecho presentarse vestido como para hacer un concierto de tangos. Contó que con eso de que esta semana iba a ser su cumpleaños, en el hotel le habían dejado un regalo, algo que aún no había tenido tiempo de ver lo que era. Lo llevaba en la mochila, dijo. Mientras se volvió para cogerlo el público le cantó el cumpleaños feliz. Leyó una nota y después extrajo una bolsa de plástico, dentro de ella una toalla y al desenvolverla apareció el trofeo que la selección de fútbol del estado español ganó en Sudáfrica el año pasado. No hay que preocuparse, al terminar el concierto seguro que la devuelve porque reconoció que aquel equipo de fútbol hizo muy felices a muchos en América. Después dejó a Roberto Delgado presentar a cada uno de los músicos para así dedicarse en cuerpo y alma al concierto. Siempre ganando tiempo, pues sabe que pasa volando y que se le quedarán fuera muchas canciones que le gustaría interpretar. Saludó a Diego «el Cigala» entre el público y también lo haría más tarde con un amigo de Panamá con el que su mirada se encontró durante la actuación.

Rubén Blades en una foto de archivo
Rubén Blades en una foto de archivo
Al «Cigala» le pidió que escuchase la letra de la siguiente canción: Las calles. No esperó más para caldear el ambiente, sonó Decisiones, una canción que estuvo prohibida en Panamá por atentar contra la moral y las buenas costumbres del pueblo panameño, en tiempos de la dictadura. Lo cierto es que él no podía cantarla entonces, pero aún así se oía en los transistores de los panameños a todas horas por cada una de sus calles.

Muy emotiva resultó Plaza Herrera, un tema escrito después de encontrar una foto de cuando era un bebé en aquel lugar. Lo utiliza para recordar su barrio, en el que nació y en el que sigue viviendo en la actualidad. Señaló que «no hay riqueza en este mundo que pueda comprar lo que se vive, lo que se aprende en un barrio de Panamá», insistiendo en que la educación es un proceso que no termina jamás, todos los días se aprende algo. Sin duda el tema educativo es un asunto que le preocupa porque no se puede nunca dejar de estudiar. Él mismo, para el próximo año, tiene pensado matricularse en Columbia para obtener su doctorado en Derecho. Contó que su primer diploma universitario lo había vivido como una reválida familiar, sus padres no pudieron estudiar, y, como muchos de su generación, se habían sacrificado para que sus hijos pudieran tenerlo mucho más fácil en la vida.

Quiso hablar de drogas y recuperó Caína. La noche tenía más sorpresas, con las notas de Plantación adentro apareció en escena Jerry González, trompetista universal, que realizó un magistral duelo enfrentándose al trombón del otro invitado: Jimmy Bosch. La parte de raíces más latinoamericanas llegó con temas como Todos vuelven y María Lionza que le sirvió para alabar las tierras y culturas de Perú y Venezuela. Recordó a Facundo Cabral, un buen cantante y mejor amigo, al que acaban de asesinar.

Casanguero es una canción antigua, pero que hacía por primera vez sobre un escenario. Muchos de los asistentes no habían nacido cuando la grabó, algunos protestaron y Rubén Blades mirando a una jovencita le dijo que «yo tengo ropa más vieja que tú, pero no tan bonita». Tiene tiempo para el público, charlar con gracia con ellos, contar anécdotas, ponerse emotivo si toca y soltar de vez en cuando una de sus perlas: «Hay gente en el mundo tan pobre que solo tiene dinero». Un buen pretexto para hacer los temas Las cuentas del alma y Maestra vida.

Volvió la emoción cuando contó la historia familiar que hay tras Amor y control. También cuando hablo de un trabajo que tuvo en el correo del sello discográfico de Fania y sus estrellas, y de aquel día que uno de los cantantes llegó tarde y le pidieron a él que cantara Juan Pachanga en la grabación del disco. Suena mejor la música cuando te cuentan las historias que van con ellas, cuando uno entiende además lo que significan para el artista. Sonó Buscando Guayaba con toda la fuerza de la salsa de una orquesta potente.

No se olvidó de cantar Ojos de perro azul de aquel disco, Agua de luna, en el que versionó algunos relatos de Gabriel García Márquez. Ni de Pedro Navaja, la canción que siempre tiene que tocar en todos sus conciertos y que sin duda refleja el deseo de las personas de escuchar a los buenos narradores contando historias, por tristes y trágicas que resulten.

Llegó el momento de Patria y El padre Antonio y el monaguillo Andrés, el único bis que la organización le permitió hacer después de más de dos horas y media de concierto y que dedicó a Facundo Cabral «Facundo, matan a la gente, pero no matan a la vida». Después, los técnicos fueron recogiendo el escenario, pero el público no se quería ir, permanecía en pie esperando un imposible. Al final nos marchamos alegres, en familia, tarareando alguna de las canciones escuchadas, la que cada cual prefería.

A modo de pequeño anecdotario: Rubén Blades además de músico, cantante y actor tiene una licenciatura en leyes por la Universidad de Harvard. En el 2004 dejó el mundo del espectáculo para dedicarse a la política. Formó parte del gobierno de Martín Torrijos en Panamá y ocupó el ministerio de Turismo desde 2004 a 2009. Después de aquella experiencia regresó a la música, a un público que seguía esperándole, pues «la salsa inteligente» que él defiende sigue teniendo un espacio común dentro del mapa latinoamericano. Cumple 63 años esta semana, pero ha vuelto con muchos planes, habla de grabar cuatro álbumes con la orquesta de Roberto Delgado, de publicar sus poemas en un libro, de doctorarse en leyes por la universidad neoyorquina de Columbia e incluso de un papel en una película musical.

miércoles, 13 de julio de 2011

El flamenco, la copla y el arte de Poveda

El cantaor ofreció un recital que el público salpicó de olés


Jueves 7 de julio de 2011. Escenario Puerta del Ángel. Madrid


Miguel Poveda en una foto de archivo
Miguel Poveda en una foto de archivo
Avanzado el atardecer, pero aún con luz de día, comenzó el esperado concierto de Miguel Poveda dentro de la programación de Los veranos de la villa. Llegó vistiendo un traje negro con camisa blanca: elegancia, finura y horadez sobre el escenario. Se sentó en la silla de enea frente al micrófono con humildad, extendió los brazos y mostró una sonrisa amplia de placidez. Le acompañaban los de siempre, Juan Gómez «Chicuelo» a la guitarra, Paquito González con las percusiones y a las palmas y compás Juan Carlos Grilo y Luis Peña Fernández «Cantarote». Abrió el concierto con livianas y lo siguió con malagueñas y abandolaos. Siguió por bulerías, como si esta esplendida fiesta flamenca se estuviera acabando. Apareció para acompañarlas la bailadora Laura Rozalén y Poveda se puso en pie para seguir cantando y bailar unos pasos con ella. Sonaron muchos olés, con fuerza y con respeto, encendidas exclamaciones por un arte soberano.

Se le vio más cómodo, menos preocupado, que el año pasado. En este tiempo ha ganado en naturalidad, pues el nivel de su voz es tan alto y perfecto que es difícil mejorarlo mucho más. Aunque es un artista puntilloso, que cuida con mimo cada detalle, se dejó llevar por la magia del propio concierto. Emprendió un viaje por Andalucía: cantiñas, nanas, tangos trianeros, siguirillas y soleares apolás mezclando los estilos de Mairena y Marchena. Repasó bulerías de aquí y de allá, con sus diferencias, para terminar recordando a Miguel Candela y esa esencia suya flamenca y madrileña. Un guiño a esta ciudad que se vuelca con cada uno de sus conciertos.

Colocaba el micro con delicadeza, cantaba con maestría y se entregaba en cada nota de su voz. Parecía a punto de rompérsele el alma en cada momento, desecho del dolor profundo de lo jondo. Y el público le agradeció su coraje y el arte tan grande que atesora y comparte, el lujo de verle actuar, de escucharle cante lo que cante. De fondo luces mezclándose para construir dibujos tamizados como de arena.

Después, un cambio de ropa que le sirvió de pretexto para salir del escenario, para que se iniciara un cambio de aires. Los músicos también se fueron y apareció entonces Joan Albert Amargós para hacer una pieza al piano. Regresó Poveda, chaqueta blanca impecable y bajo ella una camisa negra con brillos azabache y levemente manchada como por lamparones de tinta lechosa. Se arrancó con las primeras coplas, su otro yo de cantaor. Lo primero que hizo fue mezclarlas todas con La radio de mi madre. Luego el apoteósis: Ojos verdes.

Se acordó de Lola Flores y agradeció a su hija Lolita que estuviera entre el público, le dedicó Rocío. Se quejó del frío que hacía, malo para mezclar con el sudor que produce el cantar bajo los focos, el esfuerzo de sacar la voz desde dentro, pero avisó de que nada le iba a parar. Se arrancó con A ciegas, tema que formó parte de la banda sonora de Los abrazos rotos y que dedicó al actor de la película Rubén Ochadiano, también presente entre el público. Hizo un pequeño fragmento de Y sin embargo te quiero. Tampoco se olvidó de interpretar Como las piedras y la emblemática Tres puñales que el público le venía solicitando desde el principio del concierto. La parte de copla se cerraba, pero aún quedaba un último ramillete para su público, para hacerles ponerse otra vez en pie y seguir dando olés.

Tuvo un recuerdo especial para su maestro, el cantaor Enrique Morente que también quiso extender al guitarrista que le acompañó en la última década, Juan «el Habichuela» que se encontraba en la grada. Les dedicó una emotiva versión de La Aurora de Nueva York que remató por bulerías. Los bises fueron para el mítico tema de Camarón La leyenda del tiempo y para cerrar el concierto aprovechó No volveré a ser joven para despedirse por bulerías otra vez.

Después de dos hora y cuarto de pasión, a las 00:15 acabó el concierto. No sé cómo pero la magia de Poveda consiguió lo imposible, pasar la barrera infranqueable de las doce de la noche que impone cada año la burocracia absurda de Los Veranos de la Villa.

A modo de pequeño anecdotario: Antes de con el flamenco, su afición al cante empezó de muy pequeño grabando de forma casera las coplas y los cantes que escuchaba con su madre en la radio y a las que rindió homenaje en el disco Tierra de calma con un conjunto de coplerías que tituló La radio de mi madre. Su siguiente hito lo cumplió con 15 años, cuando se subió por primera vez a un escenario, el de la Peña flamenca de Nuestra Señora de la Esperanza en Badalona, experiencia que iría repitiendo los fines de semana en otras peñas y concursos de aficionados. Al volver del servicio militar empezó a cantar en las barcelonesas Ramblas, en el tablao El Cordobés, donde estuvo casi un año. Quiso probar mejor suerte y se presentó al 33 Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión (Murcia), en 1993. Le seleccionaron y se llevó la Lámpara minera y otros tres premios en las modalidades de La Cartagenera, La Malagueña y La Soleá, sólo le faltó uno para alzarse con todos los premios de cante. A pesar del éxito, no grabó su primer disco hasta 1995, se trató de Viento del este y le acompañaron Moraíto, Pepe Habichuela y Julián "El Califa", contando además con la colaboración de José Soto «Sorderita».

martes, 12 de julio de 2011

Lila Downs, combativa y comprometida

La cantante mexicana ofreció un concierto dinámico, de mucha fusión, mestizaje y unas profundas raíces indígenas


Miércoles 6 de julio de 2011. Escenario Puerta del Ángel. Madrid


Lila Downs en una foto de archivo
Lila Downs en una foto de archivo
Muchos somos los que vemos que Lila Downs es la principal heredera musical de Chavela Vargas, aunque las dos sean irrepetibles. Sus raíces en el folclore popular de los pueblos indígenas méxicanos, su compromiso político y social, son elementos que comparten estas dos grandes mujeres. Su forma de cantar e interpretar desde las entrañas, con el corazón en la mano, también. Son dos de las mejores voces que han pisado un escenario, de las que más consiguen emocionar al público.

Los conciertos de Lila Downs siempre resultan especiales, siempre diferentes. Ya se preocupa ella y sus músicos, dirigidos por Paul Cohen, de evolucionar y versionar los temas, de lucir una nueva tonalidad en cada actuación, algo nuevo, una pequeña sorpresa, un espacio que se va abriendo. Le acompaña una sección de vientos con saxo, trompeta y trombón, una acordeonista, un percusionista, un guitarrista y un bajista, cada cual proveniente de un lugar distinto. Pura mezcla explosiva sobre el escenario donde ella es la mecha. Sus cuarenta y dos años no son ningún obstáculo para que derroche energía y movimiento durante toda la noche en la que no para de bailar y contagiar al público en ningún momento.

Abrió su concierto con El relámpago, tema al que siguió Agua de rosas para espantar la tristeza y alejarla de nosotros con su voz dulce, como de conjuro. Con el público ya entregado sonó uno de sus temas más melódicos: Yo envidio el viento.

Cartel anunciador de Los veranos de la villa
Cartel anunciador de Los veranos de la villa
Siguiendo por el mismo camino, pero más reivindicativa, llegó The Border / La línea, para hablar de un lugar en México que representa muchos más lugares, muchas fronteras que trazan una línea entre dos mundos vecinos a los que convierte, a su vez, en infinitamente alejados. Justicia es uno de sus temas más emblemáticos, cargado de un compromiso verdadero con un mundo nuevo más igualitario, hecho por las personas para las personas. Su puño en alto mientras canta este tema y la fuerza de su voz crean un profundo sentimiento de solidaridad entre el público. No es solo su estribillo pegadizo, son las ganas de pedir una verdadera justicia, de construirla entre todos y empezar allí mismo.

Cambió de tercio con Los pollos, uno de sus temas más divertidos donde Downs danza como un pollo, moviendo sus alas. Es una danza de aviso, que nos dice a todos, pollos y personas, donde vamos a terminar. El público corea y palmea con ganas ese momento que es regreso a otro tiempo y otro lugar, a una infancia recordada, o un instante en que casi todo era más puro y familiar, al menos mucho más inocente.

Comalito es uno de los temas que verán la luz en su próximo disco Pecados y Milagros y que estrenaba en el concierto, una canción comprometida que dedicó a las mujeres trabajadoras de México, las que en sus manos se puede tocar la dureza de la vida que han llevado, pues están surcadas de cada una de sus angustias y superaciones. Del mismo disco también presentó un poco más tarde un segundo tema, Mescalito, una canción que ha dedicado a la bebida de mescal, «veneno que saca el ángel o el demonio». Con una botella en la mano derramó un círculo sobre el escenario y tras un leve sorbo se arrancó para interpretar el tema acunando la botella en su regazo.

El repertorio de Lila Downs mezcla temas propios con clásicos de sus tierras mexicanas, especialmente de Oaxaca. Tenía preparado hacer La martiniana con Martirio, pero una afonía de ésta no le permitió participar, por lo que le dedicó este bonito tema durante el concierto. También intepretó Cucurrucucu paloma, Cucaracha y Paloma negra de la que contó que cuando ella empezaba, siendo apenas una niña, cantando en las bodas siempre le pedían esta canción.

Así el concierto fue llegando a su fin. Sonó la Cumbia del mole, después todo el sentimiento de La llorona en la que Lila Downs se cubrió el pelo con una tela blanca. Sin duda se convirtió en un momento en que el corazón de los presentes se agitó como si estuviese encerrado dentro en un puño. Naila y Arenita azul dieron fin a la actuación entre aplausos entregados y cariñosos que le decían a la artista «vuelve pronto».

Cierto que se quedaron muchas de sus canciones fuera de la actuación. Lástima, pero ese es el problema de ir teniendo un repertorio tan largo y estupendo.

A modo de pequeño anecdotario: Lila Downs está de estreno. En octubre tendremos entre las manos su próximo álbum que llevará por título Pecados y Milagros. ¿De dónde viene la idea? A su hijo pequeño le considera el milagro, mientras que el contrapunto, los pecados de estos tiempos modernos, son la corrupción y la violencia. Añade que para el título del disco se inspiró en la pintura de corte novohispano de Alfredo Vilchis, sobre frustraciones y pecados de hoy en día.

También se espera que en el otoño de este año se produzca el estreno, en Washington primero y luego en el neoyorkino Broadway, del musical Como Agua para Chocolate basado en la novela de Laura Esquivel y para el que Lila Downs y su compañero Paul Cohen han preparado los temas musicales.

sábado, 18 de junio de 2011

Antonio Bartrina y Ariel Hernández se pasan al tango íntimo

Tango jondo supone un proyecto paralelo a Malevaje, un espacio para un tango más crudo y esencial


Jueves 16 de junio de 2011. Colectivo La Latina. Madrid


Cartel del concierto de Tango Jondo (Antonio Bartrina y Ariel Hernández) en el Colectivo La Latina
Cartel del concierto de Antonio Bartrina y Ariel Hernández presentando Tango Jondo
Cuentan Antonio y Ariel que en el 2008, durante la gira con Malevaje, se recorrían España haciendo entrevistas y dando conciertos. Antes de cada uno de ellos, y a modo de presentación, hacían pequeñas actuaciones promocionales, sólo con bandoneón y voz, como dos maestros del flamenco. Aquellos pequeños conciertos anticipo, hoy se han convertido en un disco con entidad propia. Para grabarlo se fueron a Buenos Aires, no podía ser de otra forma, se colocaron bajo un micrófono colgado del techo, a la antigua usanza, y a darle a la esencia del tango que por alguna ventana se coló y quedó impresa en la grabación.

El Colectivo La Latina es un local en el que se refugian muchos artistas que viven por los alrededores del barrio de La Latina, que rondan el rastro y compran en el mercado de la plaza de la Cebada, un lugar castizo lleno de madrileños que han nacido en cualquier sitio y que han terminando en este barrio de esencias.

Con la entrada al concierto te regalan un disco -vinilo- de Malevaje, Va cayendo gente al baile, título que suena premonitorio para un concierto. Se trata de un disco descatalogado del que hace unos días Bartrina encontró un centenar de ellos en un maletero en casa de su madre. Es que él es así, tan canalla como atento con su público, al que se entrega en cada concierto, pues es la música y la posibilidad de seguir cantando lo que a buen seguro le hace feliz. Esa alegría y buen humor se transmite desde el momento que pisa el escenario, comenzando a fluir una comunicación cómplice entre artista y público.

Sube primero Ariel, con una cerveza en la mano, se sienta y estira el bandoneón. Llega después Bartrina, vestido con un traje negro, con corbata fina de tonos rojos, como para un bautizo. Se sienta y se arrancan con los primeros compases del concierto. A penas van unas notas y a Bartrina le suena el móvil. Risas. Es artista viejo, más de un cuarto de siglo paseando sus canciones, así que de todo incidente sabe sacar partido, convertirlo en una anécdota. Se muestra locuaz, bromea. Pero sobre todo canta y lo hace con sentimiento, con fuerza, con el coraje que un tango precisa, desde una voz timbrada.

Antonio Bartrina y Ariel Hernández presentando Tango Jondo
Antonio Bartrina y Ariel Hernández presentando Tango Jondo
La pose también es importante, supone una declaración de intenciones. Los dos artistas sentados, como en un tablao flamenco donde hay un cantaor y otro que toca. Las piernas abiertas, las manos sobre los muslos. Parece que se van a arrancar con un quejido, y en el fondo así es. Un quejido bien templado de tango.

Hernández y Bartrina van haciendo un repertorio clásico y también temas de Malevaje, solo con la voz y el bandoneón; algo diferente, más íntimo, cercano y quizá más esencial. Bartrina lo describió muy bien: «Tango solo, crudo, que va hacia adentro, muy íntimo, muy intenso, tal y como a mí me gusta realmente». Un tango de raíces, sentido, para cantar en lugares pequeños donde la proximidad termina uniendo al público con la música, donde se va a escuchar con embeleso la profundidad de unas vidas e historias desgarradas que no ocurrieron tan lejos de nosotros.

Entre canción y canción, Bartrina saluda a los amigos, habla con el público, dedica canciones y también abre un turno de peticiones. Se gritan títulos a veces, otras estrofas de las canciones pues los títulos se quedan cortos para tanta poesía. Deseos que luego se van cumpliendo sobre el escenario. No le importa cantar a capela si hace falta, ni mirar de frente. Así va desgranando Cambalache, Garufa, Che bandoneón, Arroz Blanco, Esta noche me emborracho, Si soy así, Madame Ivonne, Margot, Confesión, Tinta roja...

Me gustó María, no sé porqué pero me llegó más adentro. A veces pasa que en un concierto, de pronto, una canción que has oído mil veces antes y a la que no habías prestado mayor atención cobra un brillo especial, de momento único.

Pasaron más cosas, como que con Cambalache se atrevieran a hacer una pequeña -y divertida- fusión hip-hopera o que pidieran a Marcelo, bailarín que les acompaña en los conciertos de Malevaje, taconear.

Dice Bartrina que sólo hay dos tipos de tangos, los que hablan de mujeres y los que hablan de bares. Con ambos va repasando canciones que son vidas contadas en una minutos y al final cuando todo se acaba, entre aplausos y agradecimientos, uno se da cuenta que ha asistido a una experiencia imborrable.

A modo de pequeño anecdotario: Tango Jondo es un disco con nueve tangos clásicos más un tema propio que los dos artistas grabaron con Malevaje dedicado a Alfredo Di Stéfano. En este último tema, y para este disco, participó Puro Tango, un grupo de amigos de allá, que pusieron sus guitarras y su voz a disposición de Antonio Bartrina y Ariel Hernández en este homenaje al mítico jugador.

jueves, 26 de mayo de 2011

Tiempo de conciertos

Martirio y José María Vitier, Juan Perro y Toni Zenet ofrecieron tres estupendos conciertos en el Teatro Español para presentar sus nuevos discos


Reseñas: Martirio y José María Vitier - Juan Perro - Zenet

Mayo es quizá el mes con más actividad cultural en Madrid. Por un lado se celebra el 2 de mayo como fiesta de la Comunidad y por otro San Isidro como patrono local. El Teatro Español, como viene siendo habitual en los últimos años, no deja pasar la oportunidad y programa unos buenos conciertos bajo el nombre de Noches del Español. Este año ha servido para presentar los nuevos trabajos de artistas con mucha personalidad.

Viernes 20 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Martirio y José María Vitier presentando su disco El aire que te rodea (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Martirio y José María Vitier presentando su disco El aire que te rodea
(foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
El compositor cubano José María Vitier ha preparado un disco lleno de poesía, donde la música se convierte en ese propio aire que rodea los versos que canta e interpreta Martirio. Cuentan que se conocieron en 2002 cuando el pianista cubano le pidió a Martirio que cantara un poema de Federico Garcia Lorca para un disco suyo. Allí nació una idea que ha terminado concretándose en este disco que han hecho juntos, mano a mano, y que lleva el nombre de El aire que te rodea.

Cuando las luces se apagan, aparece Vitier que se acerca a un majestuoso piano de cola frente al que se sienta. Sus dedos se deslizan, juegan, y va apareciendo una música contagiosa, timbrada y robusta. Después presenta a Martirio y es la voz maravillosa de la onubense la que va dando profundidad a los textos. Martirio tiene un toque personal, algo especial que tiñe la voz interpretando cada palabra que canta con un sentimiento inigualable. A los dos se les une Raúl Rodríguez con su guitarra española para completar el trío. Todo suena y resulta perfecto en este repaso del disco.

Siempre resulta especial ver a Martirio sobre un escenario pues lo que se escucha en sus discos se queda en la mitad de lo que ella ofrece en directo con su presencia y su arte. En esta ocasión se la ve apasionada, como recién enamorada, atravesada por una luz mística que le ilumina la cara. Sin embargo se muestra más contenida en sus sentimientos que cuando cuenta historias de personas, esas letras de coplas y tangos llenas de vida, que la poesía, tal vez en otro plano más idealista, no logra sustituir. Del repertorio me quedo con Amor sádico que tiene más chispa.

Sábado 21 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Juan Perro presentando Río Negro (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Juan Perro presentando su disco Río Negro
(foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Había pasado mucho tiempo desde el anterior disco de Juan Perro. Uno piensa que ya le ha visto otras veces, así que no espera sorpresas. Pero lo cierto es que desde que sale a escena te das cuenta que estás frente a uno de los grandes y de golpe recuerdas por qué cada uno de sus conciertos termina siendo un recuerdo imborrable para quien le escucha. Sin duda es algo mágico, una capacidad que nunca pierde. Todo es mezcla, sonidos de jazz, blues, Nueva Orleans, Cuba, África... Juan Perro, el «negocio» al que se dedica ahora, es música en estado puro, de esa que su banda extrae de los instrumentos artesanalmente sobre el escenario, que no puede repetirse más que en ese mismo momento. Escucharles es un placer y con ellos dos horas se convierten en apenas un instante.

Santiago Auserón se muestra coqueto, juguetea con sombreros vistosos que va cambiando para la ocasión -para que hagan juego con el tema que canta-, luce un bonito traje y unos zapatos de diseño. Habla con el público, responde cuando le provocan y regresa a su música, consciente de que controla un show del que es centro absoluto. El público le adora, además disfruta y contagia ese placer que siente sobre el escenario.

Repasa de arriba abajo su nuevo disco Río Negro, con temas de estribillos contagiosos como Malasaña -un himno de libertad necesario para estos tiempos en que la vida va a volver a las calles y las plazas-, Reina Zulú, Pájaro de Siracusa, Poco talento, Pies en el barro o La nave estelar cargada de fina ironía.

De las nuevas hay una canción que me llega más: Forastero, de la que Juan Perro explicó la historia. Contó que hace algún tiempo, cruzando uno de esos barrios peligrosos en Nápoles una imagen le trajo otros tiempos y se recordó a sí mismo hace ya mucho con los pensamientos de entonces. Su ojos se cruzaron con un muchacho en camiseta blanca de canalé que salía de su casa y se le quedó mirando a él, al forastero que viene de otros sitios con otras ideas, que ha visto un mundo que al chico le queda lejos. El tema está cantado desde el punto de vista del niño y hay una reflexión que no puedo olvidar «Él se alejó para no volver jamás, / pero quizá me llevase en su cabeza. / Dime forastero / que atraviesas la ciudad / y a este barrio viejo vienes a parar / si un día yo / como tú podré viajar / y contemplar / desde lejos la pobreza».

Pero también hay tiempo para entonar y puntear Cozumel cuando se lo pide el público y darle las gracias por seguir acordándose y queriendo aquellas, las primeras, canciones del Perro. Suenan otros temas indispensables que forman parte de sus otros discos: El cigarrito, Mala fama, La charla del pescado, El ala rota, A un perro flaco y Fonda de Dolores que cierra el concierto con el público en pie, bailando y las luces encendidas.

Quien no ha visto a Juan Perro en directo, aún le queda algo por hacer. Es sin duda uno de esos indispensables, y mucho más sobre el escenario de un teatro.

Martes 24 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Toni Zenet presentando su disco Todas las calles (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Toni Zenet presentando su disco Todas las calles (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Zenet, y su banda, son también otros que disfrutan sobre un escenario. Ahora presentan su segundo disco Todas las calles que sigue la estela que marcó Los mares de China. La banda se mantiene al completo, siguen los vientos de Ove Larsson y Manuel Machado, las cuerdas de Taboada y Aguilar, el piano de Rivero y la inagotable batería de Castro. Cada día que pasa suenan más engrasados; algo que no resulta demasiado fácil, pues llegan a estar hasta diez personas.

Sobre el escenario repasa los temas de Todas las calles. Entre ellos va recuperando algunas otras canciones de su primer disco que hacen las delicias del público. Suenan Estela, Dientes de rata, Un beso de esos, En el mismo lado de la cama y Soñar contigo, único tema de los bises.

Zenet tiene algo especial, un encanto canalla que su voz amplifica porque a la vez es dulce, envolvente, llena de matices, de las que invitan a soñar. La música tiene una base de jazz en la que se sumergen para fusionarse boleros, tangos, sonidos flamencos y universales de aquí y de allá. Escucharle cantar es como viajar por otros espacios, tiempos y recuerdos. Las letras, firmadas por Javier Laguna, hablan de amores y desamores, de lo que fue y de lo que no pudo ser, de lo que empieza y de lo que ya se acabó.

La puesta en escena desborda alegría que el público devuelve con palmas, pasándoselo bien. Sin duda de lo más especial son las improvisaciones y solos que van haciendo cada uno de los músicos. Zenet ofreció otro concierto memorable.