lunes, 30 de abril de 2012

La piel en llamas, las cicatrices imborrables de toda guerra

El texto de Guillem Clua que se representa en el Centro Dramático Nacional María Guererro está dirigido por José Luis Arellano


Miércoles 25 de abril de 2012. Teatro María Guerrero. Madrid

Cartel de la obra de teatro La piel en llamas
Cartel de la obra de teatro La piel en llamas
Hay personas que siempre llevan guantes en las manos porque no quieren volver a ensuciarse con la vida. Hubo un tiempo lejano, quizá viente años, en el que se mancharon, en el que su cabeza se les llenó con los horrores de una guerra, y ahora, después de aquello, el miedo se les quedó como un instinto en el cuerpo. Les dejó un sabor áspero que el whisky apenas mitiga, pues en un conflicto armado o se está con las víctimas o con los verdugos. Ni siquiera un fotógrafo de guerra puede escaparse de esa atroz división.

La piel en llamas nos cuenta la historia de Frederick Salomon, un prestigioso fotógrafo que regresa al país donde captó con su cámara la fotografía que el devenir del tiempo ha convertido en la más famosa de la historia, la instantánea de una niña en llamas que sale volando por los aires tras la explosión de una bomba. Vuelve para recoger otro premio para él, pero el primero que entrega ese país y con el que intentan demostrar que la guerra se quedó atrás, que han cambiado como estado y que han empezado a vivir con normalidad. Salomon ya no es aquel hombre, la fotografía, en cierta manera le cambió dejándole dolorosas secuelas y la incapacidad para volver a tomar otra fotografía importante. Su mirada se quedó varada, mientras su ego se acomodó a los halagos, los homenajes y las fiestas, domesticado al poder que le va usando como la cara cultural tras la que esconder los sucios negocios que el mundo occidental desarrolla por detrás en cada guerra y en las reconstrucciones posteriores. Doble beneficio que se negocia tras actos benéficos, culturales e hipócritas. Un beneficio, no olvidemos, que siempre conviene a dos partes, las que sellan el pacto.

Salomon no había regresado en estos veinte años a este país, del que no se dice el nombre en la obra, desde que tomó aquella foto, pero el elevado importe económico del premio y el halago que le suponen le han traído de vuelta. Ahora, en la habitación de su hotel, es entrevistado por una joven periodista del diario oficial del régimen que gobierna. Es una entrevista agresiva ya que la joven no siente el menor respeto por el fotógrafo del que se ha documentado hasta conocer todos sus detalles y al que utiliza como blanco para debatir las actividades que las Naciones Unidas establecen en los países del Tercer Mundo. Las guerras, para Occidente, son un gran mercado de imágenes violentas en lo cultural, una especie de escaparate tras el que esconder las cuestiones fundamentales que hay tras ellas, y un jugoso negocio que también se oculta a la opinión pública. La discusión se va centrando en el día que el fotógrafo tomó la imagen planteándole la dicotomía de cómo soportarla sin intervenir, de por qué dar mayor importancia a inmortalizar el instante en lugar de ayudar a evitarlo. Ese cuestionamiento moral inquieta a ambos, pues reportera y fotógrafo no parecen compartir la misma opinión. ¿Qué habrá sido de aquella niña?

Chani Martín, Helena Castañeda y Marina Seresesky en una escena de la obra La piel en llamas
Chani Martín, Helena Castañeda y Marina Seresesky en una escena de la obra La piel en llamas
En otra habitación del mismo hotel y en un tiempo que podría ser simultáneo y también pasado o futuro, un delegado de las Naciones Unidas tiene un encuentro sexual con una mujer local a cambio de un tratamiento que puede salvar la vida de su hija. Las dos tramas, según avanza la obra, se van entrelazando, vinculadas entre sí de manera sorprendente para mostrarnos a través de sus fragmentos un cuadro global de los que sufren y de quienes se aprovechan de esas circunstancias. Para todos ellos la moral es algo inútil, inservible, que la guerra ha dinamitado. ¿Qué somos capaces de vender?, ¿cuándo empezamos a tragamos los principios?, ¿dónde dejamos olvidada la ética?, ¿cuánto vale seguir viviendo?, ¿quién nos comprará y para qué? Son dilemas latentes en la obra, preguntas que los personajes se realizan y que quedan flotando en la conciencia del espectador para que sea éste quien siga reflexionando cuando se enciendan las luces de la vida tras la función.

La piel en llamas nos habla de las cicatrices imborrables de toda guerra, de las secuelas permanentes en quienes la sufren y en los fantasmas y las realidades que sobreviven tras ella. Es imposible que la vida siga igual. Cada acto tiene sus consecuencias, cada noche es otra pesadilla más y el día una lucha profunda por seguir viviendo a pesar de todo lo ocurrido. Pero La piel en llamas no se queda solo en ese debate, sino que acomete otro que nos toca mucho más de cerca al hablarnos de la hipocresía del mundo occidental en todos estos conflictos. No hay buenos ni malos, los cuatro personajes con los que el dramaturgo Guillem Clua nos cuenta la historia están profundamente heridos, en lo físico, pero sobre todo en lo moral. Y esa moral caída es la occidental, la de quien nos gobierna, la que hemos delegado y, por tanto, la nuestra, la propia. Ahí reside el dolor, en el hecho de que la onda expansiva nos alcanza esta vez.

Todo en la obra está construido para ese fin. El autor ha puesto nombre y caras para que no se diluyan las responsabilidades, y nos ha sentado frente a ellas para que miremos con crudeza lo más salvaje del ser humano y también lo sometido que tras una guerra se encuentra. Ha sido explícito, no nos ha ahorrado sufrimiento ni escatimado las imágenes más humillantes. Nos enfrenta a lo más sucio y nos muestra la dialéctica con la que mitigar la responsabilidad, sus fortalezas y sus grietas. También escuchamos las órdenes de quien manda, sin levantar la voz porque saben que serán obedecidas.

Excelente idea la de esa escenografía cruzada que mantiene una única habitación para ambas escenas y que permite a los personajes quedarse en escena en segundo plano como si todo ocurriese en paralelo. Puede que al principio esta decisión cause extrañeza, pero a la larga dota al espectador de muchos puntos sobre los que poner su mirada, la historia principal que en ese momento tiene el foco o los pequeños movimientos de lo que ocurre en la otra habitación que es la misma. Ambas confluyen y se mezclan en la cabeza de quien observa para componer nuevas estampas sobre una guerra inhumana y sus consecuencias, sobre la deshumanización de las propias personas, sobre el agotamiento de una condición, sobre la pérdida de una dignidad que ensucia mucho más a quien corrompe que al corrompido, donde la muerte es una posibilidad más que ya apenas duele.

Sorprendentes los actores y actrices, especialmente Helena Castañeda que aguanta desnuda dos escenas sexuales difíciles de encarar, representando la segunda una atroz vejación que si bien se oculta tras una cortina de baño antes nos ha anunciado con detalle su otro protagonista. A Chani Martín le toca el peor papel, el más inmoral, el del corruptor, el de quien se maneja en ese mundo horrible sacando el máximo beneficio personal y el actor se desenvuelve con soltura, haciendo molesto para el espectador a este personaje. Igual José Luis Alcobendas y Marina Seresesky que ponen un escena dos seres heridos y atormentados.

La piel en llamas es una obra sobrecogedora, que nos muestra con crudeza quiénes somos y que nos habla de nuestra despiadada maldad. Justo al salir de la sala, de frente, uno se encuentra con la foto de la que habla la obra y se da cuenta de que empieza la realidad y que es necesario elegir entre quedarse en ser un espectador o convertirse en el activista que ayude a cambiarlo todo.

A modo de pequeño anecdotario: El texto de La piel en llamas ganó en 2004 el Premi de Teatre Ciutat d’Alcoi y se estrenó en la Sala Villarroel de Barcelona, obteniendo tras su estreno el Premio Serra d’Or de la Crítica de Barcelona como mejor texto del año. Su traducción al inglés se estrenó en varias ciudades estadounidenses. También ha sido traducida al francés, alemán, polaco y griego.

viernes, 27 de abril de 2012

Palmarés del 15º Festival de Málaga Cine Español

Els nens salvatges, de Patricia Ferreira, gana la Biznaga de Oro

Foto con los ganadores de la Sección Oficial de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español (Foto: Ana Belén Fernández, por cortesía del Festival de Málaga)
Foto con los ganadores de la Sección Oficial de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español (Foto: Ana Belén Fernández, por cortesía del Festival de Málaga)

SECCIÓN OFICIAL:

El Jurado de la Sección Oficial de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Gonzalo Suárez, Raúl Arévalo, Enrique Brinkmann, Inma Cuesta, Isona Passola, Goya Toledo e Iván Trujillo, ha concedido los siguientes premios:

Biznaga de Oro a la mejor película: Els nens salvatges de Patricia Ferreira

Biznaga de Plata premio especial del jurado: Carmina o revienta de Paco León
Mención especial: Kanimambo de Abdelatif Hwidar, Carla Subirana y Adán Aliaga

Biznaga de Plata a la mejor dirección: Imanol Uribe por Miel de naranjas

Biznaga de Plata a la mejor actriz: Carmina Barrios por Carmina o revienta

Biznaga de Plata al mejor actor: Antonio Dechent por A puerta fría

Biznaga de Plata a la mejor actriz de reparto: Aina Clotet por Els nens salvatges
Mención especial: Ángela Molina por Miel de naranjas

Biznaga de Plata al mejor actor de reparto: (ex aequo) Álex Monner por Els nens salvatges y Álvaro Cervantes por El sexo de los ángeles

Biznaga de Plata al mejor guión: Patricia Ferreira y Virginia Yagüe por Els nens salvatges

Biznaga de Plata a la mejor banda sonora original: Aziza Brahim por Wilaya

Biznaga de Plata a la mejor fotografía "Premio Deluxe": Sergi Gallardo por El sexo de los ángeles

Biznaga de Plata al mejor montaje: Koldo Idigoras por The Pelayos

Biznaga de Plata "Premio Alma" al mejor guionista novel: Remedios Crespo por Miel de naranjas

OTROS PREMIOS DE LA SECCIÓN OFICIAL:

Biznaga de Plata premio de la crítica "FNAC": A puerta fría de Xavi Puebla

Biznaga de Plata premio del público "Gas Natural Fenosa": Carmina o revienta de Paco León

Premio especial del jurado joven a la mejor película: Memoria de mis putas tristes de Henning Carlsen

PREMIOS NO OFICIALES:

Premio "Signis": Buscando a Eimish de Ana Rodríguez Rosell
Mención especial: A puerta fría de Xavi Puebla

Premio ASECAN "Ópera Prima": Ali de Paco R. Baños

Foto con los ganadores de ZonaZine de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español
Foto con los ganadores de ZonaZine de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español (Foto: Nani, por cortesía del Festival de Málaga)

SECCIÓN OFICIAL DE DOCUMENTALES:

El Jurado de la Sección Oficial de Documentales de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Manuel Jiménez Núñez, Andrés Duque y Tania Balló, ha concedido los siguientes premios:

Biznaga de Plata al mejor documental: Yatasto de Hermes Paralluelo

Biznaga de Plata segundo premio al mejor documental: Otra noche en la tierra de David Muñoz López

Biznaga de Plata premio especial del jurado: El foso de Ricardo Íscar
Mención especial: Sibila de Teresa Arredondo

Biznaga de Plata premio del público: Uma longa viagem / Un largo viaje de Lucía Murat

SECCIÓN OFICIAL DE LARGOMETRAJES DE ZONAZINE

El Jurado de la Zonazine de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Pablo Cantos, Norma Ruiz y Mª Pilar Yébenes, ha concedido los siguientes premios:

Biznaga de Plata a la mejor película: 12 + 1. Una comedia metafísica de Chiqui Carabante

Biznaga de Plata al mejor director: Chiqui Carabante por 12 + 1. Una comedia metafísica

Biznaga de Plata "Premio ALMA" al mejor guión novel: Roberto Pérez Toledo y Peter Andermatt por Seis puntos sobre Emma

Biznaga de Plata al mejor actor: Alfonso Sánchez por El mundo es nuestro

Biznaga de Plata a la mejor actriz: Verónica Echegui por Seis puntos sobre Emma

Biznaga de Plata Premio del Público a la mejor película: El mundo es nuestro de Alfonso Sánchez

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES DE ZONAZINE

El Jurado de la Zonazine de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Pablo Cantos, Norma Ruiz y Mª Pilar Yébenes, ha concedido los siguientes premios:

Biznaga de Plata al mejor cortometraje: Aquel no era yo de Esteban Crespo

Premio especial del jurado: Anacos / Pedazos de Xacio Baño

Biznaga de Plata al mejor actor: Gustavo Salmerón por Aquel no era yo

Biznaga de Plata a la mejor actriz: Petra Martínez por Libre directo

Biznaga de Plata al mejor director: Esteban Crespo por Aquel no era yo

Premio nuevo talento "FNAC": Matador on the road de Alexis Morante

Premio del público: Aquel no era yo de Esteban Crespo

SECCIÓN OFICIAL DE CORTOMETRAJES DE ANIMACIÓN ZONAZINE

Biznaga de Plata al mejor cortometraje de animación: Fuga de Juan Antonio Espigares
Menciones especiales: Bendito Machine IV de Jossie Malis y Sapateiro / El Zapatero de David Doutel y Vasco Sá

SECCIÓN TERRITORIO LATINOAMERICANO

El Jurado de la Territorio Latinoamericano de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Elisenda Nadal, Orlando Mora y Manane Rodríguez, ha concedido los siguientes premios:

Biznaga de Plata a la mejor película: Silencio en el paraíso de Colbert García (Colombia)

Biznaga de Plata premio especial del jurado: Juntos para siempre de Pablo Solarz (Argentina)

Biznaga de Plata a la mejor dirección: Colbert García por Silencio en el paraíso (Colombia)

Biznaga de Plata a la mejor actríz: Dolores Fonzi por El campo (Argentina)

Biznaga de Plata al mejor actor: Peto Menahem por Juntos para siempre (Argentina)

VIDEOCREACIÓN

El Jurado de la Videocreación de la 15 edición del Festival de Málaga Cine Español, integrado por Ana Ruiz, Cristina Peláez y Mario Virgilio Montañez, ha concedido los siguientes premios:

Premio "UNICAJA" a la mejor producción de vídeo de ficción: Reflejos de Juan López

Premio "UNICAJA" a la mejor producción de vídeo de animación o experimentación: Eros y Psique de Luis Miguel Aguilera

Premio a la mejor dirección: Emilio J. López por Refugio
Mención especial: Fernando Castillo por Una tarde en Dino´s

Premio del público: Una tarde en Dino’s de Fernando Castillo

miércoles, 25 de abril de 2012

El nens salvatges, peligrosa adolescencia en los ojos de quien la mira

Festival de Málaga Cine Español. Sección Oficial. El nens salvatges

Cartel de la película El nens salvatges
Cartel de la película El nens salvatges
Patricia Ferreira llegó al Festival de Málaga Cine Español con el firme propósito de que su película, El nens salvatges, se quedase en el palmarés de la Sección Oficial. Es un largometraje directo, bien tramado y con excelentes interpretaciones, tanto por parte de los adolescentes como de sus padres y profesores.

Los adultos no entienden a los adolescentes, viven enfrentados a ellos con el enorme peso de enseñarles de qué lado se encuentra siempre lo correcto, algo que tienen que aprender por obligación. Es una educación de enfrentamientos que no tiene en cuenta el propio proceso de madurez, la insensatez de tratar los problemas de mayores con aquellos a quienes aún les acucian otro tipo de asuntos, los propios de su edad. Los adultos les aplican sus escalas de medir, sus razonamientos en los que pesan más una serie de valores como la seguridad, la experiencia, la estabilidad, la ventaja y lo acomodaticio, principios que para los jóvenes no tienen la menor importancia; ¡el porvenir está tan lejos! Su tarea es otra, lo suyo es el tiempo de descubrir por ellos mismos la realidad, el entorno y lo que será -en futuro- la vida. De entender un mundo complejo, que les golpea con mensajes, con ideas, con reglas y con certezas demasiado alejadas de sus sentimientos. Claro que comprenden los problemas de los mayores, e incluso sus razonamientos, pero no comparten el mismo agobio por ellos. Salvajes sin civilizar, preocupados por pasárselo bien, sin responsabilidades, así les describen los que han olvidado que un día también fueron y se comportaron como adolescentes. Los de hoy, como los de ayer, son normales y esa adjetivación de salvajes solo está en la percepción de quien les mira.

El nens salvatges es una mirada a un momento de la vida en el que los hijos se plantean por qué son tan diferentes de sus padres y, a pesar de ello, si no les esperará el mismo final con el paso de unos pocos años. Álex (Àlex Monner) se pregunta si le tocará la misma vida agobiada llena de trabajo, pendiente siempre de si va a llegar a fin de mes o no, que llevan sus padres, si perderá todas sus ilusiones a cambio de sobrevivir y cómo se tragará toda esa amargura. A Gabi (Albert Baró) le asusta su cobardía, la de no ser el mismo sino la marioneta que quiere su padre: el campeón de kickboxing que sabe defenderse y que no se deja engañar por nadie, desconfiando siempre de todos. Oki (Marina Comas) no quiere obedecer a un padre autoritario que solo piensa en el trabajo y en ganar mucho dinero.

A Oki apenas le ha costado nada conseguir lo que tiene, sus padres ceden a cada uno de sus caprichos a cambio de que solo se preocupe de estudiar, pero ella sabe que no es lista. A primera vista no tiene problemas, es la chica de quien menos se deberían preocupar los demás. Su madre se muestra como una mujer encantadora que la apoya y que cuida su salud preparándole comidas naturales y nutritivas. No tiene un entorno de violencia y autodefensa como ocurre con Gabi en el gimnasio, ella ha elegido asistir a las pacíficas clases de baile de sevillanas. El dinero tampoco es problema, alejada su familia de una vida con apreturas como le ocurre a la familia de Álex. Oki no se queja, pero le falta algo que desconoce y no sabe expresar. Lentamente va encendiendo una pequeña señal de advertencia que nadie ve.

El equipo de la película El nens salvatges posa en el Photocall
El equipo de la película El nens salvatges posa en el Photocall (Foto: David Cabrera, por cortesía del Festival de Málaga)
El nens salvatges retrata a la perfección la rabia de la adolescencia y las válvulas de escape que van descubriendo. Nos habla de esos sueños que se van forjando, pero que caen a las primeras de cambio cuando topan con la realidad. Es la última lucha contra el conformismo de los mayores. Ese es el proceso para madurar, entender la vida de los adultos, conocer dónde está la medida de las cosas y olvidarse un poco de lo que debería ser lo justo. El nens salvatges nos habla de educar, en el instituto y en la familia, en cumplir un expediente, en las obligaciones mutuas y en las responsabilidades que conllevan. En ese sentido destaca el durísimo discurso de la madre de Álex (Ana Fernández) con su profesora, un instante que brilla y que por sí solo justifica la realización de la película.

Si en los hogares hemos visto dos tipos de educación, la férrea de mano dura de uno de los progenitores de cada casa y la más dulce y condescendiente del otro, en el instituto se nos muestra también dos tipos de educación. La primera consiste en separar el trigo de la paja, es decir etiquetar a los peligrosos para estar más atentos a ellos y para saber quién es siempre el culpable. La segunda es la de fomentar la «reinserción» de quienes cargan con esa etiqueta: ganárselos, motivarlos y ofrecerles una alternativa. Cada uno de los cuatro modelos funciona hasta una cierta medida y todos terminan fallando, esa es la dura realidad que nos muestra Patricia Ferreira. No habla de culpables, ni trata de buscarlos. Tampoco echa balones fuera intentado explicar que la culpa es siempre de los otros que son una mala influencia.

Hay solo una cosa que no me gusta de la película, las repeticiones al principio para llegar por tres caminos a un mismo lugar que marca el punto de inflexión, el del encuentro de los tres muchachos. Esa insistencia tal vez resulte excesiva y un tanto confusa para el arranque. Superado ese instante la película crece con rapidez, construyendo un buen poso y dándonos una visión de los principales problemas que se cruzan con los adolescentes.

El final, con mucho impacto, logra sorprender, pero cuando uno le da vueltas se da cuenta de que la película ha ido trabajando para construir esa última escena. En todo momento ha estado ahí, pero no le hemos prestado la suficiente atención, la habíamos dejado en un margen porque miramos como adultos.

martes, 24 de abril de 2012

Wilaya, ficción en un campamento saharaui

Festival de Málaga Cine Español. Sección oficial. Wilaya

Cartel de la película Wilaya
Cartel de la película Wilaya
En la Sección Oficial del Festival de Málaga Cine Español se presenta Wilaya, una ficción que dirige Pedro Pérez Rosado y que se ambienta dentro de un campamento de refugiados saharauis («wilaya»). Es la historia de una joven que, después de 16 años viviendo en España, vuelve a la «wilaya» de Smara para el entierro de su madre. En el campamento se produce un choque cultural, pues lo que ella había planificado como un corto viaje, su familia lo había asumido como un regreso definitivo.

Wilaya es sin duda una acercamiento a la forma de vivir de los saharauis dentro de los campos de refugiados, en sus jaimas, y en un estado de provisionalidad perpetuo que dura ya más de 35 años. Muchos son ya los jóvenes que han nacido en el exilio, una generación víctima que ha vivido añorando un paisaje que ni siquiera conoce, con una identidad fraccionada, con el tiempo detenido, con un futuro por construir y en un permanente equilibrio entre su cultura ancestral y las modernidades que van llegando de occidente, donde tradiciones y neveras de las primeras marcas españolas conviven. La vida se va pautando de comportamientos férreos aprendidos, de largas esperas, de soledades, de silencios, de angustiosa desesperanza, de dolor por una tierra que les ha sido arrebatada y de la que se les expulsó para ser llevados a un lugar inhóspito convertido en un nuevo hogar provisional, hasta que las cosas se arreglen, si es que algún día existe esa voluntad. Pero el tiempo pasa y está detenido a la vez. Así le ocurre a la película, en la que se ha ido imponiendo ese ritmo de tragedia que no se puede enfrentar, donde la única posibilidad real es seguir esperando. Las decisiones van cayendo en saco roto y se posponen un día tras otro a la espera de lo importante.

Lo más enriquecedor de la película es quizá la doble mirada de su protagonista, quien siendo de allí llega desde fuera y ha aprendido otras cosas que le permiten valerse por sí misma. Es cierto que debe buscar su identidad, pero en ese camino juega con ventaja, pues tiene más modelos y decisión que los que allí se quedaron, que los que no han visto otra cosa. Y sin embargo también tiene que abrir los ojos para descubrir su propia realidad cultural que se encontraba oculta y decidir entonces quién es y hacia dónde quiere caminar. Es así como se convierte en un modelo a seguir.

Memona Mohamed, Pedro Pérez Rosado y Nadhira Mohamed durante la rueda de prensa de Wilaya (Foto: Nani, por cortesía del Festival de Málaga)
Memona Mohamed, Pedro Pérez Rosado y Nadhira Mohamed durante la rueda de prensa de Wilaya (Foto: Nani, por cortesía del Festival de Málaga)
La libertad individual es el concepto sobre el que gira Wilaya, los caminos para establecerla y los obstáculos que encuentra una mujer en dicho camino. La libertad colectiva, sin embargo, queda en un segundo lugar, sin apenas entrar en ella. No se habla del derecho de autodeterminación de un pueblo sometido y expulsado, en un conflicto del que Occidente o bien, como el caso de España, se ha desentendido o bien, como EE.UU. y Francia, ha tirado de los hilos en la oscuridad para que nada se mueva en contra de los intereses de Marruecos.

Destaca especialmente la banda sonora de la película, con buena música, enraizada y costumbrista pero a la vez potente y emotiva. Con ella se van envolviendo los sentimientos y logrando trasladar al espectador hacia el interior del mismo paisaje que están viendo sus ojos, un lugar diferente, pero con el que se logra una estupenda proximidad. En lo interpretativo destacar el trabajo de sus dos protagonistas: Nadhira Mohamed y Memona Mohamed. La segunda de ellas obtuvo el Premio a la Mejor Actriz por WILAYA en la pasada edición del Festival de Abu Dhabi.

Wilaya es una película menor que olvida rápidamente la carga política que pudiera esperarse de ella y que prescinde de contarnos la problemática que viven los ciudadanos del Sáhara Occicental. No era esa su intención y lo cierto es que se echa en falta esa mayor profundidad.

lunes, 23 de abril de 2012

La gran variedad de nuestro cine

Un lunes lleno de películas muy personales

Acreditaciones de prensa (Foto: Toni Gutiérrez)
Acreditaciones de prensa (Foto: Toni Gutiérrez)
Empezamos hace unos días este especial sobre el Festival de Málaga Cine Español diciendo que habían cambiado algunas cosas en estos tres último años, pero no entramos en demasiado detalles. Hay una cosa que echo de menos más que otras y es que, antes, tras los pases de prensa, votábamos las películas para que al final del festival una de ellas se alzase con el premio de la prensa, ahora ya no se hace. Me imagino que si el premio sigue lo darán los críticos del FIPRESCI como viene ocurriendo en la mayoría de festivales. Si bien los periodistas hemos perdido en democracia participativa en detrimento de la representativa, el público la ha ganado, pues tras las proyecciones de la sección ZonaZine se vota para el premio del público mediante unas papeletas de cartón verde. En ellas se puede elegir puntuación del 1 al 5, desprendiendo la elegida de la papeleta antes de meterla en la urna. Me parece que he dado demasiadas explicaciones para una cosa tan sencilla.

Lo que no es tan sencillo es financiar el festival. El Ayuntamiento de Málaga corre con el 90% del dinero público que se recibe y el Ministerio de Cultura se encarga del 10% restante con una partida nominativa al Festival de 100.000 €. A esto se suman los patrocinadores privados, que sin duda sacan un gran rendimiento por lo que pagan, pues sus marcas resultan omnipresentes en todo el festival: la marca de cerveza en las cintas de las acreditaciones, la de donuts en la cafetería de prensa e invitados, la compañía de gas y electricidad en los enormes marcos con los que se recuadra los nombres de los participantes en las mesas de las ruedas de prensa, el banco en las entradas y todos juntos con la televisión y el periódico en la alfombra roja y los paneles de los photocalls. Imposible que una sola fotografía logre esquivarlos a todos.

De Málaga no he contado demasiado, solo que está haciendo muy buen tiempo, tanto que permite ir en manga corta o como mucho echarse una chaquetita encima a primera o a última hora. Es una ciudad tranquila, sin prisas, en la que da gusto pasear o sentarse a tomar una cerveza en una de sus muchas terrazas. Con tanto cine, la verdad es que no queda mucho tiempo para hacer turismo y el mar pilla un poco retirado. Hay un cierto gusto por la comida, con su porra antequerana -muy parecida al salmorejo-, sus fritos de pescado o su ensalada malagueña. Es una cocina mediterránea sabrosa con influencia árabe en algunos de sus platos. Acertar es fácil, casi cualquier lugar es bueno para comer algo rico. Me sorprendió ver hasta qué punto se preocupaban por la alimentación, pues muchas de sus cartas indicaban la comida apta tanto para celiacos como para veganos. Incluso un puesto se publicitaba señalando que sus polos helados se podían consumir por celiacos e indicaban también cuales no contenían leche.

Volviendo al festival, en la Sección oficial se proyectaba Kanimambo, una película muy alejada de lo comercial para traernos tres visiones sobre Mozambique. Entre el documental y la ficción, este híbrido es una apuesta muy especial del Comité de Selección, una apuesta que se agradece, pues representa otra sensibilidad cinematográfica, mucho más conectada con los problemas que tiene nuestro mundo y con encontrar soluciones mirando de otra forma. Kanimambo es una buena película y además necesaria, pero pertenece a ese extraño grupo de las que tienen muy complicado llegar a estrenarse en las salas. Como dice Luis Miñarro, uno de sus productores, el que la película no tenga una salida fácil no significa que no haya que hacerla.

También en Sección oficial se presentaba Memorias de mis putas tristes, una adaptación de la novela de Gabriel García Márquez. Aunque el director potencia la parte poética con una excelente fotografía y construye con buen tino la historia, la película deja en quien la ve un gusto raro, como de un cierto aburrimiento y hastío, tal vez atrapado entre tantas miradas y en una anécdota un tanto insulsa.

En ZonaZine se proyecta otra de las películas que acapara mucha expectación y flashes de photocall. Seis puntos sobre Emma es el primer largometraje de Roberto Pérez Toledo, un hombre con una sólida trayectoria en el mundo del cortometraje. Es la suya una película intimista, con una mirada personal y distinta, que nos habla de sentimientos mucho más allá de la condición de sus personajes. La película gustó, pues tras la proyección de prensa se escucharon muchos aplausos.