jueves, 10 de febrero de 2011

La esperada vuelta a los escenarios de Luz

El público madrileño arropó con cariño y fervor a Luz


Viernes 4 de febrero de 2011. Madrid Arena. Madrid


Un instante del concierto
Un instante del concierto
No es fácil llenar el Madrid Arena, un frío pabellón de deportes con capacidad para 10.000 personas, según cifras de los organizadores. Luz lo hizo en su regreso a los escenarios en la capital del reino. Se trataba de un concierto benéfico en el Día Mundial contra el Cáncer, una enfermedad que la artista ha conocido en primera persona.

Sin duda su voz es una de las principales del panorama musical de nuestro país, así que verla de nuevo sobre un escenario es toda una fiesta a celebrar. A las diez en punto las luces se apagaron, aparecieron los músicos. Después entró Luz, recibida entre aplausos y con el público puesto en pie. Lucía un vestido negro cuya falda terminaba por encima de las rodillas y un cinturón con una media luna plateada por hebilla. Se presentó con un pelo corto saliendo con la misma fuerza que la artista atesora en cada uno de sus poros.

Empezó desgranando los primeros boleros de su nuevo disco, La pasión. Interpretó temas como Con mil desengaños, Mar y cielo, Historia de un amor, Alma mía y Nieblas. Sin duda este disco, el duodécimo de su carrera, había sido muy esperado por su público. Baste saber que nada más salir, el 29 de septiembre de 2010, fue número uno de ventas en iTunes. El disco recoge una docena de boleros de siempre, que, en su mayoría, fueron compuestos en los años 50.

Cartel del concierto benéfico de Luz en el Madrid Arena
Cartel del concierto benéfico de Luz en el Madrid Arena
Tras este preámbulo, le llegó el turno a sus temas de siempre. Entre mis recuerdos levantó de nuevo al público y No me importa nada terminó con una fuerte ovación que cerró la primera parte del concierto.

Tocaba adentrarse en los temas más rockeros. Peter Oteo dejó el pesado contrabajo para pasarse a un bajo convencional. Juan Cerro y Jorge Ojea cambiaron las guitarras acústicas por eléctricas y tuvieron sus mejores solos. Josué Santos dejó de lado el piano por los teclados. Y Luz se cambió de ropa para la ocasión: pantalones de cuero negro y una bonita blusa de seda de un tono entre oro, verde y marrón. Así vestida se plantó ante el público, alzando el micrófono y su sujeción con una mano levantada hasta arriba. Regresó con fuerza y coraje para cantar A cada paso, Dame un beso y Plantado en mi cabeza. Con Rufino, un tema de su lejano tercer álbum, recordó un pasado más divertido e intrascendental, los tiempos de una juventud desde la que Luz comenzaba a asentar su carrera musical. Su primer disco salió a la venta en el año 1982 con un listón muy alto y desde entonces no ha hecho otra cosa que crecer en calidad y sentimiento.

Sin duda, donde Luz se deja el alma es en sus temas de siempre. Su voz vibrante, cálida y acogedora se desgarra con ellos para lograr trasmitir los leves temblores de una vida llena de lucha. Pocas artistas conectan con el público tan directamente y comparten con mayor desnudez sus sentimientos. Un nuevo día brillará se convirtió en la canción más coreada del concierto, pidió al público que la acompañara con el estribillo y se vivió el momento mágico del concierto, ese en el que con magia se funden los espectadores y la artista.

No faltó Piensa en mí, uno de sus himnos. Especial también resultó la interpretación que hizo de la canción de Violeta Parra Gracias a la vida que Luz convirtió en una declaración de intenciones, en un motivo de esperanza, porque es en los momentos más difíciles cuando lo más pequeño, lo cotidiano, cobra la mayor importancia.

En el último bis regresó a los boleros de su último disco. Fue el momento de Sombras y No, no y no. Aprovechó estas piezas para presentar a los trece músicos que la acompañaron en el escenario. Un grupo numeroso, ya que además de los músicos citados anteriormente cuenta con el percusionista Pedro Rodríguez, la batería de Tino di Geraldo, una sección de vientos liderada por el trompetista Manuel Machado y al que acompañan el trombón de varas Joulien Ferrer y el saxo Martín García y otra de cuerda con los violinistas Eunice Santos y Ernesto Galván, la viloa Belén Villanueva y el chelo Sebastián Lorca.

La artista eligió Te dejé marchar para cerrar y despedirse de su público. Con la gira apenas empezada aún le falta algún concierto más para asentar su mejor voz, esa que resulta siempre excepcional y que en pocas tardes volveremos a disfrutar en su plenitud, pues no habrá nunca obstáculo suficiente para impedir que Luz vuelva a brillar con esplendor. Así terminó un concierto lleno de entrega.

A modo de pequeña ilusión: Entre el público había muchas caras conocidas. Se podía ver a los Príncipes de Asturias que acapararon miradas y flashes. Mi corazón republicano imaginó entonces unas frases como éstas desde el escenario: «Me han dicho en el camerino que entre el público están los Príncipes de Asturias, quería aprovechar el momento para saludarles y también para decirles que, desde mi postura republicana y con todo el respeto, confió que con el acuerdo la ciudadanía de este país logremos que nunca reinen. Pues toda monarquía resulta un obstáculo para el principio de justicia e igualdad entre los seres humanos». Lástima que éstas palabras sólo hayan sonado en mi imaginación.

miércoles, 9 de febrero de 2011

B-52, el ser humano jugando a destruir

El perro flaco teatro presenta una obra de Santiago Alba Rica considerada una travesura militar en dos actos


Domingo 23 de enero de 2011. Teatro Jovellanos. Gijón


Cartel de la obra B-52
Cartel de la obra B-52
El argumento de B-52 es sencillo: Caty cumple 32 años, así que se reúne con sus amigos para celebrarlo. Como forma de diversión deciden jugar a su juego preferido: B-52, que consiste en convertirse en la tripulación de un bombardero que despega de Florida para dejar caer sus bombas sobre un objetivo en Iraq y regresar de nuevo a casa. Juegan a realizar el trayecto y en él van mostrando que tipo de personas son. Lo malo de los juegos es que a menudo se toman tan en serio que parece que los jugadores estuvieran viviendo la propia realidad. Al teatro también le pasa algo similar: uno va pensando en ver una obra que cumpla con los convencionalismos asumidos de una representación simbólica y termina viendo como es la propia realidad sin sus andamiajes.

La escenografía del montaje es sencilla y a la vez eficaz. Parte de un escenario casi desnudo sobre el que se ha colocado un andamio, algunas sillas y montones de vasos de plástico usados en los laterales. Parece todo un desangelado espacio de nave industrial sombría. Al espectador no le resulta difícil colocarse sobre él y quedarse ensimismado recordándose a sí mismo en una tarde anodina de espera. Nada hace pensar en un principio hacia dónde derivará la historia, pues el lugar no nos previene de nada. Los personajes se presentan, cuentan una biografía corta de méritos y virtudes, de rasgos que los diferencian. Todos son ciudadanos estadounidenses que viven entre los márgenes de la cotidianidad más absoluta, convencidos de estar en el mejor país del mundo. No dudan de sus dirigentes ni de aquello que les dicen. Creen en la guerra preventiva, en castigar a los malos para que el orden mundial no cambie. Es cierto que la vida les podría tratar mejor, que tienen anhelos y sueños que saben que no se van a cumplir, que están llenos de carencias imposibles de arreglar, de conformismo, pero, a su manera son felices. Tampoco al espectador le va a resultar un esfuerzo identificarse con ellos.

Todos forman parte de esa sociedad modelo. Una sociedad que viaja en ese trayecto mortal como si no fuera con ella, a quien nada le importa lo que transporta el avión en su panza ni las desgracias que ocasionará en un rato. Una sociedad que se escuda vilmente diciendo que al igual que los otros tripulantes que van en el bombardero ellos se limitan a cumplir las órdenes recibidas. Ninguno de quienes forman esa sociedad modelo se compromete. Cada uno de ellos aleja la guerra como algo que ocurre lejos y no se implica, porque en el fondo todos somos buenos y estas son decisiones que toman los malos políticos a quienes hemos confiado nuestro gobierno. Una verdad ésta que se va mostrando entre diálogos domésticos, cotidianos, que se establecen entre personas convencionales.

Una escena de B-52
Una escena de B-52
El vuelo refleja el mismo camino que emprende cada mañana Occidente, un camino que exige el sometimiento de los pueblos más débiles y la destrucción de los que se enfrentan. Esa es la realidad, la punzada que nos clava la obra cuando más entretenidos estamos. Y es entonces cuando sabemos que no hacer nada tiene consecuencias drásticas que podremos contar con los números que representan los cadáveres que esas bombas matan, porque la verdadera consecuencia de permanecer callados es la muerte y la destrucción. Nunca resulta posible pasear por la vida sin mancharse los zapatos. No hay guerras limpias, todas producen daños y siegan vidas, todas nos traen imágenes que nos obligan a apartar la mirada porque nos producen asco. Y sin embargo callamos.

El espectador se enfrenta a un texto denso, sin grietas, que no le va a dar un respiro, que no trivializa y que va a traer el dramatismo más atroz a través de unas imágenes que hacen real lo que parecía un juego. Un texto cargado de integridad moral. El belicismo de las potencias del imperio no ha retrocedido un ápice en todo el siglo pasado, las guerras no se han detenido porque los intereses de las potencias dominantes siguen siendo los mismos.

Pero el texto no es cruel, sino que recurre a la mejor comedia para su digestión. Ofrece también inteligentes válvulas de escape como son los divertidos números musicales con canciones satíricas que resultan sorprendentes y que dan una medida excelente del trabajo de los actores.

Cuenta su autor, Santiago Alba Rico, que él se considera un «agitador político», así que su tarea al escribir este texto es la de remover las conciencias. De esta obra lo que le importa es observar «los efectos directos, inmediatos, sobre un público que pueda incubar luego en casa lo que ha visto. Que los espectadores pasen un buen rato en el teatro y luego uno malo en casa, pensando».

Es el de David Acera y su compañía un teatro militante que se ocupa y preocupa de la realidad. Un teatro capaz de atacar para enfrentarse a los valores burgueses sobre los que nuestras sociedades occidentales se acomodan y conforman. Arremete con fuerza usando la cabeza, moviéndonos a una reflexión crítica que nos haga sentirnos personas comprometidas con el futuro que queremos: el mejor de todos. En ese futuro soñado no puede haber lugar para las guerras ni la destrucción de ningún ser humano.

Por eso el tandem autor-compañía funciona a la perfección. B-52 está hecho sobre un buen texto, con buenas interpretaciones y logra producir un cosquilleo inquietante que no se va con facilidad.

A modo de pequeño anecdotario: Santiago Alba Rico escribe para la Compañía El perro flaco teatro su primer texto teatral: B-52. Este pensador, ensayista, filósofo y escritor tiene ya una larga trayectoria que comenzó con los guiones para la Bola de Cristal y los Electroduendes.

Santiago tenía previsto acudir a la representación del pasado 23 de enero en el Teatro Jovellanos, pero reside de forma habitual en Túnez y los problemas existentes en aquel país le impidieron estar presente.

martes, 8 de febrero de 2011

La vida sublime, cine diferente

Daniel V. Villamediana realiza una película valiente de un misterio familiar

Cartel de la película La vida sublime
Cartel de la película La vida sublime
Hay muchas películas dentro de La vida sublime y a cada cual más sorprendente. Si le preguntan al actor Álvaro Arroba dirá que parte de una idea conceptual y hablará del guion escrito por Víctor Erice para rodar la segunda parte de El Sur. Aquel fue un proyecto que no se pudo llevar a cabo y por tanto el anhelo del Sur, llegar a él, se quedó como una ausencia.

Si escuchamos a su director Daniel V. Villamediana nos hablará de un proceso de creación que parte del vacío que supone un misterio familiar. El abuelo, siendo joven, parte un día hacia Cádiz, ciudad en la que vivirá unos cuantos meses. A su vuelta a casa, calla y no cuenta nada; lo que acrecienta el enigma. El nieto y protagonista, muchos años después y con su abuelo ya desaparecido, hace de aquel silencio la posibilidad de emprender un viaje vital por los mismos derroteros, reescribiendo y rellenando a su gusto los huecos. Es una película que se mueve entre fronteras que se diluyen: norte-sur, presente-pasado y realidad-imaginación. Frente a la tozuda verdad que se desconoce se impone la inventiva del protagonista que moldeará a su gusto toda la historia.

Me gusta su arranque explicando que no hay raíces, ni orígenes, ni pasado, ni presente. Después me surge la primera duda; a la charla le sigue un largo plano en el que no pasa nada y que nos presenta los enormes campos de trigo de la meseta castellana. El lugar desde el que protagonista inicia su viaje tan interior como físico con el propósito de buscar una pasión. Lo hace bajo la inspiración de Erice, de ese guión escrito y no filmado, tratando de recrear la memoria de su abuelo. Aquí surge el primer giro de la película, el nieto y protagonista, se inventa una vida sublime, llena de épica y proezas. La cuenta a todo aquel con el que se cruza, magnificando los pequeños detalles que conoce. Así va pasando la vida, de conversación en conversación, haciendo cosas que dice que su abuelo hizo y que van resultando cada vez más absurdas. Poco a poco la película va perdiendo su sustancia para quedarse en lo anecdótico. El camino se ha exagerando hacia el puro disparate, con la excusa de que «el peligro es la clave de la vida sublime». Y así va llegando a un precipicio desde el que no le queda más remedio que saltar.

En el viaje se produce una honda transformación de su protagonista. Parte desde la seriedad de un carácter rudo del castellano y se va ablandando hacia lo desmedido y cordial del andaluz. Y el cambio tiene su encanto, ese desdibujar para encontrar puntos de unión más que fronteras se agradece. Lo mismo que el homenaje que realiza a una generación perdida durante el franquismo. Aquella que quedó silenciada, la que se busca, la que se mitifica por la losa de silencio que se le impuso, la que se sabe más interesante que este anodino presente cargado de conformismos. Es sin duda La vida sublime una película de paralelismos tanto como de rellanar los huecos que a todos nos quedan pendientes para terminar de construir nuestra historia colectiva.

En lo técnico, siento que abusa del plano fijo con un encuadre estático y dentro del que se mueven los actores. Tal vez lo haga para que las cosas pasen ante la cámara sin que ésta las altere. Se trata de seguir una corriente que parece que triunfa a costa de dejar a un lado la parte subjetiva del director con los movimientos de la cámara, perdiendo ese enfoque mágico de un pequeño detalle que nos pueda mostrar la solución al acertijo de la película.

La vida sublime destaca en lo interpretativo. Victor J. Vázquez realiza un excelente trabajo que sostiene con arrogancia torera la historia. Le acompañan en sus diálogos diferentes presencias que van dando el tono y generando las dudas que a la postre afianzan al protagonista aún más en sus determinaciones.

Me gusta la valentía, y en esta película hay mucha, pues es un cine diferente, que se permite mantener una discusión política e inteligente entre anarquismo y comunismo durante varios minutos. La vida sublime es osada en la forma de contar, en la pasión por narrar una historia y en el uso de la palabra directa y el gesto. En todo eso resulta sorprendente.

A modo de pequeño anecdotario: La primera película de Daniel V. Villamediana fue El brau blau, en el 2008 y que pasó por varios festivales internacionales: Locarno, Viena, Estoril y San Sebastián.

Con su segundo largometraje, La vida sublime, Villamediana ha repetido el periplo casi al completo: le faltó San Sebastián pero a cambio pasó por Gijón.

lunes, 7 de febrero de 2011

Blog, hormonas desbocadas

Elena Trapé firma una película sobre los conflictos de la adolescencia con un lenguaje actual y en el mismo entorno tecnológico en el que los jóvenes se desenvuelven

Cartel de la película Blog
Cartel de la película Blog
Blog cuenta la historia de un grupo de adolescentes que aburridas deciden emprender determinadas acciones para dar un giro radical a sus vidas. Estas chicas tienen 15 y 16 años, pertenecen a una clase social media-alta, se han educado en un buen colegio, hacen deporte y muestran la sensibilidad que se va despertando a esas edades. Son inteligentes y por tanto tienen consciencia de todas las ventajas que la vida les ha ido dando.

Pero les falta algo, un lazo de amistad irrompible que dure para siempre. Dos de ellas urden un plan secreto que forme ese vínculo y lo desarrollan con el deseo de compartir la necesidad de vivir en todo momento emociones fuertes que las diferencien del resto de los adolescentes. Esa es su meta final porque ya no quieren ser iguales, sino que buscan distinguirse. Algo muy difícil cuando se comparte modas, preocupaciones, programas de televisión, juegos, estudios…

Poco a poco van incorporando al resto de las chicas de su clase al complot planteando el mismo objetivo común. Todas aceptan, todas necesitan la misma complicidad, forjar una identidad propia pero con la seguridad de pertenecer a un grupo donde encauzar sus afectos.

Una escena de la película Blog
Una escena de la película Blog
No se puede decir que elijan llevar a cabo una chiquillada, pero el presente de esas edades nubla cualquier pensamiento con proyección de futuro, no hay responsabilidades que vengan tras los actos, incapaces de entender el proceso causa efecto. La película cuenta toda esa trama en la que van hilvanando su decisión y afianzando el sentimiento de pertenencia a un grupo, de compartir situaciones, pensamientos y pesadillas. En realidad todo empieza porque este grupo de adolescentes lucha contra el aburrimiento. Reinventarse y no detenerse se convierte en algo tan importante como respirar. El tedio se combate con facilidad si se comparte con las amigas, si se comienza una comunicación a través de la cual conllevar sus problemas y crear un pequeño círculo a través de los vínculos que van estableciendo.

De gran fuerza son los diferentes monólogos ante la cámara que van desgranando las principales chicas de la historia. Nos hablan directamente de lo que les preocupa, elaborando un discurso comprensible y coherente. Hablan de modas, de chicos, de dietas… de todo lo que es importante a esa edad, y así, con inocencia, nos muestran sus miedos a la vez que dibujan sus deseos. Sin duda, estas piezas, resultan lo más interesante de la cinta, pues con una pocas frases han descrito a la perfección a las chicas. A la vez permite al espectador adentrarse en la intimidad de sus pensamientos.

Los planos de Blog y su parte técnica tanto en fotografía como en montaje resultan refrescantes, pues sin duda es un trabajo diferente, que quiere llevar a la pantalla otro tipo de lenguaje similar al que nos aportan las nuevas tecnologías. Hay partes rodadas con webcams, asistimos a las conversaciones transcritas de un chat…

La película agrupa forma y fondo y de esta forma sirve para desentrañar cómo tejen los adolescentes sus redes sociales en estos nuevos tiempos de móviles, ordenadores, consolas, Internet y demás herramientas tecnológicas que han aparcado definitivamente las formas tradicionales. Su día a día se registra con nuevos parámetros donde lo eterno resulta tan efímero como la duración de una conversación a través de un chat. Grabar es sencillo, difundir también.

Sin duda el público objetivo de Blog son los adolescentes, que se van a sentir identificados con esta explosión hormonal. Si su directora Elena Trapé buscaba otro tipo de espectadores la película se queda corta, pues lo único que añade desde un prisma más adulto es una mirada dulce para recordar una edad, unos sueños guardados en un frasco, una época diferente pero igual, pues lo que hay debajo, los sentimientos básicos intrincados en un adolescente no dejan de ser los mismos. Simplemente ahora se transmiten de otra forma.

El espectador se siente un mirón que está accediendo a la intimidad de un grupo de adolescentes. No es una intimidad robada, es más bien algo parecido a lo que ocurre en Internet, donde cada uno se olvida de separar lo íntimo y muestra lo más personal sin pensarlo. Son tiempos en que las etiquetas entre público y privado se han ido desvaneciendo hasta resultar imposible dibujar un límite entre lo uno y lo otro. Ahí queda todo para quien le pueda interesar, pues cada detalle de nuestras vidas se va registrando con un absurdo sueño de inmortalidad.

A modo de pequeño anecdotario: Escándalo Films es una productora surgida en el entorno de la ESCAC (Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña) con la que tiene firmado un convenio de colaboración para buscar y promover los nuevos talentos de la cinematografía catalana. A modo de catapulta han creado el proyecto Ópera prima que busca posicionar en el sector audiovisual español a los mejores autores y técnicos surgidos en la ESCAC.

Eligen un proyecto de película y forman un equipo de trabajo en el que todos son graduados de la ESCAC para llevarla a cabo. La primera película de este programa fue Lo mejor de mí, de Roser Aguilar. Le siguió Tres dies amb la familia, de Mar Coll. Ahora le toca el turno a Blog, de Elena Trapé, quien ha compaginado la dirección de esta película con sus labores docentes en la ESCAC y con la realización publicitaria en la productora Tesauro.

domingo, 6 de febrero de 2011

Primos, o como las mayores tragedias se pueden contar en tono de comedia

Daniel Sánchez Arévalo debuta en la comedia con gran acierto y sin perder su gran capacidad crítica

Cartel de la película Primos
Cartel de la película Primos
No todo en la vida es dejarse llevar por las situaciones que llegan, pasar de puntillas comos si nada de lo que ocurre alrededor nos importara, y hacer las cosas porque simplemente "toca". Daniel Sánchez Arévalo con Primos nos propone involucrarnos para vivir de verdad, para que encontremos nuestro sitio. Y lo hace con una sonrisa tan contagiosa como vitalista, porque vivir es avanzar.

Como guionista, Daniel Sánchez Arévalo, me parece un arquitecto que construye sus películas sobre una estructura fuerte, con pilares robustos sobre los que va colocando los adornos que moldea con inteligencia. Para crear ese armazón, en Primos, juega con la geometría de los triángulos. Tres son los primos que se convierten a su vez en vértices de otros tres triángulos que nos permitirá ver desenvolverse a cada uno de los primos en unos planos diferentes. Y así de figura en figura, con cierta mala leche y con muy buen elenco se va despachando una comedia divertida y original.

La risa la producen las situaciones y las respuestas que los personajes dan a ellas, los tics que todos tenemos y en los que abundamos sin querer, en un empecinado intento de repetir los éxitos que tuvimos como si todo se hubiera detenido en aquel pequeño momento. El ridículo es un sentido más, que tendremos más o menos desarrollado, y al que los protagonistas podrían vencer de dos formas: huyendo lo más lejos posible como parece dictar la más sesuda razón o dejándose atrapar en él, porque al final, después de cada ridículo siempre queda una anécdota con una bonita sonrisa, el marchamo de haber sido humanos por un ratito.

Quim Gutiérrez y Raúl Arévalo en una escena de la película Primos
Quim Gutiérrez y Raúl Arévalo en una escena de la película Primos
Los primos son el ejemplo de las buenas intenciones. Se cuidan entre sí. Cada uno de ellos ha forjado una personalidad en que los lazos familiares le ha ido situando en el rol que desempeña dentro del grupo de tres. En esta relación, la del triángulo base, no vemos el interior de los personajes, nos quedamos en la capa exterior de algunos de sus comportamientos con los que se expresan en el momento que están juntos. Momentos que suponen un empuje vital que los unos se dan a los otros para exprimir la vida; con excesos si es necesario para que no decaiga el ánimo. Pero cuando la fiesta se acaba quedan los restos y vemos los síntomas de sus carencias no resueltas. Los tres están necesitados de algo que no saben nombrar, buscando un sentido a una vida que les desconcierta, pues seguir los modelos establecidos por los que se han ido moviendo, esas convenciones con fecha fija que heredamos como costumbres sociales, no han sido ninguna solución. La vida no se puede mecanizar.

Regresan al lugar de su adolescencia en un intento de recuperar lo que les falta, recordando que allí se quedó anclado el último instante en el que fueron felices. Y tropiezan, los demás han evolucionado, no se han quedado esperando el regreso de los veraneantes con el tiempo detenido. Conseguir ser felices se convierte en un trabajo propio, donde los demás pueden ayudarnos, pero de nada servirá si cada uno de ellos no se resuelve a sí mismo primero.

Para conocer el interior de cada uno de ellos, la película se introduce en los otros triángulos en los que están inmersos cada uno de los protagonistas por separado. Diego (Quim Gutiérrez) es vértice del triángulo amoroso clásico, en el que debe decantarse por uno de sus dos amores, el primero (Inma Cuesta) o el último que parece haberse roto (Nuria Gago). ¿Cómo saber diferencia el amor de los impulsos pasionales? Tal vez sólo hace falta tiempo, pues para que los sentimientos afloren y se puedan disfrutar no basta la inercia. El dejarse llevar practicado hasta el momento, el esconder la cabeza bajo la arena esperando que al levantarla todo se haya resuelto por sí solo, son soluciones parciales, pequeños parches. La falta de decisión significa también una pérdida del derecho a disfrutar plenamente de lo elegido.

El triángulo de Julián (Raúl Arévalo) es de principios vitales. En la vida ordinaria se ha definido claramente el triunfo profesional como garante de la felicidad. Julián lo ha conseguido, es el mejor de todos... Pero luego, al llegar a casa, está solo y angustiado. Es su apariencia de buen humor una fachada con la que enmascarar una felicidad no disfrutada. Decir que nada importa, su mentira. Al ver la relación problemática de un padre (Antonio de la Torre) y su hija (Clara Lago) se da cuenta de que necesita intervenir, ayudar y esa proceso de socorrer a otros, de hacer que comiencen un camino de entendimiento, da sentido a su vida, pues recompone aquella estampa de adolescencia que se ha guardado en el corazón como perfecta.

El tercero de los primos, Miguel (Adrián Lastra), vive un mundo burbuja de hipocondriaco, agobiado por sus enfermedades. Sin embargo esa cerrazón hacia el hecho de vivir se quiebra al tropezar con un niño (Marcos Ruiz) que va camino de convertirse en él. Juntos superarán sus ansiedades, ver la exageración de otro nos hace ver la nuestra propia. Entonces Miguel entenderá que toda la fe ciega que había depositado en Toña (Alicia Rubio) como única solución, no era otra cosa que una patología más.

En resumen, Primos es una comedia divertida y bien construida que no se conforma en quedarse en una capa hueca de superficialidad.

A modo de pequeño anecdotario: Daniel Sánchez Arévalo es un joven director ya consagrado por sus dos anteriores películas Azuloscurocasinegro y Gordos y un prometedor guionista, tanto de series de televisión como de largometrajes. Polifacético como pocos, también es el autor del libreto del musical 40, el musical.