domingo, 14 de abril de 2013

Haciendo República

Actos conmemorativos de la II República en Madrid


Sábado y domingo 13 y 14 de abril de 2013. En el Ateneo de Madrid y en las calles de Madrid

Manifestación por la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Manifestación por la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Siempre me siento incómodo cuando llega la Navidad, no consigo entender tanta alegría revoloteando alrededor, ni compartir racionalmente esa sonrisa bobalicona que veo en tantos rostros. Para mí, el periodo de Navidad, es una época triste donde no tengo nada que celebrar, y no soy capaz de ver otra cosa en esos días que la mano de los grandes almacenes detrás y su llamada al consumismo.

Sin embargo, hoy he descubierto que mi Navidad llega siempre en abril, que florece cada año y lo hace para celebrar el recuerdo de la II República y el deseo de que no falte mucho para que consigamos alcanzar la III. Sí, abril me trae color al corazón, tanto como para estar de fiesta, con una sonrisa de esas que iluminan el rostro, alegre, deseando compartir mi felicidad con todos. Celebro porque mis señas de identidad son el republicanismo. Conmigo hay un multitud, todos los que como yo piensan que la forma de gobierno que queremos para nuestro país es una república federal, democrática y social. Por eso los republicamos nos agrupamos y celebramos el recuerdo de aquel 14 de abril que supuso una victoria de la razón y el progreso, que por unos años nos abrió un horizonte de esperanza y justicia social y que posteriormente la barbarie del fascismo nos arrebató con crueldad extrema a todos los españoles.

Pero para celebrar se impone siempre una liturgia. Quiero usar ese término a propósito y a conciencia por su hermoso origen. «Liturgia» proviene del griego y no distinguía las connotaciones religiosas que ahora arrastra. Su significado literal es «obra del pueblo» y se utilizaba para hacer referencia a las obras que algún ciudadano realizaba a favor del pueblo o de las funciones militares y políticas. El republicanismo español y madrileño tiene su liturgia que comienza con la Lectura Continuada de la Constitución de la II República, redactada en 1931. En ella, personalidades relevantes y rostros anónimos pero con la misma ilusión republicana compartida, nos damos cita puntualmente para reflexionar sobre aquellos 125 artículos que buscaban una sociedad mejor.

Un joven lee un artículo durante la Lectura Continuada de la Constitución de la II República en el Ateneo de Madrid
Un joven lee un artículo durante la Lectura Continuada de la Constitución de la II República en el Ateneo de Madrid
Este año es el cuarto que se celebra. La abre, en el salón de actos del Ateneo de Madrid, su presidente Carlos París. Dice que no hay un lugar mejor, aquí se forjó la anterior. Después se acuerda de Azaña en estos mismos pasillos. De los recuerdos pasa a las palabras: «no habremos salido de la Guerra Civil hasta que no tengamos la III República», la que afirme democráticamente la unidad de la clase trabajadora luchando por unos intereses comunes y sin enfrentamientos, porque solo hay libertad cuando el poder reside en las clases populares. París lee el primer artículo de aquella constitución. Le siguen José María Alfaya, Enrique Santiago, Armando López Salinas, Sagrario, Gloria, Manolo… En los ojos de cada lector hay un peso del pasado y una mirada hacia el futuro, a salir a la calle. Se habla de crisis, de corrupción que llega hasta la misma jefatura del gobierno. La monarquía se está tambaleando, pero tendremos que empujarla si queremos que caiga. También se escuchan emotivas dedicatorias a familiares fusilados por sus ideas republicanas.

El segundo acto de la liturgia republicana de cada 14 de abril es más conocido. Orgullosos, a la luz del día y en plena calle, los republicanos madrileños recorremos la distancia que se extiende de Cibeles a Sol, con nuestras banderas y pancartas, gritando nuestros lemas. Nos manifestamos recordando, pero también juntando fuerzas para traer una nueva república democrática de trabajadores, la definitiva.

El aire es festivo, alegre y hay un espíritu subterráneo de solidaridad entre hermanos que aflora en cada gesto, en cada acto. Nos reconocemos y estamos contentos de caminar juntos. Somos iguales y diferentes pero nos une esa aspiración legítima que compartimos y que vemos cada día más cerca, pues una monarquía como la que ahora tenemos ni es útil ni se sostiene. Vamos encontrando a los amigos, nos abrazamos y coreamos que «España mañana será republicana». Somos más que el año pasado, hemos crecido y vamos a seguir haciéndolo.

La cabecera es una larga bandera republicana extendida y llevada por una multitud. Tras ella la primera pancarta y detrás la gente. Si busco un patrón común no lo encuentro más que en los colores de la tricolor que de una forma u otra llevamos cada cual. Hay personas mayores, maduras y jóvenes, mucha gente joven, así que el futuro está con nosotros. Gritan «Juan Carlos acelera que llega la tercera» o «Los Borbones a los tiburones», pues son impulsivos y no quieren perder más tiempo porque quieren comerse la vida. «No pasarán» o «Madrid será la tumba del fascismo» son lemas que no han perdido su vigencia.

Manifestación por la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Manifestación por la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Veo a Antonio Romero que dice con una sonrisa que ha venido porque esto es importante, a Cayo Lara, a Javier Couso, a Jorge Vestrynge, al coronel Amadeo Martínez Inglés… formando esa multitud republicana que no tiene caras. Cuando la cabecera llega a Sol, cruza frente al Oso y el Madroño mientras se escucha el Himno de Riego. Nos vamos acercando al principio de la plaza donde se monta un escenario sobre un pequeño camión. Es sencillo: una enorme bandera republicana hace de escenario y tres altavoces a un lado. El cantaor Juan Pinilla dice que somos muchos los que queremos una república justa, solidaria y socialista. Espera que el próximo desahucio y el único que se produzca en el estado español sea el de la Zarzuela. Pero ha subido para cantar y se entona con unos versos de Miguel Hernández. Levanta el puño derecho mientras con la izquierda se agarra al pie del micrófono, y se retuerce para encontrar el sentimiento hondo que lleva.

No hay convocantes, no hay manifiesto, solo algunos lemas: «Abajo el régimen monárquico», «Gobierno dimite», «Por el derecho a la autodeterminación de los pueblos», «No al pago de la deuda», «Por un Estado Laico», «Contra la impunidad del franquismo» y «Por la III República».

Cierran el acto las canciones republicanas y obreras que interpretan Germán Coppini y Armando Martínez. Mientra ellos cantan, un coche de la policía municipal hace sonar sus sirenas, su intención es abrir paso para que dos autobuses turísticos puedan cruzar la puerta del sol por el medio de la manifestación. No nos movemos, coreamos otra vez «No pasarán». No hay más, la propia policía se da cuenta de la estupidez y deciden dar la vuelta.

Ahora estoy seguro, más que nunca, de que veré la Puerta del Sol festejando la llegada de la III República.

«La tercera abducción del pueblo español puede venir de la de la mano de la palabra República»

Carmen Reina y Julio Anguitan presentan su libro Conversaciones sobre la III República un 14 de abril en el Ateneo de Madrid


Domingo 14 de abril de 2013. Ateneo. Madrid

Julio Anguita durante la presentación (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita durante la presentación (Foto: Toni Gutiérrez)
Un 14 de abril de 1931 se proclamó la II República Española. Coincidiendo con el cumpleaños de aquella fecha tan significativa para el movimiento republicano se presentó en el Ateneo de Madrid un libro que nos trae una propuesta para construir una nueva República como régimen político de gobierno en nuestro país. Lleva por título Conversaciones sobre la III República y es un mano a mano entre Julio Anguita y la periodista cordobesa Carmen Reina que la Editorial El Páramo acaba de publicar. Como en la mayoría de los actos a los que acude Julio Anguita, el Salón de Actos del Ateneo de Madrid se llenó completamente. Sus 345 butacas se quedaron cortas para el interés que despierta el político andaluz y todo lo que dice, pues su voz y su discurso están llenos de sentido común y verdad, algo que la mayoría de nuestros políticos han perdido.

Tras la bienvenida del presidente del Ateneo, Carlos París, y la pequeña presentación del editor Ricardo G. Mestre, tomó la palabra el diputado Alberto Garzón, prologuista del libro. Definió Conversaciones sobre la III República como un trabajo interesante, profundo y necesario. Explicó que cuando la crisis se prolongan en el tiempo puede cristalizar también una crisis ideológica que produzca una nueva concepción del mundo. Así ocurrió con la II República que surgió como solución al crack del 29. Ahora la juventud no ve claras las historias que les contaron. Les dijeron que si estudiaban tendrían un trabajo que inicialmente sería precario pero que se iría consolidando, que dispondrían de un salario que les permitiría comprar una casa, aunque tuvieran que hipotecarse durante muchos años. Pero el dispositivo ideológico que hay detrás de ese relato, que se resume en que la generación siguiente vivirá mejor que la de sus padres, se ha roto y se ha convertido en un cuento de hadas. Y esto no es solo una cuestión meramente económica. Las instituciones surgidas de la Transición están en crisis, la democracia se ha quedado en un concepto mínimo y formal y se ha vaciado de poder a la Constitución en beneficio de una entidad supranacional como es la construcción de la Unión Europea. Una construcción que se ha impuesto por medio del chantaje, cambiando el modelo de sociedad por una ideología concreta de derechas y que además le ha quitado a los ciudadanos la palabra. Garzón señaló que estamos inmersos en un proyecto «deconstiyente» que nos está desposeyendo de capacidad para tomar decisiones. En este contexto resulta importante la voz de Julio Anguita y la articulación que en el libro ha hecho para plantearnos la acción: un nuevo proceso constituyente. El libro permite un debate sobre cómo queremos organizarnos en una nueva república. Nos estamos repolitizando como sociedad y es el momento de trabajar unidos los partidos políticos de izquierda, los movimientos sociales y las personas que tienen intención de cambiar esta sociedad, para que juntos definamos nuestro futuro. Lo haremos a través de unas ideas, un proyecto y una sustancia política como nos plantea Conversaciones sobre la III República. La Casa Real nos está ayudando, así que tenemos que aprovechar esta oportunidad.

Carmen Reina, coautora del libro, conocía los escritos de Julio Anguita para construir una III República y entendió que era necesario convertirlos en una propuesta que llegara a la mayor gente posible. Por eso el libro es una herramienta que adopta el formato de conversaciones ya que hablamos de una forma más cercana de lo que escribimos. Explicó la periodista que su labor ha sido la de tirar del hilo de la conversación. Es el suyo el papel que ella misma ofrece al lector para que pueda realizar sus propias reflexiones.

Carmen Reina, Julio Anguita, Carlos París, Alberto Garzón y Ricardo G. Mestre presentando el libro Conversaciones sobre la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Carmen Reina, Julio Anguita, Carlos París, Alberto Garzón y Ricardo G. Mestre presentando el libro Conversaciones sobre la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita explicó que hace once años se incorporó a la Unidad Cívica por la República y que trajo entonces una propuesta. Después el PCE le pidió documentación a modo de ponencia que les sirviera para definir la postura del Partido sobre el tema de la República, lo que le sirvió para profundizar más en ella. Pero aquella propuesta tenía que transcender y salir a la luz para que la gente la entendiera, era necesario y urgente ponerla en marcha y comunicarla.

Señaló Anguita que a nuestro pueblo le han engatusado dos veces. La primera llegó con la Transición, donde se nos vendió la palabra democracia como un paraíso frente al franquismo. Se construyó como negación a la dictadura, pero cuando se ha intentado debatir sobre ella nadie ha hablado de la posibilidad de desarrollarla. La segunda de las abducciones tiene que ver con la construcción de Europa, por la cual todos los países deberían sacrificarlo todo por esa nueva Europa. Con una y otra nos han ido castrando el sentimiento de rebeldía. Anguita dice tener miedo a una tercera abducción y que ésta puede venir de la mano de la palabra República. El gobierno es el capataz del poder y por tanto obedece al poder. En 1945 el gobierno de EE.UU. obedeciendo los deseos del poder, dictaminó que España tendría que hacer una transición que desembocara en el bipartidismo. Algo que se va intensificando según van pasando los gobiernos y que nos demuestran que las dos fuerzas (PP y PSOE) hacen la misma política. El poder ya da por amortizados a ambos partidos, han cumplido su trabajo. En este momento el poder ha dejado de confiar en la monarquía, ya no les sirve y están pensando en el relevo. Los medios ya sabían hace treinta años todos los asuntos privados del rey, pero se lo venían callando. En los 90 saltaron los escándalos de los amigos del rey (Javier de la Rosa, Manuel Prado y Colón de Carvajal y Mario Conde) y medios monárquicos como el periódico ABC promovieron una campaña para sustituir al rey. Había que amputar el miembro enfermo. Ahora, ante las nuevas corrupciones de la Casa Real, se vuelve a hablar abiertamente de que, para salvar la monarquía, el rey debe abdicar y comenzar a reinar Felipe VI. Pero cuando el príncipe reine, en su pensamiento estará que debe seguir robando y vendrá entonces otra solución. El poder está preocupado y preparando esa solución futura que podría ser la III República. Pero en ese caso no va a venir del pueblo español, sino de los poderosos. Si es así nos pueden dar una república como el bienio negro, conservadora y de extrema derecha. Al pueblo español le van a engañar por tercera vez.

Anguita, para evitarlo, se preguntó qué debe ser la construcción de la III República y eso es lo que ha escrito en este libro. Quiere hablar de una república concreta que va acompañada de contenidos que surgen de hacerse las preguntas clave: ¿para qué sirve? o ¿qué quiero hacer con ella? Porque la bandera tricolor y el himno de Riego por sí mismos no le dicen nada. Lo que hacen falta son propuestas. La República es un proceso de construcción y una nueva relación con la sociedad. No viene sola, hay que traerla.

Julio Anguita y Carmen Reina firman ejemplares de su libro Conversaciones sobre la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita y Carmen Reina firman ejemplares de su libro Conversaciones sobre la III República (Foto: Toni Gutiérrez)
Conversaciones sobre la III República se vertebra en tres partes. Cada una responde a un interrogante: ¿Por qué?, ¿qué república? y ¿cómo?. El «por qué» se traza en cuatro capítulos con nuestra Historia y nuestro presente, utilizando el pasado sin regodearse para entender el futuro. Las ideas republicanas vienen de la Revolución Francesa trasladadas a España, explica luego como llegan la I y la II Repúblicas y las compara encontrando analogías. También en esta parte se plantea que la crisis que padecemos es de mucho mayor calado, en realidad estamos viviendo una crisis de civilización, pues los principios de Occidente se basan en la Revolución Industrial (capitalismo) y en el concepto de Democracia Representativa, pero cada uno de ellos tiene intereses contrarios. La segunda parte del libro, la que responde a «qué república queremos», se articula en torno a siete ejes que definen el contenido que debe tener, explicando como dotarla del conjunto de poderes ciudadanos que van a hacer que se cumpla, de democracia radical, de paz y derechos civiles, de austeridad revolucionaria que nos permita vivir con decoro y dignidad con lo que se necesita y quitando los gastos superfluos, laica, mirando más allá de Europa y con un discurso alternativo por encima de la ruindad de las exigencias de los mercados. La parte del «cómo» se responde a través de un proceso constituyente.

Estas son las propuestas que nos lanza Julio Anguita para que discutamos sobre ellas y podamos poner nuestras fuerzas por un proyecto republicano en el que estemos todos de acuerdo. Anguita señaló que «más amaremos la Segunda si traemos la Tercera» y luego avisó que debemos dejar de estar mirando siempre hacia la II República, porque si no lo hacemos el poder nos va a traer una república de cuarta mano. Con ello nos exhortó a que despedacemos el libro, pero que nos pongamos a trabajar porque tenemos un reto por delante.

Conversaciones sobre la III República no va dirigido a historiadores ni es un libro del tipo doctrinal, sino que ha sido escrito para la inmensa mayoría que forma la ciudadanía. Es más para quienes no tiene las ideas claras de lo que significa una república o aún no entiende por qué la necesitamos en España. Hay que ser didácticos con ellos, traerlos a este terreno común y, para ello, hay que explicarles las cosas. Hace falta rigor, pero debe hacerse con un lenguaje y una exposición clara. Por este motivo, señaló Anguita, participa Carmen Reina en el libro. Le da la gracias, pues sin ella el libro hubiera terminado siendo un mamotreto. Así con la participación de los dos, forma y fondo se hace una única entidad. El republicanismo está hecho de presente y de futuro. Desde la Segunda República, viva la III República Española.

jueves, 11 de abril de 2013

Construyendo el discurso del poder

Feelgood, una sátira política de Alistair Beaton


Jueves 11 de abril de 2013. Teatro Español. Madrid

Cartel de la obra de teatro Feelgood
Cartel de la obra de teatro Feelgood
¿Por qué? Por mostrar el doble lenguaje entre poder para cambiar las cosas o para servirse a sí mismo
Feelgood arranca en las horas previas a la intervención del Presidente del Gobierno ante el Congreso de su partido. Todos esperan ese discurso salvador que les de otro empujón más arriba, que marque la política que los demás van a obedecer. Pero ese discurso se construye por personas contratadas para ello. En el anterior Congreso tuvieron que trabajar hasta el amanecer para terminarlo a tiempo, pero este año las cosas aún parecen más difíciles. La calle está llena de indignados que protestan y de policías que sirven de parapeto que separa la realidad de la construcción política de la propia realidad. A las puertas del Congreso esos ciudadanos ninguneados y descontentos con las decisiones de sus políticos se manifiestan, lo hacen con ingenio y con disturbios cuando ven que de nada sirve la inteligencia ni la paz. Hay también un debate parlamentario sobre medio ambiente que se le va a escapar al gobierno de las manos, una votación controlada que se desboca en el Congreso, un vicepresidente gafado en una situación ridícula y un asunto secreto del Ministro de Agricultura, íntimo amigo desde la infancia del Presidente, que hay que ocultar porque sería un escándalo capaz de desestabilizar al Partido. Elementos todos que hacen aún más necesarias esas palabras de unidad que les va a dirigir su líder. En política el control de lo imprevisto está al orden del día y superar la tensión de los acontecimientos mostrando calma se ha convertido en un gesto aprendido.

Al líder, al Presidente del Gobierno, no le vemos en la representación más que un vídeo al final de la obra. Está a la sombra, pero su presencia es un peso que atenaza a cada uno de sus asesores. Su equipo le llama G.P., unas siglas que no vienen de sus iniciales pero que parecen ser una especie de broma hacia la adoración mesiánica del líder. G.P. no trabaja en su discurso, nada tiene que decirles, no les censura, no marca caminos, ni señala las mínimas directrices, quienes están al otro lado de sus palabras son profesionales, saben de sobra lo que deben contar, conocen la forma para embellecer el discurso con frases hermosas cargadas del significado que conviene y sin duda serán capaces de virar según los acontecimientos como si todo estuviera previsto de antemano. Todo esto son cosas que a ningún español le pillará ya por sorpresa pues tenemos, y hemos tenido, gobiernos que nos han dado ejemplos similares a diario. Nuestros últimos gobernantes y sus gabinetes se han comportado de la misma forma paternalista, negando que hacían lo que hacían, como si los ciudadanos no fuéramos capaces de entender de qué forma son las cosas, y ocultándonos los intereses que hay detrás del tablero. Queda claro desde el primer minuto de la obra la poca importancia que dan los políticos a la ciudadanía. La realidad de la calle sale vencida frente a la construcción del poder, que va llevando a su terreno las circunstancias aunque sean adversas. Angustia ver esa estrategia de ir desgastando con el tiempo lo prometido para que deje de cumplirse sin saber nunca cuando se dio ese giro, en qué momento se quebró toda nuestra esperanza. Sabemos a ciencia cierta que no vamos a ser capaces de volver reconstruirla y miramos hacia otro lugar, como si confiásemos en que alguien viniera a darnos todas las soluciones que requerimos. Vivimos embelesados y crédulos en el siguiente gran discurso con el que podamos comulgar hasta que también se rompa. No queremos verlo, pero todo está corrompido.

No sería malo usar el poder para hacer cosas buenas pensando en el bien del resto de la humanidad, con justicia y distribuyendo la riqueza. Sin embargo lo que parece que los poderosos buscan es el poder en sí mismo y precisamente contra todo lo anterior. Los poderosos solo piensan en el beneficio propio y desmesurado, el estar por encima de las leyes, el desprecio a la democracia y al resto de las personas. Feelgood nos enseña en primer plano la relación del ser humano con el poder, su grado de deterioro, el nepotismo y como la política se ha convertido en una herramienta controlada para ejercer el poder de los que mandan.

Feelgood va de todo esto y de muchas más cosas. Una de ellas es contarnos cómo la esfera política maniata la libertad de expresión, incluso censura la información. Quieren construir la realidad, decidir la parrilla de un informativo y decir lo que va a ser noticia. Y lo malo es que lo hacen a diario porque parte de su crédito les va en ello. Saben que así, haciendo girar las situaciones, encontrarán el punto que les favorece. A veces les basta una llamada, negociar, un comentario, un consejo o una amenaza, pero al final el periodista cede y el político ordena lo que va a ser noticia y elimina aquello que le perjudica. Los sueños de quienes trabajan informando también se descabalgaron en todo este proceso, en esa pelea desigual ante el poder. Si alguien se resiste, al final siempre habrá algo con que comprarlo o una manera de hacerlo callar.

Pero quizá lo que queda más claro en toda la obra es que los que escriben los discursos para el poder están vencidos de antemano, su ilusión se desvaneció con los años cuando aprendieron las reglas de este mundo. Aquellos que prestan sus palabras al poder para adornar las ideas que convienen, en la obra están cercados en un despacho, podrán entrar o salir las veces que quieran, pero su vida, el único sentido que esta tiene, se encuentra puesta en su trabajo. No hay nada más, su realidad es un páramo vacío más allá de esas palabras. Podrán creérselas o no. Feelgood plantea un cierto compromiso, o más bien el deseo de poner en claro la diferencia entre el querer y el deber. Los personajes que trabajan para G.P. tienen claro a quien sirven y para qué les han contratado, sus sueños de cambiar el mundo hace tiempo que se desvanecieron del todo. La autocensura ha vencido sin necesidad de la mínima presión, ni siquiera hace falta sugerir, cada uno sabe cuál es su sitio y dibuja su propia línea roja, mucho más restrictiva que si hubiera sido impuesta.

Hay dos estrategias en la estructura de la obra que en mi opinión son un gran acierto. La primera es que no hay ninguna discusión entre partidos. La trama se desarrolla en el Congreso de un único partido y se supone que todos sus políticos están del mismo lado. Esta situación sirve en dos sentidos: para que no se hable de ideologías políticas que desvíen la atención del binomio política-poder; y segundo para generalizar indicando que no hay diferencias en los métodos, lo que nos permite aplicar lo visto por igual a PP que a PSOE (o el bipartidismo que queramos).

Jorge Bosch y Fran Perea en una escena de Feelgood
Jorge Bosch y Fran Perea en una escena de Feelgood
La segunda estrategia tiene que ver con el mecanismo para introducir el elemento humorístico dentro de la prudencia y gravedad de un ambiente político. El equipo de G.P. (Fran Perea, Javier Márquez y Ainhoa Santamaría) es sobrio, conoce su trabajo y hasta cierto punto cree -más bien creyó- en lo que hace; lo que permite mostrar al espectador la seriedad de quienes diseñan la política. La misma que aparece también dibujada en el personaje de la periodista (Manuela Velasco) que representa el idealismo y en cierta forma la esperanza de la prensa como elemento para controlar al poder cuando éste se desvía. Esa seriedad sobre lo que significa la política y que comparten los dos lados se deteriora, sin embargo, en los propios políticos, algo más estrambóticos si se quiere y ya nada idealistas, como el ministro de Agricultura (Jorge Bosch) a quien no se puede hacer demasiado caso por lo que dice. Para romper ese ambiente tan mecánico y dinamizar la obra, aparece el personaje de Simón Pik (Jorge Usón), un guionista de una serie «graciosilla» de televisión. Con su presencia, y justamente estableciendo ese contraste aparecen los momentos más divertidos de la función, donde el espectador se ríe a carcajadas.

Edu (Fran Perea), el personaje principal está al servicio del poder porque conoce la debilidad humana y ya no le quedan escrúpulos para aprovecharse de ella. Él dirige las tareas más difíciles y comprometidas, las más sucias; presta sus palabras, su ingenio y conoce el camino para resolver los problemas sin importarle su legalidad o no. Está para resolver, para marcar la diferencia, para salir de cualquier entuerto. Me sorprendió su interpretación, pues sin duda Perea ha crecido como actor y aquí hace un gran papel, al igual que la mayoría de sus compañeros de reparto. Ainhoa Santamaría le da dureza a un personaje quebradizo y Jorge Usón sabe romper con el humor de su personaje lo estricto. Sin embargo es Jorge Bosch el que más brilla sujetando a un hombre que a todos nos parecería ridículo.

En Feelgood observamos que la postura dignas no llevan a lograr los objetivos y que es tan triste como injusto tener que venderse por conseguir algo que es nuestro, por recuperar los derechos de todos. La obra nos sirve de estímulo para despertarnos como ciudadanía. Pero no esperemos milagros, el final es desolador. El presidente, G.P. o cualquier otro, nunca será sincero, leerá las palabras de otros, las que convienen, y nos engañará, porque nosotros, los ciudadanos, hace tiempo que dejamos de importarles.

miércoles, 10 de abril de 2013

Los colegas, la rumba y que no falte el buen rollito

Desde la azotea del Círculo de Bellas Artes despega La Pandilla Voladora y su gira ¡Del deporte también se sale!


Miércoles 10 de abril de 2013. Círculo de Bellas Artes. Madrid

Cartel de la gira ¡Del deporte también se sale! de La Pandilla Voladora
Cartel de la gira ¡Del deporte también se sale! de La Pandilla Voladora
¿Por qué? Porque es un concierto que contagia el buen rollo desde el escenario y entre rumbas
Pocas vistas de Madrid hay que impresionen más que las que uno vislumbra desde la azotea del Círculo de Bellas Artes. Desde allí arriba la ciudad parece estar a los pies de quien la contempla para que pueda, con los dedos, ir trazando entre las calles toda una geografía de sus recuerdos. Es, en cierta forma, un lugar donde jugar a reconocer sitios por pequeños indicios y visualizar una panorámica de la capital diferente y completa, distinta de la que podemos hacernos con los mapas que la representan tan plana pero que nunca la abarcan. Todo Madrid se extiende a sus pies, con una estampa diferente para cada uno de los cuatro puntos cardinales. Sin querer, solo por el lugar, a todo lo que allí pasa se le adhiere un cierto aroma a magia, a momento inimitable. Así ocurrió también, no podría haber sido de otra manera, con el concierto de La Pandilla Voladora.

La Pandilla Voladora no es un grupo al uso, es algo diferente y hasta cierto punto inimaginable, es la «confluencia galáctica de la rumba más canalla». Son tiempos difíciles en los que se necesita apoyarse los unos en los otros, en los que hay un deseo de cambiar el rumbo, pero sobre todo de buscarse las castañas con ingenio. No sé cual de estos tres motivos ha convencido a Muchachito Bombo Infierno, Tomasito, Albert Pla, Lichis y El Canijo de Jerez (Los Delinquentes) a juntarse para explotar los cinco su vena artística, aunque esta vez hayan decidido hacerlo en equipo. Ataviados con capa y antifaz saltan al escenario como si fueran superhéroes de barrio que diría Kiko Veneno, otro artista que no está pero al que se siente cerca, no en vano el concierto comienza con En un mercedes blanco. Todos llevan una «pe» mayúscula sobre su pecho, la mayoría bordada, salvo Tomasito que se la ha pintarrajeado en el cuerpo, es lo que tiene ser tan calorífico y no usar camisas ni camisetas.

Se presentan con sorna, explicando que a esta gira la han llamado ¡Del deporte también se sale! porque ellos lo están intentando con todas sus fuerzas. Ese Spanish Tour despega con el coraje de los que no se rinden nunca. A los cinco les acompañarán en esta gira otros tres músicos excepcionales: Diego Cortés -guitarrista habitual de Albert Pla-, David Sáenz de Buruaga y el batería Tino de Geraldo.

¿Qué pretenden con La Pandilla Voladora? La verdad es que no hay que darle muchas vueltas a la respuesta porque resulta muy sencilla: estar a gusto o como ellos dicen ponerse «agustisísimo». En realidad, reivindican la postura vital de Tony Curtis, un ídolo para todos ellos, así que cada vez que pueden explican que «hay que ponerse hasta arriba y disfrutar en la vida como lo hacía Tony Curtis», no hay otro secreto. La verdad es que les funciona, ellos se lo pasan bien y el público también, contagiado por su irreverencia y sobre todo por el ritmo de sus rumbas que van haciendo que los pies empiecen a moverse solos al compás, que las palmas fluyan y que las caderas no paren de bailar. Es imposible quedarse quieto o no canturrear con ellos los himnos del repertorio que han elegido. Son canciones de cada uno de ellos pero revisitadas por todos. Suenan La lista de la compra, Felicidad, La fábula del hombre lobo y la mujer pantera, Joaquín, el Necio, Insolación, El lado más salvaje de la vida, Soy rebelde, El aire de calle, La primavera trompetera, La mujer del tuerto, Camino del hoyo, Sobreviviré, Siempre que quiera, Será mejor, Azul… Letras pegadizas, palmas y mucho ritmo.

La Pandilla Voladora (Lichis, Albert Pla, Tomasito, Muchachito Bombo Infierno y El Canijo de Jerez) en la azotea del Círculo de Bellas Artes antes de comenzar el concierto
La Pandilla Voladora (Lichis, Albert Pla, Tomasito, Muchachito Bombo Infierno y El Canijo de Jerez) en la azotea del Círculo de Bellas Artes antes de comenzar el concierto
La Pandilla Voladora desparrama porque ellos son así y no pueden evitarlo, va con su naturaleza. Cantan, tocan y se apoyan en el público que se muestra entregado en todo momento. Me gusta mirar a Albert Pla, encerrado en su propio mundo y disfrutando como nadie; canta todas las letras, rasga su guitarra con fuerza una veces y otras la desenchufa para moverse por el escenario y acercarse a la gente, animándose mutuamente con ellos. Lichis está serio, ensimismado en marcar con su bajo el pulso del corazón de la banda. Sobre Muchachito y sus guitarras también descansa gran parte del peso musical de la Pandilla, así que también se muestra concentrado. A Tomasito le toca dar espectáculo; corre frenético, bate palmas y taconea su arte más flamenco mientras se va desnudando, siempre le puede su exhibicionismo y el calor que siente tan arropado. El Canijo está en el punto medio, entre un lado y el otro, así que se divierte con responsabilidad.

A medio concierto se van todos y dejan allí, solo ante el peligro, a Diego Cortés. No se amilana y demuestra su arte haciendo maravillas con las manos y la guitarra que suena y suena. De ella consigue nuevos sonidos e incluso nos engaña, pues nos parece a veces que suenan dos, ya que Cortés es capaz de tocar con su mano derecha y su mano izquierda a un mismo tiempo. Otras, la madera de su instrumento se convierte en un cajón de percusión a sus golpes rítmicos que se van haciendo étnicos con los gritos de su voz. Parece que la música está dentro y va saliendo como impulsada por la propia noche a través de su cuerpo, como si estuviéramos en una sesión de magia negra y vudú.

A la Pandilla Voladora tal vez les falte acoplarse un poco más, algún que otro ensayo, pero eso irá llegando con el rodar de los conciertos que les llevará a ajustarse. Lo que traen de serie es ese colegueo y un buen rollo que se disfruta. Es bueno dejarse llevar durante hora y media por su música, y darse cuenta que todos nos sabemos cada una de las canciones, sean de quien sean, y que en el fondo estaban predestinados para cantar juntos. Me volví a casa con una sonrisa porque hacía tiempo que no me divertía tanto en un concierto.

Málaga será la cuidad del cine por unos días

Se presenta en Madrid el 16 Festival de Málaga Cine Español


Martes 9 de abril de 2013. FNAC de Callao. Madrid

Cartel del 16 Festival de Málaga Cine Español
Fernando Méndez-Leite, miembro del comité de selección, y Juan Antonio Vigar, director del Festival de Málaga Cine Español
Málaga se convertirá en la mayor cartelera del cine español en pocos días. Por las pantallas de su festival pasarán muchos de los títulos importantes que se estrenarán comercialmente los próximos meses y, sin duda, será un magnífico escaparate de lo que es capaz de hacer nuestra industria cinematográfica, incluso cuando escasea el dinero. La 16 edición del Festival de Málaga Cine Español se celebrará del 20 al 27 de abril y si hablamos de su sección oficial podemos decir que contará con trece títulos, aunque la película Todas las mujeres, de Mariano Barroso, no entre en competición. Abrirá el festival el nuevo largometraje de la directora Isabel Coixet, Ayer no termina nunca. También se estrenará, después de todas sus polémicas y juicios, La mula, aunque no figurará ningún director en ella, pues Michael Radford abandonó pocos días antes del final y rechazó su autoría final. La sección oficial cuenta además con la presencia de los films de directores consagrados como Alberto Lechi (Sola contigo), Gracia Querejeta (15 años y un día) y de Daniel Carparsoro (Combustión), así como de directores emergente como Jorge Naranjo (Casting), Miguel Alcantud (Diamantes negros), Gabriel Ochoa (El amor no es lo que era), Jesús Monllaó Plana (Hijo de Caín), Jorge Algora (Inevitable), Alejandro Marzoa (Somos gente honrada) y Rodrigo Sorogoyen (Stockholm).

Dice Juan Antonio Vigar, nuevo director del Festival de Málaga Cine Español, que ellos aún cuentan sus ediciones por unidades cuando muchos otros festivales lo hacen por décadas. Son un festival joven, pero también fuertemente consolidado y con sello propio, el del cine que se hace aquí. Habla del Festival como el proyecto común de todos y lo describe como cercano y cómplice con nuestro sector, tanto con la industria como con las instituciones, agentes culturales y prensa. Vigar no es un extraño, ni un novato, ya ha trabajado con anterioridad en el Festival de Málaga y lo conoce bien. Suena en cierta manera a continuismo con la línea trazada en las anteriores ediciones por Carmelo Romero.

Los directores y productores, durante la rueda de prensa, hablan de emociones, de pasión, de riesgos, de exponerse, de sana competición, de poner toda la carne en el asador, de pequeñas películas, de presupuestos muy cortos, de talento, de buenos repartos, de cine accesible para todos, de volver… Y a todos se les escapa una sonrisa ilusionante mientras esperan a que se estrene su película en el Teatro Cervantes de Málaga. Están agradecidos por un festival que apoya su cine y contentos porque aquí es donde querían estar. No lo ocultan.

Cartel del 16 Festival de Málaga Cine Español
Cartel del 16 Festival de Málaga Cine Español
Cuando le piden a Vigar que haga una valoración del cine español actual tomando como base las películas que compiten en la sección oficial da su opinión con franqueza: «El estado del cine de España es estupendo». Lo que más destaca es su alto valor creativo y por eso se muestra muy satisfecho con el conjunto de la selección de este año en Málaga. Dice que se han visto 107 películas para hacerla. Habla también del 5% de bajada en la producción, menos significativo de lo esperado. Señala que los formatos de producción son ahora diferentes. De las cifras de cuota de pantalla del cine español comenta que el año pasado han sido elevadas, pero que se sustentan solo sobre tres o cuatro títulos. El Festival de Málaga quiere servir de escaparate para todas esos otros largometrajes, para que se pueda ver cine español y que cada vez sean más las películas sobre las que se asienten esos números.

Fernando Méndez-Leite, miembro del comité de selección, comenta que entre todas esas películas vistas ha encontrado de todo, pero que lo que sí ha notado en general es que son proyectos más modestos y menos ambiciosos. Siembra con ello un debate sobre la producción. Mariela Besuievsky, productora de 15 años y un día, habla de que en España ese tejido cinematográfico tan potente se ha perdido, así que la imagen de gran cinematografía que teníamos en latinoamérica se ha debilitado porque nos resulta difícil generar películas tan grandes. Añade que hay una crisis de modelo, pero que aún no se ha encontrado el que suplante al clásico circuito de cine, dvd, televisión de pago y televisión en abierto. Saben que va a cambiar, porque así lo ha hecho el modelo de ocio y de ver películas de los jóvenes, así que es una tarea pendiente de todos darle vueltas para ver como vamos a producir el cine que vendrá. Jesús Monllaó asegura que seguiremos haciendo cine, porque hay gente que quiere contar cosas y que todo sería más fácil si los profesionales no tuvieran que estar tan preocupados por llenar su nevera. Jorge Algora dio la noticia del E.R.E. en Deluxe, uno de los estudios de postproducción para cine, y añadió que mientras aquí se cierran se abren este tipo de estudios en Colombia. No podemos pararnos, el mundo es muy grande y habrá que moverse para encontrar el espacio y el sitio, para seguir haciendo películas.