sábado, 19 de marzo de 2011

Más que un homenaje, un agradecimiento a Josefina Samper

CC.OO. rinde un merecido homenaje a la inseparable compañera de Marcelino Camacho


Sábado 19 de marzo de 2011. Auditorio Marcelino Camacho de CC.OO. Madrid


Josefina Samper (Foto: Toni Gutiérrez)
Josefina Samper durante el homenaje (Foto: Toni Gutiérrez)
Que gran parte de la fuerza y la entereza de Marcelino Camacho venía del perfecto tándem que hacía con su compañera Josefina Samper es algo que nadie discute. Su sombra es presencia que forjó la mejor forma de entender el sindicalismo, de luchar por la clase obrera con arrojo, de no someterse, de mirar de frente con un orgullo reposado de trabajadora infatigable. Basta escucharla un instante para que uno se quede embelesado, con el tiempo detenido entre los dedos, y no quiera irse de su lado. Son las suyas anécdotas duras en momentos difíciles, rodeadas de hambre, de derrotados, de luchadores por la libertad. Pero también llenas de instantes tiernos cargados de afecto, mostrando con un pequeño sonrojo una vida de entrega y llena de amor, con quebrantos y satisfacciones puestos sobre una balanza que es el vivir.

El acto organizado por CC.OO. no es nostalgia, es un rendido homenaje a quien lo dio todo por los demás. Lo han llamado «Josefina. La rebeldía del rol, la compañera». Lo abre con emoción un vídeo documental que intercala una entrevista con Josefina, imágenes de su vida y a la periodista Juana Ginzo leyendo un texto de Almudena Grandes.

Al final del acto, los ojos de Josefina Samper brillan como los dos luceros despiertos e inteligentes que son. «Es ley de vida. Una pasa. Siempre de pié, siempre adelante. Han dicho más o menos lo que he sido». Siente que su tiempo ha pasado, que son otros más jóvenes los que tienen que tomar sus decisiones y las riendas de una lucha de clases aún sin acabar. Ella cuenta sus recuerdos desde una humildad conmovedora. Habla de su madre que siempre decía que no sabía a quién se parecía esa hija suya, pues sin haber tenido tiempo para enseñarle nada, ya, desde pequeña, se desvivía por ayudar a los demás. Se responde que debía ser la rebeldía de ver lo que su padre había pasado en la mina. Las ausencias también. Recordó su llegada a Orán, el reencuentro con un padre que para los mellizos, tan pequeños cuando se fue, no había sido otra cosa que una fotografía de la que se despedían cada noche al irse a dormir. Y la emoción de lo que va contando flota en el Auditorio Marcelino Camacho que escucha en silencio entregado. Josefina describe como bajan del barco y corren a abrazarse. Habla de aquellos años en Argelia, de la sensación de inmigrantes atosigados que vivieron. No es extraño que pretendiese que todo aquello cambiase porque no podía estar de acuerdo con las injusticias que veía a diario. Recuerda que en su casa se hablaba de política, que por ella pasaban muchos deportados, que algunas cosas de las que decían los mayores las entendía y otras nos, pero que aquellas palabras eran un caldo de cultivo. Así se fue educando, entre emigrados. Cuenta anécdotas, como cuando su tío le dijo que con 14 años ya era mayor para seguir en las juventudes (JSU), que ya tenía edad para pasar al Partido (PCE) y cómo cogió a su padre, republicano declarado, y se afiliaron los dos el mismo día. Trabajó moviendo mermelada sin parar para ganarse unos céntimos más que aportar a casa. Aprendió de todo, de cualquier oficio que pudiera servirle para añadir unos francos más a su jornal. Allí conoció a Marcelino Camacho, cuando se había fugado del campo de concentración. No había tenido tiempo de buscar novio porque siempre estuvo muy liada, confiesa. Pero Marcelino insistió, ella se lo preguntó a su padre y a éste le pareció bien. «Pues si le gusta a usted, nos gusta a todos» cerró el asunto. Así fue haciendo su vida.

Josefina Samper, Ignacio Fernández Toxo y Cristina Bermejo durante el homenaje (Foto: Toni Gutiérrez)
Josefina Samper, Ignacio Fernández Toxo y Cristina Bermejo durante el homenaje (Foto: Toni Gutiérrez)
Presentó el acto Cristina Bermejo, secretaria de Juventud de CC.OO. Dijo que éste era un discreto homenaje a una gran mujer. Josefina se nos presentó como un icono que responde al ejemplo de lucha, tesón, paciencia y sacrificio. A través de ella, las mujeres de hoy reivindican su sitio en primera línea, visibles. Un camino imposible sin el gran esfuerzo de sus antecesoras que supieron luchar en la sombra. Josefina fue, y es, un pilar sustentador. Aquí Cristina Bermejo miró a Josefina de frente y con un ligero temblor en la voz por la emoción añadió «Tu esfuerzo no ha pasado desapercibido, tienes nuestro eterno reconocimiento».

Le siguió Javier López, secretario de CC.OO. Madrid, que le dio la bienvenida a este su refugio, en un auditorio que lleva el nombre de su compañero, donde se le homenajeó con rendida devoción y que también le sirvió de capilla mortuoria para honrar por última vez su figura. López recordó el valor de Josefina y también el de muchas otras mujeres, hermanadas con el compromiso, señalando que todas juntas podrían haber escrito un libro colectivo que llevase por título: «Confesamos que somos mujeres que luchamos». Su última reflexión fue para decir de este acto que «más que un homenaje es un agradecimiento».

Carmen Bravo, secretaria de la Mujer de CC.OO., señaló que un día como éste, otro 19 de marzo hace ahora cien años, se conmemoró por primera vez el día de las mujeres para reivindicar su visibilidad y la igualdad entre ambos sexos. El sindicato, con este acto y en esta fecha, quiere reconocer la rebeldía del rol que encarna Josefina, quedando sellado el reconocimiento a su persona y a la figura de Marcelino Camacho como símbolos de una pareja en lucha obrera por la libertad y la igualdad. Josefina ha luchado y sigue luchando con coraje para que el trabajo permita vivir con libertad a las personas, allí donde ellas elijan hacerlo. Ha luchado y sigue luchando por una ciudadanía de plenos derechos, que puedan alcanzar el proyecto de vida que desean. Éste es un homenaje a esa Josefina trabajadora que se une a quienes pelean por un empleo digno para la mujer, para que también ellas puedan tener un trabajo en la Perkins como lo tuvo Marcelino. Contó Bravo que la resistencia de ellas sirvió para que ellos no cayeran de rodillas. Josefina explicó siempre que Marcelino y ella no tenían nada extraordinario, que eran una familia normal. Cristina Bravo se volcó en adjetivos para describir a la Josefina emigrante, la que se rebela, la trabajadora que se une a sus compañeros para mejorar las condiciones del trabajo, la mujer que es compañera, la que visita a Marcelino cuando cae preso y une su voz para luchar con ellos en defensa de la libertad. Bravo quiso gradecer la labor de Marcelino y Josefina, hablando de preservar el hueco que siempre han ocupado y compartido los dos, un espacio conjunto donde ninguno va delante ni detrás.

Carmen Bravo, Josefina Samper, Cristina Bermejo e Ignacio Fernández Toxo durante el homenaje (Foto: Toni Gutiérrez)
Carmen Bravo, Josefina Samper, Cristina Bermejo e Ignacio Fernández Toxo durante el homenaje (Foto: Toni Gutiérrez)
Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC.OO., tomó la palabra con la intención de ser muy breve, simplemente para decir que el acto era un homenaje de su sindicato para rendir el merecido reconocimiento a Josefina Samper. Luego la mira con el ramo de rosas entres las manos y le dice que «está radiante, como un clavel rojo reventón».

Le entregan una placa con el carnet de CC.OO. y Josefina se ilusiona, pues ni ella ni Marcelino tuvieron nunca el nuevo. Al fondo, Paquita, otra mujer incombustible recita un poema para expresar el sentir común de todas ellas y la admiración mutua. Alguien grita «te queremos, Josefina» y espontáneamente se entona la Internacional. Basta verla levantar el puño derecho para saber que la honestidad y la honradez tienen en ella su bandera.

Además de este acto, CC.OO. le ha dedicado un número completo en la revista Trabajadora.


viernes, 18 de marzo de 2011

Vicente Cuesta encabeza la Candidatura por la unión

Por primera vez en la historia de la Unión de Actores concurren dos lista oficiales a las elecciones que se celebrarán el 11 de abril


Viernes 18 de marzo de 2011. Teatro Lara. Madrid


Foto de grupo de la Candidatura por la unión
Foto de grupo de la Candidatura por la unión
El 11 de abril se celebrarán las elecciones en la Unión de Actores. Por primera vez concurrirán dos candidaturas diferentes, algo que nunca había sucedido en sus casi 25 años de historia atesorados en este sindicato profesional e independiente que agrupa a muchos de los actores y actrices que viven en la Comunidad de Madrid.

En el teatro Lara se ha presentado la candidatura que encabeza Vicente Cuesta y que se denomina Candidatura por la unión. Arropado por caras conocidas, por gentes trabajadoras, por intérpretes que llevan toda la vida sobre los escenarios y por otros que empiezan, los miembros de la lista esbozaron las líneas de su programa ante los compañeros y la prensa.

Algunos no pudieron estar presentes por motivos de trabajo, pero aún así mandaron todo su apoyo, como fue el caso de Pepe Viyuela cuya carta se leyó. Hablaba de la gente con fuerza que está tras la candidatura y concretaba que había llegado el momento de dejar atrás la desunión y la des-coordinación.

Marian Degás, una joven actriz que se ha unido a la candidatura, explicó que lleva en esto de la interpretación desde los dieciocho años y que ha ido viendo como la profesión y las condiciones de trabajo han ido empeorando con el tiempo. Señaló los horarios que cada día resultan más largos y las pagas que se retrasan con frecuencia. Ella misma, ante estas circunstancias, se planteó que sólo había dos opciones: o dejaba la profesión o hacia algo, así que asistió a una Asamblea de actores. Le encantó lo que proponían, pero vio que la gente joven no estaba representada. Hizo críticas y la respuesta fue que se fuera a trabajar con ellos para mejorar. Aquello funcionaba.

Marian Degás, Adriana Ozores y Ángel Pardo sentados en la mesa
Marian Degás, Adriana Ozores y Ángel Pardo sentados en la mesa y arropados por sus compañeros
Adriana Ozores insistió en que los que llevan más años se sienten responsables de las nuevas generaciones. Es un deber, algo necesario, prestarles apoyo, ofrecerles un lugar donde debatir y un espacio desde el que luchar contra las deficiencias de la profesión. No ahondó en ellas, pues eran conocidas por todos y se quería que el acto resultase ágil.

Por su parte, Ángel Pardo, contó que aunque sigue siendo de los jóvenes ya estaba allí hace veinticinco años, fundando la Unión de Actores. Nunca se ha ido, ni ha querido irse porque sabe que sólo desde dentro se podía hacer el camino que les ha traído hasta aquí, el que ha permitido a los actores y actrices tener voz.

Con Iñaki Miramón se comenzó a hablar de las propuestas que ofrece esta candidatura. Para ello dibujó la indefensión que muchos actores viven ante las grandes productoras y la centró en ese miedo que siente uno contra el grande y que va haciendo que las condiciones laborales se degraden. El sindicato debe ser quien defienda al actor. Otra propuesta que nos dejó es la obligatoriedad de que la Unión de Actores vise cada uno de los contratos de sus afiliados y de esta forma garantizar el cumplimiento de la ley.

Laura Domínguez contó que al salir de la escuela de interpretación se afilió a un sindicato. Luego se fue. Les pasa a muchos, en algún momento llegan a un punto en el que piensan que desde el sindicato no se defienden los intereses del colectivo. Y ahora ha vuelto a afiliarse, para que se hagan las cosas, pero sobre todo para que se hagan bien. Recuerda que hay derechos y también deberes, y que por ambos ha decidido sumarse a esta lista.

MIñaki Miramón, Laurda Domínguez y Guillermo Toledo sentados en la mesa
Iñaki Miramón, Laurda Domínguez y Guillermo Toledo sentados en la mesa y arropados por sus compañeros
Guillermo Toledo confesó que no estaba afiliado hasta hace poco, pero que participó en la Asamblea. Asistió para escuchar lo que se hacía. Ahora su intención es cambiar desde dentro y dar un impulso para que las cosas giren. Dijo que algunos actores, como es su caso, son privilegiados porque la televisión les ha hecho famosos. Añadió que esos casos son pocos, que la mayoría son trabajadores explotados, precarios, con bajos sueldos y que sufren con mucha fuerza y frecuencia el paro. La Candidatura por la unión intenta ganar las elecciones para conseguir avanzar en la solución a estos problemas diarios y habituales. La Asamblea se convertirá en el órgano a través del cual la profesión tome la iniciativa, donde todos puedan participar. Su promesa, en nombre de la lista en la que se integra, es la de trabajar y luchar en todas estas reivindicaciones que ya se arrastran desde hace muchos años.

Juan Margallo se mostró socarrón, pero sin embargo realizó una intervención dura. No pensaba presentarse, pero le importa mucho la unión de la profesión, algo por lo que esta candidatura está luchando. Quiere unidad, como la que hubo en sus inicios, cuando se celebraban los treinta y cinco años de la Huelga de Cómicos. Con la unidad se consiguen las cosas. Habló de aquel tiempo, de la lucha contra el Sindicato Vertical, de la Huelga General en la que fueron especialmente activos. Señaló que la Asamblea como forma de decisión es la pieza fundamental del programa, la palanca de esa unión que hace la fuerza, el sitio desde el que enfrentar los problemas. Contó la insistencia de esta lista a la Junta saliente para formar una única candidatura y las negativas recibidas. Señaló que hay diferencias, pero que sin embargo los problemas a abordar son los mismos. Recordó que desde la Unión de Actores se han hecho muchas cosas bien, pero que sin la unidad no se va a ninguna parte.

Vicente Cuesta y Juan Margallo
Vicente Cuesta y Juan Margallo
Vicente Cuesta encabeza la Candidatura por la unión. Prometió trabajo colectivo. Explicó que en esta lista no hay protagonistas, todos son actores, así que han buscado elaborar una candidatura representativa que nace desde el trabajo de los compañeros de la profesión. Viene gente nueva en ella, los que serán el relevo de futuro. Habló de la intencionalidad de emprender un cambio. No empiezan de cero, han formado parte de algunas comisiones, como la de trabajo, han participado en la Asamblea. Cada uno de los miembros de la lista se ha unido por un compromiso de lucha con toda la profesión. Destacó después la necesidad de un teatro público, para formar una sociedad nueva donde sea posible una cultura mejor. Pidió una ley de teatro. Reiteró que la Asamblea será el órgano principal, el deseo de que se visen todos los contratos. Y luego desgranó otro de los ejes de su programa, marcando como objetivo que la Unión de Actores sea un sindicato legalmente representativo y de esta forma conseguir la autonomía necesaria para poder firmar convenios sin depender de las grandes centrales sindicales como ocurre ahora. Otros de los puntos de su programa sobre los que también se detuvo son la presencia de delegados sindicales en los centros de trabajos y la revisión de la fiscalidad y las condiciones de jubilación. Cerró su intervención pidiendo a los actores y actrices que se unieran a la candidatura para cambiar todos juntos.

Desde el público, Pedro Marí Sánchez, agradeció a los compañeros la generosidad de seguir representando los intereses del colectivo. Aplaudió que el sistema asambleario sea el órgano de decisión para luego pedir que se definiera la identidad del oficio y el papel que desempeñan en la sociedad. La suya es una profesión que exige aprender más, porque ellos son herederos de un bien que les ha prestado la sociedad y por tanto deudores de él. Explicó la situación que se vive en el teatro, donde dos empresas se han quedado con los teatros, la producción y las subvenciones. Un monopolio al que hay que enfrentarse.

Iñaki Miramón volvió a tomar la palabra para explicar que la Candidatura por la unión nació porque sentían que no estaban representados de la forma que querían por la Junta actual (muchos de ellos forman parte de la otra lista que encabeza Amparo Climent). Añadió que valora el trabajo que han hecho y recalcó la necesidad de buscar una unidad.

La Candidatura por la unión tiene previsto cerrar la campaña el lunes 4 de abril con un acto lúdico-festivo en un teatro madrileño de gran capacidad. Avanzaron que será a las 20:00 horas y que darán cumplida información a través de su blog y de la Red social Facebook.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Ispansi y el sentimiento de la tierra perdida

Carlos Iglesias vuelve a desnudarnos el corazón

Cartel de la película Ispansi
Cartel de la película Ispansi
Ispansi es una historia que va desde 1931 a 1975, para abordar, a través de una de las subtramas, el tema de los 3.000 «niños de la guerra» que el gobierno de la República envió a la Unión Soviética para protegerlos de los bombardeos de Franco. Unos niños que escaparon de nuestra Guerra Civil para encontrarse en medio de la Segunda Guerra Mundial. Con una infancia perdida por lo atroz que siempre les rodeo. En una eterna huida camino de ningún sitio.

Sabía, antes de verla, que Carlos Iglesias me iba a tocar el corazón, pues su cine está dotado de una sensibilidad a flor de piel que salta con fuerza desde la pantalla hacia el espectador. Iglesias despliega su gran capacidad de conmover porque consigue tratar cualquier asunto desde el punto de vista más humano. Es un hombre de posturas firmes, que sabe lo que está bien y lo que no, pero que evita los juicios universales profundos, los deja para el público. No por ello rechaza hablar con franqueza, pero le permite crear dudas que solo podrán resolver los personajes, los que deben tomar sus propias decisiones. Es cierto que el destino les ha precipitado a un lugar y un tiempo lejos de su elección, que han perdido muchas cosas por el camino, que sus valores se han visto condicionados por circunstancias extremas, donde vida y muerte casi son lo mismo. Pero aún así, lo que nos enseña Ispansi es que no han dejado de ser humanos. Y por eso, cada uno de los protagonistas vive una vida épica.

Tal vez el principio sea un tanto vacilante, trabar un nudo tan complejo no resulta sencillo, pero lo desborda con las estrategias que elige: un protagonista que conoce las historias de los demás y que está contando la aventura con su voz desde un tiempo posterior, que juega a administrar la información, sin inmiscuirse en los hechos por mucho que sean su propia vida. Con la punta del hilo en la mano vamos pasando por Ispansi, asuntos sobrecogedores matizados con la tranquilidad que produce la distancia de los años, de los pensamientos que vuelven una y otra vez, de lo obsesivo, de lo solo superado a medias. Con un hábil manejo del ritmo y la música que se convierte en emotiva cuando la película lo precisa.

Carlos Iglesias y Esther Regina en una escena de la película Ispansi
Carlos Iglesias y Esther Regina en una escena de la película Ispansi
Si algo pesa sobre cada personaje es el desarraigo que se va asentando en sus corazones. Un sentirse de un lugar al que no se puede volver, incompatible con la vida, emprendiendo un peregrinar unido al destino del pueblo ruso en una época de penalidades extremas defendiéndose del cruel imperialismo fascista que les acosaba y mataba. Así, con una sensación agobiante de ausencia, de sentimiento de tierra perdida, de raíces cortadas, crecen estos niños y niñas y los centenares de adultos voluntarios que les acompañaron. Los primeros que salieron de España fueron niños y niñas sin padres que vivían en orfanatos, infantes a los que la vida no les favorecía. Cada uno de ellos con una historia desoladora a sus espaldas va atravesando con la misma epopeya emprendida desde lo colectivo. Son hechos que ocurrieron y que deben ser recordados. Sin duda ese es uno de los principales valores de Ispansi.

Lo segundo que encuentro y destaco es el equilibrio en el guion, que va encaminado a llegar directo al corazón, pero tomando una perspectiva desde la distancia que le permita tender puentes para contar historias que nos unan. Es cierto que la equidistancia ideológica no es posible, que siempre prevalece una mirada que termina colocando cada término en su justo lugar, ese punto que marca la mirada del director y que se va desvelando a lo largo de la película.

Lo humano y lo compasivo siempre están presentes en Ispansi, incluso en los peores momentos. Los odios y las pasiones se mezclan, como en la vida misma. Los deseos se dejan en un segundo plano, porque compartir lo poco que se tiene se hace más importante que recibir. No se puede sobrevivir solo, no se puede dejar a los enfermos atrás sin perder una parte de sí mismo.

Después de mil vicisitudes surge la oportunidad de regresar para algunos. Pero los que vuelven encuentran un paisaje del que no se sienten parte. Son rusos en España y españoles (ispansi) en Rusia, gente de ningún sitio, de un pasado cercenado por dos guerras.

Cuenta Carlos Iglesias que resultó difícil el rodaje, en el invierno suizo, entre montañas y nieve. Pero esa crudeza de la naturaleza consigue unas paisajes maravillosos que se quedan grabados en la retina. Igual que las grandes interpretaciones, en especial de los papeles femeninos que adquieren mayor fuerza y dureza. Tanto Eloísa Vargas como Isabelle Stoffel e Isabel Blanco nos llenan de sentimientos enfrentados con sus papeles a la sombra de la historia, es la valentía con la que alimentan a sus personajes la que hace avanzar la película. Esther Regina interpreta a la protagonista, la historia más completa, la de quien debe tomar decisiones. Su trabajo sorprende y sostiene un personaje complejo y difícil de interpretar. Carlos Iglesias mezcla fortaleza y dulzura, pero se mantiene en segundo plano, acompañando con su personaje la historia, esperando el desenlace. Sus ideas se mantienen firmes, pero sabe aplicarlas sobre las personas con la humanidad que corresponde, con excepciones si es preciso, un valor que convierte su papel en entrañable.

La culpa y los culpables como tema sobrevuela la película. Culpar resulta sencillo y sirve a su vez de desahogo. Nos permite dar un paso más, sacar la rabia. Pero en el fondo se convierte en un quiste que no permite avanzar pues nos resiente la salud. Hace falta extirpar ese bulto para seguir caminando, pero esa senda impone la recuperación de nuestra Memoria Histórica. Traer ese pasado tan doloroso al frente y aprender de él, contar lo que pasó, lo que hubo y lo que faltó, sacar los muertos de las cunetas. Solo así, con Verdad, Justicia y Reparación, podremos emprender los españoles un camino común.

Ispansi, desde la ficción, da ese paso.

A modo de pequeño anecdotario: A Carlos Iglesias el tema de «los niños de la guerra» le empezó a interesar cuando estudiaba en la Escuela de Arte Dramático de Madrid. Allí tuvo como profesor de arte dramático al asturiano Ángel Gutiérrez, quien vivió aquella experiencia en su infancia y que luego contaba a sus alumnos en sus clases. Aquellos recuerdos y nostalgias se le quedaron grabados. De ellos surge el guion. Luego, para documentarse, se entrevistó con treinta y siete de aquellos niños, varios de ellos han fallecido antes de que la película se llegara a estrenar. Con esta información y con todos aquellos recuerdos elaboró el guion, intentado ser fiel a los sentimientos que estas personas le confesaron.

martes, 15 de marzo de 2011

Cultura como desarrollo personal del juicio crítico

Cultura! Libertad!
Cultura! Libertad!
Nunca sé si tomarme la cultura en serio o en broma. Mis dudas vienen conmigo de lejos; me basta preguntarme qué es eso de la cultura para ponerme en un aprieto. Tartamudeo al describirla, divago, me trabo de nuevo y al final bajo la mirada y abro el diccionario de la RAE, rendido pero sin que me vean, para decir en un susurro «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico». Pues sí que es preciso, sí. Si lo que veo sobre un escenario, una pantalla, colgado en un museo, en la calle… no me ayuda a desplegar ese sentido crítico tengo que desecharlo. Adiós pensamiento único, adiós cine hollywoodiano, adiós Industria de la Cultura, adiós a todos aquellos que especulan creando productos comerciales nacidos del marketing y de los estudios de mercado. La cultura se separa del ocio yendo más allá, y en ese trayecto, desde esa distancia, aporta todo su valor, ese plus que me permite construirme como persona en lo común y en lo diferente a los demás. No debo bajar el listón. No puedo aceptar como cultural lo que se queda vacío de contenido social o político, lo que carece de capacidad de confrontación diaria con el ideal utópico, lo que no me hace pensar dónde encuentro lo justo ni las causas a defender con uñas y dientes.

Si me dejase adormecer en los laureles de la Industria de la Cultura, si por pereza me conformase con lo que hacen otros en mi nombre, perdería mi esencia. Sin la capacidad crítica de las personas frente al mundo que les rodea, no hay otro futuro que quedar relegado a un papel de consumidor, de puro mueble, de votante perplejo incapaz de cambiar nada, de asentir a cada paso aceptando todas las órdenes, de perdedor, de mero conformista.

Así que no me hablen más de cultura cuando lo único que quieren decir es dinero en los bolsillos. Porque si admito como cultural todo aquello que no desarrolle mi juicio crítico con mi entorno, no podría perdonármelo, pues abandonaría la senda del ser humano, un camino por el que muchos han luchado antes y de su tránsito por él aprendo cada día.

sábado, 5 de marzo de 2011

Penumbra, ¿cómo se le explica a un niño el mundo sin mentirle?

Animalario nos enfrenta a la angustia de nuestros miedos


Sábado 26 de febrero de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid


Cartel de la obra Penumbra
Cartel de la obra Penumbra
Detrás del texto de Penumbra están Juan Mayorga y Juan Cavestany, alma de Animalario. Y sin embargo había oído decir que en esta obra la compañía había dejado a un lado la política para hablar de lo personal. No me pareció así, el pensamiento crítico, la postura ideológica, el carácter social y el compromiso están ahí, no se han ido a ningún sitio, ni se han mitigado. Me alegro por ello. Penumbra habla de nosotros como individuos formando una sociedad; los miedos de cada uno son los de todos.

Es cierto que nos cuenta una historia, o muchas según se mire, de puertas adentro, pero lo hace con paredes transparentes. Nos enseña que hicimos las casas para protegernos y así tener un espacio privado desde el que no nos vean. Ese mismo principio se aplica a una Europa construida sobre un muro que pretende alejar la inmigración. No queremos que del otro lado vean como vivimos. Tampoco queremos participar en lo colectivo.

La narración transcurre en la casa de una familia, a la orilla de un mar traicionero que puede traer mensajes en una botella igual que muerte o naufragios. Es verano y los deseos de todos deberían ser bajar a la playa para vivir un día placentero. Pero no se puede, y eso, lentamente, se va convirtiendo en un lastre que no les deja vivir. El «no se puede» lo marca un pasado, una angustia, una mala experiencia, algo que les paraliza hasta el punto de no razonar y dejarse ir a la deriva, hacia un abandono existencial. Lo único que puede surgir entonces, bajo ese estado, es el dolor, la violencia y la desintegración moral de los personajes y la sociedad.

Dice el director de Penumbra, Andrés Lima, que «el objetivo de la obra es hablar de nosotros mismos y de cómo nos sentimos. Preguntarnos cómo y de dónde surgen nuestros miedos para saber más de ellos y poder disfrutar de la vida. Y la mejor forma de contarlo era a través de los sueños».

Muchos son los temas que trata. El maltrato, no llegar nunca a ser felices, el aislamiento, la soledad, no entender a los demás, el abandono... Cada cual carga con sus miedos y la penumbra entonces se convierte en un personaje más que se adentra en los sueños, que tira de ellos hacia fuera para enseñarnos los monstruos que nos atormentan, acrecentándolos a ellos y empequeñeciendo nuestra parte más humana.

El elenco de la obra posando
El elenco de la obra posando
¿Los miedos se heredan?, ¿pasan de padres a hijos? Sería una justificación perfecta para no hacer nada, para que el mundo permanezca inalterable aboliendo todo movimiento. Sin embargo, hay siempre una edad en la infancia en que surge el atrevimiento a vivir. Ese instante en el que el niño mira a su alrededor, percibe el entorno, ve a unos progenitores a los que no entiende, a un mundo lleno de normas que pretenden cuidarle y garantizar una seguridad opresora, donde los deseos no se alcanzan por puro miedo. Se asusta. Hay en él un deseo inquieto de avanzar y enfrente una sociedad que tiende a mostrarse conservadora. Lo que le salva, lo que nos salvó a todos, es que también se aprende de aquellas personas con las que se tropieza, de esas lecciones que se reciben y se dan sin querer y que un día inesperado vuelven a la cabeza. Nos enseña mucho más un instante con ese extranjero que llega al pueblo sin prejuicios y con capacidad de ver las cosas desde un prisma justo, visión que los que están dentro ya han perdido contaminados, que todas las clases del colegio y las enseñanzas familiares.

El niño, ante tanto tormento, se pregunta si la felicidad es posible. Los mayores dicen que no, pero él mira al fondo, a la playa cercana y tangible de todos los veranos, a la que solo llegó una vez, antes de la tragedia, y que añora. A una felicidad prisionera de los miedos de sus padres. ¿Cómo se le explica a un niño el mundo sin mentirle?

Me ha gustado la idea de que el papel del niño lo represente una marioneta movida por el actor Luis Bermejo, que también da vida a los gestos del niño con su rostro y le pone su voz. Esa capacidad de integrar la marioneta me parece un gran acierto. Me parece sobresaliente que la penumbra la represente un ágil Guillermo Toledo que se cuela por todos los rincones de la obra. La dulzura de Nathalie Poza transmite las mayores amarguras con una naturalidad que sobrecoge y además es capaz de moverse como una bailarina de una caja de música, como una muñeca articulada, de una manera hipnótica. Alberto San Juan es el rostro de la angustia, del hombre vencido por sus miedos y sin esperanza.

Me duele aún esa escena de mar embravecido y catástrofe en la que vemos que nos miran de lejos y no hacen nada por salvarnos. Los miedos son la historia de nuestra impotencia personal y de nuestra sociedad. Penumbra es una gran historia que nos hace pensar por nosotros mismos.

A modo de pequeño anecdotario: Penumbra nació en uno de los talleres en los que participa todo el grupo de Animalario. Andrés Lima les preguntó a qué tenían miedo. De aquellos miedos hablados Juan Cavestany y Juan Mayorga han construido esta obra.