martes, 26 de julio de 2011

La Semana Negra es variedad

En las carpas de la Semana Negra se «reparten» muchas formas de cultura

Martes 25 de julio de 2011. Gijón


Miguel Cane y Germán Menéndez homenajean a Jorge Semprún
Miguel Cane y Germán Menéndez presentan el homenaje a Jorge Semprún de toda la Semana Negra. Foto Toni Gutiérrez
Semprún pasó hace unos años por la Semana Negra como autor invitado. Se decidió que el festival podía realizar un audivisual, así que Germán Menéndez preparó un homenaje en imágenes. En palabras de su autor, para construir el audiovisual se basó en sus memorias Federico Sánchez se despide de ustedes, reflexionando sobre la gente que él había conocido, sus amigos más queridos, las películas en las que había intervenido… La pieza termina con un conjunto de cuadros que Jorge Semprún, en su etapa como ministro de cultura, quería poner juntos, pues decía que la suma de ellos daría el espíritu de lo que es en realidad España. Tras la proyección del audiovisual se regala el libro Semprún. Autobiografía de Federico Sánchez a los asistentes. De esta forma, la Semana Negra recuerda a un autor querido que nos dejó este año.

Yampi se ha incorporado al festival. Recién llegado con su guitarra, sus carpetas de cuero en las que duermen tantas canciones y un aire de poeta maldito. Pelo largo recogido en una coleta, perilla dibujándole la boca, voz ronca. Le suele tocar un papel secundario, el de matar el tiempo, preparar al público mientras se organiza algún acto más mayoritario. Y sin embargo nadie imagina una Semana Negra sin él, querido entre sus compañeros, aplaudido por el público y la banda sonora del festival. Llegó a la Carpa del Encuentro, enchufó su guitarra, se sentó sobre la mesa y en el atril colocó la carpeta. Pasó unas hojas rápido y eligió las canciones a despertar del sueño. Verde que te quiero verde, Bubble y un estreno de este año Castillos en el aire. Después, con discreción, dejó que los focos se iluminaran para otros invitados.

Me hablan del éxito de público que reunió Juan Madrid en la presentación de Viejos amores y Brigada Central, con la carpa a rebosar y la fuerte ovación del final.

A escala menor, pero importante también, la charla que se celebró en la carpa de la Asamblea 15-M. Los invitados son de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, uno de los movimientos de dignidad que han confluido con más fuerza y apoyo en las acampadas del 15-M. José Coy, uno de los fundadores, y Rafael Mayoral, asesor jurídico, se encargaron de explicar su génesis, las acciones emprendidas y los desahucios parados. Desgranaron las futuras estrategias en las que están trabajando y explicaron que se han acercado al movimiento ocupa, analizado los mecanismos bancarios y revisado las leyes, pues su objetivo es que se cumpla el derecho constitucional de vivienda para todos.

Max Aub en la Semana Negra

Mucha muerte es una recopilación que incluye piezas sobre la muerte


Martes 25 de julio de 2011. Gijón


Pedro Tejada y Alejandro M. Gallo presentando Mucha Muerte
Pedro Tejada y Alejandro M. Gallo presentando Mucha Muerte. Foto Toni Gutiérrez
Pedro Tejada, que se encarga de organizar Castellón Negro, confiesa que ha venido a la Semana Negra de Gijón para tomar notas. Es cierto solo en parte, también está aquí para presentar una recopilación de piezas de Max Aub que lleva por título Mucha muerte y de la que es responsable. Le presenta Alejandro M. Gallo. Son buenos amigos, ambos coincidieron en unas jornadas sobre literatura negra en la Universidad de León que fueron fraguando una «conspiración» para ir extendiendo lo negro por toda la geografía española.

Hablando de Max Aub, Gallo lo describe como un genio que tuvo que irse debido al triunfo del fascismo en España. Siguió escribiendo, contando ese exilio que vivía como víctima, descubriendo que aquellos hombres y mujeres entendieron que la Guerra Civil fue la primera batalla contra el fascismo internacional y se perdió, pero que había que seguir luchando, que vendría la Segunda Guerra Mundial. Aquellos españoles no eran pozos de ciencia militar, sino gente corriente con el compromiso personal y colectivo de parar el fascismo.

Pedro Tejada nos habla de que Aub mezclaba los géneros. Max Aub nació en Francia, pero se consideró siempre español, «uno es de donde hace el bachiller». Terminó exiliado en México, nacionalidad que también adoptó. Estuvo en tres guerras, con la muerte siempre cerca. Falleció con 69 años, sin que le diera tiempo a revisar sus notas y su obra. Era muy aficionado a la novela policiaca, aunque no escribiera ninguna.

Mucha muerte, dice Tejada que es una recopilación que incluye piezas sobre la muerte. Destaca la serie Crímenes ejemplares, que puede ser la más conocida del libro. A finales de los 40 empezó a escribir los crímenes, para los que no admitió otra denominación. En realidad son microrrelatos, algunos de una sola línea, la mitad no superan las cincuenta palabras. Son confesiones de criminales que no se arrepienten.

Son textos escritos con humor surrealista y verbal, un tanto absurdo si se quiere, con cierto atractivo por una crueldad sin tapujos. En ellos busca al lector cómplice para que resuelva el caso, si es que puede pues muchos quedan abiertos. Tejada va leyendo crímenes donde nadie está a salvo, ni los propios escritores de novela policiaca, ni los editores que no cumplen sus plazos. Aub sufrió en carne propia la intolerancia, y en cierta forma, cada uno de estos crímenes son intolerantes, causa de no soportar al otro y decidir matarlo.

Pero Mucha muerte recoge muchas más historias, todas de decir sentencioso, cuidando la tipografía como Aub hacía, con aforismos cargados, epitafios…

lunes, 25 de julio de 2011

¿Traidor o héroe?

Alfonso Mateo-Sagasta cuenta con pasión su última novela: Caminarás bajo el sol


Lunes 25 de julio de 2011. Gijón


Paco Ignacio Taibo II y Alfonso Mateo-Sagasta presentando Caminarás bajo el sol
Paco Ignacio Taibo II y Alfonso Mateo-Sagasta presentando Caminarás bajo el sol. Foto: Toni Gutiérrez
Alfonso Mateo-Sagasta es un autor muy querido en la Semana Negra de Gijón, de los que forma parte del equipo extraoficial de ella. Es de esos que con su trabajo callado va dando lustre al festival año tras año. Con Caminarás bajo el sol ha ganado el premio Caja de Granada, lo que en palabras de Taibo durante la presentación, significa que le ha hecho temporalmente rico.

Taibo describe la novela como un libro muy singular. Un español escribiendo una historia mítica de Latinoamérica; la de Gonzalo Guerrero, considerado el primer traidor y que se terminará enfrentando a Hernán Cortes como uno de los jefes mayas. En realidad depende del lado con el que se le mire, para América no es un traidor, se trata del primer mexicano. México es un país eminentemente mestizo. Añade que la novela tiene un ingrediente extra, la enorme virtud de su autor para contar con total empatía al personaje. Destaca la solidez de la creación de los dos mundos que permite una verdadera inmersión al lector. Hay una literatura conducida por la acción y repleta de ideas.

Alfonso Mateo-Sagasta explica que Caminarás bajo el sol nació en la Semana Negra, en una tertulia de bar con dos amigos: Rafa Marín y Juanmi Aguilera. Surgió hablando de grandes personajes a quienes se les debía una novela. Hablaron de Gonzalo Guerrero, personaje con quien ellos estaban intentándolo pero que en aquel momento no les salía. Le pidieron que lo escribiera él.

¿Quién es Gonzalo Guerrero? Nos pide que pensemos en aquel tiempo de descubrimientos donde las Indias no eran otra cosa que unas islas al final del mundo, algo tenebroso, desconocido, sin explorar. No había nada más. Unos españoles, llegados con ansias de conquista, naufragan en Jamaica y terminan en una playa del Yucatán sin saber muy bien dónde están realmente. Son hechos prisioneros. Ocho años después una expedición que sale en busca de esclavos con los que amortizar aquellos viajes, pues la Corona autorizaba, pero no conquistaba y por tanto no financiaba. Capturan a dos indios que quieren utilizar como traductores. Los indios les cuentan que ya habían visto hombres con barba, que dos de ellos eran esclavos. Hernán Cortés recibe el mensaje y piensa que si viven entre los indios serán buenos traductores, justo lo que necesita, así que fleta expediciones para buscarlos y rescatarlos. Encuentran a Jerónimo Aguilar y les dice que hay otro español más, Gonzalo Guerrero, pero que es padre de tres hijos con una india, que lo tienen por cacique y que dice que no vuelve. Mateo-Sagasta se pregunta por qué no vuelve, ¿qué es lo que ha encontrado allí?

Alfonso Mateo-Sagasta presentando Caminarás bajo el sol
Alfonso Mateo-Sagasta presentando Caminarás bajo el sol. Foto: Toni Gutiérrez
Gonzalo Guerrero va a atravesar el golfo de México y va a morir luchando contra los españoles. Su muerte es una alegría para la Corona que le considera una vergüenza. Fue un hombre que vivió en los tiempos de la mayor aventura de la humanidad, hombres que descubrieron un mundo que llevaban en la cabeza. Están descubriendo lo increíble, lo más asombroso. Esa capacidad está presente en aquellos hombres. Lo que debió descubrir Guerrero fue una humanidad. Entendió que los indígenas también son humanos y se quedó por amor.

Ahora es un personaje que nos toca muy de cerca. Mateo-Sagasta nos dice que no juega como autor a convertirlo en mejor persona. Nuestros complejos como españoles hacen que nos cueste hablar de México como el desastre humanitario que fue. Los españoles llegaron a América a destruir un paraíso, aunque no era tal, sino que había tribus enfrentándose las unas a las otras, ajustándose cuentas pendientes. Los españoles se convierten en otra tribu más, en este caso dominante. Se mezclaron con los indios, pero no por su deseo. Exterminaron a los que estorbaban. Todo esto es importante decirlo. Para España, Guerrero se convierte en el gran traidor, pero allí es un héroe, un personaje simbólico. Narramos la historia hacia el futuro, según lo que queremos ser. Guerrero es una utopía. El mestizaje es algo positivo porque nos enriquece a todos y abre una vía de comunicación nueva.

Todo lo que cuenta en Caminarás bajo el sol es ficción. Lo que Mateo-Sagasta conoce es que fue esclavo y que le dijo a Hernán Cortés que no. Lo demás es cosa suya. Le interrumpe Taibo para decir que la novela tiene la capacidad de contar la Historia, pero con el material y documentación que existe no se llenan diez folios.

Mateo-Sagasta dice que la novela habla de la historia y que sobre ella mete los elementos narrativos que le interesan. Cuenta la progresión y los éxitos que Guerrero consigue en el mundo indígena. Cuando llegan los españoles, los mayas están en decadencia, su gran pasado está en el olvido. Mateo-Sagasta organiza la historia como quiere, tomando sus decisiones literarias. No se puede decir que falsee la historia, la realidad es que no hay datos ni en un sentido ni en otro.

Así acaba su presentación, ya está libre para prepararse, esta noche los autores tienen su tradicional gran concurso de Karaoke en el hotel Don Manuel y Mateo-Sagasta no va a faltar.

Fernando Marías habla a los jóvenes de los muertos de la Guerra Civil que siguen sin tumba

Marías presenta en la Semana Negra su novela El silencio se mueve


Lunes 25 de julio de 2011. Gijón


Fernando Marías durante la presentación de El silencio se mueve
Fernando Marías durante la presentación de El silencio se mueve. Foto Toni Gutiérrez
Una Semana Negra sin Fernando Marías no sería lo mismo. Su pericia contando historias en las presentaciones de libros es conocida y manifiesta. En este caso presentaba El silencio se mueve.

Vestido de rojo, como la mancha que recorre la portada de su novela, de pie y con puntualidad de reloj suizo comenzó su presentación. Lo primero fue abrir una carpeta de cartón con un cartel promocional. Dejó un tiempo para las fotografías, pues estos son tiempos llenos de flashes y empezó.

«Nada es lo que parece». En realidad lo que contiene el cartel es la resolución de un largo enigma, la muerte de un miembro de su familia y que gracias a la escritura del libro se resolvió. Es una novela juvenil para todos los públicos, que también pueden leer los adultos. Ha estado promocionándola con charlas en los institutos, en ellas siempre preguntaba a los alumnos lo que veían el dibujo de la portada. Una mancha de pintura, de vino, de Ketchup para el hambriento. Una cabeza de gallina, alguien incluso vio la misma cabeza de gallina pero degollada. Fernando Marías explica que lo que contiene el dibujo es el corazón del libro, un sentimiento desgarrado. Pero para conocer el secreto hay que leer la novela y es sus últimas páginas se comprenderá.

Hace algún tiempo le convocaron de la editorial SM para que escribiera este libro. Le pidieron que tuviera de todo: páginas web, música, cine, cómic… Aunque le apasionan las nuevas tecnologías, no es experto en ellas. Pensaba que los elementos tecnológicos podrían desenfocar la historia. Se han creado páginas web con pistas falsas colgadas para que personajes de la novela puedan ser encontrados a través del buscador de Google. No quería que la tecnología absorbiera el libro. Cuando le dieron esta oportunidad pensó que quería tratar un tema esencial con una asignatura pendiente, hablar a los jóvenes de los muertos de la Guerra Civil que siguen sin tumba. Que la juventud tenga criterio propio sobre este asunto, que sepan que nuestro país es un gran cementerio clandestino y que es necesario abordar el tema para que pueda reposar. Pensó que al hablar de esto con la editorial le dirían que no. Se equivocó. En nuestro país hay miles de personas en fosas, así que como escritor tenía la necesidad moral de contarlo.

La historia es lineal, un libro clásico, transcurre en un paisaje de un gran caserón sobre unos acantilados. Pero al llegar a la página 200 de El silencio se mueve, el lector se encuentra con un cómic de 36 páginas que el personaje Joaquín Pertierra, de quien sabemos que es un ilustrador, dice ser su autor. El dibujante quiere contarle a su hijo lo que sucedió en la Guerra Civil y para ello realiza esta historieta gráfica. Cuando el lector llega a esta parte empieza a sospechar que lo leído hasta ahora podría ser de otra manera, se plantea entonces quién miente (narrador, el cómic…) Cuando llega al final del libro tiene que leer otra vez el cómic (en realidad ilustrado por Javier Olivares que por contrato no podía firmarlo para mantenerse la ficción literaria de Pertierra) porque tiene otro sentido.

Fernando Marías mostrando el cómic incluido en El silencio se mueve
Fernando Marías mostrando el cómic incluido en El silencio se mueve. Foto Toni Gutiérrez
Cuando Fernando Marías empezó a escribir el libro acudió al Centro de la Memoria Histórica en Salamanca. Aquí hace un punto y aparte para contar su historia familiar. Habla de que cuando comenzó la Guerra Civil, las tres provincias vascas quedaron divididas. El gobierno vasco se puso como objetivo recuperar Álava para que así las tres estuvieran en la zona republicana. Muchos se alistaron. Eran jóvenes que se encontraron con expertos militares del otro lado. Las balas de los republicanos no servían para sus armas, no tenían médicos… El resultado: una escabechina. El padre de Fernando Marías tenía entonces 16 años y junto con su hermano Luis se presentaron voluntarios. Su tío Luis murió en aquella batalla sin una fecha cierta para la familia que solo recibió una carta comunicando que había muerto y se le había enterrado de forma anónima. La familia no contaba esta historia, ni siquiera entre ellos. Lo único que su padre decía es que él había tenido una buena vida de marinero mercante, pero que siempre pensaba en su hermano que murió de una forma absurda sin posibilidad de futuro y sin que la familia pudiera visitar su tumba.

Volviendo al Centro de Memoria Histórica, contó Marías que allí se guardan tres millones de fichas realizadas por el bando nacional y utilizadas para la represión. Le comentaron si quería buscar alguna ficha. Dijo que no, pero la segunda vez que se lo ofrecieron se le ocurrió mirar su apellido. Encontró la ficha de su padre que decía que había desaparecido el 26 de agosto de 1937. Resultaba brutal encontrarse con un documento que daba por desaparecido al padre que le había cuidado toda su vida. Encontró también la de su tío. Como faltaba poco para el 26 decidió volverse a Bilbao. Le puso las dos fichas delante a su padre. Es un hombre callado, pues el mar enseña a apreciar los silencios.

Recuerda entonces Marías la historia de su padre huyendo por Asturias. Le capturaron y estando entre los prisioneros republicanos le llamó un capitán del bando nacional. «¿Tú no eres ese chaval que jugaba con mi hijo?». Resultó que sí y el capitán le sacó de allí, le dijo que le enrolaría en el ejército nacional porque no podía soportar matar a alguien que pudiera ser su hijo. Tenía 16 años. El padre de Marías es un hombre de izquierdas que pudo desarrollar sus ideas gracias a un enemigo.

Con las fichas delante hablaron de la Guerra. Le dijo que los muertos tienen que descansar en un lugar donde la gente que les quiera les pueda visitar. Después le miró y le dijo a su hijo que lo que le había traído de él resultaba muy curioso, pero lo tremendo e importante era la ficha de su hermano y un detalle del que Fernando Marías no se había percatado. En ella figuraba la fecha de su muerte el 2 de diciembre de 1936. Gracias a ese papel pudieron saber el día en que murió. Su padre se había pasado toda la vida intentando encontrar cualquier detalle de la muerte de su hermano. A partir de aquel día pudo celebrar con más intensidad esa fecha para recordar a su hermano que murió en una guerra por una bala estúpida.

Esa fecha es lo que le ha regalado a su autor el libro. Los muertos deben tener su tumba. Es evidente que hubo asesinados en ambos bandos, pero cuando la guerra terminó el bando de los vencedores siguió asesinando a civiles en cunetas. El silencio se mueve es un libro militante en ese asunto, tratado sin crispación. Su oficio de escritor le permitió a Fernando Marías poder llevar a su padre la fecha en que murió su hermano.

Un policía metido a escritor

La sonrisa del vencido es la primera novela del autor avilesino


Lunes 25 de julio de 2011. Gijón


Manuél Álvarez-Xagó presentando su libro La sonrisa del vencido
Manuél Álvarez-Xagó presentando su libro La sonrisa del vencido. Foto Toni Gutiérrez
Tocaba presentar La sonrisa del vencido en la Semana Negra, una novela policiaca escrita por el avilesino Manuél Álvarez-Xagó.

Abrió la presentación Román Antonio Álvarez, concejal de cultura del ayuntamiento de Avilés, primero para hablarnos de su autor que estudió derecho y que ahora trabaja en los cuerpos de seguridad del estado en Madrid. Después para describir la novela de la que destacó que se lee muy fácil, que es policiaca y gira entorno a un asesinato buscando cómo se perpetra y de que forma se resuelve. Está desarrollada en una ciudad imaginaria que se corresponde con Gijón y con muchas referencias asturianas.

Álvarez-Xagó parece sentir la nostalgia del que está fuera. Lo hace poniendo cielos plomizos, como a punto de llover siempre. Ha querido escribir una novela negra creíble, un drama realista como prefiere decir. No es una historia que haya pasado, pero podría ocurrir perfectamente. Ha querido contar el reflejo que los acontecimientos dejan en los caracteres de la gente y lo hace a través de unos personajes que son personas corrientes, ni héroes ni villanos, sometidas a situaciones extraordinarias en las que se ven sobrepasadas tomando decisiones en unos pocos segundos. Son situaciones límites que sacan lo mejor y lo peor de cada uno, eso es lo que le interesaba contar en la novela.

No acertó Álvarez-Xagó eligiendo la persona con quien compartir la presentación. Román Antonio Álvarez es un político que habla y que destaca virtudes, pero que utiliza demasiados tópicos para ello. En el fondo, apenas contó nada con significado propio fuera de los lugares comunes.