miércoles, 7 de julio de 2010

Los teatros de la derecha

Reflexiones después de escuchar como los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid presentan su programación para la temporada 2010-2011


Albert Boadella e Ignacio González durante la presentación de la nueva temporada
Albert Boadella e Ignacio González durante la presentación de la nueva temporada
Que no me gustan las ideologías de derecha es algo sabido.

Al salir de la rueda de prensa de presentación de la programación de los Teatros del Canal 2010-2011 me puse a darle vueltas a lo que había visto, pues, sin saber por qué, sentía un cierto malestar, una incomodidad, vamos, lo que se viene a decir, una picazón por sarpullido. Escribí la reseña del acto para laRepublicaCultural.es limitándome a informar, pero me quedé con las ganas de opinar, no porque no me lo permitieran, sino porque hay una clara distancia que uno debe marcarse sabiendo separar entre la información y la opinión.

De la programación no tengo quejas, incluso hay algún espectáculo que me interesa. Pero de lo otro, de lo del ambiente «popular»...

Lo primero que uno percibe cuando va a un acto de la Comunidad de Madrid es el marketing con el que se recubre. Lo llena todo, incluso el contenido que se va viendo disfrazado con boato. Se cuidan los detalles que se pueden comprar con dinero, se invita -o se contrata- a aplaudidores profesionales que arropen a sus políticos, que destaquen lo que la Comunidad quiere que sean los titulares. Sin embargo son los suyos aplausos vacíos, un puro protocolo de quien está acostumbrado a no saber distinguir sus deseos de los de quien le paga. Uno siente, escuchándoles, que está viendo una manipulación, o si se prefiere, una representación previamente ensayada. Una sala grande, con bastante público, y una filas para la prensa arriba del todo, lejos, tal vez para ver si desde allí muerden poco. No suele haber cifras exactas, siempre un casi frívolo las antecede. Flota una sensación de que todo es cortesía, algo que impide decir las palabras de una manera directa.

Ignacio González durante la presentación de la nueva temporada
Ignacio González durante la presentación de la nueva temporada
Ignacio González, consejero de Cultura y Deportes, vicepresidente y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid, está rodado en todo momento por un equipo que le adora, le cuida y le da calor. Lástima que lo que se aprecia es un servilismo más que una devoción a su persona. Se le admira por el cargo que ocupa, se le defiende, prietas las filas, por pura jerarquía, sin discusión posible. Eso sí, habla poco, sonríe mucho y procura no decir tonterías. La única pregunta no pasa de ser una tontería sobre fútbol, e incluso se piensa y mide la respuesta antes de expresarse. Más parece un actor leyendo un discurso con unas teorías que le toca compartir que un gobernante.

Los Teatros del Canal se llaman en plural porque en verdad tienen dos salas, la Roja y la Verde. Se inauguraron el año pasado, en lo que supuso la estocada final al mítico Teatro Albéniz, dejando vacío un solar céntrico e histórico y pasando sus funciones a un nuevo edificio que supuso la construcción de una sede más acorde con los gustos de quien gobierna la Comunidad. El ladrillo le tira mucho a nuestra presidenta que sueña, por eso de la bendita posteridad, con construir lugares nuevos donde poner una placa con su nombre y olvida otros lugares que tienen otras placa y otros nombres, para que se conviertan en inversiones y negocios privados. Me duele el crimen del Albéniz por su olor a dinero y la desvergüenza de quien manda y gobierna con malas artes, para los intereses de los suyos, de la derecha más rancia y el capital.

Los Teatros del Canal tienen una gestión mixta, para unos espectáculos se utiliza la pública y para otras la privada. No queda claro dónde están los límites entre la una y la otra, ni que beneficios sacan cada una de las partes, ni siquiera de que forma se distribuyen las inversiones. Incluso el propio Boadella, director de los Teatros del Canal, encargado de programar toda la temporada, dice no enterarse de la gestión posterior y de quién la realiza en cada espectáculo.

Albert Boadella durante la presentación de la nueva temporada
Albert Boadella durante la presentación de la nueva temporada
La cultura suele ser afín al progreso, así que los conservadores no andan muy sobrados de personal en este sector. Sí que encuentran muchos deportistas y empresarios, pero esta faceta artística más próxima a los «titiriteros» se les suele resistir. Lo suyo es muy restringido, ópera, conciertos de cámara, algo de teatro... Así que por contra proponen una programación variada, porque dice Boadella «éste es un teatro del contribuyente que pagamos todos con nuestros impuestos» y el contribuyente es variado. Confiesa que por ello ha tratado de realizar una programación heterogénea incluso al margen de su gusto personal porque no le parecería ético hacerlo de otro modo. Señala la calidad como único filtro utilizado. Desconozco si la Comunidad comparte los mismos criterios de calidad y si la programación elegida es al gusto de este organismo tanto como al del pretendido ciudadano. ¡Ah las etiquetas, qué malas que son! Ha habido durante toda la presentación una claro mensaje de etiquetar la programación como un 60% normal y otro 40% diferente, como si la normalidad fuese algo con identidad propia, definible y distinguible, en lugar de un concepto construido con tiempo y expertos en marketing. ¡Para algo se gasta sus buenos dineros la Comunidad de Madrid en publicidad!

Entiendo que la Comunidad de Madrid haya elegido a Boadella, pero no comprendo los motivos por los que Boadella sigue queriendo ocupar el cargo. Se le ve conforme, disciplinado y algo comedido. Acude al humor y a una puesta en escena teatral con sus palabras. Salpica la presentación de anécdotas que sirvan de descanso al oyente, para entretenerlo y volverlo al redil si es que su cabeza se ha ido volando, para traerlo de regreso antes de dar una noticia importante. Preguntado sobre los defectos del edificio habló de lo que supone en gastos energéticos el capricho de construir con cristales, pero no ahondó en otros problemas, simplemente señaló que el edificio es espléndido y ya dirá, cuando no esté de director, los inconvenientes.

Vi a mujeres y hombres del Partido Popular en las primeras filas y les escuché molestarse con las preguntas de los periodistas, viendo en ellas un compromiso y un ataque que solamente estaba imaginado en sus cabezas. Saben que hay defectos pero se los callan y se enfadan, se enrocan en una postura de imagen perfecta en defensa de cualquier atrocidad política -o mínimo error- que se cometa desde la Comunidad con una sonrisa dulce, pues lo que importa es el objetivo: gobernar con una mano y privatizar con la otra para que sigan enriqueciéndose a costa de lo público los mismos.

Y de pronto los organizadores cortan las preguntas mientras miran el reloj como excusándose porque el tiempo previsto se ha cumplido, y los periodistas nos hemos comido los diez minutos que teníamos asignados.

martes, 6 de julio de 2010

Ojos verdes, dignidad de republicano y homosexual

Marc Vilavella rinde un homenaje personal a Miguel de Molina y a una época, en un viaje musical que cruza España a través de su crónica para reivindicar la copla y la canción popular como una parte esencial de nuestra historia


Sábado 3 de julio de 2010. Sala Triángulo. Madrid


Cartel de la obra Ojos verdes
Cartel de la obra Ojos verdes
Miguel de Molina vivió la guerra y luego, con la llegada del Franquismo, tiempos de explotación, miedo, prejuicios, tortura y huida. Escapó de un gobierno que se cebó con su persona por republicano y homosexual y cayó en Argentina donde con el paso de los años se repetiría la misma historia con otro golpe de los militares. La suya es una historia de dolor, desde su infancia, entre pobreza y analfabetismo, pero cargada con una ilusión propia, la de triunfar sobre un escenario. En su voz la copla tomó cuerpo y se convirtió en un género grande que llenaba los teatros. Ojos verdes se ha construido como un espectáculo para honrar su memoria. En él encontraremos sus palabras, sus gestos, sus canciones y también sus sentimientos.

Miguel de Molina y la copla forma parte esencial de nuestra música. Cuenta Manuel Vázquez Montalbán en Crónica Sentimental de España que la copla nace en la República, entre color y alegría, que después llegó Franco y se la apropió. La barnizó, la encogió cambiando las letras y contando otras historias. Pasó a convertirse en un símbolo de la derecha más rancia que sostenía al régimen. Perdió entonces su luz, diluyó su alegría y los jóvenes huyeron de ella porque había adquirido ese tinte fuertemente franquista, algo que fue alejándola y borrándola de sus aficiones. Las nuevas generaciones se encontraron con la asociación hecha, la despreciaron y no sintieron ganas de rebuscar para encontrar los orígenes, lo verdaderamente popular. Algo que empieza a corregirse y recuperarse con voces como las de Martirio, Pasión Vega o Miguel Poveda.

Ojos verdes nos trae esa otra copla, la primera, la unida a un pueblo republicano feliz y orgulloso que admiraba el arte porque era capaz de sentirlo profundamente. Tiempos alegres de cafés cantantes, de fiestas flamencas, de lunares, donde la calle y lo espontáneo se colaba por todos los lugares. Un instante de esperanza. El espectáculo arranca, a modo de presentación, con un monólogo que es un texto extraído de las primeras páginas de su autobiografía. Nos cuenta con certeras pinceladas su infancia, en un barrio humilde. Son momentos emotivos que tocan al corazón, logrando dibujar el ambiente de la obra y predisponiendo al espectador en unos pocos segundos.

Marc Pociello, Patricia Paisal, Marc Vilavella y Gracia Fernández en una escena de Ojos verdes (Foto: Mar Plaza Bayarri)
Marc Pociello, Patricia Paisal, Marc Vilavella y Gracia Fernández en una escena de Ojos verdes (Foto: Mar Plaza Bayarri)
Luego vienen sus canciones que se van intercalando en la historia, profundizando en ella. Miguel de Molina se convierte en la figura que llena el escenario, con trabajo y arte, para crear la imagen de un cantante de copla que no necesita travestirse de mujer. Optó por un pantalón ajustado, camisa blanca, toreras, fajín rojo rodeándole la cintura y el sombrero cordobés coronándole. O por las blusas de lunares cuando se trataba de temas más festivos y dicharacheros.

La obra tiene muy buenos momentos, ingenio y un corazón, el de Marc Vilavella -director, autor y protagonista-, a flor de piel. Nos presenta un Miguel de Molina lleno de matices mientras va recorriendo su vida. Lo interpreta y lo canta, como el torbellino que fue. La bien pagá hacia el final, para contar cuando le concedieron la medalla de la Orden de Isabel la Católica en 1992. Un gesto, después de diecisiete años de democracia que para él no significaba ninguna reparación válida viendo ya tan cerca su muerte. El día que nací yo hacia el principio. Compuesto y sin novia y Ojos verdes para pintar su etapa de esplendor y los números del espectáculo con los que el artista y su compañía se recorrían España.

La voz de Marc Vilavella, como la de los otros tres componentes del grupo, no son las voces de entonces, vienen de nuestros días añadiendo otra tonalidad, pues no se trata de una copia, sino de aportar su propia personalidad a la historia, de convertirla en propia y real. Destaca Gracia Fernández con el chotis chulapo y picantón de La tupinera, y luego en su dulce versión de Ojos verdes. Su compañera Patricia Paisal se luce con Suspiros de España. Pero sobre todo sobresalen con las canciones en que funden sus cuatro voces, como son los temas republicanos y especialmente con la versión que han preparado del ¡Ay, Carmela! Escuchárselo a ellos, levantando el puño derecho mientras sostienen la bandera republicana y el reflejo de otra bandera republicana se proyecta sobre el cortinón del fondo del escenario, eriza toda la piel que se ve recorrida por un hermoso escalofrío. Es un número especial, lleno de fuerza y coraje, que habla de quien teniendo la razón y la legalidad de su parte perdió la guerra y se quedó temblando. Algo que merece la pena revivirlo y que llena el instante de una emotividad infinita que el público termina rompiendo con fuertes y emotivos aplausos.

El suyo es un valor que no falta en ningún momento de la obra, textos que van directos y que explotan certeros en quien se sienta en las butacas. Hay ideología política, la libertad por un lado y la represión por el otro. Como cuando Marc Pociello, vestido de alto mando militar franquista, lee las consideraciones como enfermedad patológica de la homosexualidad. Son los tiempos de los prejuicios, la guerra ha condenado el progreso para introducirnos en un túnel negro de desazón. Y tras la guerra más negrura. Torturas y vejaciones que vemos en un teatrillo con tres marionetas. Crueldad desmedida que a Miguel de Molina ya no le permitirá la menor posibilidad de seguir ganándose la vida con su trabajo. Algunos ganaron la guerra, como fue el caso de Concha Piquer, que se quedó con el repertorio de Molina. A él, sin embargo, con mayor valía, se le trató mal, muy mal, se le persiguió y se le acosó, tanto que sólo regresó a España una única vez.

La música en directo corre a cargo de Marc Sambola que toca la guitarra, el oboe y que además se encarga de la dirección musical y Eduard Tenas al piano. Con ellos dos, con la radio en la que suenan noticiarios o alguna copla y con la voz en off de Quim Dalmau en dos cortos momentos se completa el elenco. Destaca el dinamismo de la compañía y de la obra, como una de sus grandes virtudes. Los actores se muestran hábiles para trasmitir la ternura con su interpretación y la emotividad que brota desde su sensibilidad.

Ojos verdes llegó a Madrid desde las salas de Barcelona por iniciativa del festival gay Visible. Fueron sólo tres cortos días, espero que vuelvan pronto porque su esfuerzo merece la pena.

A modo de pequeño anecdotario: Ojos verdes nació como un trabajo de fin de carrera de Marc Vilavella en el Institute de Teatre. Se construyó una obra a medida, encargándose de la dramaturgia, de la dirección e interpretando a Miguel de Molina. La obra obtuvo dos nominaciones en la pasada edición de los Premis Butaca, en las categorías de mejor musical y mejor actor de musical.

sábado, 3 de julio de 2010

Miguel Poveda: cante y sensibilidad

Miguel Poveda sigue con paso firme su caminito de perfección mientras encandila con su voz y arte al público madrileño, en un concierto lleno de entrega


Viernes 2 de julio de 2010. Escenario Puerta del Ángel. Madrid


Un instante del concierto (Foto: Toni Gutiérrez)
Un instante del concierto (Foto: Toni Gutiérrez)
Los veranos de la villa traen a uno de sus escenarios a Miguel Poveda. Salió solo, a recibir al público con un traje gris brillante, se plantó ante el graderío. Se hizo un silencio sacro, de capilla, mísitico, que su voz rompió garabateando la noche con el pulso indiscutible de su firma. De su garganta afinada salió el primer tema y al terminar la compañía surgió tras las bambalinas. Le acompañan Juan Gómez «Chicuelo» a la guitarra, Paquito González con las percusiones y a las palmas y compás Juan Carlos Grilo y Luis Peña Fernández «Cantarote». Los palmeros y el percusionista de uniforme: camisa morada y pantalones y corbata negros. Zapatos brillantes para reflejar el brillo de los focos con cada golpe. Luces tenues que se cruzan, algo de humo, una escenografía sencilla, pero estudiada, pensada para resaltar a los cinco artistas sentados en sus sillas y, sobre todo, para escuchar la voz.

No empezó muy contento Poveda, percibía unos problemas de sonido, unos acoples que le enrabietaban. Su disgusto crecía y su carácter no le permitía estar callado, su gestos, su rostro enfadado le delataban. Sin duda Poveda es meticuloso, trabajador constante en una búsqueda de la perfección, así que cuando algo no sale a su gusto... No quiere que nada desluzca el espectáculo, así que mira al frente, a los pinares de la Casa de Campo, al polvo y al aire, y dice «Bonita noche». Respira hondo y poco a poco vuelve a encauzarse el duende. A sonar impecable.

Han pasado martinete y pregón, malagueña y abandolaos, cantiñas, cuando se arranca con la soleá, mezcla en ella a Mairena y Marchena porque ya no es el tiempo de disputas, ni de conceptos y teorías. Se acuerda de Juanito Valderrama y canta La rosa cautiva. El percusionista va variando de instrumentos, tiene un cántaro, una botella gigante, con la que produces sonidos árabes, sutiles arabescos de un flamenco enraizado con la tierra. Las palmas se doblan y repiquetean. Comienza un viaje por Triana. Tarantos. Tangos. Y el público en un silencio cómplice, cargado de respeto, recogido.

Cartel de Los veranos de la villa
Cartel de Los veranos de la villa
Poveda presenta una baladilla de Rafael de León y Solana, son Mis tres puñales, su manera aflamencada de acercarse al mundo de la copla, y rompen los olés y los aplausos. Es hermoso escucharle, mientras puedes mirar a la derecha y ver la negrura de la noche que se pierde escondida tras los árboles de la Casa de Campo, o girar la cabeza a la izquierda y contemplar a lo lejos el Palacio Real iluminado, en una noche de cielo encapotado. Y a la vez, entre un paisaje y otro, la voz de Poveda transmitiendo el sentimiento de clase, del obrero, del jornalero, horadando un tiempo que nunca pasa.

El público le pide un fandango y Poveda, complaciente, hace un fragmento de uno de Huelva. No le importa salirse del programa, se siente a gusto entre su público y bromea con bajar a cantar entre ellos. El suyo es un flamenco en el que se entienden las letras, vocalizado y que no por ello pierde el auge del sentimiento, fuerte y timbrado. Es el suyo un arte poderoso, una medida de la sensibilidad y del dominio vocal de los registros, los cantes...

Llega el momento de A ciegas que interpreta con magia, la que surge del corazón. Y sus manos van de un lado a otro, y la cara se le contrae con los gestos de su expresión. Cuerpo y voz convertidos en dos instrumentos. Agradece a su amiga Elvira Lindo su presencia en el concierto y se arranca por bulerías. No olvida entre las letras cantar «¡Qué bonita está Triana cuando al puente le ponen banderas republicanas!». Siempre hay tiempo para el compromiso.

Se quita la chaqueta ahora que parece acercarse el final. Alfileres de colores es el fin de fiesta que le viene sirviendo para terminar. Baila con todos sus músicos en pie jaleándole y tras él van en fila para desparecer del escenario.

Vuelve para los bises y quiere dar las gracias a los que lucharon... y aquí se interrumpe, otras cosas le llenan la cabeza, como el público que lanza a gritos sus peticiones de todo aquello que aún le queda por cantar. Les escucha y obedece, dice que quiere desquitarse con diez minutos de la angustia que sintió al principio. Fragmentos de Malvaloca, Vino amargo y Dime que me quieres los deseos que cumple.

Se despida, ahora sí, con un homenaje a su amigo Fernando Terremoto, con una bulería que lleva la letra de Fernando. Es sin duda un momento especial, entrañable, donde el sentimiento se le desborda. Un momento que se amplifica con los aplausos y la sonrisa de triunfo y satisfacción que dibuja Poveda.

A modo de pequeño anecdotario: Muy emotivo fue el cierre del concierto. Poveda tocó los gemelos que lucía y contó la anécdota que tienen. Esos gemelos fueron lo último que se compró el cantaor Fernando Terremoto antes de fallecer en el mes de febrero de este 2010 por causa de un glioma cerebral a los 40 años. Cuenta que se los regalaron sus hermanas en el concierto de homenaje que se le realizó para que de esta forma, los gemelos, siguieran recibiendo los aplausos del público.

viernes, 2 de julio de 2010

Madres & hijas, las vidas cruzadas de Rodrigo García

Rodrigo García muestra una excelente capacidad para captar el universo femenino


Cartel de la película Madres & hijas
Cartel de la película Madres & hijas
De casta le viene al galgo. Rodrigo García, el director de Madres & hijas es hijo del escritor Gabriel García Márquez. No es extraño que con él comparta una increíble habilidad como contador de historias aunque cambie el medio. Rodrigo nos atrapa con su maestría para ir moviendo las historias cruzadas en esta película.

Madres & hijas es una buena película, de carácter intimista que ofrece una visión completa sobre las relaciones que pueden surgir entre una madre y una hija. Nunca son sencillas, siempre están cargadas de contradicciones y sentimientos, de verdades y deseos, de amores y miedos. Tres son las historias de mujeres que se entrecruzan. La primera viene del pasado, es la de Karen (Annette Bening) que tuvo una hija con 14 años a la que por insistencia de su madre abandonó en un hospicio. Ahora, con 40, no pasa un día sin seguir lamentando su ausencia, sintiendo su vacío marcar cada segundo de su vida. Trabaja de enfermera en el hospital y cuida a su madre ya anciana. En su vida no quiere dejar espacio a nada más, hasta que al hospital llega Paco (Jimmy Smits), un celador nuevo que no se rinde y que poco a poco va venciendo todas las barreras que Karen le va colocando. Con Paco viene su familia para contagiar algo de alegría a su vida, a las decisiones pospuestas.

La segunda es la historia de Elizabeth (Naomi Watts), una abogada fuerte, sin sentimientos que puedan vencerla. Resulta que es aquella niña abandonada, que va de ciudad en ciudad, caminando sin ningún rumbo de un lugar a otro para no echar raíces en ninguna parte. Sólo busca el poder como terapia, olvidado el amor en pro de un sexo vacío de corazón. Así, sobre estos parámetros, comienza una aventura con Paul (Samuel L. Jackson), su jefe y una nueva huida.

Lucy (Kerry Washington) es la tercera. Se trata de una mujer de carácter a la que la naturaleza le ha privado de la posibilidad de engendrar a su propia hija. Da lo mismo, ella no cesa en el empeño, se cree preparada. Su historia establece un intenso pulso entre quien quiere ser madre y no puede y una joven embarazada que no desea serlo. Es ésta la forma de asegurarse de lo cierto de esa preparación o encontrar, por el contrario, la distancia que aún no se ha cubierto.

Samuel L. Jackson y Naomi Watts en una escena de la película Madres & hijas
Samuel L. Jackson y Naomi Watts en una escena de la película Madres & hijas
La maternidad es un asunto que supera al hecho de dar a luz un bebé. Es un proceso de cuidar y querer, de formar lazos indivisibles, de tomar decisiones y de perder la propia identidad para implicarse en sostener la del más débil. A veces no es necesario tener el niño, basta con aplicar la misma intensidad a la criatura de otra mujer tras un proceso de adopción. O no. Todo son dudas, caminos que, aunque trillados, siguen resultando nuevos, pues necesitan de la experiencia personal para ser transitados. Pero no es la maternidad el tema principal. Tampoco lo son la adopción, el abandono o el reencuentro. La espina dorsal de la película es la separación. Son mujeres que representan tres puntos de vista diferentes sobre el mismo problema, tres ángulos distintos para explorar el mismo tema e incluir sus variantes. La separación produce dolor, y también una sensación de incompletitud en la persona; ausencia que se expresa como una necesidad de completar el puzzle, de volver a reunir las piezas, de buscar las que se cayeron bajo la alfombra.

Muchos más son los detalles que no pueden pasar desapercibidos, pequeñas pinceladas que van dibujando un cuadro con mensaje, que señalan el incremento de la importancia de la vida laboral como una consecuencia de no soportar la personal porque está plagada de ausencias. Vemos buscar aventuras que no supongan compromiso, fruto de un proceso consolidado que ha establecido un camino de poder con el sexo como principal arma y que sirve para esconderse o para suplantar a una verdadera relación con sentimientos. Es entonces cuando una adolescente desde la ausencia de la vista enseña a mirar el mundo desde una azotea.

Hay también en la película un juego de etapas. La juventud es un tiempo difícil, de decisiones equivocadas que forma el sustrato para el arrepentimiento en la madurez. Los 40 es un edad llena de pensamientos, de satisfacer necesidades, de zanjar obsesiones, de buscar lo perdido y al final de retomarse y seguir.

Me gusta mucho la forma en la que el director enfrenta dos situaciones y sus contradicciones para valorar la independencia o la construcción de una familia. Me encanta su maestría para adentrarse en los personajes, la manera que éstos tienen de compartir su intimidad.

La película presenta una fotografía próxima, que se detiene en los primeros planos para reflejar las arrugas de una mujer cansada o la tersura de una piel joven con intenciones de incitar al que está enfrente; pero que también deja espacio para los paisajes de fuera. Son las interpretaciones, que parecen brotar del corazón, las que tiñen de realismo la película. Un gran cartel y un estupendo trabajo desnudando el interior de sus personajes para plasmar a la perfección cada uno de los sentimientos que hay tras el guión.

Madres & hijas es básicamente una historia en la que se cruzan tres mujeres. El carácter que han forjado las tres protagonistas, seco y duro, rocoso, lleno de muros frente a los demás, inexpugnable, da el tono de la película. Se pueden destacar muchas cosas más del largometraje, pero sin duda la que más me sorprende es la capacidad del director para reflejar un mundo femenino real, con toda su complejidad, lleno de los matices que producen las relaciones humanas. Sin duda Rodrigo García se comporta como un artesano forjador de historias y ahí, tal vez, esté la mayor magia de la película.

A modo de pequeño anecdotario: Rodrigo García estudió Historia Medieval en Harvard, pero pronto descubrió otras pasiones. Alcanzó prestigio en la televisión de la mano de la cadena HBO donde ha dirigido varios capítulos de series tan exitosas como A dos metros bajo tierra, Seis grados, En terapia, Carnivàle, Big Love y Los Soprano. Su carrera cinematográfica también está consolidada tras sus tres películas anteriores: Cosas que diría con sólo mirarla, Nueve vidas y Passengers.

jueves, 1 de julio de 2010

¡¡Viva la lucha de la clase obrera!!

Los sindicatos mayoritarios convocan una concentración en Madrid preparatoria de la huelga del 29 de septiembre


Miércoles 30 de junio de 2010. Plaza Doctor Drumen. Madrid


Una instantánea de la Concentración(Foto: Toni Gutiérrez)
Una instantánea de la Concentración (Foto: Toni Gutiérrez)
Ayer se inició la campaña de movilizaciones para preparar la huelga general del próximo 29 de septiembre en contra de la reforma laboral planteada por el gobierno de Zapatero. Por la geografía española se realizaron varias manifestaciones y concentraciones que quieren mostrar la unidad de los trabajadores en contra de esta reforma que supone un retroceso en los derechos laborales de la clase obrera y un recorte de derechos sociales.

Asistí a la celebrada en Madrid que fue bastante numerosa. Se trató de una concentración en la céntrica plaza del Doctor Drumen (frente al Reina Sofía) que presentó la actriz Amparo Climent de la Unión de Actores. Rápidamente cedió la palabra a los representantes sindicales de CC.OO. y U.G.T. del Metro de Madrid que aprovecharon para explicar a los asistentes los motivos de su huelga y justificaron sobradamente el motivo por el que no se han respetado los servicios mínimos. Ante la ilegalidad de la propuesta de Esperanza Aguirre que pasa por encima del convenio colectivo y lo abusivo de los servicios mínimos (de un 50%) impuestos desde la Consejería se ve claramente el intento de torpedear el derecho a la huelga de los trabajadores del Metro de Madrid. Servicios mínimos de este calibre ya fueron denunciados por los sindicatos en su momento, y en todos los casos fueron declarados abusivos por nuestros tribunales. Los concentrados aplaudimos, pues compartimos su ejemplo de lucha.

Toxo durante su discurso (Foto: Toni Gutiérrez)
Toxo durante su discurso (Foto: Toni Gutiérrez)
Todos los discursos se traducían al lenguaje de signos como viene siendo tradicional en las últimas concentraciones sindicales. Al caer un poco el sol que nos estaba achicharrando en la plaza, tocó el momento de leer el Manifiesto de la Huelga General convocada por los sindicatos CC.OO. y U.G.T. para el 29 de septiembre. Fue leído por diferentes trabajadores que ejemplarizaron la variedad que existe: parados, estudiantes, inmigrantes, pensionistas... todos con los mismos problemas, por el trabajo y contra la precariedad.

Tomó la palabra Javier López, Secretario General de CC.OO. Madrid, en un discurso encendido y combativo pensando en una huelga que demuestre la unidad de los trabajadores. Con la misma fuerza y las misma intenciones se dirigió al auditorio José Ricardo Martínez Castro, Secretario General de U.G.T. Madrid. Los dos hablaron claro.

Me enteré que lo que el Gobierno de la Comunidad de Madrid quiere ahorrar con sus medidas en salarios de trabajadores del Metro de Madrid es una cantidad de 8 millones de euros al año. Y también de que lo que Metro de Madrid gasta en publicidad son 10 millones de euros al año. Creo que el Metro de Madrid se anuncia solo y que si buscan hacer economías es más respetable hacerlo de la partida de publicidad, que no a costa de los salarios de los trabajadores. No es la única contradicción que se me quedó grabada. El año pasado en Metro de Madrid entraron 20 nuevos empleados, 18 de ellos para cargos directivos y solo dos trabajadores. ¿Dónde está el ahorra que se busca?

Una instantánea de la Concentración(Foto: Toni Gutiérrez)
Una instantánea de la Concentración (Foto: Toni Gutiérrez)
Tomaron la palabra después los Secretarios Generales de CC.OO. y U.G.T, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez que hablaron de los motivos para presentar una huelga general. No es justo que la crisis la paguen los trabajadores, una crisis que no han provocado. Una crisis que los gobiernos están utilizando para recortar derechos. Una crisis de la que se puede salir con otras medidas tales como una reforma fiscal justa para que pague más quién más tiene. No es de cajón que se plantee una reforma laboral que sólo puede beneficiar al empresario, que abarata aún más el despido, que propone una flexibilidad siempre del mismo lado. Llamaron al espíritu de lucha de la clase obrera y a la necesidad de plantar cara en este combate si queremos hacernos respetar. Debemos contestar a los recortes planteados desde nuestra dignidad y decencia obrera, con orgullo de clase. Hacerlo con firmeza, con unidad de todos los trabajadores y trabajadoras. Con una Huelga General.