lunes, 6 de febrero de 2012

Contra la impunidad, memoria

Homenaje a las víctimas del franquismo, por su memoria y para que no haya impunidad con los crímenes fascistas


Lunes 6 de febrero de 2012. Teatro Bellas Artes. Madrid

Cartel del evento Memoria contra la impunidad
Cartel del evento Memoria contra la impunidad
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Fundación Contamíname han querido rendir un homenaje a las víctimas del franquismo ante el desamparo judicial en el que viven. Muchas personas del mundo de la cultura y el arte, junto con víctimas, sus familiares y los voluntarios de las asociaciones que trabajan en las exhumaciones de las fosas comunes del franquismo, se dieron cinta en el madrileño teatro Bellas Artes para mostrar su apoyo.

Abrió el actor Juan Diego Botto explicando que, en su opinión, esta era un acto de presente, pues el legado de todos aquellos luchadores se mantiene vigente en este tiempo, la Democracia será lo que de ella hagan sus ciudadanos. Después leyó un texto de Emilio Silva, nieto de fusilado republicano, hablando de la justicia y lo que ésta olvida en España. De la justicia, sobre todo de su ausencia, se habló mucho durante el acto, porque somos el país de los desaparecidos, vivimos sobre un gran yacimiento de la impunidad. Pedro Fausto Canales Bermejo, que venía de testificar hoy en el Tribunal Supremo, conmocionado y alegre porque al fin le dejaron contar la verdad, leyó el editorial del New York Times La verdad a juicio en España en el que se hace una crítica severa a la justicia en nuestro país por intentar encausar al magistrado Baltasar Garzón al querer investigar los crímenes del franquismo. En dicho artículo se señala que este juicio es un inquietante eco del pensamiento totalitario de la era de Franco y una ofensa a la Justicia y a la Historia.

Las voces de la memoria son muchas. Se escucharon muchos testimonios, leídos en su mayoría por actores, pero también por los familiares de las víctimas, que pusieron su memoria al servicio de la causa y para que se sepa lo que pasó. Sus palabras desgarraban el corazón al mostrarnos el sinsentido que vivieron. ¿Qué hay de malo en una familia que quiere encontrar los restos que están en fosas comunes, perdidos en las cunetas y sin identificar, para poder darles una sepultura digna entre los suyos?, ¿a quiénes les puede soliviantar este deseo salvo a los propios asesinos?, ¿a quién se encubre cuando la Justicia decide mirar para otro lado?

Carmen Arrojo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Carmen Arrojo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Somos muchos los que seguimos esperando una condena a los crímenes franquistas, porque segaron lo mejor que teníamos, una generación de luchadores y de verdaderos demócratas, e instauraron, a cambio, el régimen del terror. No hay nada peor que se le pueda hacer a un ser humano que matarle por defender sus ideas, por luchar por un gobierno legítimo, y sin embargo, aquí no es delito. Los testimonios son caminos que nos llevan siempre a un antiguo dolor, a frases farfulladas entre dientes para que no se oigan, con miedo, y que dicen que aquí nunca se hará justicia. Se me queda grabada en el corazón la imagen de un nieto viendo llorar a su abuela, con lágrimas silenciosas y entre suspiros.

La Unión de Actores y Actrices de la Comunidad de Madrid se ha sumado a la querella abierta por los crímenes cometidos en España por la dictadura franquista y contra su impunidad. Dicha querella se presentó en Argentina el 14 de abril de 2010 y sigue su curso, tras haber sido aceptada por la jueza María Servini de Cubría. En la sala se encontraban dos de las personas que iniciaron aquella querella.

A veces la música ayuda a esclarecer la justicia, así ocurrió con el Romance del Comandante Moreno que sirvió a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica para establecer el inicio de un proceso de investigación y posterior recuperación de los cuerpos y la honra de un grupo de hombres que formaban la plana mayor del Batallón Galicia. Los asesinaron en el monte del Acebo (Lugo) como bien decía la canción. Para honrar ese recuerdo se vivió un momento especialmente emotivo al proyectarse un vídeo en el que Severiana Murias, una anciana de la comarca, cantaba íntegramente y de memoria el Romance.

Pedro Guerra durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Pedro Guerra durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
El cantautor Pedro Guerra, que interpretó Huesos, quiso explicar que cuando se abre una fosa, lo que se encuentra allí son huesos, nada más, pero que cada uno de esos huesos tiene detrás una historia de horror. Luis Pastor reconoció que a los de su generación, rojillos desde los dieciséis, siempre les ha costado decir España, porque significaba franquismo y represión. La España democrática y republicana nos la robaron a todos un 18 de julio. Cantó Los hijos de España y después recitó la canción que dará título a su próximo disco ¿Qué fue de los cantautores?.

Ismael Serrano explicó que la memoria es nuestro último patrimonio, el andamio que nos permite restaurar los agujeros perdidos. Después comentó intimidades del camerino, donde se colaron periodistas de Interecomía para hacer sus manidas preguntas sobre reabrir heridas y el dolor causado por igual en ambas partes. Guillermo Toledo les respondió con valentía, y cuenta Ismael que todos allí sintieron su contestación como de cada uno de ellos. Los periodistas insultaron a los maquis, esos mismos que luego liberaron Francia. Estas cadenas tratan de anestesiarnos, de que miremos hacia otro lado. Afortunadamente hay muchas personas en este país que piden justicia y comparten la necesidad de buscar los restos de tanta gente que aún duerme en las cunetas.

Guillermo Toledo nos exhortó a continuar, pues la lucha antifascita sigue viva. Después leyó dos de los testimonios que quedaron escritos tras unas exhumaciones. Textos que pusieron la piel de gallina por lo directos que resultaron. El primero correspondía a una niña de dieciséis años.

Pilar Bardem y Carlos Olalla durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Pilar Bardem y Carlos Olalla durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Leo Bassi mostró una mirada más internacional, explicando que todo el fascismo que vino luego, el que desembocó en la Segunda Guerra Mundial, era heredero de nuestra Guerra Civil y de la victoria del franquismo. Se planteó que por qué se quedan solo en España las protestas que piden la absolución del juez Garzón. Debemos pedir apoyos fuera, que seguro los encontraremos, y recurrir a las instancias europeas.

El jurista José Antonio Martín Pallín explicó que el lenguaje de las leyes es seco y desabrido, pero que a veces deja espacios para la comprensión. Garzón cumplió con su deber y de buena fe se puso a investigar los crímenes franquistas, así que sus acciones no son condenables. A estos crímenes, Pallín los tildó del holocausto de los demócratas españoles y no le faltó razón, pues fue algo sistemáticamente planificado y ejecutado desde el poder. Esta causa contra Garzón nos hace perder la credibilidad de los jueces. Aprovechó para señalar la muestra de dignidad de los testigos, que además significa un aldabonazo en la conciencia de algunos españoles. La democracia tiene una deuda con el pasado.

En cierta manera, a nuestra generación nos toca un papel de pasar el testigo entre aquellos que lucharon y los que llegan ahora para continuar la batalla. Ese es otro de los trabajos de la memoria. Lucía Sócam es una de esas muchachas, cantautora infatigable que levanta su voz ante lo injusto. Con decisión ha emprendido el camino de recuperar la memoria. No quiere olvidar, y se empeña en recordar que todos los hombres y mujeres que siguen en las fosas tienen apellido, como dice su canción Todos los nombres. Cantó también 17 Rosas, un tema dedicado a las diecisiete mujeres fusiladas en Gerena y que estos días se están exhumando. Se acuerda de ellas porque no son solo mujeres, son algo más, ofrecieron su alma y su vida por la libertad. Abusaron de ellas y las mataron sin piedad, como a tantas otras mujeres en aquellos años.

Remedios Palomo e Hilda Farfante durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Remedios Palomo e Hilda Farfante durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Allí, sobre el escenarios, fueron dejando su arte la directora Laia Ripoll y el actor León Marcos en un emotivo recuerdo dramatizado que recuperaba los últimos momentos de vida de un joven fusilado (¡Qué triste es morirse con 16 años!), los actores Alberto San Juan y Carlos Olalla y las actrices Pilar Bardem y Aitana Sánchez-Gijón, que dieron voz a quienes la perdieron a manos de un franquismo inhumano. Esos textos se pueden leer en la página de Público. También pusieron su música Rodrigo García, Tontxu o Alejandro Martínez, que ha musicado poemas de Jaime Gil de Biedma.

Para completar el capítulo de la memoria, Carmen Arrojo leyó un fragmento del Campo de Almendros de Max Aub. Españoles rotos, derrotados, lo mejor del mundo. Leyó con emoción y recordó que ella vivió en primera persona todo aquello con su padre, su hermano y su compañero que allí falleció. Que no ha olvidado aquellas imágenes.

Después Remedios Palomo contó las atrocidades que hicieron con su familia, uno tras otro, hombres y mujeres. Hoy quiso devolverles el honor recuperando su memoria. Hilda Farfante, hija de maestros republicanos fusilados, dio voz al resto de víctimas con un grito angustioso y desesperado del dolor por tantas juventudes truncadas, asesinados por defender causas justas que no tuvieron juicio, ni abogado, ni sentencia. Siguen buscándolos y lo harán todo el tiempo que sea necesario, aunque los gobiernos de España y la Justicia no les ayuden. Dijo que tenía un sabor agridulce, lo dulce por haber ido encontrando en su camino a tantos nietos de republicanos muertos. Los nietos lo van a conseguir, porque no tienen miedo.

Guillermo Toledo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Guillermo Toledo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
El poeta leonés Juan Carlos Mestre cerró las intervenciones. Dijo que los poetas son gente desagradable especialmente porque son testigos que no callan. Habló de su abuelo, un sastre de Villafranca del Bierzo, y de un amigo que le había encargado un traje que no llegó a estrenar. Aquel hombre era el abuelo de Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y lo mataron por sus ideas políticas. El fascismo legalizó el crimen como conducta de estado, algo que debería espantarnos a todos y que nos obliga también a no dejarlo pasar impunemente. Recitó después con voz de trueno uno de sus poemas para recordar por sus nombres a las víctimas.

Después sonó Canto a la libertad del fallecido José Antonio Labordeta y su voz lo resumió todo. La gente se levantó y fue abandonando el teatro. En los rostros se veía dolor, recuerdo y una chispa de esperanza. Este homenaje se lo debíamos desde hace mucho tiempo a todos los que murieron impunemente a manos de los criminales franquistas.

domingo, 5 de febrero de 2012

La selección de cortos de la Academia, ejemplo de variedad

El barco pirata, El premio, Matar a un niño y Meine Liebe son los cuatro cortometrajes de ficción que ha elegido la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España para competir por el Goya

Cartel del cortometraje El barco pirata
Cartel del cortometraje El barco pirata
El barco pirata, de Fernando Trullols, es un corto simpático que explota tópicos como la noche de Reyes, la crisis, la vuelta al hogar materno tras el divorcio, los caprichos de los niños, lo mal que está todo... Juega con lo imprevisto y con intentar no romper la magia que los niños ponen en los Reyes Magos, para al final descubrir lo importante, que el motor de las relaciones filopaternas no está en lo material.

Bueno, quizá haya exagerado un poco y no sea más que un guion desarrollado sobre una idea ingeniosa, al que unos grandes actores le dan bastante soporte. Empecemos, los personajes de Alberto San Juan y Antonio de la Torre trabajan de guardias de seguridad en un centro comercial que no parece tener demasiado futuro. Matan el tiempo como pueden, grabando vídeos y charlando. La vida está muy mal con tanta crisis, pero el sueño de un niño, su regalo de navidades, es intocable, aunque cueste un ojo de la cara. No se sabe en realidad si son los deseos de un niño, que pueden cambiar con el viento, o los de un padre separado al que, después de volver vencido e inútil al duro hogar de su madre viuda, no le quedan más ilusiones que las que cree que pueda tener su hijo. La abuela, Petra Martínez, es una mujer de carácter y una embaucadora que trata de dar al nieto lo que siempre negó a su hijo. Viven en el extrarradio, con modestia. Y algo pasa, en lo que interviene Raúl Arévalo y otros dos señores, que altera la noche mientras se duerme esperando por los regalos. La vida está muy difícil, hay que echar mano de lo que se puede, pero la inocencia del niño es algo sagrado. O no, tal vez sea el momento de descubrir que se ha hecho mayor y los cuentos, cuentos son.

Lo dicho: humor, un enredo y muy buenas interpretaciones que le han valido a El barco pirata la nominación como mejor corto en los Goya. En contra, que no pasa de ser una anécdota construida sobre arquetipos.

Cartel del cortometraje El premio
Cartel del cortometraje El premio
La primera vez que vi El premio, de León Siminiani, me supo a poco, me quedé apenas en que contaba con dos excelentes actores, Pilar Castro y Luis Zahera. Reconocí que su director no había desaprovechado la oportunidad para hacer un corto con cierto empaque sustentándose en la interpretaciones de los protagonistas y en la producción de Koldo Zuazua y Daniel Sánchez Arévalo. Sí que le encontré un deseo de hablar de las relaciones, contando que era un cortometraje que va y viene para dar la vuelta completa y explicar lo que cada uno quiere, o busca, en su pareja. Señalé su vocación de jugar a la verdad para acentuarlo, tanto en que los personajes utilizan sus propios nombres, como en que se usaban para ello imágenes reales de la gala de los Goya de 2010. Y terminé quejándome de que no le vendría mal un poco más de dinamismo para hacerlo brillar.

La segunda vez, le encontré más detalles, por ejemplo entendí el uso del tiempo y las esperas como sinónimo de lo cotidiano, de lo gastado de la relación. Descubrí que los diálogos ahondan en lo mismo, que estaban para hablar de vacíos entre los personajes o ser reproches mutuos que se lanzan entre ellos, no para buscar soluciones. Echar en cara la ausencia del otro, el egoísmo de cada uno, es el elemento motor de El premio. Aprendí que subirse a un taxi en compañía no significa más que compartir un viaje, pero que uno se puede bajar sin el otro antes de llegar al destino. El premio habla del dolor que las cosas más inocentes producen en nuestra parejas porque no le damos la misma importancia.

Tiene mensaje, e intenciones. Las interpretaciones son estupendas y ayudan mucho a sostener la historia sin caer en lo excesivamente melodramático. Atesora grandes virtudes, pero, en mi opinión, el cortometraje es demasiado concentrado, da poco y exige mucho del espectador.

Cartel del cortometraje Matar a un niño
Cartel del cortometraje Matar a un niño
Matar a un niño comparte con El barco pirata el asunto principal: la inocencia de la infancia y que siempre hay un momento en el que se pierde del todo. Es la única coincidencia.

Lo que más me gusta de Matar a un niño es lo innovador en sus formas, su aire diferente y esa postura nueva ante el concepto de cine. Los hermanos Esteban Alenda, César y José, firman un cortometraje en blanco y negro que, en su mayoría, es una sucesión de fotografías estáticas. Es la suya una propuesta muy interesante, de tiempo visual detenido me atrevería a decir, jugando en todo momento con una imagen que se para y un sonido que sigue, como eligiendo cada fotograma que debe guardar el espectador en su memoria. Una historia de inocencia narrada con una voz en off potente, marcada por sonidos cotidianos que nos resultan familiares y que rellenan los pequeños huecos entre las imágenes. No tiene prisa, nos deja tiempo para pensar, para anticiparnos, para que podamos sentir y asimilar lo que creemos que va a ocurrir. No por detener el movimiento se pierde la tensión dramática, incluso en algunos puntos se acentúa más.

No creo que desprecie la continuidad que el cine supone, sino que ese marcar imágenes y detenerlas resulta una apuesta por el modelo de recuerdo tal y como como la propia memoria lo haría, que funciona más como una cámara de fotos que como una de vídeo. Cuando miramos hacia tras, cada uno de nuestros recuerdos se asimila con su imagen detenida en un instante. El blanco y negro y las caras de los actores son suficientemente expresivos para suplir el movimiento. Estupendo trabajo del elenco: Roger Princep, Cristina Marcos y Róger Álvarez. Maravillosa la imagen del reloj que intenta pasar al siguiente segundo sin poder hacerlo.

Es un trabajo que deja muy buen sabor de boca. La propuesta arriesgada, la estética, la imagen y la novedad de Matar a un niño me encantan. Si tuviera que ponerle un pero, éste sería el giro final del guion que supone, más que una sorpresa, un cambio de decisión, una ruptura demasiado fuerte que se separa por sí sola del resto del cortometraje.

Cartel del cortometraje Meine Liebe
Cartel del cortometraje Meine Liebe
Meine Liebe, de Ricardo Steinberg y Laura Pousa, también nos habla de las relaciones de pareja, sobre todo cuando hay una gran diferencia de edad. El personaje de Ginés García Millán ve en su relación el peso de la opinión de los demás, cada momento en que están juntos, fuera de las cuatro paredes de la casa, le resulta imposible. Se siente juzgado y condenado porque su hija es mayor que su amante, así que prefiere el secreto. El personaje de Teresa Hurtado de Ory le quiere, pero le pide que, como pareja, se implique un poquito, que reconozca la relación, que viva el presente y que permita una mínima planificación de un futuro. Asfixiado por las normas de la sociedad, porque su mundo gira, y asustado por perder la comodidad con la que ha ajustado su vida se debate sobre dejar en segundo plano lo que desea antes que hacerlo público. Y sin embargo sus miedos están dentro, cuando su amigo le descubre, lo que siente es envidia, pero él no quiere hablar, no hay nada que contar.

Proyectan juntos un viaje de fin de semana a Berlín, un lugar donde pasear juntos, de la mano, una oportunidad para compartir, de conocerse. Llega ese momento de tomar decisiones, de dar ese paso. Él se siente aterrado. Ella feliz con lo que va a ocurrir.

Meine Liebe sabe combinar sensualidad, incertidumbres y pesares. Mezcla imágenes de vídeo que dan un toque más íntimo. Tiene una buena banda sonora y sólidas interpretaciones de los dos protagonistas y también de los secundarios Manolo Solo y Eva Rufo. En su contra juega que es una historia demasiado simple y un tanto vieja.

viernes, 3 de febrero de 2012

Verbo, la imaginación que nos salva

Eduardo Chapero-Jackson elige los vacíos de la adolescencia para su primer largometraje

Cartel de la película Verbo
Cartel de la película Verbo
Eduardo Chapero-Jackson, antes de Verbo, había escrito y dirigido tres cortos con mucho recorrido en festivales y todos ellos con bastantes premios en su haber. El director, con el personal lenguaje cinematográfico que había desarrollado en ellos, se había convertido en una joven esperanza para impulsar una renovación en el nuevo cine de nuestro país. Así que cuando decidió dar el salto al largometraje se creó mucha expectación a su alrededor. San Sebastián seleccionó su largometraje para la sección oficial, y de allí saltó directamente a las salas comerciales, donde paso un tanto desapercibido. No le acompañó la fortuna y además las fechas elegidas le hacían competir en primer lugar con otro de los directores nóveles con los que comparte candidatura a los Goya, Kike Maíllo, y también con los consagrados Benito Zambrano y Jaume Balagueró. Mucho cine español en la cartelera compitiendo entre sí. Al público, también lo desanimó el hecho de que las críticas la señalaran como una película juvenil.

Verbo se podría clasificar como un largometraje de género fantástico, en el que cohabitan un mundo real y otro fantástico, una especie de subsuelo en el que viven desapegadas las almas. Se trata de una fábula, de estructura clásica y muy clara en su mensaje. Lo primero que sorprende de la película es el trabajo de su director en construir una geografía, física y espiritual, que sustente la historia. La física la plasma en un desangelado barrio colmena, como muchos de los construidos durante la burbuja inmobiliaria -precisamente estas escenas se rodaron en Seseña, en la famosa urbanización del Pocero-, al que se contrapone el centro de Madrid que se nos va enseñando con los ojos de quien descubre sus rincones más secretos por primera vez. La espiritual es apocalíptica, húmeda y oscura, supone estar corriendo siempre de una forma desesperada, agotadora si no se tienen las fuerzas suficientes.

En los límites de estas tres geografías se plantea la historia. Sara (Alba García), es una muchacha de un barrio alienante, que no encuentra belleza a su alrededor. Busca un sentido a su existencia, porque siente que le falta algo que no sabe expresar. Piensa que no tiene una identidad, ni sabe donde encontrarla. Ni siquiera conoce si hay otros a los que le ocurra lo mismo que a ella, aunque intuye que sí. Retraída, tímida, llena de complejos, callada, el mundo no la entiende y su vida se tambalea. A Sara se le acumulan los vacíos y se va nutriendo de una fantasía que se le dispara y la mantiene viva en esta sucia realidad que la rodea. Verbo cuanta la historia del viaje interior que la adolescente emprende para decidir salvar su vida o no hacerlo.

Alba García en una escena de la película Verbo
Alba García en una escena de la película Verbo
Es el drama de la adolescencia, donde el peso de los grandes problemas de ese momento atosiga y hunde. La época en que se empieza a dibujar la esencia de uno mismo y a entender el mundo, la que nos obliga a relacionarnos entre nosotros aún temblorosos por los miedos que encerramos, la que nos hace tan invencibles como derrotados. Nos sentimos solos frente al mundo. Llenos de incomprensión. Lejos de los mayores, de las reglas de su mundo que nos resultan como poco injustas. La vida vale poco a esas edades si no es intensa, ni se disfruta. Todo son dudas, inquietudes. Nos hacemos preguntas: ¿debe existir algo más de lo que ven nuestros ojos, algo que de un sentido a nuestra vida y que nos ayude a encontrar nuestra identidad?, ¿o, por el contrario, todo lo que hay, todo lo que me espera, es esto? Surgen dos mundos, el que está dentro y el de afuera; son entonces los sueños y las utopías los encargados de salvarnos de la grisura y la fealdad. Sin duda, esas preocupaciones de la adolescencia, Verbo consigue plasmarlas en su atmósfera.

Sara emprende el camino de buscar la belleza, la poesía, como antídoto y como solución para asumir la vida. En esa búsqueda le guía Don Quijote que va creciendo en ella como la figura que representa a todos aquellos soñadores que entendieron que debe existir otro mundo debajo de éste, más rico y dónde la imaginación sí que tiene cabida, soñadores que descubrieron que era su obligación sacar ese universo escondido a la luz para mostrárselo a los demás. Porque otro mundo más hermosos es posible, sólo se necesita decisión para cambiarlo.

Ese es el secreto que transmite Verbo a los jóvenes, que nada está perdido y que por lo tanto, antes de admitir derrotas, hay que intentarlo. Pero aún les dice más, les explica cuál es el proceso. Primero hay que tomar conciencia, después trabajar la capacidad para expresarse a través de la palabra y finalmente querer cambiar el mundo. De nada sirve la acción si antes el individuo no ha pasado por esas tres etapas. Salvando las distancias, que son muchas, le encuentro a la película un punto un tanto 15-M, especialmente por ese deseo de transformar la sociedad desde la inocencia. Tal vez ese sea el nuevo prisma sobre el que hacer el cine que está por venir y que quiere comprometerse con el mundo en el que vive.

Verbo no se queda exclusivamente en la problemática de los adolescente, sino que utiliza la fuerza de esa edad, la esperanza que siempre ponen los jóvenes en lo que emprenden, para plantear con suavidad otros problemas sociales. Se enfrenta al estado de la educación actual en la que se mezcla la desesperanza de muchos profesores, que han perdido las ganas de enseñar, con la apatía de los alumnos. No da soluciones, pero dice claramente que sin motivación la educación no sirve para nada.

Muy interesante resulta también la propuesta de Eduardo Chapero-Jackson de utilizar elementos asociados a la juventud. El arte urbano, el hip-hop y el cómic forman parte del lenguaje y la imagen de Verbo, y están totalmente imbricados en ella, con naturalidad. Es la apuesta por adaptar el cine a los nuevos tiempos.

La interpretación dramática de la película está sostenida por la debutante Alba García, presente en la mayoría de los planos, y que con su carácter va construyendo la película. Sus ojos y su rostro se quedan grabados en el espectador. Sobrecoge como de ese cuerpo menudo y fibroso consigue sacar ira y de ella el sosiego para emprender el nuevo camino. Le acompaña bien el resto del reparto, con un rítmico Miguel Ángel Silvestre que le da a la poesía y se arranca a cantar un tema de hip-hop; nadie como Verónica Echegui para mostrar la dulzura, o Víctor Clavijo para dar lecciones de sobriedad, Macarena Gómez de fragilidad, Adam Jezierski de fugacidad, Manolo Solo de hastío y desencanto, Nasher Saleh de la ternura de los primeros amores, Fernando Soto de incomprensión y presencia ausente y Najwa Nimri de soledad.

En resumen, es una película con una propuesta interesante, equilibrada, que asume nuevos mecanismos con los que desarrollar el lenguaje cinematográfico, pero a la que le falta un poco más de alma, de ese calor apasionado que no está presente cuando se mira lo que pasa desde demasiado lejos.

A modo de pequeño anecdotario: Eduardo Chapero-Jackson dice que llegó al cine porque después de haber estudiado Bellas Artes tenía que ganarse la vida. Así que aceptó una oferta para trabajar en una productora, Sogecine. Se encargaba del papeleo, y entre sus tareas estaba la revisión y archivo de las hojas de rodaje, que le sirvieron para aprender de qué forma se estructura una película. Desde la mesa de trabajo tenía una visión completa de cómo se gesta un proyecto, desde cuando solo es una idea hasta el momento de lanzar toda la campaña de marketing para el estreno, y entre medias cada una de las etapas. En aquella época trabajó para películas como Los otros (Alejandro Amenábar), Lucía y el sexo (Julio Médem), Al sur de Granada (Fernando Colomo), Mar adentro (Alejandro Amenábar) y Crimen Ferpecto (Álex de la Iglesia).

Al dejar la productora comenzó a escribir y dirigir sus cortometrajes Contracuerpo (2005), Alumbramiento (2007) y The End (2008).

jueves, 2 de febrero de 2012

Maktub, casualidad imposible y moralina

El director Paco Arango describe Maktub como una película para llorar de alegría

Cartel de la película Maktub
Cartel de la película Maktub
A mí no me gusta la navidad, ni toda esa parafernalia que se monta alrededor de ella con ese juego de falsas ilusiones. Tampoco tengo creencias religiosas. Paulo Coelho como novelista me horroriza. No creo en la caridad porque es selectiva y pienso que es el Estado quien debe poner remedio a las injusticias de forma igualitaria. Soy hombre y tengo 43 años, así que algo de la crisis de los cuarenta también me ha tocado. ¿Por qué confieso todo esto? Tiempo al tiempo. Si bien la última de mis afirmaciones me pone en el punto de partida de la película, las cuatro primeras me alejan de ser el público objetivo de la misma, porque, no nos engañemos, lo que realmente quiere ser Maktub es un largometraje navideño, con su Santa Claus haciendo regalos, ángeles guiándonos, familias que discuten mucho aunque en el fondo se quieren y mucha solidaridad. Su mensaje principal es el de resaltar ese espíritu de toda festividad navideña, donde encontrarse uno mismo con su esencia y sus raíces cristianas, donde preguntarse por la vida y celebrarla, a pesar de todas las adversidades que se hayan pasado ese año. Tal vez si Maktub se hubiera limitado a ser una comedia, o un drama, o lo que quisiera ser, podría haber estado muy bien, pero su director, Paco Arango, se empeñó en atrincherarla con tanta moraleja que terminó perdiéndola como película.

Manolo (Diego Peretti), se encuentra en plena crisis de los cuarenta, asfixiado por un trabajo rutinario y por un matrimonio con Beatriz (Aitana Sánchez-Gijón) que lleva haciendo aguas mucho tiempo. En su vida, por casualidad, se cruza con Antonio (Andoni Hernández San José) un adolescente canario, con cáncer pero que tiene unas ganas de vivir tremendas y piensa hacerlo a tope el tiempo que le quede. Ese niño le enseñará al protagonista a ser feliz de nuevo, obligándole a tomar las riendas de su vida para que cambie y tenga un sentido.

Antonio es un maestro inteligente que nos da lecciones a todos, una persona que nos enfrenta a los conflictos internos para que los saquemos a la luz y les busquemos soluciones, alguien que juega en los límites y un tanto embaucador. Antonio tiene un secreto sencillo para ser feliz, le basta con conformarse por la esperanza de un dios sabio y eterno y el paraíso que le espera después.

Diego Peretti y Aitana Sánchez-Gijón en una escena de la película Maktub
Diego Peretti y Aitana Sánchez-Gijón en una escena de la película Maktub
En el fondo cada uno está aquí porque tiene una misión en aras a los demás. La bondad está ahí, la llevamos todos y está esperando a que la saquemos fuera. La casualidad imposible, la que se llama «maktub», es el motor de la película, la que nos viene a decir que todo está escrito y que no somos felices porque no queremos. Nos empeñamos en preocuparnos de lo innecesario. Nos falta el optimismo, algo que nos puede mostrar un muchacho con cáncer que pelea por seguir viviendo. En este punto, resulta irremediable compararla con Planta 4ª, de Antonio Mercero. Es cierto que en ninguna de las dos se usa la enfermedad para buscar la compasión, que ambas nos hablan mucho más de la vida que de la muerte y que no hay un tratamiento del tema del cáncer que pueda infundir al espectador falsas esperanzas. Pero en Maktub no se alcanza la emoción de Planta 4ª. En realidad, para su trama, el cáncer no es importante, se usa como un punto de vista para llamarnos a las filas de la felicidad, para que comparemos la alegría de quien sufre más y sepamos encontrar las verdaderas prioridades como personas.

El personaje de Antonio está inspirado en un chico canario que estuvo hospitalizado en el Niño Jesús de Madrid al que Paco Arango conoció ayudándole a través de la fundación Aladina con la que el director colabora. Luego, el trabajo del guion, consistió en ir uniéndole piezas, experiencias del director… Para ir ajustando la historia, lo llevó hacia la comedia y mantuvo tintes dramáticos con los que contrastar. La diversión la consigue con facilidad, el drama le cuesta más, se le va de las manos y se hace sensiblero, pues tiene tendencia a edulcorarlo o mostrarlo como simples arrebatos.

Buenas interpretaciones en clave de comedia de sus protagonistas Diego Peretti y Aitana Sánchez-Gijón que son lo mejor de la película. Brilla Goya Toledo, a quien le toca sostener sola la parte de mayor dramatismo y la más realista. Impecables las grandes damas Rosa María Sardà, Amparo Baró y Mariví Bilbao que dan lustre a la película. Divertido Enrique Villén, quien como siempre sabe explotar lo cómico manteniendo siempre el gesto serio. Por la película también pasean Fátima Baeza, Oriol Tarrasón y hasta el propio director, Paco Arango, que tiene un pequeño cameo al principio de la película, mientras se pasan los títulos de crédito. Por contra, las interpretaciones de los niños que resultan un tanto flojas.

El reparto muestra un cierto carácter internacional, pues participan el actor latino Jorge Garcia de la serie Perdidos y también Laura Esquivel, quien se hiciera famosa por la serie infantil Patito Feo. Esquivel no interviene mucho en la película, pero sí contribuye como intérprete de una canción, Nuestra playa eres tú, escrita por los dos mejores amigos de Antonio, el real, no el personaje, y que ha conseguido la nominación como mejor canción en los premios Goya de este año, uno de las tres que ha alcanzado el largometraje.

Maktub resulta una película menor, muy de televisión, rápida en ese sentido, como para consumir con unas pizzas encima de la mesa en la media tarde de un domingo con modorra y con la descendencia por compañía. De trama sencilla, pero hecha con muchas trampas, que juega al enredo y a la felicidad bobalicona. Al protagonista las cosas le van mal mientras es un descreído, le mejoran cuando empieza a plantearse algunas dudas existenciales y termina yéndole todo perfectamente cuando entiende que existe un ser superior y un lugar al que ir después de muertos.

Llegado al final me doy cuenta de que no he terminado de explicar mis cinco afirmaciones iniciales, me he quedado sin decir nada de Paulo Coelho. Es sencillo, a veces ocurre que no se nos cruza en nuestra vida alguien como Antonio, pero esos casos también tienen remedio, los libros del brasileño pueden servir de autoayuda, como bien nos indica la película en su final.

A modo de pequeño anecdotario: La familia de los Arango forjó su fortuna en México dedicándose a la industria textil. Sus orígenes son asturianos, y cuando deciden volver a España lo hacen montando una de las primeras cadena de hipermercados que aquí tuvimos y que terminarían vendiendo a Galerías Preciados. Después tuvieron un éxito desmesurado al dedicarse a la restauración rápida, ellos son los creadores de los VIP's. Han desarrollado el grupo SIGLA, que, además de los VIPs y el resto de sus segundas marcas, también gestiona en España y Francia los Starbucks. Esta familia ha querido mostrar un lado filantrópico, su fundador ha sigo presidente de la Fundación Príncipe de Asturias y posee una gran colección de más de 300 cuadros y esculturas entre las que figuran obras de Goya, Ribera, Murillo y Zurbarán.

Paco Arango inicialmente fue conocido como cantante solista asociado al sello discográfico Sony Records, compañía con la que llegó a lanzar cinco discos. Una vez que se retiró de la música, en 1999, decidió crear su propia productora de cine y televisión: Producciones Calcon. Suya es la serie ¡Ala…Dina!, en la que se encargaba de los guiones, la música y la producción ejecutiva. La otra serie que realizaron, El inquilino, no alcanzó tanto éxito.

En paralelo a toda estas labores lleva trabajando 11 años con niños que tienen cáncer, a través de la fundación Aladina, de la que es fundador. La labor de esta organización es la de tratar todos los años a más de 600 niños que padecen cáncer. Prestan su ayuda a pie de cama en distintos hospitales españoles.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Eva, un melodrama de Ciencia Ficción

Kike Maíllo se va al futuro para intentar contar los mecanismos que rigen nuestras emociones

Cartel de la película Eva
Cartel de la película Eva
Eva es la primera película del director Kike Maíllo. Esta ópera prima cuenta con una docena de candidaturas a los premios Goya de este año. Me pregunto cómo pude dejarla pasar allá por el pasado octubre cuando llegó a nuestra cartelera. En cierta manera fue la pereza, hablaban de que se trataba de una película de Ciencia Ficción, algo raro dentro del cine que se hace aquí. Tenía unos cuantos atractivos que avalan la película: la presencia de actores de la talla de Daniel Brühl, Marta Etura, Lluis Homar o Alberto Ammann; la producción de Escándalo Films… Pero aún así me sonó a experimento. Ahora sé que me equivoqué.

Dentro de su línea de óperas primas, la productora Escándalo Films, asociada a la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (ESCAC) donde Kike Maíllo imparte clases de guion y de dirección cinematográfica, se planteó hacer algo diferente, una película menos intimista que las que venían produciendo en los años anteriores. Le preguntaron a Kike Maíllo si se veía capaz de realizar un largometraje de género. No lo dudó y eligió para ello una de sus pasiones infantiles, los robots. Así surge la oportunidad de hacer Eva, un cuento futurista que se basa en la Inteligencia Artificial y la Robótica. En realidad una excusa para contar cómo de complicados somos los humanos.

Lo primero que sorprende es la decisión de huir de un futuro demasiado diferente a nuestro presente. El 2041 de Eva no resulta innovador, se aleja de lo apocalíptico y además no nos hemos deshumanizado lo más mínimo. Nos plantea más bien un universo cercano, una especie de retrofuturismo en el que cualquiera del 2012 se puede sentir como en casa, entre los mismos objetos de hace unos años y con un carácter tremendamente hogareño. También se observa una gran convivencia entre la naturaleza y la civilización. La pequeña ciudad donde se encuentra la universidad que financia la investigación, es un lugar hermoso y acogedor, un pequeño valle lleno de vida, rodeado por montañas y con su propio lago que se hiela cuando empieza el frío para que todos puedan pasar las horas de ocio patinando. Rodada en el invierno de Chaux-de-Fonds (Suiza) y Panticosa, la película hace sentir el peso del paisaje y la nieve que están siempre presentes, como si fueran un personaje más, con su propia historia, hecha de tiempo, de personas que han ido pasando, de detalles cotidianos que no se han contado pero que han quedado impresos en el ambiente de la ciudad. Nos transporta al interior de una bola de cristal que encierra una estampa sobre la que cae una nevada al girar la muñeca, la atmósfera que nos hace sentir en zapatillas frente a la chimenea y nos deja mirar hacia el interior de la historia sin preocupaciones, desde más cerca.

Daniel Brühl en una escena de la película Eva
Daniel Brühl en una escena de la película Eva
Con respecto al argumento, Álex Garel (Daniel Brühl) es un ingeniero cibernético que regresa a la universidad de Santa Irene con un encargo muy específico de la Facultad de Robótica: la creación de un niño robot, el primer robot totalmente libre. Es un plan ambicioso a la altura de una mente privilegiada y también un empeño de los humanos que se obstinan en querer crear máquinas que se les asemejen. Las películas de Ciencia Ficción se obcecan en el deseo de construir mecánicamente lo mismo que la naturaleza produce genéticamente y luego dotarlo de vida, de pensamiento humano, condenarlo a ser un hombre sin serlo. Quizá desconocemos demasiado como funcionan las conexiones de nuestro cerebro, los mecanismos que nos llevan a tomar decisiones y esa búsqueda de respuestas la realizamos desde la inteligencia artificial. No es hacer pensar a una máquina, sino saber cómo pensamos, cómo aprendemos, lo que nos interesa. De la misma forma, según transcurre Eva va dejando a un lado la Ciencia Ficción, un mero artificio, para pasarse al melodrama, contar una historia que habla de las emociones entre personas. La parte de Ciencia Ficción se queda en que nos encontramos en el futuro y en que los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas. En ese mundo se separan dos grupos, el de los humanos y las máquinas. La convivencia facilita que se establezcan relaciones, una serie de lazos emocionales entre personas y máquinas. Hablar de esas relaciones es el interés de la propia película, como el de la Inteligencia Artificial averiguar y simular los mecanismos de aprendizaje y comportamiento.

Álex ha estado diez años lejos de Santa Irene, donde la vida ha ido siguiendo su curso. Su regreso nos muestra un personaje neutro, que ha roto los lazos afectivos con su hermano David (Alberto Ammann) y la mujer de la que se enamoró, Lana (Marta Etura). Esa neutralidad le permite mostrar la misma empatía hacia seres humanos y criaturas artificiales como el doméstico que le atiende (Lluis Homar). En realidad huye de cualquier muestra de emotividad. Pero esa equidistancia no es posible mantenerla cuando conoce a Eva (Claudia Vega), una niña de diez años más especial, intuitiva, divertida y magnética que el resto. Su rutina de trabajo se ve alterada por su presencia. Eva, Álex y Lana forman el triángulo del melodrama, que es la verdadera historia de la película y su sentido. Lo demás ha sido un mero instrumento.

Eva es una película muy comercial, que mantiene la atención del espectador, atrapándole y sin soltarle en ningún momento. Sabe jugar con los giros, dar la vuelta de tuerca en el momento oportuno para llevarnos por un camino que puede ser falso o verdadero. Sin duda el director ha pensado en el público a la hora de realizar la película y para ello la ha construido a través de un guion que presenta una sólida estructura convencional.

Si la fotografía se ha cuidado mucho, la música también juega un papel de gran importancia. Es cierto que la banda sonora no tiene sobresaltos y podría parecer un tanto transparente, pero está presente en todo momento, con su tono suave, y nos va envolviendo dulcemente, quedándose en nuestra cabeza. Me gusta ese futuro en el que en una fiesta se vuelve a a escuchar a David Bowie cantando Space Oddity.

Contaba Kike Maíllo un miedo que tenía respecto a la interpretación. Dice que en las películas de robots, la mecanización termina comiéndose al actor. Pensó que la mejor manera de evitarlo era recurrir a actores con mucha experiencia, así que Lluis Homar interpreta al robot doméstico, y sabe darle esa justa medida entre mecánica y afectividad para hacer inolvidable su presencia en la película. Destacan también las interpretaciones de Marta Etura, Alberto Ammann y Anne Canovas, pero sobresalen las de sus protagonistas, Daniel Brühl con un cierta carga de pasividad, de contemplación de la vida y de capacidad de ilusionarse que tanto necesita su personaje y Claudia Vega, que debuta en cine pero que parece que llevara toda su corta vida interpretando porque su mirada engancha y su agilidad se convierte en un imán que centra y mueve la película.

Eva, como buen largometraje de Ciencia Ficción, también tiene su clave, una frase enigma: «¿qué ves cuando cierras los ojos?». Es una pregunta que queda abierta, pero que sin duda tiene su utilidad en la trama.

A modo de pequeño anecdotario: El objetivo del científico al que da vida Daniel Brühl es el de diseñar un procesador que funcione de cerebro del niño-robot. El ingeniero utiliza para ello el Hand-up, una herramienta de trabajo que se creó específicamente para la película. Dicho interfaz le permite trabajar de pie con piezas volumétricas de cristal que puede coger, desplazar, cambiar de tamaño o modelar. Cada una de esas piezas representa un rasgo del carácter del robot. Esta aproximación al cerebro del robot está basada en la Frenología, una paraciencia que vivió su esplendor en el siglo XIX y según la cual cada parte del cráneo está dedicada a un rasgo del carácter. Para la película se eligieron 24 reguladores de esos rasgos del carácter y los convertieron en piezas de cristal que el ingeniero modula para elaborar el cerebro.

El gato es un artilugio mecánico, una combinación de marioneta operada por tres manipuladores y criatura digital, que emula a un felino. En el caso del SI-9, en cambio, un robot androide del tamaño de un niño pero con apariencia metálica, se usó un patrón de rodaje parecido al que se utilizó para crear a C3PO en Star Wars: estuvo interpretado por una actriz a la que se le puso una coraza de cuerpo entero y luego, la magia digital hizo el resto.

Motion Graphics se aplicó a pantallas, sistemas operativos, porteros automáticos y navegadores. Estos aparatos fueron diseñados por The Own y su fuente de inspiración fueron los electrodomésticos (neveras, tocadiscos, amplificadores) de las décadas de los 60 y 70. Siguiendo esa misma filosofía decidieron que los dos coches que más presencia tendrían en la película serían un Saab de los 80 y un Volvo de los años 70.