miércoles, 9 de julio de 2014

El reflejo plural de la sociedad

La Semana Negra rinde homenaje a las abogadas laboralistas que lucharon contra el franquismo

Miércoles 9 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

A esta Semana Negra ya le quedan menos días por delante que los que pasaron si echas la vista atrás. Los cuadernos de notas se van llenando y la lista de lo que queda por hacer se ha quedado en medio folio. El ecuador siempre se tiñe de respeto y es un buen momento para hacer balance, pues aún resta tiempo para corregir lo que no nos convence. El miércoles fue el día en que vinieron las abogadas laboralistas Cristina Almeida, Paquita Sauquillo y Manuela Carmena, en el que Taibo presentó su libro sobre Asturias 1934 y también ese día en el que el sol decidió lucir con fuerza.

Víctor del Árbol: moverse en el dolor en sitios sin esperanza

Víctor del Árbol presentando su novela en la Semana Negra
Víctor del Árbol presentando su novela en la Semana Negra
Víctor del Árbol presenta en la Semana Negra Un millón de gotas, su cuarta novela. Reconoce que no tiene la menor inocencia cuando decice sus temas. No es casual que haya elegido hablar de una mafia rusa a la que ha llamado Matrioska. En Cataluña existe una lacra: el blanqueo del dinero que viene del crimen organizado. Durante muchos años nadie se hacía preguntas de donde venía el dinero con el que se estaba realizando la expansión inmobiliaria. Mientras hubo bonanza el beneficio económico primaba sobre todo lo demás. Ahora no es así, estos casos han salido a la luz. El autor afirma que le hace gracia la hipocresía de la sociedad. En el momento que el flujo se corta es cuando nos hacemos las preguntas sobre el origen del dinero y nos escandalizamos de que las respuestas sean de la trata de blancas, del narcotráfico o de la venta de armas. Mientras las cosas ocurran fuera de casa no pasa nada. El año pasado desaparecieron en España más de 140 menores. Cada uno de esos niños y niñas tiene una historia, pero está claro que esto forma parte de una trama con menores. La novela es una ficción, lo que quiere decir que probablemente se acerca mucho más a la realidad.

Hablando de su evolución, el autor afirma que con cada novela ha aprendido a conocer sus propios límites y está aprendiendo a pulir sus defectos. En todas ellas se mueve en el dolor, en sitios sin esperanza porque ésta la dejaba para cuando él mismo pudiera sentirla. El dolor forma parte de nosotros, pero con esta última novela ha visto que también tenemos un espacio para el optimismo. Con humildad reconoce que le queda mucho por aprender, como ser más conciso, menos solemne y construir personajes menos dramáticos y con más humor. Dice que tiene los pies en el suelo, que sabe dónde está como escritor y también lo que le falta. No le da vértigo publicar en una editorial grande que está apostando con fuerza por sus libros. Explica que uno piensa en escribir, no en publicar. Lo segundo es algo que va llegando. El éxito no tiene que ver con lo que vendes, sino con en qué grado de tus objetivos estás. En Francia tiene mayor tirada que aquí, le ha dado vueltas y lo que cree es que allí les interesa mucho más el franquismo y la Guerra Civil que a nosotros porque los franceses han hecho un verdadero trabajo de recuperación de la memoria.

Llama la atención de su biografía que el autor haya trabajado 20 años como mosso d'esquadra, eso sí, especifica que siempre como agente de base. Se siente orgulloso de aquel trabajo, pero también entiende las críticas hacia este cuerpo policial. Dice que su experiencia como policía no ha influido en sus novelas. El haber sido policía solo es una anécdota, sin embargo la escritura es una constante en su vida. No concibe la novela negra como de intriga, es más bien una estructura para hablar de la contradicción humana en su naturaleza. Su etapa de policía le ha servido para saber bien de lo que somos capaces. Añade que se conoce bien a sí mismo y que si en sus novelas habla del miedo, de la desesperación y de la lealtad es porque todo eso lo ha vivido.

Abogadas laboralistas contra el franquismo: defendiendo para cambiar la sociedad

Paquita Sauquillo, Rubén Vega, Manuela Carmena y Cristina Almeida durante su charla en la Semana Negra
Paquita Sauquillo, Rubén Vega, Manuela Carmena y Cristina Almeida durante su charla en la Semana Negra
El historiador asturiano Rubén Vega participó en el libro colectivo Abogados contra el franquismo. Se siente muy orgulloso de que tres de las protagonistas de este libro estén aquí para contar sus experiencias. Presenta a cada una de ellas con admiración y agradece la presencia de tanto público, quizá sea la charla que ha reunido más personas en lo que va de Semana Negra. No se extiende porque quiere dejar el tiempo a Cristina Almeida, Paquita Sauquillo y Manuela Carmena.

Rompe el fuego Manuela Carmena para señalar que los despachos de abogados laboralistas que fundaron fueron un buen invento. Hay muchos inventos sociales, Lynn Hunt recogió uno de los más grandiosos en el ensayo La invención de los Derechos Humanos, pero también están la Institución Libre de Enseñanza, La Cruz Roja o la enseñanza gratuita. Es la propia sociedad la que pide estos avances. En la dictadura, para resolver sus problemas laborales, los obreros tenían que ir a los abogados del Sindicato Laboral, al mismo sitio al que también iban los empresarios. Era evidente que hacía falta una abogacía diferente que pudiera defender a los trabajadores. Así surgen los despachos laboralistas. No tenían dinero, por lo que usaban borriquetas con tableros en lugar de mesas. Tenían claro que no podían cobrar nada a aquellas personas que no ganaban sus juicios. Nunca es más eficaz un abogado que cuando solo cobra si gana, de esta manera forma un mismo cuerpo con sus clientes.

Durante el franquismo vivíamos una legislación que no reconocía ningún derecho laboral, pero que si había legislado con leyes paternalistas que en realidad tampoco se llevaban a cabo. Cuando acudían a los tribunales los abogados tiraban de esos mínimos derechos diciendo que estaban en la ley y no se cumplían. No había experiencia en aquellos tiempos y litigaban cargados simplemente de razón y sentido común.

En el despacho de abogados que formó Carmena todos cobraban lo mismo independientemente del trabajo que llevaban adelante en él. Funcionaba la solidaridad. Trabajaban para cambiar las cosas a mejor y eso les daba felicidad. Eran personas que lucharon contra el franquismo, que querían avanzar. Ahora hay que mirar hacia el futuro y habla de los emprendedores sociales como un elemento necesario y un nuevo invento social. Habla de la plataforma cibernética llamada la red social del lobby ciudadano como mecanismo para hacer llegar las propuestas ciudadanas directamente a las instituciones. Hace falta una ley de emprendimiento social y que las empresas sociales se conviertan en una alternativa al capitalismo.

Paquita Sauquillo recuerda que las tres coincidieron en un mismo curso, cada una en la izquierda y con diferentes situaciones. Ella militaba en la ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores). El esquema que ha contado Carmena era igual en todos los despachos laboralistas que se formaron entonces. Estaban al servicio de la sociedad y a favor de las comisiones obreras que se estaban montando entonces. Ella quiere destacar otro aspecto de los abogados laboralistas. Sabían que era necesario trabajar también en el mismo espacio en el que vivían los trabajadores, en los mismos barrios periféricos de las ciudades. Se preguntaron cómo podían hacerlo y empezaron usando las parroquias llevadas por personas de la iglesia progresistas, los curas obreros. Cada día iban a uno de estos barrios y montaban las consultas. Desde ellas empezaron a plantear el trabajo. El siguiente paso fue montar las asociaciones de vecinos que tuvieron mucha fuerza. Debajo de estas asociaciones había plataformas políticas, ilegales entonces, que impulsaban el movimiento vecinal. Empezaron en Vallecas con la asociación de vecinos de Palomeras. Lo hicieron reivindicando derechos como el de la vivienda e iniciaron una lucha unida de todos los vecinos. En la época había una mala conciencia en los políticos oficiales que no les permitía las expulsiones en las barriadas, así que comenzaron también con las ocupaciones de viviendas vacías. Después trataron de crear una federación de asociaciones de vecinos que facilitase la posibilidad de agruparse.

Público asisente a la charla de las abogada laboralistas en la Semana Negra
Público asisente a la charla de las abogada laboralistas en la Semana Negra
Sauquillo explica que ser mujer no le impidió nada. La aceptaban porque estaba en la calle y en el despacho para defender a la gente. En aquellos tiempos montó y trabajó en el movimiento ciudadano. Peleaban por la libertad. Tenían claro que debían agrupar todas las luchas (laboral, ciudadana, profesional…). Ahora el 15-M le recuerda a esas mesas camillas con las que empezaron a trabajar entonces en las calles. Eso se perdió con la democracia. Pensaron que con la representación en los ayuntamientos era suficiente y podían retirar los movimientos ciudadanos de la calle. No dice que haya que repetir aquella forma de luchar para que las personas se pudieran reunir libremente o batallar por sus derechos, pero la manera de trabajar sí que podría recuperarse. Ahora nos toca ver como sortear y dar la vuelta a las leyes que está impulsando la derecha, para que no se cumplan porque si no lo conseguimos tendremos un retroceso de 40 años.

Cristina Almeida dice que estar en Gijón le suena a lucha, a solidaridad y a mujer. Las tres mujeres que están en la mesa se dedicaron a defender trabajadores, a resolver problemas vecinales y a ayudar a los presos políticos. Las tres eran conscientes de que había que cambiar globalmente el mundo e impulsaron la lucha de las mujeres, de los sindicatos y de la democracia. Explica Almeida que hubo una «semana negra» de la democracia. La Transición empezó con un gran dolor. El 23 de enero 1977 hay una manifestación para pedir la amnistía de los presos. Al estudiante Arturo Ruiz lo mata la policía en esa manifestación. Al día siguiente Mari Luz Nájera muere por un pelotazo de la policía. En el otro lado secuestran al general Villaescusa y mueren dos guardias civiles en un atentado. No se quedaron quietos y fueron a golpear al corazón de la lucha, a los abogados laboralistas de Atocha. Buscaban a un sindicalista del ramo del transporte para forzar la situación y obligar a que interviniera el gobierno. Subieron al piso de arriba y esperaron una hora hasta que se fueron los trabajadores. Luego bajaron con las armas. Había una reunión de abogados de barrio. Mataron a cinco de ellos y dejaron a los otros cuatro al borde de la muerte. Señala Almeida que entraron a matar la democracia, y ocurrió al revés, que por reacción a este hecho nació. Se hizo indispensable. El ministerio de Interior no tenía medios para garantizar que no hubiera incidentes en el entierro de los abogados. Tenían miedo y el partido comunista, ilegal entonces, dijo «nosotros garantizamos la seguridad en la calle».

Almeida está dispuesta a participar en una nueva Transición, pero no en destrozar la anterior por toda la gente que cayó para que fuese posible. No querían más tiros. Era más importante arrancar que destruir, así que eligieron empezar. En abril se legalizó el PCE y se celebraron unas elecciones con los sindicatos y todos los partidos reconocidos. Cristina Almeida pide que luchemos por otra Constitución, pero señala que tenemos en el presente cosas que aprender. Estamos perdiendo derechos. Tendremos que pelar hasta con el Espíritu Santo, pero no nos pueden quitar los derechos laborales, en educación, sanidad… Los derechos no son de los gobiernos, son de los ciudadanos. El PP tiene mayoría parlamentaria, pero no social. En ese sentido Madrid ha sido una exposición de rebeldía. La gente no se calla. Cuando la conciencia tiene un compromiso, el compromiso se lleva hasta la tumba.

Al final una misma pregunta para las tres: su opinión sobre la Transición. Carmena considera que la Transición fue ejemplar, pero que desde que comenzamos a vivir en democracia, empezamos a hacerlo mal: se desarticularon los movimientos sociales y empezaron a callar. Sauquillo recuerda que en el 75 hubo cinco ejecuciones para que no olvidemos el ambiente. La Transición era fruto de mucha lucha y mucha gente. Querían llegar a un acuerdo. La gente de la izquierda tuvo que bajar sus demandas. En su opinión cree que lo hicieron bien. Sabe que los derechos que pusieron en la Constitución están en el papel, pero son teóricos y no valen. Parte de los líderes vecinales llegaron a los ayuntamientos y ya no impulsaron más. Allí empezaron a perder. Visto ahora se ve de otra forma. Por su parte Almeida explica que desde que llegó al poder la izquierda -una percepción discutible la de incluir al PSOE en la izquierda pero que ella reafirma- hubo muchas renuncias que no eran necesarias, como por ejemplo no apoyar a las víctimas del franquismo y mantener su muertos en las cunetas. Esas renuncias innecesarias desmejoraron la democracia a fuerza de ir perdiéndose derechos y de ignorar la historia. Es a la gente joven a la que le toca suplir las deficiencias, aunque la gente vieja no vaya a retirarse.

No se van sin recordar la recogida de zapatos, ellas van a echar los suyos en nombre de todas esas mujeres que no están.

Foto y periodismo: Los saltos son la vida y la muerte

Javier Bauluz, Teresa Palomo y Maiga Oussman durante la charla del 18 Encuentro Internacional de Foto y Periodismo de Gijón
Javier Bauluz, Teresa Palomo y Maiga Oussman durante la charla del 18 Encuentro Internacional de Foto y Periodismo de Gijón
Javier Bauluz presenta el 18 Encuentro Internacional de Foto y Periodismo de Gijón, que como todos los años se celebra dentro de la Semana Negra. Para la primera de las charlas de esta edición ha venido Maiga Oussman, un joven de 19 años que ha vivido los últimos tres en el monte Gurugú, al otro lado de la valla, esperando para saltarla. En el Gurugú ejercía el papel de médico sin serlo, cuidando de sus compañeros heridos y malviviendo como todos ellos. En esos escenarios de la desesperación lo que encuentras son seres humanos. Al quinto intento lo consiguió. En los cuatro anteriores fue deportado ilegalmente por la Guardia Civil cumpliendo órdenes del Ministerio del Interior, las mal llamadas devoluciones en caliente. Los deportan sin cumplir las normativas y entregándoselos a las fuerzas marroquíes que se encargan de apalearlos para que no los intenten más. Vivimos un momento en que quieren convertir a los inmigrantes en invasores, magnificando el problema. En el último año y medio 81.000 españoles se han ido a vivir al Reino Unido, mientras que solo 3.500 subsaharianos han conseguido pasar la valla de Melilla en ese mismo tiempo.

A Maiga le acompaña la joven periodista Teresa Palomo que lleva unos meses trabajando en Melilla. Cuenta que nada más llegar ella vieron que había muchos heridos tras un intento masivo de saltar la valla. Subieron al Gurugú. Ya no hay ONGs que ayuden allí, tan solo un cura y una monja. Maiga les enseñó todo aquello, les contó que tenían redadas tres veces cada día. Les mostró las heridas que tenían sus compañeros y vieron como las iba cuidando con betadine y unas gasas. El 18 de marzo, Maiga entró en territorio español con otras 400 personas en un salto colectivo. Lo llevaron al CIE de Aluche. No tiene más familia que un hermano pequeño. Lleva ya cinco años fuera de casa. Él es de una zona con un conflicto de guerra.

Maiga salió de su casa porque no tenía padre, ni madre, ni medios para subsistir. Explica que estuvo tres años en el bosque del Gurugú. Avisa de que lo que va a contar es la realidad. No fue fácil pasar las tres vallas de Melilla. Las cuchillas cortan, es sencillo caerse y además los militares marroquíes y la Guardia Civil les tiran piedras y les pegan, lo que provoca que haya muchos heridos. Igual ocurre con las redadas, tienen que subir monte arriba y los barrancos son peligrosos. Cuando alguien se cae y muere, lo bajan de la montaña y lo entregan a la policía. A la gente del pueblo la propia policía les cuenta que se han matado entre ellos. Un militar marroquí les dijo que los clandestinos no eran bienvenidos y que no podían pasar.

Antes había solidaridad, les ayudaba la Cruz Roja, pero ahora ya no hay nada. Los últimos en irse han sido Médicos sin Frontera. Cuando lo hicieron él empezó a encargarse de cuidar a la gente que quedaba herida tras los saltos. Curar a la gente no era su trabajo, pero cuando veía a sus amigos y hermanos sufriendo no podía hacer otra cosa que ayudar a cuidar sus heridas. Ahora no sabe si habrá alguien que haga esta función y está preocupado por eso. Ha visto heridos y muertos. Los militares marroquíes les maltratan, les dan palos y les rompen las piernas para que no vuelvan a intentar el salto. No entiende por qué pasa esto, ni cómo es posible que la Unión Europea lo admita. Entró cuatro veces nadando, pero le pillaron y le devolvieron. No entiende por qué la Guardia Civil les expulsa, ni por qué se están haciendo más vallas para parar a la gente.

En los saltos se producen muchas heridas, hay gentes que han perdido los ojos por las balas de la policía. Cuando vas a la valla vas a la guerra, unos quieren entrar y otras personas están enfrente porque no te quieren dejar pasar. La policía les dice que hoy ha habido un muerto, pero en realidad son más, sus números van siempre a la baja. Los saltos son la vida o la muerte. Muchos no están en el CETI, el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, y si llamas al Gurugú tampoco han vuelto. Tienes amigos y te interesas por ellos. Desaparecen. En el Gurugú cuando alguien desaparece sabes que le ha pasado lo peor. El día del salto eran unos 600, un coche de la policía marroquí les embistió y vio a cuatro personas en el suelo. Cree que son los cuatro que murieron. Una vez que saltaron se agruparon en lo que llaman «one spirit», una especie de masa humana donde unos se cogen con otros formando un piña, y así llegaron todos juntos al centro de estancia de Melilla sin que la policía les pudiera detener.

Carmen Moreno presentando su novela en la Semana Negra
Maiga Oussman cuenta su historia
Sobre la prisión de Madrid dice que es una mierda. Estás encerrado, no ves el sol hasta que no sales y tiene unos horarios estrictos. En España ha visto mucha solidaridad, se siente contento, pero sí que es diferente la vida de aquí con la de allí. Para ayudar dice que es importante que se sepa los muertos que hay y que en eso es vital la UE porque tienen que hacer algo respecto a esto.

Después de la espeluznante narración de Maiga, Teresa Palomo dice que poco se puede añadir. La manera que tenemos de ayudarles es buscando información. La realidad es que les tratan peor que a animales, no tienen ningún derecho. Cuando hay saltos, la zona de seguridad se extiende para que los periodistas estén lejos y no puedan grabar mucho, sobre todo si las fuerzas de seguridad van a cometer alguna ilegalidad. Ahora están dejando filmar más porque quieren que las expulsiones en caliente se conviertan en la normalidad.

Los subsaharianos cuando llegan no saben que hay una valla de separación. Se enfrentan con el miedo. Desde el Gurugú ven cada día Melilla, pero también han aprendido que si consiguen entrar les devuelven al otro lado. Es muy duro psicológicamente, por eso solo terminan cruzando los más fuertes.

Se proyecta el vídeo de Teresa Palomo, sobrecoge ver a los africanos subidos a la valla y sus gritos continuos de libertad. Asusta la complicidad que se percibe entre las fuerzas de orden españolas y marroquíes. Angustia esa espera tranquila de los soldados marroquíes a que les devuelvan a los que han saltado para caer sobre su presa. Palomo comenta que lo que hemos visto corresponde con dos semanas y media. Los inmigrantes aguantan en la valla hasta 12 horas, con temperaturas muy bajas y mucho frío. Hay intentos de entrar en Europa cada día. Dicen que no pueden volver a sus casas, pero a la vez no recomiendan a los demás que vengan. Tampoco se quieren quedar en España, es solo una zona de paso. Sobre la gente de Melilla cuenta que evitan pasar cerca de la valla, como si no estuviera.

Cuando están en el CETI, las ONGs los reclaman, éstas deciden quiénes salen y cuándo. En Melilla tienen capacidad para 400 personas y lo normal es que haya 2.500. Maiga tenía plaza en un avión para expulsarlo a Mali.

Los saltos los realizan por nacionalidades, igual que la distribución en el campamento. Se separan en grupos para así dividir a las fuerzas del orden. En realidad quien decide los días de salto masivos son la policía marroquí. Un día se quitan y entonces hay salto. Pero en realidad ellos lo intentan todos los días.

Sobre el trabajo de periodista, Palomo explica que es muy difícil. No te dejan pasar a Marruecos y si lo consigues te van a seguir todo el tiempo. Cuando terminas, ningún medio quiere publicarte. El trabajo es para uno mismo y para mostrarlo aquí. Para despedirse nos anima a que busquemos mejor información que la que sale en los telediarios.

La República Cultural

martes, 8 de julio de 2014

Diversas formas de escribir novela policiaca

El día de los italianos en la Semana Negra

Martes 8 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

Este año el cuadro de fondo de la carpa del Encuentro en la Semana Negra es una reproducción a tamaño gigante de Escenas de la guerra en la Edad Media, de Degas. Las pinturas elegidas cada edición representan siempre un enigma que el público debe desvelar, o al menos interpretar. Degas no habló mucho de su cuadro, pero siempre lo tuvo cerca como si hubiera en él algo de su propia vida. Es una pintura cruel, de abusos y de poder, donde la guerra está al fondo como una simple disculpa y al frente la muerte injusta de la inocencia.

Carlos Zanón: concebir la vida como una canción de tres minutos

Carlos Zanón presentando su novela en la Semana Negra
Carlos Zanón presentando su novela en la Semana Negra
Carlos Salem presenta a Carlos Zanón como una voz reveladora de la nueva literatura. Viene de la poesía urbana y eso se nota, en su prosa se cuela el ritmo. Sus novelas muestran una Barcelona que no ven los guiris, la de la resaca de la fiesta que fue la época de las Olimpiadas.

Zanón presenta su novela Yo fui Jhonny Thunders. Explica que con ella quería hablar de muchas cosas, mejor o peor, pero que solo podía escribir él. De las suyas es la novela que le planteó más dudas a la hora de escribirla. Quería que cada capítulo fuese un todo o nada, que se viviera como dentro de una canción de Rock & Roll. Su intención es que fuera intensa, rápida y que atrapese al lector. Dice que no se planteó ninguna transgresión, que el género es solo un cauce para contar sus historias y que no entró a él para adaptarse y seguir sus normas. Ni siquiera es consciente de haber escrito una novela negra. Cree más bien que en su libro hay mezcla y subtipos porque el lector está ya cansado de las novelas cuadradas. El género es una atmósfera donde se mueven los personajes. Eso es lo que le interesaba. Hablando del estilo, reconoce que en la novela busca lo mismo que en la poesía: intención, intensidad, juego con imágenes poéticas… La poesía levanta el velo y te enseña la verdad. Si eso lo puedes hacer en la novela te ahorras tres párrafos y lo agradece el autor y el lector.

Su protagonista, Francis, ha tocado fondo y vuelve al barrio, a las ruinas de su vida. Lo que ve es que los que se quedaron tampoco están mejor que él. La crisis los ha machacado por igual. A pesar de esta afirmación el autor señala que no se trata de una novela moral. En realidad no existe una manera buena de hacer las cosas. A Francis le pierde su carácter. Es un desastre, pero tiene un carisma que hace que los demás quieran estar con él. Lo que va viendo en su regreso al barrio son los cadáveres en que fue convirtiendo a los que se acercaron a él. Su forma de vivir la vida es intensa porque la concibe como una canción de tres minutos. En realidad hay una dualidad en el personaje. Por un lado está Mr Frankie que estuvo a punto de ser un músico famoso y por otro la persona que está dentro, Francis, el hombre que busca la normalidad para recuperar a uno de sus hijos. Sabe que para eso necesita conseguir dinero. La novela plantea una reflexión sobre la pérdida del deseo. Francis ya no desea nada, ni tampoco es deseado por nadie. Su regreso a casa es una búsqueda por volver a sentir esas cosas. Portarse bien le hace alejarse de esa pulsión del deseo. Portarse mal le conduce a la espiral de la adición que siempre gobernó su vida.

Barcelona es un buen escenario, se lo inventó Manuel Vázquez Montalbán: tiene puerto, una sociedad muy vertebrada en asociaciones, una tradición anarquista y además es una ciudad que nunca ha tenido poder. Aunque Barcelona tira mucho no está en la novela. Zanón habla de un lugar que está a las afueras. En el barrio del autor la droga fue una barbaridad que consumió a sus hermanos mayores y que produjo una sensación de derrota que comparten lo mismo los que se quedaron fuera en lo marginal que aquellos que intentaron estar dentro del sistema a toda costa. La diferencia es que los primeros al menos han vivido a tope.

Zanón reconoce que estuvo en grupos, que tocaron e hicieron maquetas. Lo que ha descubierto es que envejecen mejor los novelistas que los músicos. El futuro que se plantea es sobrevivir a Jhonny Thunders.

Pino Cacucci: la voracidad del capitalismo no deja alternativa

Pino Cacucci presentando su novela en la Semana Negra
Pino Cacucci presentando su novela en la Semana Negra
Cacucci apenas tiene que decir nada en la presentación de su novela En cualquier caso, ningún remordimiento. Se ha traído consigo dos buenos amigos que le flanquean y que se encargan de vender su novela. Son Paco Taibo y Luis Sepúlveda. Es italiano, pero habla castellano con presteza y soltura, tanto que no se distingue de sus dos compañeros de mesa.

A Taibo le encanta el título porque es el espejo de estos 200 años de combates que llevamos. Dice del autor que venía haciendo una especie de ensayos híbridos que le habían llevado a explorar historias de Latinoamérica y de Europa. En la Francia de finales del XIX y principios del siglo XX encuentra la historia del grupo anarquista de Jules Bonnot. Los anarquistas, en su trabajo de concienciación, se dividían en varias corrientes según los métodos que adoptaban. Había una parte que quería llevar el anarquismo por los caminos del atentado individual y otra que abogaba por el atraco y el robo como medio de expropiación a la burguesía. Bonnot pertenecía a los últimos y proponía que a la burguesía hay que atacarla donde verdaderamente le duele, en su dinero. En su investigación Cacucci se encontró con documentados, muchas lagunas en la vida del personaje y una serie de grandes instantes que todo el mundo conocía. Cuando la servidumbre de la Historia te pone delante materiales se pueden hacer muchas cosas con ellos, pero cuando están llenos de agujeros solo es posible hacer una novela, no da para un ensayo.

Le salió una novela apasionante y determinista, la vida no le deja otro camino al protagonista. Lo que te atrapa, en opinión de Taibo, son los niveles de injusticia que generó el capitalismo de aquella época y de qué forman van empujando al protagonista hasta que solo le queda un camino posible: el de la pistola. Reconoce que la novela llega a convertirse en asfixiante porque nadie se merece una persecución social como esa. En cualquier caso, ningún remordimiento es un retrato interesante de como el martillo pilón del sistema reduce a un personaje a una resistencia rabiosa. En cierta manera, cuando hablamos de elegir la justicia social y la verdad lo hacemos desde una decisión libre. Sin embargo esta novela altera la idea de un elemento de elección a la hora de optar por el camino de lo que somos.

Luis Sepúlveda señala que lo que les une a los tres es una convicción, la de que, si son escritores, están para escribir las historias de los perdedores, esas luchas que nos han dado categoría al ser humano. Los personajes de esta novela escogieron el camino de la violencia porque la sociedad no les dejo otro. Su protagonista es un proletario, hijo de proletarios, que realiza trabajos deshumanizados, convertido en un animal libre de cualquier derecho. Y sin embargo se hace preguntas para resistir y para volverse fuerte. Se convierte en un organizador de su clase. El camino de Jules Bonnot va de golpiza en golpiza. Lo que intenta es recuperar de esos momentos maltratados la parte que constituye su humanidad. Busca una pequeñita luz, la justa que le permita formar su paraíso: una mujer, un hijo, una felicidad leve… Pero la voracidad del capitalismo no se lo permite, ni le deja otra solución. Las razones de su ira se convierten para el lector en tremendamente justas y justificadas.

Luis Sepúlveda, Pino Cacucci y Paco Taibo durante la presentación
Luis Sepúlveda, Pino Cacucci y Paco Taibo durante la presentación
Sepúlveda recurre a estampas poéticas de un protagonista encarcelado y que a luz de un candil va leyendo y reflexionando sobre la sociedad de hoy en nuestro país, que tampoco es tan diferente, aunque miremos a otro lado para hacer como que en nuestra España esas cosas no pueden ocurrir. Las respuestas a la explotación ya estaban escritas, las va encontrando en muchos textos anarquistas que siguen vigentes.

Sepúlveda remarca que En cualquier caso, ningún remordimiento es la historia de un hombre que no quiso callar ante la injusticia que le tocó vivir. Una novela inolvidable.

Cuando toma la palabra Pino Cacucci lo hace pare decir que «si tienes una pistola, puedes atracar un banco; pero si lo que tienes es un banco, puedes robar a todo el mundo». El ideal anarquista busca desarrollar una conciencia que desemboque en la explosión que fuerce una revolución. Mientras se forma esa conciencia, el tiempo pasa, la vida se va y no reaccionamos.

Su intención con esta novela ha sido contar la otra cara de la Belle Époque. Tenemos la imagen de un momento histórico con gran creatividad, en la que todo el mundo se divertía. No fue así. Lo cierto es que la mayoría de la gente lo pasaba muy mal, llevaban una vida de bestias, en un infierno y con un sueldo miserable. Era la dictadura de los ricos donde la policía cargaba contra los obreros en huelga, les disparaba y les mataba. Eso es lo que pasaba. Los trabajadores estaban desesperados, intentando reaccionar. Los bancos estaban arruinando la vida de las personas.

Este libro no es una biografía, tampoco una novela, es una forma de devolver la palabra a una serie de personas que no la tuvieron y hacernos pensar a los demás que muchas veces aquellos a quienes la crónica define como criminales pueden ser gente sensible a la que no le quedó otra vía.

Maurizio de Giovanni: hay que tener valor para contar los finales verdaderos de las historias

Maurizio de Giovanni presentando su novela en la Semana Negra
Maurizio de Giovanni presentando su novela en la Semana Negra
Cacucci no es el único italiano que pasa esta tarde por la Semana Negra. Su compatriota Maurizio de Giovanni es conocido en España por la saga de novelas que protagoniza el comisario Luigi Antonio Ricciardi. Cinco son los títulos que se han publicado. Se desarrollan en Nápoles durante la década de los 30, los años centrales del fascismo en Italia, y no hablan de la Mafia. El comisario tiene una peculiaridad que más bien es una maldición, cuando llega a la escena de un crimen es capaz de captar el último sentimiento y las últimas palabras que dijo la víctima. Pero no es ésta su única saga. Tiene un nuevo inspector con el que acaba de empezar y que se llama Giuseppe Lojacono. La primera novela de este detective es El método del cocodrilo. También se desarrolla en Nápoles, pero en este caso en la actualidad.

De Giovanni reconoce que es un lector apasionado y que ha elegido hablar en sus novelas de los sentimientos. La Mafia y la Camorra son máquinas que están funcionando en su país, pero él no quería hablar de una máquina. El sentimiento es el motor del crimen y de la vida. Los crímenes son alteraciones de un sentimiento positivo. El amor se puede convertir en algo tan terrible como el odio, pero no es lo contrario. Lo contrario al amor es la indiferencia. El odio es otra cara de los sentimientos y de eso quiere hablar en sus novelas. Está convencido de que los protagonistas de la vida son los sentimientos y por eso no puede evitar plasmar el del amor. En este sentido los hombres viven una contradicción pues buscan dos cosas contrarias en las mujeres. Por un lado buscan una mujer que esté presente y que le apoye. Pero por otro también quieren lo inalcanzable. En su obra se refleja esta situación, pues cada uno de sus detectives tiene dos relaciones, una de cada tipo.

Nápoles es un personaje más de sus novelas, no se queda en un simple escenario. El autor dice envidiar mucho a esas ciudades discretas que son como las personas que saludan delante de una cámara de televisión cuando se está entrevistando a otro. Pero no, su ciudad es una olla donde se cuecen sentimientos mezclados. Por eso tiene mucha fuerza. En la comunicación actual se ha dado una especie de proceso de homologación de las ciudades, intentando que todas sean iguales. Habla también de las redes sociales, dice que eso ofrece una sensación de realidad que es ficticia, nos hace ignorar el entorno y nos separamos de esa realidad. En su última novela utiliza este elemento para mostrar de qué forma un asesino se puede convertir en un personaje invisible. El crimen es parte de la vida, pero el problema no se resuelve aumentando el control policial, sino con la participación de los ciudadanos. Si fuese así, si adquiriésemos sentido de la colectividad, habría menos crímenes.

Respecto al comisario Ricciardi, su maldición se debe a que el autor quería que sintiera compasión y el dolor de los crímenes en su propia piel. La compasión no ayuda en las investigaciones, más bien distrae. Nosotros podemos elegir evitar el dolor ajeno, pero su voluntad ha sido que el comisario no lo pudiera hacer, que lo llevase dentro para sentirse solo, sin posibilidad de vivir con nadie. Esas últimas palabras que capta en cada escena de un crimen le obsesionan hasta el final, hasta que desvela el enigma.

Respecto al fascismo en Italia, De Giovanni dice que ha durado 20 años que fueron larguísimos. Si pensamos en esa época, nos vendrá la perspectiva política asociada con la Segunda Guerra Mundial. Pero lo cierto es que se extendió mucho entra la gente de la calle, se denunciaban unos a otros. Ese elemento de transmisión de la información y la delación es también una parte importante que retratan sus novelas.

De Giovanni participa en las redes sociales, reconoce que le sirve para conocer la opinión de sus lectores. Pero la profesión de escritor es una actividad individual, e incluso de un cierto grado de onanismo. Las redes traen un riesgo, el de querer escribir para los gustos de los lectores. Hay historias muy difíciles de contar, con un final diferente al que le gustaría al lector. El novelista tiene que ser valiente, aunque no quiera que la historia acabe así, porque si no tiene ese valor, la novela sería falsa. El deber de la autoridad judicial es la de encontrar al criminal; el del periodista contarlo, pero sin entrar a analizar las razones personales de los delincuentes. Al escritor le corresponde esa tarea, la de colarse en la cabeza del criminal para contar la historia.

Juan Bolea: la novela enigma clásica

Juan Bolea presentando su novela en la Semana Negra
Juan Bolea presentando su novela en la Semana Negra
Juan Bolea está en la Semana Negra presentando su novela El oro de los jíbaros. Se trata de la quinta entrega de la inspectora Martina de Santo, una surfera, independiente, sensible y con muchos amigos. La saga empezó en 2005, cuando solo había una mujer detective en la literatura española: Petra Delicado. Bolea se animó y así fueron viniendo las siguientes entregas. En todas ellas ha ido buscando elementos historicistas de las grandes civilizaciones y de sus culturas lejanas. Los emplea como si fueran puzles y los mezcla con el género para enriquecerlo, haciendo así sus propias aportaciones.

Bolea explica que la novelas de Martina de Santos son poco circunstanciales, no se puede decir que sean una pintura de la metrópoli de su época. Son novelas enigma al estilo clásico, en el sentido de que la magia está en la construcción de una historia sobre un acertijo que hay que resolver y saber tirar de la curiosidad del lector que va siguiendo el camino de la resolución. Para descubrirlo, Martina sigue trabajando de una forma muy deductiva, guiándose por un sexto sentido, su olfato y esa capacidad para resolver casos aparentemente imposibles. Las novelas enigma proponen un entretenimiento lleno de lujo, pasión y misterio, lo que hace que el paso del tiempo no sea duro con este tipo de literatura.

Para la historia de El oro de los jíbaros se ha basado en la ceremonia de reducción de cabezas del pueblo jíbaro. No es un acto meramente cruel, sino que tiene mucho misticismo alrededor. Los jíbaros fueron una tribu amazónica extraordinaria y prácticamente inconquistable que ahora viven en una especie de reserva. La idea de la novela arranca de una noticia real en la que aparecieron unas nuevas cabezas reducidas de nueva producción. Los coleccionistas pagaban hasta 60.000€ por ellas. A partir de esa realidad Juan Bolea comenzó a organizar la trama muy para el lector y bastante incruenta en la que van apareciendo sospechosos. Añade que se soluciona al final y solo al final. Entre esos personajes está Alfonso Graña, un gallego que tuvo una vida real legendaria hasta llegar a ser el rey de los jíbaros. Era un hombre que iba con los jíbaros al cine a Manaos y también se los llevaba al ambulatorio cuando estaban enfermos. Aquí su vida está novelada.

Bolea, al despedirse, cuenta que su próxima novela negra está ambientada en Gijón.

La República Cultural

lunes, 7 de julio de 2014

Memoria y compromiso

La Semana Negra rinde homenaje a Manuel Vázquez Montalbán

Lunes 7 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

José V. Saval, Rubén Vega y Paco I. Taibo recordando a Manuel Vázquez Montalbán en la Semana Negra
José V. Saval, Rubén Vega y Paco I. Taibo recordando a Manuel Vázquez Montalbán en la Semana Negra
Quizá este año no sea difícil encontrar una mesa en alguno de los chiringuitos de la Semana Negra, pero sí lo es hacerse con una silla en una de las carpas para seguir los encuentros, las tertulias y las presentaciones literarias. Qiu Xiaolong respondía a su público que le preguntaba sobre sus libros y sobre China sin un asiento libre. En el homenaje a Montalbán la organización tuvo que hacerse con más sillas.

Fundación Juan Muñiz Zapico: Diez años sin Manolo Vázquez Montalbán

La Fundación Juan Muñiz Zapico es una participante habitual de la Semana Negra. Cada año trae una charla de contenido político o social. En esta ocasión quiere recordar los diez años que llevamos sin Manuel Vázquez Montalbán. La mesa la componen el historiador Rubén Vega, el biógrafo de Montalbán José V. Saval y el escritor Paco I. Taibo.

Vega, para señalar la vinculación de Montalbán con Asturias, lee un texto del novelista catalán donde se describe cómo el hecho de que los estudiantes de la universidad de Barcelona cantaran el Asturias patria querida era considerado un acto subversivo por parte de las autoridades.

Saval, por su parte, empieza afirmando que ante todo Montalbán siempre fue un periodista. Sin embargo, el reconocimiento internacional le llegó con la novela. Cuando comienza a escribir novela policiaca apenas había autores de este género en nuestra lengua y él supo encontrar una voz que a la larga ha influenciado a muchos otros escritores de diferentes escuelas y países. Como novelista creó a Pepe Carvalho, un personaje que es más grande de lo que podamos pensar. Para ilustrar esta idea, Saval nos cuenta una anécdota que le ocurrió a Montalbán en Barcelona cuando le robaron su coche. El policía al que le tocó el asunto lo miraba y no daba crédito: «¡cómo a un detective como usted le pueden robar el vehículo!». El biógrafo explica que en Montalbán la influencia de los grandes maestros de la novela negra norteamericana no es directa, sino que le viene a través del cine negro que le aporta muchas referencias. Algunos críticos han señalado que las tramas en sus novelas nunca eran tan importantes como el elemento social. Explica Saval que el periodismo en realidad es una literatura de urgencia, rápida, para describir un hecho noticiable de un momento determinado. El elemento social en Montalbán está vinculado a su familia y al barrio del Raval. Siempre se mostró fiel a sus orígenes. En esos orígenes encontró su voz.

Público asistente a la charla Diez años sin Manolo Vázquez Montalbán
Público asistente a la charla Diez años sin Manolo Vázquez Montalbán
En sus novelas, Montalbán nos hace la crónica de la Transición. Son un mosaico de su tiempo que radiografía esa época. En opinión de Saval su mejor novela fue Galíndez, una investigación periodista sobre hechos reales que le llevó muchos años a Montalbán y a la que decidió añadirle elementos de ficción a la hora de publicarla. A Saval le gustaría que Montalbán pasase a la historia por la Crónica sentimental de España, esos artículos que escribía en Triunfo, sorteando la censura con lo que le permitían publicar.

Para Saval, Montalbán es el intelectual total, un periodista que tiene siempre que opinar. Y en sus opiniones se la jugaba pues le gustaban los temas de política internacional. Remarca que era un marxista heterodoxo, contrario a los mandos. En el PSUC le eligieron las bases para presidir cultura. También señala que hablaba catalán y era perfectamente bilingüe. Decía que si hubiera ganado la República quizá hubiera sido un escritor catalán.

Taibo hace el discurso más emotivo, el del amigo con el que se ha compartido casi todo. Arranca señalando que tiene un montón de cosas que decir y a continuación enuncia: «Es el escritor más importante». Le describe en lo humano: una persona tímida y de humor parecido al de los asturianos y que en México llaman «jodedor» porque siempre lleva una carga de profundidad. Dice que más que hablar farfullaba. Taibo le imita. Cuenta luego que le gastaron la broma de ponerle un traductor al castellano en una de sus presentaciones. Reconoce que Montalbán le hizo la cabronada más divertida que le habían hecho nunca. Le invitó a un restaurante bien de la Rambla. Aquellas invitaciones resultaban siempre un número, pues la opinión gastronómica de Montalbán podía medir el éxito o el fracaso del local. Así que le agasajaban. Nada más sentarse Taibo y sin decir nada, un camarero le puso delante una Coca Cola. Mientras, Montalbán leía la carta y pedía por los dos. Era autoritario, militó en el PSUC, añade Taibo para explicar este comentario. Cuando se terminó la Coca Cola otro camarero llegó a la velocidad de un relámpago para ponerle una nueva. Y así toda la noche. Taibo, que se olía algo, le preguntó «qué les has dicho». «Nada», respondió Montalbán farfullando, «que eres un buen escritor mexicano, pero que acabas de salir del psiquiátrico y que si no tienes tu Coca Cola no sé la que podrías armar». Lo gracioso es que era un restaurante de esos que cuando pides una Coca Cola te miran por encima y te traen la carta de vinos, así que cada vez que a Taibo le ponían una Coca Cola, antes tenían que ir a comprarla al bar de enfrente. Dice Taibo que de esa cabronada se vengó con una más gorda, pero que la deja para contar en otra ocasión.

Paco Taibo en la charla Diez años sin Manolo Vázquez Montalbán
Paco Taibo en la charla Diez años sin Manolo Vázquez Montalbán
Una vez dijo «prefiero a Montalbán cuando se equivoca antes que al resto de autores españoles», una frase que aún mantiene. Explica que es por su fulgor tanto en lo literario como en la reflexión política. Tenía opinión de todo porque estaba bien informado de todo. Lo que no le gustaba a Taibo de Montalbán era su estilo de trabajo, el peor posible. Decía que si no tenía presión no escribía porque había descubierto que era muy vago, algo que lo prolífico de su obra desmiente. Así que firmaba todo tipo de contratos que le ataran, de esta forma se creaba una presión inmensa y en ella se fabricaba una especie de compulsión creativa.

Dice Taibo que discutieron mucho y de muchos temas. Montalbán ayudó a que la Semana Negra de Gijón saliera adelante. Cuenta Taibo que la Asociación Internacional de Escritores de Novela Policiaca decidió que había que hacer un festival literario en España y eligieron Barcelona para hacerlo. Se lo encargaron a Montalbán, Andreu Martín y Taibo. Pero Taibo pasó antes por Asturias y a la vuelta en Barcelona propuso que el festival se hiciera en Gijón. Montalbán respondió rápidamente que sí, que el cordero a la estaca lo hacían mejor en Gijón. De aquel día Taibo recuerda que se reunieron en la piscina de un hotel de segunda categoría y que Montalbán llegó con una estampa difícil de olvidar: vistiendo un bañador negro de los que había entonces y que sobraban por todos los lados, un portafolio y unos zapatos con calcetines.

Hablando de política, dice Taibo que Montalbán era muy rojo. Conocía todos los conflictos y tenía sólidos conocimientos de la historia de España y de política internacional. Ese brillo político que tenía, junto con la profundidad de su prosa, hacen que su literatura destaque. Decía Montalbán que hacer literatura policiaca es llevar hasta el límite el género y reventarlo. Había que romper las normas, crear híbridos y experimentar. Hizo novela que parece realista sin llegar a serlo. La clave de la literatura no está en ser realistas, sino en construir una credibilidad para que el lector pueda moverse por el mundo de la novela. Para Taibo es el gran escritor que ha habido en España en el fin de milenio.

William Gordon: ojalá que el dinero no lo sea todo

William Gordon presentando su libro en la Semana Negra
William Gordon presentando su libro en la Semana Negra
Las esferas del poder es la última novela de William Gordon. Ambientada en el San Francisco del principio de los años 60 y protagonizada por su detective Samuel Hamilton. La novela cuenta la historia sucedida en Chinatown cuando murieron veintiún ancianos tras la limpieza de un contenedor químico. Podría parecer pura ficción, pero el caso está basado en un hecho real que Gordon conoció en su etapa de abogado.

De su protagonista explica que ha evolucionado con los años, pero que desde el principio quiso que no tuviera poder. Por eso no podía ser policía. Lo hizo reportero para darle posibilidad de usar una voz pública. Era un borracho y un vago que sin embargo ha ido creciendo con cada novela y con la ayuda de los otros personajes. Cuando le preguntan de cómo hace para que sus personajes sean tan de carne y hueso, responde que no lo sabe, que le sale del corazón.

De lo que también habla Gordon es de la Justicia, que no queda bien parada en la novela. Afirma que la Corte Suprema de su país es una mierda porque no está haciendo lo que tiene que hacer. Depende de quién gobierna en los estados y se pone a favor del negocio y contra las personas. Jueces y fiscales se inclinan en sus decisiones hacia los empresarios. Como en todas partes, añade.

Gordon habla también de la inmigración laboral que hay en su país. El empresario siempre mira por conseguir mano de obra barata y no le importa de dónde tiene que traerla. Cada país tiene derecho a controlar sus fronteras, pero si les dejas entrar que sea legalmente y una vez que están dentro hay que cuidarlos. Pero los empresarios no quieren pagar los sueldos que merece la gente. Cuando la economía cae, es a los inmigrantes a quienes se les culpa y se trata de expulsarlos. Vinieron porque alguien les dijo que podían entrar. Ojalá que la gente se despierte y que el dinero no lo sea todo.

Carmen Moreno: Principito soy yo

Carmen Moreno presentando su novela en la Semana Negra
Carmen Moreno presentando su novela en la Semana Negra
La primera novela de Carmen Moreno se titula Principito debe morir. Le gusta el cine de Ciencia Ficción clásico, pero reconoce que es poco lectora de este género. Sin embargo tenía claro que esta novela sería de Ciencia Ficción. Si le preguntas por el origen de su novela te responde que está en la fascinación que ha sentido siempre por toda la obra y la vida de Exupéry. Tomó una obra absolutamente clave y de la que nadie esperaba que se pudiera hacer un remedo, para convertirla en un pastiche diferente que tiene muchas lecturas y que encierra una denuncia social. Ha optado por ser fiel a la estructura de El Principito de Saint Exupéry haciendo su propia distopía. Aunque ya no lo tiene tan claro, ahora más bien le parece un mundo aparte.

Cuenta la autora que Principito es ella, con su sentido del humor y su carácter crítico. No hay nada peor que hacerse mayor, en el sentido de ir viendo toda la maldad del mundo. Pero aún hay cosas bellas por las que merece la pena luchar y llegar hasta el final. El principito se niega a usar la violencia, lo que quiere es entender qué pasa y por qué ocurre. No permite que la maldad del entorno le corrompa. Mantiene toda la calma que un niño de ocho años puede sostener. Se hace preguntas y llora. Carmen Moreno se defiende cuando la acusan de crueldad: dice en el título que debe morir, pero Exupéry, en el original, se lo carga. Ella al menos deja la incógnita.

Hace años Carmen Moreno trabajó en el Ministerio de Igualdad para Bibiana Aído. Se dio cuenta de que si entras en un ministerio las órdenes no se cuestionan nunca, se cumplen como en el ejército. De aquello época y de estos recuerdos le surgió la idea de incorporar a unos monos en la novela. En principio les iba a llamar los monos Ken, en homenaje al novio de Barbie, pero le preocupó una posible demanda. Así que buscó un nombre estúpido en inglés. Les llamó Timothy. Estos monos son caníbales y están creados genéticamente para cumplir órdenes con el mayor daño posible. Estos monos son la policía y se emplean con extrema brutalidad. Pero tienen una tara, si le haces daño a uno de ellos se lo haces a todos, como ocurre en la mayoría de las cadenas de poder.

La autora ha dejado partes incompletas para que el lector rellene. Reconoce que cuando lee necesita poder completar, por eso le molesta cuando el autor lo da todo cerrado en una novela. Así que leer Principito debe morir exige un pequeño esfuerzo del lector. Como escritora ha tenido toda la libertad para escribir lo que le diera la gana y por eso ha terminado siendo una novela híbrida que bebe de muchos géneros. Si algo ha mantenido Carmen Moreno en su vida es que su libertad no está en venta.

La República Cultural

domingo, 6 de julio de 2014

Un cajón de sastre donde cabe de todo

La Semana Negra nos trae a Qiu Xiaolong

Domingo 6 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

Hace diez años se aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género. En ese tiempo han sido asesinadas 729 mujeres por violencia machista. Para visibilizar este hecho, la Semana Negra ha colocado un contenedor para recoger zapatos. Quieren llegar a los 729 pares para representar con este testimonio la ausencia y la vida truncada de cada una de esas mujeres. El contenedor se encuentra situado al final de las librerías, frente a la Carpa del Encuentro. Este también es un lugar donde dejar propuestas que favorezcan su erradicación.

Qiu Xiaolong: explicando y entendiendo China

Qiu Xiaolong en la Semana Negra
Qiu Xiaolong en la Semana Negra
Probablemente el escritor chino Qiu Xiaolong sea el novelista más mediático de esta edición de la Semana Negra. Dice Ángel de la Calle que lee a Qiu para aprender lo que será España en un futuro cercano. Seguramente no se equivoque. El detective Chen, un poeta, miembro del partido comunista y buen comedor, protagoniza la saga de novelas de Qiu Xiaolong. El autor ha leído a Montalbán y le fascina la forma que tiene de escribir sobre cocina. Reconoce que Carvalho es uno de sus personajes favoritos, pero que cuando empezó la saga no lo conocía. Qiu vive en San Luis, en medio de los Estados Unidos, y allí casi todos los restaurantes son de comida rápida norteamericana. Incluso los restaurantes chinos se han americanizado. No es una comida buena. Por eso la parte gastronómica de Chen en realidad es un diálogo psicológico con esa comida de su país que el autor añora. Pepe Carvalho y Chen Cao tienen varios puntos en común: un pasado de afiliación política y el hecho de que ambos están desencantados con su sociedad, así que la comida es uno de los pocos placeres que tienen para superar esa desazón vital. Qiu solo lleva tres días en Gijón y reconoce que la comida aquí es una maravilla; tal vez si hubiera emigrado a Asturias, Chen no sería como es.

Cuando comenzó a escribir la primera novela de la saga quería entender y explicar la sociedad china del presente en estos tiempos tan confusos. Su problema era la estructura para contar la problemática social. Un detective era un personaje conveniente para ello y decidió explotarlo. De esta forma empezó con un misterio dentro de la trama. A la editora le gustó y le pidió que siguiera. Él no había pensado en una novela de detectives; quería contar las circunstancias sociales y políticas de China, no resolver un asesinato.

Su protagonista es poeta, lo que le permite usar la poesía en sus novelas. Qiu señala que es una tradición cultural de las novelas clásicas de China, donde se utiliza para iniciar cada capítulo y para enfatizar la aparición de nuevos personajes. Incluye sus propios versos para meter mayor intensidad. Le gusta mezclar y piensa que poesía y novela negra casan bien. Sabe que hoy en día es difícil encontrar lectores de poesía.

Alejandro Gallo y Ángel de la Calle presentan a Qiu Xiaolong
Alejandro Gallo y Ángel de la Calle presentan a Qiu Xiaolong
En uno de sus libros aparece una figura jurídica china que es una especie de detención preventiva. Es una figura real y extraordinaria que se aplica a los miembros del partido cuando son sospechosos de corrupción política. Se les lleva a un hotel y allí se les interroga. Lo hacen para controlar el proceso mientras se investiga y ver hasta dónde podría salpicar. Estas detenciones se hacen en secreto, no siguen los cauces reglamentarios de la justica y no tienen límite de tiempo. Cuando se ha hecho el oportuno control de riesgos, el periódico oficial lo anuncia. La gente en China sabe que hay corrupción, pero no se publica en la prensa porque está controlada por el partido. La historia real en la que se basa le ocurrió a un soldado que fue retratado con una cajetilla de tabaco especial que cuesta el precio equivalente a un salario mensual. Se hizo muy sibilinamente. El partido apartó la foto, pero fueron saliendo más gastos incompatibles con el sueldo de un funcionario. Entonces se creó esta figura para investigar.

Los primeros libros de la serie han sido traducidos al chino. La autoridad competente los leyó y decidió que aquello no podía ocurrir en Shangai, así que en China la ciudad pasó a llamarse H y se cambiaron todos los elementos reconocibles, nombres de calles y hasta su restaurante favorito. Sin embargo todas las críticas decían que la novela retrataba Shangai. Le sorprende que al autor no le permitan decir que la historia pasa en Shangai, pero a los críticos sí. Reconoce que si viviese en China no podría tratar los mismos temas, no solo por la censura, sino porque los escritores chinos han establecido también una propia autocensura que les dice sobre lo que no deben escribir. Aunque está deseando volver a su país no está seguro que allí pueda tener la misma libertad. Así que, a pesar de su comida, sigue en EE.UU. Un país al que llegó en 1988 para estudiar con una beca. Estando allí, al año siguiente ocurrió lo de Tiananmen. Dice que no es que se implicara mucho, pero hizo una colecta en apoyo a los estudiantes chinos. Le metieron en una lista negra y no pudo publicar el libro de poemas que estaba escribiendo. Decidió no volver al terminar la beca y cambiar de idioma a la hora de escribir.

Shangai fue la primera ciudad china en recibir la colonización europea y culturalmente ha sido el lugar más cosmopolita del país. Es un buen sitio para explicar la China del presente, el choque entre lo viejo y lo nuevo, entre lo occidental y lo oriental. Qiu visita la ciudad cada año y reconoce que siempre termina perdiéndose porque vive un fuerte y constante desarrollismo. Ha notado que la población ha ido cambiando, que cada vez es más materialista. Las primeras veces le preguntaban por el coche que conducía, por la ropa que llevaba… Ahora es la revés le dicen a él el coche que debe comprar o lo que está de moda. Cuenta que hay burbuja inmobiliaria y que aunque los salarios son la mitad de los de San Luis, las casas cuestan el doble. El gobierno conoce la situación y le preocupa porque sabe que la burbuja va a explotar.

Cuando termina la charla, el público gijonés que ha llenado la carpa le despide con una sensacional ovación.

Daniel Pérez Navarro: todos somos parte del matadero que se está formando

Daniel Pérez Navarro presentando su novela en la Semana Negra
Daniel Pérez Navarro presentando su novela en la Semana Negra
14 maneras de describir la lluvia es el título de una pieza musical de Hanns Eisler en la que utiliza unas pocas notas musicales. Primero las pone en un orden y sale una cosa. Las mismas notas las coloca de otra forma y sale otra. Y así sigue. Dice Daniel Pérez Navarro que él ha querido hacer lo mismo con su novela, cambiando el punto de vista. Por eso la ha titulado igual.

Reconoce que le gustan los narradores fríos, como cirujanos, que no ofrecen el menor dato emocional si no es a través de un detalle físico mínimo. Le gustan el miedo y el juego psicológico. Afirma que es el lector quien debe completar la novela. Hay en su historia un sótano donde se encierra a las víctimas. El libro no muestra la tortura, simplemente describe los instrumentos que se pueden usar. Esa simple descripción es terrorífica. Confirma que es una novela violenta, pero que no se enseña la violencia. El consumo de carne humana es aterrador y se ha hecho hasta hace poco. No es una novela de zombies, pero hay en ella un grupo de personas que necesita comer carne humana.

La protagonista es una adolescente rebelde que se abre a la primavera de la vida, pero que se encuentra en un submundo que no se imaginaba y del que forma parte. En cierta forma es una novela de escapismo y de realidades que están escondidas y que cuando se muestran nos descubren un mundo oscuro. Pérez Navarro explica que le resultó difícil construir a esa adolescente, pero que sin embargo el personaje del padre, con todo lo cerrado y terrible, no le costó nada. Es un hombre que se ve obligado a hacer cosas horripilantes, aunque el lector va a apoyarle, a decir que le entiende. Es un padre obligado a hacer el mínimo mal posible porque no le queda otro remedio. Indirectamente todos somos parte del matadero que se está formando. La novela encierra una fuerte carga de crítica social.

Lorenzo Silva: Nos endeudamos para hacer cosas que ahora no tienen valor

Lorenzo Silva presentando su novela en la Semana Negra
Lorenzo Silva presentando su novela en la Semana Negra
Dice Lorenzo Silva que en las alcantarillas de nuestra sociedad cabe mucha gente, que son espacios más grandes de lo que pensábamos al principio, que se mueven por el blanqueo del dinero para esconderlo de la economía legal y volver a hacerlo circular y que el 25% del dinero que emiten los bancos centrales desaparece. Ese dinero negro viene en gran parte del narcotráfico.

Lorenzo Silva ha venido a la Semana Negra a presentar su novela Los cuerpos extraños, una nueva entrega de la saga de Bevilacqua. Esta vez le toca investigar la muerte de una alcaldesa del levante español. No es Rita Barberá, Silva lo que hace es ficción. Esta historia podría ocurrir por toda nuestra costa mediterránea donde se han favorecido burbujas inmobiliarias, donde no se ha querido saber de dónde venía el dinero. En todos estos lugares de nuestro arco mediterráneo se dan historias poco claras. En ellos hace veinte años se hizo una apuesta por un desarrollo inmobiliario y turístico rápido sobre el que sostener todo lo demás. Incluso la economía pública apostó por la especulación. El dinero que movió era un dinero «especial» que no iba a durar siempre. Se han hecho muchas insensateces con él. Nos endeudamos para hacer cosas que ahora no tienen valor. La apuesta salió mal.

En este país tenemos una visión de la Guardia Civil como un elemento represor, no olvidemos que se trata de un cuerpo policial militarizado. Todas estas dificultades no le han alejando de elegir como protagonistas a miembros de este instituto. Lo considera un desafío, una provocación y una oportunidad. Como escritor le permite enfrentarse a estos prejuicios. Siempre ha sido un buen observador de las paradojas de la realidad y reconoce que en su etapa de abogado se encontró con muchos hombres y mujeres que eran guardias civiles y que estaban muy lejos del imaginario colectivo que nos hemos formado. La práctica es que ese carácter tan rígido les da una mayor independencia y les permite resolver asuntos que otros cuerpos, por cuestiones políticas, no asumen. Le interesa esa limitación que sin embargo les hace trabajar dentro de una organización que apunta a esos blancos.

Dani el Rojo: su vida en el filo

Dani el Rojo presentando sus novelas en la Semana Negra
Dani el Rojo presentando sus novelas en la Semana Negra
Lo de famoso gánster, dice que es una etiqueta que le puso la policía y los periodistas cuando dejó el mundo de los atracos. Le imputaron más de 500, pero aún así piensa que ha atracado poco, que lo suyo fue calderilla comparado con lo que nos han robado los bancos a nosotros. Hay una trilogía novelada sobre su vida donde lo cuenta casi todo. Reconoce que se dedica a escribir, pero que en realidad es un narrador al que le gusta hablar. No escribe directamente, sino que se acompaña siempre de un escritor que graba lo que él le cuenta y que luego ordena y estructura los libros. Cuando nació vivía Franco y todo estaba cerrado. La apertura de puertas para la cultura llegó en los 70. Los ídolos eran los músicos y sus canciones hablaban de drogas con un mensaje triunfador. Se las metió todas, le gustaron y se enganchó. Pero hace falta dinero y vinieron los atracos. Lo mejor es ser un profesional, aunque sea atracando bancos. Él quería hacerlo lo mejor posible. Venía de una familia de clase media, así que no atacaba a la sociedad, solo buscaba pasta. Es su excusa para robar, pero lo cierto es que luego le gustaba el lujo con el que vivía. No se arrepiente de nada. «Uno es lo que ha vivido», dice. Ya sabe que no todo lo suyo ha sido bueno, pero ha aprendido de sus errores y los ha puesto en positivo. No quiere hacer apología de las drogas ni de la delincuencia, solo contar su vida. Las drogas en sí mismas no son malas ni buenas, el problema es el hábito y el abuso, y eso lo hacemos las personas. Se siente afortunado. En esos tres libros que cuentan su vida aparecen 155 personajes. De ellos 140 están muertos. Es la generación RIP y Dani el Rojo sobrevivió, aunque ha tenido todas las enfermedades de ese mundo de las drogas. Ha reflexionado mucho. En su mente hacía lo correcto cuando atracaba bancos. Pensaba que eso le daba la felicidad. Pero empezó a darse cuenta que no era así.

Cuando salió de la cárcel y se desenganchó, el rock and roll le ayudó. Pedía trabajo, pero su curriculum se limitaba a ser un atracador de bancos, algo no muy útil en la vida normal. Encontró a un tipo que pensó que qué mejor seguridad que un ladrón y le dio trabajo. Conoció a la mujer de su vida. Coincidió con una amigo de su juventud, Loquillo, y, al ver que ahora tenía una nueva vida, le dio un trabajo en la música. Que Dani no tomara drogas era un plus para que le contrataran los músicos. Cuando vieron que funcionaba, empezaron a llamarlo directamente las discográficas. Gracias a todos ellos, cada vez que le salía un trabajo tenía un chute de ego que le permitía mantenerse fuera de las drogas.

Ha hecho de todo. Para promocionar sus novelas preparó un monólogo. En esas estaba cuando le llamó Planeta. Querían novelas distintas. Firmó un contrato para tres. Aquí se ha traído dos de ellas, La venganza del tiburón y El secuestro de la virgen negra. Afirma que a la tercera le falta ya poco. Su vida es una novela negra, por lo que no le ha resultado difícil elegir el género; le ha salido sin querer. Se siente un trasgresor, así que su protagonista es un delincuente como él y la policía es mala. El otro elemento de trasgresión que utiliza es el humor. Dice que el protagonista de estas novelas no es Dani el Rojo, aunque se le parezca. Añade que se ha divertido mucho haciéndolas y sobre todo con las putadas que le ha preparado a su personaje.

León Arsenal: las fronteras medievales

León Arsenal presentando su novela en la Semana Negra
León Arsenal presentando su novela en la Semana Negra
León Arsenal presenta su novela Corazón oscuro. Lo hace contando que el nombre de Braveheart está ligado a España. El verdadero «corazón valiente» no fue William Wallace. Ese era el mote de Robert Bruce que en realidad se hizo rey de Escocia porque asesinó al verdadero candidato. Para expiar sus culpas y no morir condenado prometió luchar en las cruzadas. Pero murió de lepra antes de llegar, así que pidió a sus soldados que al morir le arrancaran el corazón del pecho, lo metieran en un relicario y lo llevaran a las cruzadas como habían prometido. Así lo hicieron, Douglas se encargó de portar el relicario y con él se vinieron a España a su cruzada combatiendo en la frontera de Granada, en la fortaleza de Teba. Los musulmanes utilizaban la técnica del tornafuye –hacer como que huían para que el enemigo les persiguiera y de pronto volverse y atacar ellos– y en una de esas emboscadas cayeron los escoceses. La leyenda dice que Douglas se arrancó el relicario, lo lanzó hacia delante y gritó «adelante corazón valiente, yo te seguiré o moriré. ». Murieron todos. Sus cuerpos fueron entregados, pero el corazón no apareció. Hace unos años se abrió la tumba de Robert Bruce y allí estaba el relicario. En ese hecho, en los huecos sin rellenar de la historia, León Arsenal vio que había una novela para contar como se había recuperado ese corazón y reflejar el ambiente de frontera que había en Granada en la Edad Media, donde acudían cruzados de todos los lugares. Allí llegaban jóvenes bien formados, con instrucción en armas y estudios. Eran los hidalgos. Frente a ellos estaban los musulmanes que también eran españoles y que hacían una vida parecida.

Las fronteras son lugares que se guían por el honor. El corazón de un rey se ha perdido. Los escoceses son culpables y los españoles, encargados de cuidar a los que llegan para combatir con ellos, también. Todos han perdido el honor y la única forma de recuperarlo es encontrando el corazón.

La República Cultural

sábado, 5 de julio de 2014

Un espacio de discusión

En la Semana Negra cabe toda la realidad y sus múltiples formas: literatura, política, humor…

Sábado 5 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

Santiago Roncagliolo y Berna González Harbour presentando sus novelas. Foto: Toni Gutiérrez
Santiago Roncagliolo y Berna González Harbour presentando sus novelas. Foto: Toni Gutiérrez
El sábado es el primer día con actividades en el recinto de la Semana Negra. Las carpas están llenas. Parece que ya no tiene mérito, aunque en realidad sea todo lo contrario. Lo que se ve es una demostración de que la cultura y el pueblo van de la mano.

Santiago Roncagliolo y Berna González Harbour, un mano a mano negro

Santiago Roncagliolo y Berna González Harbour se encargan de presentar de forma cruzada sus dos últimas novelas. Santiago trae La pena máxima y Berna Margen de error. Los dos autores se ceden la palabra, hablan de su novela e introducen un punto de conexión con la del colega para pasarle el turno. Así las van desgranando.

Margen de error, la de Berna González Harbour, es su segunda novela, está protagonizada por una mujer, la comisaria Ruiz, y nos cuenta una historia de acoso laboral. Dice su autora que quiso retratar la España de hoy, su mundo, el aquí y ahora. La novela surge de la necesidad de reflejar la historia de este presente lleno de los abusos de la codicia. Retrata una de esas empresas cargadas de beneficios, pero que aún quieren más y están dispuestas a lograrlos aún a costa de sus empleados. Añade que escribir es empatizar.

Santiago Roncagliolo recupera para La pena máxima a Chacaltana, su personaje de Abril Rojo, pero veinte años antes, cuando va a ser fiscal. La describe como una novela sobre la pérdida de la inocencia política, futbolística y sexual. Es una novela de burócratas pegados a la letra de la ley, pero no a la realidad. Dice que no pensaba que fuera novela negra. Cuenta la historia de Joaquín Calvo cuyo destino es la guerra. Nace en la Guerra Civil española y muere en la dictadura argentina. El autor no quiere terminar sin informarnos que un partido de fútbol es el mejor momento para matar a alguien, pues todo el mundo está pensando en otra cosa.

Juan Carlos Monedero: «Si es necesario e imposible, necesito inventar nuevas reglas»

Juan Carlos Monedero presentando su libro. Foto: Toni Gutiérrez
Juan Carlos Monedero presentando su libro. Foto: Toni Gutiérrez
La carpa del Encuentro se llenó, lo que demuestra que estamos ávidos de política y deseosos de cambiar el presente. Juan Carlos Monedero presenta su libro Curso urgente de política para gente decente. Controla los tiempos, el tono del discurso y los modos. No se sienta detrás de la mesa, sino que se levanta, se acerca al frente y se apoya en ella, mirando constantemente al público, conectando. Tiene fuerza y cercanía a la vez. Usa ejemplos para describir cada situación que quiere reflejar. La primera frase que emplea es para decirnos que en 1931 un cacique repartía unos duros y un jornalero se levantó y le dijo que en «su hambre mandaba él». El miedo va a cambiar de bando, esa fue la promesa de Podemos. Nos estaban contando un mensaje que decía que no hay alternativa. Es mentira.

Lee un fragmento con rapidez. Habla de ir sumando y sumando, del dolor, de los golpes que recibimos. Porque cuando algo nos empieza a doler es cuando nos hacemos preguntas. Recupera a Espartaco porque conoce el chasquido del látigo y supo quitárselo a los amos para ser libre, para que todo fuera de todos. A Espartaco le dolía la realidad y lo que hay que hacer es convertir ese dolor en conocimiento, saber cuál es el origen y comprender que no tiene que ser así. La ecuación de Monedero es una secuencia: dolor, saber, querer y poder.

Monedero nos habla de revisar la Transición para separar lo verdadero de lo falso, de quitarle la vara al maestro. Si algo es a la vez necesario e imposible, tendremos que inventar nuevas reglas. En España nos faltan las palabras para explicarnos. La resignación ha sido una política silenciosa de estado, solo así se explica que nos haya gobernado «la casta». Son unos sinvergüenzas y la pregunta es por qué demonios hemos soportado tanta basura. El drama del desempleo, el de los desahucios están ahí porque no hemos sabido leer nuestro dolor. La democracia no fue un regalo, ni la trajeron Juan Carlos y Fraga, sino los que tienen el pelo gris y que hoy se mueren en silencio. Tenemos que recuperar la memoria. Monedero quiere conocer esas historias, las de todas esas personas que anticiparon nuestra rabia. A base de tanto olvido nos han devuelto la historia reescrita. La izquierda tiene una historia llena de agujeros, mientras que la derecha es una línea recta que une a Viriato y Pelayo con María Dolores de Cospedal.

Juan Carlos Monedero presentando su libro. Foto: Toni Gutiérrez
Juan Carlos Monedero presentando su libro. Foto: Toni Gutiérrez
España ya no es un estado social. ¡Tenemos tanto paro! La gente ha perdido la asistencia médica. Aquí los ricos viven hasta 15 años más que quienes tienen una vida golpeada. La ley de seguridad ciudadana nos retrotrae a los tiempos de franquismo y a Pizarro lo contrata el Corte Inglés. Son las trampas de la política y de las finanzas. España tampoco es un estado de derecho, ni democrático. La justicia no es igual para todos, si lo fuera el Juez Castro no recibiría presiones. Felipe VI será breve porque no nos han consultado a los españoles y un apellido no debe servir para ser monarca. Los grandes consensos de la Transición no nos valen, necesitamos reinventar nuevos consensos con otros actores.

Dice Juan Carlos Monedero que está aquí porque tiene miedo. El mundo se ha mercantilizado y eso nos da miedo. Mientras la gente decente tiene miedo, los canallas están envalentonados. No queremos ser víctimas, ni tampoco verdugos. Ya no vamos a soportar estos comportamientos, ni la resignación. Vamos a perder el miedo. La ciudadanía ya no va a delegar la política, las cosas que nos afectan. Nos toca desaprender para reaprender, luchando para no ser mercancía. No van a robarnos más las palabras que nos representan. El poder se está poniendo nervioso, mira como sospechoso cualquier comportamiento que nos de libertad. Quienes monologuean ejercen un tipo de violencia. Dialogar es una forma de respeto.

El Quijote arremetió contra los molinos, fue un militante aventajado de Podemos. Monedero recurre después a la historia del incendio en el bosque del que todos los animales huyen. Pero el colibrí se para, coge del río una gota de agua con su pico y regresa para apagarlo. Su gesto parece inútil, pero el colibrí hizo su parte, que cada cual haga la suya. Dice Monedero que hoy son muchos. Si quieres navegar no empiezas construyendo un barco, lo que haces es crear anhelo de mar.

Así terminó con un coro unánime gritando «Sí se puede».

Mongolia habla con Javier Crudo

Darío Adanti, Eduardo Galán, Javier Crudo y Eduardo Bravo. Mongolia habla con Javier Crudo. Foto: Toni Gutiérrez
Darío Adanti, Eduardo Galán, Javier Crudo y Eduardo Bravo. Mongolia habla con Javier Crudo. Foto: Toni Gutiérrez
Sentados están los de Mongolia con Javier Crudo, listos para dar un espectáculo de humor, sarcasmo e ironía. Son Darío Adanti, Eduardo Bravo y Eduardo Galán.

Ironiza Crudo que lo de la coronación ha pasado desapercibido en los medios, que lo han tratado con distancia y pluralidad, que han ofrecido un discurso republicano y que le ha gustado ese tratamiento tan ponderado y moderado. Tenemos un rey preparado, pero los que no estamos preparados somos nosotros. Ironiza también con su despido de RTVE porque en la pública pagan poco y como estaba de más, se fue voluntariamente. Ahora trabaja en la SER y dice que lo mismo en breve le toca otra vez hacer lo mismo. Reconoce que no ha entrevistado a Felipe González. Señala que es algo raro, que en la SER casi todos los periodistas han entrevistado ya a González. Pero él no. En realidad no habría que preguntarle más lo que hay que hacer con este país, ya sabemos lo que hizo.

Pero no quieren acaparar toda la conversación desde la mesa, así que reparten preguntas entre el público para que sean éstos quienes las hagan. Obedientemente se ve preguntando lo guionizado y las respuestas se construyen con crítica mordaz e inteligencia socarrona. Por allí desfilan la familia real, Rouco Varela, el Juez Castro, Cospedal, una mujer impermeable a la inteligencia que se llama Ana Botella, Gallardón, Botín… Risas y más risas. No se van sin hacer una ronda rápida de titulares. Me quedo con el que dice: «El nuevo rey podría violar a Gallardón y éste tendría que tener el hijo». Y para terminar, vivas a Froilán. No saben si sería mejor rey, pero seguro que al menos es más divertido.

La República Cultural