jueves, 3 de octubre de 2013

Cada cual con su propio estilo

Cortos para todos los gustos en el Festival de Cine de Madrid-PNR

Jueves 3 de octubre de 2013. Festival de Cine de Madrid-PNR. Sala Berlanga. Madrid

Cartel del corto About Ndugu
Cartel del corto About Ndugu
El Festival de Cine de Madrid-PNR continúa con su propuesta de un cine fresco y sobre todo incipiente. El festival arriesga siempre en ese sentido, pues su vocación es la de ayudar en los primeros pasos y formar un colectivo amistoso desde el que poder cooperar entre sí para desarrollar nuevos proyectos. Sirve, en cierta manera, para impulsar un tejido cinematográfico permeable a los nuevos realizadores que arrancan. Pero además de ofrecer primeras oportunidades, es también un lugar desde el que dar reconocimiento a grandes profesionales que no recorrieron los caminos convencionales. El festival no realiza una tarea fácil, sino un trabajo de mérito.

El martes cité las sedes donde se desarrolla esta 22 edición del Festival de Cine de Madrid-PNR y se me olvidó una de las más importantes: el Armando, al ladito de la Sala Berlanga, un bar que antes y después de las proyecciones se convierte en punto de encuentro de cineastas y público. Allí nos tomamos las cañas, hablamos de proyectos, de cómo le va a cada cual, de las películas, del cine en general y criticamos todo lo criticable. En realidad establecemos lazos, amistades que perduran y que cada año, con cada nueva edición, se afianzan mucho más.

La propuesta de la sesión del jueves de cortos en la sección oficial, a priori llegaba con un cartel demasiado heterogéneo como para poder hacer una generalización. Cada cual venía con su perspectiva diferenciada desde la que entiende el concepto de corto, con mucho gusto por el cine y aplicando su propio estilo. Ese es quizá el hilo que les une a las películas de hoy: hecho desde un estilo propio.

Cartel del corto I Feel Lost
Cartel del corto I Feel Lost
I Feel Lost, de Juan Manuel Aragón García, es un homenaje al cine y a las series de televisión, un deseo de convertir el mundo en una película o en un capítulo y una pelea entre ambas formas que en realidad no están tan distantes porque conviven «en el cuarto de al lado». Es un cortometraje mudo, donde todo se articula con los gestos y las miradas. Aragón nos llama a jugar y a divertirnos embarcándonos en una situación que se va complicando por segundos y en la que el público entra.

Sangre de Unicornio, de Alberto Vázquez y Pedro Rivero, es un trabajo de animación lleno de contrastes. Los autores no solo pretenden salirse de los tópicos sino que intentan darles la vuelta. Así nos cruzamos, entre acordes de rock duro, con dulces ositos malvados que cazan unicornios y beben su sangre. Y cuando hablan esos osos lo hacen con voces insospechadas, situadas al otro extremo de la estética de sus personajes, y con una historia diferente. Así, entre lo que es y lo que debería ser, jugando con los prejuicios que siempre son erróneos, nos cuenta un asunto de dos hermanos con su mala sangre, sus rencillas, las envidias y el odio. Un Caín y Abel hecho con osos amorosos de lo más sorprendentes. Se puede decir que es un corto sorprendente y muy digno.

About Ndugu, de David Muñoz, me pareció el mejor trabajo de la noche. Es un corto social hecho con humor que nos acerca Kenia. Existe un choque cultural entre nosotros y el África más profunda que nos separa, pero Muñoz explota esa distancia para plantear la resolución de un problema de mayores desde la perspectiva de un niño keniata. En transcurso de llevar la respuesta a la práctica se estable un camino que nos lleva a la empatía con el personaje y con todo su entorno. Sin el menor esfuerzo le comprendemos y en cierta manera nos quedamos encantados con la inocencia que presenciamos. Es ficción, pero de esa que deja el poso de haberte colado una realidad de documental muy bien trabajada, de esa que te hace ver los detalles del lugar en que transcurre, con su ritmo y sin manipulación, sin que te hayas dado cuenta. Muñoz indaga en lo que nos une, lo más humano, para desde hay enseñarnos lo diferente.

Cartel del corto Sangre de Unicornio
Cartel del corto Sangre de Unicornio
Ciudadano Torralba Redux, de Suso Hernández, es un falso documental con mucho cachondeo que se basa en hacer «fakes» de momentos históricos introduciendo en todos ellos al mismo personaje irreverente como centro de los mismos. Para darle una falsa credibilidad aparecen en pantalla cuatro personalidades que nos van contando la vida del ciudadano Torralba. Me quedo con la crítica a esa moda del falso documental.

Marion, de Julián Zuazo, tiene una fotografía excelente. Pero todo su interés se queda en ese punto, pues emocionalmente no avanza, atrapado el corto en una frialdad tan descorazonadora como la propia historia que cuenta y que termina haciéndose muy larga y un tanto repetitiva. Quizá sea tan solo puro hedonismo de una sociedad saciada.

Los Perfeccionistas, de Tucker Davila Wood, es un corto raro, de los que juegan a romper porque se decantan por lo simbólico, porque se envuelven en una poética desmesurada y porque parece que apuestan por la estética por encima de todo, que lo importante no es lo que se cuenta sino de qué forma se hace. Davila no propone un cine abierto en la película, todo lo contrario, se trata, en cierta forma, de una pieza con un cine sectario y de seguimiento cerrado a un líder y unos principios, desde la idea de una performance y como abordarla. Para ello tira de una factura milimétrica. Lo que crea es un estado de ánimo de distancia, si esa era la intención, lo ha conseguido, sino se ha quedado encerrado en su propia estética.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Contando el mundo que nos rodea y el propio

Repaso de la segunda sesión de la sección oficial de cortos del Festival de Cine de Madrid-PNR

Miércoles 2 de octubre de 2013. Festival de Cine de Madrid-PNR. Sala Berlanga. Madrid

Cartel del corto Ahora, no
Cartel del corto Ahora, no
El Festival de Cine de Madrid-PNR ya está a pleno rendimiento. La sala Berlanga es el epicentro que reúne a unos cuantos cinéfilos y amigos para ver un cine emergente. La entrada a las proyecciones de las secciones oficiales (largos, cortos y cortos de los socios de la Plataforma de Nuevos Realizadores) es gratuita, y así que todo el mundo pueda disfrutar de la programación del festival. Antes de acceder a la sala, hay un puesto del festival, con camisetas, los catálogos, algunos libros… Entre el merchandising se cuela una bonita iniciativa: la voluntad a cambio del fotograma de una película. Han llamado a la campaña «salvar un frame» y es una buena forma de ayudar en tiempos difíciles.

La programación del miércoles es tan dispar como siempre en esto de los cortos. Por un lado, los que pasan hoy, tratan de contar historias y por otro de añadirles imaginación, convertirlas en feas metáforas de una realidad mejorable si nos atreviéramos a poner algo de corazón. Digo feas porque la belleza se ha hecho superficial en este tiempo presente. Que nos asusta lo cotidiano, que nos deja exhaustos, es algo que se siente con el pase de cada corto de esta edición. Y nos evadimos como solución, o simplemente para poder seguir levantando la cabeza y luchando.

Fuga, de Juan Antonio Espigares, es un corto de animación, con alguna escena en la que participan personajes de carne y hueso, que elogia la música y nos confronta con la envidia, el odio y la maldad. La vida está cargada de estridencias. Sin palabras, solo con una pieza musical, Espigares nos va dejando su buen hacer como dibujante para contarnos los avatares de una malsana competencia. Pero al corto le falta mensaje o profundidad para justificar su metraje.

Cartel del corto Deus et machina
Cartel del corto Deus et machina
Koldo Almandoz nos propone con Deus et machina una metáfora del mundo, una visión de un hombre que es dios y lo es por su trabajo. Rayos, truenos, lluvias, sol, vida… va saliendo de sus manos de obrero y de las máquinas que manipula, con la costumbre de la tarea millones de veces repetida. Seguro que cuando llegue el día que esa persona deje su puesto de trabajo se acabará el mundo, pues ya no hay aprendices de dios, ni de nada. Almandoz nos deja bellas imágenes, sonidos y una concepción manufacturada del mundo en un corto en blanco y negro, con muy pocos diálogos y mucho espacio para pensar y hacer las cábalas oportunas. De esos en los que el autor sugiere y el espectador tiene que poner el otro 50%.

Ahora, no, de Elia Ballesteros y Kate Campbell, es uno de los mejores cortos de esta edición. Lo es por su temática y también por la forma de abordarla, con el ritmo de una historia vieja a desvelar, el mismo que se usa para desmadejar un ovillo. Con miradas y sobreentendidos se va dibujando la historia hasta que nos toca, hasta que deja de ser algo trivial para convertirse en el asunto más importante. Porque nunca es el memento de hablar de esos temas que se silencian, ese banco solitario de un paseo entre chopos es el lugar de las confidencias, al que se acude para saciar lo que nos come por dentro, lo que explica por qué somos tan diferentes. Ballesteros y Campbell se toman su tiempo para encontrar el camino de los sentimientos y despertar en el espectador la conciencia que todo buen trabajo explota.

Misterio, de Chema García Ibarra, es un trabajo de ficción que se mueve usando los códigos del género documental. Es duro vivir en esta sociedad que nos ha tocado, en estos tiempos de crisis, sacando adelante una familia con muchas horas de trabajo y aún así viendo que apenas les alcanza para vivir. Una mujer alienada por un curro cansino y monótono, que se desvive al llegar a casa por una familia que es como es y a la que no le queda más vida que sus propios pensamientos. Me gusta esa forma que tiene García Ibarra de explicar que cada uno escucha como quiere, que cualquier misterio no es más que nuestro esfuerzo por encontrar una solución a nuestros problemas. Una forma cruel de construir una historia de agotamiento.

Cartel del corto Efímera
Cartel del corto Efímera
Efímera, de Diego Modino, sabe a cine, más concretamente a ese que impulsaron Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet en Delicatessen, o Javier Fesser en El milagro de P. Tinto. Un cine que nos dice que el mundo de fuera de las cuatro paredes de casa es algo decrépito, abocado al fracaso y horroroso. Y que es nuestra cabeza al interiorizarlo la que nos permite desmontarlo y ponernos a salvo. El mundo no existe por sí solo, sino por nuestra percepción mental, por lo que trasladamos de nosotros al exterior. Somos nosotros, nuestra inocencia, la que termina salvándonos a nosotros y a la especia. Modino prepara un corto de bella factura, detallista y para todos los públicos, donde la ternura de una niña nos dice que hay esperanza hasta en el lugar más hostil.

El paraguas de colores, de Edu Cardoso, nos narra las dudas de una mujer sobre si su marido le es infiel o no. Solventarlas es fácil, basta con seguirle una noche cualquiera. Elige una en la que llueve. Como ir tras los pasos de un hombre es anodino, una voz nos va narrando de una forma elaborada lo que fue el proceso mental de la mujer mientras iba de detrás de su marido. Hay una culpabilidad encerrada en el corto, las ganas de salvar y de condenar a la vez. Cardoso nos plantea una historia modesta a la que trata de imprimir una sorpresa que explique la decisión de rodar el corto.

martes, 1 de octubre de 2013

Protegiendo el cine en extinción

Arrancan las secciones oficiales del Festival de Cine de Madrid-PNR

Martes 1 de octubre de 2013. Festival de Cine de Madrid-PNR. Sala Berlanga. Madrid

Dicen desde la Plataforma de Nuevos Realizadores que el cine está en peligro de extinción. Tal vez tengan razón, las cifras de taquilla siguen bajando de una forma vertiginosa, los presupuestos públicos recortan aún más el dinero dedicado a la producción cinematográfica, el número de películas realizadas este año es una cifra ridícula… Algo pasa con el cine y a mí no me extrañaría que eso que ocurre, esa catástrofe que vivimos, sea una decisión política intencionada. No es ningún secreto que a la derechona de nuestro país le molesta la cultura y especialmente quien la hace. Sin financiación pública, a los directores divergentes solo les quedará el camino del cine low-cost, un tipo de películas que encuentra muy difícil acceder a las salas comerciales y por lo tanto llegar al público. Creo que el desmantelamiento que vivimos no es más que una estrategia para hacer girar el eje del cine en nuestro país y llevarlo hacia un beneficio tangible de las grandes empresas que inviertan en él. No hablo de productoras, distribuidoras o empresas del sector cinematográfico. Hablo de Telefónica, Endesa, Repsol…, compañías que todos conocemos a las que el cine les preocupa menos que nada. Sin embargo serán estas empresas las que pondrán una parte de sus beneficios en el cine con la futura ley del mecenazgo. Lo harán por dos motivos: exenciones fiscales y circulación cruzada de facturas entre empresas del mismo grupo.

Aunque es un tema que me preocupa, no es de lo que quería hablar hoy. Lo que trataba de contar es que ya está en pie un año más el Festival de Cine de Madrid-PNR. Se inauguró este lunes y durante toda la semana tendrá proyecciones y coloquios en la Sala Berlanga, en la Filmoteca Nacional, en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, en BlankPaper y en la Escuela Superior de Artes y Espectáculos (TAI). La Sala Berlanga será el escenario central donde se proyecten los largometrajes a concurso y los cortos, tanto de la sección oficial como de la sección socios PNR. Las sesiones las presenta la actriz Amanda Guadamillas con toda la dulzura del mundo, en esa simbiosis perfecta entre el festival y ella.

Cartel de corto Inertial love
Cartel del corto Inertial love
El Festival de Cine de Madrid-PNR siempre ha sido un buen lugar para saber cómo está el mundo del cortometraje en un momento determinado. Este año no iba a ser diferente. Hay pautas que los cortos de la sección oficial de la primera sesión repetían. Por ejemplo, y aunque hay excepciones, en este tiempo de crisis atroz hay una huida del realismo, casi ninguno se atreve a contar la realidad tal y como ocurre y si alguno lo hace se va lejos, a la India, a una verdad ya visibilizada en muchas otras ocasiones. Encuentro también un deseo de contar de otras formas, con originalidad, superándose. Algunas son propuestas originales y arriesgadas que demuestran que hay capacidad. Pero las ideas hay que llevarlas a la práctica y buscar su medida y su acierto. Una película debe establecer siempre una ecuación entre contenido y forma, sin que ninguna de las partes se coma a la otra.

Si hacer cine es lanzar mensajes, con Papá se ha ido, de Sonia Sebastián me he debido quedar sordo esperándolo. Reconozco que hay puntos de interés en una conversación entre madre e hija, en el grado de sinceridad y en la forma con la que se retrata una convivencia cotidiana llena de complicidades. Las dos actrices forman un reparto sólido. Pero el corto chirría, y mucho. Echo en falta profundidad y capacidad para resolver una situación que ni siquiera sé si se ha llegado a plantear. No me basta con una conversación chachiguay si está vacía de lo que importa. Luego descubrí el motivo de mi malestar, el guion lo firma Elvira Lindo. Y además lo escribió como si fuera una de sus columnas más insustanciales.

Cartel de corto La alfombra roja
Cartel del corto La alfombra roja
La alfombra roja, de Manuel Fernández y Iosu López, nos cuenta la miseria en slum de chabolas en la India. La mirada de la niña no ha perdido la esperanza y sin embargo lo que la rodea dice lo contrario, que es imposible tener un futuro digno desde allí, que no hay salida. Los datos lo constatan porque la realidad se empecina en enseñarnos que los pobres seguirán siendo pobres en este sistema globalizado diseñado por el capitalismo. Y sin embargo, la niña continúa mirando y manteniendo intacto su sueño. De qué le sirve, me pregunto, pero sin querer sigo enganchado a la ilusión de esos ojos.

Espina. Historia de un regalo fallido, de Andrea Morán Ferrés, es quizá el corto más personal, más lleno de una voz propia y formalmente más arriesgado de la noche por su apuesta estética. Voz en off, pensamientos, imágenes congeladas, la cotidianidad de una habitación convertida en un mundo y mucho sentimiento por debajo. Escuchar pensar y contar las decisiones que no se tomaron resultan dos elementos interesantes. Pero, como ocurre con toda reflexión hay que saber medir el tiempo para que no juegue en contra. Lo que al principio parecía estupendo y novedoso se va deshaciendo en el corto de Andrea Morán. La duración hace que la forma que lo sostiene deje de interesar y que decaiga la atención del espectador porque la historia está demasiado teñida de un pensamiento adolescente, de una única generación. Lo que no tengo duda es que esta chica tiene futuro.

Cartel de corto El ruido del mundo
Cartel del corto El ruido del mundo
El ruido del mundo, de Coke Riobóo, es un corto de animación potente. No solo por la música, sino por trasladarnos su visión de un mundo lleno de ruidos que deberíamos acallar. Obligarnos a mirar aquello que no queremos ver y tratar de hacer una sinfonía de la desgracia en la que el ser humano está convirtiendo este mundo, son los dos valores que más aprecio en este trabajo de Riobóo y que comparto. Es un corto bien llevado y con intención, algo que sin duda necesitamos en estos tiempos.

30 segundos, de Javi Muñoz, también acude a la voz en off para narrarnos una historia de amor a una adicción. No termino de estar cómodo con el ruido que genera, con sus voces, con sus imágenes. No me parece creíble el narrador. Ni siquiera me interesa lo que cuenta.

Inertial love, de César Esteban Alenda y José Esteban Alenda, es la otra gran apuesta formal y el más simbólico de los seis cortos de la sesión. Al igual que el anterior trabajo de los hermanos Alenda, Matar a un niño, también está hecho con stop motion (técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos por medio de una serie de imágenes fijas sucesivas). Es mudo, pero bien apoyado por la música que lo dinamiza. Lo que nos cuenta es una historia de amor en ese punto en el que alguien de la pareja se queda sin gasolina y el camino de inercia que se sigue hasta que se llena otra vez el depósito. Por cierto, los títulos de crédito del final merecen la pena.

sábado, 28 de septiembre de 2013

La RSP, una oportunidad para levantar la cabeza con dignidad y tomar el control

La Red de Solidaridad Popular está tejiendo redes en todo el estado español

Logo de la Red de Solidaridad Popular
Logo de la Red de Solidaridad Popular
Ayer tuve la ocasión de hablar de la Red de Solidaridad Popular (RSP) con otras personas que queremos arrancar la RSP de Madrid-Centro. En nuestro diálogo se fueron cruzando las palabras claves, tomando conciencia cada cual del profundo significado que hay detrás de ellas. Hablamos de solidaridad, autoorganizarse contra la precariedad, poner en valor a las personas, paliar el sufrimiento de quienes peor lo pasan, mirar desde la izquierda, defendernos en esta situación de emergencia, señalar a los culpables, formar red, sumar, ni caridad ni beneficencia, participación, dar y recibir, primar lo colectivo, situarse frente al capitalismo, crear conciencia, organizarnos como respuesta ante la crisis…

Pero debajo de todas esas palabras hay algo más que le da sentido y convierte el proyecto de la RSP en una necesidad. Quizá sea el sentimiento colectivo a flor de piel que fluye debajo y que está surgiendo imparable. La crisis nos ha dejado en un estado de shock lamentable, haciendo que las personas se sientan rotas, abatidas, torpes, adormecidas, desilusionadas, enfermas e incapaces de tomar decisiones. Pero ha llegado el momento de quebrar esa situación y darnos cuenta de qué camino hemos seguido para llegar hasta la deplorable situación que nos domina. Nos han engañado y estafado. La crisis no ha sido inevitable como se empeñan en hacernos creer. Tampoco ha sido casual, sino que ha venido como resultado de las políticas neoliberales que han aplicado quienes nos gobiernan y que han sido dictadas para favorecer unos intereses determinados. Unas políticas que crean exclusión social, que nos condenan y que matan para enriquecer a los más ricos. Pero eso se va a acabar, la RSP es ese despertar enrabietado en el que nos quitamos la venda de los ojos y decidimos levantar la cabeza con dignidad y tomar el control porque sabemos que en una sociedad organizada y solidaria la humanidad de las personas debe ser siempre lo primero, en cualquier circunstancia.

Quienes estábamos en esa reunión, nos hemos encontrado con que teníamos prisa por arrancar, por hacer actividades reales, por poner freno a la situación injusta que ha establecido el neoliberalismo donde la economía ha dejado a las personas al margen, por ser ya un bálsamo desde el que poder intentar revertirlo todo. Nuestra sociedad se encuentra demasiado mal como para esperar a que un gobierno ajeno a su ciudadanía mire hacia ella. Nos toca obligarles. La RSP lo hará.

Bienvenidos a la solidaridad.

sábado, 21 de septiembre de 2013

La Irlanda profunda retratada por un diputado aragonés

Chesús Yuste presenta su primera novela La mirada del bosque en la Fiesta del PCE

Sábado 22 de septiembre de 2013. Fiesta del PCE. San Fernando de Henares. Madrid

Chesús Yuste presentando La mirada del bosque. (Foto: Toni Gutiérrez)
Chesús Yuste presentando La mirada del bosque. (Foto: Toni Gutiérrez)
Chesús Yuste forma parte de la Chunta Aragonesista y es diputado del grupo parlamentario Izquierda Plural. Dice Raúl Ariza, para presentarle, que nos representa bien. Es un político ocasional y muy trabajador, tanto que lo citan en los medios como el diputado más activo del Congreso durante esta legislatura. A finales de julio llevaba 2.075 iniciativas y 367 intervenciones. A Rajoy, hablando del caso Bárcenas, le dijo «de la mafia no esperamos la regeneración democrática» y le pidió que dimitiera para convocar elecciones porque después de mentir tanto no era digno de seguir ocupando el cargo de Presidente del Gobierno. Pero Chesús no ha venido a la Fiesta del PCE por esto, sino para presentar su primera novela, La mirada del bosque. De la novela explica Raúl Ariza que es de intriga policíaca, escrita con socarronería aragonesa, y con un profundo conocimiento de Irlanda, no en vano el autor mantiene Innisfree, uno de los blogs sobre Irlanda más importantes en lengua castellana.

Yuste cuenta que en el primer párrafo de su novela ya hay una muerta, la cartera del pueblo. En el segundo, con los vecinos haciendo apuestas sobre a quién detendrán primero, se crea el tono que va a tener. Explica que ha tratado de escribir una novela enigma pero con elementos distintos: sentido del humor, costumbrismo irlandés, erotismo y gastronomía. Una novela muy mediterránea porque los irlandeses son los mediterráneos del norte. Eligió contarla en clave de novela policiaca, pues es el género más entretenido para explicar una sociedad y mandar un mensaje. No olvida que la novela negra es novela social y que la escriben gentes de izquierda. Añade que La mirada del bosque tiene varios niveles de lecturas. El primero es una sencilla novela policiaca. En los siguientes se pueden ir encontrando distintos guiños; unos cinematográficos; otros políticos hacia ese sistema único de bipartidismo entre nacionalistas en el que no se sabe qué partido está más a la derecha del otro y un tercero, éste no nacionalista, que les hace de bisagra; algunos aragoneses que ahora se han convertido en madrileños con la promesa de Eurovegas y ese tipo de proyectos que, en tiempo de crisis, se ponen para engañar a los incautos.

Está ambientada en la Irlanda de 1992 y transcurre en un municipio ficticio que le ha servido al autor para resumir esa esencia irlandesa que se niega a desaparecer ante la modernidad inglesa. Lo sitúa en la costa oeste, en uno de los tres condados del Ulster católico de la República de Irlanda donde se produce la escisión. Ese territorio de la frontera, con su contrabando, en el que transcurre un conflicto armado y donde se está produciendo una guerra sucia, es un personaje más.

Chesús Yuste y Raúl Ariza presentando La mirada del bosque. (Foto: Toni Gutiérrez)
Chesús Yuste y Raúl Ariza presentando La mirada del bosque. (Foto: Toni Gutiérrez)
Hay en La mirada del bosque un protagonismo coral, pues son seis los personajes que han decidido ayudar al sargento de la policía a resolver el crimen y ninguno de ellos acapara más protagonismo que los demás. Se trata de usar el esfuerzo colectivo, el que surge de personas deductivas que van intercambiando información que va desvelando todos los secretos del pueblo. Prima, por tanto, la capacidad de deducción de los investigadores. También hay un gran abanico de personajes secundarios. De esta forma construye Yuste una visión calidoscópica de Irlanda.

Confiesa el autor que le preocupaba lo que pudieran pensar los irlandeses de ese tipo de Zaragoza que se había puesto a escribir de Irlanda en una novela. Le han dicho que se han reído, les ha gustado y que se han visto identificados. Yuste dice que no hay en la novela una visión idealizada de Irlanda, que en ella no se oculta nada y que aparecen las luces y las sombras, por terribles que éstas sean. En 1992, el conflicto irlandés está vivo y comienza a aparecer la patita del proceso de paz. Algo a lo que Yuste quisiera darle continuidad en próximas novelas hasta llegar al 98.

El título de la novela, ese momento clave para todo autor, se lo puso hacia el final. Buscó proverbios irlandeses que le pudieran servir, pero no terminó valiéndole ninguno, así que se inventó un refrán para la novela y lo escribió en función del título que buscaba.

Para acabar, Yuste leyó unas cuantas páginas del libro que abrieron el apetito del público y le hizo ganar un cariñoso aplauso de despedida.