domingo, 3 de abril de 2011

¿Para qué sirve un oso? Todos somos un oso

Tom Fernández nos pasea por Asturias, entre sus paisajes, y nos abre la conciencia para que defendamos la Naturaleza

Cartel de la película ¿Para qué sirve un oso?
Cartel de la película ¿Para qué sirve un oso?
¿Para qué sirve un oso? abrió, el 26 de marzo, el Festival de Cine de Málaga de este año. No fue un paseo en balde, se trajo tres premios: Mejor Director para Tom Fernández, Mejor Actriz de Reparto para Geraldine Chaplin y Mejor Montaje para Ángel Hernández Zoido. Después se pre-estrenó en el recién inaugurado Centro Oscar Niemeyer de Avilés, el día 31 de marzo. Y el 1 de abril llegó a los cines. Con estos antecedentes se podía pronosticar, sin muchos riesgos, que algo tiene la película de Tom Fernández.

Pues sí, tiene cierto atractivo que permiten pasar un buen rato. Personajes cargados de humanidad, entrañables, que destilan empatía en quien los ve, pues defienden con coraje posiciones utópicas en nuestras sociedades tan capitalistas como contaminadas. Científicos de sólidos principios, con ideas claras y comportamientos extraños que velan por una justicia universal en la que cada uno de nosotros somos parte importante, pesos que equilibran una balanza. Podría hacernos ser más cívicos, más comprometidos con el planeta, pero la doctrina pasa a un segundo plano porque Tom Fernández simplemente nos quiere hacer reír sin que perdamos el norte. Los osos sirven para muchas cosas, para hacernos preguntas, para compararlos con los protagonistas que tienen comportamientos instintivos y de especie, para defender una causa verdadera con ilusión, para que no se esquilmen nuestros recursos naturales y el paisaje no pase a convertirse en una larga fila de urbanizaciones.

¿Para qué sirve un oso? es una película menor, una comedia blanca, muy ligerita, pero cargada de buen rollo, que mezcla ecologismo y diversión mientras se va haciendo muchas preguntas que la sociedad industrializada, impuesta por el primer mundo, esquiva y desoye. Hemos perdido la batalla de salvar el planeta, el cambio climático es una realidad dolorosa sobre la que nuestros políticos callan.

Javier Cámara y Gonzalo de Castro en una escena de la película ¿Para qué sirve un oso?
Javier Cámara y Gonzalo de Castro en una escena de la película ¿Para qué sirve un oso?
¿Para qué sirve un oso? no es La torre de Suso, anterior película de Tom Fernández, ni tiene la profundidad de aquella. En las dos hay personajes que emprenden un camino para buscarse a sí mismos, un entorno familiar crudo y un entorno social que se muestra afectivo y distante según el momento. Hay sentimientos que se callan, muros que derribar.

En el mundo hay cuentos de princesas que terminan con besos, e historias, pocas, que hablan de la realidad directamente. La aventura está sobrevalorada. Ambas premisas son utilizadas por Tom Fernández, que nos quiere contar un cuento dulce, fuertemente asido por lo verdadero, por la esencia de las personas. Un cuento en el que también caben princesas, besos y premios. Un cuento de convicciones, donde el mundo aventurero no nos seduzca, ni nos tape el bosque que tenemos enfrente.

Son los actores el alma de la historia. Javier Cámara y Gonzalo de Castro tienen el duelo interpretativo principal. Les acompaña Emma Suárez, haciendo un personaje con un pie en la realidad y otro en la fantasía, alguien que dice poco pero cuya presencia marca el ritmo en sus escenas. Más corto aún es el papel que desempeña Geraldine Chaplin, una mujer alocada de férreos principios que sirve de motor a los protagonistas. Después tenemos a los jóvenes Jesse Johnson y Oona Chaplin como contrapunto al resto, decididos y dubitativos a partes iguales.

Entre ellos sobresale Sira García, una niña con una mirada limpia cuyo encanto y ternura traspasa la pantalla. Ella hace las preguntas que necesitan ser respondidas.

Me he dejado el paisaje para el final. Asturias aparece esplendida, verde como siempre, desbordada por una naturaleza salvaje. Cuenta Tom Fernández que con esta película pretendía que el espectador diese un paseo de 90 minutos por la naturaleza. Yo tuve esa sensación en todo momento, rodeado de paisajes idílicos que también pueden servir como escenario a una película. Envidio las viviendas que aparecen porque me resultan hogares soñados que se construyeron integrados en la naturaleza, para que todos formemos parte de ella.

Al final una conclusión: que todos y cada uno de nosotros somos un oso, un árbol, una niña que pregunta...

A modo de pequeño anecdotario: Geraldine Chaplin no es la única Chaplin que actúa en ¿Para qué sirve un oso?. Su hija Oona Chaplin también tiene un papel destacado en la película. Esta joven madrileña es hija de Geraldine y del director de fotografía chileno Patricio Castilla y lleva por nombre Oona, el mismo que su abuela, la esposa de Charles Chaplin e hija del dramaturgo Eugene O'Neill.

sábado, 2 de abril de 2011

Público entregado en la noche de estrenos de la PNR

Se estrenaron cuatro cortos dispares hechos con el corazón y la cabeza


Martes 29 de marzo de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid

Cartel del cortometraje Alergia
Cartel del cortometraje Alergia
La Plataforma de Nuevos Realizadores presentó su noche de estrenos. Se trata de una actividad mensual, realizada en el Cinestudio del Círculo de Bellas Artes, con entrada libre y donde se estrenan diferentes cortometrajes de sus socios. Se encarga de presentar el evento la actriz Amanda Guadamillas que con unas pocas palabras introduce las proyecciones y añade un poco de calidez y proximidad con el público.

Le tocó abrir a Cara y Cruz de la directora Isabel Coll. Se trata de un corto documental que nos describe un barrio obrero de Santa Cruz de Tenerife. La disculpa, una nueva tradición que empieza: la asociación de vecinos del barrio Nuevo Obrero de Ofra organiza una Cruz de Mayo que los vecinos engalanan. Coll nos enseña a los habitantes del barrio en primeros planos, entre unas calles con muchas necesidades y que parecen dejadas de la mano del ayuntamiento. Cuenta Agustín Guimerá, su productor, que entre los vecinos tienen un 70% de paro. Añade después que este documental cuenta la historia de la gente sin historia. Es cierto, en el documental escuchamos hablar de sueños, de realidades, de pasado y de esperanza. Allí hay una escuela de taekwondo y de ella han salido varios campeones, nacionales y europeos. Vemos en cada fotograma el esfuerzo vecinal de luchar y seguir adelante con sus propios medios. Sabemos que no han perdido la esperanza de cumplir sus sueños. Sin duda es un barrio de gente que trabaja por mejorarlo todos los días con las manos, algo que el documental capta a la perfección. Isabel Coll cuenta en el coloquio del final que se hizo en dos días, con mucha improvisación, pero que se siente muy agradecida por la experiencia personal que vivió y por lo emotivo de encontrar personas desando que haya quien cuente su barrio.

Pedro Moreno del Oso presentó Alergia, un cortometraje con un excelente guión que juega con lo inesperado. La vida explota en cualquier momento, un factor que enriquece la historia. Engaños, apariencias, bromas, sociedades opresoras que colocan etiquetas, personajes que crecen cuando la vida les hace más pequeños, un lugar donde casi nada es lo que parece y en el que lo más extraño termina resultando natural. Alergia es un trabajo de equipo redondo que se agradece ver sobre una pantalla. A su director no le gusta hablar, pero aún así en el coloquio contó alguna cosilla. Por ejemplo que es un guión de hace cuatro años que ahora ha retomado. «Pedimos una subvención a la Comunidad de Madrid, no nos la dieron y nos dijimos: vamos a hacerlo». Del casting comenta que a Dani Ortiz le había visto en un videobook por internet y que se puso en contacto con él. De Ismael Fritschi había visto otros papeles. Le resulto sencillo contactar con ellos y también trabajar juntos.

Cartel del cortometraje La Hégira
Cartel del cortometraje La Hégira
Pablo Bullejos ha dispuesto de muchos medios para realizar No existe el adiós. Cuenta una historia de amor, o quizás tres que se han asentado en diferentes etapas de una vida. Reencuentros, o encuentros, en un mismo lugar y un mismo tiempo. Destaca del corto la estética personal por la que apuesta el director y un mar omnipresente siempre de fondo. Grandes actores con poco ensayo, algo que se nota, igual que los medios técnicos, porque trabajar con profesionales siempre permite meter sutilezas y enfrentar paradojas que se quedan impregnadas en cada fotograma. Pablo Bullejos estaba deseando el estreno para que por fin se pudiera ver su trabajo.

La hégira, del director Liteo Deliro, es cine grande de pequeña duración. La historia de una encrucijada, una migración como decisión única que puede ser tomada en un lugar sin futuro, fronterizo, donde el presente pesa como aire cargado de polvo en el desierto. La tradición hace que la voz del padre se imponga, que sea él quién decida el destino de su hijo, que marque un camino que supone incertidumbre y pérdida. El protagonista sabe lo que deja atrás, todo aquello a lo que no podrá volver, siente que es el precio de madurar y tener una esperanza que su tierra no puede darle. Es consciente del punto en el que se encuentra y de lo dramático de tomar la decisión, de emprender ese viaje a un nuevo lugar en el mundo. No importa que acierte o se equivoque, ni lo que ocurra después, pues los momentos de su adolescencia se van a quedar atrás definitivamente como una historia sin terminar. Cabeza y corazón enfrentados en un punto sin retorno. La hégira es una ficción de desarraigo contada en árabe y subtitulada al castellano, con grandes interpretaciones que logran una sorprendente autenticidad. Cuenta Liteo Deliro que resultó difícil reunir ese casting, pues, aunque hay muchos actores de orígenes no europeo en España, se encuentran muy dispersos por nuestra geografía y su acceso al cine se limita a papeles secundarios. Reunirlos a todos y ver el resultado le hacen mostrarse satisfecho.

A modo de pequeño anecdotario: En la noche se dio una curiosa casualidad. Isabel Coll, directora de Cara y Cruz participó en La hégira, de Liteo Deliro, tanto colaborando en el casting como en el análisis de guión. Son las cosas de la Plataforma, que también sirve para que quienes hacen cortometrajes se conozcan, entablen amistad, se ayuden y trabajen juntos.

jueves, 31 de marzo de 2011

Los que hemos amado, contar una historia sin moraleja

Willy Uribe presenta una novela verídica, llena de claves personales escondidas y que le remite a su propia realidad.


Lunes 28 de marzo de 2011. Librería Estudio Escarlata. Madrid


Willy Uribe durante la presentación de su novela Los que hemos amado
Willy Uribe durante la presentación de su novela Los que hemos amado
Dijo Carlos Salem a bocajarro que, aunque le gusta como escribe Willy Uribe, pensó que Los que hemos amado no le iba a gustar. No le apetecía una historia de veinteañeros. Pero Willy Uribe no cae en los tópicos, no respeta los cánones y retrata la sociedad de alrededor como sin querer. Ya todos sabemos que vivimos en un mundo que no es justo, nos lo cuentan a diario los medios; así que la novela del siglo XXI no necesita tener la obligación de ser netamente social. Aseguró Salem que el gran mérito de Los que hemos amado es que está contado como si no importara y sin embargo cada palabra importa; al autor ha impregnado la novela de una economía de las palabras que la enriquece. También destacó la fabulosa capacidad de Willy Uribe para recrear la realidad con sus ambientes. Los personajes se ven con una gran proximidad y ahí se encuentra el horror que te golpea, pues el lector se da cuenta de que podría ser cualquiera de ellos. Señaló que la novela tiene sorpresas, cada vuelta de tuerca no es gratuita: en la novela ocurre lo que tiene que ocurrir, aunque no te lo esperes. Afirmó después que volverá a leerla porque merece la pena hacerlo de nuevo.

Willy Uribe explicó que con 18 años eres invencible, es una edad en la que no existe el fracaso y en la que además no te importa lo que pase en el futuro. No necesitó plantearse la historia porque conoce a los personajes. Reconoció que todo lo que escribe resulta una interpretación literaria de lo que él ha vivido. Los que hemos amado es una novela de aventuras clásica, de viajes y de carretera, de un amor difícil de comprender e incluso de descifrar porque supone una sumisión. Sergio, uno de sus dos protagonistas, es un personaje desgraciado, en plena huida, con el que el autor se reconoce. Pero la novela tiene muchas más cosas: se describe lo que se siente practicando surf; se cuentan los años 80 en Getxo, una población que compagina las viviendas más caras con otra realidad más cruda y obrera; la violencia de aquellos años en el País Vasco -ETA, la oposición a la central de Lemóniz, los asesinatos- aparece de telón de fondo... El autor insistió que no quiere que la violencia y el terrorismo contamine su obra, por eso no son el tema central, sino que lo que aparece en Los que hemos amado es la incorporación de esa violencia como parte de su experiencia. Espera que algún día no quede ni siquiera ese rastro y pueda hablar de otras cosas. Lo de ETA se podrá contar dentro de 20 o 30 años. La novela también pasa sobre el 23-F con distancia, la misma que recuerda que se vivió desde el País Vasco aquel día.

Cuando Willy Uribe quiso definir Los que hemos amado dijo que es una novela verídica, un tanto autobiográfica, llena de claves personales escondidas, y que le remite a su propia realidad. Mientras el autor más avanza en la escritura más se va desnudando, una sensación que le va gustando cada vez más.

Portada de la novela Los que hemos amado de Willy Uribe
Portada de la novela Los que hemos amado de Willy Uribe
Los paisajes que pinta en la novela los conoce de siempre, aunque aseguró que aparecen muchos sitios que también son de Ramiro Pinilla, autor que ha ambientado su narrativa en Getxo y que supone una referencia para esta geografía. Willy Uribe no puede mirar los acantilados de La Galea sin recordar Las ciegas hormigas y bordearlo con cierto punto de suicida.

Sobre el lenguaje explicó que el utilizado en Los que hemos amado es el suyo. En su anterior novela, Cuadrante Las Planas, fue demasiado simbólico y un tanto alejado de su forma de escribir, aunque reconoce que disfrutó mucho durante el proceso de escritura. Aprovechó para hablar de lo que supuso tener detrás una editorial grande como Tusquets para su anterior libro, aunque señaló que hubo detalles que no le agradaron, porque después de tanto tiempo escribiendo, no le gustó que le viniera un tipo hablando de dinero. Pensó que aquel no era su lugar, por eso regresa con su nueva novela a una editorial independiente y pequeña, que cuida mucho el libro. No tiene la misma distribución, la tirada es menor, pero como escritor siente que está en su sitio. Hay dos formas de abordar el trabajo desde las editoriales: la tradicional y el modelo anglosajón. A él le gusta el estilo de Enrique Murillo, su editor de siempre, donde la editorial es un lugar en el que se pulen los textos. Hay que ser humilde y escuchar los consejos del editor.

Respecto al género negro en el que los críticos le han catalogado, confesó que en realidad no conoce los cánones. Cuando le pusieron aquella etiqueta le preguntó al librero Paco Camarasa, autoridad reconocida, para que el echase una mano y le recomendase qué leer. Le citó a muchos clásicos y también a Jim Thompson, un autor que ha pasado de los cánones porque sabe lo que va a contar. Es un escritor que le interesa y del que ha aprendido muchas cosas.

Willy Uribe y Carlos Salem durante la presentación de la novela Los que hemos amado
Willy Uribe y Carlos Salem durante la presentación de la novela Los que hemos amado
Hablando de otros autores señaló que le gusta mucho la narrativa anglosajona, citó también a Cortazar del que le gustan sus cuentos, pero que no ha conseguido terminar nunca Rayuela, a Somerset Maugham, a Faulkner por su universo y sus frases y a Hermann Ungar por su uso de las estructuras sintácticas.

Cerró Carlos Salem diciendo que de Willy Uribe destaca que es un tipo que nos cuenta historias sin darnos una moraleja. Él no lee libros que digan lo que es la vida, porque esos le aburren.

Sinópsis: Dos chicos de Getxo viajan al sur de Marruecos buscando librarse del tedio a base de olas y hachís. Eder es de buena familia, rico, y tiene un carácter dominante. Sergio no sabe ni quién es su padre, y es pobre, sumiso y bastante ingenuo, aunque más valiente para las olas grandes que su amigo Eder. Estamos en invierno del 81.

lunes, 28 de marzo de 2011

La avería y los prodigios de la edad

La avería arranca con una cierto encanto mágico que lentamente va desapareciendo


Viernes 18 de febrero de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid


Cartel de la obra de teatro La avería
Cartel de la obra de teatro La avería
Dirige Blanca Portillo una adaptación de un relato de Dürrenmatt realizada por Fernando Sansegundo e interpretada por Daniel Grao, Emma Suárez, Fernando Soto, José Luis García-Pérez, Asier Etxeandia y José Luis Torrijo. Llevaba tiempo esperándola con mucho interés depositado en esta obra.

Reconozco que la primera parte de la obra me la pasé embelesado. La avería me sorprendió desde su arranque, con su hermosa escenografía y, sobre todo, con las caracterizaciones de sus intérpretes: máscaras de látex que hacen casi irreconocibles a los actores que hay bajo ellas. Es una sensación mágica, como si la obra te transportara a otro lugar, otro tiempo y otro espacio, con otros códigos. Una sensación de descubrir un lugar desconocido, inexplorado, regido por otras normas que hay que desentrañar. Toda obra debe crear su mundo, donde cada palabra, cada movimiento, tengan un significado propio y encajen. La avería supera esa capacidad.

Cuando apareció en escena Asier Etxeandia, desgarbado y monstruoso, me dije a mí mismo que estaba contemplando una gran obra. Sus largos dedos se mueven renqueantes, su gesto cruje como las articulaciones de su personaje. No podía creérmelo. Su coreografía de entrada es una gran promesa que levanta la primera parte de presentación de los personajes.

La magia dura un poco más, mientras se va tramando el nudo, cuando aún nos quedan verdaderas intrigas por descubrir. Un hombre joven, el único que no lleva máscaras, tiene que pasar la noche en un viejo caserón porque su coche se ha averiado y no queda alojamiento en el pueblo donde una feria de ganado ha llenado todas las plazas hoteleras. La mansión la habita un antiguo juez, ya jubilado, y su cocinera. De vez en cuando, otros tres amigos le visitan para celebrar una cena especial. La noche de la avería coincide con una de esas celebraciones donde la comida y la bebida se convierten en un ritual ceremonioso.

Fernando Soto, Daniel Grao, Asier Etxeandia, José Luis García-Pérez y José Luis Torrijo en una escena de la obra La avería
Fernando Soto, Daniel Grao, Asier Etxeandia, José Luis García-Pérez y José Luis Torrijo en una escena de la obra La avería
Sabemos que la casa, y sus personajes, encierran un gran misterio. El joven representa los valores que nuestra sociedad potencia y reverencia por encima de todo: la ambición, la competitividad, el trabajo como única forma de satisfacción personal... El protagonista ha alcanzado un buen estatus social partiendo desde abajo, es un triunfador. Frente a él tenemos a los ancianos que seguro traman algo. No sabemos cómo, pero van rejuveneciendo por la presencia del joven, por comenzar un juego que antes fue su realidad diaria. Cada vez están más ágiles: corren, saltan, bailan, levantan muebles, hacen flexiones... ¿Son licencias poéticas?, ¿les ocurre de verdad? Mientras hay preguntas, se mantiene el interés. Lo malo es que las preguntas exigen respuestas inteligentes y soluciones acertadas. Algo que La avería termina descuidando y según van pasando los minutos el contenido no avanza y la forma se desborda convertida en único objetivo. La obra entera se hace máscara.

El joven admite participar en el juego de esos cuatro jubilados a los que acompaña en la casa una cocinera en activo. La sociedad les ha excluido por su edad, sin tener en cuenta su valía, negándoles toda capacidad a ejercer las responsabilidades de las que fueron sus profesiones. Un juez, un fiscal, un abogado defensor y el cuarto hombre que tuvo otro oficio que se desvelará durante la función, plantean realizar durante la cena otro juicio. El acusado será el joven y tendrán que buscar en su vida el delito y dictar la sentencia. Pero es juego y no realidad, algo que choca, pues el planteamiento y, sobre todo, la discusión filosófica que se plantea entorno a él deberían avanzar, aportar conclusiones que alteren la realidad y que no lo hagan como mera casualidad, como un malentendido, como una borrachera que nos aturde.

La obra grita por los jubilados que necesitan seguir viviendo con todas sus capacidades, que reclaman seguir siendo útiles. Pero también abre un duro debate sobre las diferencias entre lo legal y lo justo. La Ley se impone como un instrumento objetivo que se utiliza para castigar aquellos comportamientos que se apartan de las normas establecidas, un sistema de homogeneizar a las personas. La Justicia se convierte en algo subjetivo, un análisis desde lo alto de los comportamientos humanos.

Un doble rasero que todo lo mide y que termina alargando la función, pues la búsqueda del delito y el juicio cuentan lo mismo dos veces, pero dando una vez la perspectiva subjetiva y otra la objetiva. Con la primera, cualquier acusado podría ser absuelto porque su humanidad saldrá a flote y nos demostrará que cualquiera puede ser una buena persona y por tanto inocente. Pero la segunda es tajante, se entra en la culpa y nada atenúa un delito.

La música resulta parte importante de la función. Con ella los personajes muestran la profundidad de su alegría. Son piezas sacras, música de capilla, cercana a lo divino, y frente a ellos un rock cantado que contrasta y se convierte en el punto más alto de la representación, donde dos mundos quieren confluir pero hablan con lenguajes diferentes. También la obra se acompaña con coreografías cuidadas que iluminan habilidades sobrenaturales para ponernos sobre aviso o nos señalan lo ceremonioso de todo proceso simulando pasos procesionales paganos de estómagos agradecidos por el placer de la comida y su exquisitez.

Destacar, además de la interpretación ya mencionada de Asier Etxeandia, al sobresaliente José Luis García-Pérez, el único que actúa sin máscara. No me olvido de la ternura que desprende Fernando Soto con su papel, ni de una Emma Suárez categórica y distante que se va dulcificando durante la obra. También se agradecen los trabajos de José Luis Torrijo, a quien la caracterización le ayuda a cuajar una excelente interpretación, y Daniel Grao que debe mantener en escena a un personaje siempre ecuánime, casi sin sentimientos.

Al final me quedé pensando si había entendido todo el mensaje de La avería o si mi pensamiento se había marchado por los mismos derroteros que el del joven protagonista y me habría perdido pensando en que el juego encerraba algo de realidad, y por tanto que lo moral que defiende estaba por encima de lo teatral. Pero creo que no, que todo era un puro juego.

A modo de pequeño anecdotario: El escritor suizo Friedrich Dürrenmatt es autor de obras de teatro, novelas -algunas de ellas policíacas-, piezas radiofónicas, relatos y dos guiones cinematográficos que fueron llevados a la gran pantalla. Maximilian Schell se encargó de dirigir uno de ellos: Der Richter und sein Henker, que aquí se tituló El puente sobre Estambul en lugar de mantener el título de la novela original de Dürrenmatt El juez y su verdugo. La anécdota es que en dicha película Dürrenmatt interpreta uno de los papeles. Así que a su curriculum debemos añadir la profesión de actor.

Con todo este bagaje, cabría pensar que La avería es una de sus piezas teatrales, sin embargo, y en realidad, se trata de uno de los cuentos de Dürrenmatt sobre el que Fernando Sansegundo ha trabajado para convertirlo en un texto dramático.

martes, 22 de marzo de 2011

Contra los recortes, por las pensiones, el empleo y los derechos sociales

Multitudinaria Manifestación de las gentes de izquierdas pidiendo una política verdadera de izquierda


Domingo 20 de marzo de 2011. Madrid


Cartel convocando a la manifestación Contra los recortes, por las pensiones, el empleo y los derechos sociales
Cartel convocando a la manifestación Contra los recortes, por las pensiones, el empleo y los derechos sociales
Las mañanas de los domingos son siempre un tiempo diferente, donde se mezcla el ocio, lo pendiente y el descanso. Donde uno se cruza con los vecinos, con algún amigo, y con todos se comparte hasta la pereza. Vencí la desidia, como muchos otros miles de madrileños que utilizamos la mañana del domingo 20 para manifestarnos en contra de la política de recortes emprendida por el gobierno de Zapatero, porque somos muchos los que pensamos que supone un fuerte retroceso y que sus medidas no han servido para nada, pues, además de no solucionar ninguno de los problemas que hay sobre la mesa, se ha olvidado de arreglar las cuentas con quienes son los principales causantes de la crisis.

El recorrido ha sido muy acertado, el tiempo ha acompañado con una mañana especialmente soleada, y las gentes se han ido mezclando aprovechando la cercanía del Rastro. Hemos caminado por las hermosas calles del centro de Madrid con tranquilidad, sin la impaciencia de los vehículos que se apropian diariamente de él. Me he encontrado con muchos amigos, he visto caras con las que hacía tiempo que no coincidía, nos hemos alegrado de vernos y así, todos juntos, nos hemos tomado la manifestación Contra los recortes, por las pensiones, el empleo y los derechos sociales que convocaba Izquierda Unida como una fiesta democrática, donde el pueblo soberano expresa en la calle sus opiniones. Hemos salido con el orgullo de ser gentes de izquierda que quieren una política social y coherente para este país, alejada del neoliberalismo económico que viene practicando PSOE y PP.

Un instante de la manifestación (Foto: Toni Gutiérrez)
Un instante de la manifestación (Foto: Toni Gutiérrez)
Es cierto que los tiempos no están para tirar cohetes, pero no por ello vamos a dejar de sentirnos indignados. El gobierno se ha cebado con los más débiles a la hora de paliar esta crisis. Los culpables no están en prisión, las grandes corporaciones han aumentado sus beneficios y a cambio los obreros perdemos derechos y salarios, mientras aumentamos jornadas y tendremos que trabajar durante más años en un mercado inestable que no tiene lugar para todos. Es el momento de avanzar hacia un modelo productivo sostenible y sin centrales nucleares, como recordaba Cayo Lara, una salida social que no se construya sobre el sufrimiento de la clase trabajadora, que pase porque los responsables contribuyan con sus impuestos y beneficios. Ninguna de las medidas adoptadas ha resuelto ninguno de los graves problemas que nos trajo la crisis: el paro sigue aumentando, la juventud no encuentra trabajo ni tampoco perspectivas de futuro, las pequeñas empresas se ven acosadas cada día con mayores dificultades para seguir abriendo, aumenta la pobreza, se limitan los derechos laborales y se ataca lo público y social. No es esto lo que queremos.

A través del manifiesto de esta convocatoria que leyó Marta Sanz durante el acto, Izquierda Unida ha presentado las medidas desde las que se debería afrontar esta crisis y que pasan por un plan urgente de empleo que estimule una economía sostenible, desandar el camino de la reforma laboral, la puesta en marcha de una reforma fiscal justa y progresiva que no exima a las rentas del capital y emprender un cambio de rumbo para que se detengan las privatizaciones de las Cajas de Ahorro y se transformen en una verdadera Banca Pública al servicio de los ciudadanos.

Durante el mitin que cerró la manifestación, se escuchó a Cayo Lara hablar de que éste es el momento de llevar los valores de la izquierda hacia arriba, pues la ciudadanía tiene que percatarse de que votar a PP y PSOE no supone ninguna solución a la crisis ni ninguna diferencia. Hay que votar otra cosa, a una fuerza política de ofrezca una verdadera salida por la izquierda frente a la triple traición de Zapatero a los trabajadores, a los ecologistas y a los pacifistas. Unos valores que propone Izquierda Unida como pilares de su política. Habló de participación, honestidad, transparencia, solidaridad y justicia social, igualdad, compromiso colectivo, generosidad, solvencia... Recalcó la defensa a los trabajadores por ser una fuerza política que no se arrodilla ante los poderosos, ni los mercados, ni los banqueros. Lara se negó a hacer un discurso del no y habló de un sí al empleo con relaciones laborales justas, con pensiones dignas, a un empleo público con derechos, al pacto social, al derecho a una vivienda, a una democracia plena, a las energías renovables y a la Paz.

Pancarta del PCE (Foto: Andrés Aranguren)
Pancarta del PCE (Foto: Andrés Aranguren)
En su discurso no olvidó mencionar la honestidad política de su formación y el rechazo frontal a la corrupción que vemos a diario. «No todos somos iguales, ni en el pasado, ni en el presente, ni lo seremos en el futuro».

Antes de Cayo Lara, Gregorio Gordo, dio la bienvenida a los manifestantes con un discurso centrado en Madrid que terminó comparando la política del PP con la del PSOE, pues hasta Esperanza Aguirre ha alabado lo que hace Zapatero y que el presidente del gobierno haya terminado pasando por el aro.

No he encontrado muchas referencias a la manifestación en la prensa, la televisión también se ha olvidado de ella y aunque, TVE1, mostró unas imágenes de Cayo Lara en su telediario hablando de la guerra en Libia, no citó la manifestación. Además, acto seguido, en un intento de que el espectador asociase la presencia de Cayo Laro en otro lugar, colocaron imágenes de otra manifestación, en este caso en Barcelona y contra la guerra. Lara estuvo en Madrid, sosteniendo la pancarta principal, oponiéndose a la política del gobierno. Y con él muchas personas, en una manifestación multitudinaria que comenzó a ritmo de batucada en la Puerta de Toledo y se cerró abarrotando la Puerta de Sol de banderas tricolores republicanas, blancas de Izquierda Unida y rojas, con hoces y martillos, del PCE.

Discurso de Cayo Lara con el que concluyó la Manifestación en la Puerta del Sol (Foto: Toni Gutiérrez)
Discurso de Cayo Lara con el que concluyó la Manifestación en la Puerta del Sol (Foto: Toni Gutiérrez)