martes, 29 de diciembre de 2009

Los Cardiacos y su música inconformista

Los Cardiacos celebran su 30 aniversario publicando una colección de cuatro cd's que incluye toda su música


Portada del disco de Los Cardiacos Integral  30 aniversario (1979-2009)
Portada del disco de Los Cardiacos Integral 30 aniversario (1979-2009)
Las discográficas no dan la felicidad, así se llamaba el segundo casete de Los Cardiacos y quizá esta frase es la que mejor define a este grupo leonés. En octubre de 1979, cansados de esperar un contrato discográfico que sabían que no iba a llegar, comenzaron a grabar sus temas en el local de ensayo. Utilizaron un Revox estéreo que acaban de comprar y una mesa de mezclas FBT. Así grabaron sus cuatro primeros temas que empaquetaron en una casete llamada Cardiacos en la cresta de la ola y que comenzó a venderse en los locales del Barrio Húmedo. Las cintas se agotaron en poco tiempo por la fuerza de Las noches del Toisón y Volver al Colinón, dos canciones que reflejaban perfectamente las situación que en León vivía la juventud: la ciudad y la provincia se quedaban sin trabajo y aquellos que intentaban acceder al mercado laboral no encontraban dónde ocuparse, surgía así la frustración ya que sin ingresos se complicaba la capacidad de ocio, más aún cuando las autoridades intentaban clausurar una de las discotecas y presentaban una política de reducción en los horarios. Juventud sin alternativa de trabajo, con las expectativas de un futuro cercano minadas, que comenzó a emigrar masivamente hacia Valladolid y Madrid mientras León se iba llenando de desencanto. Frente a ese panorama desolador Los Cardiacos toman la batuta del inconformismo, de la resistencia y la lucha por las libertades frente a la intromisión creciente en la vida privada de las autoridades.

Los Cardiacos con su formación inicial
Los Cardiacos con su formación inicial
Su historia no es muy larga: dos casetes autoeditados, dos singles con Fonogram, dos maxisingles, tres elepés, cinco recopilaciones y dos participaciones en discos colectivos. La grabación de su último disco en estudio es de 1991 y su último concierto lo dieron en el 92, sin embargo en León no han dejado de sonar. Surgen como un sexteto, con las cabezas pensantes de Kike Jiménez y Carlos Suárez, la voz principal de Macario desde la batería y con Toño, Pepe y Chiqui, aunque su formación más conocida es de cuarteto, ya sin Pepe ni Chiqui, momento en el que aparecen su dos maxis y el primer LP Obsesión. Con la salida de Carlos en el 85 para emprender una carrera en solitario, pasan por el grupo primero Luismi para los directos y grabar el disco Nuevas aventuras y después Mario con el que se edita Héroes y villanos. Ahora para cerrar un ciclo de 30 años se edita Integral, que recoge todas las grabaciones del grupo y cinco versiones inéditas en cuatro cd's, además de un libro que explica toda su historia. El recopilatorio apareció en el mercado el pasado 15 de diciembre, presentando un buen diseño y con un contenido atractivo que hacen que merezca la pena comprarlo.

Durante todos estos años se han movido por diferentes estilos: ska, pop, rock, psicodelia y muchas versiones que ellos han traducido y personalizado como es el caso de Callao una adaptación del tema Victoria de los Kinks. Ellos han personafizado la movida leonesa, no sólo con su música sino también apoyando y produciendo a muchos de los grupos que desde aquí han salido.

Había escuchado sus canciones en la radio, pero fue en el año 82 cuando les vi por primera vez en directo. Un concierto al aire libre, en uno de los laterales del Palacio de Deportes de León, en el que tocaron también Derribos Arias y P.V.P. que por entonces empezaban a sonar con Miedo y El coche de la plas. Aquella tarde me hice totalmente cardíaco como la mayoría de los leoneses de mi generación. No puedo separar mi vida de temas como Salid de noche, Chicas de Burda, Lo tienes claro, Obsesión, Encadenado, Pánico en el hospital, La costa Oeste, Silencio en el dial, El adiós, La lluvia del ayer, Los blues de Tomás y sobre todo Las noches del Toisón.

Me he dejado para el final su vertiente de compromiso. Apoyo constante a la cultura, ya que ellos impulsaron la vida musical, abierta a la movida, de los años 80 programando y trayendo a León para que tocaran en directo todos los grupos que entonces significaban algo. Y compromiso social como fue la preparación del festival musical de apoyo a la marcha minera a Madrid. Los años pasaron, Kike y Carlos comenzaron carreras en solitario, intercalaron labores de producción musical, entre los que figuran The Refrescos, Flechazos, Los Berrones, el primer disco de Los Rodríguez, la Orquesta Sinfónica de Matanzas, Deicidas, La Coartada, Piñón Fijo...

A modo de pequeño anecdotario: En 1980 Los Cardiacos ganan el concurso musical Ritmo del verano en la madrileña plaza de Las Ventas y consiguen su primer contrato discográfico para editar dos sencillos que tantearan el mercado. Ese mismo año se llevan también el primer premio del festival ciudad de Valladolid. Después vino la gira como teloneros de Sting en 1985. Tocaron en Aplauso, emitieron su vídeo en La bola de cristal. Otro galardón obtenido por el grupo fue ser elegidos en 1988 el mejor grupo en directo por la sala madrileña Agapo.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Animales de compañía, una ácida crítica familiar

Cuando la familia se reúne para celebrar con una cena el cumpleaños del cabeza de familia puede pasar casi de todo, lo mismo una comedia que un drama


Cartel de «Animales de compañía»
Cartel de «Animales de compañía»
Animales de compañía habla de las relaciones familiares con inteligencia. La familia más perfecta se deshace a los primeros arañazos que escarben en ella. No hay familias convencionales, cada una está construida a través de sus peculiaridades, con distancias y parcelas privadas, pero también con las semejanzas que se dan entre los miembros, unos parecidos que, a menudo, duele reconocer. En ella se establecen pactos y vínculos con los que intentar sobrevivir, acuerdos que perduran mientras los intereses resulten coincidentes, que se rompen y se zanjan porque todos conocen los puntos débiles del resto. Asuntos pendientes que vuelven a ponerse sobre la mesa y que esta vez también se dejarán abiertos para que puedan surgir en la próxima cena en la que se vuelvan a juntar, independientemente de que de ésta todos salgan diciendo que será la última.

Se trata de una obra coral, de personajes, cimentada en un guión que engancha desde su primera línea, tanto por los conflictos que plantea como por los diálogos que van de la pura ironía a la dureza de las verdades más directas dichas cara a cara. Es la cena de cumpleaños del cabeza de familia, la que les reúne dentro de una casa en la que guardar las apariencias es imposible y dónde la franqueza causa dolor. Personas a las que les une la sangre, pero que se encuentran alejados los unos de los otros: intereses diferentes, posturas políticas contrapuestas, celos familiares... Una tragedia contada, sobre todo, con mucho humor.

Nancho Novo y María Botto en una escena de «Animales de compañía»
Nancho Novo y María Botto en una escena de «Animales de compañía»
Son muchos los temas que surgen durante la cena, todos inconvenientes, pues cada uno de los miembros mantiene una rígida postura política que no soporta el diálogo. El pragmatismo del silencio no sirve porque alguien lo revienta con un comentario guardado durante mucho tiempo y que encuentra en un momento la forma certera de ser disparado; la ironía tampoco resulta convertida en un cartucho de sal dentro de un vaso de agua. Acercarse los unos a los otros resulta imposible y lo único sensato debería ser huir. Sin embargo no lo hacen, y hay radica el motor de la película, condenados a soportarse por una noche va surgiendo la acidez como sello más claro de la película.

El otro punto fuerte está en un escogido reparto que interpreta tres generaciones, insatisfechas a su modo las tres y con sus diferentes cuentas pendientes que soportan como grilletes. Excelentes sus trabajos en los que destacan Miguel Rellán (el sobrio padre) y Nancho Novo (el irónico novio de la hija mediana) que presentan el interesante duelo de machos alfa y al que se van uniendo Mireia Ros (la utópica madre), María Botto (la incoformista hija mediana), Cristina Alcázar (la insatisfecha hija mayor que aparenta llevar la misma vida perfecta para la que fue educada), Javier Pereira (el antisistema hijo pequeño) y Francisco Boira (marido gris de la hija mayor) para enfrentarse entre ellos haciendo caminar la acción por los derroteros más inesperados.

La historia trascurre en tiempo real, dentro del chalé familiar, con un decorado de diseño que reparte el espacio entre las actividades de padre (constructor de muebles, especialmente sillas extrañas) y la madre (fotógrafa). Características todas ellas que dan a la película una marcada identidad teatral.

A pesar de ser una película que participó en la Semana Internacional de Cine de Valladolid del 2008, la distribuidora ha decidido estrenarla en fechas navideñas, tal vez por tener un punto en común con el pánico que irremediablemente surge en estas fechas a las reuniones familiares en torno a una copiosa comida. La decisión ha llevado a que este sea el último estreno de cine español del año.

Por mi parte, decir que hacía tiempo que no me reía tanto en una sala de cine.

A modo de pequeño anecdotario: Animales de compañía supone la segunda película de Nicolás Muñoz. En 1999 dirigió Rewind y, entre una y otra, se dedicó a realizar el documental El viaje de Susu y a escribir dos novelas, con una de ellas Cenizas obtuvo en 2008 el premio Javier Tomeo. El guión lo escribe Nicolás con su hermano Rodrigo, ambos son hijos de la pintora Lucía Muñoz.

domingo, 20 de diciembre de 2009

El 2010 está a las puertas

Felicitación para el nuevo año 2010

jueves, 17 de diciembre de 2009

Bodas de sangre, avocados al sentido trágico del destino

Plaza dirige un Lorca en lucha contra lo irracional de nuestras raíces para que no brote más sangre


Martes 15 de diciembre de 2009. Teatro María Guerrero. Madrid


Cartel de «Bodas de sangre»
Cartel de «Bodas de sangre»
Gratamente sorprendido de la maravillosa interpretación de Consuelo Trujillo (la madre), llena de matices que saben en la boca a verdad pura. Un trabajo y un resultado que no se ve sobre un escenario con frecuencia. Parece que el personaje se le ajusta a la piel como si lo hubieran construido a su medida; luego ella lo carga de la falsa fuerza de la moral tejida por la tradición, con templanza adusta de una mujer endurecida por un pasado trágico de sangre y muertes cercanas. Portentosa, encabezando un buen reparto donde Carlos Álvarez-Novoa (el padre de la novia) le ofrece estupendas réplicas y se vislumbra en Noemí Martínez (la novia) y en Olga Rodríguez (la mujer de Leonardo) a dos actrices con mucho futuro.

No soy mucho de teatro clásico, en unos casos porque su mensaje se me ha vuelto manido por el tiempo y en otros porque me resulta demasiado simple para estas épocas de informaciones tan rápidas como abundantes. Es cierto que hablan de sentimientos básicos, inalterables y consustanciales al ser humano y a sus construcciones sociales, pero no me gusta escuchar historias repetidas o sabidas. Con la costumbre de acudir a las salas voy aprendiendo de estructuras narrativas, soy perro viejo para dejarme sorprender con facilidad, busco novedad y me da por intentar explorar lo complejo. Cambio y espero que el teatro cambie conmigo. Varían los decorados, el vestuario... pero, ¿y las historias? ¿Alguien las dota de un nuevo punto de vista que las enriquezca más allá de lo puramente estético?

Una escena de «Bodas de sangre»
Una escena de «Bodas de sangre»
Confluyen en esta obra el Centro Dramático Nacional y el Centro Andaluz de Teatro, como si un río de corrección y otro de visceralidad se mezclasen. Apegados a su tierra, royendo sus tradiciones, buscando entre sus señas de identidad para al final comprender que están abocados a un destino irremediable. Es la hora de la sangre que a borbotones brota conducida por unos instintos irrefrenables. La contaminación del ser humano desde su nacimiento por una miseria ancestral que no se puede cambiar porque la tradición así la impone, dentro de una sociedad opresiva y todopoderosa que les vigila y anula, incapaz de desarmar el entramado que la incultura ha ido elaborando con la fuerza que la losa del tiempo impone a los hombres vencidos.

Lorca tiñe este entorno de los instintos de una poética hermosa que permite remarcar lo simbólico e integrar lo fantástico con suma naturalidad. Las palabras son muy importantes en esta obra, ellas le dan un sentido de oasis a lo que la acción impone.

Se vislumbran también las dos Españas que se estaban fraguando por entonces. Vienen representadas por la familia del novio frente a la de Leonardo que muestran una clase que tiene para comprar las más hermosas medias caladas de seda y enfrente la otra, la de quienes sobreviven miserablemente en una tierra de secano que nada produce. Sin embargo ambas se miden de la misma forma, con la navaja en la mano, a golpes, con la sangre como juez. Cuando la boda fracasa, la madre grita: «Dos bandos, tú con el tuyo y yo con el mío» y entonces comienza a caminar la tragedia sobre el escenario.

Perfectamente intercalados los momentos musicales tradicionales que se cantan en directo (la nana y las canciones de boda). Bonitas voces que acercan los sentimientos, coreografías que ilustran los ritos para aproximar la emoción. Son parte inseparable de la obra que a su vez la enriquecen. No así la canción de «La Luna» que al sonar grabada resulta falsa, distante, alejada y que, por comparación, empobrece el montaje. Soy de la opinión de que debería cantarse en directo, dentro de la obra, y si Ana Belén -la voz grabada que la interpreta- no estaba disponible, muchas otras cantantes tenemos que podrían haber llevado a buen puerto esta canción en un directo que a todas luces es necesario y exigible. Así, tal como está ahora, lo que parece es una concesión injusta del director que él mismo debe conocer ya que trata de distraernos de la circunstancia, mientras suena la canción, con una visual y lumínica interpretación simbólica de la luna por parte de la bailarina aérea Diana Wrana.

A modo de pequeño anecdotario: Para esta tragedia, Lorca tomó como punto de partida el triste suceso que ocurrió en Almería en el año 1928 y que popularmente se conoció como el El crimen de Níjar. Sobre esta realidad trabajó su poética apoyada en ritos ancestrales como son las danzas y las canciones de cuna y de boda.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

«Avatar»: el canto pacífico de unión con la tierra

Una carísima película para adolescentes apoyada en el 3D y los efectos digitales


Cartel de «Avatar»
Cartel de «Avatar»
El miedo a que nos invadan los extraterrestres ha desaparecido. Ahora lo que nos planteamos es que sea la raza humana la que colonice otros mundos. Ya somos fuertes, tenemos un sistema económico a prueba de crisis y una cultura que nos permite transformar los personajes creados para sustituirnos virtualmente en seres con mayor humanidad que la nuestra. El problema, como siempre, es la avanzadilla, esos almas puras que conviertan el impulso de la colonización en una realidad latente: militares sobradamente preparados para matar, aniquilar y destruir, sin prejuicios que les pesen. Tampoco el motivo de la colonización tiene lo más mínimo que ver con el altruismo, es simplemente un yacimiento de un mineral llamado Unobtainium que por su escasez y utilidad le coloca un altísimo valor en el mercado. Las industrias señalan y los estados soberanos ponen a sus militares al servicio de los intereses de estas trasnacionales (cualquier parecido con lo del secuestro del Alacrana y lo que pedían los armadores con las frases previas de esta reseña ha sido pura casualidad). Vivimos tiempos difíciles llenos de piratas desnudos y hambrientos con una kalashnikov en la mano derecha y un movil en la izquierda para hablar con encorbatados abogados británicos que puedan mediar en el conflicto. Tiempos de mercenarios.

Cuando se invade un planeta (Pandora) es como cuando se «libera» un país (Afganistán, Iraq...), que realmente la cultura que hay sobre él no influye en las decisiones; la población civil en general resulta un estorbo, están equivocados en sus planteamientos radicales e integristas y además son incapaces de entender el progreso que representa un libremercado feroz regido por teorías neoliberales que a su vez son el trasfondo de la democracia capitalista, ya que por ignorancia desconocen que el beneficio de las empresas debe supeditar cualquier otra realidad o derecho. Es así como crecen los países.

No digo que «Avatar» comparta este mensaje, pero sí que lo dibuja como telón y punto de partida, donde alguno de estos conceptos los discutirá y otros los asume con naturalidad incuestionable. La ciencia-ficción es lo que tiene que habla de nuestras realidades y miedos sin explicitarlos.

Una escena de «Avatar»
Una escena de «Avatar»
Pandora es un planeta donde viven unos feos indígenas -o salvajes, según quién hable- llamados los Na’vi. Una de las tribus es el Clan Omaticaya y practican un amor milenario a la tierra y a la naturaleza, con las que se encuentran en perfecta comunión. Su ética resulta intachable y ejemplares sus comportamientos con el resto de las especies. Algo que a la larga decantará la decisión entre fuerza y razón del protagonista Jake Sully (Sam Worthington), un ex-marine paralítico que por azares de la vida va a convertirse en un avatar dentro de ese mundo en el que vivirá un proceso de aprendizaje vital. Es aquí dónde cambia el mensaje, aparece un cierto antimilitarismo -en realidad una crítica a los métodos, otros términos no se discuten- y un claro mensaje a favor de la naturaleza que nos pide un paso adelante para defenderla de nuestra propias agresiones.

El 3D y los efectos digitales son técnicas y como tales se usan en la película; sirven para plasmar como reales puras virtualizaciones imaginadas. El objetivo se cumple, tenemos un universo construido con coherencia con una hermosa selva, un árbol algo más que gigante sirviendo de hogar, con cascadas idílicas y montañas que flotan. Donde los indígenas montan caballos salvajes y vuelan sobre banshees un cielo que está dominado por un predador de la especie de los leonopteryx que da origen a una de las leyendas o simplemente pasean románticamente. Danzas y rituales, pero sobre todo bondad, son los elementos que, unidos a una especie de conector al final del pelo recogido en una cola, permiten la comunión con la madre naturaleza. Simbiosis que necesita protección con la llegada de los humanos para subsistir.

Pero no todo es un canto a la armonía, hay una gran parte del presupuesto que se dedica a las dos épicas batallas, con cierto sabor a «La guerra de las galaxias» que permiten el mayor despliegue de efectos y sonoridad de la película. Se ha trabajado en ellas a conciencia, en cada uno de los detalles, para su lucimiento, por puro sentido del espectáculo y sin duda sus imágenes se fijan en la retina. Es aquí dónde más se nota la mano del director, guionista, productor y editor James Cameron que deja ver con nitidez tanto sus deseos como su concepción del cine.

Los indígenas y los avatares no llevan actores de carne y hueso dentro, pero sí que han sido grabados previamente por actores que se han encargado después de sus voces, lo que ha permitido generar las escenas. Las personas humanas, dentro de la trama, resultan demasiado caricaturizadas. Dos ejemplos claros son el malísimo Coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) que más parece por su look un personaje de videojuego o el codicioso Carter Selfridge (Giovanni Ribisi) que bien en un futuro podría ser uno de los malvados de Batman. Algo más humanos resultan los personajes de la doctora Grace Augustine (Sigourney Weaver) y la piloto Trudy Chacon (Michelle Rodriguez).

Si me preguntan a quién le podría gustar, diría que es una película muy orientada a un público adolescente, no sólo por los efectos y la tecnología que la envuelve, sino por su ritmo y mensaje desgranado en píldoras elementales de consignas sencillas. Con concesiones abundantes a dicho público, buscando una estética cercana a los videojuegos, exagerando las caricaturas en los personajes de comportamiento ruín y con una sensualidad latente que va desde el desprecio pasando a la ternura y desembocando en una una historia de amor de libro clásico. Destaca lo especialmente cuidado del lenguaje que en ningún momento resulta sexista.

Para terminar con mi opinión, confesar que se me hizo larga, además de serlo, por la sencillez del argumento, y porque llegados a un punto los efectos, aunque sigan siendo excelentes, ya no me engatusaban de la misma manera. Sí que me gustó la estética, que me llevó incluso a encontrarles su punto a los indígenas a los que había definido al principio de feos.

A modo de pequeño anecdotario: Detrás de esta película no sólo está la creación de una escenografía y unos seres. También se trató de crear todos los detalles propios de su cultura. De esta forma el lingüista Paul Frommer colaboró con Cameron para crear el idioma de los Na’vi. Buscaban un lenguaje original que a su vez resultase familiar e identificable, así que comenzaron con unos tipos de sonidos básicos sobre los que elaborar la paleta del lenguaje. Después se establecieron las propiedades estructurales del idioma, las normas de pronunciación y la construcción de las palabras. El vocabulario final consta de mil palabras y tiene su propia gramática.

Para la creación de movimientos se contó con Terry Notary, una ex protagonista del Cirque du Soleil, y el coreógrafo Lula Washington que aportó los pasos de los bailarines Na’vi.