martes, 30 de julio de 2013

Chus Pedro, la rememoranza de una identidad asturiana

Chus Pedro ofrece en el Jardín Botánico de Gijón un nuevo concierto de su gira ¿Cómo era aquello que decía…?


Martes 30 de julio de 2013. Jardín Botánico Atlántico. Gijón

Chus Pedro durante el concierto en el Jardín Botánico. Foto Toni Gutiérrez
Chus Pedro durante el concierto en el Jardín Botánico. Foto Toni Gutiérrez
Nadie puede considerarse asturiano del todo hasta que comprende el peso de esta tierra como un sentimiento y esa fuerza con la que se arranca el carbón a golpes como una forma de ser que muestra la lucha diaria por subsistir sin rendirse contra lo más adverso. Cada día se empieza de nuevo en una pelea que no tiene fin, eso es lo que dicta la vida para quien vive honestamente de su trabajo. De la misma forma, nadie puede sentirse asturiano sin emocionarse escuchando cantar a Chus Pedro. Sus raíces son ese peso de la tierra, las de una cuenca minera dinamitera y cada día más dinamitada. La naturaleza conforma el carácter de las personas que habitan un lugar, de la misma forma que las horas de lluvia dan color al paisaje asturiano. Sin ese agua que aquí a menudo cae hasta el agotamiento no habría verde tan abrupto, tan desbordado, con el que se convive. La orografía construye a su vez la resistencia de sus gentes y las condiciones de trabajo les dotan de una rebeldía que no se doblega. Así se tejen las sociedades, con individuos que sienten lo propio por debajo de lo colectivo. Ese engranaje perfecto entre naturaleza y sociedad se da en la canción popular, en ese decir indirecto las verdades vividas.

Algo de mágico tiene este concierto de Chus Pedro al celebrarse dentro del Jardín Botánico de Gijón, entre un llagar, un hórreo, una casona y una arboleda y con el cielo como cúpula. No es un concierto cualquiera, es un repaso por la banda sonora de su vida. Chus Pedro va contando con palabras las anécdotas, sus historias. Enlazando confesiones y cantos va construyendo su monólogo, recuperando y recordando la esencia de una generación combativa. Explica cómo fue su primer «contrato profesional», esa primera vez que le pagaron por cantar. Después, con ocho años, participó en un festival con Cuando la aurora una canción popular que le enseño su hermana. Con once, en otro festival, cantó su primera canción protesta: Si yo tuviera una escoba. De su infancia se acuerda de varias canciones que triunfaban en aquella época y las va interpretando: Angelitos negros, El tamborilero o La vida sigue igual. Respira un instante y se ríe pensando en alto que hubo un tiempo en el que le gustaban los cantantes de derechas. Con cariño le «echa la culpa» a su hermana, porque era ella quien traía y ponía esos discos en su casa.

Pero la realidad, todo lo que vino después cuando la vida rasga el telón inocente con el que se protege la infancia del mundo, le llevó al otro lado, a que sus inquietudes políticas y sociales le definieran como el joven comunista en que se convirtió. Participó en el colectivo cultural Camaretá, conoció la poesía de Manuel Asur y con Manolo Peñayos surgió el grupo Nuberu que fue conformando la banda sonora de toda una generación, la que forjó la Transición en Asturias. Se mezcla lo político, con lo personal, con las raíces y los paisajes. Suenan La Mula torda, Delina, La carbonera, La Canción de los Valles, Dame Tira, Nenita, So vaqueiro, El chamiceru… y todas ellas obligan a quien las escucha a emprender un camino de sentimientos, de rememoranza y de identidad difícil de explicar.

Chus Pedro después de Nuberu. ¿Cómo era aquello que decía…?
Chus Pedro después de Nuberu. ¿Cómo era aquello que decía…?
Cuando canta El chalaneru todo el público le acompaña. Tal vez, esa canción representa su unidad con la tradición y el sentimiento de un lugar y unos valores que cuentan cómo fuimos. Las figuras de su hermana Florentina Suárez, Nenita, y del poeta Manolo Asur se repiten a lo largo del concierto, al igual que la sombra de su padre que marca una especie de herencia biológica maldita. Su hermana forja en él la emotividad, la unión con la tierra y el mundo rural, mientras que Asur le ofrece una visión poética y política de compromiso y solidaridad. El concierto ofrecido es una llamada urgente a la solidaridad, a retomar con coraje los valores de una cuenca minera que se enfrenta y pelea, a que volvamos a preocuparnos los unos de los otros. Así lo dice, con cierta rabia, con un regusto amargo de nostalgia y con un cierto deje de decepción al mirar el camino que entre todos hemos tomado.

No es el único momento en que la política le viene a la boca, hay un instante para soltar el aguijón de la ironía contra el concejal de cultura del Ayuntamiento de Gijón. Se lo ha ganado a pulso con su estrechez de mente y con esas declaraciones de desprecio que últimamente ha hecho sobre la minería asturiana. A él le dedica la canción con la que cierra el concierto: En el pozo María Luisa.

domingo, 14 de julio de 2013

Se acaba una Semana Negra combativa

Ángel de la Calle y José Luis Paraja se despiden hasta la próxima edición


Domingo 14 de julio de 2013. Semana Negra. Gijón

Skármeta leyendo el A Quemarropa en la carpa del Encuentro
Skármeta leyendo el A Quemarropa en la carpa del Encuentro
La Semana Negra de Gijón se despide un año más. En la carpa del Encuentro se van dando cita los autores, la prensa y algunos de los incondicionales. Surgen las conversaciones fluidas y ya un tanto nostálgicas pues la sensación es que ésta edición ya pasó. Se hacen balances y todo es sabor a triunfo. Se lee el último A Quemarropa con ansia, desplegando sus grandes hojas. Las gafas de sol esconden los excesos y el cansancio en algunos y a la vez protegen del extraño sol que ha estado presente cada día. No recuerdo otra Semana Negra sin un solo día de lluvia. Este año, el sábado, al final de la tarde, amagó con unas gotas, los libreros salieron corriendo con sus plásticos para proteger los libros, pero el cielo se arrepintió antes de llegar a mayores.

Ángel de la Calle, director de contenidos del festival, señala que este año la Semana Negra «ha sido final de telediarios y comienzo de informativos». Agradece el trabajo impresionante de cada uno de los equipos que han sacado adelante este Festival. Todos ellos se han visto reducidos por los recortes, algo que se ha suplido con más entusiasmo si cabe. Uno de los compañeros del equipo se ha casado durante esta semana sin decírselo a nadie. Apagó su móvil solo durante tres horas y avisando primero. Para cerrar su intervención, De la Calle declama un poema de José Agustín Goytisolo, el mismo que se puede leer en la editorial del A Quemarropa de hoy.

José Luis Paraja quiere reflexionar sobre el poema leído. Explica que refleja lo que es la Semana Negra porque habla de un nosotros que somos todos. Hay que seguir con la resistencia, somos el pueblo. Y los cambios se producen por el ímpetu de esos hombres y mujeres que caminan hacia delante. La Semana Negra no hubiera sido posible sin el apoyo incondicional de las personas que llenan el recinto, de quienes siguen respaldando este festival, vaya donde vaya por la geografía gijonesa. Mientras esa confianza se mantenga y la gente responda, ellos van a seguir. La literatura es la columna vertebral de la sociedad. La novela negra nos muestra una parte de la realidad que normalmente está en la penumbra, oculta. Al visibilizar esa realidad nos permite reflexionar y contribuir a que cambien las cosas. Los festivales los hacen personas que tienen caras y nombres. En este caso se trata de un equipo pequeño, a los que agradece el trabajo, cada uno de sus esfuerzos, porque un festival es lo que deje en el recuerdo. Paraja pide a Tini Areces que como socio fundador de la Semana Negra suba hasta la mesa a decir unas palabras.

Ángel de la Calle y José Luis Paraja clausuran la 26ª Semana Negra
Ángel de la Calle y José Luis Paraja clausuran la 26ª Semana Negra
Areces se considera un «semanero» más. Habla de la voluntad impresionante de quienes llevan la Semana Negra adelante, cumpliendo con todas las exigencias que la ciudad les demanda, sin incidencias y renovando el elenco. Personas que aglutinan alrededor de la novela negra toda una oferta cultural. Señala que la Semana Negras supo evolucionar y la mantuvo la gente por encima de todo. Ha sido la presencia multitudinaria, edición tras edición, la que la ha hecho sobrevivir. En 1988, el primer año que se celebró, también había una crisis muy grande. Aquella primera Semana se celebró en el Musel y empezó desde allí y con ella una lucha tenaz. No se puede vivir sin memoria, aunque hay quien quiere que olvidemos porque su interés está en destruirlo todo. En Asturias se han conquistado muchas cosas sobre ese construir colectivo con el que también se hace la Semana Negra. La cultura no es un concepto elitista para unos pocos, es una herramienta de avance y en las grandes crisis, lo que quieren acabar con todo empiezan agrediéndola. La Semana Negra es el símbolo de ello y un espacio de libertad, un festival abierto a la voz de todo el mundo, incluyendo a quien discrepa, quien quiere expresarse e incluso manifestarse.

Areces alaba al nuevo equipo; sustituir a Paco Ignacio Taibo es muy difícil, porque se trata de un gran organizador. Un año más Gijón tiene motivos para sentirse orgullosa de su Semana Negra, viva y de gran calidad. Es producto de una gran innovación en la forma de hacer cultura que ya se imita en otros muchos lugares. Areces avisa que velará por el interés general: la Semana Negra es un evento que beneficia a Gijón, Asturias y a la cultura. Es un proyecto de futuro. Si queremos podemos, siempre, por mucho que haya quien nos diga lo contrario.

Tras las palabras de Areces, José Luis Paraja da por clausurada la edición y empieza la siguiente. Confieso que siempre pensé que tras esas palabras se tomaban unos días de vacaciones y luego sí, ya tocaba regresar. Sin embargo soy consciente de que la próxima edición, la que hará el número 27, ya está en marcha. Paraja, De la Calle, Taibo y todos los demás ya están pensando en la próxima, quién quieren que venga y con quién tienen que hablar para que así sea.

No podía cerrar esta crónica sin unirme al espíritu de esta Semana Negra y citar los versos de José Agustín Goytisolo : «Amigos, ya lo veis pasan los años/ y parece que ahora/ sigan las cosas como el primer día./ Nos hemos reunido ciertas veces/ en extraños cafés/ […] hemos charlado largamente/ redactando los pasquines hasta el alba/ discutiendo el problema/ y siempre nos decimos que esto acaba/ que no puede durar/ y muchos hemos apostado cenas no sé dinero/ a que antes de fin de año algo sucede/ y siempre hemos perdido./ Y sin embargo os digo que tenemos razón/ y vale la pena continuar/ […] porque el mundo camina/ con el paso implacable de hombres como vosotros/ que creen en la vida y que por eso/ mueven el mundo sin pegar un tiro/ mientras sea posible/ o bien pegándolo».

Los participantes en la Semana Negra 2013 posan en Aller
Los participantes en la Semana Negra 2013 posan en Aller

sábado, 13 de julio de 2013

La literatura y el debate social

RDA. El país que nunca existió, el libro que regala la Semana Negra a sus visitantes


Sábado 13 de julio de 2013. Semana Negra. Gijón

Paco Ignacio Taibo, Ángel de la Calle, Ibon Zubiaur y Cecilia Dreymüller presentando el libro de la Semana Negra: RDA. El país que nunca existió. Foto Toni Gutiérrez
Paco Ignacio Taibo, Ángel de la Calle, Ibon Zubiaur y Cecilia Dreymüller presentando el libro de la Semana Negra: RDA. El país que nunca existió. Foto Toni Gutiérrez
La Semana Negra de Gijón tiene costumbres. Una de ellas es la de regalar un libro a quienes se acercan a participar de este encuentro con la cultura, independientemente de que sean autores o público. No es un libro cualquiera, es uno que ellos mismos elaboran, editan y distribuyen. Ángel de la Calle lo dice de otra manera: «El libro que la Semana Negra, por su cuenta y riesgo, ha producido para regalar a los visitantes». Este año se trata de RDA. El país que nunca existió. Explica De la Calle que surge de uno de los extraños paseo «socráticos» con Taibo que le planteó que estaría muy bien que se tradujesen a los escritores del realismo socialista, pues entre tantos debía haber alguno muy bueno y nos íbamos a quedar sin saberlo. Esa es la primera parte. La segunda vez que recupero el mismo asunto tiene que ver con esos viajes en los que el gobierno de España envía a nuestros artistas para explicar que somos algo más que playas y turismo. Pasó por el Instituto Cervantes de Munich y se encontró con Ibon Zubiaur, director del mismo. Dice que fue un flechazo y se pusieron a hablar. Trataron de filosofía alemana, de literatura y terminaron hablando de la Semana Negra, lo que era y los libros que publicaban. Le habló del libro que habían hecho sobre la República Weimar y después le contó la idea de Taibo preguntándole por si había habido buenos escritores en la extinta República Democrática de Alemania (RDA) porque como estaban sin editar en castellano nos los estábamos perdiendo. Zubiaur le respondió que sí y que él los conocía a todos. De la Calle le lanzó el guante: «sería un libro ideal, si lo traduces gratis, nosotros lo publicamos. Va a ser un libro de la Semana Negra, así que va a estar muy bien hecho». Mientras realizaba la selección se editó uno de éstos autores en España. Aún viven dos de ellos, pero están ya muy mayores para haberlos podido traer. Durante este proceso se unió al proyecto Cecilia Dreymüller, una crítica dura que publica sus artículos en Babelia. Además en el libro se incluyen 15 fotomontajes de Josep Renau.

De la Calle presenta a Zubiaur hablando de su gran experiencia en el Instituto Cervantes y señalando que no se equivocó con él. No somos la marca España. Lo que queda al final en la historia es la gente que hizo algo y no los reyes. Zubiaur dimitió porque no estaba de acuerdo con la política que se estableció desde el gobierno con respecto a los institutos Cervantes.

Ibon Zubiaur explica que RDA. El país que nunca existió es una antología. Recoge los escritores más relevantes y las temáticas que trataban. En cierta forma, ha intentado ofrecer un repaso de lo que era el panorama literario de la RDA y los problemas que tenían. Algunos de los textos son ficción, otros no. En muchos de ellos hay diversión sin dejar de ser una literatura militante que nos muestra esa época que va desde el final de la guerra hasta la reunificación. Comenta que el proyecto ha sido una locura y que le ha ocupado todo este año. Añade que encarna una sintonía especial con el espíritu de la Semana Negra, así que no ha sido solo un proceso de recuperar a una serie de autores desde el olvido y presentárselos a los lectores hispanohablantes. Se trataba más bien de, a través de los textos de esos autores, entender la relación con la literatura que se estableció en la RDA. Estos autores nos enseñan una lección, la de cómo la literatura refleja e interviene en el mundo circundante. Nunca, en ningún otro país moderno, en los últimos 300 años, ha tenido la literatura una importancia tan grande para toda una sociedad. La RDA existió 40 años. En ella crecieron buenos autores, pero sobre todo se creó la atmósfera que lo permitía. No había una industria del ocio y las posibilidades de consumo eran muy reducidas. Se echaba en falta una opinión pública libre porque, aunque había medios de comunicación y foros, estaban muy controlados por el gobierno que fijaba unos límites que no se cruzaban. Existía en la sociedad una sed de debate y pronunciamiento que fue la literatura quien se encargó de colmar. La sociedad civil pedía que se hablase de los trabajos de su vida diaria y de los problemas sociales de su realidad. A ese debate social se lanzaron gustosos los escritores de la RDA.

El régimen quería que se produjera una simbiosis entre los intelectuales y el socialismo implantado y desarrollado en el país. Para ello invertían dinero, construían las mejores bibliotecas, los libros tenían precios muy reducidos, se creaban editoriales, se ofrecían becas a los autores y potenciaban actividades en las que público y escritores interactuaban. Estos foros de encuentro les llevaban por todo el país presentando sus libros en escuelas, cárceles, astilleros, geriátricos, minas, fábricas… Cualquier sitio servía. La clase trabajadora pedía cuentas al escritor, le decían que los obreros se dejaban la piel en su trabajo y les preguntaban qué aportaban ellos. Era necesario estar muy preparado para saber dar una respuesta. Los escritores de la RDA la daban. Es una época que ahora añoran, pues con la reunificación estos foros de encuentro desaparecieron.

Ibon Zubiaur y Cecilia Dreymüller presentando el libro de la Semana Negra: RDA. El país que nunca existió. Foto Toni Gutiérrez
Ibon Zubiaur y Cecilia Dreymüller presentando el libro de la Semana Negra: RDA. El país que nunca existió. Foto Toni Gutiérrez
Cecilia Dreymüller explica que los escritores que volvieron de la Segunda Guerra Mundial ocuparon un lugar importante en la RDA, se encargaron de lanzar y dar continuidad a la literatura que se va a producir durante los siguientes cuarenta años. Después habla sobre los tipos de diálogo que se producen entre la literatura y la sociedad. Básicamente son dos, se puede entablar un diálogo crítico u otro que confirme la situación. El gobierno buscaba con sus iniciativas el segundo caso, que el escritor ratificase la realidad, pero el público les exigía a los autores otra cosa. En ese tira y afloja se tuvieron que mover. Sobre la antología destaca que es interesante por la propia selección en sí. En ella prevalece el discurso crítico, pero hay autores totalmente afines al régimen. Recuerda que todos los eran, que solo se marcharon tres de ellos a la Alemania Occidental. Realmente las grandes figuras de la literatura alemana se quedaron allí y eso significó que no tuvieran acceso al mercado internacional. Las editoriales de la RFA eran quienes contralaban ese mercado exterior y solo publicaban autores disidentes. Por tanto todos son autores oficiales. El gobierno intentaba imponer una disciplina entre los escritores, pero no funcionaba. Entre ellos se establecía un diálogo. Dreymüller termina señalando que la selección realizada para el libro es cronológica.

Zubiaur cuenta que en los 70 la RDA fue admitida en la ONU y reconocida oficialmente. La República Federal Alemana (RFA) se encargó de publicar autores que podían ser tachados de disidentes. Todo libro que no se autorizaba la publicación en la RDA, inmediatamente se publicaba en la RFA. Se produjo entonces una inflación que en realidad mostraba una distorsión. Completa Dreymüller que se transmitió una idea equivocada, la disidencia no significaba la exclusión en la RDA, aún se mantenía el diálogo con esos escritores que se salían del camino que oficialmente se trazaba.

En un alegato pasional, Zubiaur, pondera el hecho de que la literatura que practicaron fuese de relevancia social, por encima de las categorías políticas que se apliquen. En realidad, la dictadura de la censura permitía mayor libertad que la dictadura de los mercados. Ese es un mensaje perturbador. Por eso es necesario que estos textos estén al alcance del lector. Cambiando de discurso, señala que siempre hay una responsabilidad de las administraciones con los ciudadanos que pagan con sus impuestos las políticas culturales que se hacen. Ahora, nuestro gobierno nos está engañando. Explica que se ha tenido que ir del Instituto Cervantes por fomentar la cultura española. Quiere que los españoles le pidan cuentas a él y que también se soliciten a los cargos públicos y a nuestros escritores. Cualquier autor que publique y que tenga un apoyo social se debe a los demás. Más aún si está subvencionado con dinero público, entonces los ciudadanos tienen todo el derecho del mundo a preguntarle sobre lo que aporta al debate social. Se pregunta ¿qué está pasando con la literatura que no se siente responsable hacia sus ciudadanos? RDA. El país que nunca existió pretende suscitar preguntas como éstas y ser también una llamada de atención.

viernes, 12 de julio de 2013

Eligiendo entre una democracia expansiva o los poderes financieros

Nicolás Sartorius presenta su libro Siempre a la izquierda en la Semana Negra


Viernes 12 de julio de 2013. Semana Negra. Gijón

Francisco Prado Alberdi, Nicolás Sartorius y Alejandro Gallo. Foto Toni Gutiérrez
Francisco Prado Alberdi, Nicolás Sartorius y Alejandro Gallo. Foto Toni Gutiérrez
La literatura negra está relacionada con la crisis y la crisis, a su vez, con la política. Quizá ese poner el acento en nuestra dolorosa realidad haya llevado a la Semana Negra de Gijón a recorrer el mismo camino asociativo y abrir aún más sus mesas de presentaciones y debates a personas significadas y significativas dentro de las luchas obreras, como es el caso de Nicolás Sartorius. Le trae la Fundación Juan Muñiz Zapico para presentar Siempre en la izquierda.

Cuenta el escritor Alejandro Gallo que son ya muchos años los que llevan asistiendo a esta Semana Negra desde la Fundación. Que llegaron con una charla sobre literatura minera, que al año siguiente regresaron para tratar el tema de la guerrilla y así durante todo este periodo en el que, de su mano, no han dejado de subir a la palestra las cuestiones sociales. Sartorious es de sobra conocido en Asturias, pero Gallo no se resiste a dar unas breves pinceladas de su biografía. Habla de los tiempos de la clandestinidad donde fue una figura indiscutible. Ahora es el vicepresidente de la Fundación Alternativas. De Francisco Prado Alberdi señala que es un sindicalista histórico y luchador, muy conocido en Gijón donde le han concedido la medalla de plata de la ciudad. Respecto al libro que hoy se presenta recoge 85 artículos de Nicolás Sartorius publicados en El País desde 1980 hasta 2013 y repartidos entre 9 bloques temáticos. Parece que el capitalismo ya no necesita a la democracia y que ha secuestrado a los ciudadanos. Siempre en la izquierda nos hace pensar en las inquietudes de nuestro tiempo y plantearnos el tipo de izquierda que necesitamos.

Francisco Prado Alberdi, presidente de la Fundación Juan Muñiz Zapico y un gran devorador de novela negra, explica que la Fundación viene un año más a la Semana Negra como hay que venir, con un libro debajo del brazo. En las huelgas del 62, Sartorius era un joven abogado sindicalista que hizo su trabajo en la Cuenca del Nalón para que la huelga se extendiera. Acabó, como ocurría entonces, detenido. Es una figura clave del sindicalismo y muy destacada por el proceso 2001, junto con Marcelino Camacho y Juan Muñiz Zapico. De los tres, Sartorius sobresalía por la capacidad de decir lo que todos pensaban de una manera clara y sencilla, reflejando el intento de crear un sindicalismo de otro tipo. La realidad se impone. Entonces la clave era la correlación de fuerzas: las cosas se cambian alterando la correlación de fuerzas. Aunque a Alberdi no le gustan los libros que recopilan artículos, la lectura del libro de Sartorius le hace rememorar la historia reciente de este país. Dice que la ha obligado a reflexionar sobre cosas que pasaron hace muy poco y que ya habíamos olvidado.

Alberdi conoció a Sartorius en el sindicato, luego en el Partido Comunista. En toda su trayectoria hay un rasgo común y es el que da título al libro, siempre ha estado en la izquierda. A eso mismo reconoce que aspira Alberdi, a siempre estar en la izquierda, aunque la izquierda sea otra. Confiesa que cuando era joven se sentía radical, que con los años se evoluciona, pero que ahora, frente a la mala realidad que nos toca, cada día se hace más radical todavía. Señala que «la izquierda es plural o no es». Pide una izquierda sin exclusiones, que explique que somos diversos y hasta opuestos en algunas cuestiones, pero con una misma raíz. Nos toca la defensa de la democracia como principal bandera y presentar una alternativa desde la diversidad del pensamiento. Eso se hace sumando.

Nicolás Sartorius presentado su libro en la Semana Negra. Foto: Toni Gutiérrez
Nicolás Sartorius presentado su libro en la Semana Negra. Foto: Toni Gutiérrez
A Sartorius le gusta Asturias, no pierde ocasión para venir cuando le invitan. Más aún si se trata de una Fundación que lleva el nombre de Juan Muñiz Zapico, sindicalista con el que coincidió en la cárcel por el proceso 2001 y del que dice que era el mejor de todo ese grupo. Se alegra de estar en la Semana Negra, y añade que hay muchos aspectos de lo que está pasando que son muy negros. Cuando le propusieron desde la Fundación Ateneo Cultural 1º de mayo este libro, tuvo dudas porque pensaba que eran artículos que ya tuvieron su lugar. Pero no todos leen El País, mucha gente ha olvidado aquellos artículos y además ahora se han ordenado por temas yendo de los más modernos hacia los más antiguos, mostrando como la actualidad se va repitiendo en estos años, un ejemplo es la corrupción.

En el primer bloque se realiza una mirada a nuestro mundo, que está muy revuelto se mire donde se mire. Hay movimientos que revelan el malestar profundo en las sociedades de todo el planeta. No hay un reparto equitativo de la riqueza y al final pequeñas chispas terminan encendiendo grandes manifestaciones. Si queremos que las cosas cambien solo hay un método: movilizarse. Si no nos movemos no habrá transformación. Esa es la lección que ha aprendido en su vida. Debemos conocer lo que tenemos enfrente y darle la vuelta. Nuestro gran reto es ver si vamos a ser capaces de que la globalización sea controlada por la ciudadanía a través de la democracia en lugar de que sigan haciéndolo las multinacionales económicas. Ahora deciden poderes que no se corresponden con los gobiernos que hemos elegido y por tanto no son democráticos. El problema que tiene que resolver la izquierda es la lucha por una democracia expansiva, que penetre en todos los tejidos de la sociedad y que nos plantee la realidad de elegir entre democracia o poderes financieros. Sartorius ha llegado a la conclusión de que el capitalismo especulador, el que se ha impuesto, es incompatible con los sistemas democráticos. Debemos superar este capitalismo depredador con la naturaleza y las personas para recuperar nuestras democracias.

El segundo de los bloques habla de Europa, nuestro espacio natural. Sartorius no comparte la idea de irse de Europa y abandonar el euro como moneda porque piensa que fuera de la Unión Económica Europea no hay futuro. «Europa o barbarie» dice. Añade también que no le gusta nada la construcción que se está haciendo y que nos toca pelear por una Europa más democrática, social y desarrollada desde la unión política. En ese sentido pide que los sindicatos y partidos se organicen a nivel europeo para demostrar nuestras fuerzas y articular una lucha más inteligente. No se trata de que cada país vaya por su lado. El 75% de las decisiones que nos afectan se toman en Europa.

La austeridad se está imponiendo en muchos países europeos con gobiernos de derechas. Esos gobiernos intentan privatizar la sanidad y la educación amparándose en la situación insostenible. No hacen política social sino desmontar el estado del bienestar. El capitalismo siempre sale de sus crisis de la misma forma: recomponiendo su tasa de beneficios y lo hace a través de despidos y bajando salarios y pensiones. Esa es su manera de resolver la crisis, la que tenemos que combatir oponiéndonos. Pero no hay que olvidar que la crisis empezó en el sistema financiero norteamericano, paso a Europa y de la economía financiera se trasladó a la real. Si nos olvidamos del origen la culpa será nuestra, el mensaje que recibiremos será la gran mentira que estamos escuchando: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nosotros, que sostenemos los estados, hemos dado billones de euros al sistema financiero para sacarlo a flote y ninguno para las cuestiones sociales. Esa es la realidad, todos los recursos se ha enfocado a salvar el sistema financiero. Con el dinero que llega del BCE los bancos han preferido el beneficio seguro y rápido de prestarlo a los estados. No ha llegado a los ciudadanos, ni a las pequeñas y medianas empresas. Si los bancos no cumplen su función, aquella para la que han sido creados, desde el poder político tendrán que ponerse serios y por ejemplo crear una banca pública desde la que realizar estas funciones. Fue un disparate desmantelar la banca pública.

Francisco Prado Alberdi, Nicolás Sartorius y Alejandro Gallo. Foto Toni Gutiérrez
Francisco Prado Alberdi, Nicolás Sartorius y Alejandro Gallo. Foto Toni Gutiérrez
En opinión de Sartorius el problema número uno de nuestro país es el desempleo creciente. Su origen es el fracaso de la austeridad; la deuda cada vez es mayor porque no se puede reducir si no se crece. Si deprimes los salarios, deprimes el consumo, y si además no inviertes como Estado no habrá crecimiento posible. Es una política demencial que hay que cambiar luchado contra ella.

El tercero de los bloques del libro está dedicado a la corrupción, algo que Sartorius ya denunció hace 20 años como un cáncer para la democracia y avisando que había que tener cuidado con ella. Hay que luchar contra la corrupción a sangre y fuego. Pero tiene truco, si hablas tanto tiempo de la corrupción política la gente se olvida de dónde empezó la crisis. El dinero que está en los paraísos fiscales no es en su mayoría el de los partidos y los políticos, es el de la gente rica que no paga impuestos. Hay una campaña para combatir la corrupción política, pero nos olvidamos de la que está en el sistema financiero. Esa otra gran corrupción también tenemos que denunciarla.

El cuarto bloque trata de lo que Nicolás Sartorius llama el avance de la no política, ese mensaje que dice que toda la política es una basura y que los políticos son iguales. Algunos se han corrompido y otros lo han hecho mal, cierto. Sin embargo la generalización de esa campaña antipolítica es letal y solo nos puede llevar a diferentes tipos de dictaduras modernas. Debemos reivindicar el valor de la política honesta. Vivimos un momento en el que los políticos tienen la sensación de que deben esconderse fuera de la esfera pública. Reconoce que está harto de que digan que no hay derecha e izquierda. Él defiende lo público, un sistema fiscal potente y la solidaridad internacional. Eso no lo defiende la derecha. Cada día se siente más de izquierdas debido a que se ha radicalizado la realidad.

De los sindicatos señala que no va a decir nada, pero que tienen que espabilar en dos direcciones. La primera es en ser más europeos e internacionales. Se pregunta para cuándo una huelga general europea, pues hasta que no paremos Europa la Comisión Europea no se va a sentar a negociar nada. La segunda de las direcciones que debe tomar es la de entrar en los nuevos problemas sociales.

La derecha de este país no es igual que en el resto de Europa, no puede seguir en posiciones retrógradas y debe modernizarse. Sobre la izquierda indica que debe formar una pantalla común, coordinarse para hacer avanzar a este país hacia adelante. Avisa que para colaborar hay que ceder. En Europa también hay que formar una izquierda que tenga peso en la toma de decisiones. O vamos todos juntos o lo vamos a pasar muy mal.

jueves, 11 de julio de 2013

Cuando la violencia se hace cotidiana

El fotoperiodista Edu Ponces cuenta su experiencia en Centroamérica


Jueves 11 de julio de 2013. Semana Negra. Gijón

Edu Ponces presentando su trabajo en la Semana Negra. Foto: Toni Gutiérrez
Edu Ponces presentando su trabajo en la Semana Negra. Foto: Toni Gutiérrez
En una sinergia perfecta, las carpas de la Semana Negra de Gijón acogen el 17º Encuentro Internacional de Foto y Periodismo ‘Ciudad de Gijón’. Javier Bauluz va trayendo a su ciudad a quienes ven el periodismo desde otros parámetros, con compromiso social y desde una mirada profundamente humana. Es un periodismo de conciencia, duro, que denuncia la situación de nuestro mundo para que no podamos decir que estamos desinformados. Edu Ponces forma parte del colectivo Ruido Photo y practica el reportaje en profundidad. Lo enfoca en los Derechos Humanos. Trabaja en la región de Centroamérica y se preocupa de temas como la inmigración y la violencia. A sus espaldas tiene un excelente trabajo fotográfico con el que nos mostró el camino que siguen los inmigrantes centroamericanos que cruzan México para llegar a los EE.UU.

Ponces explica que ha venido a contarnos un cuento que habla de una parte de nuestro mundo muy desconocida: Centroamérica. Es una historia muy triste de unos países que salen poco en los informativos y que sin embargo tienen las tasas de homicidios internacionalmente más altas. Si en España se comenten un 0,8 asesinatos por cada 100.000 habitantes, en México la tasa es de 23,7. Son números pequeños si los comparamos con El Salvador (69,2) y Honduras (91,6) que doblan y triplican respectivamente a Colombia (31,4), el país que tradicionalmente es conocido como el más violento. San Pedro Sula, en Honduras, es la ciudad que las cifras señalan como el lugar donde se ejerce más violencia. Edu Ponces quiere conocer las raíces de este problema y por eso se ha embarcado en Sala Negra, un proyecto conjunto de Ruido Photo y el periódico salvadoreño Elfaro.net sobre la violencia. Ponces se pregunta por qué se mata tanto en Guatemala, Honduras y El Salvador. Lo primero que señala es que no son países de pobreza extrema, no tienen un conflicto armado activo, ni tampoco una guerrilla. Lo que se ha instaurado es una violencia rutinaria, de todos los días. Cuando el fotoperiodista intenta construir una respuesta confiesa que no es sencilla y que además incluye muchos ingredientes. Habla entonces de que son países que han pasado por guerras civiles muy crudas, estados con violaciones a los Derechos Humanos, con inmigración, cárceles saturadas, policía corrupta, una población muy armada –800.000 armas censadas en manos de civiles– y una región del mundo marcada por la impunidad –si asesinas a alguien en El Salvador tienes un 95% de posibilidades de no ir a la cárcel–. Después subraya que se tratan de tres estados muy débiles, que en primer lugar no recaudan impuestos y, en segundo, no tienen fuerza para ni para combatir la delincuencia, ni para ayudar a sus ciudadanos.

El periodismo que Ponces propone se hace muy despacio y entrando en los temas con profundidad. Para ello es necesario conocer a las víctimas y mostrar la sangre. Pero también requiere ir un poco más allá, de tal forma que nos pueda servir para entender los problemas. Las maras y las pandillas son organizaciones de jóvenes que han sistematizado la violencia. Ésta forma parte de su vida y la asumen con orgullo a través de una guerra diseñada que nunca va a acabar. Los orígenes de Barrio 18 y Salvatrucha, las dos maras más importantes, se dan en los barrios estadounidenses de Los Ángeles. Estas pandillas se nutrían de chicos centroamericanos muy jóvenes que habían llegado a EE.UU muy pequeños, cuando sus padres vinieron huyendo de la guerra en los años 80. Crearon las pandillas para defenderse y cuando la policía les detenía iba devolviéndoles a Centroamérica. Volvían a un lugar que no conocían y donde se han ido formando 50.000 pandillas. La familia es la mara, por eso sus eslóganes dicen «Por mi madre vivo y por mi barrio muero».

Edu Ponces nos cuenta con imágenes como se ha normalizado la violencia en estos países, convertida en algo que ocurre cada día y que termina tocando de cerca a cualquier persona. Que de pronto alguien saque una pistola y mate a una persona se asume como algo normal. Ya no es noticia. Por eso con Sala Negra se ha acercado a las víctimas desconocidas con el propósito de ilustrar algo que le ocurre a muchos. Utiliza la crónica de Roberto Valencia, Yo violada, para ponernos frente a la verdadera magnitud de la tragedia. La violencia es normal y eso es lo importante: que se ha asumido dentro de nuestros parámetros de lo habitual, dejando ya de sorprendernos. La pelea que el fotoperiodista ha emprendido busca que lo horrible no pueda considerarse cotidiano. Así que en sus reportajes se pone la norma de buscar el momento en que los delincuentes se convirtieron en víctimas. Busca cuando esos muchachos fueron abandonados por la sociedad, cuando les arrestaron, cuando les encerraron hacinados en cárceles en las que dentro de ellas se producen desapariciones... El reportaje gráfico La noche de Mariona, de Pau Coll, recoge esas imágenes. Resultan duras para la retina.

El círculo de la violencia no va de buenos y malos, ni consiste en apresar o matar a los que delinquen porque así no terminamos. Es necesario ver por qué se produce esta violencia en ciertas sociedades. Para ello Ponces ha buscado personas que convivan con la violencia diaria, como es el caso del forense de medicina legal Eduardo Abullarade, un hombre al que avisan cuando se produce un homicidio, se acerca al lugar de los hechos, revisa las heridas, prepara el informe y levanta el cadáver. Esa es su vida. De ese seguimiento ha surgido la pieza que nos muestra: El último médico, uno de los muchos materiales que publican en Sala Negra.

Para poder trabajar con las maras han necesitado mucho tiempo. Al equipo variado que han formado les ha llevado dos años, pero ahora el trabajo está hecho porque los delincuentes confían en ellos al demostrarles que siempre les han hablando claro. Respecto a su seguridad reconoce que corren riesgos, pero han desarrollado protocolos que les permiten trabajar algo más tranquilos. Sobre todo reflexionan y solo se la juegan cuando lo tienen muy claro. La gente de allí no entiende por qué los periodistas hablan con los jóvenes de las maras. Sienten miedo de ellos porque están matando personas y consideran que son malos. Esa gente llega a insultar a los reporteros porque son tan fuertes sus ganas de venganza que les cuesta pensar en otros términos. No piensan que el problema radica en que se ha roto el tejido social y que es necesario unirse como comunidad. En las zonas donde se han instalados antiguos miembros de la guerrilla, los vecinos funcionan de forma asamblearia. En esos municipios en los que existe una estructura comunitaria fuerte no hay violencia.

Ponce quiere despedirse con un final feliz. Explica que cuando trabajas en este tipo de temas te planteas muchas veces para qué sirve lo que haces. La esperanza se pierde e incluso llegas a pensar que sería mejor que nuestra especie se extinguiera. Sala Negra ha ganado el premio internacional Revela que otorga 20.000 € para una organización que se dedique a solucionar el problema que el reportaje denuncia. Ponce se siente feliz porque al menos la Fundación CINDE tiene más dinero para desarrollar en El Salvador sus programas educativos integrales para niños y jóvenes de sectores sociales excluidos.