martes, 15 de marzo de 2011

Cultura como desarrollo personal del juicio crítico

Cultura! Libertad!
Cultura! Libertad!
Nunca sé si tomarme la cultura en serio o en broma. Mis dudas vienen conmigo de lejos; me basta preguntarme qué es eso de la cultura para ponerme en un aprieto. Tartamudeo al describirla, divago, me trabo de nuevo y al final bajo la mirada y abro el diccionario de la RAE, rendido pero sin que me vean, para decir en un susurro «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico». Pues sí que es preciso, sí. Si lo que veo sobre un escenario, una pantalla, colgado en un museo, en la calle… no me ayuda a desplegar ese sentido crítico tengo que desecharlo. Adiós pensamiento único, adiós cine hollywoodiano, adiós Industria de la Cultura, adiós a todos aquellos que especulan creando productos comerciales nacidos del marketing y de los estudios de mercado. La cultura se separa del ocio yendo más allá, y en ese trayecto, desde esa distancia, aporta todo su valor, ese plus que me permite construirme como persona en lo común y en lo diferente a los demás. No debo bajar el listón. No puedo aceptar como cultural lo que se queda vacío de contenido social o político, lo que carece de capacidad de confrontación diaria con el ideal utópico, lo que no me hace pensar dónde encuentro lo justo ni las causas a defender con uñas y dientes.

Si me dejase adormecer en los laureles de la Industria de la Cultura, si por pereza me conformase con lo que hacen otros en mi nombre, perdería mi esencia. Sin la capacidad crítica de las personas frente al mundo que les rodea, no hay otro futuro que quedar relegado a un papel de consumidor, de puro mueble, de votante perplejo incapaz de cambiar nada, de asentir a cada paso aceptando todas las órdenes, de perdedor, de mero conformista.

Así que no me hablen más de cultura cuando lo único que quieren decir es dinero en los bolsillos. Porque si admito como cultural todo aquello que no desarrolle mi juicio crítico con mi entorno, no podría perdonármelo, pues abandonaría la senda del ser humano, un camino por el que muchos han luchado antes y de su tránsito por él aprendo cada día.

sábado, 5 de marzo de 2011

Penumbra, ¿cómo se le explica a un niño el mundo sin mentirle?

Animalario nos enfrenta a la angustia de nuestros miedos


Sábado 26 de febrero de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid


Cartel de la obra Penumbra
Cartel de la obra Penumbra
Detrás del texto de Penumbra están Juan Mayorga y Juan Cavestany, alma de Animalario. Y sin embargo había oído decir que en esta obra la compañía había dejado a un lado la política para hablar de lo personal. No me pareció así, el pensamiento crítico, la postura ideológica, el carácter social y el compromiso están ahí, no se han ido a ningún sitio, ni se han mitigado. Me alegro por ello. Penumbra habla de nosotros como individuos formando una sociedad; los miedos de cada uno son los de todos.

Es cierto que nos cuenta una historia, o muchas según se mire, de puertas adentro, pero lo hace con paredes transparentes. Nos enseña que hicimos las casas para protegernos y así tener un espacio privado desde el que no nos vean. Ese mismo principio se aplica a una Europa construida sobre un muro que pretende alejar la inmigración. No queremos que del otro lado vean como vivimos. Tampoco queremos participar en lo colectivo.

La narración transcurre en la casa de una familia, a la orilla de un mar traicionero que puede traer mensajes en una botella igual que muerte o naufragios. Es verano y los deseos de todos deberían ser bajar a la playa para vivir un día placentero. Pero no se puede, y eso, lentamente, se va convirtiendo en un lastre que no les deja vivir. El «no se puede» lo marca un pasado, una angustia, una mala experiencia, algo que les paraliza hasta el punto de no razonar y dejarse ir a la deriva, hacia un abandono existencial. Lo único que puede surgir entonces, bajo ese estado, es el dolor, la violencia y la desintegración moral de los personajes y la sociedad.

Dice el director de Penumbra, Andrés Lima, que «el objetivo de la obra es hablar de nosotros mismos y de cómo nos sentimos. Preguntarnos cómo y de dónde surgen nuestros miedos para saber más de ellos y poder disfrutar de la vida. Y la mejor forma de contarlo era a través de los sueños».

Muchos son los temas que trata. El maltrato, no llegar nunca a ser felices, el aislamiento, la soledad, no entender a los demás, el abandono... Cada cual carga con sus miedos y la penumbra entonces se convierte en un personaje más que se adentra en los sueños, que tira de ellos hacia fuera para enseñarnos los monstruos que nos atormentan, acrecentándolos a ellos y empequeñeciendo nuestra parte más humana.

El elenco de la obra posando
El elenco de la obra posando
¿Los miedos se heredan?, ¿pasan de padres a hijos? Sería una justificación perfecta para no hacer nada, para que el mundo permanezca inalterable aboliendo todo movimiento. Sin embargo, hay siempre una edad en la infancia en que surge el atrevimiento a vivir. Ese instante en el que el niño mira a su alrededor, percibe el entorno, ve a unos progenitores a los que no entiende, a un mundo lleno de normas que pretenden cuidarle y garantizar una seguridad opresora, donde los deseos no se alcanzan por puro miedo. Se asusta. Hay en él un deseo inquieto de avanzar y enfrente una sociedad que tiende a mostrarse conservadora. Lo que le salva, lo que nos salvó a todos, es que también se aprende de aquellas personas con las que se tropieza, de esas lecciones que se reciben y se dan sin querer y que un día inesperado vuelven a la cabeza. Nos enseña mucho más un instante con ese extranjero que llega al pueblo sin prejuicios y con capacidad de ver las cosas desde un prisma justo, visión que los que están dentro ya han perdido contaminados, que todas las clases del colegio y las enseñanzas familiares.

El niño, ante tanto tormento, se pregunta si la felicidad es posible. Los mayores dicen que no, pero él mira al fondo, a la playa cercana y tangible de todos los veranos, a la que solo llegó una vez, antes de la tragedia, y que añora. A una felicidad prisionera de los miedos de sus padres. ¿Cómo se le explica a un niño el mundo sin mentirle?

Me ha gustado la idea de que el papel del niño lo represente una marioneta movida por el actor Luis Bermejo, que también da vida a los gestos del niño con su rostro y le pone su voz. Esa capacidad de integrar la marioneta me parece un gran acierto. Me parece sobresaliente que la penumbra la represente un ágil Guillermo Toledo que se cuela por todos los rincones de la obra. La dulzura de Nathalie Poza transmite las mayores amarguras con una naturalidad que sobrecoge y además es capaz de moverse como una bailarina de una caja de música, como una muñeca articulada, de una manera hipnótica. Alberto San Juan es el rostro de la angustia, del hombre vencido por sus miedos y sin esperanza.

Me duele aún esa escena de mar embravecido y catástrofe en la que vemos que nos miran de lejos y no hacen nada por salvarnos. Los miedos son la historia de nuestra impotencia personal y de nuestra sociedad. Penumbra es una gran historia que nos hace pensar por nosotros mismos.

A modo de pequeño anecdotario: Penumbra nació en uno de los talleres en los que participa todo el grupo de Animalario. Andrés Lima les preguntó a qué tenían miedo. De aquellos miedos hablados Juan Cavestany y Juan Mayorga han construido esta obra.

sábado, 26 de febrero de 2011

La fina ironía de Krahe sobre los escenarios

Un concierto de canciones que fueron escritas como precisas radiografías


Jueves 24 de febrero de 2011. Sala Galileo Galilei. Madrid


Una instantánea de archivo de Javier Krahe en uno de sus conciertos
Una instantánea de archivo de Javier Krahe en uno de sus conciertos
Reconozco que cuando comencé a escribir esta reseña del concierto de Javier Krahe se me hizo un nudo de respeto en el estómago. Admiro su coherencia, su honestidad y su forma de pasar por la vida, discreta pero decisiva. Me divierto escuchando sus letras. Me rindo a la ironía de cada una de sus sátiras. Pero lo que más me gusta es esa capacidad que tiene para radiografiar al ser humano en sus canciones. Nos cuenta cosas que nunca nos han pasado como si nos hubieran ocurrido a todos. A veces me sonrojo, porque desde su ingenuidad y sus imágenes llama a las cosas por su nombre.

Sale al escenario del Galileo con una camisa blanca y en vaqueros. Su figura se distingue tan delgada como afilada. Huesudo, algo desgarbado, de gesto inquieto espera que sus músicos vayan tomando posiciones a su lado. En poco más de un mes, el maestro estará cumpliendo los 67, esa nueva edad de jubiliación por la que nuestro gobierno tanto se interesa. A Krahe, como a todos, los años le afectan en lo físico. Nunca fue un hombre de fuerza, más bien ha venido haciendo gala de debilidad. Su estampa se va haciendo más frágil según envejece, acrecienta un sentimiento entrañable de protección. Algo que rompe con sus letras de picardía, osadas, llenas de metáforas floridas, de ingenio y naturalidad.

Se arranca con Paréntesis, ironía pura sobre las musas y los procesos de creación de un autor. Suenan tantos aplausos como carcajadas. Le bastaron unos leves segundos para conseguir la complicidad del público, un vínculo que no dejará caer, pues en cada concierto se repite la misma ceremonia de confraternización. Otro vínculo especial es el que ha establecido con su banda. Andreas Prittwitz (toda una sección de vientos: clarinete, saxo, flauta...), Javier López De Guereña (guitarra) y Fernando Anguita (contrabajo) se comportan como si fuesen su prolongación. Entre todos bromean y participan en la fiesta en que se convierte el concierto. Se conocen de tiempo y si no estuvieran se les extrañaría.

Portada del disco Toser y cantar que presenta en el concierto
Portada del disco Toser y cantar que Javier Krahe presenta en el concierto
Con El Dos de mayo pidió un poco de aire dentro de una pareja, un espacio de rebeldía simbólica que necesita toda relación y de rendición sin condiciones, más bien por necesidades. Vienen temas alternados como a él le gusta decir; Las musarañas, Piero della Francesca, Vals del perdón y Como Ulises, que hacen un recorrido mixto entre canciones protesta y amor imaginado, unas veces correspondido y otras no. Son viajes espirituales y personales, enzarzados con la propia carne y la existencia.

No es la suya ya aquella aguerrida voz de La Mandrágora, se ha templado. Krahe no fuerza. Canta ¡Ay democracia! porque ésta se va alejando de la ciudadanía. La llama al orden con nostalgia por esa ausencia un tanto a lo Neruda. Vemos en su ojos la inquietud de Krahe por el entorno que nos rodea y el desconocido lugar al que nos conduce. No sé, pero no preveo un destino satisfactorio para el ser humano en su conjunto si éste no toma las riendas. Soy tan escéptico como sus canciones.

Se lanza con la contagiosa salsa Diente de ajo, pues su repertorio tiene de todo. Canta En la costa Suiza y después viene Eros y civilización. Hay un descanso, tal vez sea para fumar en la calle, ahora que ya no hay humos en los garitos o para quedarse charlando con otra copa, feliz y divertido. Al encenderse las luces se percibe el buen humor del público contagiado desde el escenario, el ambiente de celebración, la reunión entre amigos que se espera con deseo. Recuerdo entonces ese documental con el que, a modo de road movie, Ana Murugarren y Joaquín Trincado van contándonos de Krahe y de sus canciones, mientras le siguen y charlan con él. Se llama Esta no es la vida privada de Javier Krahe y es un retrato excepcional de una persona imprescindible.

Carcajadas despierta Vecindario y su furor uterino. Y sigue alternando: Conócete a ti mismo, Tal como eres, Abajo el alzheimer, La cientouna, Salomé, La osa mayor y la divertida e inconformista La yeti (1ª parte) que nos lleva camino del alpinismo ahora que ya todo nos da lo mismo.

Se muestra parco en los bises. Solo hace ¿Dónde se habrá metido esa mujer? y Alta velocidad, que es tan corta que apenas si a uno le da tiempo a empezar a escucharla cuando ya siente que se acaba. Hora y media sobre el escenario, tiempo que Krahe se lo ha pasado hablando de lo pequeño, desnudando una humanidad encantadora.

Aunque es tarde y mañana habrá que madrugar, uno sale exultante del concierto, con ganas de comerse el mundo. De vuelta a casa me quedó pensando que en su anterior disco, Querencias y extravíos, se hizo apodar el vago burlón. Le gusta esa imagen de artista vividor y perezoso, pero, aunque sus canciones resulten tan espontáneas, son la conclusión de un largo y esforzado proceso de trabajo, donde la rima y la métrica juegan un papel tan importante como la ironía. Añádase luego a la mezcla un poco de excentricidad, situaciones un tanto hilarantes y un cierto y castizo surrealismo y la receta del maestro estará lista para tomarse. Cuidado, se sube a la cabeza.

A modo de pequeño anecdotario: El disco Joaquín Sabina y Viceversa en Directo se grabó en el teatro Salamanca de Madrid los días 14 y 15 de febrero de 1986. A Sabina le acompañaban Luis Eduardo Aute, Javier Gurruchaga y Javier Krahe. En el disco, Krahe cantaba la canción Cuervo ingenuo, canción política en la que criticaba los primeros años de gobierno de Felipe Gonzalez. Ese concierto se retransmitía en directo por TVE y al llegar a Cuervo ingenuo las cámaras dejaron de grabar. Esta censura supuso un freno en la carrera de Krahe: se acabaron las contrataciones por parte de los ayuntamientos y ya no pudo grabar la canción en disco propio hasta dos años después, cuando regrabó sus canciones con su primera discográfica independiente.

viernes, 18 de febrero de 2011

Albert Pla es diferente

Albert Pla, un trovador a la vieja usanza que vive en nuestros tiempos, ha creado un espectáculo genial


Jueves 17 de febrero de 2011. Teatro de Madrid. Madrid


Portada de La diferencia, el último disco de Albert Pla
Portada de La diferencia, el último disco de Albert Pla
Es mi primer concierto de Albert Pla y vengo preparado para todo. No soy un gran seguidor suyo, pero mis amigos me han contado que un espectáculo de Pla es algo especial, diferente. Me han dejado claro que no puedo esperar un recital al uso, porque lo tiñe todo con su personalidad. Así ocurre desde el primer minuto. Aparece de entre el público y guitarra en mano se sube a un escenario donde hay unos pocos elementos y en el que nadie le espera. Viste una especie de hábito descolorido, como un camisón por encima de las rodillas, algo raído, no sé si por el tiempo o el mal uso. Las piernas las cubre con unos calcetines, mitad rojos y mitad azules que pueden recordar al Barça. Los pies por unos zapatones de cuero planos.

Un golpecito por aquí, algo de ilusionismo con las luces y el humo, y él solo empieza con su voz aniñada a contar sus cuentos. El primero que nos narró fue El sereno, una historia, o un poema, de barrio con personajes a lo Pedro Navaja. A la voz la acompañó con unos pocos desgarros de guitarra. Es un tema que aún no ha editado en ninguno de sus discos, un regalo para sus conciertos. Roto el hielo, toca el turno de El corazón. Luego viene Añoro. Al terminar se le une el guitarrista gitano y flamenco Diego Cortés que le acompañará el resto del concierto. Juntos hacen La diferencia, tema que da título al álbum que presenta y a esta gira. La verdad es que voz, guitarra eléctrica, guitarra española y la chapa sobre la que golpea Cortés con el pie para acompañar suman a la perfección.

Albert Pla hace gala de una fina ironía. Interpreta Soy rebelde, su versión del clásico de Manuel Alejandro que cantara Jeanette allá por los principios de los años setenta. Mientras uno le escucha, no hay resquicios por los que se vaya el pensamiento, se presta atención a cada palabra que dice, a los matices subterráneos de cada una de sus canciones. Es como si un trovador nos estuviera trayendo relatos de lejanas tierras, historias que no vemos aunque las tenemos a unos metros de nosotros cada día.

Albert Pla en una foto de archivo
Albert Pla en una foto de archivo durante uno de los conciertos de esta gira
No se olvida de llevar a escena canciones comprometidas como Carta al rey Melchor, un diálogo con su majestad sobre lo injustas que son las desigualdades por motivos de sangre, Veintegenarios (Insolación), una crítica a una juventud apática que no se implica y pasa de todo lo que no sea tomar el sol, y La colilla. Para cantar esta última fuma por primera vez y un reconocible olor sube por la platea. No lo hace por vicio, ni por necesidad, es una propia exigencia del guión, se siente obligado a ambientar y explicar cómo se podrían quemar todos los Estados Unidos de América. Para eso recurre al humo y a una colilla, lo que sin duda hace mucho más fácil al espectador entender la intensidad del tema, meterse de lleno en la historia e ir recorriendo los escenarios de una venganza convertida en incendio.

Generoso le deja un rato el escenario a Cortés que se desvive para hacer un largo solo de guitarra, taconeo y golpes sobre la caja de su guitarra. De todo aquello que produzca un sonido que pueda ser convertido en música. A veces le miro y me asombro, porque con sus dos manos y su guitarra parece que están tocando varias personas a la vez.

Sin duda Albert Pla es un artista, de sensibilidad a flor de piel y con una mirada distinta. Imprevisible. Capaz de pasar de la calma y el gesto más sosegado a una vehemencia contenida. Pla camina de un lado para otro sin perder una sonrisa inocente, sin dejar de pasárselo bien. Juega con inventos como cuando se hace la oscuridad para interpretar Ciego. Con las luces apagadas se baja del escenario y enciende tres bombillas que lleva sujetas en la cabeza con antenas, se pasea entre el público, cercano como para ser tocado. Su cara muestra la concentración del momento, su luz va iluminando pequeñas partes de la platea, descubriéndonos los unos a los otros.

Deja un espacio para sus historias más conocidas, Joaquín el necio y Enterrador de cementerios, que nos cuentan vidas difíciles de comprender, de inadaptados en esta sociedad, de envidiosos y de prejuicios. Canciones que hablan de quien está siempre al borde de un precipicio. Pero también toca otros temas más nuevos o menos conocidos como Buscando, Soñando y Lola la loca

En los bises se arranca con Los ojos una canción un tanto surrealista, pero que en directo resulta especial. Luego la emblemática El lado más bestia de la vida. Tras ella vuelve a fumar para despedirse, y comienza una canción pregrabada que le sirve para irse, tomando el mismo camino que le trajo: por el medio de un público agradecido que en pie le saluda.

A modo de pequeño anecdotario: Canciones de Albert Pla han formado parte de varias bandas sonoras de nuestro cine, incluso Almodóvar en Carne trémula incluyó Sufre como yo. Su paso por el cine no es anecdótico ni se limita a lo musical, ha actuado como intérprete en Airbag de Juanma Bajo Ulloa, A los que aman de Isabel Coixet y Honor de caballería de Albert Serra. También ha participado en el teatro con la obra de Helmut Krausser titulada Caracuero y en la que compartía escenario con la inolvidable presentadora de Plastic Marisol Galdón. La obra estaba inspirada en un hecho real y narraba la tragedia de Werner Bloy, un hombre al que la policía mató a tiros en 1987 por error.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El cine latinoamericano en el que se fijan nuestros académicos

Un repaso a las películas que este año han sido candidatas al Goya a la mejor película latinoamericana

Reseñas: El hombre de al lado - El infierno - Contracorriente - La vida de los peces


Jueves 10 de febrero de 2011. Casa América. Madrid


Empezando por la izquierda: Santiago Cabrera, Matías Bize, Tatiana Astengo, Javier Tolentino, Luis Estrada y Gastón Duprat
Candidatos al Goya como mejor película latinoamericana reunidos en Casa América. De izquierda a derecha podemos ver a Santiago Cabrera, Matías Bize, Tatiana Astengo, Javier Tolentino, Luis Estrada y Gastón Duprat
Casa América reunió en la sala Borges a los candidatos al premio Goya a la mejor película latinoamericana. Se trató de un charla amena dirigida por el crítico y periodista Javier Tolentino y que contó con la participación de la actriz peruana Tatiana Astengo, el director chileno Matías Bize, el actor chileno nacido en Venezuela Santiago Cabrera, el director argentino Gastón Duprat y el director mexicano Luis Estrada. Tolentino, director del programa de Radio3 El séptimo vicio, comenzó la charla con cierta provocación al señalar que aquí sentados frente al público se encontraba lo mejor del cine español de este año. Supo llevar las conversaciones, ser incisivo y hasta preguntar a Enrique Bocanegra, que se encontraba entre el público, sobre su opinión de lo que aportan los Goyas al cine. Con timidez, Bocanegra respondió que sirven para «conectar al público con las películas».

El director Gastón Duprat, codirector de la película argentina El hombre de al lado, definió su película explicando que las medianeras son fronteras y que a través de ellas han expresado en la película el miedo a lo distinto que sufre nuestra sociedad. La nominación al Goya ha tenido repercusión en toda la prensa argentina. Su director se mostró contento y halagado por ello. Confía también en que la nominación le sirva a la película como una lupa que pueda darle una nueva dimensión a la película. Como director le gustan las películas con dudas porque el cine se va construyendo mientras se hace, e incluso se llega al final sin haberlas despejado del todo. Así que no suele haber certezas, ni un control absoluto del lenguaje. El hombre de al lado llega después de haber sido la ganadora en los premios de la academia de su país.

Por su parte Luis Estrada, director de la película mexicana El infierno, contó que su película es una sátira muy ácida sobre un momento político, histórico y social de México. Le ha servido para radiografiar a un país en crisis, que vive situaciones que se vuelven endémicas. Con la sátira se ha permitido retratar y criticar el poder político de su país. Completando la definición, Estrada añade que es un largometraje muy ambicioso que ha tocado muchos símbolos de los que no se escapan los últimos cuatro presidentes a los que señala como causantes de la zozobra actual. En México ha habido intentos para que El infierno no llegara a estrenarse, pues la imagen del país, muy deteriorada en la película, no es la que se desea enseñar. Hasta el gobierno dijo que ésta no era la película que les podía representar. De México nos dio un dato más: en los últimos cuatro años han tenido más muertes violentas que las ocurridas en Afganistán con su guerra. Estrada señaló que ningún premio hace mejor o peor a una película. Cada vez la vida de las películas es más larga. Los directores hacen cine para que la gente lo vea, así que en ese sentido, la que se lleve el Goya tendrá más oportunidad de que la vea más público.

Contracorriente, la película peruana, es la única de las cuatro que ha logrado estrenarse comercialmente en España. Su actriz principal, Tatiana Astengo, se mostró muy contenta por ello. Señaló que se trata de una historia de amor, de personas, de sentimientos, de mantenerse fiel a uno mismo, de coraje y de valentía. La actriz confía en que esta nominación permita que Contracorriente pueda llegar a otros países latinoamericanos. Astengo lleva viviendo seis años en nuestro país y ve que aquí hay un cierto interés por el cine latinoamericano, pero que aún llegan muy pocas películas de allá. Apunta que quizá falte curiosidad por ese tipo de cine. Añadió que a su país llega poco cine español, las cuatro o cinco más taquilleras y que han triunfado en los Goya.

Matías Bize, director de la película chilena La vida de los peces, comentó que nota que ha tenido un crecimiento a lo largo de su trayectoria y también que las películas que ha rodado mantienen una línea, gracias a la anterior ha podido llevar a cabo la siguiente. La vida de los peces es una historia sobre un reencuentro de una pareja, pero también de un personaje que vuelve a su país después de diez años. En este sentido, su actor protagonista, Santiago Cabrera, explicó que se ha identificado con ese sentimiento de regreso ya que vive fuera de Chile desde hace tiempo. Cabrera señaló que el hecho de estar nominados ya supone un gran reconocimiento pues están representando a un país. Bize bromeó con que no quiere hacerse ilusiones, la última vez que se las hizo fue en el mundial de Sudáfrica. Hablando de cine, comentó que su país vive un buen momento, con muchas escuelas y universidades. Últimamente muchos directores jóvenes, más atrevidos y lanzados, están saliendo como él a festivales, lo que ha hecho que el cine chileno resulte más visible. Cabrera añadió que sin duda ahora hay más ganas y también que el trabajo genera más trabajo.




Para acompañar la reseña de esta charla y que ésta resulte más completa e informativa, me he permitido añadir a continuación mis propias opiniones sobre las cuatro películas.

Cartel de la película El hombre de al lado
Cartel de la película El hombre de al lado
El hombre de al lado es una película inquietante. Leonardo es el arquetipo del triunfo, un diseñador que vive en una casa construida por Le Corbusier. Al barrio llega Víctor quien decide abrir una ventana en la medianera que da a la casa de Leonardo. Víctor quiere atrapar un rayito de sol, pues si no toda la reforma emprendida en su casa se queda en nada, en pura oscuridad. Esa ventana es la manzana de la discordia, el momento exacto en que los dos vecinos son conscientes del que vive al lado. En Leonardo surge el miedo al otro, a lo diferente, a lo que no se conoce. Piensa que tiene algo que perder frente a su vecino, siente que la ventana les roba la intimidad familiar y comienza a imaginar en Víctor todas las características de una persona a la que odiar. Leonardo va construyendo con su miedo al otro. Lo hace de espaldas a una realidad que no le interesa conocer, con meras suposiciones. Este rechazo a los demás hace que a veces nos perdamos lo mejor de la vida y que quien menos sospechamos sean quienes más nos puedan ayudar.

De lo mejor de El hombre de al lado es la manera en la que se vencen las situaciones más incómodas a través de un humor que funciona como válvula de escape. Se trata de una película cuya mayor fuerza reside en los personajes y sus interpretaciones, hecha de pequeños gestos y de muchas enigmas, de grandes suposiciones que llenan los huecos y de una realidad que nada tiene que ver con las sospechas.

Sin duda una película recomendable. Arranca despacio pero cuando despega engancha, porque es capaz de crear expectativas y también de cumplirlas.

Cartel de la película El infierno
Cartel de la película El infierno
El infierno es un cuento, una ficción sólida, con un sabor agridulce, donde los principios y la honestidad se diluyen a golpe de fajo de billetes. Estrada satiriza sobre la situación mexicana ahondando en el origen de los problemas y avisando que no solo no se van a agotar, sino que lo más probable es que se multipliquen. La película tiene un gran peso de crítica hacia el tipo de política y el poder que han ejercido los últimos presidentes del país. Habla de narcotráfico, de pasividad policial y corrupción jerarquizada desde las más altas esferas, y lo hace con una sonrisa en la boca aunque se masque siempre la tragedia. Medrar personalmente en este sistema es fácil, el dinero corre con rapidez, así que entrar al servicio de un narco supone subir un escalón social, ser alguien a imitar. Acomodarse a esta vida es sencillo pues trae consigo un éxito efímero que permite con toda facilidad tomar los placeres de la vida al vuelo. El problema es que se muere muy joven, normalmente de un disparo, aunque a veces puedan existir peores métodos según se va profesionalizando el sector. Al menos te queda la esperanza de que te hagan un corrido contando tus hazañas.

¿Hacia dónde camina México?, ¿cuál es el futuro del pueblo? son las preguntas que se hace su director. No debe ser fácil responder; por un lado el sistema se engrasa a sí mismo, produce suficiente riqueza en muchos bolsillos como para prescindir de esos ingresos. Por otro, la venganza se va convirtiendo en una espiral invencible de la que no se escapa.

Para un espectador que desconozca la idiosincrasia de los mexicanos El infierno también resulta una película interesante, porque, aunque se la despoje de ese peso político, siempre se puede ver como una simple película de gánsters a la mexicana.

Me parece una gran película, muy digna. Podría haberse llevado el Goya con todo merecimiento, aunque si algo tiene en contra es lo largo de su duración: ronda las dos horas y media.

Cartel
Cartel de la película Contracorriente
A Contracorriente le precedía un cierto éxito en festivales, como ocurrió en Sundance donde triunfó. Algo que sin duda la convertía en gran favorita para esta carrera por el Goya. Sin duda es una película interesante que abunda en lo sobrenatural para describir a las personas por dentro, tal y como son. Anclado su argumento en un pueblo pequeño, lleno de costumbres, entre gentes maliciosas más dadas al chisme que a la tolerancia, donde llevan viviendo mucho tiempo con unos principios inquebrantables sobre lo que está bien y está mal. Juega con acierto a enfrentar el hacer con el parecer. Es una película valiente en un lugar donde no se puede serlo, donde el aire tan denso asfixia. Contracorriente aborda con coraje la temática homosexual.

Encaja perfectamente en los patrones del cine latinoamericano que suele moverse por nuestro país. De ritmo lento, muy luminosa, artística, con los detalles estéticos cuidados al máximo y metafórica en casi todos los sentidos, tiene la capacidad de desnudar al ser humano (física y mentalmente) para pasar de lo local a lo universal. No solemos darnos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos y es en ese punto de no retorno cuando realmente valoramos lo que queremos y nos arrepentimos de lo que hacemos.

Es una película de actores y personajes y ellos la sustentan con éxito. Por ponerle un pero diría que peca en demasía de contemplativa, vemos demasiadas veces correr el viento llevándose la arena de la playa.

Cartel de la película La vida de los peces
UCartel de la película La vida de los peces
La vida de los peces se llevó el Goya. No comparto la opinión de los académicos porque me parece la más floja de las cuatro. No termino de entender el interés de las películas de Bize, llenas de historias individuales y cotidianas, que no caminan hacia ningún sitio más allá de una reflexión personal de lo que fue frente al anhelo que nos deja lo que pudo haber sido. Un arranque brillante de veinticinco minutos prometedores que luego decaen, pues aunque las nuevas conversaciones nos van dibujando otros detalles del protagonista, estos apenas aportan. Es tiempo de tejer un enigma, pero la película se recrea en el proceso y no vuelve a levantar hasta el final. Lástima que en medio se ha quedado el espectador cansado de silencios, de largos paseos por una casa, de una música que explota para comerse la acción, de contemplar un gran acuario, de un personaje que quiere irse pero que siempre se va quedando.

Los personajes confrontan el pasado con el presente, se encuentran ahogados en sus sentimientos. Para el protagonista, que hace años se fue a vivir a Alemania, se produce un reencuentro con su pasado y con el país que dejó. Se enfrenta a dos sensaciones que le agotan, dos huidas que han construido un presente que le aleja de poder retomar un pasado idílico. Para ella, la mujer que dejó entonces, las cosas están más claras; hace tiempo que hizo examen de conciencia, que tomó las riendas de su vida y apostó por luchar por sí misma y no quedarse esperando. Le quedan dudas. En esas dudas y en las de él, vive la película.

La vida de los peces se hace larga por lo cotidiana y lo contemplativa, porque no pasa nada, porque solo se desenvuelve en un plano psicológico, porque no hay más acción que las palabras dichas, porque al final le ganan de goleada las ambigüedades a las certezas.