domingo, 8 de julio de 2012

Escribir y leer son dos sinónimos de imaginar

Los autores de la Semana Negra tratan de dar respuesta a lo que les atormenta de nuestra realidad


Domingo 8 de julio de 2012. Gijón

El sábado liberaron a la escritora mexicana Sanjuana Martínez. Taibo lo comunicó en la Semana Negra de Gijón cumpliendo su compromiso de mantenernos informados de esta noticia. La propia Sanjuana Martínez se ha puesto en contacto con varios semaneros para decir que se encuentra bien y agradecer el apoyo que le han prestado. Cuenta Juan Ramón Biedma que la mexicana le envió un correo del que extrae una de las frases: «La presión ejercida desde la Semana Negra fue finalmente lo que me liberó».

Ana Colchero, Los hijos del tiempo

Juanmi Aguilera y Ana Colchero durante la presentación (Foto: Toni Gutiérrez)
Juanmi Aguilera y Ana Colchero durante la presentación (Foto: Toni Gutiérrez)
Ana Colchero es una mujer comprometida que ha participado en muchos movimientos sociales en México. Antes de empezar la charla ha desplegado una camiseta negra de apoyo a los mineros. Se sujeta abierta bajo uno de los ejemplares de su novela Los hijos del tiempo para que en todo momento de la presentación se pueda leer la frase «No al cierre de la minería del carbón». Ella también llega reivindicativa, viste una camiseta negra con la leyenda «Rebélate!». Lo primero que comenta cuando toma la palabra es que se siente afortunada de estar en el lugar donde está pasando la historia. Lo dice por los mineros y aclara que son la vanguardia de las luchas sociales. Estar aquí le produce una profunda emoción, sobre todo por la gente entrañable y el recuerdo imborrable de haberlos conocido mientras luchan por la dignidad de toda la sociedad. Añade que por su experiencia ha visto que somos un todo y lo que hiere a una parte nos hiere a todos.

Destaca Juan Miguel Aguilera de la novela de Ana Colchero su capacidad de hablar de nosotros mismos y de los problemas de ahora; que lo hace desde una sociedad no muy futura que bien podría ser el mundo en el que podría devenir nuestro planeta si las cosas no cambian. El origen de ese nuevo mundo se produce tras la caída de las Torres Gemelas en Nueva York. En él se desarrollan solamente dos razas, la de quienes viven en la superficie de una manera cómoda aprovechando la tecnología, y la de los que viven en el subsuelo porque son los que sobran en la sociedad cuando ya no se necesita la fuerza de trabajo. Añade el escritor que vivimos una época en la que predomina una idea sobre que el futuro que nos espera solo puede ser de color negro y la Ciencia Ficción se está empleando para señalar los problemas que nos están conduciendo hacia esa calamidad.

Ana Colchero explica que no sabía de qué forma abordar lo que estaba mirando, ese momento a partir del principio de siglo donde ocurrían cosas que hacían cambiar el eje del mundo: las Torres Gemelas, la tecnología… Reconoce que su formación como economista le permitía ver hacia dónde podían llegar esos cambios y quería dar una respuesta de por qué están pasando. La Ciencia Ficción le dio el pretexto para escribir del mundo de hoy desde otro lugar, y hacerlo sin perder su contenido social. Es la propia realidad quien nos está obligando a escribir estas historias, añade. Dice luego que en sus páginas abundan la ciencia y la tecnología porque son las que han ayudado a crear la sociedad de la novela. Para nombrar y describir a los personajes ha unido varias mitologías porque todas vienen a reflejar lo mismo, una corriente que nos une, una especie de conexión.

Su experiencia como actriz le ha servido para construir sus personajes tratando siempre de encontrar en ellos las acciones que marcan la vida de sus personajes. Los que viven en el subsuelo han tenido que desarrollar su inteligencia mucho más y el hecho de tener que sobrevivir cada día les ha dotado de una fuerza tremenda. Añade que la novela necesitaba de un impulso amoroso como motivo por el cual tuviera sentido querer salir del subsuelo. Confiesa que Los hijos del tiempo no cuenta lo que pasa después de la revolución.

Juan Guinot, 2022, La guerra del gallo

Juan Guinot presentando su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
Juan Guinot presentando su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
2022, La guerra del gallo, de Juan Guinot, es una de las novelas candidatas de este año al premio Celsius. Rodolfo Martínez comparte mesa con el autor y confiesa que si él fuera miembro del jurado, esta novela sería su favorita. Luego da sus motivos: es una historia sorprendente y a la vez curiosamente cotidiana en la que convivimos con un personaje inocente que no ha perdido su ilusión. Añade que es una epopeya contada en tono realista, pero con pequeñas pinceladas fantásticas. Nos recomienda que no nos leamos la sinopsis y acto seguido nos dice que su protagonista es un argentino que, a raíz de la invasión de los ingleses de las Malvinas, se ha creado un trauma profundo y que cuarenta años después desemboca en la idea de querer quitarles el peñón de Gibraltar.

El tema es el colonialismo y la territorialidad. Guinot revela que con trece años se anotó para pelear en la guerra de las Malvinas. Afortunadamente nunca le llamaron porque el haberse inscrito fue uno de sus mayores errores. Aunque el autor lo ha superado, su protagonista ha acrecentado esa locura, se ha preparado y se ha convertido en un hombre monotemático con un odio profundo a los ingleses y al colonialismo. Se ha creado traumas de guerra cuando él es un ex-no-combatiente. Ha crecido con las series americanas en las que el bueno nunca pierde y por tanto se pregunta cómo es que siendo él el bueno perdieran en las Malvinas. Se contesta a sí mismo diciendo que falta una segunda guerra. Le internan y uno de sus compañeros del hospicio le cuenta que él participó en la operación Algeciras, en la que cinco argentinos, cuando la guerra de las Malvinas, intentaron poner una bomba en un submarino británico que se encontraba en el Peñón de Gibraltar. Esa historia que le cuentan, el protagonista la convierte en la señal que esperaba.

2022, La guerra del gallo es un ejemplo de la manera en que trabaja Guinot. Lo hace sobre el dolor y la bronca que le produce lo que no le gusta, sufriendo con lo que escribe, costándole hacerlo. El autor confiesa que a él definitivamente le jode el imperialismo y también el onanismo del consumo a través del que se nos maneja a gusto de quien tienen el poder. Nos dominan con acciones de marketing. Lo sabe porque trabajó como gerente de marketing. Dice que en la novela hay muchas pinceladas autobiográficas, algunas reales que le sucedieron a él y otras que tocan a los personajes, como su propia abuela. Explica también que quería escribir una novela ágil porque a él lo que le gusta es el género de aventuras y el cine. Se ha preocupado especialmente en que tenga ritmo, algo que busca en la música que está en el texto. En su país, la novela ha dado origen a una obra de teatro que se estrenará en poco tiempo. Para ello le toco a Guinot pasarla de tercera persona a primera persona por petición del director.

Fernando Marías y Javier Olivares, Prisioneros de Zenda

Javier Olivares y Fernando Marías presentado su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
Javier Olivares y Fernando Marías presentado su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
El escritor Fernando Marías y el ilustrador Javier Olivares charlan animadamente ante el público para hablar de uno de sus proyectos que se ha convertido en el libro titulado Prisioneros de Zenda.

Para el desarrollo de este libro, Fernando Marías reconoce el influjo de la mítica película El prisionero de Zenda y de la no menos mítica novela que la inspiró. Cuando los dos autores coincidieron en un proyecto anterior, pronto se pusieron a hablar de cine mientras hacían aquel otro libro. Se sintieron de nuevo aquellos niños que soñaban con las películas que veían. Se preguntaron qué podían hacer que tuviera que ver con aquello. Marías escribió cuatro relatos y Olivares les dio la mano de ilustración. Sin embargo el escritor resalta que no es un libro ilustrado, ni tampoco un cómic, ni una novela gráfica. Es una cosa diferente a todo esto. Es Prisioneros de Zenda. Cada doble página funciona como una pantalla de cine.

Javier Olivares explica que le gusta el proyecto porque no viene de una editorial, sino porque lo crearon y lo armaron ellos dos, en un proceso creativo entre ellos. La ilustración y el texto se interconectan y hablan entre sí. Reconoce que es el libro más ilustrado que ha hecho nunca. Cada historia tiene su estructura cromática y un color predominante. Mientras dibujaba pensaba siempre en hacer evocaciones gráficas, como si de una película de la Metro de los años cincuenta se tratase. Dice que el resultado final es mucho más que la suma de las partes.

Los relatos de Marías se potencian con las imágenes de Olivares. Todos tienen una característica común, y es que son historias de aventuras donde importa el corazón humano y el drama de los personajes. Hay una de piratas, otra de zombies y otra que ocurrió el 2 de mayo de 1808 y se titula El preso de la cárcel del olvido. Los dos cuentan el origen del relato: cuando comienza el 2 de mayo, los presos quieren luchar contra los franceses. El director del penal les dice que les deja salir si compromenten su palabra de honor de que volverán a la noche, tras la batalla. Salieron 55 y volvieron 54. Del que no regresó no se supo nada y es el que les ha servido para su relato.

La cuarta historia es Xekt y las sombras. Reconoce Marías que como todos los relatos comenzaba con una frase, pero que Olivares le hizo la propuesta de que empezara sin palabras, algo más abierto al cinemascope. Los dos van contando la historia mientras nos enseñan los dibujos en grande de los que han eliminado el texto. Narra la historia de un militar del que no se sabe ni el ejército al que pertenece, ni el país al que sirve, solo se conoce que va en busca de un monstruo: el terrible trepador del bosque del norte. En la búsqueda cae en una sima donde solo hay oscuridad total, momento que les sirve para hacer un flashback con una historia que refleja los terrores personales que la oscuridad nos producen. Cuentan que la idea les vino de una historia que contó Marías: Un hombre es capturado por sus enemigos. Para torturarle le encierran en un recinto que se mantiene siempre en la oscuridad total. El prisionero no se atreve a moverse al principio. Luego, muy despacio, va tocando para descubrir que se encuentra en un espacio mínimo y rectangular. En un momento intenta acercarse al centro y descubre una masa: una cosa grande, peluda e inmóvil. No sabe lo que es, pero está aterrorizado. Solo cuando lo liberan descubre que es en verdad la cosa peluda. Contada la historia vuelven a Xekt, al que habían dejado en la sima y que ya va sintiendo como el trepador desciende. Saca su revolver preparándose para defenderse, su pierna está rota y no puede huir. Desfallece. Aquí dejan la historia para que sea el lector quien descubra su final.

sábado, 7 de julio de 2012

Literatura y política van de la mano

La Semana Negra muestra su compromiso con la realidad


Sábado 7 de julio de 2012. Gijón

Ya está todo en marcha. A la Semana Negra de Gijón le ha acogido este año el espacio que ocuparon los antiguos terrenos de los astilleros de la Naval. El sitio cambia, pero el espíritu, aunque se renueva con cada edición, permanece fiel a esa mezcla heterodoxa en la que igual encajan la presentación de una novela como una vuelta en noria o unos chorizos a la sidra.

Presentación cruzada: Empar Fernández, Sin causa aparente, y Jon Arretxe, 19 cámaras

Juan Bolea, Empar Fernández y Jon Arretxe durante la presentación. (Foto: Toni Gutiérrez)
Juan Bolea, Empar Fernández y Jon Arretxe durante la presentación. (Foto: Toni Gutiérrez)
Se cruzan dos autores, Empar Fernández y Jon Arretxe para presentar sus novelas. Les conduce Juan Bolea. El conductor quiere dejar claro que en la división ortodoxa del género se considera novela policiaca aquella que deriva de un enigma y negra a la que lo hace de un conflicto. Así que si tuviera catalogar ambas novelas, la de Fernández, Sin causa aparente, pertenecería al primer grupo y la de Arretxe, 19 cámaras, al segundo.

Arretxe acepta con humor la clasificación. Dice que no lo había pensado antes, pero que su personaje es negro, es el centro de la novela, así que supone que sí. Es un inmigrante, se llama Touré y vive en una especie de piso patera en el barrio de San Francisco de Bilbao. Un día se le ocurre convertirse en vidente y a partir de ahí le van surgiendo casos. El gueto de San Francisco es un lugar incómodo para los gobernantes de la ciudad. Así que han decidido poner cámaras de videovigilancia para contralar el barrio. Instalaron 19 cámaras, las mismas que dan título a la novela y que Arretxe ha decidido convertir en narradoras, igual que Touré. Por la historia pulula una idea de impunidad y un cierto humor africano desde el que contar lo trágico. Para escribir 19 cámaras el autor estuvo viviendo dentro del barrio, en un piso que le dejaron. Descubrió que es muy diferente verlo desde dentro. Touré se levanta cada día con la intención de sobrevivir. De él se aprovechan los demás, pero también usa sus trucos, lo que sabe que funciona.

Empar Fernández no cree en el destino, pero sí tiene la sensación de la fatalidad, la que nos lleva a estar en el momento equivocado. Conoce personas a las que la vida se les ha roto en un instante así. En este sentido habla de una de las noticias que sirvieron de base para su novela Sin causa aparente, la de un joven que se paseaba con una droga llamada líquido de brujas (burundanga) que servía para narcotizar a mujeres y romper el control de su voluntad. En la historia hay un enigma que es necesario resolver para quitarse de encima una cierta culpabilidad por no haber visto venir lo que ocurrió.

Homenaje a la revista Nueva Dimensión

Luis Vigil con el recopilatorio de Nueva Dimensión (Foto: Toni Gutiérrez)
Luis Vigil con el recopilatorio de Nueva Dimensión (Foto: Toni Gutiérrez)
Explica Ángel de la Calle de la revista Nueva Dimensión que a través de los relatos de Ciencia Ficción que publicaban nos contaban que existía una cosa que se llamaba libertad que nosotros no teníamos, pero que se podía conseguir. Cada número era una espacie de rayito de sol y todos querían lo que Nueva Dimensión anunciaba. Era una revista política con la que se creaba hegemonía cultural. Ahora tenemos concejales, pero hemos perdido esa hegemonía cultural. Hoy la Semana Negra de Gijón quiere rendir homenaje a Luis Vigil, uno de los tres editores de la revista, y a la publicación. Si en España tenemos escritores de Ciencia Ficción es gracias a Nueva Dimensión.

Luis Vigil se muestra emocionado. Cuenta que un amigo decía de Nueva Dimensión no era una revista profesional, sino un fanzine de lujo. En 1969, cuando empezaron, eran otros tiempos, había un caldo de cultivo fenomenal y eran jóvenes, así que tenían muchas ilusiones. Los escritores querían publicar y aceptaban no cobrar. Al recuperar contactos para publicar este libro recopilatorio, todos aquellos a quienes llamaba se mostraban encantados. Todos recuerdan la revista con cariño. A Vigil, este número le ha servido para recuperar la juventud y se le nota, pero explica que lo ha hecho con dos intenciones, la primera para que la gente que había oído hablar de ella pudiera recuperarla y la segunda es la de que pudieran descubrirla aquellos que no la conocían. Habla después de los tiempos de la censura, donde tenían que llevar cada número antes de salir, y de los censores que usaban su lápiz rojo como una vara de poder. De como les secuestraron el número 14 por un relato en el País Vasco. Empezó a correr el boca a boca y los amigos que vivían fuera de España empezaron a protestar. Incluso tuvieron que decirles que pararan. Con Nueva Dimensión se creó una especie de hermandad secreta entre sus lectores, todos eran amigos en lugar de una empresa y sus clientes, algo que en su carrera no se ha vuelto a repetir. Funcionaba la amistad y la solidaridad a nivel mundial. Entonces se podían hacer cosas sin dinero, ahora es un mundo demasiado minado por los grandes, lleno de marketing y publicidad, algo que hace que se publiquen los libros que ya están vendidos y que en esa decisión no intervenga la calidad. La cultura no va a desaparecer, simplemente va a tener que cambiar de formato. Cuenta que aprendió inglés para poder leer Ciencia Ficción y sigue con las anécdotas como que un día el cartero le contó que le estaban vigiliando porque recibía mucha correspondencia, algo que se debía a los intercambios con otras revistas del género. Dice que la literatura que recogían sus páginas nacía de la desesperanza de aquel tiempo, pero que a la vez transmitía lo contrario: esperanza de un cambio, de los mundos que podían estar aquí. De aquellos catorce años de la revista dice que fueron buenos tiempos, que no les dio de comer, así que tuvieron que hacer otros trabajos para otras revistas. Recuerda que cuando cerraron todo el mundo le preguntaba por qué, «cabrones, porque no nos comprábais». Así es la vida.

Paco Taibo, publicó en Nueva Dimensión. Dice que en su infancia era un lector de novelas, pero que no le atraían ni las revistas ni los críticos que no contaban de que iba el libro. Leyó a Bradbury y le desconcertó, tanto que se hizo lector de Ciencia Ficción. Nueva Dimensión le cautivó y le sirvió como guía de lectura al abrirle una puerta a ese género. Señala que aquella revista le convirtió en un lector profesional. De entonces ya recuerda que era un adolescente muy politizado, y que lo sigue siendo. Nueva Dimensión era una forma muy inteligente de militar no estalinista, un contrapeso de la realidad que nos enseñaba el inmenso poder de la literatura, en la que todo era posible, sin miedo, jugando, de una manera libre. Dice que leer Nueva Dimensión era una manera de ser libres, cultos y de extrema izquierda. Atesora muchos de los números, pero no ha conseguido tener la colección entera, pero como no quiere «perder» ninguno de los números ha optado por no prestarla, eso sí, a los amigos les deja leerla en su casa. Así ha logrado conservarla.

Otro de los escritores que publicó en Nueva Dimensión es Juan Miguel Aguilera. Dice que se sentía solo en el universo porque en aquellos tiempos en los que no había internet, si no encontrabas un vecino que compartiera tus aficiones te sentías solo. Cuando descubrió Nueva Dimensión y sus páginas verdes llenas de cartas de los lectores y de discusiones entre ellos, se dio cuenta de que había más gente como él y que la revista era un punto de contacto. Cuenta que si no hubiera vivido su afición de esta forma no habría llegado a ser escritor. Le resultó definitivo un cuento de Rafa Martín que le enseñó que un español podía escribir Ciencia Ficción. Añade que su primer cuento se publicó en Nueva Dimensión y que aquello fue definitivo.

Rafa Martín dice que las páginas verdes de entonces eran equivalentes a internet. Explica que él llegó tarde a escribir para la revista. Cuenta con gracia y con cierta ternura que la conocía de nombre, pero que nunca la había leído; hasta Cádiz no llegaba, estaba muy lejos. Un día se encontró un número en el lugar menos esperado, con sus ahorros y los de su hermano lo compraron. «Eligieron mal», en él había una campaña para salvar la revista, «algo así como salvar a un negrito», así que se suscribieron. Luego descubrió que colaborar era mejor: te mandaban dos ejemplares. Dice que en sus páginas había de todo, que era una cosa muy divertida para los lectores.

Cuando le toca el turno a Elia Barceló dice que ya no le queda mucho que contar, que sus experiencias también son como han contado sus compañeros. Ella era una chica rarita que estaba casi siempre sola porque era más divertido leer que la gente de su edad. La revista le enseñó que había más gente como ella. Fue una guía de recomendaciones. No fue un gueto de hombres, también había mujeres. Cuando descubrió que no podía ser astronauta, se dijo que lo que sí podía hacer era escribir historia donde hubiera mujeres astronautas. Para eso le sirvió Nueva Dimensión. Fue ese portal dimensional a muchos mundos y a poder decir lo que se piensa, pues con esto no se metía nadie porque pensaban que no eran más que tonterías. No se daban cuenta que aquello era una bomba de relojería. Termina diciendo que aquellos relatos que se leían en Nueva dimensión abrieron un mundo a toda su generación.

Olga Rodríguez, Yo muero hoy

Olga Rodríguez durante la presentación de su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
Olga Rodríguez durante la presentación de su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
En Enero de 2011, Olga Rodríguez estaba en Bagdad formando parte de una comisión judicial para realizar una inspección ocular como testigo directo del caso del asesinato de José Couso por militares estadounidenses. Allí recibió una llamada de un amigo egipcio que le preguntó si se había enterado de las revueltas importantes que había en su país. No quiso perdérselo y se fue a El Cairo. Las revueltas no surgen de la nada, por generación espontánea, sino que llevan años de trabajo y de activismo constante. Ese es el motivo de escribir Yo muero hoy un libro que trata de romper estereotipos del mundo árabe, algo que las primaveras árabes ya se han encargado de tirar. No todo son fundamentalistas barbudos y mujeres sometidas. Hemos visto que hay musulmanes que desean un estado laico. Un sector importante de la sociedad de estos países ha dado un puñetazo en la mesa en un proceso que les ha llevado del derrotismo a la indignación, luego a la acción y finalmente a la rebelión para dejar de ser súbditos y convertirse en ciudadanos. Sus demandas son políticas, sociales y económicas, ni fundamentalistas, ni religiosas. No quieren una democracia importada, con las mismas debilidades en la que los políticos jueguen un papel de gestores de los organismos financieros y del poder. Cita a Martin Luther King: «La rebelión es el lenguaje de los ignorados».

Olga Rodríguez denuncia que desde que cayó Mubarak se han producido más de cien muertos y que ha habido 12.000 juicios militares a civiles. Después habla de las causas, de ese tejido que se había creado previamente, del eslogan que da origen al título del libro y de otros detalles que ya hemos recogido en estas páginas. La escritora cierra explicando que las revueltas de las Primaveras árabes nos han ensañado tácticas, que compartimos retos y sobre todo nos han transmitido fortaleza.

Guillermo Toledo, Razones para la rebeldía

Guillermo Toledo presentado su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
Guillermo Toledo presentado su libro (Foto: Toni Gutiérrez)
Segundo es un minero de Cangas de Narcea que está en huelga indefinida. Cándido un antiguo trabajador de los astilleros. Son dos luchadores, algo que los medios silencian mucho, como la represión tan grande que estamos viviendo. Hoy han detenido a 11 personas por los sucesos de Pola de Lena, donde la policía cargó contra los habitantes de esta localidad por el simple hecho de solidarizarse con la lucha minera. La presentación de Razones para la rebeldía de Guillermo Toledo quiere hablar de nuestra realidad y se ha transformado en un acto de solidaridad con la lucha minera.

Segundo hace un análisis de como está el conflicto minero: hay varios encerrados desde hace 42 días en pozos, en el ayuntamiento de Cangas de Narcea y en la diputación de León. Los mineros están realizando varias actuaciones como cortes de carreteras y peleas con los antidisturbios. Los medios y el gobierno comparan a los mineros con los terroristas. Dice que ellos no tratan de molestar a la gente, ni de que les machaquen los antidisturbios, que lo que están es protestando por el incumplimiento del plan del carbón, por esa reducción del 60% de las ayudas y del 40% de la producción. Eso significa el cierre de la mina y la muerte de las comarcas mineras. Todo el sector eléctrico español está subvencionado y el carbón es la fuente energética que menos recibe por kilovatio producido. Por cada euro que da el Estado a la minería recibe tres por vía de impuestos que les descuenta a los mineros. Ellos están defendiendo su puesto de trabajo y el futuro de sus comarcas. Por esa defensa lo que reciben es represión. No son terroristas.

A Candido se le hace difícil entrar por las puertas de la Semana Negra. Hoy, cuando lo ha hecho no ha visto las gruas y la gente trabajando en el astillero. Aquello que fue su lugar de trabajo se ha desmantelado y en su lugar hay carpas. No está en contra de la cultura, pero dice que hay que priorizar la industria. Señala que nos están tratando como a esclavos y explica que el estallido de la minería para defender sus puestos de trabajo es una señal de esperanza. Los mineros están en la calle, donde deberíamos estar todos. Aquí el único que practica el terrorismo es el sistema que está acabando con los derechos de la ciudadanía. Si todo el mundo hiciera como los mineros, no tendríamos cinco millones de parados. Cuando un pueblo defiende a los trabajadores no se puede perder.

Guillermo Toledo explica que aún no han conseguido reducirnos a seres individuales sin capacidad de juntarse. Lo intentan, pero aún no lo han logrado. De eso va Razones para la rebeldía, de juntarnos, organizarnos y desenmascarar la realidad porque es radicalmente falso lo que nos están diciendo desde los gobiernos y los medios. Ninguna de las medidas que se están tomando sirven para salir de esta gran estafa que han llamado crisis, sino todo lo contrario. Estas medidas van orientadas a aniquilar los derechos sociales y políticos de toda la ciudadanía porque forman parte de una estrategia. Tenemos que aunar todas las luchas. No podemos dejarnos engañar por los medios que defienden los intereses de las empresas que pagan su publicidad de la que viven o que están dirigidos por intereses de un partido político. De los mineros dice que lo suyo es resistencia y que hay que mantenerla. Habrá represión esperándonos, pero no debemos tener ni una gota de miedo.

El cine en la Semana Negra

La carpa A quemarropa se convierte en cine portátil para proyectar el documental La línea invisible de Lisa Díez, del que ya hablamos aquí ayer. Dentro de la programación organizada por los movimientos culturales en la Semana Negra se proyecta la película Interferencias que hace unos días cerró la muestra de Cine de Lavapiés.

viernes, 6 de julio de 2012

Rumbo a Gijón

Arranca la edición veinticinco de la Semana Negra de Gijón


Viernes 6 de julio de 2012. Tren Negro de Madrid a Gijón

Paco Taibo en el tren negro
Paco Taibo en el tren negro
Hay quien piensa que la Semana Negra de Gijón arranca en el hotel Chamartín de Madrid, cuando se recoge la acreditación y el camino de los cien metros, todos en fila, hacia el tren negro en el que siempre se despista algún autor. Hay quien piensa que el pistoletazo es el discurso de Paco Taibo diciendo que hay mucho por hacer y poco tiempo, así que si eres veterano ya sabes que toca y si eres novato lo que hay que hacer es pegarte a un veterano. Hay quien piensa que el verdadero momento de arranque es la foto previa a subirse al tren negro, la que mañana será portada del A Quemarropa. En realidad todo empieza cuando acaba la anterior edición, ahora solo es la puesta en escena de lo pensado, el momento de hacer realidad el mejor festival de novela negra otra vez.

Este año el tren es largo, pero todos nos agrupamos en los tres últimos vagones, dejando libres los primeros para que viajen con nosotros los fantasmas de todos aquellos semaneros que han pasado por Gijón en alguna de sus ediciones anteriores y que este año no pueden acudir. Tienen sitio para ir cómodos, estirar las piernas y hasta contar sus historias que suenen como eco del viento. Me gusta pensar que los interventores de Renfe hacen este viaje por gusto. Algo en sus caras les delata, parece que están más contentos. Uno de ellos, que hoy no viste uniforme, ya nos acompañó otros años y hoy repite. En realidad, esa idea que pongo en ellos es un reflejo propio, la sensación que yo albergo cuando me subo al tren, la de que no voy a cubrir un festival sino a vivir la vida a morro de la propia botella.

Paco Taibo abre las ruedas de prensa en el tren negro. Cuenta que Sanjuana Martínez, escritora mexicana finalista al premio Rodolfo Walsh de este año con su libro La frontera del narco, lleva tiempo trabajando para informar sobre temas de narcotráfico, especialmente este último año donde ha buscado vínculos entre gobernadores priistas y narcos. Se trata de una periodista destacada y comprometida. Ayer fue detenida por la policía en su casa de Monterrey en un gran despliegue con armas largas de fuego. Durante una hora estuvo desparecida. La causa de la detención se debe a un juicio por la custodia de sus hijos que está pendiente. Hace una semana, la propia Sanjuana Martínez había denunciado a esta misma jueza por un asunto de tráfico de niños. Taibo indica que en estos momentos no tiene información sobre si ya ha sido liberada y explica la potente campaña organizada en la red en México exigiendo su liberación. Desde la Semana Negra se considera que se ha producido un abuso, ya que el despliegue realizado para un mero trámite resulta un elemento intimidatorio. Se suman por ello a la demanda de liberación. Taibo promete mantenernos informados con las noticias que le vayan llegando.

Mineros en lucha

Mineros esperando el tren negro en Mieres
Mineros esperando el tren negro en Mieres
En La Robla el tren se detiene. En Ciñera los mineros han cortado las vías y el tráfico se ha interrumpido. Todas las conversaciones hablan de ellos, de la lucha que mantienen, de ese pulso contra un gobierno sordo y mentiroso que hace papel mojado de los acuerdos firmados. Se habla de los sucesos de ayer de Pola de Lena, de las pelotas de goma que utilizan los antidisturbios, de los encerrados en los diferentes pozos de los que los informativos de la televisión siguen sin hablar… Cuando el tren arranca, detrás de mí escucho la voz de Taibo que dice «esta es la realidad de este país». A la Semana Negra le gusta mirar de frente a los problemas, es la única manera de entenderlos y tomar partido por lo justo.

Por la ventana surge el paisaje que veo a diario en los numerosos vídeos que cuelgan los medios independientes sobre el conflicto en las cuencas mineras. Lo miro con tristeza y pienso en los que caminan hacia Madrid, en esa marcha para defender su trabajo y el futuro suyo y de las siguientes generaciones. ¿Qué les pasará por la cabeza mientras caminan? A mí, aquí, me vienen ellos, su corazón, su esfuerzo, su lucha de clase, el plantarse y decir basta ya.

En Mieres tenemos la parada de la comida. Nos recibe una comitiva de mineros. Cuando bajamos del tren nos aplauden. Les devolvemos los aplausos. El andén está lleno, surgen abrazos, palabras de apoyo de un lado hacia al otro. Compartimos la lucha, la solidaridad. Taibo se enfunda una de las camisetas negras que llevan los mineros. Más aplausos. Puño en alto se canta Santa Bárbara bendita. Escuchársela a los propios mineros produce una emoción especial, más honda, como sus voces cargadas de verdad, conocedoras del sufrimiento con el que se extrae de la tierra el carbón, de los compañeros que se han quedado por el camino. Es un momento mágico en el que uno cree que la razón de los hombres y mujeres se impondrá a los falsos números de este capitalismo inhumano, que las personas deben situarse siempre por delante de los beneficios. Juntos, mineros, autores y prensa recorremos un trecho. Antes de despedirnos, hacemos una pequeña sentada donde se corea «somos mineros, no terroristas».

Dentro de un vagón

El tren negro es una experiencia. En él ocurren muchas cosas que con lentitud nos van acercando a Gijón, a lo que vamos a vivir los próximos días. Hay quien lo expresa como un viaje interior previo que te va cambiando el estado de ánimo, preparándote para eso que va a llegar. Pero también hay un viaje exterior, en el que participan los demás. Asisto sentado en mi butaca del tren y en primera fila a un concierto improvisado. Javier Márquez desenfunda su guitarra y le acompaña Carmen con su violín. Tocan bien, cantan suave. El repertorio es de lo más variado: Beatles, Sabina, Serrat, Los mismos, José Luis Perales… Se suman al coro muchas otras voces. Así pasamos algo más de una hora. Luego vuelven las charlas que se van hacia los recortes, sobre todo de la educación. Se habla de cine, se recomiendan series, pero sobre todos se habla de pasiones.

Había interrumpido las ruedas de prensa y sin querer había dejado de hablar de libros durante unos cuantos párrafos. Es lo que tiene la Semana Negra, que es mucho más que literatura.

Lisa Díez, La línea invisible

Lisa Díez en el tren negro
Lisa Díez en el tren negro
Para la segunda rueda de prensa se escucha hablar del cine que ha pasado por la Semana Negra y de algunos de los ciclos que se han programado en los años pasados. Del documental La línea invisible habla su directora Lisa Díez. Explica que lo rodó en México, en un pueblecito llamado El Alberto de la comunidad indígena ñañú. Allí realizan cada fin de semana la caminata nocturna, una especie de espectáculo en el que simulan cruzar la frontera con EE.UU., con las misma vicisitudes de sed, hambre y la migra. El Alberto se convierte por una noche a la semana en un parque temático indigenista abierto a turistas. Es un entrenamiento y también una forma de que se pueda percibir lo difícil que es cruzar la frontera. El espectáculo se hace con las propias experiencias de los vecinos y cada año cambia, se incorporan nuevas vivencias. La directora explica cómo conoció la caminata nocturna. En 2004 visitó México por primera vez y se encontró a unos turistas que acaban de hacerla. Le interesó el tema.

Hablando de El Alberto, cuenta que muchos de sus vecinos viven en los EE.UU. pero que tienen la obligación de volver al menos una vez cada año para trabajar para la comunidad en sus infraestructuras, quien no lo hace pierde sus tierras. Para el espectáculo, participan un mínimo de 20 personas y tiene un precio simbólico. Los turistas, en su mayor parte mexicanos de clase media de la zona central, se divierten. Acuden en familia e incluso hay una caminata light organizada para los niños.

Taibo explica que han elegido esta película para pelear contra los estereotipos y hablar de esa frontera que es un coladero a través del que se provee a los EE.UU. de mano de obra. Explica que ahora, los narcos se han hecho con el control paramilitar de la frontera norte.

Ana Colchero, Los hijos del tiempo

Ana Colchero en el tren negro
Ana Colchero en el tren negro
Juan Miguel Aguilera presenta a la mexicana Ana Colchero, la autora de la novela Los hijos del tiempo. Del libro dice que es fascinante y que ha sabido encontrar la esencia de la Ciencia Ficción porque habla del presente, de los tiempos de ahora, pero observa los problemas desde un ángulo diferente, desde una distopía futura de nuestro mundo que permite interpretar los valores de nuestra historia. Antes de dar paso a la autora, Aguilera señala lo visual que le ha resultado la novela.

Dice Ana Colchero que con esta su segunda novela se planteó cómo contaba lo que estaba viendo, el cambio de eje que estaba tomando el mundo. Recurrir a la Ciencia Ficción y al futurismo para ello fue estupendo, porque le ayudaba a crear personajes muy diferentes. El futuro para Colchero es un mundo con dos castas, una que vive en la superficie y otra en el subsuelo. Cuenta la autora que se sorprendió en un viaje a Nueva York porque los homeless habían desaparecido del entorno visual de la ciudad. Las autoridades negaban su existencia, la vida secreta de su subsuelo donde terminan todos los que empezamos a sobrar porque ya no somos útiles (laboral, económicamente…)

Colchero reconoce que es aficionada al género. Su anterior novela Entre dos fuegos es una historia realista, y la siguiente, la que está escribiendo ahora, también. Dice que será una novela para hablar de la violencia de género. Ella es economista de profesión, pero no le gustó ejercer. Aquel tiempo se lo tomó como un periodo de espera antes de empezar a escribir. También ha sido actriz, lo que le ha servido para crear los personajes y también para poder aplicar un estilo cinematográfico a su escritura que hace la novela más visual.

Ahora vive en España y dice que está viendo como la sociedad se está separando en dos grupos, los que están viviendo en el paraíso y los que sobran. Se sorprende porque aquí se están tomando las mismas medidas que se tomaron en México. Habla de la miseria en su país como resultado y que aquí también se nos viene encima si elegimos el mismo camino.

Cuando le preguntan por qué recurre en varias escenas a lo sexual explica que es una forma de agarrarse a la vida.

Empar Fernández, Sin causa aparente

Empar Fernández y Juan Bolea en el tren negro
Empar Fernández y Juan Bolea en el tren negro
A Empar Fernández la presentan los escritores Cristina Macía y Juan Bolea. Dice Macía que la Semana Negra tenía una deuda con Fernández, porque es una de esas novelistas que siempre nos está regalando novelas sólidas. Lo hace de una forma constante, pero solo es la tercera vez que viene invitada. Sus novelas hablan de la búsqueda de la verdad de una forma suicida, que se hace pese a todo. Son búsquedas tristes que van a hacer daño a quien las emprende.

Juan Bolea, por su parte, habla del gusto y estilo de la autora, con una técnica muy depurada de escritura refinada y con gran dominio del género. Y añade que la novela es magnífica, ágil, intensa y muy bien cerrada. De su protagonista, el subinspector Nasarre dice que es un policía absolutamente normal y corriente, ajustado a su entorno.

Empar Fernández añade que su personaje es un gran observador, que no se ha endurecido con el paso de los años, ni con los casos que le han tocado, sino que se ha hecho más humano, capaz de entender tanto a la víctima como al delincuente. El subinspector Nasarre es un hombre que tiene un oficio, lo conoce y lo hace bien. La novela nace de dos noticias de prensa. La primera es sobre el suicidio de una mujer con una vida aparentemente feliz. La segunda es un recorte que habla de la aparición de un producto sintético para controlar la voluntad. Explica que a la hora de escribir solo tiene su método: un punto de partida. Luego, la escritura ya le hará ir construyendo la novela. Añade que resolver un caso no significa traer justicia y no siempre sirve para dar satisfacción.

lunes, 2 de julio de 2012

El trompoetista trama la vida con los versos de Benedetti

El actor Enrique Asenjo ofrece un excelente monólogo lírico


Lunes 2 de julio de 2012. La casa de la portera. Madrid

Cartel de la obra de teatro El trompoetista
Cartel de la obra de teatro El trompoetista
A la puerta del número 24 de la calle Abades, a eso de las nueve de la noche del primer lunes de julio, hay varias personas que esperan. Se dividen en grupos que charlan entre ellos de sus cosas o fuman un último cigarro o miran simplemente la calle, sus edificios y su tránsito. Del bar de al lado, el que se llama Cervecería El Trebol, cada poco, alguien asoma la cabeza a ver si siguen allí los demás en su espera. La puerta de La casa de la portera se abre al fin y esas personas van entrando despacio, en fila, manteniendo los mismos grupos de fuera. Les recibe Alberto Puraenvidia diciéndoles que el espectáculo es en la sala roja. Los que estaban afuera, incluidos los de dentro del bar, ahora esperan sentados sobre distintas sillas tapizadas de diferentes maneras y en varias telas. Las sillas están colocadas de forma que rodean todo el perímetro de la sala, dejando libre una amplia puerta de dos batientes que permanece abierta. Por ella se cuela un hombre que toca una trompetilla de plástico. Viste un sombrero un tanto chafado, un abrigo largo al que le falta uno de sus dos botones dorados de la parte trasera y una condecoración en la solapa que insinúa un pasado más glorioso que este presente. Debajo del abrigo un chaleco alegre, y bajo éste una camiseta roja con algún lema posiblemente reivindicativo pero que la opacidad del chaleco no permite distinguir. Es un atuendo construido de retazos. El hombre carga con una maleta antigua que ha recorrido todo el mundo de la imaginación. Es el El trompoetista, un personaje que ha hilado su vida con los poemas de Benedetti.

Los versos del maestro se mueven de igual forma entre lo íntimo y lo más universal, como si los dos conceptos fueran parte de lo mismo, como si no hubiera separación entre ellos. En el fondo se trata de entendernos cada uno a nuestra manera, con trampas o sin ellas, y si hay que romper algún que otro mito lo hacemos. Lo importante, como nos enseñó el maestro, es siempre lo sencillo. Deberíamos aprender a mirar la realidad con otra mirada, más tierna, cargada de humanidad con nuestros semejantes. Deberían obligarnos a dedicar el tiempo a querer.

El trompoetista es de esa escuela. Reparte versos para que el espectador tenga algo entre las manos. Después pasa la gorra para enseñarnos que el presente de la poesía vive en la mendicidad más absoluta. El protagonista del monólogo tuvo un pasado más glorioso que ahora conforma lo mejor de este presente inhóspito. Vagabundea y se alimenta con lo poco que encuentra, pero lo que dice y cómo lo dice es comida para los oídos y transmite una especie de sentido común que a menudo se olvida en estos tiempos, más preocupados de comprar la felicidad y de correr. Así, entre vagabundo y clown, Enrique Asenjo, va hilando una historia, o muchas si se prefiere. De su boca no sale otra cosa que los versos que una vez escribió el poeta uruguayo, describiendo con ellos sus estados de ánimos, desnudando sus secretos, dibujando los límites del alma, explicando el amor que siente y que presenta dimensiones infinitas e inhumanas o mostrando, por el contrario, la marca que le dejó su ausencia.

El actor Enrique Asenjo
El actor Enrique Asenjo
Entre la decoración de la sala se aprecian una mesa baja en el centro, un espejo, un par de mesitas, la una vacía y la otra con una lámpara, y también sobre ella una jarra de agua y un vaso. Además hay un busto de una virgen digna de estar en un altar mejicano dedicado a un narco muerto. Todo ello, y los demás objetos que va sacando de la maleta, lo utiliza en la obra Enrique Asenjo para apoyarse en simples cosas a la hora de dramatizar e interpretar lo que dice. Lo hace con una voz suave y como contándotelo cara a cara. Pero lo que de verdad impresiona es su mirada, sus ojos clavados y firmes, entre irónicos y suplicantes, entre enamorados y dolidos. Mira con ternura, o con dureza, unas veces ensoñado y otras taladrado de su realidad. Hay una media sonrisa que a veces se escapa. Hay una mueca otras veces, la de tragarse el orgullo que va raspando con dureza por la nuez, sabiendo que no estaba equivocado. Lo que se siente es que el actor disfruta con lo que hace y contagia esa absurda enfermedad de la palabra hermosa que expresa cómo somos por dentro y qué soñamos.

Algunos de los versos, unos pocos, tienen su banda sonara, canciones que van sonando en un viejo tocadiscos de aguja y vinilo. Sugieren otra mirada hacia atrás, a lo que guardamos cerca del corazón. Es como si de pronto, en escena, el espectador recuperara algo que se interrumpió en su pasado y que le dejó un reguero dulce. Algo que vuelve acunado por una música parecida y que te deja escuchando embelesado hablar a alguien que tiene el don de la palabra, que sabe emocionar.

Quizá la mayor virtud del espectáculo sea la sencillez con la que se trabaja y lo efectivo que esto resulta, esa capacidad de mostrar algo tan cercano que mueve a recordar el sentimiento de lo vivido, que dibuja gestos de sorpresa y agradecimiento en quien observa cobrar vida a los poemas. Lo que surge parece magia, pero es el resultado de un buen trabajo. Algo que siempre hace que merezca la pena ver.

A modo de pequeño anecdotario: Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, en realidad eso tan largo es el nombre completo de Mario Benedetti, uno de los escritores uruguayos de la llamada Generación del 45.

domingo, 1 de julio de 2012

Brindemos por la justicia social, para que se acaben las desigualdades

Interferències clausura la 9ª Muestra de Cine de Lavapiés con un canto a la conciencia ciudadana

Cartel de la película Interferències
Cartel de la película Interferències
La 9ª Muestra de Cine de Lavapiés volvió a trasladarse al espacio de la Tabacalera, esta vez para cerrar la edición de este año. Se despidió compitiendo contra el fútbol de la Eurocopa, en una lucha desigual que sin embargo no hizo demasiada merma en el público. La de Lavapiés es una de las muestras de cine más comprometidas con la sociedad e integrada con la forma de ser de un barrio con conciencia. Esa es su fuerza, la de dotar de argumentos a los que defienden otra cultura alejada de los grandes medios capitalistas, con poca financiación y con muchas ideas. Es el cine que nos muestra la realidad que está al alcance de cualquier mirada, pero que siempre nos esconden las televisiones.

Se proyectó primero el cortometraje María Nazaré, de Marta Drügg; un proyecto de varios erasmus en Lisboa sobre el valor de la mirada tolerante entre personas, de liberarnos de prejuicios para valorar lo que cada uno aporta a los demás.

Interferències, de Pablo Zareceansky, nació como un encargo del Observatori del Deute en la Globalització, una entidad que realiza un ejercicio de vigilancia desde la sociedad civil y sobre los gobernantes, los poderosos y todo lo que los ciudadanos no vemos en el día a día. Su intención era la de desarrollar un proyecto de investigación sobre cómo la deuda externa funciona de mecanismo de control en la economía y las políticas sociales de los países del Sur, mostrando los resultados de la investigación a través de un trabajo audiovisual. Se pensó como un documental, pero en aquel momento aparecieron varios trabajos de ese tipo que les llevó a plantearse mostrar su idea de otra manera, haciéndolo en forma de película de ficción. Planificaron los rodajes con tiempo y la casualidad les llevó a que a comenzar el 16 de mayo de 2011. Así qué mientras rodaban empezó a pasar todo: la sociedad giraba ante la estafa que llaman crisis, salía a la calle a demandar un mundo más justo y lo que parecía imposible sucedía. Como confiesa su director, la película estaba tan conectada con lo que estaba ocurriendo alrededor del 15-M aquellos días que les cambió el final y aprovecharon la energía de la calle para hacerlo.

Que el Norte interfiere en el Sur resulta una realidad constatada. Interferències apuesta porque la sociedad civil tome conciencia de las causas de la crisis global y de las desigualdades entre los dos hemisferios. Que esa toma de conciencia sirva para realizar una reflexión sobre quién mueve los hilos, genera deudas e impone recortes. No hay que mirar muy lejos para encontrarse con un Norte consumista hasta la exageración y un Sur rico en materias primas que sufre el expolio de las mismas por parte de las empresas transnacionales que solo buscan el máximo beneficio con la mínima inversión para crecer sin límites. A esto hay que sumar el apoyo de los organismos económicos internacionales que funcionan como mecanismo de opresión a través de sus ayudas al desarrollo que sólo producen mayor endeudamiento. El resultado no puede ser otro que el empobrecimiento constante del Sur, convertido sin solución en el basurero del Norte y con sus recursos naturales diezmados. Y todo sin que beneficie lo más mínimo a sus ciudadanos.

La película se plantea a través de la ficción de cuatro personajes que quieren construir una obra de teatro que hable de todos estos temas. Son conscientes de ellos y quieren verbalizarlos para producir una toma de conciencia en la sociedad. El teatro dentro del cine al que acude Interferències sirve para explicar el proceso de construcción de un mensaje rotundo contra una situación injusta: la forma en la que elegir lo que quieren explicar y cómo desean hacer esa denuncia. No les gustaría que sus textos puedan sonar pedantes, sino que los cuatro personajes intentan que su obra sea ante todo explícita, que diga con palabras llanas, con datos, que explique sin dar vueltas, sin metáforas que diluyan el significado. Quieren acudir a la esencia de los problemas.

Rodrigo García Olza en una escena de la película Interferències
Rodrigo García Olza en una escena de la película Interferències
En ese proceso de construcción de la obra de teatro, se le muestra al espectador los fragmentos que van proponiendo y descartando, interpretándolos como si de pequeñas performances se tratase. Algunos utilizan la ironía, otros el humor e incluso la pura realidad. Esas piezas nos describen la explotación infantil utilizada para bajar los precios de producción y de qué forma la emplean las marcas que lucimos, las muertes violentas de algunos intelectuales reivindicativos, los mecanismos con los que imponen las transnacionales políticas que les favorecen y sus consecuencias e incluso esa mentalidad occidental tan extendida que calma su conciencia diciendo que yo hago lo bastante por solucionar un problema general si me decido a ayudar a un único individuo. En realidad no se trata de sentirse culpable y apesadumbrado, eso no sirve si no tomamos el camino correcto para ejercer cada uno su responsabilidad.

Profundo y directo es el mensaje que nos dice que las democracias son en realidad el disfraz de una dictadura económica que hay tras ellas. Ese es el problema al que hay que enfrentarse. Este sistema capitalista puede ser legal, pero no es legítimo porque produce una división entre ricos y pobres, y además instaura la violencia contra el pobre como método con el que el rico perpetúa esa diferencia. Los motores del capitalismo son las empresas transnacionales que ya acumulan más fuerza que los propios estados. Así que ya sabemos qué intereses son los que representan verdaderamente nuestros políticos. Estas empresas promueven la corrupción, pues se benefician de ella, y convierten el trabajo en una forma de exclavitud y sumisión del pueblo.

El propio grupo de teatro presenta un espíritu muy 15-M. Los personajes discuten en grupo, elaboran propuesta, llegan a consensos y finalmente construyen su discurso entre todos, sin exclusiones ni quejas por lo fatigoso del camino. Ante el agotamiento de las palabras y tener que explicar lo ya explicado, la alternativa que toman los protagonistas con su obra de teatro es terminar representando el 15-M y la respuesta que dicho movimiento da a los problemas que les preocupan, formando parte de algo vivo y lleno de esperanza. Cierran así el ciclo: la palabra llama a la conciencia y ésta a la acción. Es hora de pedir que se redefina el modelo financiero desde un punto de vista local y no globalizado, y hacerlo con herramientas que ante todo sean justas. Es necesario que el pueblo recupere el poder, que se relance el papel de lo público y su interés se ponga por encima de cualquier otro que sea privado. Lo primero es cubrir las necesidades básicas de todos, acabar con las desigualdades, la injusticia y la pobreza. Es vital devolver la soberanía a sus legítimos dueños y arrebatársela a las élites financieras para rescatar el gobierno desde el pueblo y para el pueblo. El 15-M trabaja por una sociedad libre, construida con el esfuerzo colectivo de los individuos informados y activos. Lo hace transformándolo todo desde el dialogo, con asambleas y, poco a poco, con pequeños cambios. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros.

Me parece muy interesante la propuesta, esta forma traviesa de realizar un documental para informar y sin que lo parezca, desde una falsa ficción. Sin embargo me deja un regusto raro, esa pregunta que se me queda siempre flotando en la cabeza cuando acudo a un acto del 15-M y al salir me martillea diciéndome «muy bien, estupendo, pero ¿y ahora qué?, ¿cuál es el siguiente paso?». No me parece que baste con quedarse satisfecho tras escuchar un discurso, ni con encontrar a otros que piensan que urge cambiar esta sociedad. No es suficiente con dejar lanzado el mensaje y confiar en que llegue a difundirse sin saber muy bien como ocurrirá. Es como diseminar esporas sobre el viento y esperar a que se reproduzcan. Lo malo es que no sabemos si lo van a hacer, y en caso de que así sea desconocemos cuándo, dónde y de qué forma lo harán. No sé si el ser humano y la naturaleza pueden esperar tanto.