viernes, 31 de marzo de 2017

Nos quieren prohibir soñar

A voz ahogada nos recuerda la dignidad de los presos políticos en las cárceles franquistas


Miércoles 29 de marzo de 2017. Teatro del Barrio. Madrid

Cartel de la obra de teatro A voz ahogada
Cartel de la obra de teatro A voz ahogada
¿Por qué? Porque nos va a tocar volver a luchar por lo principal: la libertad y la democracia.
En 1960, en el penal de Burgos, el poeta Marcos Ana organizó una obra de teatro para homenajear a Miguel Hernández. Se tituló Sino sangriento. Todo se hizo clandestinamente: el libreto, los ensayos, el vestuario, la escenografía y hasta la propia representación ante el resto de compañeros sin que ningún guardia de la prisión llegara a enterarse. La historia de aquella representación es el germen sobre el que se desarrolla la obra A voz ahogada de la compañía Apunta Teatro que está de gira por Madrid en el Teatro del Barrio. El texto nos va contando la vida en la prisión, el compañerismo, la fuerza y el compromiso de unos hombres moralmente invencibles. Para ello, Iván Campillo, su autor, director y uno de los actores del elenco, se ha basado en el testimonio de Marcos Ana, de Lluís Martí Bielsa y Enric Pubill, ambos presos políticos que compartieron prisión con el poeta, y de Antònia Jover, que nació en la cárcel siendo hija de presos políticos.

A voz ahogada está llena de pequeñas heroicidades que parecen intrascendentes pero que aún hoy nos siguen erizando la piel de emoción porque nos hacen recuperar una mezcla de inocencia y necesidad absoluta de una justicia que está por encima de las leyes torcidas. Son las historias de quienes fueron encarcelados por defender la libertad, la democracia y un gobierno legítimo. La suya fue una adversidad impuesta por el régimen franquista que les castigó por sus ideas con saña, que buscaba su deshumanización y su doblegamiento. Pasaron hambre, frío y sufrimiento físico. El penal de Burgos, durante la dictadura, se llenó de historias de supervivencia y de superación, historias de lucha contra el franquismo desde dentro de la cárcel, historias de personas con valores. Son la solidaridad, la dignidad y la fraternidad comunista las que se pasean por el escenario, las que dan sentido de esperanza a una condena injusta. Poco a poco, frente al sufrimiento, la injustica, el esconderse, la voz baja y los susurros, se van imponiendo las palabras, pues con ellas, bajo su manto, se va construyendo el ideario de la lucha y la camaradería. De pronto la cárcel es una escuela de formación, en conocimiento y en valores, cada cual con sus obligaciones, pequeñas hormigas que conforman un hormiguero con funcionamiento de reloj suizo.

En aquellas cárceles, el amor por la libertad está por encima de la propia vida. Esa es la generosidad que vemos desarrollarse en el escenario con el trabajo de sus intérpretes. Frente a la barbarie fascista, el arte y la cultura se convierten en los únicos caminos para continuar siendo personas bajo aquella situación indigna. En la cultura brilla la esperanza de un futuro. El arte será el motor del cambio. El texto está salpicado con versos de Miguel Hernández y de Marcos Ana que cobran sentido y dan fuerza a la representación. No es extraño que la poesía, pero sobre todo la palabra, sean el armazón de A voz ahogada.

Fotografía promocional de la obra de teatro A voz ahogada
Fotografía promocional de la obra de teatro A voz ahogada
El texto es una maravilla y está muy bien defendido sobre el escenario, con respeto, cercanía y complicidad. A la palabra, sus protagonistas, la acompañan con miradas de ilusión, gestos de cariño y la fuerza que tiene la vida por muy encerrada que se encuentre. El trabajo de Iván Campillo, Mireia Clemente, Ramón Godino, Jordi Martí y Raül Tortosa es excelente.

Viendo la obra, me veo escuchando a Marcos Ana. Su parlamento estaba siempre lleno de esperanza y futuro, sin huir de su realidad, sin revanchas. Ahora, sobre el escenario, aquellas palabras con las que él contaba su vida se van materializando. Puedo sentir que aún le tengo cerca, que su ejemplo comunista y humano va dando fruto.

Camino a casa no puedo dejar de pensar que, como entonces, hoy también nos quieren prohibir soñar. Pero el presente no es tan digno, los vencedores nos han convertido a su religión del egoísmo y hemos agachado la cabeza. Seguimos con hambre, frío e injusticias, pero no somos ni tan solidarios ni tan justos. Ese es el dolor que me queda. Busco la esperanza en aquella generación de luchadores y pienso que mientras podamos seguir creando y conmoviéndonos, aún podemos seguir siendo libres. Hacer cultura es luchar por la libertad y la democracia.

La República Cultural

jueves, 2 de marzo de 2017

El arte de hacer un teatro sencillo

La Belloch lleva al teatro Español Vientos de levante


Sábado 25 de febrero de 2015. Teatro Español. Madrid

Cartel de la obra de teatro Vientos de levante
Cartel de la obra de teatro Vientos de levante
¿Por qué? Porque es un teatro que humaniza a quien lo ve.
La Belloch Teatro es una compañía formada por mujeres. El nombre es un homenaje a la actriz Carmen Belloch, que comenzó con ellas los ensayos de Verano en diciembre, pero que no pudo llegar a representarla en los escenarios. Aquella obra fue premio Calderón de la Barca 2012 y estuvo nominada a los Max 2014. Con aquella pieza, Carolina África, su autora y una de las intérpretes, nos mostró su forma de entender el teatro. Vientos de levante viene gobernada siguiendo esa misma estela, la de un teatro vivo y humano.

Para escribir el texto de Vientos de levante, Carolina África se fue a Cádiz. Allí vive su amiga María José Torres, psicóloga que compagina su trabajo en dos lugares: la planta de paliativos del Hospital Puerta del Mar de Cádiz y un psiquiátrico de San Fernando. Sobre esos dos mundos tan conocidos por su amiga gira la obra.

Si algo destaca en Carolina África es la capacidad de decir con sencillez, sin aspavientos, con una naturalidad rotunda. Su trabajo es quitar, podar y limpiar de todo artificio. Se aleja de estereotipos y esa distancia produce un hermoso efecto de humanización, como si Mary Poppins hubiese pasado su mano para convertir lo inanimado en vital. Ella sopla y es la vida la que se sube al escenario, la que va hilando el texto, la que mueve las personas que hay dentro de los personajes. Casi todo nos podría ocurrir porque nada de lo que vemos, de lo que se dice o de lo que se hace, está lejos de nuestra cotidianidad. Su teatro está en los detalles, las risas sinceras y en las punzadas que nos da el corazón. El resultado es que el público descubre un mundo tan sencillo como próximo, respira y se llena de esperanza.

Vientos de levante habla de las vacaciones de Ainhoa en la bahía de Cádiz. Nada más llegar, busca a su amiga Pepa, psicóloga, que reparte su trabajo entre una planta de paliativos y un hospital mental. De la mano de ella, los personajes del entorno y las casualidades, Ainhoa vivirá en primera persona ese levante que empuja, sacude o revuelve. Le tocará sentir todos esos revuelos que producen los vientos de la vida y entender que cuando sopla el levante, se hace necesario agarrarse con fuerza a quienes tenemos más cerca.

Entre los pacientes de Pepa, en la planta de paliativos, está Sebas. Padece una enfermedad degenerativa, Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), que en breve se mostrará en su fase más virulenta. Sabe que no hay vuelta atrás. Con serenidad mira la muerte en el horizonte. Irá perdiendo capacidades y apagándose. Pero el futuro inapelable y cruel no le impide vivir. Quiere cumplir sus sueños, beberse la vida hasta el último instante porque tiene derecho a ser feliz.


Teaser promocional de la obra de teatro Vientos de levante
Locura y cordura son dos polos presentes en el texto. Hay cordura, una especie de sentido común innato, en los locos y locura pasajera, el levante que rompe los nervios, en los cuerdos. Y unos miran a los otros sin extrañeza, con la normalidad de lo cotidiano, sin sobresaltos, con dulzura. Cada uno se enfrenta a la enfermedad o a la muerte con su fuerza.

Estupendas la interpretaciones de todo el elenco que destacan por su sobriedad, sin acentuar en ningún momento el dramatismo. Se hacen cercanos y su mensaje llega nítido. También es hermosa la música que suena, especialmente las piezas de Silvia Pérez Cruz, que nos envuelve con su terciopelo.

Es innegable la mirada femenina en Vientos de levante y sorprende porque habitualmente falta sobre nuestros escenarios. La participación de las mujeres en nuestra dramaturgia ha estado muy limitada y esa ausencia ha obligado a varias generaciones a ir envejeciendo sin referentes. Es hora de que eso cambie.

La República Cultural

lunes, 13 de febrero de 2017

«Las mujeres tenemos un problema para acceder al dinero en el cine»

Entrevista con Neus Ballús publicada en la Revista Minerva


Neus Ballús. (Foto: Lorenzo Cerrina)
Neus Ballús. (Foto: Lorenzo Cerrina)
Neus Ballús hace cine. En 2013, con su ópera prima La plaga, nos dijo que había que luchar para salvar lo poco que nos queda. Esta directora catalana emplea la cámara para enseñarnos la piel y la carne de la que estamos hechos. Lo hace desde una mirada transparente, real y necesaria.

Javi Álvarez: Sabía que habías dirigido, escrito guiones, montado y hasta producido, pero me sorprendió enterarme de que también presentaste informativos para la televisión local CityTV.

Neus Ballús: Empecé a trabajar en teles locales con 18 años. Soy activa, así que cuando entré a estudiar audiovisuales, me fui a la tele de mi pueblo y pedí hacer prácticas. En esas televisiones lo hacías todo, incluso presentar. Tenían cero presupuesto, así que solo te pagaban el transporte. Cuando estaba en segundo año de carrera se abrió CityTV y un profesor preguntó quién de la clase tenía interés en trabajar allí. Unos cuantos fuimos a las pruebas. Trabajé durante los fines de semana como presentadora, lo que me permitió pagarme la carrera y el master. Yo tenía muy claro que no me iba a dedicar a eso. He aprendido muchas cosas del periodismo, pero también tenía claro que no era mi territorio natural y, cuando pude, lo dejé y monté la productora El Kinògraf.

JA: ¿Siempre tuviste claro que querías hacer cine?

NB: No tengo la típica historia de alguien que siempre ha soñado con dirigir películas. Ni siquiera era demasiado cinéfila. Empecé la carrera pensando que, de alguna forma, el audiovisual me permitiría aprender un lenguaje y, a través de él, explicar lo que me interesaba. Fue a mitad de la carrera, al hacer las asignaturas de documental, cuando empecé a sentir que en realidad mi punto de vista sobre algunas cosas era distinto del de los demás y que además si yo no lo hacía, nadie iba a contar según qué cosas. Ahí es donde nace la necesidad de ponerme a filmar algo realmente propio, como un impulso natural. Empecé con una pieza sobre mi abuelo. Se había comprado una cámara, se había puesto a filmar y estaba haciendo unas cosas alucinantes. Me di cuenta de que si no lo hacía yo nadie lo mostraría. Me propuse documentar lo que tenía cerca, con mi punto de vista y ver a dónde me llevaba. Los proyectos han venido uno detrás de otro y yo he ido definiendo mis temas y mi lenguaje.

JA: En tus tres primeros cortos (L’avi de la camera, Quan plovien bombes e Immersió) se ve claramente tu mirada, pero siempre la muestras a través de la mirada de los otros

NB: Yo tiendo a ponerme en la piel de los demás. Cuando un personaje me interesa es porque me identifico, o porque quiero identificarme. Busco aprender, entender cómo ve el mundo esa persona. Me sitúo a su lado y explico lo que comparto, las diferencias no están. Me han dicho que en lo que hago no hay enemigos, no hay malos. Simplemente están los que me han interesado.

JA: También de ese periodo surge Barcelona any zero y Barcelona any 1, una serie de televisión. ¿Qué cambia?

NB: Realmente es como hacer gimnasia: pensar rápido, rodar rápido… Aprendes algo de insatisfacción en cada capítulo, porque tú sabes que no estás llegando, que te quedas más cerca del periodismo de telediario que del documental. Yo soy muy lenta, lo he descubierto y lo admito. Sé que necesito tiempo si quiero quedar satisfecha con el resultado. La televisión, de momento, no es el medio.

JA: Después llega La plaga, una película de personajes, sentimientos y realidades que trata muchos temas y ninguno de ellos se superpone a los demás. ¿De qué podría ser una metáfora?

NB: A la hora de hacerla no pensábamos en esos términos. Era mi primera experiencia de algo largo. Sentía que fluían varios temas, inquietudes y sentimientos mezclados a raíz de conocer a estos personajes. Realmente hasta que terminamos la película, no sabíamos que estábamos haciendo, ni de qué iba, ni qué temas eran los centrales. Ahora puedo mencionar varios: hacerse mayor, la periferia, la situación de exclusión… Lo que estuvo desde el principio fue el título. Siendo una zona de agricultores, los problemas con las plagas se repetían cada verano. Siempre batallando para que aquello tirara adelante. El tema de la lucha, de la resistencia a las adversidades que vienen quién sabe de dónde, era lo que unía a todos los personajes, pero quizá tampoco es el tema principal.

Cartel de la película La plaga, de Neus Ballús
Cartel de la película La plaga, de Neus Ballús
JA: ¿Tenías claro desde el principio que iba a ser una película de ficción?

NB: No. Empecé pensando que era un documental absolutamente normal, porque era lo que venía haciendo. No me planteaba hacer una ficción. Lo que pasa que mi concepto del documental siempre ha sido muy abierto y no tengo manías. Si quiero retratar algo que veo, tengo que conocer bien lo que estoy explicando para no sentirme una impostara. Pero si lo conozco y estoy segura de mi punto de vista, no me importa llegar hasta la ficción con elementos reales. Es cine, no podemos fingir que no estamos manipulando porque también en el documental se manipula. No tenía estas reticencias, incluso partiendo del documental. Y así fui llegando cada vez más lejos.

Es verdad que mis referentes proceden de la ficción y no de documentales. A nivel formal me gusta mucho las películas corales de Claire Denis o las de atmósfera de Lucrecia Martel. Vi también muchos westerns. Apliqué todo esto a gente y elementos que eran verdad.

JA: Cinco años es un proceso larguísimo, ¿no?

NB: Como sé que soy lenta no tengo problema con eso. Pero fue muy duro, costó mucho levantar la financiación. No es fácil explicar el proyecto y que la gente vaya confiando en ti, pero salió de una forma sorprendentemente rápida para una ópera prima. Esperamos dos años para ir conociendo a los protagonistas antes de ponernos a filmar. Hicimos varias fases de rodaje, aunque lo concentramos alrededor de un verano. Después vinieron nueve meses de montaje, con muchos cambios. Al final la película sale a la luz y la empiezas a acompañar por festivales. Creo que es el proceso normal, lo que pasa que se suele hacer simultáneamente con otros proyectos. A mí no me dejaba. Trabajando con gente real, no les puedes abandonar, tienes que tener un contacto muy real, directo y regular durante este tiempo.

JA: Todo el trabajo es con personas reales: ¿cómo los conduces hacia donde quieres?

NB: Yo escribo un guion con diálogos porque me lo requieren las administraciones que dan dinero. Esto te impulsa a imaginar lo que quieres hacer, las posibilidades. Así que la imaginación se pone en marcha y avanza más que la realidad. Ya te empiezas a imaginar lo que podría sucederle a un personaje o lo que ocurriría si juntases a los que no se conocen. Este guion se basa en lo que sabes de ellos. No pones nada que sea inviable, o que no forme parte de sus vidas. Muchas veces son cosas que ya han ocurrido, que has visto pasar y que quieres que se repitan. Como les conoces bien, lo prevés y lo preparas, a veces dándoles direcciones distintas a cada personaje. Les dirijo como si fueran actores. Lo que pasa es que lo que les pido son cosas que ellos hacen. Observacional hay muy poco.

JA: ¿Qué pasó cuando se vieron en la pantalla?

NB: La primera vez se quedaron en estado de shock. Había sido mucho tiempo de trabajo, filmamos unas noventa horas, así que no sabían muy bien qué imagen se daba de ellos. No entendían. Se quedaron un poco extraños. Pero después les ha ido gustando cada vez más, sobre todo la parte en la que se reconocen los respectivos trabajos de cada uno porque nunca se habían sentido valorados de esta forma en lo que hacen. Han ganado en que se conocen mejor. Se han tenido que enfrentar a una representación de ellos sin sentir que están siendo falsos. Es un trabajo personal muy interesante. Más que una película, para ellos, es una experiencia.

JA: De la Berlinale a los Premios Europeos de Cine, pasando por el triunfo en los premios Gaudí y la nominación a los Goya, ¿cómo vives ese camino?

NB: Cuando terminas la película, estás destrozada física y mentalmente, no sabes lo que has hecho, si está bien o mal, ni lo que va a pasar. Solo tienes en la cabeza que has implicado a mucha gente. Nunca pensé la película para que se quedara en las fronteras de nuestro país, quería que un espectador internacional también se sintiera apelado por lo que cuenta. Entrar en la Berlinale te asegura un movimiento internacional, que se va a ver y eso es lo que merece la pena. Fue impresionante. Compartir con los protagonistas y con la gente del equipo todo esto produce una sensación de retorno, de que lo que te han dado es muy importante.

JA: Los premios, ¿te sirvieron para seguir adelante con mayor facilidad, o por el contrario, terminó el ciclo de la película y a empezar de nuevo?

NB: La sensación es de empezar de cero cada vez. Es muy efímero. Lo sabía así que no hubo sorpresa. Lo que sí me sorprendió es que financiar el siguiente proyecto me resultara tan difícil, incluso más que La plaga.

JA: Lo siguiente es Amb títol, un documental interactivo.

NB: Existen muy pocos web docs en el mundo, es un formato nuevo. En la Universidad Pompeu Fabra me propusieron dirigir un documental sobre experiencias de universitarios, la vida universitaria y qué función cumple. A mí me gusta probar cosas nuevas: formatos de duración distinta y la idea de la no linealidad. El hecho de que se pueda ver un fragmento y no otro es interesante porque pone en cuestión la idea de la obra y del autor. Creo que merece la pena probarlo y que tiene muchas posibilidades en el plano creativo.

JA: ¿Crees que el mecenazgo es una solución al problema de hacer cine en España?

NB: No conozco a nadie que pueda hacer sus proyectos de forma continuada con este sistema. No existe la tradición y, de momento. no va a ser una vía válida. Puede funcionar de forma puntual, pero no es sostenible. Existe una sensación muy extendida de tener que pedir por favor poder hacer tu trabajo. El buen cine hace una función en la sociedad: me parece lamentable que tengamos que llegar a este extremo.
En cuanto al micromecenazgo, el modelo se acaba convirtiendo en yo te pido dinero para mi proyecto y lo pongo para el tuyo. Tampoco es sostenible, aunque sí me parece una buena forma de empezar la difusión.

María en un fotograma de la película La plaga
María en un fotograma de la película La plaga
JA: Se habla siempre de dos cines antagónicos, el de entretenimiento y el de autor. ¿Qué hay que hacer para que el cine importe al espectador?

NB: Yo aspiro a que el cine que hago también sea entretenido, pero que no sea un entretenimiento vacío. Lo que me interesa más al filmar es llegar a una cierta profundidad de algo, no quedarte en la superficie de las cosas. Creo que la mayor parte del cine se hace muy rápido y pasando por encima. No es habitual que haya dos o tres capas y tener que ver lo que hay debajo, y es lo que a mí me gusta: que no sea una lectura clara, que no termines de entender algo, que realmente sea también un misterio, que te ofrezca algunas respuestas, pero pocas.

JA: ¿Quién está interesado en financiar ese cine combativo?

NB: Nadie. Lo que pasa es que algunos deberían estar obligados. Este cine tiene muy poco retorno económico. El retorno es a nivel personal y colectivo en la sociedad, pero no es cuantificable. Así que para quien financia el cine no cuenta. Por eso las administraciones públicas deberían asegurar que hay financiación, porque genera ese lugar que nos permite reflexionar sobre lo que somos, lo que hacemos y, así, nos ayuda a aprender a vivir. Si dejara de existir este cine, lo notaríamos.

JA: Te pregunto ahora como espectadora de cine, ¿sientes que las mujeres que aparecen en la pantalla se parecen a las mujeres reales de hoy?

NB: Hay pocas cosas interesantes. Echo de menos referentes. El cine, aparte de la emoción de vivir otras vidas, te permite aprender a envejecer o a enfrentarte a problemas. Es una recreación que le sucede a otro pero te podría haber sucedido a ti. Ves comportamientos. Sería muy útil que hubiera mujeres de todas las edades y condiciones para tener referentes de cómo actuar en la vida. Esto falta.

JA: ¿Crees que el público se da cuenta de esa ausencia?

NB: Las mujeres es probable que sí. Aunque más bien es al revés, cuando ves a alguien con quien te identificadas es cuando te preguntas cómo es posible que nadie hubiera hablado sobre esto antes. Te sorprende positivamente cuando debería ser al contrario.

JA: El hecho de que haya menos mujeres dirigiendo que hombres, ¿tiene que ver con esto?

NB: Claro, porque al final lo que cuentas es un reflejo de lo que vives, lo que tienes alrededor y lo que sientes. Lo pasas por tu filtro. No digo que la sensibilidad femenina sea esencialmente distinta de la masculina porque muchas veces no es así, pero es verdad que el 50% de la población está teniendo muchas dificultades para poder contar sus historias. Entre otras cosas porque, en muchos ámbitos, no existe la tradición que te proporciona la posición suficiente para hacer lo que crees. Muchas veces nos autocensuramos. He visto muchas compañeras que a la hora de hacer un proyecto más grande, cuando tienen que pedir dinero, convencer o meterse en un crédito, se plantean si no se estará pasando de atrevidas. Cuando un hombre, en general, no tiene tantas dificultades para eso. Nos faltan referentes también a las mujeres cineastas.

A menudo se considera que el éxito de los proyectos de mujeres es fruto de la casualidad. No se percibe en forma de carrera, de una intención, de un esfuerzo, ni se aprecia la continuidad. Con los hombres cineastas se sobreentiende que después de una película van a hacer otra, es una trayectoria. Para nosotras es más difícil.

JA: ¿Qué haría falta para superar esta situación?

NB: Los planes de estudios están equilibrados. En las escuelas de cine, a veces hay más mujeres que hombres. En los festivales de cortos, de documentales, de proyectos que requieren menos dinero, también está igualado. El problema viene cuando hablamos de proyectos de más dinero. Las mujeres tenemos un problema para acceder al dinero en el cine y en otros sectores. Ahora mismo no se me ocurre algo mejor que imponer cuotas, como está haciendo el Instituto Sueco de Cine donde, por ley, el 50% de la financiación pública va a proyectos de mujeres. La idea no es premiar proyectos que no sean buenos, sino encontrar los mejores. Hace dos años, casi todas las películas suecas que había en Berlín eran de mujeres, y en los premios nacionales de cine sueco habían ganado películas hechas por mujeres. De repente, en las salas había una oleada de espectadores nuevos interesados por un tipo de cine que no habían visto nunca. Ha habido una renovación del lenguaje a través de esta ley. Esto tampoco es tan complicado.

JA: ¿Qué planes tienes para el futuro?

NB: Hemos hecho un documental sobre Carmen Balcells, la agente literaria, que se va a emitir en Televisión Española. Desde que terminé La plaga he estado escribiendo el guion de una ficción; la historia de una chica adolescente española que viaja a un resort en Senegal con su familia para pasar las vacaciones de navidad allí. Nos falta completar la financiación y me imagino que el año que viene lo haremos. Como aún vamos a tener que esperar un tiempo hasta que se filme, tengo otro proyecto, más parecido a La plaga en cuanto a proximidad y manera de trabajo, que está protagonizado por dos fontaneros-electricistas de la misma zona.

Revista Minerva del Círculo de Bellas Artes

lunes, 30 de enero de 2017

El paraíso de Eva y Toño

Eroski Paraíso, la primera producción de la compañía Chévere tras recibir el Premio Nacional de teatro en 2014, llega al Matadero-Naves del Español de Madrid


Jueves 26 de enero de 2017. Matadero - Naves del Español. Madrid

Cartel de la obra de teatro Eroski Paraíso
Cartel de la obra de teatro Eroski Paraíso
¿Por qué? Porque es divertida y tiene conciencia social.
Disfruté viendo Eroski Paraíso. Me reí a carcajadas, con satisfacción, enamorado de la forma tan humana de hacer teatro que tienen en Chévere. Huyen de senderos trillados y apuestan por algo nuevo, una especie de «teatro pop». Vienen contentos a enseñarnos lo que hay en nuestro interior, lo que somos y lo que fuimos; sin revancha, pero con la conciencia clara de que en algún momento nos cambiaron las cartas y empezamos a perder la partida.

Estamos frente a un decorado, las estanterías de un supermercado, y asistimos al rodaje de una película documental. Alejandra, la directora, quiere reconstruir el día en que sus padres, Eva y Toño, se conocieron y en el que además ella fue concebida. Ocurrió en el Paraíso, una sala de fiestas que con el paso del tiempo se ha convertido en un supermercado Eroski. El padre de Eva tomó una fotografía de la pareja aquella noche. La descripción de aquella imagen y el deseo de encontrar su arraigo impulsó a Alejandra a emprender el proyecto de su película: Eroski Paraíso.

La obra mezcla castellano y gallego. Lo hace sin ningún trauma, con la misma naturalidad que se da en Galicia. No hay detalles que se pierdan por ello, nada que deje de entenderse. Y el público lo agradece porque sale enriquecido.

De Eroski Paraíso me gusta especialmente la capacidad que tiene la obra para ir siempre por donde nunca iría el pensamiento único que impera. El texto es inteligente. Se ha construido con ladrillos muy diversos: un poco de poesía, una simbología muy directa, algunas metáforas, memoria, diálogo intergeneracional, respeto y admiración por quienes cuentan sus historias en primera persona, mucho sentimiento de desarraigo, crudeza, recuerdos, conciencia social, sentido del humor, mucha frescura… El resultado es una obra llena de vitalidad, divertida, que nos obliga con naturalidad a pararnos sin prisas y profundizar en el dónde estamos. Miramos alrededor y la realidad es que el paraíso prometido se esfumó.

Acierta con el tono para hacer de una pequeña historia personal un gran reflejo universal en el que vernos. La obra va pintando una geografía local, la de la comarca de Muros en Galicia, con sus laderas y su arquitectura. Respiramos el mar, sudamos con el trabajo en el campo, descansamos con los sueños y miramos el presente huidizo, de desengaño, de viviendas comenzadas y nunca terminadas, de crisis profunda. Hay una identidad que se pierde y con ella algo nuestro.


Teaser promocional de la obra de teatro Eroski Paraíso
Otro de los pilares de Eroski Paraíso es la naturalidad. En eso tienen mucho que ver la actriz Patricia de Lorenzo y el actor Miguel de Lira y la frescura de sus interpretaciones. Son maravillosos. Ellos nos trasladan desde nuestro presente de supermercado al interior de un paraíso. Su verdad se hace sencilla y real. Escuchando a sus intérpretes la vida se cuela en el escenario, se va impregnado del alma que dejan sus historias, de un pasado y un presente que se miran. Nos resulta fácil entrar en el paraíso de Eva y Toño, recuperando los olores de cuando fuimos felices o aquellas anécdotas tan nítidas y vividas que casi nos pertenecen. Los recuerdos que deja una vida dura son a veces dulces y otras amargos. En ese camino de memoria colectiva, vamos recorriendo un rastro, el de una transformación social que ha ido convirtiendo los espacios de socialización en simples espacios de consumo. El capitalismo era eso.

A modo de pequeño anecdotario: Uno de los personajes de esta obra es Avelino, el abuelo de Alejandra, que tomó aquella foto a Eva y Toño en el Paraíso. Para interpretar este personaje en Madrid, Chévere realizó un taller con mayores de 65 años y después escogió a quien mejor se adaptaba al perfil del personaje y lo incorporó al elenco de la compañía para estas funciones. Es una forma de vincular la obra a la comunidad en la que se representa.

La República Cultural

domingo, 15 de enero de 2017

Culpas por pagar

Mala praxis inaugura el ciclo de teatro argentino en El umbral de Primavera


Viernes 13 de enero de 2017. El umbral de Primavera. Madrid

Cartel de la obra de teatro Sótano
Cartel de la obra de teatro Mala praxis
¿Por qué? Porque es pronto, aún le falta rodaje.
Llegar a una sala de teatro alternativo siempre abre interrogantes, supone apuestas, riesgos y el inicio de un camino. El umbral de Primavera ha conseguido un ambiente acogedor que estimula una buena sensación de comodidad, acerca a lo cotidiano el mundo del teatro y amansa todas esas incertidumbres de partida. En el amplio espacio del recibidor se combinan una galería de arte con exposición, la taquilla, el bar y un patio interior con mesas donde conversar amigablemente. Es un lugar agradable en el que el tiempo deja de pesar, una antesala donde descargar los prejuicios que se traen de fuera, una especie de limbo.

El umbral de Primavera ha programado un ciclo de teatro argentino que se inaugura con la obra Mala praxis de la compañía G.A.T.O. (Grupo argentino de teatro off). Se trata del estreno de esta obra, incluso antes de que se represente en Argentina. Lisandro Fiks es el autor, director y uno de sus tres intérpretes. Le acompañan sobre el escenario Romina Fernandes y Juan Luppi.

El término «mala praxis» lo utilizamos para referirnos a la responsabilidad profesional por los actos realizados con negligencia. Cuando se habla de mala praxis pensamos en médicos, y por ahí arranca la obra: en un despacho de un abogado que ha demandado a un prometedor cirujano por la muerte de la señora Duarte ocurrida cinco días después de una operación. Es hora de dirimir una culpabilidad, de asumir una responsabilidad por aquello que no hacemos bien.

Los médicos no nos caen bien. A menudo se les ve como seres altaneros y distantes. Así que intentamos que en nuestras vidas tengamos que verlos lo menos posible porque acudir a su consulta es señal de que nuestra salud no va bien, de que algo en nosotros se ha roto. Y entonces, cuando nuestra mala salud nos pone frente a ellos, les entregamos toda nuestra confianza. En sus manos depositamos también las esperanzas. El precio es que no fallen.

Mala praxis no sigue ese camino, se adentra en la búsqueda de la raíz que lleva al abogado a perseguir todas estas negligencias médicas. Nos va desnudando al letrado, su mundo, sus orígenes, tan en las antípodas del cirujano y sin embargo estableciendo una conexión entre ellos. Sobre el escenario se van esparciendo resentimientos, venganzas y el hundimiento del pilar sobre el que nos asentamos. Subyace un enfrentamiento entre desfavorecidos y privilegiados, entre los que nacen con apellido y los que nacen en la más absoluta soledad.

La obra juega a escarbar para ir ahondando en verdades construidas tal vez sobre barro. Nuestras verdades no suelen ser verdades universales y un viento puede hacerlas tambalearse porque debajo de toda realidad hay demasiadas posibilidades escondidas que hemos querido pasar por alto. En nuestras verdades abundan las justificaciones. Repartimos culpas y a veces nos conformamos con tasarlas poniéndoles precio y llegar a un acuerdo con la otra parte. 
 
La interpretación de los personajes llega con fuerza. Se asienta en ese antagonismo que los enfrenta, tanto en lo mental como en lo físico, y en trasladar sus estados de ánimo para que veamos todo el arco por el que van pasando los dos protagonistas. Es una pelea entre ellos y consigo mismo, entre lo que quieren y lo que deben hacer.

Reconozco que una primera representación no es la mejor función sobre la que hacer una crítica. La obra aún tiene que rodar, que encontrarse a sí misma y afinarse, algo que el tiempo y el trabajo va dando. No es extraño que aún le falte redondear el texto, encontrar el tiempo y el ritmo de los personajes para coger el empaque que necesita.

La República Cultural

lunes, 1 de agosto de 2016

Hace calor


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Tengo que buscar con quien hacer un pacto estable que nos permita a los populares, y a mí en primera persona, seguir mandando, pero hace calor, mucho calor. Con Rivera sumamos un poquito más, pero se nos va a quedar corto y eso de gobernar en minoría sé que no me va a gustar. Debería descolgar el teléfono, marcar un par de números y ponerme a negociar con los socialistas. Primero llamo a Felipe González, que seguro que me da ideas, y después que me pase con la que manda en Sevilla, que siempre se me olvida su nombre. En el fondo pensamos lo mismo. Después no me va a quedar otra que llamar a Pedro Sánchez. ¿Y qué le cuento? Que estos cuatro años voy a hacer lo mismo, pero sin que sea lo mismo. Si es que esto es sota, caballo y rey, que no se puede elegir mucho. Me va a pedir que le hable de la política económica que voy a aplicar, que le cuente cosas de las reformas… ¡Qué calor, Dios mío! Casi le digo a Cospedal si no le importa llamar a ella, que tiene manga ancha, que pacte lo que quiera, que seguro que está bien. Yo mientras me saco un helado del congelador y lo chupo un poco. Así muy despacio, aplicando la lengua por los bordes y mordiendo de vez en cuando. Lo importante es que no se derrita.

Se me olvidaba, que sigo siendo el presidente en funciones y que tengo que gobernar. Se me ha ocurrido congelar el gasto en julio, que la administración no contrate más hasta el 2017 y así no me crece el agujero. Me dicen que aún queda leche que ordeñar en el fondo de pensiones por si quiero hacer algún apaño más. ¡No aguanto este calor, ni pensar puedo ya! Menos mal que tengo a Sorayita. ¡Que tome decisiones, que para eso la puse de vicepresidenta! Sí, casi espero a ver que dice ella. Yo firmo y ya está.

¡Puff, tengo que ponerme a eso de elegir ministros! De momento los mismos, que ya sé cómo son y luego si eso voy cambiando alguno que se me haya quemado mucho. A Pastor la he mandado a la presidencia del congreso, así que al menos tengo que pensar en una mujer. Debería ponerme, pero ¡qué calor que hace! Y sin fútbol en la tele. Esto del verano es un rollo.

Tengo unas cosillas que me mandó Ángela, unos deberes me dijo, para que no se me olvide lo aprendido durante el curso. Tendré que echarle un ojo. Pero no ahora, qué hace mucho calor. No sé dónde dejé el memorándum que me dio. Bueno, ya le digo a de Guindos que si tiene un ratito para que se ponga él. Lo hace en un momento, da gusto verle trabajar. Es que ni se fatiga. No sé de donde habrá salido. Y esos trajes que se gasta y esas corbatas. Tengo que salir un día con él de compras.

Y ahora el teléfono. Es Jorge. No se lo cojo, que cada vez que me llaman de Interior es para meterme en un marrón. Que lo arregle solo, o con Marcelo, algunos comisarios de su cuerda y con los fiscales, que para eso los tenemos. Lo cojo, no lo cojo, lo cojo, no lo cojo… No. ¡Vaya calor que hace! Me bajo a la piscinita un rato. Es que tendría que levantarme de la silla. Casi que no.

Y de las cosas importantes de España. Bueno, esas ya se irán arreglando solas. Eso sí, cuando pase este calor.

Revista Gurb

miércoles, 13 de julio de 2016

La piel de toda mentira


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Explica Trillo que «España no estuvo en guerra, no envió combatientes a Irak». Lo dice seguro, con rotundidad, empleando ese tono imperativo de quien está acostumbrado a mandar, del que desprecia la inteligencia de los demás, del único que tiene la verdad de su parte aunque sepa a ciencia cierta que esa verdad que cuenta es mentira. No se ríe. Es radio, no se le puede ver la cara, pero estoy seguro de que no se le mueve un músculo, ni enrojece de vergüenza. Mantiene el tipo con arrogancia y la cara dura de piedra.

Y lo cierto es que me entran dudas porque no puedo olvidar que Federico Trillo entonces, en aquel momento del 2003 del que habla, era el Ministro de Defensa de España. No fuimos a la guerra, ya está, no hay más que hablar. ¡No lo va a saber él que era el que firmaba! Dice que mandamos unas pocas personas, militares todas, eso sí, a Irak, lo que se dice un «paquete de ayuda humanitaria». De pegar tiros nada. ¡Pobres, que ni balas se debieron llevar! Así que no seamos tiquismiquis. Rotundamente, no fuimos a la guerra de Irak. Lo repite varias veces. Afirma también que el gobierno del que formaba parte no empleó un doble lenguaje y que no mintió.

Nos hemos acostumbrado a esas frases imposible, a comulgar con ruedas de molino. Los ejércitos modernos ahora se dedican a salvar el mundo, a echar una ayudita por aquí y otra por allá. Ya no se les forma e instruye para la guerra, pero como es una pena desaprovechar esa fuerza joven tan obediente, donde haya que cavar hasta encontrar agua, construir un hospital… allí estarán ellos y ellas: valientes soldados de la paz. Va a resultar que a las guerras mandaremos a médicos, cooperantes y pacifistas para que terminen siendo incruentas.

Hace tiempo que la derecha nos robó el lenguaje, que lo manipula y lo ensucia, empleándolo en su beneficio, para construir con él la mentira que quiere, la que le interesa. Banaliza las palabras para mentir endulzando una falsa realidad en la que no se decrece sino que se mantiene un «crecimiento negativo», donde los despidos son «en diferido». Hace tiempo que la derecha dibuja un contexto tergiversado sin el menor pudor. No le importa dejar a la ciudadanía por el camino, en las cunetas. Lucha por sus intereses, los de una clase dominante y poderosa de la que son su ariete, con un mensaje construido por personas expertas en marketing. Esas frases inocentes dichas con esas palabras robadas a las que han vaciado de significado son la piel de toda mentira, la que casi es verdad, la que hay que rasgar para encontrar el mundo podrido y corrupto que hay debajo.

Me viene a la cabeza el cuento del traje del emperador: por mucho que nos hablen de las telas más suaves e innovadoras, de los dones especiales con la que está tejido el vestido que solo se hace visible a las personas inteligentes, lo cierto es que el emperador caminaba desnudo. Un niño inocente le gritó la verdad y se nos cayó la venda, nos atrevimos a dejar atrás toda nuestra tontería.

En este presente, alguien señalará con el dedo, se reirá y dirá «el presidente está desnudo». Ha ganado, pero no ha ganado. Debe formar gobierno, pero será un gobierno débil que deberá buscar el consenso y el bien común de la ciudadanía, porque si no sus leyes no progresarán, caerán una tras otra. Debemos enseñarles a ver la realidad, contarles que sus decisiones tienen consecuencias, que los delitos se pagan en la cárcel, que solo aprobaremos leyes justas.

Revista Gurb

lunes, 14 de septiembre de 2015

Los otros, nosotros


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Dice la RAE que Xenofobia es el odio, la repugnancia o la hostilidad hacia los extranjeros. De lo que no habla la RAE es de la cura. Sanar de xenofobia es bien sencillo, basta con viajar, con ver mundo, con querer conocer otras culturas. Ya va para dieciocho años que vivo en Lavapiés, un barrio que estos últimos tiempos se ha ido rehaciendo así mismo, enriqueciéndose con la mezcla de todas las personas que se han establecido aquí. Lo distinto, lo diferente, nos hace tomar nuevos puntos de vistas, comprender, aprender y superarnos. Precisamente ha sido la heterogeneidad el motor que ha impulsado el barrio y tanto lo ha hecho que ha despertado el interés de gentes con economías más ricas que han tomado la decisión de trasladarse a vivir aquí. No sé cómo saldrá Lavapiés de este proceso de gentrificación que la golpea, pero esa es otra historia.

Mientras le doy vueltas a todo esto de la xenofobia, me siento en alguna de las terrazas de la calle Argumosa y pido una caña. En la mesa de al lado una chica le pide a su compañero un bolígrafo para firmar. Este abre su bolso y saca un puñado de bolígrafos; una docena calculo a simple vista entre los que no hay dos iguales. Ante la mirada de ella, a él no le queda otra que explicarse: «De cubrir ruedas de prensa, el miedo a que alguna vez se te acaben dos bolígrafos seguidos te hace ser previsor». «Quería uno negro», dice ella. Él hace un gesto de extrañeza: «¿y qué más te da? Todos sirven para lo mismo, para escribir». «No queda bien firmar en rojo», se justifica ella, «el rojo es para señalar o para corregir». Se ríen.

Van llegando mis amistades y van pidiendo sus consumiciones. Empezamos a hablar de la gentrificación. Va pasando la tarde y pedimos otra ronda de lo mismo a la camarera. «Lo homogéneo solo nos lleva a ser más conservadores», nos espeta mientras se vuelve a la barra sin saber si lo ha dicho por la conversación o por lo pedido.

Siguiendo los titulares del día, hablamos de racismo. Hemos dejado de contar los muertos, de escandalizarnos por las cuchillas de las vallas, de repudiar las expulsiones, de hablar del maltrato en los CIES… como si todo se hubiera normalizado y hubiéramos olvidado el drama humano que hay detrás de cada persona. Nos hemos creído esos falsos mensajes de nuestros gobernantes que dicen que aquí no caben más extranjeros pobres. Laura nos habla de Miguel, la pareja de su hermana. Dice que se fue a hacer el MIR a Londres, que la vida era cara y que se puso a hacer camas en un hotel. Cuenta que una noche, al salir, en el callejón, dos racistas le dieron una paliza, simplemente por su aspecto de español. Nos escandalizamos y siento en ello una cierta hipocresía porque sabemos que aquí también ocurren ese tipo de agresiones, lo único que las víctimas son otras, las personas que tienen otros rasgos, otro color de piel diferente al nuestro.

Revista Gurb

lunes, 20 de julio de 2015

Puñetera austeridad


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Nombrar a Ángela Merkel es lo mismo que decirle a la austeridad que pase. Si la austeridad se sienta en una de nuestras sillas del comedor, no volverá a levantarse nunca más de allí. Se hará fuerte y se quedará con pereza a vivir a nuestra cuenta. Nos dará órdenes sobre la comida que le servimos y sobre la nuestra, que por supuesto no puede ser la misma; las proteínas caerán del lado de su dieta y para la nuestra nos conformaremos con pan y cebolla. Nos dirá, desde la teoría y nunca desde la experiencia, en qué postura debemos dormir e incluso con quién y cuántas veces. Nos criticará si ponemos un poco más fuerte el aire acondicionado porque, aunque fuera haga un calor infernal, nos recordará que debemos ahorrar ese dinero para pagarle al banco la hipoteca que tenemos pendiente antes que despilfarrarlo en la electricidad que consume de más bajar ese grado. Soltará frases lapidarias, sacrificará nuestro presente e intentará sobornarnos con un crecimiento económico tan futuro como hipotético y falso. Pero al final, nuestros euros nos habrán desaparecido de los bolsillos y estarán bajo su manga por el arte de birlibirloque.

Alguien dirá que exagero al personificar la austeridad de una forma tiránica, la realidad es que convivimos a diario con ella. También es cierto que aprieta hasta ahogarnos. La RAE viene a darme la razón en esto, en su segunda y última acepción, define literalmente la austeridad como una «mortificación de los sentidos y pasiones».

Entonces, si solo trae dolor, ¿por qué ha venido para convertirse en el centro de todas nuestras políticas? ¿Por qué soportamos esas tijeras de podar los derechos sociales de las personas? Dicen los que más saben, que como somos un país serio, tenemos que aplicarnos la austeridad, así en general. Pero es mentira, la austeridad solo viaja en un sentido, solo la carga una parte de la población: la parte obrera y asalariada, la que no sabe lo que es un privilegio, la que ha trabajado cada día de su vida.

Es falso que nuestros políticos del bipartidismo se hayan aplicado a sí mismos esa austeridad. La llegada de Ahora Madrid al Ayuntamiento de la capital ha sacado a la luz los privilegios de los concejales: palcos y pases en el Teatro Real, en el Santiago Bernabeu, en las Ventas, en la Caja Mágica, en el Club de Campo, en Ifema, en los teatros municipales... Con la renuncia del equipo de Manuela Carmena a todos ellos se han hecho números y sumando todas estas partidas, 20minutos calcula que supondría una cantidad cercana a los 350.000 €, lo que nos dan una idea muy clara de la distancia que existe entre los gobernados y sus gobernantes.

Revista Gurb

martes, 23 de junio de 2015

Sin gracia ni perdón


Viñeta: El Koko Parrilla
Viñeta: El Koko Parrilla
A mí, lo confieso, «Los Morancos» no me hacen gracia. Mi límite del humor lo marcan ellos, bueno, y «Chiquito de la Calzada», pero eso ya es otro cantar. Ni siquiera entiendo que alguien pueda reírse con sus chistes. Reconozco que me ofenden un poquito por esa gracia que no les encuentro y por el reflejo chabacano que hacen de nuestra inmadurez. Sin embargo nunca se me ha ocurrido pedir pena de prisión para ellos, que les quiten su programa o que los inhabiliten para presentarse a cargo público alguno. Si alguien les vota, sabrá por qué. Su humor no les deshumaniza por mucho que no lo comparta.

Bien, conozco mis límites del humor, no me costó mucho encontrármelos, ¿pero, la libertad de expresión, tiene fronteras?

Con los tuits sacados de contexto de Guillermo Zapata me he dado cuenta de que vivo en un país que ha puesto cotas a la libertad de expresión y que además no atiende a explicaciones. El nuestro es un país dominado por una «derechona» que se comporta como un niño mal criado, que se tapa los ojos, los oídos y chilla para no escuchar a los demás. Se burlan de nosotros. Somos tontos si les seguimos haciendo caso.

Si la derecha no gobierna, crispa para que nadie pueda hacerlo, para que nada cambie, para que todo siga atado y bien atado. No quieren un Madrid mejor, pues siguen defendiendo los intereses de sus amistades, de las élites empresariales y económicas. Para la derecha, lo público no es otra cosa que un saco de dinero donde meter la mano.

Con los tuits sacados de contexto de Guillermo Zapata me he dado de bruces con la estupidez; no la de Zapata, sino la de quienes escarban con odio buscando desprestigiar al rival político, la estupidez de los que van detrás, de los que se hacen eco, de los ofendidos porque no saben perder y también de los que hacen caso sin informarse.

De nuevo tenemos a la derecha diciéndonos lo que está bien y lo que está mal, con sus dos varas de medir que igualan la viga en su ojo, con la brizna en el nuestro. Lo peor es que se han empeñado en seguir marcando la agenda política y nosotros hemos picado y se lo hemos permitido. Nos entretienen, nos desvían y nos enfrentan. ¡Basta ya! Respeten un poquito y dejen trabajar a los nuevos gobiernos municipales y autonómicos. Gentes del PP, hagan el favor de sentarse y pónganse a aprender del ejemplo político que la ciudanía va a darles.

A Guillermo Zapata -activista político, guionista, director de cortos y novelista- no le han dejado demostrar su capacidad y me duele porque hubiese sido un estupendo concejal del área de Cultura en el Ayuntamiento de Madrid. No tengo la menor duda de ello, por eso le voté. Y también porque quiero que Madrid cambie, que sea la cuidad que los madrileños nos merecemos. Ha llegado el momento de la ciudadanía, de poner en pie una gestión pública que se preocupe de las personas y una nueva forma más justa de distribuir la riqueza.

Revista Gurb

sábado, 23 de mayo de 2015

Jugando en casa


Ilustración: Jorge Alaminos
Ilustración: Jorge Alaminos
Telemadrid es una cadena pública de televisión manipulada, que sirve a unos intereses políticos muy concretos y no a la ciudadanía madrileña. Ideológicamente es un «cortijo», así que nada bueno, ni digno, sale de allí. Su programación, pobre en casi todo, me produce, como a la mayoría, falta de interés, así que la he ido relegando en mi dial y me costó un buen rato encontrarla el otro día. Por lo de las municipales y lo de servicio público, emitían un debate en directo entre Manuela y Esperanza, una de ellas será la próxima alcaldesa de Madrid. En la cadena, se han inventado un modelo nuevo de debate, una especie de cara a cara en tres bloques, donde a cada candidata le tocan tres minutos y medio a repartir como quiera, se entiende que para hablar sobre su programa con respecto a la temática de ese bloque. Estos cara a cara se celebran de dos en dos y entre los candidatos de los partidos mayoritarios, entre los que han incluido también a VOX. No hay más reglas, así que mientras el reloj va descontando segundos, vale todo, porque de lo que se trata es de hacer un espectáculo y para informarse hay otros sitios. Aquí solo se trataba de llenar media hora de televisión con lucha en el barro. Tres minutos y medio para hablar de un tema no da para hilar un discurso político coherente.

Esa pretendida pluralidad se queda en pura teoría, estos debates son solo un espacio pensado para la demagogia y dirigido hacia un público que no quiere pensar, el de la audiencia de televidentes que han ido construyendo todos estos años con desinformación, tergiversaciones y mentiras, si son necesarias. La presentadora del debate se niega a hacer un papel de periodista, está para saludar al principio, presentar a las personas que van a intervenir y decir «se ha terminado su tiempo». Vale, no quiere hacer periodismo, pero ni siquiera busca ser imparcial. No le es cuando resume un curriculum impecable con un detalle tendencioso, ni cuando pide a una candidata que responda a una cuestión plantada por su adversaria y no lo hace en el caso contrario. Como careo resultó decepcionante. Manuela y Esperanza no tenían las mismas armas. Esperanza estaba en su televisión, jugando en casa, mandando con la misma prepotencia y altanería de siempre. No mostró una rivalidad sana y sí una inmoralidad corrupta, como la de su partido.

Esperanza, marrullera ella, no habló de Madrid, ni quiso responder a lo que Manuela le preguntaba sobre los resultados de su gestión al frente de la Comunidad. Se centró en ETA, en interrumpir a su oponente y en agitar una hoja donde cabía todo el programa del PP para la capital. Le bastó con enseñar esa hoja, decir que hay programa, pero sin entrar en él, total para qué, con lo bien que les funciona la improvisación para qué comprometerse en nada.

Últimamente me he aficionado a una serie de la televisión danesa que se llama «Borgen». Trata de política y de periodismo. Es una serie excelente que habla de una normalidad que aquí falta. En comparación con aquello, a menudo siento envida de lo sana que es su democracia, de sus niveles de transparencia, de la importancia de los principios, de la asunción de que pactar leyes es lo más natural, de esa humanidad que hay en sus políticos y políticas. Pensando en «Borgen» y mirando el nivel rancio que ofrecía Telemadrid, mis expectativas fueron bajando.

Con ese sabor de amaño en la boca que me estaba produciendo el cara a cara, apagué la tele enfadado. ¡Mira que soy estúpido pretendiendo ver un buen debate en Telemadrid! Hace tiempo que abandonaron todo periodismo.

Revista Gurb

miércoles, 29 de abril de 2015

Un pobre hombre con una vida pobre


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Estoy pensando seriamente en cambiar de rumbo e iniciar otra vida. Si de pronto pudiera comenzar de cero, elegiría ser escritor de boleros. Nuestro país da para eso, pues está lleno de vidas de sufrimiento, de malvados con almas negras que nos llevan a los callejones más oscuros, de abandonos, de lágrimas, de vidas arruinadas, de una última copa para ahogar en una borrachera infinita el destino quebrado, lo que pudo ser y ya no será. En tres minutos y medio, los boleros siempre nos cuentan un amor apasionado que se ha convertido en un desamor insuperable, un infierno personal. Los boleros nos obligan a transitar ese camino que une dos fotos: la del antes y la del después, donde, al revés de los anuncios de dietas, el antes siempre fue mejor. Nos hablan de nostalgia, de otro tiempo que fue feliz.

Para mi primer bolero estoy pensando en hablar de un pobre hombre con una vida pobre; tan necesitado estaba que todo el dinero el mundo se le hacía poco. El agujero de insatisfacción de su corazón no se llenaba nunca. Vamos, la historia de un infeliz, de alguien como Rato, que cuánto más robaba más triste estaba. No hablo de escribir una especie de narco-corrido que engrandezca su figura de ladrón, sino de contar la historia personal de su fracaso, la angustia que le viene, su corazón roto.

Intento canturrear la primera estrofa y se me cae al suelo sin remedio recordando su sonrisa cínica. Mal intento.



Llevo dos horas emborronando papeles y me doy cuenta de que no encuentro la menor hebra épica de la que tirar. Es verle tocando la campana en Wall Street y ponerme a llorar. Le miro y no encuentro otra cosa que al clasista que es, subido en su pedestal, por encima de los demás, importándole un bledo cada uno de nosotros, los pobres mortales. Él tiene apellidos y se siente inmune bajo ese sombrero panamá, trajinando con maletines llenos de dinero en paraísos fiscales. Se ríe de nosotros a carcajadas.

Rato es un hombre malo, avaricioso, egoísta e inhumano que no merece la menor compasión. Así que me da por probar con un tango canalla, pero tampoco encuentro la historia del perdedor con la que sentirme identificado. Es un estafador que no tiene ni escrúpulos ni honor y esos sinvergüenzas no sirven para protagonizar un tango.



Tres horas más y lo mismo. Yo no puede escribir esa canción. Ahora sé que podría pasarme el resto de mi vida intentándolo sin el menor éxito.

«¿Por qué nos robaste?» le pregunta un hombre mayor a Rato cuando sale de los juzgados. No hay respuesta. Ese mismo silencio cobarde y deshonesto es quizá lo que mejor le describe. Ese silencio cobarde y deshonesto nunca podrán ser los versos de una canción.

Revista Gurb

miércoles, 15 de abril de 2015

Un país secuestrado


Ilustración: Jorge Alaminos
Ilustración: Jorge Alaminos
No hace demasiadas semanas contaba Rajoy historias de un país inventado al que le puso el nombre de España. Allí las cosas iban bien. Quizá tiene una perspectiva un tanto particular, algo interesada y clasista. Quizá sólo le importan los pocos que sacan beneficio y no el dolor creciente de los demás a quienes ya ha dado por desahuciados. Muchas personas no piensan como él. Yo no siento la menor mejoría, al contrario. Los que no nos hemos dejado engañar nos hemos convertido en el problema, así que para mantener esa mentira, esa idealización partidista, necesita que no hagamos ruido. Su desgobierno no duda, con decisión elige tapar la boca a quienes protestan, a quienes se salen de su pensamiento único, a quienes vamos a enseñar la realidad, esa misma que no sale en los telediarios, pero que se ve con solo asomarse a cualquiera de las calles.

A Rajoy y a su ministro del Interior, ese señor tan de derechas y tan religioso, les ofendemos. Así que para proteger su mentira ha forjado alrededor de ella una legislación regresiva con la que secuestrarnos. No les queda ya ninguna vergüenza, les da lo mismo el calado de las nuevas leyes tan represivas que hasta la ONU ha tenido que mostrar su preocupación. Dicen cinco relatores de la ONU, expertos en derechos humanos e independientes, que la «ley mordaza» amenaza con violar derechos y libertades fundamentales de los individuos, socavando los derechos de manifestación y expresión. No pasamos la conformidad con los estándares internacionales, con esta ley no somos una sociedad libre y democrática. Estamos secuestrados y a todo secuestrado, lo he visto en el cine con frecuencia, lo primero que le hacen es ponerle un trozo de cinta americana en la boca. Luego vendrá lo de apagarle cigarrillos en el cuerpo, arrancarle las uñas y otros tormentos si se tarda en pagar el rescate, pero lo primero es el silencio para que no se desmonte el tinglado.

No han podido pasarse casa por casa, ni les ha parecido correcto mandarnos por correo ordinario nuestro propio pedazo de cinta-mordaza; pero nos han secuestrado igual. Cada noche oigo el helicóptero que me dice que me tienen «controlado», cada mañana me cruzo con las furgonetas policiales de turno amenazantes que me avisan de los peligros de salirse del «camino recto», a mediodía veo policías con chalecos antibalas y ametralladoras que me enseñan dónde han puesto los límites de mi «seguridad», a la tarde veo en las noticias que han detenido «otra peligrosa red» y de nuevo lo han hecho preventivamente, sin ningún delito cometido y solo por la palabra acusadora del ministro.

Ese señor de derechas y tan religioso quiere darme miedo, no tengo duda. Me está diciendo que mi país está amenazado, que debería temblar y sacrificarlo todo por el concepto que tanto le gusta de «seguridad». Pero no, no es así, sé que podríamos vivir tranquilos sin esa sobreprotección, seguros y felices, expresando nuestras opiniones, quejándonos por lo que no se hace bien, denunciando la corrupción. Pienso que el ministro sufre delirios y que nosotros pagamos las consecuencias. No es extraño, le hacen vivir dentro del ministerio, rodeado de medidas de seguridad, secuestrado también.

Revista Gurb

jueves, 12 de marzo de 2015

Esa España no es la nuestra


Viñeta: Bohigues
Viñeta: Bohigues
No vi el Debate del Estado de la Nación: La razón no tiene ningún misterio: ya no me queda paciencia para escuchar las perogrulladas de esa persona que gobierna el país. Oír hablar a ese hombre tan insulso es siempre una pérdida de tiempo, se mire por donde se mire. Ni para dar titulares sirve. Si hay algo divertido en él es esa tensión de estar siempre en ese espacio que queda entre la verdad y la mentira, a punto de ser descubierto y resoplando en último momento con la sensación de haberse vuelto a escapar por los pelos. Me rio viéndole en esa especie de cuerda floja, haciendo equilibrios con las frases que otros le escriben. A esos asesores les está dando por las estadísticas, que deforman y retuercen hasta sacarles un dato que pueda parecer aceptable. Le han cogido el gusto, y a veces, sin querer, se les va la mano a esos asesores. El país que el Presidente dibujó en el Debate mola, lástima que no sea éste.

Ese mundo fantástico que ven los amigos de Rajoy no es el que nos toca a la ciudadanía. Leo en Público que «El 80% de los españoles no cree en la recuperación de Rajoy». No es que lo digan ellos, lo dicen los españoles y así lo refleja la encuesta CIS. Quizá Rajoy hablaba para ese otro 20%, el que se ha recuperado y al que le va bien. Quizá el otro 80% no contamos, no somos importantes y además nos estamos haciendo invisibles. La distribución de la riqueza de nuestro país que practica el PP, la de llenar el bolsillo de unos pocos con el dinero de todos, nos hunde sin paliativos. Contar que hemos empezado la recuperación económica es mentir, pero esta vez no nos lo hemos creído.

Rajoy esquiva la realidad porque no le gusta explicarla, así que la maquilla hasta que presenta el aspecto que le conviene. Echo otra mirada a la prensa, esta vez es a La Vanguardia. El titular con el que me encuentro dice «Aumentan las ofertas de trabajo a cambio de comida y un techo, pero sin sueldo». Está claro que el modelo de empleo que idealiza la derecha se sostiene sobre el trabajo esclavo. Esa es la España que se recupera, la de los empresarios caritativos, los que dan lo que les sobra, pero esa España no es la nuestra.

Releo el Diario Octubre, me he cruzado con una noticia dura, de las que te quiebran por dentro: «Blanca y Jacinto: La muerte por hambre de ancianos en la “democracia” española». La España que oculta el Presidente está llena de pobreza, de personas que sufren.

Revista Gurb

miércoles, 11 de febrero de 2015

España no es Grecia, ¡pero se parece tanto!


Ilustración: Jorge Alaminos
Ilustración: Jorge Alaminos
En 2010 viajé a Atenas. Parte de culpa la tuvo Markaris y sus novelas del comisario Jaritos que me atraparon desde la primera línea. Cuando el comisario se vio obligado a cambiar de coche porque el anterior se había quedado inservible, se pensó mucho la elección que tomar. Terminó comprando un Seat Ibiza. Explica que lo hizo por solidaridad entre los pobres, entre países que pasan los mismos problemas y que tienen la obligación moral de ayudarse entre ellos porque si no lo hacemos nosotros mismos, nadie más lo va a hacer. Me gustaría decir que, por el mismo motivo, yo también elegí consciente y solidariamente irme aquellos días a Grecia, pero lo cierto es que la novela de la que hablo se publicó en 2011.

Buscaba la cuna de la democracia, encontrarme con la cultura milenaria que impulsó occidente y descubrir unas gentes muy parecidas a nosotros mismos. Físicamente somos idénticos, nuestros idiomas se parecen fonéticamente y hasta el clima es similar. Me gustaron sus calles llenas de recovecos, los ancianos jugando al tavli al atardecer en las puertas de sus negocios, los cafés largos tomados dejando pasar el tiempo, las comidas sencillas y una copita reposada de ouzo en una terraza antes de irme a dormir.

Descubrí que el pueblo griego estaba bajo una losa, anquilosado, noqueado, incapaz de levantarse. Vi tristeza. Vi soledad. Vi un mundo preparado para el desplome. Aquellas mismas sensaciones las he ido encontrando también en España. En este mundo globalizado donde el capital elige, nos ha tocado estar al mismo lado del tablero. Los griegos, los portugueses, los irlandeses, los italianos y los españoles hemos ido recorriendo el mismo camino que nos ha despojado hasta del estado de bienestar que teníamos. Hemos elegido ser gobernado por políticos al servicio del poder que se olvidaron de la ciudadanía a la que deberían representar. Sus políticas de austeridad nos quitan el trabajo, nos acercan a la pobreza y el hambre, nos conducen a situaciones dramáticas e inhumanas y nos roban el futuro. Es la macroeconomía lo que importa, no los seres humanos. Las cifras hace tiempo que nos dejan de lado.

Dicen, sin embargo, nuestros políticos que nuestras realidades como países no son comparables, que España no es Grecia, que nosotros somos la cuarta economía de la zona euro. No quieren que hagamos las mismas cuentas y salga el mismo resultado en las elecciones.

Ahora que gobierna Syriza, Grecia es una esperanza. Ganó una izquierda seria, responsable y renovadora que va a partirse el alma por su pueblo.

Aquí tampoco se puede continuar dentro de un bipartidismo enfermo y corrupto. Es hora de terminar con las políticas de austeridad porque solo producen mayor enriquecimiento a los que más tienen a costa de empobrecer al resto. Esa diferencia entre ricos y pobres se ha convertido en un abismo que nos fagocita. Es el momento de redistribuir los recursos públicos. Grecia empieza a hacerlo. Sabe que tendrá que librar una batalla durísima, que arranca en absoluta soledad y a la que espero que pronto nos podamos unir.

En España, a las televisiones al servicio de sus amos, a los partidos que se alternan en el poder y a los bancos que mandan les han empezado a temblar las piernas. Se han visto en el espejo griego y les ha faltado tiempo para lanzar el mensaje de que es una insensatez cualquier política diferente al pensamiento único neoliberal, capitalista y conservador con el que tan bien nos va. Lo insensato es quedarnos sentados esperando que la tempestad pase. Es hora de empezar una revolución.

Revista Gurb

jueves, 5 de febrero de 2015

Cuestionario sobre interactividad, blogs y liderazgo de opinión política


Encuesta
Habréis visto que a la Isla Inexistente, en la columna de la derecha, le ha salido una encuesta. Es un cuestionario sobre interactividad, blogs y liderazgo de opinión política que le servirá a Juan Mª Sánchez para su tesis doctoral.Espero que participéis.

Os copio la carta con la que me ha convencido:

«Hola a todos,

Mi nombre es Juan Mª Sánchez y soy estudiante de Doctorado en Marketing en la Universitat de València. Actualmente estoy desarrollando mi tesis doctoral, que se centra en las relaciones existentes entre la interactividad a través de Internet y la adopción de roles políticos más participativos.

Me gustaría solicitar vuestra colaboración para poder concluir el apartado práctico de mi tesis. Para ello, necesito que pinchéis en el enlace que figura a continuación y que completéis el breve cuestionario que figura en dicha página web.

Como veréis, es un cuestionario sencillo que se responde en apenas 8-12 minutos (reales) y en el que se plantean una serie de enunciados sobre factores relacionados con la lectura de blogs y la participación política.

Mi investigación carece de finalidad comercial y las contestaciones son completamente anónimas. Tampoco se requieren conocimientos previos ni existen respuestas correctas o erróneas, lo realmente relevante es la libre opinión acerca de los temas planteados.

Cuestionario sobre interactividad, blogs y liderazgo de opinión política

Muchas gracias por vuestra colaboración.

Un cordial saludo,
Juan Mª Sánchez Villar
Universitat de València
»

martes, 27 de enero de 2015

Es el Estado quien nos ha fallado


Ilustración: Jorge Alaminos
Ilustración: Jorge Alaminos
El tratamiento en los medios del atentado terrorista en la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y del asalto al supermercado judío de París ha sido unánime. Ambos sucesos se han calificado como actos desarrollados por el terrorismo yihadista contra el mundo occidente y la libertad de expresión. Una vez puesto ese sello, no se ha presentado otra reflexión. A su vez el atentado les ha servido a nuestros medios para convertirse en altavoces del Ministerio de Interior español con su pesado discurso del peligro de «los retornados» y la falta de seguridad en las fronteras de muchos países europeos que han llamado «coladeros». Se trata de endurecer las medidas de seguridad, aunque estas limiten nuestras libertades ciudadanas, la de expresión incluida.

Los gobiernos europeos que llevan adelante políticas conservadoras, el nuestro incluido, sacarán rédito de los atentados con nuevas legislaciones más restrictivas porque vivimos una guerra, y en las guerras vale todo. Para que lo creamos basta con que estemos lo suficientemente asustados. Los niveles de alerta en los países de nuestro entorno han subido y eso significa disminuir las garantías judiciales. Los hermanos Kouachi, autores del atentado, y Amedy Coulibaly, el asaltante del supermercado, fueron abatidos a tiros. Después asistimos a lo de Bélgica, donde la policía federal de aquel país también abatió a tiros a dos jóvenes belgas de origen sirio. Fue una acción preventiva (antes de que se cometiera el delito) para evitar un Charlie Hebdo en Bélgica, dicen los mandos policiales.

Todos los medios coinciden y a la vez se equivocan en ese simplismo que ha consistido en asumir como único el componente fundamentalista. Se han negado a profundizar, a escarbar, a ser críticos, a hacer periodismo. No digo que trabajen desde un punto de vista imparcial, pero sí que nos muestren perspectivas alejadas al pensamiento único de quienes nos gobiernan.

Sentimos empatía por quienes son iguales o similares. Cualquiera de los doce franceses que murieron asesinados en la redacción del Charlie Hebdo podríamos haber sido nosotros. Nos parecemos física y culturalmente, compramos los mismos productos en tiendas parejas, fumamos el mismo tabaco, conducimos los mismos coches y hasta nos gustan las mismas bebidas. También los hermanos Kouachi, Amedy Coulibaly y los dos jóvenes de Verviers fueron así. Hijos de la inmigración argelina y siria, pero nacidos en Europa, los tres primeros en Francia o los otros dos en Bélgica. En esos países se han educado y han crecido. No podemos olvidar que son europeos, que su formación como personas ha sido producto de la educación «europea» recibida y que han tenido las oportunidades que nuestra sociedad «europea» les ha permitido.

La realidad es que son europeos de segunda, marginados en barrios periféricos y señalados. Sin una verdadera política de integración, no hay empleos para ellos y el mejor fututo que pueden soñar va de la mano de la delincuencia. Eso es lo que ven cada día, lo que viven, lo que sienten.

Hemos mirado hacia otro lado como sociedad, no hemos presionado a nuestros gobiernos para que realicen una política efectiva de integración, hemos permitido una degradación continua en los sistemas educativos y hemos admitido no pedir responsabilidades a nuestros gobernantes. Es el Estado quien nos ha fallado.

Revista Gurb