sábado, 9 de marzo de 2013

Enseñando y aprendiendo en la calle

La Universidad pública madrileña sale a la calle para mostrar su labor cotidiana y visibilizar sus reivindicaciones en defensa de la educación y contra los recortes del gobierno


Sábado 9 de marzo de 2013. En las calles y plazas de Madrid

Cartel de la convocatoria La Uni en la calle
Cartel de la convocatoria La Uni en la calle
Frente a la injusticia se puede protestar de muchas maneras. El profesorado de las universidades públicas madrileñas ha salido a nuestras calles y plazas a impartir sus clases, ante la mirada de todos, con luz y taquígrafos, para que podamos ver su labor cotidiana y nos sirva a todos para seguir aprendiendo. Enseñarnos su trabajo y la forma en la que lo hacen es su manera de visibilizar el deterioro al que nos llevan las actuales políticas de educación, tanto estatales como de la Comunidad de Madrid. Se han subido las tasas en las matrículas, se han reducido las becas, se ha recortado el gasto en investigación y se han acortado significativamente los presupuestos educativos en un intento de estrangulamiento económico que termine ahogando la enseñanza pública. A esta jornada la han llamado La Uni en la calle.

Profesores y alumnos vienen a decirnos que ya está bien, que no es posible tener una sociedad democrática y avanzada si nos falta una buena universidad, pública y accesible sin discriminación alguna, porque no debemos olvidar que es la universidad quien forma ciudadanos libres. Esa es su labor social. Nos lo enseñan con humildad, impartiendo los profesores universitarios una clase abierta de su materia en plena calle, al aire libre. Por un día nuestras calles se convierten en aulas y cada uno de nosotros en un alumno improvisado, en alguien que está aprendiendo y formándose, porque esta vida es tan puñetera que nunca se deja de estudiar.

La jornada no arrancó bien, el Ayuntamiento de Madrid quería encargarse de dificultar la protesta, así que, a primera hora y en varios de estos lugares públicos, envió a la Policía Municipal para obstaculizar estas clases, impidiendo la colocación de carteles o equipos de sonido y solicitando identificación a los asistentes para posible sanción administrativa posterior. Son los métodos que ahora usa el poder, claros actos intimidatorios con los que pretendían romper la participación. La coordinadora de la protesta se mostró rápida, contactó con la Delegación de Gobierno y confirmó con ella que no precisaba ninguna autorización adicional a la comunicación hecha a la Delegación para seguir impartiendo las clases y los municipales fueron desapareciendo.

La Uni en la calle buscaba también la solidaridad de la ciudadanía, que saliéramos y nos plantáramos ante los recortes. Elegí acercarme a El Campo de la Cebada, un lugar donde las vecinas y vecinos del Distrito Centro de Madrid se han agrupado para fomentar el uso temporal del solar del derribado polideportivo de La Latina. Esos vecinos y vecinas han levantado un espacio comunal que cuenta con un huerto, un solario, unas canastas… Allí se proyecta cine, se hacen conciertos y muchos mañanas de domingo se cede el espacio a diferentes cantautores. El lugar también sirve para que correteen muchos niños y niñas jugando entre las modélicas construcciones de madera mientras los mayores leen el periódico. En definitiva se trata de un espacio de encuentro entre iguales. Hasta allí se acercaron dos profesores de la Facultad de Filosofía y Letras de Universidad Autónoma de Madrid. José Luis Velázquez nos contó de una forma didáctica y amena El cerebro y las emociones morales, mientras que Eduardo Álvarez disertó sobre Los conceptos antropológicos de Marx y su sentido filosófico. Hablaban rodeados de gente, explicándose cada uno con su método. El primero sentado, el segundo en pie. Convivían sus clases con las actividades cotidianas sin que unos interrumpieran a otras, con naturalidad, porque enseñar forma parte de vivir. Mientras el profesor habla, un anciano cruza por delante, dos niños corretean detrás de una pelota de goma, un grupo de personas rueda un corto, alguien habla por teléfono, un perro olisquea una maceta, dos mujeres toman el sol tumbadas mientras charlan, un alumno toma notas y otra se lía un cigarro. Y la integración de todo ello produce una estampa perfecta de una mañana importante.

José Luis Velázquez impartiendo su clase en el Campo de la Cebada
José Luis Velázquez impartiendo su clase en el Campo de la Cebada
La Universidad publica tiene sus problemas y seguro que ha cometido errores en su sistema formativo porque no es perfecta y sí mejorable, pero es nuestra educación, la de todos, la que vela porque sigamos educando las personas que queremos ser, la que construye nuestro futuro como sociedad, la que pone en contacto al profesor que quiere enseñar con el alumno que desea aprender. La universidad ha salido a la calle, un sitio que no debe abandonar, y nos pide que entre todos la defendamos y no permitamos que sigan podándola porque irremediablemente, cuando arrepentidos nos demos cuenta del error, será tarde, el árbol estará muerto y con él habremos perdido varias de nuestras generaciones.

Vivimos una crisis que nos ahoga como sociedad. El gobierno sin vergüenza nos culpabiliza a los ciudadanos insultando nuestra inteligencia con eso de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Solo es un problema de desigualdad, porque la brecha entre los más ricos y los más pobres se ha disparado, y de redistribución que lo corrija; pero se nos cuenta monsergas de sostenibilidad cuando lo que se busca es empobrecer, hacer ineficaz y desprestigiar nuestra sanidad y educación, para que otras manos, esta vez privadas, se llenen los bolsillos de billetes. Recorta de lo público para favorecer el negocio privado. El gobierno se empeña en decirnos que nos sobran personas tituladas, pero lo cierto, la realidad, es que lo que nos faltan son puestos de trabajo cualificados. Es el empleo la prioridad, lo que hará sostenible todo nuestro sistema social del bienestar, así que cualquier política que elimine un solo puesto de trabajo lo que hace es hundirnos más.

Los ciudadanos hemos decidido salir a la calle para protestar. El problema es que tenemos un gobierno sordo, pretencioso, chulesco y arrogante al que ya no le importan sus ciudadanos. Es culpa del PP y responsabilidad de quienes les votaron. Este gobierno insiste en que solo hay un camino, el neoliberal, y que va a ser mejor que no tengamos Estado, cada cual según su fuerza, según lo que tiene, según lo que mueve. Así que se han puesto a desmontar lo que por un lado llaman «chiringuitos» y por otros «lujos que nos podemos permitir como sociedad». Pero nos están engañando y las mentiras siempre terminan teniendo las patas muy cortas.

jueves, 7 de marzo de 2013

Chismes y poder

Natalie Pinot da vida a la Louella Persons de Secun de la Rosa


Jueves 7 de marzo de 2013. La casa de la portera. Madrid

Cartel de la obra de teatro Louella Persons
Cartel de la obra de teatro Louella Persons
¿Por qué? Porque se pierde en nombres y eso le hace bajar la intensidad.
Louella Persons cuenta la historia de Louella Parsons, la primera columnista de espectáculos que hubo en Estados Unidos. Dicen que con ella nació el cotilleo oficial de la crónica social. Se convirtió en una mujer poderosa, pues con sus columnas periodísticas en Los Angeles Examiner que se difundían en toda la prensa mundial y con su programa de radio podía hundir cualquier carrera en el mundo cinematográfico, algo que la hizo ser temida y a la vez odiada. Fue tan grande su influencia en el cine de Hollywood de los años 30, 40 y 50 que cuenta con dos estrellas en el Paseo de la Fama.

Pero dejemos a Louella Parsons para hablar de Louella Persons, la construcción del personaje que ha escrito Secun de la Rosa, interpretado Natalie Pinot y dirigido Benja de la Rosa. Lo primero que encontramos, y quizá lo que más fuerza le da, es la realidad latente de una persona de carne y hueso tras la actriz que la interpreta, hablando de su vida y contándola en pequeñas anécdotas, a sorbos cortos. Esa sustentación en lo real da para mucho, especialmente para resaltar aquellas luces y sombras que más nos puedan interesar. Secun no se anda por las ramas, va directo a lo que quiere que veamos: algún chisme y el conflicto de una mujer con la vida que lleva, holgada en lo económico pero con un cierto poso de infelicidad.

Louella se gana muy bien la vida, tiene fama, reconocimiento y es temida. Ese cierto prestigio lo ha alcanzado contando los secretos de los demás. Esa es la gran contradicción que nos ofrece la obra, que su protagonista acepta que el hecho de guardar silencio a menudo vale mucho más que las palabras. Aprende, quien siempre ha tenido la lengua suelta, a mordérsela por una vez. Así construye Secun de la Rosa el conflicto principal y el devenir del monólogo. Los secretos que se callan marcan la complicidad, las alianzas, y también las pesadillas. Una noche, en una fiesta de lujo y barco, presencia una escena que de saberse al día siguiente sería portada en toda la prensa. Y sin embargo calla y elige el poder aceptando la «falsa verdad» de Hearst y convertir la muerte que produce el disparo de un amante celoso en un infarto «oficial». Esa lealtad sin fisuras crea el personaje y hunde a la persona.

Con pocas pinceladas y alguna palabra velada que se escapa en una conversación de teléfono se va sembrando la curiosidad en el espectador. Es cierto que el primer poder de Louella viene por su capacidad para conocer los secretos y los chismes del mundo del espectáculo, pero el segundo, el que la hace invencible, el que surge escarbando debajo de su figura pública, el que explica el miedo verdadero que provoca, le llega sobre todo por estar protegida y amparada por el magnate de los medios de comunicación Randolph Hearst, algo que sucedió tras aquel incidente en el yate. ¿Qué poder tenía Hearts? Hay quien dice que fue el hombre más poderoso de Estados Unidos en aquel momento. Baste recordar que señaló a España como culpable del sabotaje que produjo la explosión del acorazado estadounidense Maine en el puerto de la Habana e instó al presidente estadounidense William McKinley a iniciar una guerra contra los españoles, algo que al gobierno ni se le había pasado por la cabeza. Así, con la fuerza del cuarto poder y empujada por Hearst, tuvimos la guerra de Cuba de 1898, y dicen que todo fue porque el empresario tenía ciertos intereses que le permitirían controlar el canal de Panamá y que esa guerra le facilitó. Él mismo decía que se dedicaba a hacer, en el sentido de construir, noticias. Este multimillonario compró el monasterio cisterciense de Santa María en Segovia, e hizo que se lo desmontaran piedra a piedra y se lo enviaran después a los Estados Unidos donde se lo volvieron a armar. La vida de Hearts inspira Ciudadano Kane y por eso se empeñó en prohibirla.

La vida de Louella se empequeñece según va creciendo su imagen y no se entiende sin la presencia de Hearst, algo que refleja a la perfección el monólogo. Comparten una misma ideología, son xenófobos y anticomunistas, lo que les convierte a ambos en dos de los más fervientes propulsores de la caza de brujas. En Louella se da también una cierta necesidad de sentirse la protectora de la moral y de las buenas costumbres, es decir, ella encarna la defensa a ultranza del modelo conservador, así que siente como una obligación atacar sin piedad a quienes impulsan ideas progresistas, a los liberales y a cualquiera que atente contra su ideal de decoro. Homosexuales, lesbianas y comunistas están siempre en su punto de mira y carga con saña contra todos estos elementos. Es venenosa inquina lo que transmite cuando señala con el dedo a cada una de sus víctimas. Y estas caen, una detrás de otra.

En el monólogo, los detalles se van mostrando con sutileza, como esa botella de Jack Daniels de la que Louella se sirve y que nos sugiere un cierto grado de alcoholismo con el que superar los problemas, o la soledad siempre presente que se presupone a quien logra el éxito profesional a costa de su vida personal, o la distancia con una hija ausente que también evidencia ese estar sola en la cima. Así, con esa suavidad, sugiere también de qué forma obtenía la información y cómo compraba a sus peones. Y en todo ello vamos viendo como crece su maldad a la vez que su poder.

Me gusta la interpretación de Natalie Pinot, cargada de matices y con gran capacidad para transmitir la montaña de sentimientos con los que va recorriendo la vida de Louella. Su mirada directa, a los ojos del espectador, comunica y contagia la realidad de un personaje que adquiere su condición -entre humana y divina- durante la hora de la función. Louella Persons es la historia de la ascensión y de la caída de esta mujer, incapaz al final de su vida de asumir su pasado y soñando con ser todas las actrices que nunca fue. Cualquier cosa le resultaba menos amarga que la mujer en la que se había convertido.

sábado, 2 de marzo de 2013

#resistenciaminera: verdad, dignidad y emoción

Javier Bauluz y Marcos Martínez Merino presentan su libro-DVD acompañados por Jordi Évole


Sábado 2 de marzo de 2013. La Casa Encendida. Madrid

Cartel de la presentación de #resistenciaminera en Madrid
Cartel de la presentación de #resistenciaminera en Madrid
#resistenciaminera es un libro de fotografía de 58 páginas y también un DVD con 97 minutos de vídeo. Las fotografías son obra de Javier Bauluz y el audiovisual lo grabó Marcos Martínez Merino. Ambos trabajos documentan los 65 días de la última huelga minera en España. A ellos no se les han añadido ni comentarios, ni interpretaciones. Y la verdad, los pocos minutos que nos mostraron durante la presentación sobrecogen. A mí se me pusieron los pelos de punta. Lo que vemos son hombres peleando por la continuidad de su puesto de trabajo. Y combaten porque en esta sociedad los trabajadores nada consiguen sin esfuerzo y sin lucha. A pesar de esa sencillez, las imágenes impresionan y electrizan, como si se estableciera una corriente de sentimientos subterránea, una mirada especial hacia los verdaderos héroes de nuestros días.

Se presentó el libro-DVD en Madrid, en la Casa Encendida, con sus dos autores acompañados por el periodista Jordi Évole haciendo las funciones de presentador. Évole empezó directo, diciendo que #resistenciaminera transmite y señalando los tres porqués. Primero, es un trabajo audiovisual puro, sincero y sin trucos para mostrarnos la verdad de la lucha de los mineros. Segundo, tiene mucha dignidad, la de ellos como personas y también la de ese movimiento obrero que Évole espera que no sea el último y que se convierta en un ejemplo para otros. Y tercero, está lleno de emoción, de momentos que ponen la piel de gallina y de otros en los que hay que frenar la lágrima. Pronosticó que será un éxito porque se ve que el trabajo tiene alma. Añadió que ve mucha libertad, que nadie ha condicionado a Javier Bauluz y a Marcos Martínez porque detrás de ellos no está ninguna cadena de televisión, ni ninguna editorial. Quizá por ahí pase el futuro de esta profesión, por esos grupos de periodistas que se están juntando y haciendo cooperativas; por ser ellos, con su criterio periodístico, los que deciden lo que publican. Son una alternativa fantástica porque intentan hacer ver al ciudadano lo que está pasando en toda su perspectiva.

Javier Bauluz quiso empezar por las últimas palabras de Évole y explicar su proyecto Periodismo humano, un medio de comunicación digital que ha cumplido ya los tres años. Arrancó con un grupo de periodistas que querían contar las historias de lo que pasaba sin depender de los bancos y haciéndolo de una manera libre, honesta e independiente que les permitiera recuperar su oficio. Por ejemplo, ellos llevan muchos años contando el tema de los desahucios. ¿Cómo surgió #resistenciaminera? Respondió que los propios mineros les pedían las fotos y los vídeos que realizaban, así que pensaron en hacerlo bien, una cosa humilde y de calidad para devolver a los mineros esa parte de la historia que Marcos y él han capturado. Les servirá también para que los nietos de los mineros en un futuro puedan ver quiénes eran sus abuelos y qué hicieron el verano de 2012. Su intención fue siempre la de ir más allá de la barricada y de los tiros para contar la realidad de esos hombres, sus emociones, las reacciones de las mujeres de la cuenca…, en definitiva, no quedarse en la visión simplista que nos ofrecen los medios tradicionales. Bauluz habló también del nivel de represión que se está utilizando en nuestra sociedad ante las protestas, tanto con el número desmedido de antidisturbios en las manifestaciones pacíficas de la ciudadanía, como con el uso de otras dos armas: las porras y las multas económicas que vienen después de que un policía solicite una identificación.

Marcos Martínez Merino explicó que el vídeo de #resistenciaminera es el embrión de un documental en el que está trabajando, ReMine, el último movimiento obrero. Un trabajo que incluye entrevistas y que espera poder estrenar a finales de primavera. Contó que hizo 250 km con los mineros en su marcha a pie hasta Madrid y que en cierta forma, durante ese trayecto, se fue «aminerando». Se unió a ellos como periodista porque tenía un tema claro: quería conocer su estado de ánimo, el que les llevaba a este comportamiento. Los medios no habían ido más allá de mostrar las barricadas. El gobierno tampoco dio su visión de por qué incumplía unilateralmente el acuerdo del carbón y nunca contará por qué decide que se cierran los pozos y se deje de explotar el carbón nacional. Un gobierno que tampoco ha preparado una alternativa seria para la región. No hay un futuro para esos lugares. Además, para agravarlo se produce un silencio informativo. Marcos indicó que aquellos que trabajan en la mina son personas especiales y quería tener una mirada sin prejuicios hacia ellos. Así que, con su familia, se marchó a vivir a la cuenca minera asturiana durante siete meses y convivió con ellos.

Le interrumpió Bauluz, para explicar que Marcos desde Madrid se va a la cuenca y al final termina viviendo en Gijón, en el mismo edificio que él. Así se conocieron, como vecinos. Luego hace un repaso personal contando que las primeras fotos que él hizo como periodista fueron de guardias civiles persiguiendo a mineros. Era 1984. Después de tantos años yendo por el mundo, retratando conflictos, se encuentra ahora haciendo las mismas fotos que al principio, al lado de casa. Reconoce que con Marcos Martínez ha hecho un buen equipo porque los dos están dispuestos a llegar al mismo lugar y a un mismo tiempo, ni antes ni después. Ambos autores se han encargado personalmente de la distribución manual de #resistenciaminera pueblo por pueblo. Durante ese reparto han tenido muchos momentos emotivos en los que fue necesario contener las lágrimas. Aquellos lugares son diferentes y su gente especial, son sinceros y no se cortan a la hora de decir lo que piensan de una forma directa.

Marcos Martínez comentó las diferentes soluciones propuestas para resolver el conflicto minero del carbón como la subrogación de sus trabajadores a otros tipos de minería. Ahora se habla también de diversificación verde. Dijo que son todo ideas peregrinas, la verdad es que en este momento lo que empiezan son los expedientes de regulación y con ellos la mitad de los trabajadores se quedan en la calle la semana que viene porque cierra toda la minería privada del carbón. Añadió Javier Bauluz que estas propuestas no son otra cosa que excusas dilatorias y que los mineros están teniendo una paciencia infinita. No le extrañaría que dentro de unos meses tuvieran que hacer la segunda parte: #resistenciaminera, el regreso.

Javier Bauluz, Jordi Évole y Marcos Martínez Merino durante la presentación. (Foto por cortesía de Periodismo Humano)
Javier Bauluz, Jordi Évole y Marcos Martínez Merino durante la presentación. (Foto por cortesía de Periodismo Humano)
A continuación se abrió un debate en el que el público también participó haciendo las preguntas que consideraban relevantes. Sobre las redes sociales Javier Bauluz señaló que no les influyeron, en el sentido de que hubieran hecho lo mismo sin ellas. Las han utilizado después, para difundir el trabajo. Lo que han descubierto a través de ellas es el interés de miles de personas por conocer estas historias que los medios de siempre no quieren cubrir. Con respecto a la misma pregunta de las redes sociales, Marcos Martínez matizó que él sí vio su importancia en un detalle. Explica que la noche antes de que la marcha minera entrara en Madrid, los mineros estaban preocupados por las fuerzas armadas que les iban a recibir y no esperaban que hubiera mucha gente. Sin embargo, las redes extendieron la información y ocurrió que muchos madrileños salieron a las calles a recibirles. Marcos Martínez fue el único periodista que entró con la columna de mineros, Bauluz reconoció cierta envidia y luego añadió también que allí estaban todos los medios, pero que sin embargo al día siguiente, en la prensa, no era una noticia relevante. Lo mismo que ha ocurrido con las mareas ciudadanas del 23F.

Cuando les preguntaron si era posible la objetividad después de convivir tanto tiempo con los protagonistas, Bauluz explicó que Robert Capa decía que si una foto no era buena es porque no habías estado lo suficientemente cerca a la hora de tomarla. Así que cree que es necesaria esa proximidad para informar, psicológicamente también, porque eso es lo que permite poder entender un problema y saberlo explicar a los demás, y en ese consiste la profesión del periodista. Martínez por su parte señaló que en el vídeo no hay entrevistas y que está montado cronológicamente. Aún así no se puede ser objetivo al cien por cien. Indicó que por su parte hay una intención de que el conflicto se vea y eso ya es tomar una postura. Évole añadió que los periodistas son personas con inclinaciones y sentimientos, pero al espectador hay que darle opción a que tenga su propio criterio y analice lo mostrado desde su punto de vista. «Es importante tener pocos amigos entre tus entrevistados», completó. Sobre la objetividad, Marcos Martínez habló de la que le puede quedar a un niño de cinco años que está viendo desde el balcón como los guardias civiles persiguen a su padre.

Preguntado Bauluz por qué todas la fotografías del libro son en blanco y negro, explicó que cuando mira ve así. El blanco y negro sirve para mostrar las cosas con más claridad, porque pone la esencia de lo que sucede. También ha servido para unir y no hacer diferencias con los dos colores de camisetas, una por cada sindicato. El fotógrafo confesó que también le han pedido fotos los guardias civiles, que entre ellos seguro que habrá compradores de este trabajo y que, con mucha probabilidad, en las bibliotecas de los cuarteles mantendrán ejemplares como parte de su historia. Dijo que ha tenido conversaciones muy surrealistas con ellos sobre esto, que consideran que están cumpliendo con su trabajo «sin acritud». En general, los guardias civiles que son de allí están con la causa de los mineros, así que los traen de fuera y muy jóvenes para evitar la empatía.

Marcos Martínez contó que durante la huelga y para evitar su impacto, al Musel, el puerto de Gijón, estaba llegando carbón de Colombia. Goldman Sachs son los dueños de esas minas y están invirtiendo en ellas, así que detrás hay un carácter especulativo. Si no explotamos carbón aquí lo tendremos que comprar al precio que nos digan los que lo producen. Martínez dijo que el sector minero del carbón está subvencionado, pero igual que ocurre en Alemania y en su misma cuantía. Sin entrar en lo medioambiental, afirmó que es discutible la sentencia de que la explotación de carbón en España no tiene futuro. El carbón no es una energía que se esté terminando, al contrario. Señaló que es el único combustible fósil que hay en todos los continentes. ¿Es rentable extraerlo aquí?, se preguntó. El de la rentabilidad es un concepto confuso. Si la opción es traerlo de Colombia o Sudáfrica porque es más barato, el dinero se irá a los paraísos fiscales. Entonces limitaremos la rentabilidad a un concepto bursátil y de los mercados y nos estaremos olvidando de otra rentabilidad igual de importante, la social. Se está dejando morir la mina y no es un negocio que pueda recuperarse a través de cooperativas de los propios trabajadores, pues necesita de una inversión muy alta. Los mineros tendrán que abandonar las cuencas si se produce el cierre, pero van a luchar hasta que llegue ese momento y les quiten su forma de ganarse la vida. Contó que durante la huelga la Guardia Civil había empleado como medio de disuasión colectiva las identificaciones. Te paraban a cinco kilómetros de una barricada y si alguno de los que viajaba en el coche era minero identificaban a todos los ocupantes. Eso significaba que en breve te llegaría la notificación de un proceso judicial con una posible multa que podía moverse entre los 300€ y los 6.000€. A partir de ahí, si te pillaban cortando una carretera, al tener antecedentes por esa identificación, supondría el ingreso en prisión.

Se preguntó si los métodos que han empleado los mineros son justificables. El término violencia es complejo y en relación con ello hay muchas cosas que el periodista no se había plantado antes y que ahora sí lo hace. Dijo que si nos ponemos en su lugar y lo vemos como la manera de defender su trabajo y el pan de sus hijos, quizás sí sea justificable el camino tomado. Son un colectivo con un nivel de afiliación altísimo, en un porcentaje del 97% de sus trabajadores. También tienen detrás mucha historia de lucha, por ejemplo, en los últimos 22 años llevan 322 días de huelga. Los derechos sindicales que todos tenemos nacieron en estos lugares y se ganaron por la lucha de la clase obrera, entre los que estaban los mineros. Reconoció que lo que emocionalmente ha aprendido en su convivencia con ellos es algo que resulta impagable. Los mineros no han podido tener mucha formación académica y sin embargo todos ellos tienen discurso y sentido común. Uno de ellos le decía que no creía que existiese la clase media, que simplemente hay gente que trabaja y gente que vive de la gente que trabaja. Marcos Martínez, periodista económico, se fue de Telecinco muy quemado y solo tras su llegada a las cuencas, con lo que allí vio, pudo reconciliarse con la especie humana. Bauluz añadió que es preciso recuperar el concepto de clase obrera, eso es precisamente lo que ocurrió en Madrid cuando llegó la marcha minera: que las personas salieron a la calle porque se dieron cuenta de que ellos mismos no eran otra cosa más que trabajadores, igual que los mineros. Évole reconoció que todos hemos sido víctimas de creernos clase media y eso nos ha hecho más conservadores, pero vuelve a haber una conciencia de clase. Señaló que va a costar lo de unirnos porque el sistema ha puesto una raíz muy fuerte, pero los mineros nos han enseñado un camino. En Madrid se les recibió con el grito de «ésta es nuestra selección» y eso preocupa arriba a los que mandan que no quieren que veamos que sí se puede. Bauluz explicó que el poder lleva mucho tiempo diciéndonos que las protestas de los ciudadanos en la calle no sirven para nada, pero por contra, cada vez hay más personas que se empeñan en insistir en que si se pueden cambiar las cosas. Hay otras fórmulas, otro movimiento social funcionando y el periodista reconoce que no se sabe hasta dónde llegará. Ahí está Ana Colau con el tema de los desahucios o el germen del 15M que está latente en todas estos movimientos. Tenemos nuevos métodos, otros eslóganes y no porque estas cosas no se cuenten dejan de existir. Somos el 99% y ellos solo el 1%.

Otra de las preguntas se orientó hacia si los periodistas estaban viendo una intención política de desarticular los sectores sociales con mayor tradición de lucha obrera. Marcos Martínez señaló que en toda Europa estamos viviendo un proceso de reconversión y que básicamente hay dos formas de hacerlo. Una es como lo hizo Margaret Thatcher, aplastando directamente todos los movimientos sindicales y la otra es siguiendo una vía de desincentivación. Ahora es el momento de dar la estocada porque resulta determinante ideológicamente acabar con el movimiento obrero. Por eso nuestro gobierno se ha empleado con tanta dureza contra los mineros. Piensan lo que significará simbólicamente para los demás colectivos el haber acabado con los mineros.

Marcos Martínez Merino, Jordi Évole y Javier Bauluz posan en apoyo a la minería. (Foto por cortesía de Mujeres del Carbón en Lucha)
Marcos Martínez Merino, Jordi Évole y Javier Bauluz posan en apoyo a la minería. (Foto por cortesía de Mujeres del Carbón en Lucha)
Jordi Évole señaló que los medios se han convertido en prensa de partido. Hablando de la situación de su profesión insistió en que le resulta incompresible que se siga aceptando cubrir ruedas de prensa sin preguntas. La salida pasa porque cada uno convierta su puesto de trabajo en una trinchera. Deben anteponerse a los intereses de los medios insistiendo en publicar todo aquello que su criterio profesional les dice que es noticia. Que sean los directivos los que tengan que decir que no, pero que no hayan sido ellos mismos los que no lo han intentado. La información es algo básico. Los medios hacen la parrilla. Confiesa que su programa es una anomalía, pero que sirve para demostrar que cuando se ofrece un contenido alternativo el público también lo quiere ver. Si no se pueden seguir haciendo estos programas diferentes, habrá que realizarlos por otras vías y con otros mecanismos, pero sin cambiar los objetivos. Javier Bauluz añadió que el periodista tiene una labor social: si los ciudadanos no reciben una buena información se van a convertir en borregos. Si se quiere luchar contra el pensamiento único, es la gente la que tiene que apoyar el periodismo o lo que vamos a tener será lo que Botín diga. Martínez explicó que cuando dejó Telecinco lo hizo por la deriva intelectual de su trabajo, el medio no le dejaba espacio para contar otras cosas diferentes que él quería contar. Nos hemos convertido en una sociedad muy infantilizada. Bauluz recuperó la palabra para explicar que lo que hacen en Periodismo Humano es dar espacio a esas otras historias que el poder no quiere que se cuenten, para hacer el periodismo que los periodistas quieren hacer. Ahora tienen el megáfono en la mano, pero hay que conseguir el mínimo de dinero para que estos proyectos periodísticos puedan seguir.

Sobre la corrupción Évole también dio su opinión: cree que hay mucha gente honrada, incluso en la política, y que en cierta manera nos despistamos poniendo el foco en aquellos a los que se consigue corromper y no tanto en los corruptores, con quienes no hemos sido igual de críticos. Señaló a los poderes económicos y a «los de siempre», esos que presumen de españoles con una banderita en la pulsera del reloj y que luego tributan en la Isla de Man. Martínez completó el mensaje diciendo que, mientras no demos un paso adelante, todos somos cómplices. Es necesario mojarse.

Bauluz, respondiendo sobre la situación actual, dijo que vivimos de las rentas de la protesta pacífica del 15M, pero cada vez hay más familias sin ningún ingreso. No sabe cuando va estallar esto, pero siente que la gasolina está en el suelo y que solo falta la chispa. Depende de una mecha bien puesta, pero no falta mucho para ello. Luego recordó que están aquí para hablar de su libro y que se puede comprar a través de internet en paquebote.com. Añadió Marcos Martínez que el libro-DVD sirve para financiar la post-producción del documental ReMine, el último movimiento obrero.

Escuchándoles uno se da cuenta de que los mineros no están solos.

jueves, 28 de febrero de 2013

8 años y…

…705 entradas después


Mi televisor de ahora
Mi televisor de ahora
Hace ocho años, un 27 de febrero como ayer, se estropeó mi televisor. Era un nokia totalmente analógico y algo gordito; pero eso sí, con muy buena calidad de imagen.

¿Qué por qué me acuerdo ahora de aquello? Porque aquella circunstancia sirvió para que al día siguiente, un 28 de febrero como hoy, naciera La Isla Inexistente.

Mucho ha llovido desde aquella primera entrada titulada La televisión se rompió. No es que no me reconozca, pero sí encuentro en aquellos tiempos una búsqueda por dar con la voz propia de la Isla, la que unificara el blog y marcara su sentido. Probé diferentes caminos, pero siempre intenté hablar con franqueza desde estas líneas. Mirando hacia atrás creo que terminé tropezando con el lugar y ese cascarón vacío e inexistente se fue llenando de restos del naufragio hasta convertirse en ese estado imaginario, eliminado de toda geografía, donde se practica la crítica cultural.

Han pasado 8 años y 705 entradas -si contamos también ésta- y el blog sigue activo. Es cierto que muchas cosas han cambiado, sin ir muy lejos mi televisor es otro, el de la foto de arriba, un samsung flaquito y más acorde con los tiempos. No es lo único que ha adelgazado, el mueble que lo sujeta también, vino un día de lejos, creo recordar que de Malasia. El sofá que no sale en la foto es diferente, algo más largo. Incluso la orientación del salón es la contraria a la de entonces. La cámara de fotos que toma la imagen es distinta. Las cosas hoy en día no duran, están construidas con su obsolescencia programada, la actualidad pasa página muy rápido y el olvido gobierna. Son ocho años y ya apenas queda nada de entonces.

La televisión volvió a los cuatro días reparada y duró aún algún tiempo hasta que un día se rompió de verdad y dos técnicos que se encargaban de arreglar televisores me dijeron que me iba a salir mucho más barato comprar una nueva que repararla. Aquellos cuatro días sin televisión en casa fueron un pretexto. Hoy solo quería recordarlo.

martes, 26 de febrero de 2013

Chile, la alegría ya viene

No, la película de Pablo Larraín que recupera la campaña que derrocó a Pinochet


Cartel de la película No
Cartel de la película No
¿Por qué? Porque forma y emociona.
No fue la película ganadora en el festival de La Habana y también en Cannes dentro de la la Quincena de Realizadores, pasó por San Sebastián dentro de la sección de Zabaltegi Perlas y además estuvo nominada a los Oscars representando a Chile. Y sin embargo reconozco que me dio algo de injustificada pereza el ir a verla. Iba dejándola pasar, pero la película resultó ser persistente, se mantenía en cartelera y con cabezonería cada viernes volvía a encararse para decirme que ahí seguía, esperándome, que algo especial debía tener, ¿no?. Al final cedí, dejé ganar a la razón y me fui a los Cines Paz, en Fuencarral. En la sala de al lado ponían Blancanieves, arriba Amor y también estaban en el mismo cine Argo y Blue Valentine: una ramillete de películas de festivales, en cierta manera extrañas y más bien alejadas de lo que se suele llamar cine comercial, aunque dos de ellas se hayan llevado el Oscar como mejor película el pasado domingo y otra unos cuantos Goyas el fin de semana anterior. Aunque hacen una selección que me suele interesar, el Paz no tiene las mejores salas de Madrid, es como si el tiempo se hubiera detenido en ellas, sus butacas han envejecido más de lo deseado y ni siquiera cuidan demasiado la proyección al deformar el 4:3 en un raro trapecio que incluso me hizo dudar si habría sido una decisión del director y no del proyeccionista. Y sin embargo de todo ello me olvidé en cinco minutos porque me di cuenta de que estaba sentado viendo una gran película, de esas que no abundan, de las que te sacan de tu realidad y te hacen viajar a otros lugares, a otros tiempos.

No, tras los títulos de crédito, arranca de una forma extraña, con una campaña publicitaria que se ve interrumpida por una visita que quiere hablar con el publicista. A ese corte le sigue una misma conversación en tres momentos diferentes, en tres lugares distintos pero sin perder el diálogo. Luego una larga galopada en monopatín entre el tráfico. Y después otra conversación, troceada como la anterior. En realidad es un cebo, una forma de situar con rapidez al espectador dentro de un falso documental enmarcado en el contexto social del Chile de 1988 cuando se convoca el plebiscito que el régimen de Pinochet se vio obligado a realizar por la presión de la comunidad internacional. En unos pocos minutos, la película se ha llevado al espectador hacia atrás a un tiempo diferente, pero del que quedan reminiscencias en su cabeza, puntos con los que enganchar, y a la vez ha despertado su curiosidad. Y a partir de ahí, ya no te suelta, te ha atrapado en apenas diez minutos y sin que sepas explicar por qué. Así es el marketing y la publicidad, juega con nuestros sentidos, con nuestros recuerdos, con nuestros sueños.

Pablo Larraín recupera las texturas del cine y la televisión de aquel tiempo rodando con cámaras de vídeo analógicas. Lo hace para integrar las imágenes de archivo sin que ese trabajo se note y que no tengamos la sensación de estar yendo y viniendo. Así que su apuesta porque todo sea 1988 y lo estemos viviendo en directo, funciona al hacerse imposible una separación entre el rodaje nuevo de las imágenes recuperadas de entonces. Los colores ocres, azulados y más básicos de entonces, donde se sentía hasta el peso del aire en la imagen, que producían aquellas cámaras de 1983 con tubo Ikegami se extienden a toda la película combinando una mezcla perfecta entre documental y construcción, algo que se impregna como cierto porque nos muestra una realidad auténtica. Y sin embargo, a pesar de ese viaje hacia el pasado con sus mismas herramientas, No se aleja de ser un rancio documental.

Pinochet cayó porque perdió un referéndum democrático que sirvió para acabar con una dictadura, un plebiscito que le impuso la comunidad internacional como condición para legitimar su régimen desde el exterior. Pero en realidad su derrota fue el trabajo de despertar la esperanza con la campaña del «NO», un movimiento que supo unir y aprovechar la pequeña oportunidad que tuvieron los chilenos para decidir. Como un milagro, a sus manos vino la opción del cambio, de caminar con optimismo hacia la felicidad. Fue un trabajo difícil, pues había que salir del pozo del dolor y de las consecuencias políticas de un gobierno militar impuesto por la fuerza y que dejó torturados, muertos, desaparecidos y exiliados, que acabó con las libertades civiles de un país controlado con mano dura por la poderosa minoría de la derecha y los militares. No olvidemos que la de Pinochet fue una de las dictaduras más sangrientas.

Las armas para este combate, de un lado y otro, son desiguales. La campaña del «SÍ» es la campaña de los dueños de las empresas. La del «NO», la de los empleados. El «SÍ» está al servicio del poder y maneja todas las estructuras del sistema, vigila a sus oponentes, les amedrenta si es necesario y se comporta de forma despótica porque siente que tiene la victoria en su mano. Pero ese plebiscito y los 15 minutos diarios en la televisión para cada una de las dos opciones, son un espacio por el que se cuela la esperanza. Defender la opción del «NO» permitió el derecho a una información libre durante ese cuarto de hora diario que duraba su franja. Ese derecho fue el primer paso, el que sirvió para que muchos dieran la cara y otros decidieran no rendirse. Ese «NO» rotundo a Pinochet tuvo que diseñarse como una campaña creativa más, que pudiese llegar a todos los ciudadanos y romper las barreras represivas que el régimen había colocado durante todos aquellos años. Sin resentimiento y sin complejos, frente a dictadura se ofreció el mensaje de que «la alegría estaba en marcha» un eslogan que sirvió para aunar bajo la misma bandera a disidentes, temerosos e indecisos a través de unos sentimientos que resultaron imparables. Una emoción que la película sabe contagiar.

El uso de técnicas publicitarias y de marketing para la defensa de una idea política genera controversia. Dice Pablo Larraín que en su opinión «la campaña del NO es el primer nivel de consolidación del capitalismo como único sistema posible en Chile. No se trata de una metáfora, es exactamente eso: publicidad pura y dura llevada a la política». Larraín quiere sembrar dudas, que haya una revisión crítica de aquella etapa que fue la transición chilena de la dictadura a la democracia, porque en el fondo, igual que aquí, el resultado del proceso no modificó lo sustancial del sistema instaurado por Pinochet y mantuvo detrás del poder a las mismas familias. Así lo refleja tras la victoria la mirada de su protagonista que ha vivido un despertar político pero que siente que sin embargo las cosas no han cambiado demasiado, que faltó algo más.

Una escena de la película No
Una escena de la película No
En España hay dos niveles para extrapolar. En primero preguntarse por qué, tras la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional no presionó a Franco con un plebescito que determinara su continuidad. Al contrario, el mundo poco a poco fue tolerando primero lo que aquí pasaba y abriendo la mano después. El resultado fue que la dictadura se mantuvo cuarenta años y terminó simplemente porque Franco murió en su cama. El segundo de los niveles comparables es esa ilusionante Transición construida como un camino de felicidad pero que no sirvió para cambiar las estructuras. Nuestra Transición se diseñó para aparentar ser brillante, pero en el fondo no pasó de haber sido una falsedad construida, una puesta en escena de una nueva España que seguía en las manos de los mismos.

Extrapolable de la película a nuestra realidad del año 2013 en España es también el mecanismo de la derecha para desacreditar los mensajes de la izquierda. Las mismas falacias y construcciones del «SÍ» atacando al «NO» las podemos ver hoy en el ABC, La Razón, Intereconomía o en los telediarios de TVE. También Rajoy hoy hace el mismo uso de las fuerzas represivas contra el pueblo que emplean todas las dictaduras. Cuando no se tiene la razón, queda la fuerza.

Hay demasiadas referencias de nuestra propia sociedad con las que vincular la película como para que ésta pueda pasar inadvertida. Forma y emociona a la vez y uno se va de la sala agradecido porque haya cineastas capaces de contarnos las grandes historias que nos interesan.