miércoles, 23 de noviembre de 2011

El cine del compromiso

Se presenta la esperada película de Santiago Mitre, El estudiante

Durante el Festival Internacional de Cine de Gijón diversos organismos patrocinan la proyección de una película, que por temática consideran afín. Son los casos del Ateneo Obrero, la tertulia feminista «les comadres», Abierto hasta al amanecer, Oficina Municipal de la Lengua, Amnistía Internacional y Milenta muyeres y moces.

Sección oficial. El estudiante y la formación de una conciencia política

Santiago Mitre, director de la película El Estudiante, durante la rueda de prensa de presentación
Santiago Mitre, director de la película El Estudiante, durante la rueda de prensa de presentación
¿Cómo se inicia una carrera política? A veces el camino no es directo. Cuando Roque, el personaje protagonista de El estudiante, llega a la universidad de Buenos Aries lo que de verdad le interesa son las chicas, su formación política está por hacer, es cierto que ha tenido alguna inquietud, pero… Así, sus éxitos de cama se van convirtiendo en las etapas iniciales de su construcción política. No es accidental el camino, todo lo contrario, Roque va tras lo que le seduce y eso es la política.

Cuando Roque encuentra su camino, cuando se forma su ideología, lo hace vinculándola a los sentimientos mucho más que al componente de racionalidad. Se descubre a sí mismo con capacidad de liderazgo, le gusta organizar, participar. En ese camino personal, encuentra los resortes que mueven la política y descubre los dos pilares sobre los que se asienta: capacidad práctica y formación ideológica. Saber aunar ambos en su justa medida es lo que marca el éxito. Descubre que la forma de hacer política se basa en pactar, llegar a acuerdos que repartan el poder, va descubriendo que una carrera política deja cadáveres, que no está exenta de traiciones. Es el valor de la honestidad lo que esta película pone en juego, la decisión que se debe tomar.

Santiago Mitre arranca su película con escenas donde se ve juventud y pasión. Son los jóvenes de hoy los que están reverdeciendo la conciencia política y a eso nos enfrenta El estudiante, a la confrontación entre la vieja política y la juventud que se pregunta cómo va a participar. El mensaje de Mitre, su opinión, es que la política debería ser de otra manera.

En palabras de su director, El estudiante, como cualquier objeto político, es permeable a cualquier interpretación, un punto de inicio para debatir. Lo que ha conseguido es una gran película que no pasará desapercibida para aquellos a los que les interesa la política.

Rellumes. Toomelah, escarbando en busca de los orígenes

Toomelah, del director australiano Ivan Sen, es una película con varios niveles de profundidad y en la que conviven la historia de un niño que quiere ser malo y una comunidad con sus raíces rotas. Toomelah es una reserva de aborígenes, en ella vive Daniel que no quiere ir a la escuela, pues en ella no le ensañan nada de sí mismo y además, lo que pueda aprender, no va a servirle para su vida futura de traficante. No hay muchas posibilidades de trabajo en la reserva. La cultura británica nada tiene que ver con Daniel, tan solo le ofrece el idioma que habla, pero nada le dice de su pasado que intuye está en otra parte. Por dentro siente algo que le inquieta y no sabe explicarse, otra cultura ancestral pegada a sus instintos de la que nada conoce.

Si la escuela no le transmite nada, los mayores tampoco le ofrecen mucho más. Su padre es más bien una figura fantasmal que siempre está borracho. Su tía abuela está llena de silencios, de sus recuerdos de un pasado, de cuando, como otras mujeres de la tribu, fue raptada. Tampoco parece estar viva, ni que nada le importe lo más mínimo. Ante sus ojos sólo se extiende el vacío y la desolación. La abuela, que nunca se fue, siente la misma angustia. Sus horas son largas esperas en las que hacer preguntas a Daniel, pero las respuestas son demasiado obvias como para tomarse la molestia de contestar. Quiere que Daniel le diga lo que quiere ser de mayor, como si acaso el muchacho pudiese elegir.

Nadie es capaz de contarle la cultura de los suyos, como si se hubiera perdido. Algunos se conforman con la nostalgia de aprender un par de palabras en su idioma original. Cuando no hay raíces, el viento se lleva la vegetación y lo único que queda es la aridez de una tierra yerma. La trama pasa despacio, pues el tiempo en la reserva es infinito y no hay prisa por crecer.

Esbilla. La olas, la road movie de la memoria

Cartel de la película La olas
Cartel de la película La olas
Al final de la vida no quedan respuestas por descubrir, pero sí muchas sensaciones que producen ahogo. No hay paz con el presente sin resolver primero el pasado, aquellas cuentas que se quedaron pendientes porque no hubo tiempo o fuerza para terminar de una vez con lo pospuesto.

Alberto Morais construye en La olas una road movie de la memoria, un viaje por carretera en lo exterior y una búsqueda profunda en lo interior. Abrir la válvula que suelta el chorro de palabras no es fácil, lleva su tiempo, así que la película se va construyendo con pequeños gestos, con momentos de largos silencios, asumiendo el proceso de destapar un recuerdo con el ritmo propio de la vejez. El recuerdo es una foto de un tiempo doloroso; la necesidad, la de cerrar las heridas. Miguel quiere ver por última vez el pasado en este presente, mirar lo que el tiempo ha construido encima para soltar el lastre de la memoria.

La olas juega con lo recóndito del alma, desvelando lentamente un enigma, el por qué y para qué del viaje emprendido.

Sección oficial. In film nist / This is not a film, una clase magistral de cómo hacer cine

Los iranís Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb avisan de que «esto no es una película». La verdad es que es mucho más, en primer lugar una clase maestra de lo que es hacer cine, en segundo lugar un grito pidiendo libertad para crear.

Panahi está esperando la decisión de un juez para ver si le inhabilitan como director en su país, sabiendo que le van a prohibir hacer cine durante mucho tiempo. Tiene un guion listo para rodar, pero no puede llevarlo a cabo, así que llama a su amigo, el documentalista Mirtahmasb para que le ayude. Decide contar su película en lugar de hacerla y mientras cuenta la primera escena se da cuenta de lo estúpida que es esta idea: si las películas se pudieran contar, no haría falta hacerlas. El cine varía con la interpretación de un actor, con un espacio que resulta más expresivo que cualquier gesto, con una cámara enfocando un pequeño detalle.

Pahani nos habla de la manipulación que el cine conlleva. Está en su casa y oímos ruidos como de disparos. Pensamos que en Irán hay violencia en las calles y con esos sonidos la acentuamos. Luego descubrimos que se trata de la fiesta de los fuegos artificiales, que eran cohetes lo que escuchábamos. De la misa forma, con una llamada telefónica acentúa la presencia de la policía en la calle, algo que por otro lado es normal en cualquier país cuando se celebra algún acto multitudinario o una fiesta callejera. Con esta voz al teléfono y entrecortando el sonido se produce mayor angustia en el espectador.

La última parte resulta aún más original y divertida, se trata de rodar al portero mientras baja la basura, acompañándole en el ascensor y teniendo una conversación sobre las posibilidades de la gente de la calle, a qué trabajos aspiran… Conocemos así la cotidianidad y las aspiraciones del pueblo.

In film nist / This is not a film es un trabajo interesante y que además se ha construido de una forma divertida.

martes, 22 de noviembre de 2011

Muchas risas en el pase de Dark Horse

La sección oficial recorre los dos extremos: el cine estético y artístico de Low Life, frente al cine socarrón e irónico de Dark Horse

Otro de los valores del Festival Internacional de Cine de Gijón es la propia ciudad en la que se celebra. Gijón es un lugar acogedor, con un tiempo norteño. Hoy llovía y el mar golpeaba contra el muro algo irritado. Acodarse en la barandilla mirando romper las olas mientras el agua de la lluvia resbala por la cara resulta a veces el mejor cine posible

Sección oficial. Dark Horse y la ironía

Cartel de la película Dark Horse
Cartel de la película Dark Horse
Dark Horse es una sátira social del estadounidense Todd Solondz, un reflejo distorsionado de sus propias experiencias. Con la risa como bisturí va avanzando sobre las debilidades de la clase media norteamericana.

Dark Horse arranca con la celebración de una boda judía, donde los novios e invitados bailan sin pudor. Dos personas son la excepción, permanecen sentadas en la mesa y se muestran dignos, incapaces de hacer el ridículo, o eso parece. Nada más lejos de la realidad. Abe y Miranda, que no se conocen, viven con sus padres una vida cómoda, sustentada por sus progenitores, sin preocupaciones, con todos sus caprichos cumplidos. Ha llegado el momento de romper el cascarón, de abandonar las neurosis y vivir con responsabilidad. El paternalismo solo crea generaciones de personas comportándose como estúpidos. Ahí es donde escarba Solondz para hacer una película que se ve con facilidad.

Comicidad y un mensaje claro de qué es la vida, porque aunque todos tenemos el recibo, no se permiten cambios ni devoluciones, cada uno ha de tirar con la suya y es su propia responsabilidad hacerlo bien o tirarla por la borda.

Rellumes. Hollywood Talkies abusa de los silencios

Óscar Pérez y Mia de Ribot firman Hollywood Talkies, un documental un tanto experimental con una imagen totalmente separada del audio, es decir un texto leído al que acompañan ciertas imágenes, paisajes y fotografías antiguas.

Hollywood Talkies homenajea a los actores españoles y latinoamericanos que en los años 20 del siglo pasado, con el inicio del cine sonoro, hicieron sus maletas y se fueron a Hoolywood para hacer las versiones en español de las producciones de los estudios californianos. Sin duda sabe contar anécdotas jugosas y entretenidas, un bonito recuerdo a los que se fueron para triunfar sin lograrlo nunca.

Sin embargo la película no funciona, pues juega con un ritmo desigual. Tal vez sea la exacerbada lentitud con la que se van pasando las fotografías. Demasiados segundos de silencio, demasiado tiempo para observar una imagen estática en una pantalla, como si jugáramos a buscar el detalle que no encaja.

Sección oficial. Low Life, el cine de palabras

Una escena de la película Low Life
Una escena de la película Low Life
Nicolas Klotz y Elisabeth Perceval retratan en Low Life la juventud que hereda un mundo turbio, pero que aún así es capaz de tener lucidez y una mirada bonita. El resultado es un trabajo muy filosófico y que abusa de la literatura. Un cine cargado de metáforas donde se muestra una juventud con fuerza, que conoce la teoría, pero que a la que le falta la práctica de vivir. Low Life es básicamente una película de conceptos que pone los sentimientos por encima de todo, donde la grandilocuencia de la palabra es el pilar de esta construcción.

Nuestros jóvenes se sienten controlados, habitan un mundo que no les gusta y se ven relegados a un futuro sin esperanza, que no cuenta con ellos. Low Life no consigue poner voz a estos jóvenes, sino a otros que lo fueron. De la misma forma las armas y el lenguaje de estos jóvenes de hoy vienen del pasado, de aquellas otras generaciones luchadoras a las que los directores han mirado en todo momento. Acude a mitos (Antígona, Carmen, Ofelia…) y se va perdiendo en invocar imágenes –muy plásticas sí– que son poses que terminan diciendo poco si no se llenan de frases.

Lo que sí aplaudo en Low Life es el coraje de esa juventud que ha construido su mensaje, su valentía en enfrentarse a la policía sin acobardarse y defender el amor como fuerza que da sentido a todo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La apuesta por el cine lento

Tras el fin de semana, el Festival programa las películas más minoritarias

Al entrar al Jovellanos se escucha la música alta, no es que sea una estrategia para transmitir energía, sino que el Festival Internacional de Cine de Gijón cuenta con un DJ que anima con una sesión la espera antes de las películas. Va creando ambiente, con música instrumental en su mayoría y jugando con los platos, aunque obliga a que las conversaciones entre el público se hagan a voces. No es mala idea.

Sección oficial. Iceberg, historias del otro lado del río Tormes

Cartel de la película Iceberg
Cartel de la película Iceberg
Gabriel Velázquez, antes de la proyección, define su película con tres adjetivos: arriesgada, contemplativa y minimalista. Iceberg nos cuenta tres historias de adolescentes de pocas palabras, que ocurren en Salamanca, pero al otro lado del río Tormes, el que ya no forma parte de la ciudad, el que está escondido detrás. Ese otro lado del río parece más bien un cementerio donde van a vagabundear entre sus chopos las ánimas. Por esas mismas veredas y los espacios deshabitados, van paseando su soledad los protagonistas, cargando con el peso de lo que aún no saben resolver. Cada uno trata de hacer lo que cree que se espera de él, pero los límites los marcan sus propios caracteres, aún no saben lo que son. Apocados unos, valientes otros, desconcertados todos y conformistas en general.

No hay personas mayores que les tutelen y apenas si hay diálogos en Iceberg. Así que el uno frente a los demás se siente más que se cuenta. La violencia como forma de expresión sí que está presente con ese aire rebelde que lleva a destrozar por instinto.

Dos detalles destacables. El primero, la apuesta por la música popular y tradicional, por los sonidos de la flauta (dulzaina) y los golpes de tambor, que tan bien mezclan y contrastan en pantalla con la juventud y las dudas de los adolescentes. La segunda el ambiente creado para contarnos una historia, la que vemos, y sin embargo hacernos sentir otra más, la que va sumergida sin presentarse nunca. Es una película de mirada diferente, en la que una parte del público se marchó antes de finalizar la película y otra la aplaudió con fuerza durante los títulos de crédito.

Esbilla. Trumpet, regresos y perdidas

Trumpet es un cortometraje de Anna Petrus con muy pocas palabras, las que se necesitan tan solo para llamar al perro cuando se escapa. Habla de regresos y de pérdidas, de un pasado que se fue, de objetos amontonados, de abandonar una trompeta y de vagabundear. Buscar entre lo que otros tiran algo que necesitamos es el camino perfecto para perder lo poco que nos queda. Y al final, lo que queda, es no saber si ha servido de algo o simplemente es tiempo perdido.

Esbilla. Amanecidos describe a una generación por sus reacciones en situaciones anodinas

Tal vez la felicidad sea cantar todos juntos una canción de adolescentes en una roulotte camino de una playa infinita. No se sabe como se llega a la felicidad, lo que se comprueba desde el principio es que el camino que lleva hacia ella resulta siempre doloroso. Muchas veces es un sendero estrecho lleno de situaciones insustanciales. Así es Amanecidos, un ejercicio de describir la forma de ser de una generación por sus reacciones en momentos anodinos.

Yonay Boix y Pol Aregall plantean una película para hablar de soledades y también de la incomunicación, pues en el fondo, aunque estemos acompañados, nos comportamos como islas. Por Amanecidos van desfilando los estados de ánimo, que van cambiando en los protagonistas sin que ellos hayan encontrado las palabras para describirlos, pues son sensaciones para las que tienen dificultad a la hora de expresarlas, de contar lo que sienten a los demás.

Se les agradece a los directores que hayan sido breves y que no hayan sentido la necesidad de alargar la película cuando ya lo habían contado todo.

Rellumes. Osmdesát dopisů / Eighty Letters, cine checo

Cartel de la película Osmdesát dopisů / Eighty Letters
Cartel de la película Osmdesát dopisů / Eighty Letters
Osmdesát dopisů / Eighty Letters es una historia del checo Václav Kadrnka, inspirada en su propia infancia y ambientada en la Checoslovaquia comunista de 1987. Se trata de una película muy lenta, narrada desde el punto de vista de un niño que mira y observa. Lo que ocurren son esperas, una tras otra, y subir muchas escaleras para encontrarse siempre de frente con la burocracia, al final de cada largo e interminable pasillo. Nos habla de un padre emigrado en Gran Bretaña y una madre que quiere reunirse con su marido. El propio Václav es el hijo que contempla el papeleo que supone arreglar la situación para que les permitan iniciar el viaje.

Václav Kadrnka realizó un trabajo introspectivo para recuperar sus sentimientos y emociones que se grabaron en su infancia como una huella que perdura. Apagó los colores con gamas oscuras, buscó la luz de invierno y utilizó los primerísimos planos para evocar ese tiempo a ritmo lento del pasado, como si hubiera querido congelar la memoria. Jugó con sonidos repetitivos y añadió muchos silencios.

Al final una película en la que no pasa nada, llena de detalles, de pasado.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Día de buen cine hecho en francés

La sección oficial presenta dos importantes candidatas al palmarés de esta edición: La guerre est déclarée y Les Géants

Las cinco salas de los cines Centro son el corazón del Festival Internacional de Cine de Gijón, pero el FICXixón tiene más pantallas repartidas por la ciudad, como el teatro Jovellanos, el salón de actos del Antiguo Instituto, el teatro de la Laboral, los Cines Yelmo o el Centro Municipal Integrado de Pumarín. Todas abiertas al público, por las que pasan los autores para encontrarse con los espectadores y con precios bajos al alcance de todos, incluso con algunas películas de entrada libre. Es un festival «sin alfombras rojas», como le gusta decir a su director José Luis Cienfuegos, hecho para la gente.

Sección oficial. La guerre est déclarée, una grandísima película, muy dura y sin concesiones a la compasión

Cartel de la película La guerre est déclarée
Cartel de la película La guerre est déclarée
La francesa Valérie Donzelli consigue en La guerre est déclarée una película redonda, tanto por el texto, como por su impecable dirección y la rotunda interpretación que ella misma realiza. Julieta (Valérie Donzelli) y Romeo (Jérémie Elkaϊm) son una pareja compenetrada. Se quieren, se entienden y se divierten. Juntos deben enfrentarse a una prueba demasiado dolorosa, la enfermedad de su hijo Adán, que medirá la resistencia de su amor. Una prueba devastadora que no solo forja sus caracteres sino que tensa hasta los límites finales el aguante de sus protagonistas.

Es una historia bien contada, con el ritmo que necesita en cada momento, que emociona, directa e impactante, que consigue dejar sin aire al espectador en varias escenas y que bien vale unas lágrimas, pero con una virtud excepcional: que huye en todo momento de la compasión. Es coraje lo que nos muestra, fortaleza, pasos hacia delante y también muchos hundimientos, momentos en que el dolor les vence y agota. El ánimo sube y baja como en una montaña rusa, su paso por los diferentes estadios está subrayado con muchísimo acierto por cada una de las canciones con que se acompañan y que resultan la mejor descripción, una música que expresa perfectamente los matices de cada momento y que nos va llevando con precisión por cada uno de ellos. Hay humor, una cierta crítica a quien considera la vida burguesa como la normal y mucho respeto con las decisiones de los demás. Es una película de izquierdas, hecha sin prejuicios, progresista, valiente y dedicada a la Sanidad pública y a los profesionales que trabajan en ella.

La guerre est déclarée merece conseguir estar dentro del palmarés de esta edición.

Esbilla Asturiana. Memoria de nuestras abuelas, un documental necesario y mejorable

Lucía Herrera y Juan Luis Ruiz firman el documental Memoria de nuestras abuelas. Se trata de un trabajo de entrevistas a distintas mujeres, para darles voz. Busca ser una construcción colectiva de la memoria histórica, exigente con lo que sucedió en este país durante la Guerra Civil y la posterior dictadura fascista y colocando el foco sobre las mujeres.

Si bien tiene emoción escuchar los recuerdos y los puntos de vista sobre la sociedad actual de estas mujeres con voz propia y muchas historias que contar, el documental se encuentra un tanto deslavazado, como si fuese un collage hecho de pinceladas. No hay una estructura que lo sustente en un hilo común, ni siquiera bloques con suficiente entidad que orienten en el objetivo buscado. De algunas entrevistas debería aparecer más material en el resultado final, pues se echa en falta mayor profundidad y formar un contexto que ayude a entender lo contado. Quedarse con una frase brillante no siempre es suficiente para transmitir un mensaje completo. Cada una de estas mujeres tiene una historia que hay que contar de principio a fin.

Sección oficial. Les Géants, chicos abandonados a su suerte, chicos sin esperanza

Cartel de la película Les Géants
Cartel de la película Les Géants
Bouli Lanners, director belga, presenta en la Sección Oficial su película Les Géants, una película con dos hermanos adolescentes de protagonistas. Tienen 15 y 13 años y se creen ya gigantes, que pueden con todo. Se hace evidente desde el principio que su madre les ha abandonado allí, en el pueblo de su familia y sin ningún adulto que se haga responsable de ellos. A los dos hermanos se les une un tercer adolescente más, un chico que sufre maltrato físico. Juntos tratan de sobrevivir, intentando vivir una vida sin mayores, como de fiesta permanente, sin normas. No es que quieran elegir ese camino, como todo niño preferirían tener a su alrededor el cariño de una familia y a quien les fuese marcando lo que hacer.

Sin familia, solos van desparramando y sin querer todo se va complicando. El mundo les enseña que cada decisión trae consecuencias y que ellos no estaban preparados para tomarlas. Todo se desploma a su alrededor, se les acaba el dinero, les timan en todos los negocios que emprenden… Lo único que les queda es la sensación de grupo, la protección que unos se dan a otros.

Les Géants es una película que hace pensar y que nos muestra hacia dónde lleva la despreocupación de unos padres sin responsabilidad. Duele ver el camino sin esperanza que toman unos muchachos abandonados.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Mil historias, mil formas de contarlas

Tomboy recibe calurosos aplausos del público

Cartel del 49 FICXixón
Cartel del 49 FICXixón
La ciudad de Gijón se siente orgullosa de su Festival Internacional de Cine y no hay en ella un solo rincón en sus calles, escaparate o lugar donde colgar un cartel que no se engalane presumido con él. Es obra, como los ocho anteriores, del diseñador gijonés Marco Recuero. Es innegable su encanto, no sé si por la luz amarillenta de la fotografía, los dos ojos que miran con curiosidad, la línea marcada y recta de un flequillo perfecto, las pestañas con rimel, los poros tapados con maquillaje, por los labios delicados o por el conjunto de la expresión que logra el rostro, tal vez de una joven espectadora ante una pantalla de cine.

Sección oficial. The Future, más «arte» que «cine»

The Future, de la directora y artista Miranda July, arranca con el monólogo de un gato. Son las reflexiones, las explicaciones de los huecos que las imágenes de la película van a dejar. Al principio resulta original introducir un personaje con el que desentrañar la historia que nos va a contar. Jason (Hamihs Linklater) y Sophie (Miranda July) son una pareja a punto de cumplir los treinta y cinco; viven cómodamente, con cierta pereza, pero son felices, se ríen y disfrutan de la vida. Sienten que se hacen mayores, que el futuro se les hace presente y piensan que con la edad les debe llegar la obligación de tomar responsabilidades, de dejar ya de posponer la siguiente etapa en la que deberían estar inmersos. Mirando hacia atrás perciben que no han vivido la vida que soñaron, se sienten incompletos, y en ese repaso se bloquean tratando de reinventarse. Jason se busca mostrándose atento a las señales que vienen de fuera, como si necesitase un guía externo para vivir, y Sophie toma el camino clásico de familia tradicional, algo que resulta inexplicable en la película. La pareja salta en pedazos sin haber sido capaces de entender que su relación, tras cuatro años, aún estaba comenzando.

Buena fotografía e ingenio son las armas con las que despega, y en los primeros minutos la forma de narrar, las imágenes del principio y la historia van atrapando al espectador que encuentra puntos de contacto, similitudes y complicidades con los personajes. Luego se va cargando de cierto nihilismo con el que expresar la vaciedad de la vida moderna tan dependiente de Internet. Después viene el declive: la división del tiempo en dos líneas paralelas, el surrealismo… Incluso los monólogos del gato empiezan a resultar cansinos. Pero es el diálogo de Jason (Hamihs Linklater) con la luna su mayor déficit, pues muestra a las claras que la directora ha elegido contar los sentimientos de sus personajes directamente con palabras, insegura de si ha podido o no transmitir todo lo que quería con las imágenes que ha ido construyendo en la película. Es el punto en que el espectador se despega totalmente de la película y pierde la mayor parte de la curiosidad, pues The Future se precipita por otro camino, el de lo artístico, lo simbólico y la dosis de ciencia-ficción, elementos todos que empañan los resultados, cayendo sobre la película como una losa y haciendo que la segunda mitad de la película se emborrone y tire por tierra el excelente trabajo de la primera parte.

Michael Glawogger. Haiku, trabajamos por dinero para gastar

Haiku es un pequeño cortometraje de Michael Glawogger, cineasta al que el Festival rinde homenaje este año al proyectar su última película en la sección oficial y dedicarle una retrospectiva de su obra. El corto destaca por su fuerza, ya que en tres minutos logra transmitir la dureza y monotonía del trabajo. Lo hace con la repetición de algunas imágenes y de la frase «dinero para la compra», pero sobre todo con el ritmo acompasado de los sonidos de una acería que funcionan como potente corazón de Haiku.

Michael Glawogger. Workingman’s Death, el esfuerzo de ganarse un jornal

Una escena de la película Workingman’s Death
Una escena de la película Workingman’s Death
En Europa se cierran las acerías para convertirse en museos de ocio y entretenimiento. Uno de estos casos es el de Düsseldorf donde han transformado una de ellas en un lugar turístico donde al caer la noche se proyecta un espectáculo de luces. En Europa buscamos trabajos cómodos, de despacho, alejados de lo manual y hay que irse a otros países para mostrar que las condiciones de los trabajadores no han mejorado mucho. Para ello, Michael Glawogger, visita cinco lugares del planeta desde los que mostrarnos esta aplastante realidad. Elige una mina en Ucrania, cargadores de azufre en Indonesia, un supermercado de carne en Nigeria, un desguace de barcos en Pakistan y una fábrica siderúrgica en China.

Son trabajos extenuantes realizados en las peores condiciones y casi siempre de forma ilegal, de dureza extrema que consiguen hacernos sentir que arrancamos las vetas de carbón con nuestras propias uñas, haciéndonos arrastrar por sus angostas galerías, sintiendo la claustrofobia, transportando pesadas cargas sobre nuestras espaldas mientras los turistas nos fotografían, desollando entre barro la carne de centenares de vacas cada día. Workingman’s Death es un documental convertido en un reflejo de la injusticia global de este mundo, donde vemos hombres –nunca aparecen mujeres- trabajando o hablando de su trabajo, describiendo su día a día con normalidad, nunca les parece que hagan nada extraordinario, simplemente están ganándose su pequeño jornal. A veces lo hacen en entornos naturales de gran belleza, pero ni siquiera lo perciben, pues el esfuerzo que requieren sus tareas convierte en invisible para ellos esos paisajes.

Rellumes. Tomboy: Laure quiere ser Michael

Cartel de la película Tomboy
Cartel de la película Tomboy
La directora francesa Céline Sciamma firma una gran película que el festival proyecta en la sección Rellumes. Nos habla de identidades sexuales en formación, de descubrimientos que se afianzan y que se muestran aunque aún no haya capacidad de verbalizarlos en esa etapa de la infancia, de decisiones y de juegos. Laure quiere ser Michael y aprovecha que su familia se muda a un nuevo domicilio para presentarse así a la pandilla de críos del edificio. A todo problema siempre hay una solución por rocambolesca que parezca, pues seguir adelante es mejor que pararse a descubrir el engaño. En toda acción queda un resquicio, un pequeño riesgo de ser descubierta, y eso genera adrenalina a los dos lados de la pantalla. Vivir es eso.

El engaño no puede durar, tiene fecha de caducidad: el final del verano, lo que genera una curiosidad por ver de qué forma se resolverá la situación. Se hace sin resquicios, con naturalidad, pero de forma rotunda. Las últimas escenas se plasman precisas, no permitiendo lugar para los equívocos, sabemos que no ha sido un juego, sino que hay una determinación en su protagonista, que no tiene confusiones ni dudas y que sabe lo que siente.

Tomboy es una delicada película, hecha con mucha sensibilidad, bien construida, estupendamente filmada y con un guion sólido que el público agradeció con sonoros aplausos a su finalización.