miércoles, 13 de abril de 2011

Santiago Alba Rico publica sus crónicas sobre la Revolución Tunecina

Túnez, la Revolución, las crónicas de cuando la Qasba se convirtió en la plaza más hermosa del mundo, la que reunió toda la memoria revolucionaria de la historia


Lunes 11 de abril de 2011. Librería Traficantes de sueños. Madrid


Portada del libro Túnez, la Revolución de José Daniel Fierro y Alma Allende (Santiago Alba Rico)
Portada del libro Túnez, la Revolución de José Daniel Fierro y Alma Allende (Santiago Alba Rico)
Para presentar Túnez, la Revolución acompañan a Santiago Alba Rico el tunecino Farouk Jhinaoui y la española Teresa Aranguren. Dice Alba Rico de Jhinaoui que le ha ayudado mucho a entender la realidad de lo que pasa en Túnez y que siempre lo ha hecho de una forma cariñosa y atenta. Añade que es un hombre de izquierdas que vive en España, comprometido con los procesos revolucionarios del mundo árabe.

Jhinaoui, cuando comienza su intervención, no sabe por dónde empezar: «son tantos detalles, son tantas historias». Elige la última semana de febrero, cuando aquí se dejó de informar pues el foco de las noticias internacionales fue movido por los medios hacia Egipto, luego a Libia y finalmente a Japón. En aquella semana tuvo lugar la segunda ocupación de la Qasba, lo que supuso un acto que formuló seis peticiones políticas elementales. De aquella ocupación se logró hacer caer el gobierno y establecer uno nuevo provisional con el único fin de elaborar una ley electoral con la que poder convocar elecciones que formen una nueva Asamblea Constituyente. No fue gratis, hubo enfrentamientos, hubo muertos. Jhinaoui habló del Consejo para la Protección de la Revolución como órgano que articula el cambio, un Consejo en el que participan todas las organizaciones políticas del país y dónde no hay exclusiones. También de la importante presencia de la Central Sindical como motor de la revolución. Habló de consenso nacional como único camino emprendido para la toma de decisiones, de lo lento que resulta el proceso, de la esperanza que emana de él... Cuenta que hay muchas cosas que no sabían hacer porque han pasado de una larga dictadura a una falta absoluta de presencia de control policial en las calles. Han echado a todo el mundo y, los propios ciudadanos desde las organizaciones locales, van a empezar a organizarlo todo. Lo cierto es que funciona. Están aprendiendo a hacer política, a gestionar y sobre todo a dialogar. Esos son los pequeños pasos que van dando. Están preparando la ley electoral, no saben si listas abiertas o cerradas, pero tienen claro que deben ser paritarias: un hombre, una mujer, una mujer, un hombre. También tienen que haber un sitio para los jóvenes.

Farouk Jhinaoui, con una gran sinceridad, se encoge de hombros y dice que no sabe lo que pasará, que todo es muy agotador porque se pasan el día discutiendo; hay que estar en muchos detalles que les resultan nuevos a los tunecinos. Señala que se han pasado mucho tiempo haciendo activismo, pero que no aún no saben cómo se hacen las leyes: «Túnez nunca ha sido una país democrático. No sabemos como serlo», pero se han puesto en camino. Advierte Farouk Jhinaoui que los tunecinos no son socialistas, ni progresistas, que nunca tuvieron la posibilidad de discutir de política. Agradece a la izquierda española, que, aunque es pequeña, haya apoyado con fuerza la Revolución de Túnez. Los islamistas siempre han estado en Túnez, no es posible excluirlos, hay que ver como se les integra. Dice Jhinaoui que están ahí y que representan a mucha gente. El camino que ha de seguir la Revolución lo deben hacer con todas las fuerzas políticas y con el diálogo.

Túnez: Qasba revolucionaria (Foto: Ainara Makalilo)
Túnez: Qasba revolucionaria (Foto: Ainara Makalilo)
Teresa Aranguren destaca de todo este movimiento que haya partido de lo que tienen y no de una realidad que no existe. Es una verdadera Revolución, pues se está mejor en las calles que en las casas. De Túnez, la Revolución señala que refleja un modo de pensamiento que se preocupa por «conocer lo que ocurre preguntándose cómo ocurre mejor que por qué»; es una forma de aproximación más humilde. Describe el libro como un diario de la Revolución tunecina que va detallando cómo pasan las cosas y lo hace a través de seres humanos concretos. No desde la anécdota, sino que se convierte en un forma de transmisión más honda, porque se cuenta desde dentro, estando presente y sintiéndose parte de lo que está ocurriendo. Se limita a ser una crónica informativa.

Aranguren señala que los medios de comunicación se han mostrado sorprendidos y han manifestado sus reservas, preguntándose siempre dónde están los islamistas. Pero lo que estaba ocurriendo era que la ciudadanía se había puesto en pie. Una ciudadanía variopinta, harta de la falta de libertad, cansada de ser humillada y sometida. Un universitario que se inmola porque ya no puede aguantar más provoca la ira y las movilizaciones que tumban la dictadura de una manera civilizada. Los tunecinos alzan su bandera, la misma que levantaron contra la colonización en su emancipación. Nada está escrito, no sabemos que ocurrirá, pero el status quo previo se acabó.

Cuando Santiago Alba Rico toma la palabra, agradece las palabras previas de sus amigos y lo hace porque han hablado de lo que cuenta el libro y no del autor. El libro lo publica la editorial Hiru y recoge fotografías de Daniel Fierro y las crónicas de Alma Allende, el heterónimo que utilizó Santiago Alba Rico. Son crónicas que hablan de una Revolución, de una justicia espontánea y de mucha generosidad. Para escribirlas utilizó como eje visual las imágenes que iba captando Ainara Makalilo. Son fotografías intensas que recogen una realidad que ya no existe, pues cada tras desalojo lo limpiaban todo en unas horas. La Qasba se convirtió en la plaza más hermosa del mundo, donde se reunió toda la memoria revolucionaria de la historia. Recuerda una pintada que decía «Pueblo, la historia nace bajo tus pies sólo si caminas». Pero ya no quedan esa huellas en la plaza.

Santiago Alba Rico en un foto de archivo
Santiago Alba Rico en un foto de archivo
Respecto al estallido de la Revolución siente que le pilló un tanto por sorpresa, Túnez era un país en el que nunca ocurría nada. Sin embargo, lo realmente sorprendente es que no hubiera sucedido antes. Se trata de una segunda independencia, la necesidad que tienen de apropiarse de su propio país. Haciendo una cronología, el autor defiende que hasta el 14 de enero hubo una revuelta, y a partir de ahí se debe considerar una Revolución, pues surgen luchas políticas y sociales, justo cuando la prensa abandonó su mirada y se la llevó a otro sitio. ¿Qué tenían antes de todo esto? Paro, pobreza y una miseria moral, algo que ha caracterizado a todas las juventudes que han participado en las revueltas árabes de los distintos países. Irrumpen rompiendo todos los clichés preestablecidos sobre esa zona y eso es una gran noticia. No son revueltas socialistas, son revoluciones sociales y democráticas. Los medios no entienden que estos pueblos hayan salido a la calle porque quieren democracia y afirman que si lo han hecho es porque están manipulados. Ese es uno de los grandes malentendidos, el otro está relacionado con la solidaridad y la conciencia de unidad que está marcando todos estos procesos de emancipación, otro concepto que Occidente no entiende en esa zona.

Hay fracturas sociales que vuelven. Sin embargo lo ocurrido y lo que seguirá ocurriendo en Túnez y en el mundo árabe marcará el siglo XXI, pues involucra a más de 100 millones de personas. Son Revoluciones que dan preferencia a lo general sobre lo específico, que nos ponen en aprietos por lo inesperado, porque tienen otra mentalidad. Miramos a ver como se organizan las izquierdas árabes, esperamos la forma en que las apoyen las izquierdas latinoamericanas y occidentales. Vamos observando grandes amenazas, el peligro de una contrarrevolución. Sin embargo en dos semanas han hecho mucho más de lo que hizo España en 35 años. Debemos hablar de sus logros y también estamos obligados a evitar que los gobiernos extranjeros impongan una evolución parecida a la nuestra. La Unión Europea esta cuidando de que en Túnez continúe la misma política privatizadora e inmigratoria de Ben Alí.

¿Por qué escribió bajo un seudónimo? En cierto modo tiene que ver con una cierta culpabilidad. Aunque Santiago Alba Rico vive en Túnez desde hace mucho tiempo, nunca había escrito nada sobre ese país. Había una censura férrea y por su compromiso político, cada vez que emprendía un viaje fuera de sus fronteras tenía temor a que no le dejaran volver. Al estallar las revueltas receló, pensó que si escribía podría ser expulsado. Su hija Lucía, que siempre había vivido en Túnez, se había traslado a España recientemente, donde ha comenzado a estudiar filosofía. Milita en Izquierda Capitalista y al estallar la Revolución Tunecina escribió un manifiesto. Santiago Alba le pidió que no lo firmase con su nombre, pues algún día querría volver a Túnez. Así fue como terminaron eligiendo el de Alma Allende. El primer artículo es de su hija, pero a partir de aquí, Alba Rico, sintió la necesidad de escribir sobre lo que estaba ocurriendo en Túnez. Aún cuando ya podía escribir con su nombre, decidió seguir usando el de Alma Allende. Confiesa que le ha producido mucho dolor acabar con ella y revelar su autoría.

Después respondió a las preguntas de los asistentes. Contó que el programa económico de los islamistas se resume como capitalismo más moral religiosa. Que las nuevas tecnologías no han sido la causa, aunque sí que han ayudado en las movilizaciones. Que Facebook aportó la velocidad de respuesta y permitió que se colgaran los primeros vídeos que mostraban lo que ocurría. Que hubo blogueros que fueron a la cárcel por difundir información los primeros días. Que han ayudado mucho los teléfonos móviles, algo cotidiano entre la población. Pero al final, las grandes manifestaciones las ha convocado la Central Sindical por métodos tradicionales.

martes, 12 de abril de 2011

¿Qué se debe fotografiar?

Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, una exposición impresionante de cuando la fotografía era un arma en la lucha de clases.

Una de las fotografías de la exposición
Una de las fotografías de la exposición Una luz dura, sin compasión.
El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939
Jorge Ribalta es un historiador de la fotografía que lleva mucho tiempo trabajando para rescatar el movimiento fotográfico obrero que surgió en 1926, un movimiento documental del proletariado antes de la II Guerra Mundial. Ha sido un trabajo largo y difícil de recopilar, pues durante el siglo XX se ha impuesto un gran silencio sobre este tipo de fotografía política y obrera. De su esfuerzo ha surgido la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939 que se puede visitar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía desde le pasado 6 de abril y hasta el 22 de agosto. La exposición es amplia, conformada por más de mil obras que incluyen instantáneas, series, libros, revistas, panfletos, carteles y películas con el objetivo de mostrar la cruda realidad en la que vivían aquellos obreros.

Se puede preguntar uno, recorriendo las paredes de la exposición, por qué tantas series. La respuesta es sencilla, el movimiento trataba de crear un elemento discursivo, para lo que una fotografía a veces resultaba insuficiente. El movimiento de fotografía obrera no es un movimiento periférico menor, sino que está en la línea de fuerza. Se quería construir un macrorrelato con pequeños microrrelatos que son las fotografías y las series. Quieren hacer visible lo social y para ello no buscan una imagen aislada, sino muchas que se complementen. Es el tiempo de convertir la fotografía en una arma de la lucha de clases que conduzca hacia el socialismo. Se plasma el horror de la miseria social y las condiciones precarias del proletariado. Un instante en el que se mezcla el arte, con lo político y su propaganda, donde la autoría se diluye porque se mezclan trabajos anónimos, colectivos... Donde la imagen aparece, desaparece y se transforma.

El movimiento de la fotografía obrera supone una identidad entre los autores y marca una modernidad fotográfica a partir de la fotografía directa y el estilo documental. La fotografía obrera es la raíz del documental y en aquel momento se trató de potenciar el documental desde dos corrientes divergentes. La primera perspectiva lo enfoca desde una socialdemocracia de tintes reformistas que pretende enseñar a los desfavorecidos para hacer con ellos una propaganda y señalar que el Estado se va a encargar de solucionar todos estas injusticias. La segunda es más revolucionaria, nos llama a tomar el poder superando el enfoque paternalista de la primera, resignificando el modelo de documental proletario.

Jorge Ribalta, comisario de la exposición, durante la visita guiada (Foto: Toni Gutiérrez)
Jorge Ribalta, comisario de la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, durante la visita guiada de presentación de la exposición (Foto: Toni Gutiérrez)
Se trata de una vanguardia artística, que no se puede ver separada de la vanguardia revolucionaria, que busca la democracia de las masas en cada una de sus fotografías y representaciones. Por primera vez señala el carácter público de la fotografía, en la que todavía existe un gran potencial político. Lo que vemos en la exposición es a la vez arte, conocimiento y política.

También presenta una crítica hacia lo institucional, pues se trata de obras que en muchos casos han sido realizadas como una creación colectiva y anónima. Frente a ello, nos encontramos con la concepción generalista de los museos, donde prima el artista con nombre y apellido. En este caso es una exposición de los excluidos que nos hace una pregunta directa hacia cómo construimos la historia.

Resulta sin duda una exposición moderna y nos habla de las relaciones de poder entre el fotógrafo y el sujeto desde otra óptica. Ahora no se pueden usar imágenes de otros si no media un pacto entre ambos. Un modelo que entonces no hubiera permitido tomar aquellas instantáneas. Ahora vivimos una época mercantilizada dónde falsamente pensamos que podemos hacernos ricos con los otros, donde nuestra imagen se ha convertido en mercancía canjeable.

Este movimiento surge en Alemania y en la URSS. Su inauguración se marca en el año 1926, cuando la revista alemana AIZ (Arbeiter Illustrierte Zeitung: diario ilustrado del trabajo) convocó un concurso invitando a los lectores para que aportaran fotografías que documentaran su situación, tanto en las fábricas como fuera de ellas, que contaran la vida proletaria. Son imágenes que por un lado muestran la belleza del trabajo y por otro el horror de la miseria social. La idea da pie a la revista Der Arbeiter-Fotograf y al movimiento Arbeiterfotografie (fotografía de los trabajadores). Simultáneamente, en la Unión Soviética nace la revista Sovetskoe Foto con la misión de construir el nuevo estado socialista creando una nueva cultura fotográfica soviética.

En 1929 empiezan a crearse las primeras asociaciones de fotógrafos obreros. Es una época en la que surge un arte proletario, con su poética y su difusión a través de los medios de comunicación que se ponen a su servicio. El público se convierte en autor y a la vez en productor de su propia obra al pasar a ser un colaborador para los medios. Sin duda este hecho supone una gran ruptura revolucionaria. Con ella surge la fotografía social, es el origen del foto-periodismo que aumenta la importancia de lo visual y se convierte en una fuerte oposición a la prensa burguesa. La primera parte de la exposición está dedicada a este periodo constituyente del movimiento que supone una especie de experimento artístico, que se desenvuelven en Alemania y en la Unión Sovietica y que abarca de 1926 a 1932. Sin duda el ejemplo más representativo es la serie 24 horas en la vida de la familia obrera en Moscú (Familia Filippov) que realizaron los fotógrafos Arkady Shaikhet, Max Alpert y Solomon Tules para publicar en Alemania. En 1931 se copió la idea, el fotógrafo Enrik Rinkel retrató a la familia Fournes, alemanes y proletarios. John Heartfield, artista pionero del fotomontaje, es un personaje vertebrador de este movimiento, y estará presente en toda la exposición, al igual que el cineasta holandés Joris Ivens. Se recogen también fotografías de Eugen Heilig y encontraremos los reportajes de Walter Reuter para Der Arbeiter-Fotograf.

A finales de 1931, AIZ distribuía una tirada de 500.000 ejemplares semanales. Sin duda ese año supone su momento culminante y también su punto final en Alemania con la caída de la República de Weimar y en la URSS al acabarse la revolución cultural.

Uno de los libros que forman parte de la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939
Uno de los libros que forman parte de la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939
La segunda parte de la exposición comprende los años que van de 1930 a 1935. El experimento se ha convertido en un movimiento político. En esta parte se observa como hilo conductor la expansión del movimiento de la fotografía obrera y la red que va creando en Centroeuropa. En 1933 y 1934 se celebran en Praga las Exposiciones de Fotografía Social I y II, en 1934 se publica el libro del checo Lubomír Linhart Sociální fotografie, en Budapest triunfan el círculo y la revista Munka que dirige Lajos Kassák, en Austria se edita la revista Der Kuckuck, en Inglaterra tenemos WIN -aunque allí se trató de un movimiento pequeño-, el auge en Holanda con fotógrafos como Eva Besnyö y el propio Joris Ivens, se presentan los trabajos de los húngaros Kata Kálmán, Kata Sugár y Judit Kárász. También llega a Estados Unidos con la Photo League americana que le añade componentes estéticos y donde encontraremos a Aaron Siskind, Harold Corsini, Morris Engel, Sid Grossman, Paul Strand con su marcado cariz político y Tina Modotti.

La última parte va de 1935 a 1939 y supone la transformación del movivimiento hacia una historia biográfica y generacional. Es la época del Frente Popular en Francia y de la Comuna de París. Tal vez se trata del último momento feliz antes de que el optimismo se acabase. Lo inmediato resultó ser oponerse al auge de los fascismos europeos. En este periodo el trabajador se convierte en soldado y finalmente en derrotado al caer todo el proyecto revolucionario con la Guerra Civil española que cierra esta exposición. De esta época es la revista francesa Regards en la que también publicó Heartfield y recogió los trabajos de Robert Capa, Louis Aragon, Henri Cartier-Bresson, Josep Renau, Eli Lotar... Es también el debate sobre el socialismo, donde surge una nueva iconografía de las clases sociales y un eco de la primera etapa del movimiento.

De la República Española y la Guerra Civil, se recogen diferentes series de las Misiones Pedagógicas, trabajos de José Suárez y Agustí Centelles, la presencia de Mikhail Koltsov, los carteles del Socorro Rojo, los álbumes del Comisiarat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya y la llegada de los fotógrafos internacionales para cubrir la contienda: Heartfield, Reuter, Capa... Son las fotografías que recogen al soldado víctima. El final de una historia que el tiempo ha cubierto de silencios.

lunes, 11 de abril de 2011

Las recomendaciones en un Vaso de leche

Vaso de leche es un boletín mensual donde el diseño y el boca a oreja son piezas clave


En marzo, alguien me recomendó Vaso de leche, un boletín mensual de recomendaciones sobre literatura, música, cine, teatro y artes en general. Me puse en contacto con ellos y lo único que pidieron es que eligiera algo que realmente me hubiera gustado mucho. Hay una película que, cuando alguien me pide consejo, siempre recomiendo. Se trata de Bulworth.

¿Y si los políticos se atrevieran a decir la verdad?

En 1989, Warren Beatty dirigió, interpretó y produjo esta sorprendente película. Un senador demócrata en plena campaña de re-elección contrata su propio asesinato. A partir de ahí nada tiene que perder, así que en el último fin de semana, coincidiendo con los últimos actos electorales, se dedica a decir lo que piensa. No cuenta más que verdades que resultan tan revulsivas como esperanzadoras y su imagen se relanza. Sin duda la película supone una maravillosa crítica a la falsedad del mundo político y a los intereses que hay detrás.

Es un largometraje divertido que se ve en todo momento con la boca abierta y que sin embargo fue relegada por las grandes distribuidoras. En España no llegó a doblarse. Nada que ver con el cine comercial, pues la verdad suele situarse muy distante de la corrección política.

domingo, 3 de abril de 2011

¿Para qué sirve un oso? Todos somos un oso

Tom Fernández nos pasea por Asturias, entre sus paisajes, y nos abre la conciencia para que defendamos la Naturaleza

Cartel de la película ¿Para qué sirve un oso?
Cartel de la película ¿Para qué sirve un oso?
¿Para qué sirve un oso? abrió, el 26 de marzo, el Festival de Cine de Málaga de este año. No fue un paseo en balde, se trajo tres premios: Mejor Director para Tom Fernández, Mejor Actriz de Reparto para Geraldine Chaplin y Mejor Montaje para Ángel Hernández Zoido. Después se pre-estrenó en el recién inaugurado Centro Oscar Niemeyer de Avilés, el día 31 de marzo. Y el 1 de abril llegó a los cines. Con estos antecedentes se podía pronosticar, sin muchos riesgos, que algo tiene la película de Tom Fernández.

Pues sí, tiene cierto atractivo que permiten pasar un buen rato. Personajes cargados de humanidad, entrañables, que destilan empatía en quien los ve, pues defienden con coraje posiciones utópicas en nuestras sociedades tan capitalistas como contaminadas. Científicos de sólidos principios, con ideas claras y comportamientos extraños que velan por una justicia universal en la que cada uno de nosotros somos parte importante, pesos que equilibran una balanza. Podría hacernos ser más cívicos, más comprometidos con el planeta, pero la doctrina pasa a un segundo plano porque Tom Fernández simplemente nos quiere hacer reír sin que perdamos el norte. Los osos sirven para muchas cosas, para hacernos preguntas, para compararlos con los protagonistas que tienen comportamientos instintivos y de especie, para defender una causa verdadera con ilusión, para que no se esquilmen nuestros recursos naturales y el paisaje no pase a convertirse en una larga fila de urbanizaciones.

¿Para qué sirve un oso? es una película menor, una comedia blanca, muy ligerita, pero cargada de buen rollo, que mezcla ecologismo y diversión mientras se va haciendo muchas preguntas que la sociedad industrializada, impuesta por el primer mundo, esquiva y desoye. Hemos perdido la batalla de salvar el planeta, el cambio climático es una realidad dolorosa sobre la que nuestros políticos callan.

Javier Cámara y Gonzalo de Castro en una escena de la película ¿Para qué sirve un oso?
Javier Cámara y Gonzalo de Castro en una escena de la película ¿Para qué sirve un oso?
¿Para qué sirve un oso? no es La torre de Suso, anterior película de Tom Fernández, ni tiene la profundidad de aquella. En las dos hay personajes que emprenden un camino para buscarse a sí mismos, un entorno familiar crudo y un entorno social que se muestra afectivo y distante según el momento. Hay sentimientos que se callan, muros que derribar.

En el mundo hay cuentos de princesas que terminan con besos, e historias, pocas, que hablan de la realidad directamente. La aventura está sobrevalorada. Ambas premisas son utilizadas por Tom Fernández, que nos quiere contar un cuento dulce, fuertemente asido por lo verdadero, por la esencia de las personas. Un cuento en el que también caben princesas, besos y premios. Un cuento de convicciones, donde el mundo aventurero no nos seduzca, ni nos tape el bosque que tenemos enfrente.

Son los actores el alma de la historia. Javier Cámara y Gonzalo de Castro tienen el duelo interpretativo principal. Les acompaña Emma Suárez, haciendo un personaje con un pie en la realidad y otro en la fantasía, alguien que dice poco pero cuya presencia marca el ritmo en sus escenas. Más corto aún es el papel que desempeña Geraldine Chaplin, una mujer alocada de férreos principios que sirve de motor a los protagonistas. Después tenemos a los jóvenes Jesse Johnson y Oona Chaplin como contrapunto al resto, decididos y dubitativos a partes iguales.

Entre ellos sobresale Sira García, una niña con una mirada limpia cuyo encanto y ternura traspasa la pantalla. Ella hace las preguntas que necesitan ser respondidas.

Me he dejado el paisaje para el final. Asturias aparece esplendida, verde como siempre, desbordada por una naturaleza salvaje. Cuenta Tom Fernández que con esta película pretendía que el espectador diese un paseo de 90 minutos por la naturaleza. Yo tuve esa sensación en todo momento, rodeado de paisajes idílicos que también pueden servir como escenario a una película. Envidio las viviendas que aparecen porque me resultan hogares soñados que se construyeron integrados en la naturaleza, para que todos formemos parte de ella.

Al final una conclusión: que todos y cada uno de nosotros somos un oso, un árbol, una niña que pregunta...

A modo de pequeño anecdotario: Geraldine Chaplin no es la única Chaplin que actúa en ¿Para qué sirve un oso?. Su hija Oona Chaplin también tiene un papel destacado en la película. Esta joven madrileña es hija de Geraldine y del director de fotografía chileno Patricio Castilla y lleva por nombre Oona, el mismo que su abuela, la esposa de Charles Chaplin e hija del dramaturgo Eugene O'Neill.

sábado, 2 de abril de 2011

Público entregado en la noche de estrenos de la PNR

Se estrenaron cuatro cortos dispares hechos con el corazón y la cabeza


Martes 29 de marzo de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid

Cartel del cortometraje Alergia
Cartel del cortometraje Alergia
La Plataforma de Nuevos Realizadores presentó su noche de estrenos. Se trata de una actividad mensual, realizada en el Cinestudio del Círculo de Bellas Artes, con entrada libre y donde se estrenan diferentes cortometrajes de sus socios. Se encarga de presentar el evento la actriz Amanda Guadamillas que con unas pocas palabras introduce las proyecciones y añade un poco de calidez y proximidad con el público.

Le tocó abrir a Cara y Cruz de la directora Isabel Coll. Se trata de un corto documental que nos describe un barrio obrero de Santa Cruz de Tenerife. La disculpa, una nueva tradición que empieza: la asociación de vecinos del barrio Nuevo Obrero de Ofra organiza una Cruz de Mayo que los vecinos engalanan. Coll nos enseña a los habitantes del barrio en primeros planos, entre unas calles con muchas necesidades y que parecen dejadas de la mano del ayuntamiento. Cuenta Agustín Guimerá, su productor, que entre los vecinos tienen un 70% de paro. Añade después que este documental cuenta la historia de la gente sin historia. Es cierto, en el documental escuchamos hablar de sueños, de realidades, de pasado y de esperanza. Allí hay una escuela de taekwondo y de ella han salido varios campeones, nacionales y europeos. Vemos en cada fotograma el esfuerzo vecinal de luchar y seguir adelante con sus propios medios. Sabemos que no han perdido la esperanza de cumplir sus sueños. Sin duda es un barrio de gente que trabaja por mejorarlo todos los días con las manos, algo que el documental capta a la perfección. Isabel Coll cuenta en el coloquio del final que se hizo en dos días, con mucha improvisación, pero que se siente muy agradecida por la experiencia personal que vivió y por lo emotivo de encontrar personas desando que haya quien cuente su barrio.

Pedro Moreno del Oso presentó Alergia, un cortometraje con un excelente guión que juega con lo inesperado. La vida explota en cualquier momento, un factor que enriquece la historia. Engaños, apariencias, bromas, sociedades opresoras que colocan etiquetas, personajes que crecen cuando la vida les hace más pequeños, un lugar donde casi nada es lo que parece y en el que lo más extraño termina resultando natural. Alergia es un trabajo de equipo redondo que se agradece ver sobre una pantalla. A su director no le gusta hablar, pero aún así en el coloquio contó alguna cosilla. Por ejemplo que es un guión de hace cuatro años que ahora ha retomado. «Pedimos una subvención a la Comunidad de Madrid, no nos la dieron y nos dijimos: vamos a hacerlo». Del casting comenta que a Dani Ortiz le había visto en un videobook por internet y que se puso en contacto con él. De Ismael Fritschi había visto otros papeles. Le resulto sencillo contactar con ellos y también trabajar juntos.

Cartel del cortometraje La Hégira
Cartel del cortometraje La Hégira
Pablo Bullejos ha dispuesto de muchos medios para realizar No existe el adiós. Cuenta una historia de amor, o quizás tres que se han asentado en diferentes etapas de una vida. Reencuentros, o encuentros, en un mismo lugar y un mismo tiempo. Destaca del corto la estética personal por la que apuesta el director y un mar omnipresente siempre de fondo. Grandes actores con poco ensayo, algo que se nota, igual que los medios técnicos, porque trabajar con profesionales siempre permite meter sutilezas y enfrentar paradojas que se quedan impregnadas en cada fotograma. Pablo Bullejos estaba deseando el estreno para que por fin se pudiera ver su trabajo.

La hégira, del director Liteo Deliro, es cine grande de pequeña duración. La historia de una encrucijada, una migración como decisión única que puede ser tomada en un lugar sin futuro, fronterizo, donde el presente pesa como aire cargado de polvo en el desierto. La tradición hace que la voz del padre se imponga, que sea él quién decida el destino de su hijo, que marque un camino que supone incertidumbre y pérdida. El protagonista sabe lo que deja atrás, todo aquello a lo que no podrá volver, siente que es el precio de madurar y tener una esperanza que su tierra no puede darle. Es consciente del punto en el que se encuentra y de lo dramático de tomar la decisión, de emprender ese viaje a un nuevo lugar en el mundo. No importa que acierte o se equivoque, ni lo que ocurra después, pues los momentos de su adolescencia se van a quedar atrás definitivamente como una historia sin terminar. Cabeza y corazón enfrentados en un punto sin retorno. La hégira es una ficción de desarraigo contada en árabe y subtitulada al castellano, con grandes interpretaciones que logran una sorprendente autenticidad. Cuenta Liteo Deliro que resultó difícil reunir ese casting, pues, aunque hay muchos actores de orígenes no europeo en España, se encuentran muy dispersos por nuestra geografía y su acceso al cine se limita a papeles secundarios. Reunirlos a todos y ver el resultado le hacen mostrarse satisfecho.

A modo de pequeño anecdotario: En la noche se dio una curiosa casualidad. Isabel Coll, directora de Cara y Cruz participó en La hégira, de Liteo Deliro, tanto colaborando en el casting como en el análisis de guión. Son las cosas de la Plataforma, que también sirve para que quienes hacen cortometrajes se conozcan, entablen amistad, se ayuden y trabajen juntos.