domingo, 22 de enero de 2012

Boleto al paraíso, jóvenes huyendo hacia ninguna parte

Boleto al paraíso, la cinta cubana del director Gerardo Chijona, es una de las cuatro candidatas a mejor película Hispanoamericana en los premios Goyas 2012

Cartel de la película Boleto al paraíso
Cartel de la película Boleto al paraíso
Boleto al paraíso no es una película cómoda de ver. Te remueve y te hace sentir incómodo en la butaca. A través de un cine directo, sin artificios que despisten, te va contando una historia tan cruda como dura, que además sabe sorprender y mantener en vilo al espectador. Las cosas no son lo que parecen; el padre cariñoso de Eunice (Miriel Cejas) resulta serlo en exceso, lejos de la imagen idealizada de viudo perfecto y codiciado que se pinta para sí misma la profesora de la joven. Él no es quien soporta la estructura familiar, ese peso recae sobre la propia Eunice que se rompe y huye, incapaz de seguir soportando sus abusos.

Huyendo también van Alejandro (Héctor Medina Valdés), Lidia (Dunia Matos) y Fito (Fabián Mora), un grupo de frikis (chicos de la calle, heavys) que se han quedado al margen de la sociedad, sin futuro, sin posibilidades de conseguir un empleo, viviendo de pequeños hurtos. Ni ellos, ni ella encuentran salida, la vida es demasiado difícil para vivirla. Son adolescentes confusos, llenos de incertidumbres, que vienen de soportar demasiado dolor sobre sus espaldas. Buscan su paraíso al precio que sea. Eunice piensa que lo encontrará en casa de su hermana en Matanzas, Alejandro en una idea ingenua y peligrosa que le lleva camino de la Habana. Cuando se encuentran, se reconocen, son seres de la misma manada, igual de desprotegidos y fatigados, con el mismo desgaste en sus vidas, con un infierno similar tras ellos que les obliga a compartir destino.

De esta forma nos plantea el director cubano Gerardo Chijona esta road movie que nos conduce por las carreteras que unen Santa Clara con Matanzas y ésta con la Habana. Nos acerca a Cuba en 1993, un pasado reciente de una década confusa, cargada de incertidumbres hacia el futuro. Cuenta su director que quisieron «representar esa mezcla letal de inexperiencia, ignorancia, inocencia y familias abusivas, el rechazo de la sociedad en una Cuba que en aquellos tiempos difíciles vivió una situación material y espiritual muy compleja». Austero en lo fílmico, busca dar voz a los personajes, hacer que su drama explote ante el espectador para hacerle reflexionar.

Miriel Cejas y Dunia Matos en una escena de la película Boleto al paraíso
Miriel Cejas y Dunia Matos en una escena de la película Boleto al paraíso
La película se mueve como pez en el agua entre la tristeza y una cierta desazón que supone el desamparo de sus personajes, algo que va cuajando y ahondando en el espectador. Boleto al paraíso no deja espacio, por mínimo que sea, a la felicidad. La impotencia se asienta en cada personaje hasta llevarlo al pesimismo, lanzándolos por un camino que conduce a la decadencia. Son seres perdidos, desilusionados, excluidos, que viven una crisis de valores, sin capacidad para encontrar un fundamento sobre el que encaminar su existencia… Y a la vez son vulnerables, frágiles e imprudentes, lo que les permite tomar las decisiones más insensatas. No tienen la menor posibilidad para construir el proyecto de su vida, pues sus miras se han acortado con sus malas experiencias. Sólo les queda el sueño de poder encontrar un paraíso, construido por los demás, como salida. Pero muchas veces, ese edén no es otra cosa que un camino hacia la muerte.

Boleto al paraíso es una película de huidas, de escapar de una pasado insoportable, algo que vamos viendo en cada personaje con el que se cruzan los protagonistas. Cada cual está atado por su pasado, agobiado y enclaustrado por ser lo que es y no lo que quiso ser. Así que los consejos que dan, los caminos que señalan, se hacen inútiles para los jóvenes que los miran con distancia. Estos personajes que se cruzan son intensos y aprovechan su brevedad para dejar una marca en la película. Sin duda mucho tienen que ver los actores y actrices, de mucho peso dentro de la filmografía cubana, que se han encargado de interpretarlos: Jorge Perugorría, Blanca Rosa Blanco, Osvaldo Doimeadios, Enrique Molina, Beatriz Viña, Samuel Claxton, Paula Alí, Natalia Herrera, Mario Limonta, Rafael Lahera y Laura de la Uz.

Sin embargo son los jóvenes los que sujetan el drama. Miriel Cejas realiza un trabajo conmovedor, con una excelente capacidad de transmitir sus sentimientos a través de su mirada. Son sus ojos, y sus pequeños gestos, los que dan fuerza a la película. Junto a ella también destacan Héctor Medina Valdés y Dunia Matos. El primero por esa capacidad de transmitir una rebeldía encerrada por dentro siempre a punto de explotar y la segunda por esa fortaleza con la que construye su personaje de joven dura que consigue fijar el equilibrio del grupo con tanta camaradería como afecto.

Entre los secundarios destacar otras cuatro interpretaciones: la de Luis Alberto García como ese padre que persigue a su hija para que vuelva y que todo siga en los patrones establecidos por él; o la de Alberto Pujol que da vida a un taxista repulsivo capaz de conseguir con sus actos uno de los principales giros de la película; y las de las jóvenes Saray Vargas que nos enseña la realidad, ese esfuerzo necesario que hay que aplicar cada día para seguir adelante, y Ariadna Muñoz que tiene un papel de una intensidad tremenda que prepara el desenlace de la película en la trama más dura.

La intención de Boleto al paraíso es la de devolver la historia hacia el espectador, hacia su propia mirada, sin permitirle huir de aquello que tiene delante, como si estuviera viendo un documental. Eso es precisamente lo que la hace incómodo su visionado porque hace sentir todo un camino en picado cargado de dolor y obliga a reflexionar. Esa es la magia del cine cuando está bien hecho, que permite aprender interiorizando las historias de otros.

A modo de pequeño anecdotario: Gerardo Chijona conoció al doctor Jorge Pérez durante un viaje a San Francisco en el que se hicieron amigos. Un día, Pérez le entrego a Arjona un manuscrito para que lo leyera en calidad de editor. Se trataba de diferentes testimonios desgarradores que el médico había recogido de su trabajo con pacientes afectados de sida mientras fue director del sanatorio de Los Cocos (Santiago de las Vegas) en los años 90. Aquel manuscrito terminó convirtiéndose en un libro titulado SIDA: Confesiones a un médico.

El libro impresionó al director y le sirvió de inspiración para idear la trama de Boleto al paraíso. Para ello tomó y mezcló dos de las historias que convirtió en la semilla del largometraje. De esta forma ninguno de los personajes que están en la película existió en la vida real y las historias de cada uno de ellos y la manera en que se cruzan sus vidas son fruto de la imaginación del director y sus guionistas.

jueves, 19 de enero de 2012

José K. Torturado, nunca se puede justificar la tortura

Llega a los escenarios José K. Torturado, el texto de Javier Ortiz para contarnos que la tortura no es nunca admisible. No hay casos excepcionales


Martes 17 de enero de 2012. Teatro Español. Madrid


Cartel de la obra José K. Torturado
Cartel de la obra José K. Torturado
Hace algún tiempo escuché a Sandra Toral hablar sobre unas conferencias organizadas por la Coordinadora para la Prevención de la Tortura a las que ella había asistido como oyente unos años atrás. Contaba que pensaba que todos los presentes en aquellas charlas estaban contra la tortura. Entonces, el periodista Javier Ortiz tomó la palabra para venir a plantear un caso hipotético y debatirlo. A la puerta de un colegio un individuo ha colocado una bomba que va a causar una gran masacre. La policía le detiene. «¿Qué hacemos con ese individuo?», preguntó el periodista. La gente se enfureció, grito que era una pregunta con trampa, algunos asumieron que era lícito usar la tortura por un bien mayor… Sin duda es una pregunta tensa. Pensó entonces Sandra que aquella hipótesis debería convertirse en una obra de teatro porque quien está contra la tortura lo está en todos los casos. Así que persiguió a Javier Ortiz para que la escribiera. Lo hizo, le dio profundidad a lo que solo era un ejemplo explicativo y así surgió el texto de José K. Torturado, del que se hizo una lectura dramatizada en 2005 y se terminó publicando en 2010 por la editorial Atrapasueños. Desde aquellas conferencias viene Sandra Toral peleando por llevarlo a los escenarios, algo que finalmente logró el pasado 7 de octubre de 2011 en Girona.

Javier Ortiz, el autor, fue un columnista ejemplar a quien leí a diario en su blog El dedo en la llaga hasta el mismo día de su muerte, que él personalmente se encargó de minimizar con un artículo lúcido, cargado de sueños sencillos y de vida. Un hombre reflexivo que siempre sabía encontrar el punto de vista que distorsionaba la foto, capaz de desmenuzar cualquier pensamiento e incluso darle la vuelta, desde el respeto y la inteligencia. Aquellas lecturas me sirvieron para fortalecer argumentos propios y para encontrar fisuras y grietas en ellos que debía reparar. Me obligaba cada día a apuntalar mis ideas, haciéndolas más fuertes, más completas, más razonadas. Han pasado casi tres años de su fallecimiento y aún echo de menos su mirada crítica que siempre iba un paso más allá.

No es extraño que estuviese deseando ver José K. Torturado sobre los escenarios. Hace tiempo que lo esperaba y la representación cumplió las expectativas.

Pedro Casablanc en una escena de José K. Torturado
Pedro Casablanc en una escena de José K. Torturado
Cuando se descubre el telón, aún a oscuras, flota en el aire una cierta tensión. Vemos una caja de metacrilato transparente, de pequeñas dimensiones. En su interior hay un hombre desnudo, sentado sobre un cilindro metálico. Lleva las manos esposadas a la espalda, cadenas en los pies. Se enciende un luz dentro de la caja que ilumina parcialmente al preso. El público se encuentra a su espalda y sin tiempo para procesar lo que va viendo escucha decir al reo: «Mi nombre es José. Mi apellido no importa. Me llaman José K. Soy José K. y he sido torturado». Su voz suena con un ligero eco que la amplifica, encerrada como está dentro de una caja.

Quien dice estas palabras no es un hombre bueno, es un terrorista experto, con treinta años de práctica, con muchos atentados sobre su espalda, con sangre en las manos. No es inocente, pero no por ello ha perdido su condición de ser humano. El dilema está planteado y servido; por un lado tenemos al terrorista que acaba de poner una bomba en la Gran Plaza y por otro las fuerzas de seguridad del Estado que tienen la «obligación» de extraerle la información para evitar la masacre. Y el factor del tiempo que se va haciendo más decisivo según va transcurriendo.

La obra no presenta el discurso del Estado, que viene siendo plano y nos lo sabemos todos: sólo se aplicará a terroristas, es una necesidad de estado que salva vidas, hay casos en los que el fin justifica los medios, no supone nunca torturar inocentes... Es necesario ver el otro lado, pero ¿cuándo antes se había dado voz en un escenario a un terrorista?, ¿quién se había atrevido a presentar a alguien que siembra el terror y dejarle hablar? Javier Ortiz, en José K. Torturado, lo hace y consciente de la dificultad trabaja con mayor profundidad para lograr la intensa construcción del terrorista como personaje. Es inteligente la forma de elaborar el discurso, resultando siempre realista para obligarnos a ver las contradicciones de nuestra sociedad sobre la tortura. Sorprende la crudeza con la que se nos cuenta, sin buscar remansos de tranquilidad. Es un puñetazo tras otro.

Estamos frente a lo peor de la sociedad, enfrentados a un monólogo donde el terrorista va esgrimiendo sus argumentos, donde va hablando de los errores del Estado, de la necesidad de combatirlo, de su elección de la vía violenta, del esfuerzo que eso supone, de la conciencia, de sus comparaciones... Es un hombre equivocado, repulsivo incluso, pero no deja de ser humano, con sus derechos intactos. El mal que hace no justifica que se le aplique la menor de las torturas.

Según avanza la obra, se hace más directa. Su monólogo busca de oídos que lo escuchen, su cara aparece en la pantalla para que veamos en primer plano cada una de sus expresiones. La caja se va empañando con el sudor del reo, con el vapor de quien está encerrado que se va concentrando en las paredes y haciéndolas cada vez más opacas. Esa caja nos oprime a todos, nos enfrenta en soledad con lo que no queremos ver y nos hace preguntarnos si todo vale, si hay excepciones.

La historia, como la escenografía, resultan impactantes. José K. Torturado estremece y sobrecoge. Es una sacudida a la conciencia para saber que es lo correcto. Y en esa conmoción mucho tiene que que ver el actor Pedro Casablanc que se luce, pues su trabajo es generoso y potente para sostener a un ser repulsivo que mata y que defiende su postura asesina, algo que resulta espeluznante. Su excelente interpretación resulta esencial para sostener la fuerza del texto y sus intenciones. El desgaste y el sufrimiento se hacen tangibles a través del actor e inundan al espectador.

Independientemente del debate sobre si la tortura es eficaz o no, que la obra bordea, nos lanza preguntas directas: ¿Qué hacemos, justificamos el uso de la tortura? ¿Es lícito aplicarla para evitar un mal mayor? Si respondemos que sí es que creemos en la tortura y estaremos justificando una pequeña grieta que la ampare. Cierto que es duro, pero lo correcto es pedir que a José K. no se le torture. Ni a él ni a nadie. No podemos ser tan despiadados.

A modo de pequeño anecdotario: El texto de Javier Ortiz tuvo una lectura dramatizada el 11 de abril de 2005. Fue su verdadera puesta de largo como autor teatral. Entonces, aquella lectura la dirigió Sandra Toral, que también produce la representación actual, y la dramatizó con su voz Ramón Langa, al que acompañaron Paco Merino, Andoni Ferreño y Juan Jesús Valverde. El lugar, Madrid, en la Sociedad General de Autores.

lunes, 16 de enero de 2012

Mein Kapital, sociedad alienada de individuos vencidos por la producción

Tranvía Teatro, Teatre Tantarantana y Teatro del Astillero firman un proyecto conjunto comprometido con el presente


Sábado 14 de enero de 2012. Sala Cuarta Pared. Madrid

Cartel de la obra de teatro Mein Kapital
Cartel de la obra de teatro Mein Kapital
Nacemos en el mundo que nos toca. Crecemos para luego vivir en el lugar de nuestras incapacidades, ése que no hemos sido capaces de cambiar, el que aceptamos como mal menor. Vemos sus tripas, lo feo y sucio que es, el daño que nos hace y aún así lo asumimos vencidos sin remedio. Vivimos en el mundo que ha construido el capitalismo sobre nuestra indiferencia, un espacio en el que los productos generados por el ser humano dominan al propio individuo que los produce, un lugar para el dinero que destroza a las personas. «Explotar» es el verbo que describe nuestro tiempo, «esperanza» era un sustantivo perdido.

El capital lo ensucia todo y el consumismo, ese afán desenfrenado por acumular, comprar y consumir bienes y servicios que en realidad no necesitamos, se convierte en la única cara de la «felicidad». La satisfacción personal se compra con dinero, inmersos como estamos en un sistema económico por encima del ser humano, que deviene y toma el control político de la sociedad. Es el estatus social quien nos somete. Conseguir ese prestigio social es un tema de riqueza, de competencia rigurosa y sangrienta por adquirir lo último, lo más nuevo, lo que resulta chic... No importa comprometer los recursos naturales, no importa su distribución, ni dejar abandonados por el camino los ideales, solo la acumulación, nuestro ego por encima de cualquier equilibrio y a los demás, debajo, aplaudiendo.

No hay divergencia, no hay crítica en los medios, a esta política neoliberal que impera y destruye. Las voces que nos avisan son acalladas sistemáticamente, siendo tratadas como si provinieran de locos o estúpidos. El pensamiento único es nuestra derrota porque hay alternativa y es el tiempo de aplicarla.

Del Tranvía Teatro, Teatre Tantarantana y Teatro del Astillero, de su trabajo colectivo, de un encargo a autores comprometidos con nuestro siglo, surge un texto con deseo de despertarnos, escrito para hacernos pensar. Mein Kapital es una obra compuesta por ocho piezas de distintos autores. A todos ellos se les encargó una escena inspirándose en El Capital de Carlos Marx. El resultado transciende sobre el escenario, llamando la atención. No se trata de anécdotas banales, sino de un teatro que desnuda la esencia del ser humano, la piltrafa en la que el sistema lo ha convertido.

Teresa Urroz, Alfonso Pablos y Ana García en una escena de Mein Kapital
Teresa Urroz, Alfonso Pablos y Ana García en una escena de Mein Kapital
No hay piedad posible: el mundo que conocemos solo puede ir camino de la destrucción. Se acaba el estado del bienestar y el trabajo, el mercado manda, Occidente está en crisis, la productividad se hace ley para que el poder pueda continuar la explotación, se ridiculizan las ideologías pues solo el capitalismo se presenta como solución... y el mundo se termina haciendo inhabitable para las personas. Cada autor va desgranando en Mein Kapital las relaciones que establece el poder, mostrando como el ser humano se va diluyendo vencido y deshumanizado, sin capacidad de reacción. Luis Miguel González Cruz funciona como hilo conductor con un curso de selección y preparación ideológica para quienes tendrán la suerte de huir de esta catástrofe y habitar Marte, la posibilidad de una generación sin prejuicios que haya aprendido de los errores del pasado. Inmaculada Alvear nos habla de cómo nos sometemos, adaptamos y asumimos lo inadmisible, de qué forma nos dejamos vencer al relegar nuestros principios y entrar en la rueda de las modas, de cómo abandonamos nuestra esencia y nos quedamos sin voz, sin ejemplos para los que vengan detrás. Francesc Cerro‐Ferran nos muestra dos hombres abandonados que perviven enfrentando sus dudas ideológicas, buscando resolver las contradicciones desde los cimientos de sus principios y con el deseo de emprender, armados con un tuba y la fuerza de sus convicciones, la batalla final, dialéctica y física, contra el capitalismo. Marta Buchaca tira de ironía para contarnos el regreso por la puerta de atrás de los hijos al hogar de los padres; vuelven ahora que se han quedado sin trabajo y esta fragilidad permite el abuso de los progenitores, carcomidos ya por el consumismo. Raúl Hernández Garrido nos narra un mundo extinguido en el que el ser humano desapareció sin saberlo cuando dejó de hacerse preguntas sentado en un sofá y consumiendo telebasura. Helena Tornero nos habla de que un trabajo es una suerte inmensa y que por tanto debemos subyugar nuestra vida al trabajo; lo importante ya no es vivir, sino trabajar para vivir. Daniel Martos nos angustia descubriendo que el capitalismo lo cambia todo, incluso el núcleo familiar, que ya no es esa burbuja de seguridad frente a los problemas del mundo. Albert Tola, por su parte, nos describe a una periodista a la que le queda un último instante de lucidez, que se enfrenta en su último artículo arremetiendo contra la sociedad de consumo e inmolándose a la vez por quedarle dos cosas: capacidad de expresión y conciencia.

Si los textos hacen reflexionar, el buen trabajo de Teresa Urroz, Laia Martí, Daniel Martos, Alfonso Pablo y Ana García, sus cinco intérpretes, consigue desmigar cada uno de los personajes y dotarlos de la intensidad necesaria para hacer tambalear la línea de flotación del espectador con el objeto de que se haga preguntas, de que indague, de que compare su mundo con el espejo del escenario. Un trabajo complicado, de muchos cambios de vestuario, de meterse en unas cuantas pieles diferentes, de dar paso a un sin fin de géneros, de tomar perspectiva y dejarse el alma en una historia profunda.

Mein Kapital es una obra necesaria, que agita la conciencia y que va más allá del vacío entretenimiento. Es una obra para nuestras conciencias.

A modo de pequeño anecdotario: Mein Kapital es una obra por encargo. Tres compañías -Tranvía Teatro (Zaragoza), Teatre Tantarantana (Barcelona) y Teatro del Astillero (Madrid) se ponen de acuerdo y encargan a ocho de sus autores escribir una pieza teatral corta teniendo como inspiración El Capital de Carlos Marx. Es así como Inmaculada Alvear, Marta Buchaca, Francesc Cerro‐Ferran, Raúl Hernández Garrido, Daniel Martos, Albert Tola, Helena Tornero y Luis Miguel González Cruz construyen una obra colectiva.

Después, el mismo espíritu, lleva a las tres compañías a sumar esfuerzos y personas para poner en escena Mein Kapital de una forma compartida. Se elige Zaragoza para los ensayos, como una respuesta natural y lógica. Allí se cierra la obra.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Estreno del cortometraje Vida Parada

Una comedia social en diez minutos


Martes 20 de diciembre de 2011. Escalera de Jacob. Madrid


Cartel de Vida Parada
Cartel del cortometraje Vida Parada
A la Isla Inexistente le toca hablar de sí misma. Esta noche presento en el Festival Cortos con Ñ mi primer corto: Vida Parada, una comedia social en diez minutos. Digo social porque habla de la distribución de la riqueza, y digo comedia porque he tratado de contar la historia desde el humor.

Aprovecho también para dar las gracias al equipo por todo el trabajo que han realizado; a ellos les debo que este sueño se haya convertido en una realidad.

No me extiendo más, hoy no me toca hablar, así que os dejo con lo que ha dicho José Luis Mora, responsable de Cortos con Ñ, sobre Vida Parada:

«Vida Parada, de Vier Castellanos.
Con Amanda Guadamillas, Jesús Monroy, José María Alfaya, Jorge Navarro, Emna M. Quintro Niño, Virginia Fernández y Alejandro Figueroa.

Marta es una mujer en paro. Se siente sola e inútil. No sabe qué hacer con su vida. Siguiendo a un viandante encuentra la solución...

Con un envoltorio de tragicomedia costumbrista de corte clásico que tan bien se nos da hacer a los españoles, Vier Castellanos nos regala a todos los espectadores una deliciosa historia sobre gente, tan normal y corriente como la mayoría de nosotros, que descubre cómo una decisión impulsiva podría cambiar su vida para bien. El guión es brillante, está repleto de una gran carga de crítica hacia muchas cosas que no funcionan en nuestra sociedad; pero también es un guión escrito con un tono tan amable y los personajes que protagonizan el corto son tan humanos que no podemos si no sentir una enorme simpatía por ellos y por lo que hacen.

La narración funciona muy bien y el realizador sabe muy bien cómo tocar cada tecla para conectar con los espectadores. Vida Parada, además de resultar un buen vehículo de crítica social, entretiene tanto por cómo está contada la historia como por el estupendo trabajo realizado por Amanda Guadamillas y Jesús Monroy, dos actores como la copa de un pino que brillan en cada cortometraje en el que participan. Y aquí, lo que nos ofrecen a los espectadores es una actuación tan real como la vida misma. Le dan a cada personaje todos los matices que necesitan y les imprimen tal dosis de ternura que, como suele decirse, sus creaciones traspasan la pantalla.

Éste es un cortometraje redondo en todos sus sentidos y para nosotros es un honor que nos hayan elegido para realizar su estreno oficial.»

jueves, 1 de diciembre de 2011

Cantautores por Tele K

El apoyo a una emisora necesaria que el 16 de enero volverá a las ondas


Jueves 1 de diciembre de 2011. Auditorio Marcelino Camacho de CC.OO. Madrid


Cartel de presentación del concierto en apoyo de Tele K
Cartel de presentación del concierto en apoyo de Tele K
Los preámbulos y la palabra antes de la música

Pepe Tarduchi se encargó de presentar el concierto. No podía empezar de otra manera, por el lugar en el que estaba, que recordando a Marcelino Camacho, un sindicalista y un hombre como pocos, de esa docena de personas que no pueden olvidarse nunca. De Tele K dijo poco y a la vez mucho, que es la expresión popular de un barrio con capacidad de autogobierno: Vallecas.

Javier López, secretario general de CCOO de Madrid, explicó que debe ser una exigencia de todos reivindicar la vuelta de Tele K a las ondas, que ahora que se celebra el aniversario de la Constitución debemos pensar en qué es lo que se homenajea desde los poderes políticos y recordar por el contrario lo que costó conquistar los derechos que recoge y lo fácil que resulta perderlos.

Por su parte, Manel Calbet, presidente de Ràdio i Televisió Cardedeu, se sumó a este acto para apoyar a Tele K desde una emisora que empezó en el 80, en una pequeña población, como medio de expresión de sus ciudadanos y que sigue emitiendo. Señaló que Tele K es una alternativa necesaria tanto a la telebasura como a las cadenas propagandísticas de los políticos.

Luis Pastor, el sentimiento arraigado y la lucha que no cesa

Luis Pastor tomó su guitarra y se acercó al micrófono para empezar recordando que viene de una generación cuyos padres fueron emigrantes que vinieron a Madrid desde muchos puntos de España para ganarse un sustento. Vallecas fue uno de los lugares que les acogió. Para aquella generación, aquel barrio se convirtió en la imagen y el recuerdo de la lucha colectiva, de los movimientos vecinales y de la solidaridad. Recordó que Vallecas en los 70 añoraba una utopía: convertirse en un puerto de mar independiente, así construyó su imaginario, fruto del cual es la batalla naval que se celebra todos los años. Tele K es otra de las utopías, un medio independiente, libre, cercano, de izquierdas; una bandera que nos une y que es necesario defender.

Él lo hace, como ha venido haciéndolo siempre, con responsabilidad y desde sus canciones. Está preparando un disco nuevo del que recitó Qué fue de los cantautores, el tema que le dará título, una declaración de que él sigue en pie, de que aquel espíritu de lucha contra la dictadura aún respira.

Con su inseparable Lourdes Guerra a su lado y haciendo los coros se arrancó con Vengan a ver (Vallecas 75) y después, a capela, golpeándose el pecho como cajón de percusión que marca el ritmo, cantaron Mariposa que dedicaron al poeta chileno Nicanor Parra que recientemente ha sido galardonado con el premio Cervantes y a su hermana, Violeta Parra.

Lourdes Guerra, Pedro Pastor Guerra y Luis Pastor en un momento del concierto
Lourdes Guerra, Pedro Pastor Guerra y Luis Pastor en un momento del concierto. Foto por cortesía de Pedro Pastor
Después, para el siguiente tema, llamó al escenario a su hijo, Pedro Pastor. Los dos, bajo la mirada atenta de Lourdes, afinaron sus instrumentos: Pedro la guitarra y Luis el timple canario. Lo hicieron sin prisa, con meticulosidad, entre bromas, empezando de nuevo y cuando todo estuvo a su gusto, lo tres nos ofrecieron En las fronteras del mundo, un himno a la integración y el ser humano.

Pedro Pastor, la saga continúa

Los padres se fueron y se quedó solo el hijo. Se presentó con soltura y avisó que estaba aquí para «romper el esquema de estos mayores». Tiene diecisiete años y apunta maneras, sabe incorporar nuevos ritmos a esto de ser cantautor. Para empezar se arrancó rapeando Creer, soñar… un tema que comienza con la estrofa: «Yo creo en Libia y creo en Palestina». Después hizo otros dos temas, uno de ellos definido como funky. Actúa con descaro, moviéndose cómodo sobre el escenario, con garbo, y bromeando con el público. Repitió su nombre una y otra vez, sabedor de que la repetición –con un poco de humor– hace memoria. Para cerrar eligió un tema que escribió la semana pasada: Viva la libertad.

El titular: El 16 de enero vuelven a las ondas

Pepe Tarduchi regresó al escenario para oficiar de maestro de ceremonias con humor, con el mismo que se cantó a capela Yo soy banquero, una versión libre del Soy minero de Antonio de Molina.

Tras él tomó la palabra Paco Pérez, el alma de Tele K y uno de sus rostros más reconocibles. Anunció que traía un titular: «Después del apagón llega la luz, el 16 de enero, lunes, Tele K va a volver a las ondas» para demostrar que otra televisión es posible. Agradeció la participación de los presentes por tener esa consciencia de que Tele K es una necesidad, la de tener una televisión crítica, ciudadana e independiente. Se necesitan las manos de todos, las de los indignados, las de las gentes de los barrios y también las de unos sindicatos fuertes.

Marcó el concierto como algo histórico, cuya recaudación resulta vital para el sostenimiento de la cadena, les sirve para ponerse al día en sus cuentas y que puedan transmitir en esta tecnología tan cara. Agradeció la labor y apoyo del Ateneo Republicano de Vallecas. Después al propio barrio que definió como una comunidad imbatida, una metáfora de la utopía, un ejemplo de dignidad y un maestro que a él le ha enseñado todo, empezando por la lucha. La chabola mediática que es Tele K sigue adelante.

Ismael Serrano y Manuel Cuesta en un momento del concierto
Ismael Serrano y Manuel Cuesta en un momento del concierto.
Foto por cortesía de Manuel Cuesta
Manuel Cuesta, un cantautor con estilo de rockero

Al cantautor sevillano Manuel Cuesta le tocó retomar la parte musical. Presentó temas de La vida secreta de Peter Parker, su último disco que prometió vender en persona a la salida del concierto. Abrió, guitarra en mano, con Bailando en una nube de cartón. Es un cantautor de voz potente y estilo rockero, que se mueve entre lo íntimo y lo social.

Para se segundo tema, Teoría del Caos, solicitó la colaboración del público, con el que ensayó el estribillo. No quedó mal y lo cerró cantando al público sin micro los últimos versos. Cambió de disco, se fue a Días Rojos para hacer Cuando despierte esta guerra un canto que surgió tras la caída de las Torres Gemelas y que habla de hacer el amor en lugar de la guerra. Volvió a su último disco para el siguiente tema, Baílame el agua, uno de los más potentes y mejor trazados musicalmente y que acompañó tocando la armónica. Para despedirse invitó al escenario a Ismael Serrano y juntos hicieron Tu risa en la Alameda.

Ismael Serrano, un militante vallecano de la memoria

Se quedó solo en el escenario Ismael Serrano con su guitarra. Antes de nada quiso expresar que para él resultaba un placer compartir el escenario con maestros y amigos apoyando a Tele K. Recordó que tuvo un programa allí que se llamaba Cualquier noche puede salir el sol. No olvidó lo mucho que aprendió en Tele K y en el barrio. «La indignación la inventó Vallecas» y a él le dejó un sentimiento de clase adherido a la conciencia. Un barrio de obreros, de dignidad incuestionable y legendaria. Saludó a los trabajadores de Tele K y les dio las gracias.

Tocó Te vas. Se acordó de Urdangarín y Marcichalar, a los que el republicanismo debería rendir un homenaje por lo mucho que están haciendo por la causa republicana y después hizo Al bando vencido, al que siguieron Ya ves y Dónde estarás.

Tomó de nuevo la palabra antes de cantar Papá cuéntame otra vez, un reproche de su generación a la de sus padres, por haber renunciado a la utopía, pero también a la suya, pues también le corresponde asumir gran parte del desastre que habitamos. Ismael aún cree en los sueños, en reivindicar aquellas mismas utopías que dejamos caer. Sigue cantando este tema porque continúa militando en la memoria y la reivindica para construir una identidad propia y como una herramienta de futuro. Y también porque es un homenaje a los que siguen en la primera línea de combate desde entonces, sin resignarse. Porque vendrá una nueva generación que llenará las calles. Porque es un relato que ahora empezamos a construir entre todos exigiendo una nueva sensibilidad a los políticos.

Luis Eduardo Aute: fe, curiosidad y criterio propio

Luis Eduardo Aute fue el encargado de cerrar el concierto. Explicó que le resultaba estimulante que después de esta derrota y fracaso que vivimos hoy, el teatro estuviera lleno. Bromeó diciendo que habían decidido dar cinco conciertos más, porque si con este se ayuda a salvar a Tele K, bien podría darse que con la recaudación del resto pudiéramos comprar Prado del Rey. Avisó que vienen tiempos un tanto extraños, donde parece que se va a derrumbar, que solo nos quedan nueve días para una nueva catástrofe financiera. Pero en realidad lo único que ocurrirá es que nos quedaremos con el culo al aire. Con este preámbulo, a modo de causa, presentó La intemperie.

El siguiente tema Giraluna se lo dedicó a los que tienen fe, no pierden la curiosidad y mantienen su criterio propio, porque tendrán su recompensa. Para La belleza no necesitó presentaciones, ni tampoco para hacer el ultimo tema: Al alba, que cantó a capela, con el hermoso coro de todo el público como un susurro infinito de dignidad y memoria. Al terminar sonó el mayor aplauso de la noche con el público puesto en pie.

A modo de pequeño anecdotario: Con motivo de que Tele K vuelve a las ondas el lunes 16 de enero de 2012, el viernes anterior, día 13, en la sala Hebe se celebrará La Fiesta del Retorno de Tele K, en la que participarán Motociclón y Wyoming y Los Insolventes.