miércoles, 8 de febrero de 2012

La voz dormida, contar nuestra historia sin silencios

Benito Zambrano firma la adaptación de la novela de Dulce Chacón para que no nos olvidemos de nuestra historia

Cartel de la película La voz dormida
Cartel de la película La voz dormida
Lo cierto es las películas españolas que hablan de la postguerra no superan el 2% de nuestra filmografía en los últimos años. Sin embargo siempre escucho a alguien que se queja diciendo que se hacen demasiados largometrajes sobre este tema. ¿Es que no podemos hacer películas de la postguerra? ¿Es que no debemos contar la historia de lo que pasó? ¿Por qué hay que callarse? Las películas como La voz dormida son pocas y nos hacen mucha falta para conocer todo lo que verdad ocurrió. Dice Zambrano, su director, que se debería realizar una película por cada hombre y mujer que lucharon por defender la República -no lo olvidemos, era el gobierno legítimo de España y había sido elegido democráticamente por sus ciudadanos-. No es fácil mirar hacia atrás y contar una historia de aquel tiempo; para el director, la novela de Dulce Chacón, le descubrió una puerta al pasado.

La voz dormida recuerda y homenajea a los que pelearon por un mundo mejor, pero sobre todo nos enseña que debemos seguir luchando por lo que es nuestro: las libertades y la sociedad que vislumbró la II República. Y debemos seguir haciéndolo hoy porque la Democracia que tenemos está siendo vaciada de contenido. No podemos olvidar ni dejar que la impunidad nos gane la mano. Estamos obligados a repasar nuestra historia, la dura e injustificada represión franquista, y hacerlo sin contemplaciones, hablando claro.

La voz dormida es una película republicana, hecha para difundir la libertad y la justicia, y también una historia de sacrificios que nos debe doler como sociedad. Unos sobrevivieron a duras penas, marcados de por vida. Muchos se quedaron por el camino, víctimas de una guerra primero y de un franquismo sangriento y asesino después, que planificó el exterminio de quienes no pensaban como ellos. Tras la Guerra Civil vino el genocidio, la muerte, las cárceles, la tortura, la persecución, los robos de niños, el adoctrinamiento… un genocidio sistemático que se atreve a narrar La voz dormida. Lo describe en su entidad y lo detalla en las personas que lo ejercieron, en las que lo sufrieron y en las que perecieron bajo sus manos fusilados una noche cualquiera ante la tapia de un cementerio. Zambrano nos obliga a mirar de frente nuestra historia y lo hace desde la voz de una muchacha inocente, que cree en las personas y que no puede entender el ensañamiento contra los que defienden sus ideas políticas. El franquismo fue sinrazón y barbarie.

La voz dormida me gusta sobre todo porque en ella no hay concesiones a la derecha. No niega que hubiera desmanes en los dos bandos, pero señala con el dedo a quiénes originaron la guerra y su posterior sangría, nos dice quienes fueron los que se aplicaron con afán destructivo para construir una nueva España que dejaba fuera (en las cárceles, en las cunetas, en las tapias de los cementerios…) a los que defendieron el régimen democrático y social de la República. Ellos son los culpables y todavía no han pagado por sus crímenes, nuestra sociedad ha sido incapaz de condenarles.

Marc Clotet y María León en una escena de la película La voz dormida
Marc Clotet y María León en una escena de la película La voz dormida
Las dos Españas se muestran separadas. A un lado, una Iglesia mortificadora, de monjas y curas de látigo, que piensan que la verdad es única y la atesoran ellos por la gracia de su «dios padre y señor todopoderos», seres que se sienten facultados para castigar a quien se equivoca no opinando igual. Del mismo ramo, los militares, que salen menos, pero que tienen formadas las mismas opiniones pues tampoco creen que los rojos tengan defensa alguna, su ideología misma les condena. Frente a ellos, las mujeres que retrata La voz dormida no son culpables, no hicieron nada malo, quisieron una educación pública, una cultura que llegase a todo el mundo y la libertad para pensar por sí mismas, ¿qué crimen se le puede achacar a una maestra cuyo único delito fue apuntarse a un sindicato socialista que además era legal?

Esa es la sociedad que se encuentra Pepita (María León), con la guerra acabada, al llegar a Madrid para estar cerca de su hermana Tensi (Inma Cuesta) que cumple condena en un penal de mujeres. Pepita es bondadosa, cree que se puede vivir en esta España azul, piensa que quedan márgenes para la justicia. Ella los explora sin prejuicios, busca pero constantemente se le niega hasta la menor repuesta y sus ojos, que se van llenando de lágrimas, no pierden nunca su brillo, esa esperanza que la mantiene siempre en pie. Lo hace con dignidad, aunque tenga que suplicar, y así va comenzando a construir una ideología propia, con los golpes que esta vida le va dando. Son los otros los que, desde una posición de fuerza, se hacen indignos. En toda comparación gana ella. En la interpretativa también. Lo hace con naturalidad, con sus ojos, con un hablar atropellado, con lágrimas, con la fragilidad de la desnudez ante la tortura, con su luto, con unas pequeñas confesiones, con su mirar de frente, con los sentimientos a flor de piel y con toda la inocencia del mundo. Es sin duda, la de María León una de las mejores interpretaciones de este año que ya fue recompensada en el Festival de Cine de San Sebastián y podría serlo también en los Goya.

Inma Cuesta, la otra protagonista, borda su papel de presidiaria fuerte pero llena de ternura, de mirada alta porque no hizo nada malo, de principios inquebrantables, de carácter y de razón. Igual de acertado está el resto del reparto, donde los fascistas, las carceleras, las monjas… los papeles más duros y despiadados los interpretan actores y actrices importantes y con peso en nuestra filmografía, para así darles dimensión y que de verdad se vea la crueldad de estos personajes. No eran falangistas de chiste porque sus manos se encargaron de matar a mucha gente, tanta como para no tomárnoslos en serio.

La derecha ha dicho que la película no resulta verosímil, y en cierta manera es verdad, aunque no en el sentido que lo dicen ellos. La historia la dulcificó un poco en su novela Dulce Chacón, pues, tras entrevistarse con muchas personas, descubrió que la realidad resultaba aún muchísimo más cruel y difícil de creer. Zambrano tampoco ha querido recrearse en las imágenes más duras, pero les ha dado el contexto en el que se desarrollaron, y ese contexto ya resulta bastante repugnante de por sí.

Benito Zambrano es un trabajador meticuloso del cine que apenas se prodiga. Lo suyo es construir verdaderas obras maestras, pero para ello necesita tiempo y mucho esfuerzo. Pone el alma al servicio de lo que emprende, pues hacer cine para él es un asunto propio de compromiso con el mundo. La voz dormida es un largometraje para el que se necesita un equipo comprometido que se entregue y apueste por la verdad. Así fue y eso transciende de la pantalla y se siente su aliento en la butaca.

La voz dormida me gusta porque es una gran película que está llena de sentimientos y que nos habla de verdad sobre la memoria, de la gente que sufrió y de cómo unos pocos aterraron y secuestraron el futuro de un país. Me sobrecoge el primer fusilamiento en la tapia de la cárcel y el levantarse de las presas, puño en alto, para entonar La Internacional. Me sobrecoge el último ajusticiamiento, el de la propia Tensi y su grito de «Viva la República» antes de que suene la bala asesina. Me sobrecogen las torturas. Me sobrecogen la crueldad y el desprecio de quien manda.

A modo de pequeño anecdotario: ¿De dónde le surge la idea a Benito Zambrano para querer llevar al cine La voz dormida, la novela de Dulce Chacón? Él mismo lo ha contado varias veces. Mientras preparaba el guion de Habana Blues, una amiga le habló de la novela. La curiosidad le pudo y comenzó a leer las primeras páginas en las que descubrió que estaba ante un libro extraordinario. No quiso que interfiriera con el guion que escribía, así que la aparcó hasta que una noche, desvelado por el trabajo con el texto de Habana Blues, cogió de nuevo el libro. Se enamoró de la novela, «cada párrafo me llenaban de emoción, cada página la veía llena de imágenes cinematográficas. Muy pocas veces me había pasado algo igual. Nunca, hasta esa noche, me había planteado hacer la adaptación de una novela».

A la mañana siguiente localizó por teléfono a Dulce Chacón. Ella hablaba encantada de Solas, Zambrano de La voz dormida. Hicieron un pacto de colaboración y quedaron en verse la próxima vez que el director viajase a Madrid. Cuando al fin ocurrió, la escritora ya estaba en el hospital, le estaban haciendo algunas pruebas y aún no sabía lo que tenía. Cuenta Zambrano que Dulce Chacón le recibió con una hermosa sonrisa y una disculpa por el lugar de la cita.

Días después le dieron la mala noticia, tenía un cáncer de páncreas en estado muy avanzado. A petición del marido, volvió al hospital a visitarla y ella le recibió con la misma sonrisa del primer día. Estuvieron hablando de cómo veían la adaptación de la novela, hasta que el dolor y la morfina le hicieron perder a la escritora el conocimiento durante unos minutos. Quedaron en volver a verse, en trabajar juntos el guion si el cáncer se lo permitía. Eso nunca fue posible. Dulce Chacón murió un mes más tarde. Zambrano no pude despedirse de ella porque estaba en Cuba preparando Habana Blues.

Cuenta que aquella cálida sonrisa, la del segundo día, la que ella le regaló aún a pesar de saber que se estaba muriendo, le hizo sentir que tenía que hacer la película de su novela, por él y por Dulce Chacón.

martes, 7 de febrero de 2012

Marcos Ana, la voz humana de la solidaridad

El poeta Marcos Ana presenta en el Círculo de Bellas Artes su libro Poemas de la prisión y la vida


Martes 7 de febrero de 2012. Círculo de Bellas Artes. Madrid

Marcos Ana durante la presentación
Marcos Ana durante la presentación
Marcos Ana llegó pronto y como no le gusta estar mano sobre mano, antes de empezar la presentación ya estaba firmando ejemplares de su libro Poemas de la prisión y la vida. Pronto se formó una larga cola que llegó lejos, incluso más allá de la hora prevista para el inicio. Cuando pasaban veinte minutos, Osman Vega, el editor del libro, pidió a los que aún aguardaban que esperasen al final para no retrasar más el acto.

Fue una noche de anécdotas y de cariño, de gestos tanto como de palabras. Contó Osman que el día anterior, aparcando el coche le preguntó a su acompañante si le había llegado la invitación para esta presentación. «¿La de Marcos Ana?». «Sí, la de Marcos Ana». La conversación la escuchó un operario de la ORA y les dijo que qué envidia porque ellos le conocían personalmente. Siguieron hablando y el hombre les explicó que le admiraba, Marcos Ana siempre había sido para él un ejemplo de solidaridad y de lucha. Incluso ahora en el presente.

La parte de las palabras la inició Rogelio Blanco de una forma profusa, alargando el verso del poeta y recordando a tantos autores que también pasaron por la cárcel o se inspiraron en el cautiverio para escribir sus obras. Entre citas y comparaciones, cuenta que siempre ha habido por parte del poder un cierto deseo de encarcelar la poesía. Los cautivos son «como plantas frágiles que siempre se pueden cortar», pero siguiendo con el mismo símil, Blanco explicó que también tienen una raíces fuertes y soterradas que les permiten aguantar cuando las situaciones resultan más adversas. Miguel Hernández describió a los que sufren cautiverio como «habitantes perdidos en la sombra, pero llenos de luz». Esa fuerza interior, esa resistencia inquebrantable, anidó en Marcos Ana que sigue en su continua defensa de la libertad y la democracia. Los poemas que ha escrito para este libro son versos que arrancan de la memoria, cargados de esperas, desasosiegos y anhelos.

Portada del libro de Marcos Ana Poemas de la prisión y la vida
Portada del libro de Marcos Ana Poemas de la prisión y la vida
Después leyeron sus versos Juan Diego Botto y dos actrices jóvenes, Lucía Álvarez y Sandra Navarro. Cada cual recitó a su manera, diferentes todos, pero llenos de un sentimiento embriagador que se contagió al público, que erizó la piel. Si alguien se hubiera fijado en cada uno de ellos, hubiera visto un brillo especial en los ojos, una gratitud inmensa hacia Marcos Ana y su humanidad. Juan Diego Botto le lanzó un beso desde el atril y cerro el puño en alto. Lucía, emocionada, le dio las gracias por mantener la dignidad. Sandra, susurrando pero marcando cada letra con los labios, dijo un sentido «gracias, Marcos». Subió Marcos al atril para leer un poema con Sandra y fue un momento en el que al poeta se le vio reírse mientras los dos se organizaban.

Alondra Badano también leyó, pero antes tuvo un instante para explicar como habían llegado los poemas de Marcos Ana a sus manos. Cuando el poeta salió de la cárcel, al año siguiente, le organizaron un viaje por América Latina. El primer país al que llegó fue Uruguay. No querían que se alojara en un frío hotel, así que decidieron que se quedara en casa de los Badano. Alondra era una niña, a la que Marcos hacía rabiar metiéndose con su nariz, le decía «chica, si llovieran gafas, tú te harías millonaria». Un día se enfadó más que los otros y se encerró en su habitación. Marcos intentó hacerla salir, pero ella no le hacía caso. Como compensación, se le ocurrió ir metiéndole sus poemas por debajo de la puerta.

El momento más especial de la noche vino de la mano de Luis Pastor y Lourdes Guerra. Prometieron una sorpresa y cumplieron dos. La primera, que han musicado el poema de Marcos Sueño de libertad. Lourdes y Luis lo cantan a dos voces, acompañados por la guitarra. Les vi mirar a Marcos y sonreír, y mientras les escuchaba observaba en sus rostros que la felicidad debía ser eso, cantarle a un amigo al que se quiere mucho. Le tiraron besos al acabar la canción.

Pero no terminan ahí, lo que abandonaron es la guitarra y sin ella comenzaron con el segundo regalo. A golpe en pecho y a capela, Lourdes y Luis, cantaron Mariposa de noviembre dedicándosela a Marcos, porque sabían que es una canción que le gusta mucho. Marcos, desde la mesa canturreaba. Lo que se vivió con esta canción en la sala del Círculo de Bellas Artes fue un instante único, cargado de tanta magia como poesía.

Finalmente Marcos Ana tomó la palabra. Su discurso fue sencillo, contó que si bien vivió encarcelado toda su juventud, se consideraba un privilegiado. Al salir en libertad le estaba esperando la gente para recorrer el mundo. Sin embargo aquella libertad no era completa, sentía que no podía serlo mientras quedasen compañeros suyos en las cárceles. Lo que debía hacer era convertirse en el altavoz que explicara el drama de los presos políticos españoles. Se siente apesadumbrado e incómodo cuando el protagonismo recae sobre él, así que lo comparte siempre con los hombres que lucharon por traer la libertad para España, quiere darles voz y visibilidad. Dijo que había hecho en la vida lo que quería hacer, que llevó la vida noble de revolucionario y pagó su precio con 23 años de prisión. Está hecho de solidaridad, esa palabra que sigue siendo en nuestro mundo la más necesaria. A cambio de la solidaridad que recibió y recibe, su vida estará siempre dedicada a luchar por la libertad. «Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo», señaló.

Recitó un poema más, esta vez de memoria, para ir acabando, que dijo que esto se había hecho un poco largo. Miré el reloj y sí, había pasado el tiempo, pero de una manera tan dulce que parecía mentira. Al terminar el acto, lejos de las luces, vi a Marcos Ana fundirse en un abrazo con Luis Pastor. Una estampa que bien se podría titular la fraternidad, el cariño y la humanidad de dos personas imprescindibles.

lunes, 6 de febrero de 2012

Contra la impunidad, memoria

Homenaje a las víctimas del franquismo, por su memoria y para que no haya impunidad con los crímenes fascistas


Lunes 6 de febrero de 2012. Teatro Bellas Artes. Madrid

Cartel del evento Memoria contra la impunidad
Cartel del evento Memoria contra la impunidad
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y la Fundación Contamíname han querido rendir un homenaje a las víctimas del franquismo ante el desamparo judicial en el que viven. Muchas personas del mundo de la cultura y el arte, junto con víctimas, sus familiares y los voluntarios de las asociaciones que trabajan en las exhumaciones de las fosas comunes del franquismo, se dieron cinta en el madrileño teatro Bellas Artes para mostrar su apoyo.

Abrió el actor Juan Diego Botto explicando que, en su opinión, esta era un acto de presente, pues el legado de todos aquellos luchadores se mantiene vigente en este tiempo, la Democracia será lo que de ella hagan sus ciudadanos. Después leyó un texto de Emilio Silva, nieto de fusilado republicano, hablando de la justicia y lo que ésta olvida en España. De la justicia, sobre todo de su ausencia, se habló mucho durante el acto, porque somos el país de los desaparecidos, vivimos sobre un gran yacimiento de la impunidad. Pedro Fausto Canales Bermejo, que venía de testificar hoy en el Tribunal Supremo, conmocionado y alegre porque al fin le dejaron contar la verdad, leyó el editorial del New York Times La verdad a juicio en España en el que se hace una crítica severa a la justicia en nuestro país por intentar encausar al magistrado Baltasar Garzón al querer investigar los crímenes del franquismo. En dicho artículo se señala que este juicio es un inquietante eco del pensamiento totalitario de la era de Franco y una ofensa a la Justicia y a la Historia.

Las voces de la memoria son muchas. Se escucharon muchos testimonios, leídos en su mayoría por actores, pero también por los familiares de las víctimas, que pusieron su memoria al servicio de la causa y para que se sepa lo que pasó. Sus palabras desgarraban el corazón al mostrarnos el sinsentido que vivieron. ¿Qué hay de malo en una familia que quiere encontrar los restos que están en fosas comunes, perdidos en las cunetas y sin identificar, para poder darles una sepultura digna entre los suyos?, ¿a quiénes les puede soliviantar este deseo salvo a los propios asesinos?, ¿a quién se encubre cuando la Justicia decide mirar para otro lado?

Carmen Arrojo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Carmen Arrojo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Somos muchos los que seguimos esperando una condena a los crímenes franquistas, porque segaron lo mejor que teníamos, una generación de luchadores y de verdaderos demócratas, e instauraron, a cambio, el régimen del terror. No hay nada peor que se le pueda hacer a un ser humano que matarle por defender sus ideas, por luchar por un gobierno legítimo, y sin embargo, aquí no es delito. Los testimonios son caminos que nos llevan siempre a un antiguo dolor, a frases farfulladas entre dientes para que no se oigan, con miedo, y que dicen que aquí nunca se hará justicia. Se me queda grabada en el corazón la imagen de un nieto viendo llorar a su abuela, con lágrimas silenciosas y entre suspiros.

La Unión de Actores y Actrices de la Comunidad de Madrid se ha sumado a la querella abierta por los crímenes cometidos en España por la dictadura franquista y contra su impunidad. Dicha querella se presentó en Argentina el 14 de abril de 2010 y sigue su curso, tras haber sido aceptada por la jueza María Servini de Cubría. En la sala se encontraban dos de las personas que iniciaron aquella querella.

A veces la música ayuda a esclarecer la justicia, así ocurrió con el Romance del Comandante Moreno que sirvió a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica para establecer el inicio de un proceso de investigación y posterior recuperación de los cuerpos y la honra de un grupo de hombres que formaban la plana mayor del Batallón Galicia. Los asesinaron en el monte del Acebo (Lugo) como bien decía la canción. Para honrar ese recuerdo se vivió un momento especialmente emotivo al proyectarse un vídeo en el que Severiana Murias, una anciana de la comarca, cantaba íntegramente y de memoria el Romance.

Pedro Guerra durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Pedro Guerra durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
El cantautor Pedro Guerra, que interpretó Huesos, quiso explicar que cuando se abre una fosa, lo que se encuentra allí son huesos, nada más, pero que cada uno de esos huesos tiene detrás una historia de horror. Luis Pastor reconoció que a los de su generación, rojillos desde los dieciséis, siempre les ha costado decir España, porque significaba franquismo y represión. La España democrática y republicana nos la robaron a todos un 18 de julio. Cantó Los hijos de España y después recitó la canción que dará título a su próximo disco ¿Qué fue de los cantautores?.

Ismael Serrano explicó que la memoria es nuestro último patrimonio, el andamio que nos permite restaurar los agujeros perdidos. Después comentó intimidades del camerino, donde se colaron periodistas de Interecomía para hacer sus manidas preguntas sobre reabrir heridas y el dolor causado por igual en ambas partes. Guillermo Toledo les respondió con valentía, y cuenta Ismael que todos allí sintieron su contestación como de cada uno de ellos. Los periodistas insultaron a los maquis, esos mismos que luego liberaron Francia. Estas cadenas tratan de anestesiarnos, de que miremos hacia otro lado. Afortunadamente hay muchas personas en este país que piden justicia y comparten la necesidad de buscar los restos de tanta gente que aún duerme en las cunetas.

Guillermo Toledo nos exhortó a continuar, pues la lucha antifascita sigue viva. Después leyó dos de los testimonios que quedaron escritos tras unas exhumaciones. Textos que pusieron la piel de gallina por lo directos que resultaron. El primero correspondía a una niña de dieciséis años.

Pilar Bardem y Carlos Olalla durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Pilar Bardem y Carlos Olalla durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Leo Bassi mostró una mirada más internacional, explicando que todo el fascismo que vino luego, el que desembocó en la Segunda Guerra Mundial, era heredero de nuestra Guerra Civil y de la victoria del franquismo. Se planteó que por qué se quedan solo en España las protestas que piden la absolución del juez Garzón. Debemos pedir apoyos fuera, que seguro los encontraremos, y recurrir a las instancias europeas.

El jurista José Antonio Martín Pallín explicó que el lenguaje de las leyes es seco y desabrido, pero que a veces deja espacios para la comprensión. Garzón cumplió con su deber y de buena fe se puso a investigar los crímenes franquistas, así que sus acciones no son condenables. A estos crímenes, Pallín los tildó del holocausto de los demócratas españoles y no le faltó razón, pues fue algo sistemáticamente planificado y ejecutado desde el poder. Esta causa contra Garzón nos hace perder la credibilidad de los jueces. Aprovechó para señalar la muestra de dignidad de los testigos, que además significa un aldabonazo en la conciencia de algunos españoles. La democracia tiene una deuda con el pasado.

En cierta manera, a nuestra generación nos toca un papel de pasar el testigo entre aquellos que lucharon y los que llegan ahora para continuar la batalla. Ese es otro de los trabajos de la memoria. Lucía Sócam es una de esas muchachas, cantautora infatigable que levanta su voz ante lo injusto. Con decisión ha emprendido el camino de recuperar la memoria. No quiere olvidar, y se empeña en recordar que todos los hombres y mujeres que siguen en las fosas tienen apellido, como dice su canción Todos los nombres. Cantó también 17 Rosas, un tema dedicado a las diecisiete mujeres fusiladas en Gerena y que estos días se están exhumando. Se acuerda de ellas porque no son solo mujeres, son algo más, ofrecieron su alma y su vida por la libertad. Abusaron de ellas y las mataron sin piedad, como a tantas otras mujeres en aquellos años.

Remedios Palomo e Hilda Farfante durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Remedios Palomo e Hilda Farfante durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Allí, sobre el escenarios, fueron dejando su arte la directora Laia Ripoll y el actor León Marcos en un emotivo recuerdo dramatizado que recuperaba los últimos momentos de vida de un joven fusilado (¡Qué triste es morirse con 16 años!), los actores Alberto San Juan y Carlos Olalla y las actrices Pilar Bardem y Aitana Sánchez-Gijón, que dieron voz a quienes la perdieron a manos de un franquismo inhumano. Esos textos se pueden leer en la página de Público. También pusieron su música Rodrigo García, Tontxu o Alejandro Martínez, que ha musicado poemas de Jaime Gil de Biedma.

Para completar el capítulo de la memoria, Carmen Arrojo leyó un fragmento del Campo de Almendros de Max Aub. Españoles rotos, derrotados, lo mejor del mundo. Leyó con emoción y recordó que ella vivió en primera persona todo aquello con su padre, su hermano y su compañero que allí falleció. Que no ha olvidado aquellas imágenes.

Después Remedios Palomo contó las atrocidades que hicieron con su familia, uno tras otro, hombres y mujeres. Hoy quiso devolverles el honor recuperando su memoria. Hilda Farfante, hija de maestros republicanos fusilados, dio voz al resto de víctimas con un grito angustioso y desesperado del dolor por tantas juventudes truncadas, asesinados por defender causas justas que no tuvieron juicio, ni abogado, ni sentencia. Siguen buscándolos y lo harán todo el tiempo que sea necesario, aunque los gobiernos de España y la Justicia no les ayuden. Dijo que tenía un sabor agridulce, lo dulce por haber ido encontrando en su camino a tantos nietos de republicanos muertos. Los nietos lo van a conseguir, porque no tienen miedo.

Guillermo Toledo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
Guillermo Toledo durante el homenaje. Foto Toni Gutiérrez
El poeta leonés Juan Carlos Mestre cerró las intervenciones. Dijo que los poetas son gente desagradable especialmente porque son testigos que no callan. Habló de su abuelo, un sastre de Villafranca del Bierzo, y de un amigo que le había encargado un traje que no llegó a estrenar. Aquel hombre era el abuelo de Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y lo mataron por sus ideas políticas. El fascismo legalizó el crimen como conducta de estado, algo que debería espantarnos a todos y que nos obliga también a no dejarlo pasar impunemente. Recitó después con voz de trueno uno de sus poemas para recordar por sus nombres a las víctimas.

Después sonó Canto a la libertad del fallecido José Antonio Labordeta y su voz lo resumió todo. La gente se levantó y fue abandonando el teatro. En los rostros se veía dolor, recuerdo y una chispa de esperanza. Este homenaje se lo debíamos desde hace mucho tiempo a todos los que murieron impunemente a manos de los criminales franquistas.

domingo, 5 de febrero de 2012

La selección de cortos de la Academia, ejemplo de variedad

El barco pirata, El premio, Matar a un niño y Meine Liebe son los cuatro cortometrajes de ficción que ha elegido la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España para competir por el Goya

Cartel del cortometraje El barco pirata
Cartel del cortometraje El barco pirata
El barco pirata, de Fernando Trullols, es un corto simpático que explota tópicos como la noche de Reyes, la crisis, la vuelta al hogar materno tras el divorcio, los caprichos de los niños, lo mal que está todo... Juega con lo imprevisto y con intentar no romper la magia que los niños ponen en los Reyes Magos, para al final descubrir lo importante, que el motor de las relaciones filopaternas no está en lo material.

Bueno, quizá haya exagerado un poco y no sea más que un guion desarrollado sobre una idea ingeniosa, al que unos grandes actores le dan bastante soporte. Empecemos, los personajes de Alberto San Juan y Antonio de la Torre trabajan de guardias de seguridad en un centro comercial que no parece tener demasiado futuro. Matan el tiempo como pueden, grabando vídeos y charlando. La vida está muy mal con tanta crisis, pero el sueño de un niño, su regalo de navidades, es intocable, aunque cueste un ojo de la cara. No se sabe en realidad si son los deseos de un niño, que pueden cambiar con el viento, o los de un padre separado al que, después de volver vencido e inútil al duro hogar de su madre viuda, no le quedan más ilusiones que las que cree que pueda tener su hijo. La abuela, Petra Martínez, es una mujer de carácter y una embaucadora que trata de dar al nieto lo que siempre negó a su hijo. Viven en el extrarradio, con modestia. Y algo pasa, en lo que interviene Raúl Arévalo y otros dos señores, que altera la noche mientras se duerme esperando por los regalos. La vida está muy difícil, hay que echar mano de lo que se puede, pero la inocencia del niño es algo sagrado. O no, tal vez sea el momento de descubrir que se ha hecho mayor y los cuentos, cuentos son.

Lo dicho: humor, un enredo y muy buenas interpretaciones que le han valido a El barco pirata la nominación como mejor corto en los Goya. En contra, que no pasa de ser una anécdota construida sobre arquetipos.

Cartel del cortometraje El premio
Cartel del cortometraje El premio
La primera vez que vi El premio, de León Siminiani, me supo a poco, me quedé apenas en que contaba con dos excelentes actores, Pilar Castro y Luis Zahera. Reconocí que su director no había desaprovechado la oportunidad para hacer un corto con cierto empaque sustentándose en la interpretaciones de los protagonistas y en la producción de Koldo Zuazua y Daniel Sánchez Arévalo. Sí que le encontré un deseo de hablar de las relaciones, contando que era un cortometraje que va y viene para dar la vuelta completa y explicar lo que cada uno quiere, o busca, en su pareja. Señalé su vocación de jugar a la verdad para acentuarlo, tanto en que los personajes utilizan sus propios nombres, como en que se usaban para ello imágenes reales de la gala de los Goya de 2010. Y terminé quejándome de que no le vendría mal un poco más de dinamismo para hacerlo brillar.

La segunda vez, le encontré más detalles, por ejemplo entendí el uso del tiempo y las esperas como sinónimo de lo cotidiano, de lo gastado de la relación. Descubrí que los diálogos ahondan en lo mismo, que estaban para hablar de vacíos entre los personajes o ser reproches mutuos que se lanzan entre ellos, no para buscar soluciones. Echar en cara la ausencia del otro, el egoísmo de cada uno, es el elemento motor de El premio. Aprendí que subirse a un taxi en compañía no significa más que compartir un viaje, pero que uno se puede bajar sin el otro antes de llegar al destino. El premio habla del dolor que las cosas más inocentes producen en nuestra parejas porque no le damos la misma importancia.

Tiene mensaje, e intenciones. Las interpretaciones son estupendas y ayudan mucho a sostener la historia sin caer en lo excesivamente melodramático. Atesora grandes virtudes, pero, en mi opinión, el cortometraje es demasiado concentrado, da poco y exige mucho del espectador.

Cartel del cortometraje Matar a un niño
Cartel del cortometraje Matar a un niño
Matar a un niño comparte con El barco pirata el asunto principal: la inocencia de la infancia y que siempre hay un momento en el que se pierde del todo. Es la única coincidencia.

Lo que más me gusta de Matar a un niño es lo innovador en sus formas, su aire diferente y esa postura nueva ante el concepto de cine. Los hermanos Esteban Alenda, César y José, firman un cortometraje en blanco y negro que, en su mayoría, es una sucesión de fotografías estáticas. Es la suya una propuesta muy interesante, de tiempo visual detenido me atrevería a decir, jugando en todo momento con una imagen que se para y un sonido que sigue, como eligiendo cada fotograma que debe guardar el espectador en su memoria. Una historia de inocencia narrada con una voz en off potente, marcada por sonidos cotidianos que nos resultan familiares y que rellenan los pequeños huecos entre las imágenes. No tiene prisa, nos deja tiempo para pensar, para anticiparnos, para que podamos sentir y asimilar lo que creemos que va a ocurrir. No por detener el movimiento se pierde la tensión dramática, incluso en algunos puntos se acentúa más.

No creo que desprecie la continuidad que el cine supone, sino que ese marcar imágenes y detenerlas resulta una apuesta por el modelo de recuerdo tal y como como la propia memoria lo haría, que funciona más como una cámara de fotos que como una de vídeo. Cuando miramos hacia tras, cada uno de nuestros recuerdos se asimila con su imagen detenida en un instante. El blanco y negro y las caras de los actores son suficientemente expresivos para suplir el movimiento. Estupendo trabajo del elenco: Roger Princep, Cristina Marcos y Róger Álvarez. Maravillosa la imagen del reloj que intenta pasar al siguiente segundo sin poder hacerlo.

Es un trabajo que deja muy buen sabor de boca. La propuesta arriesgada, la estética, la imagen y la novedad de Matar a un niño me encantan. Si tuviera que ponerle un pero, éste sería el giro final del guion que supone, más que una sorpresa, un cambio de decisión, una ruptura demasiado fuerte que se separa por sí sola del resto del cortometraje.

Cartel del cortometraje Meine Liebe
Cartel del cortometraje Meine Liebe
Meine Liebe, de Ricardo Steinberg y Laura Pousa, también nos habla de las relaciones de pareja, sobre todo cuando hay una gran diferencia de edad. El personaje de Ginés García Millán ve en su relación el peso de la opinión de los demás, cada momento en que están juntos, fuera de las cuatro paredes de la casa, le resulta imposible. Se siente juzgado y condenado porque su hija es mayor que su amante, así que prefiere el secreto. El personaje de Teresa Hurtado de Ory le quiere, pero le pide que, como pareja, se implique un poquito, que reconozca la relación, que viva el presente y que permita una mínima planificación de un futuro. Asfixiado por las normas de la sociedad, porque su mundo gira, y asustado por perder la comodidad con la que ha ajustado su vida se debate sobre dejar en segundo plano lo que desea antes que hacerlo público. Y sin embargo sus miedos están dentro, cuando su amigo le descubre, lo que siente es envidia, pero él no quiere hablar, no hay nada que contar.

Proyectan juntos un viaje de fin de semana a Berlín, un lugar donde pasear juntos, de la mano, una oportunidad para compartir, de conocerse. Llega ese momento de tomar decisiones, de dar ese paso. Él se siente aterrado. Ella feliz con lo que va a ocurrir.

Meine Liebe sabe combinar sensualidad, incertidumbres y pesares. Mezcla imágenes de vídeo que dan un toque más íntimo. Tiene una buena banda sonora y sólidas interpretaciones de los dos protagonistas y también de los secundarios Manolo Solo y Eva Rufo. En su contra juega que es una historia demasiado simple y un tanto vieja.

viernes, 3 de febrero de 2012

Verbo, la imaginación que nos salva

Eduardo Chapero-Jackson elige los vacíos de la adolescencia para su primer largometraje

Cartel de la película Verbo
Cartel de la película Verbo
Eduardo Chapero-Jackson, antes de Verbo, había escrito y dirigido tres cortos con mucho recorrido en festivales y todos ellos con bastantes premios en su haber. El director, con el personal lenguaje cinematográfico que había desarrollado en ellos, se había convertido en una joven esperanza para impulsar una renovación en el nuevo cine de nuestro país. Así que cuando decidió dar el salto al largometraje se creó mucha expectación a su alrededor. San Sebastián seleccionó su largometraje para la sección oficial, y de allí saltó directamente a las salas comerciales, donde paso un tanto desapercibido. No le acompañó la fortuna y además las fechas elegidas le hacían competir en primer lugar con otro de los directores nóveles con los que comparte candidatura a los Goya, Kike Maíllo, y también con los consagrados Benito Zambrano y Jaume Balagueró. Mucho cine español en la cartelera compitiendo entre sí. Al público, también lo desanimó el hecho de que las críticas la señalaran como una película juvenil.

Verbo se podría clasificar como un largometraje de género fantástico, en el que cohabitan un mundo real y otro fantástico, una especie de subsuelo en el que viven desapegadas las almas. Se trata de una fábula, de estructura clásica y muy clara en su mensaje. Lo primero que sorprende de la película es el trabajo de su director en construir una geografía, física y espiritual, que sustente la historia. La física la plasma en un desangelado barrio colmena, como muchos de los construidos durante la burbuja inmobiliaria -precisamente estas escenas se rodaron en Seseña, en la famosa urbanización del Pocero-, al que se contrapone el centro de Madrid que se nos va enseñando con los ojos de quien descubre sus rincones más secretos por primera vez. La espiritual es apocalíptica, húmeda y oscura, supone estar corriendo siempre de una forma desesperada, agotadora si no se tienen las fuerzas suficientes.

En los límites de estas tres geografías se plantea la historia. Sara (Alba García), es una muchacha de un barrio alienante, que no encuentra belleza a su alrededor. Busca un sentido a su existencia, porque siente que le falta algo que no sabe expresar. Piensa que no tiene una identidad, ni sabe donde encontrarla. Ni siquiera conoce si hay otros a los que le ocurra lo mismo que a ella, aunque intuye que sí. Retraída, tímida, llena de complejos, callada, el mundo no la entiende y su vida se tambalea. A Sara se le acumulan los vacíos y se va nutriendo de una fantasía que se le dispara y la mantiene viva en esta sucia realidad que la rodea. Verbo cuanta la historia del viaje interior que la adolescente emprende para decidir salvar su vida o no hacerlo.

Alba García en una escena de la película Verbo
Alba García en una escena de la película Verbo
Es el drama de la adolescencia, donde el peso de los grandes problemas de ese momento atosiga y hunde. La época en que se empieza a dibujar la esencia de uno mismo y a entender el mundo, la que nos obliga a relacionarnos entre nosotros aún temblorosos por los miedos que encerramos, la que nos hace tan invencibles como derrotados. Nos sentimos solos frente al mundo. Llenos de incomprensión. Lejos de los mayores, de las reglas de su mundo que nos resultan como poco injustas. La vida vale poco a esas edades si no es intensa, ni se disfruta. Todo son dudas, inquietudes. Nos hacemos preguntas: ¿debe existir algo más de lo que ven nuestros ojos, algo que de un sentido a nuestra vida y que nos ayude a encontrar nuestra identidad?, ¿o, por el contrario, todo lo que hay, todo lo que me espera, es esto? Surgen dos mundos, el que está dentro y el de afuera; son entonces los sueños y las utopías los encargados de salvarnos de la grisura y la fealdad. Sin duda, esas preocupaciones de la adolescencia, Verbo consigue plasmarlas en su atmósfera.

Sara emprende el camino de buscar la belleza, la poesía, como antídoto y como solución para asumir la vida. En esa búsqueda le guía Don Quijote que va creciendo en ella como la figura que representa a todos aquellos soñadores que entendieron que debe existir otro mundo debajo de éste, más rico y dónde la imaginación sí que tiene cabida, soñadores que descubrieron que era su obligación sacar ese universo escondido a la luz para mostrárselo a los demás. Porque otro mundo más hermosos es posible, sólo se necesita decisión para cambiarlo.

Ese es el secreto que transmite Verbo a los jóvenes, que nada está perdido y que por lo tanto, antes de admitir derrotas, hay que intentarlo. Pero aún les dice más, les explica cuál es el proceso. Primero hay que tomar conciencia, después trabajar la capacidad para expresarse a través de la palabra y finalmente querer cambiar el mundo. De nada sirve la acción si antes el individuo no ha pasado por esas tres etapas. Salvando las distancias, que son muchas, le encuentro a la película un punto un tanto 15-M, especialmente por ese deseo de transformar la sociedad desde la inocencia. Tal vez ese sea el nuevo prisma sobre el que hacer el cine que está por venir y que quiere comprometerse con el mundo en el que vive.

Verbo no se queda exclusivamente en la problemática de los adolescente, sino que utiliza la fuerza de esa edad, la esperanza que siempre ponen los jóvenes en lo que emprenden, para plantear con suavidad otros problemas sociales. Se enfrenta al estado de la educación actual en la que se mezcla la desesperanza de muchos profesores, que han perdido las ganas de enseñar, con la apatía de los alumnos. No da soluciones, pero dice claramente que sin motivación la educación no sirve para nada.

Muy interesante resulta también la propuesta de Eduardo Chapero-Jackson de utilizar elementos asociados a la juventud. El arte urbano, el hip-hop y el cómic forman parte del lenguaje y la imagen de Verbo, y están totalmente imbricados en ella, con naturalidad. Es la apuesta por adaptar el cine a los nuevos tiempos.

La interpretación dramática de la película está sostenida por la debutante Alba García, presente en la mayoría de los planos, y que con su carácter va construyendo la película. Sus ojos y su rostro se quedan grabados en el espectador. Sobrecoge como de ese cuerpo menudo y fibroso consigue sacar ira y de ella el sosiego para emprender el nuevo camino. Le acompaña bien el resto del reparto, con un rítmico Miguel Ángel Silvestre que le da a la poesía y se arranca a cantar un tema de hip-hop; nadie como Verónica Echegui para mostrar la dulzura, o Víctor Clavijo para dar lecciones de sobriedad, Macarena Gómez de fragilidad, Adam Jezierski de fugacidad, Manolo Solo de hastío y desencanto, Nasher Saleh de la ternura de los primeros amores, Fernando Soto de incomprensión y presencia ausente y Najwa Nimri de soledad.

En resumen, es una película con una propuesta interesante, equilibrada, que asume nuevos mecanismos con los que desarrollar el lenguaje cinematográfico, pero a la que le falta un poco más de alma, de ese calor apasionado que no está presente cuando se mira lo que pasa desde demasiado lejos.

A modo de pequeño anecdotario: Eduardo Chapero-Jackson dice que llegó al cine porque después de haber estudiado Bellas Artes tenía que ganarse la vida. Así que aceptó una oferta para trabajar en una productora, Sogecine. Se encargaba del papeleo, y entre sus tareas estaba la revisión y archivo de las hojas de rodaje, que le sirvieron para aprender de qué forma se estructura una película. Desde la mesa de trabajo tenía una visión completa de cómo se gesta un proyecto, desde cuando solo es una idea hasta el momento de lanzar toda la campaña de marketing para el estreno, y entre medias cada una de las etapas. En aquella época trabajó para películas como Los otros (Alejandro Amenábar), Lucía y el sexo (Julio Médem), Al sur de Granada (Fernando Colomo), Mar adentro (Alejandro Amenábar) y Crimen Ferpecto (Álex de la Iglesia).

Al dejar la productora comenzó a escribir y dirigir sus cortometrajes Contracuerpo (2005), Alumbramiento (2007) y The End (2008).