lunes, 14 de enero de 2008

Armand Du Plessis, Cardenal de Richelieu



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso me atreví a hacer alguna entrevista con personajes que ya habían facellido. La entrevista que hoy recupero corresponde a Armand Du Plessis, Cardenal de Richelieu y se escribió a finales de octubre, en 1995. Aquella entrevista se realizó en la Isla Inexistente, que ya era uno de mis espacios imaginarios. Con el tiempo, aquel lugar y los habitantes que por allí pululaban -como Lord Vran de Milos y Gorverats y su extravagante mayordomo Basi Vos-, terminarían originando y conformando el espacio que ocupa este blog.

Aquí está el original. -Pasados. Suplemento Otros Virus. Coleópteros (Nº 22, noviembre 1995, páginas 6 y 7).

Armand Du Plessis, Cardenal de Richelieu
Armand Du Plessis, Cardenal de Richelieu
Con las infinitas posibilidades que permite mi estado de difunto no me ha resultado demasiado dificultoso poder entrevistar a Armand Du Plessis, Cardenal de Richelieu; si bien es cierto que lo había solicitado a finales del año 1942, cuando se cumplía el trescientos aniversario de su muerte. No voy a ser tan necio de resumir su biografía, baste con citar que nació en la ciudad de París cuando corría el año 1585; ese mismo año moría el poeta Pierre de Ronsard, fundador del grupo poético de las Pléyades.

El Sr. Du Plessis se encuentra frente a mí, impecable dentro de sus vestiduras cardenalíceas, tras una larga mesa de madera. Su mirada se concentra en mí desde sus rasgos faciales angulosos en los que destaca su nariz afilada a la espera de mis preguntas. Su palidez me entretiene un instante más, antes de atacar su tranquilidad con cuestiones sobre el presente, pues el pasado ya está escrito en demasiados manuales de historia de una forma tristemente inamovible.

BASI VOS- Sr. Du Plessis, ¿quisiera...

CARDENAL- Por favor, llámeme Cardenal.

B- Está bien, Cardenal. ¿Quisiera saber qué opinión tiene sobre que la forma de organización política actual en Francia sea una República?

C- Que soy monárquico es indiscutible, pero hoy en día se vive en una sociedad marcadamente no religiosa, yo diría incluso antirreligiosa, en la cual no tendría sentido la misma figura real que mi época conoció. Tras la figura del monarca se esconden dos nociones principales, la primera es que la soberanía la decide la sangre -lo que no garantiza su capacidad- y la segunda es la presencia de Dios como garante de esa decisión, lo que confirma su legitimidad como incontestable. Estos dos principios se han truncado, la sangre se ha visto diluida y sustituida por el concepto del carisma -que tampoco garantiza su capacidad real- y el papel de garante ha pasado a residir en el pueblo, al que sin duda se engaña más fácilmente que a Dios. Así pues, veo lógica la evolución del país, aunque la considero irresponsable.

B- No le he visto muy partidario de la democracia.

C- No; pero lo importante no son las ideas particulares, sino el concepto de estado, es decir, el orden establecido para mandar y obedecer. No debemos, pues, discutir el modo de establecer dicho orden. Lo interesante es que estamos obligados a darle un uso correcto al estado como instrumento del poder que es, y así reconocer que el único fin del gobernante consiste en lograr el interés público. Olvidémonos del sistema, pues en cualquiera de ellos aparecen gobernantes buenos y malos, y aprendamos a reconocerlos y separarlos.

B- ¿Existe algún método para que cualquier persona aprenda a ser un buen gobernante?

C- No veo la posibilidad de que cualquier hombre sea capaz, pues el gobierno implica una serie de virtudes que son innatas. Podría decir que el gobierno se asienta en la razón, pues ella demanda que deben ser proyectadas las mejores leyes posibles; pero a veces no es suficiente la razón y hay que saber combinarla con la prudencia: es cuestión de prudencia suavizar los remedios para hacerlos más efectivos. Otras veces debemos incluso desdeñar la razón, pues las órdenes más próximas a la razón no son siempre las mejores, ya que a veces no están perfectamente adecuadas a la capacidad de aquellos que han de ser los encargados de ejecutarlas. También es importante el saber revisar la Historia para adquirir experiencia; pero nada hay más peligroso para el estado que los hombres que quieren gobernar sobre la base de máximas que extraen de los libros, porque cuando lo hacen, los destruyen. El pasado no es el mismo que el presente, y los tiempos, lugares y personas cambian. En definitiva, no creo que exista dicho método.

B- Hablaba de virtudes innatas, pero no nos ha desvelado cuáles.

C- Hay que saber percibir las motivaciones de los hombres, algo así como Maquiavelo; poseer una resignación estoica ante la adversidad, dominar la retórica para convertir mediante la argumentación y la persuasión, gran capacidad de sacrificio, habilidad para rodearse de personas fieles y de confianza, conocimientos administrativos y burocráticos, astucia, mano izquierda, ser muy detallista y previsor -sobre todo a largo plazo-, ciertas dotes de actor, mucha ambición y prudencia. Tampoco debemos olvidar las virtudes romanas: austeridad, economía, disciplina, control y orden.

B- ¿Qué opina de las pruebas nucleares de Chirac?

C- Antes de hablar de las pruebas quiero comentar que la grandeza de un gobernante se puede leer en su autoridad dentro del país y su reputación fuera de él. Ambas lecturas, tras las pruebas, nos muestran números muy bajos. No hay pues grandeza en Chirac. Hablando ahora de las pruebas me muestro de acuerdo. El papel de Francia en el mundo es el deber de protección de los desvalidos y oprimidos; si para ello es suficiente con amedrentar a otros países a través de una muestra de nuestro desmesurado poder nuclear, me alegro; pues así siempre se reducirán las posibilidades de la necesidad de una guerra.

B- La mujer se ha presentado en espacios que en su época le estaban vedados. ¿Qué le parece?

C- Hablando del campo político su presencia me parece nefasta. Reconozco que su educación a lo largo de estos siglos ha cambiado sustancialmente, y no dudo pues de su capacidad; también puedo apreciar su posibilidad de aportar nuevos puntos de vista en la esfera política. No obstante, desde mi infancia me he inclinado a pensar que la mujer es ante todo desorden y desgobierno, pues siempre resulta excesivamente laborioso hacerle desistir de malas decisiones tomadas bajo el influjo de la pasión.

B- Releyendo su biografía, ¿se podría decir que el CESID (servicio de inteligencia) en España no ha inventado nada nuevo?

C- No mucho, tal vez los avances técnicos han ampliado las posibilidades. En mi época solía decir que lo que se hace por el estado se hace por Dios; y no estoy excluyendo juicios manipulados, ejecuciones ordenadas con antelación, divulgación de documentos privados, siniestras actividades policiales... Reconozco su necesidad, así como la imposibilidad de alabarlo, pero el bien social siempre debe situarse por encima del personal.

B- ¿Conoce el término «cultura del pelotazo»?

C- Vagamente, aunque supongo que me pregunta acerca de si veo bien la figura del «trepa». A veces no se puede demostrar la valía personal si no es ascendiendo a través de influencias, nepotismo o malas artes. De todas formas es la historia la que al final nos asienta en nuestros puestos por nuestros méritos, y los métodos con los que se ascendió se olvidan. No veo nada malo en medrar si nuestras ideas para la sociedad y el estado son positivas.

B- Finalmente, querría preguntarle si España tiene hoy un buen gobierno.

C- Creo que sí, aunque se podría mejorar. Son gobernantes que saben moverse en la sombra; capaces de ilusionar a un electorado aunque sea, valga la redundancia, con «ilusiones»; bien relacionados, en general, con la banca y los militares; y, sobre todo, con una correctísima imagen internacional. Aunque ahora se viva una cierta intranquilidad social en España, tan solo es un reflejo de las limitaciones populares, pues demostrado está que la aversión del pueblo a la guerra no es una fuerte razón a favor de la paz.

La entrevista está concluida, aunque para el ávido lector falte un dato, el lugar desde dónde se ha desplazado nuestro invitado hasta la isla inexistente: cielo, infierno o purgatorio.

→ Basi Vos firma#

lunes, 7 de enero de 2008

Los Protones



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso me atreví a hacer alguna entrevista. La de Los Protones fue una de las primeras. La realicé a finales de marzo de 1993 y hoy la recupero para este blog.

Aquí está el original. Gente de aquí. Coleópteros (Nº 14, abril-mayo 1993, página 24).

Los Protones
Los Protones
Conocía a PPVERDE, un canario que estudia en esta Facultad, porque es una persona que se sale de lo corriente. Sabía que tocaba en un grupo, así que les pasé una cinta y unas preguntas para poder hablaros de ellos. Tengo que decir que me he reído un montón escuchándoles.

Ellos son LOS PROTONES. ¿Quiénes componen LOS PROTONES? Pues está claro: LOS PROTONES. En realidad son cinco -aunque sólo en realidad, pues cuando están flipaos son muchos más- que responden a los nombres de Carlos, JuanFer, Arturo, Federico y Pepe. Se conocieron en la Casa de Campo -eran cinco vecinos de coche que estaban echando un polvo-, aunque también podía haber sido en Copacabana o un día que llovía afuera.

Hacen música, pero no saben decir el estilo. Quizá lo que más se acerca -como dijo una locutora de radio- sea Pock fresco, aunque prefieren el término Rock and Rock, o mejor Pock and Pock. Sea lo que sea, merece la pena oírles.

Su sentido del humor es muy pronunciado: ¿Llevan mucho tiempo tocando? Pepe nos confiesa que a la edad de dos años le tocó el culo a una niña y ella le dio un bofetón, fue entonces cuando descubrió que tocar es divertido. Cuando se apagan las risas, y ya en serio nos dicen que dos años. Hoy llevan tres horas tocando.

Sobre discos y salas me responden que de discos tienen 3.000 y salas 4.000, vamos que se han pateado todas las salas de Madrid como buenos noctámbulos que son. Lo cierto es que no tienen disco, ¡a ver si alguien se lo paga! y que han tocado en el Laboratorio -pero no en el de Sistemas Distribuidos, sino el de la calle Colón-, en Siroco, en el Chaminade, en el Santamaría de Europa y en Colmenar. Les gustaría tocar en muchos sitios, entre ellos en el garaje de la Facultad: «A ver cuándo propone alguien un concierto en la Facul, porque mucho teatro, pero ni un sólo concierto; aunque claro, ¿qué se puede esperar de un sitio en el que no se puede jugar al mus, ni ir en bermudas?».

Entre ensayos y actuaciones se van aprendiendo las canciones y les van saliendo. Tienen la esperanza de llegar a tener un poco de realismo y un poco de idealismo o suerte en los negocios, pero de verdad, donde quieren llegar es a final de mes. Si les fuese bien en esto de la música y tuvieran que elegir entre música o estudios, unos se quedan con el coche, otros con un despacho y la tía más buena de la Facultad -aunque estar buena no es lo único que hay en este mundo y existen, afortunadamente, muchas tías enrolladas- y Arturo, pragmático, nos confiesa que todo depende de las condiciones que le ofrezcan en la jubilación anticipada.

Siempre han confiado en los ordenadores, pues son más inteligentes que las personas. Ya tienen un chip programable en el pedal y van a comenzar a tocar desde su casa la batería con un modem.

¿Algo más que añadir? «¡AAAAAH!». Pues yo sí, que no os los perdáis en directo. Gracias PROTONES.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Posturas ejemplares



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos y esta su última participación. El artículo que hoy recojo en este blog fue escrito en octubre de 1995 y publicado en el número 22 de dicha revista.

Estadio Vicente Calderón
Estadio Vicente Calderón
Las posturas ejemplares son aquellas que nos interrumpen la respiración por hermosas. Cuando digo hermosas pienso en una belleza moral más allá de lo corriente, es decir, aquellas que suponen un don en quien las ejecuta del que carecen mayorías e incluso minorías. Las posturas ejemplares se alejan del hombre, pues conllevan un sacrificio o manifiestan una decisión impropia. El problema de las posturas ejemplares es que son inevitablemente prácticas y nunca teóricas -surgen espontáneamente para ser imitadas, no se crean como entelequias- pues se amparan en la individualidad. Para solucionar tal carencia dogmática, creamos a partir de hoy una base programática con la que construir una libertad e independencia inventada para todos.

fmdo: Comité Revolucionario del 12 de octubre



POSTURA 3

Siempre ha habido equipos de fútbol para ricos y equipos de fútbol para pobres. Si nos quedamos en Madrid, unos tienen el estadio en la Castellana y los otros a la orilla del Manzanares o en Vallecas. El primero es un equipo para presumir, los otros, no queda más razón, para soñar. Para el primero se ha de ir al campo con traje y corbata; para los otros, como los obreros, con la tortilla en la fiambrera.

No es extraño que me declare seguidora atlética, aunque no pise nunca el estadio. A ello me impulsa el mismo sentimiento que me lleva a defender siempre posturas románticas; defender al desvalido perdedor, sentirme solidaria con las minorías; en fin, a oponerme a la prepotencia de los que ganan porque son los «los buenos» y sentarme con las causas en las que «palpita el corazón».

Ana del Berro



POSTURA 623

No hay otra palabra en mi boca que la de provocación. Voy a provocarte para que me revientes los labios con los tuyos. Voy a provocarte para que pienses que te deseo más allá de lo razonable. Voy a ser imprudente y desabrocharte el sujetador ahora que no me miras. Pero tú me conoces muy bien y sabes perfectamente que la única provocación posible que hay en mi boca es la intelectual, que he venido para cambiar de idea y explotar, para inventar otro punto de vista diferente y ridiculizar con él los anteriores.

En nuestra vida nos hemos creado unos principios que no van más lejos de ser un perchero sobre el que asentamos nuestras ideas como si de gabardinas se trataran; pero las ideas deben sostenerse por sí mismas o dejarse caer. Es la hora de romper los percheros.

Jesús Blazque -actual amante de Ana del Berro-

jueves, 13 de diciembre de 2007

El no de Ana del Berro



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos, tuvo una pequeña columna que perduró durante dos números, luego se mudó al suplemento y allí participó en varios especiales. El artículo que hoy recojo en este blog pertenece a uno de esos espacial, en concreto uno que pedía decir NO. Fue escrito en abril de 1995 y publicado en el número 21 de dicha revista.

Decir no
Decir no
Sé que me han pedido un articulo NO para que en este suplemento haya voces femeninas; los hombres siempre han estado interesados en conocer a qué decimos no las mujeres, supongo que para imaginarse luego a qué diremos sí. Así que he decidido boicotearles y voy a proponerme el tema de otra manera: «Si yo fuese un hombre a qué diría no». Pensé que iba a ser más fácil, pero me encuentro con que los hombres dicen sí a todo, siempre y cuando el todo pueda ponerse faldas, o mejor aún, quitárselas. Se me ocurre algo: si fuese hombre diría no a la monogamia, la «grupalidad» sin competencia es lo mejor, eso de un amo y muchas esclavas es el ideal masculino. Sin embargo es triste pesar que si fuese un hombre sólo sería un pene, no os parece; así que voy a discurrir algo más. A ver que os parece esto, si fuese hombre me gustaría ser hermoso, tener un cutis de piel de melocotón y una mirada profunda desde mis dos ojazos verdes; también unas espaldas anchas, unas manos fuertes y la tez morena, aunque sin excederse. Por supuesto querría no ser inteligente, pero desgraciadamente soy una mujer y nunca podré llegar a cumplir este ideal.

Tal vez, bromas aparte, si fuese hombre diría no a exteriorizar los sentimientos en público, a mostrarme sensible por temor a caer en esa otra palabra que es sensiblero. Tal vez sea un miedo irracional a hacer el ridículo. Ellos, los hombres, siempre han temido al ridículo sobre todas las cosas; pues ocurre que carecen de los más simples conceptos de los límites. Ellos son esos individuos indecisos que no saben dónde está la frontera, ni siquiera entre el no y el sí.

Si fuese un hombre valiente diría no al fútbol -realmente a la masa que conforma y uniforma el fútbol-, no a la violencia como actitud ante la vida, no al desafío constante a los demás hombres, no al servicio militar ni a las armas, no a la irreflexión absoluta en la que vivimos, no a los políticos que nos han hecho entes irreflexivos, no a la intolerancia constante que nos rodea Pero resulta que soy una mujer y hace tiempo que dije no a todo esto.

Por cierto, me gustaría que la gente dijera no más a menudo de lo que lo hace; me aburren las personas tan tímidas que siempre, pidas lo que pidas, te dicen sí.

Ana del Berro

lunes, 12 de noviembre de 2007

Las horas de Ana (2)



Nota: Cuando estudiaba en la Facultad de Informática participé en la revista que hacíamos los alumnos y que se llamaba Coleópteros y Otros virus. Colaboré en muchas cosas, incluso en dar vida a algún personaje con el que me atreví a hacer opinión desde otro punto de vista. Ana del Berro fue el último de los seudónimos. El segundo artículo de un personaje nuevo siempre resulta complicado, pues afianza o derrumba el universo que se va describiendo. El artículo que hoy recojo en este blog fue escrito en febrero de 1995 y publicado en el número 20 de dicha revista.

Bohemio
Bohemio
Tirito de frío por la calle; las manos en los bolsillos y el pelo largo cruzándome la cara; yo sin fuerzas para quitármelo de los ojos y recogérmelo para que el viento no juegue con él. Tiemblo, mientras levanto los ojos hacia el cielo para ver el sol que no me cobija Debe ser la fiebre, así que entro en un bar para pedir un café, a ser posible con una aspirina y unas gotas de coñac. Cierro los ojos y empiezo a delirar. Deliro, como casi siempre, unos versos de Antonio Colinas y otros de Blas de Otero; luego, dos minutos después, pienso en él, moreno-ojos-verdes, que me los leyó -una noche sí, una noche no- dentro de la cama.

Hace casi tres meses coincidimos en el autobús a León. Estaba muy cambiado, yo también -me dijo-. Nos sentamos juntos y durante las cuatro horas y media de viaje charlamos de vez en cuando. El me contó vaguedades de su vida, anécdotas inútiles para llenar un silencio molesto; pero ni un solo verso. Es así, por pequeños detalles, como nos vamos dando cuenta de dónde se quedó nuestro «amor».

Él, ahora, lleva una americana sobre una camisa de rayas y un pantalón de vestir color verde oscuro. En su cara, perfectamente rasurada, ya no destaca su mirada de miope, pues ahora lleva unas lentillas. Así, a bocajarro, le disparo:

-¿Dónde has dejado tus vaqueros raídos, o tu perilla?

No sabe contestar, se masca las palabras buscando una disculpa. Me toca pues tomar la iniciativa y contar cómo me va la clase de yoga, lo hermoso que es el budismo y, aunque sigo loca por la música de Pink Floid, últimamente escucho mucho Los Protones, es que suenan muy bien con ese ritmillo británico y además PP tiene muy buena voz. Sigo hablando sola un rato y luego decido mirar por la ventana el paisaje de siempre.

Pienso en cómo pasan las horas, los días, las semanas, los meses, los años... y como perdemos las ilusiones. Vamos cambiando, él ya no lleva perilla ni recita versos. Vuelvo lentamente el rostro, le miro a los ojos y disparo, por segunda vez:

-¿Ya no escribes?

Le cuesta decir que no, que ni siquiera cartas. Me va dando pena, así que no sigo disparando. En dos años ha enterrado su juventud y ahora se viste un uniforme de madurez conformista, seguramente aún seguirá votando a los socialistas, pero simplemente por nostalgia. Toda su rebeldía duerme encerrada en un armario, bajo siete llaves, y él sin tiempo para pensar, ni para leer una historia ajena, ni para dejar unas letras impresas en una esquina de un folio, ni para tener una ilusión, ni... Es triste ver cambiar a un muchacho hacia un hombre. Triste.

Seguramente ahora dormirá inquieto por las noches, le apesadumbrará la idea del futuro y ya no buscará posturas o proposiciones nuevas con quien sea ahora su amante. Pero es más triste saber que yo voy por el mismo camino. Él es un espejo en el que miro el pasar de mis años, mi espeso envejecimiento. No hay dolor mayor sinó perder la inocencia de la juventud. Así pues vamos dejando de hablar. Cuando el autobús entra en la estación de León nos vamos despidiendo. Con las maletas en la mano él me dice:

-Llámame alguna tarde y nos tomamos un café.

Cierro los ojos; me llevo la aspirina a la boca, siento en el aire el vaho caliente del café y respiro un suave olor a coñac. Luego abro los ojos.

Ana del Berro