sábado, 26 de noviembre de 2011

La noche de Montxo Armendáriz

Pepe Colubi y Blanca Romero presentan la gala de clausura del 49 Festival Internacional de Cine de Gijón

Detalle del cartel del 49 FICXixón
Detalle del cartel del 49 FICXixón en la mesa de prensa del Antiguo Instituto
Se acabó la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón. Nueve maravillosos días cargados de películas para todos los gustos. La de este año ha sido una selección de gran calidad, tanto que si habláramos de cosechas de vino y sus añadas, a esta edición se debería aplicar la categoría de excepcional.

Sección oficial. The Forgiveness of Blood, las culpas de los padres heredadas por los hijos

El director estadounidense Joshua Marston, que hace unos años sorprendió con la excelente María llena eres de gracia compite en la Sección Oficial con su segunda película: The Forgiveness of Blood, una coproducción entre cuatro países: Estados Unidos, Albania, Dinamarca e Italia.

En una aldea albanesa, padre e hijo, viajan en un carro tirado por un caballo. Cruzan las tierras de los vecinos, apartando las piedras que han colocado, para evitarse el rodeo que supone usar el camino, es algo que vienen haciendo de siempre. En el bar discuten las dos familias por estos asuntos, se llaman ladrones unos a otros, pero no llegan a las manos, alguna mirada de las que hielan hasta el alma, alguna palabra más alta que otra. Nik, el hijo, es un adolescente con una vida normal. Su futuro, lo que hará en unos años cuando sea adulto, y la chica detrás de la que va, ocupan su tiempo. En clase tienen ordenadores, él usa Facebook, se comunica con móviles… La tecnología no es algo extraño en la aldea, conviven el atraso y el progreso en el mismo pueblo. Pero no va de eso la película, va de lo otro, de esas disputas entre familias que un día acaban con un muerto. Nos cuenta la historia de una deuda de sangre entre familias, en realidad las consecuencias que trae. Hay toda una ley ancestral que rige de qué forma se ajustan las cuentas en estos casos, una ley que todos respetan: un duelo, el encierro de la familia deudora en su casa, el uso de mediadores…

Todo cambia, de la noche a la mañana han perdido su libertad. Nik se encuentra encerrado en casa, sin posibilidad de salir, su hermana Rudina, un poco más pequeña que él debe dejar la escuela para encargarse del reparto del pan con el que subsiste la familia. De pronto esa losa aumenta su responsabilidad, el dinero del pan es poco y comienza a vender tabaco. ¿Es justo que los hijos asuman la culpa de los delitos de los padres? Ese el dilema que se plantea The Forgiveness of Blood y para ello nos presenta esa atmósfera opresiva, con una estructura jerárquica familiar inquebrantable y esa obligación de hacerse mayor de golpe, porque toca crecer antes de tiempo.

Montxo Armenáriz posando en el Festival tras la rueda de prensa
Montxo Armenáriz posando en el Festival tras la rueda de prensa
Premio Nacho Martínez. Montxo Armendáriz charla sobre el presente del cine

Nacho Martínez fue un actor asturiano, de Mieres, que tuvo una presencia destacada en el cine que se hacía en nuestro país en los años ochenta. Comenzó en el teatro universitario independiente, cuando aún era muy joven y en los tiempos finales del franquismo. Se fue a Madrid y empezó a ganarse la vida como doblador poniendo voz a artistas como Richard Chamberlain en El pájaro espino, Richard Gere, Sylvester Stallone... Consigue un papel en Tasio y ya no pararía hasta el final de su carrera. 17 películas y una cuantas series como Los pazos de Ulloa, Los jinetes del alba o protagonizar El olivar de Atocha. Trabajó a las órdenes de directores como Manuel Gutiérrez Aragón, Gonzalo Suárez, José Luis Cuerda, Fernando Fernán Gómez, Vicente Aranda, Inmanol Uribe, Eduardo Campoy, Miguel Picazo o Montxo Armendáriz, pero sin duda siempre será recordado por sus papeles en las películas de Pedro Almodóvar, especialmente por su interpretación del torero de Matador.

Murió joven, en 1996, con 44 años de edad, de un cáncer de pulmón. En su recuerdo, el Festival Internacional de Cine de Gijón otorga el Premio Nacional de Cinematografía Nacho Martínez y que esta edición recae en el director Montxo Armendáriz, en reconocimiento a su carrera.

En el encuentro con la prensa, el director navarro cuenta que, cuando le llamaron, lo primero que pensó es que venía a dar el premio, no ha recibirlo. De Nacho Martínez tiene muchos recuerdos y anécdotas. Coincidieron en Tasio, la primera película de ambos. Cuenta que entonces Nacho Martínez era un doblador, con una voz muy bonita, así que el director tenía cierta preocupación por si podría adaptarla, romperla un poco, embrutecerla. Le hacía hablar mal y el actor le decía que le iba a hundir la carrera, que sus paisanos de Asturias cuando le oyeran hablar así se iban a pensar que era un mal actor. Dice que todo el mundo quería a Nacho Martínez, que era divertido y que se encargaba de poner motes a todo el mundo. Rodar su papel eran unos días, pero el equipo se iba inventando otras cosas para que se quedara y así, un día por otro, estuvo hasta el último día.

Le preguntan por la situación de los festivales de cine en España en estos tiempos de crisis y recortes. Responde que sería perjudicial que festivales como el de Gijón desapareciesen o viesen mermada su financiación. Son frágiles, cuesta colocar un festival en el mapa y sin embargo es fácil derrumbarlo. Quien no tiene una imagen desaparece. Gracias a ellos se da a conocer nuestro cine, quien habla de cine habla de cultura porque explica el pueblo que somos y cómo nos manifestamos. Es labor de los organismos oficiales desarrollar y potenciar nuestro cine, así como facilitar el intercambio cultural con otros países. El FICXixón cumple con estos objetivos, muestra nuestro cine y el de otras culturas, lo que nos permite enriquecernos. Sería injusto que desapareciese por una crisis creada desde fuera y que sin embargo tenemos que pagar todos nosotros, por culpa de unos mercados que se imponen a los gobiernos cuando debería ser al revés.

Respecto a los rumores de que el Ministerio de Cultura desparezca en la próxima legislatura con el gobierno de la derecha, dice que Ministerio de Cultura habrá siempre, lo que hay que ver es dónde está y en qué forma. Explica que le da igual que se llame como se llame, que sea un ministerio o que dependa de otro, porque lo importante no es el nombre, sino lo que tiene que hacer y lo que debe cumplir. Considera que es un error industrializar la cultura, algo a lo que desgraciadamente estamos asistiendo desde hace varios años. La cultura se quiere medir por los beneficios que genere, aunque con fortuna, aún se está escapando de esto en una gran parte. Más que el mercado, la unidad de medida debería ser la aceptación. Cree que cada uno debe decidir que películas quiere ver, pero siempre que exista la igualdad de oportunidades, si no es muy difícil hablar de libertad de elección.

Cada vez se abre más el abismo entre los dos tipos que tenemos para hacer cine, el de las grandes producciones que suelen financiar las televisiones y las pequeñas producciones más orientadas a los festivales. Las primeras buscan el máximo beneficio, sea como sea, mientras que a las segundas apenas les importa la rentabilidad. Ese marco intermedio, entre un cine y el otro, se ha quedado sin espacio, desapareciendo prácticamente. El éxito se mide por la taquilla y, o lo tienes pronto y tremendo, o casi no existes. Las películas que van por el circuito de festivales y cosechan éxitos, luego pasan desapercibidas en las salas comerciales. Ese el dilema que hay que resolver.

Comenta que en torno a un festival y una vez al año, es fácil agrupar a gente joven que quiere ver películas «raras». Pero cuando desde los medios hay un bombardeo masivo de las películas de las grandes distribuidoras, es difícil mantener la pugna y encontrar público para esas películas de autor durante todo el año.

Dice no querer hablar de las subvenciones, pero sí de una protección mínima a nuestra cultura. Pone a EE.UU. como ejemplo. Explica que allí, si alguien va a rodar a un estado, el gobierno local reintegra el 40% de lo que se invierte en la producción, lo llevan haciendo desde hace años y eso hace que se pueda decir que el cine estadounidense es el más subvencionado. No todo es correcto en las subvenciones de nuestro país, así que no justifica que toda valga. Hay de todo, mucho listillo incluido que se aprovecha, pero eso no debe invalidar a todos por igual. Habría que ver caso por caso para evitar los abusos, algo que a toda la profesión le interesa. No le gusta que a veces se critiquen ciertas subvenciones, como diciendo que no deberían existir. Y sin embargo de otras no se dice nada. Nadie ha pedido justificación del dinero público que el gobierno ha inyectado a la banca.

Los premiados en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Los premiados en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Una Gala de Clausura muy ágil presentada con humor por Pepe Colubi y Blanca Romero

Arrancó con sorpresa, con una performance audiovisual, una especie de explicación del futuro y la deriva del cine, que combinaba una proyección con fragmentos de varias películas en una única historia sobre un guion perdido, encontrado, necesario e innecesario. Mientras las imágenes se mostraban en pantalla, los cuatro artistas interactuaban en directo, a través de un piano, un dispositivo y varios ordenadores. Le añadían música electrónica, efectos sonoros especiales, e incluso un tratamiento a las imágenes mostradas en directo. Algo diferente, que se graba en la retina y que predispone la actitud receptiva hacia lo positivo.

Después aparecieron los dos presentadores, Blanca Romero y Pepe Colubi, que siguiendo un guion ágil y con mucho humor consiguieron divertir al público. Colubi recordó que en la inauguración de esta edición habló del gobierno y que el domingo el gobierno cambió. También hizo bromas con la monarquía, y el lunes tuvimos lo del ojo del rey y la puerta. No por eso dejó de bromear con ambos temas en la clausura.

Se fueron entregando cada uno de los premios del palmarés con pocos discursos. Destacaron tres de ellos. El de Armendáriz para describir con ternura los momentos que compartió con Nacho Martínez en los rodajes. Cuando Santiago Mitre director de El Estudiante habló del bajo presupuesto de su película mientras bromeaba indicando que ya con estos premios recibía más dinero del que habían invertido; después en serio habló de su postura como cineasta ante la crisis y los recortes: «seguir filmando, sea como sea». Finalmente el máximo responsable de Golem, que distribuirá en España la otra película ganadora La guerre est déclarée, tuvo un discurso emotivo en estos momentos de crisis para apoyar al Festival ahora que los recortes aprietan a la cultura. Felicitó a su director José Luis Cienfuegos y a todo su equipo, pues sin su trabajo los estrenos americanos se comerían al cine independiente.

Tras la foto de familia con los premiados, la gala tuvo un guiño hacia su futuro, ya que al girar la mesa de los presentadores, tras el 49 apareció un 50, el número que hará la edición del próximo año que ya se ha puesto en marcha.

Pawel Pawlikowski, director de la película The Woman in the Fifth, durante la rueda de prensa de presentación
Pawel Pawlikowski, director de la película The Woman in the Fifth, durante la rueda de prensa de presentación
Sección oficial. The Woman in the Fifth, el juego onírico del aburrimiento

Pawel Pawlikowski cierra el Festival con la proyección en la gala de clausura de su película The Woman in the Fifth. Un trabajo confuso, que juega con la paciencia del espectador y que se ha construido sobre los tópicos de todo escritor maldito: hombre atormentado al que rondan sus fantasmas, autor de una única novela, que necesita a las musas cerca, que se siente perseguido y que debe tocar fondo para poder escribir, como si las palabras solo pudieran nacer del dolor. No hay una línea clara entre la realidad y el universo onírico del propio autor que interpreta Ethan Hawke. El resultado es una entelequia borrosa, demasiado literaria y con un exceso de simbolismo, donde todo parece querer decir otra cosa diferente.

La muerte está presente siempre, pero sin que sea demasiado distinguible de la vida. Los fantasmas se comportan como seres vivos, solo se diferencian en que los que ya están muertos suelen ser mucho más sabios. Otro punto en el que abunda la película es en el fuerte deseo que el protagonista despierta en las mujeres, una especie de magnetismo que las atrae supongo que por ese aire de escritor maldito.

Hay dos aspectos que resultan acertados. El primero, encontrarnos con un París sórdido para pintar en paralelo el derrumbe de su vida y el paisaje entre el que se desenvuelve. El protagonista está lejos de casa, en realidad siente que no hay ningún lugar al que pertenezca, salvo el territorio de lo inventado. El otro es la fuerza de la curiosidad frente a lo prohibido, esa imposición de no permitir hacer preguntas mientras se exige un trabajo que no se explica.

En la rueda de prensa, Pawel Pawlikowski explicó que le mandaron la novela para ver si podía hacer un thriller con ella, pero ese no era su estilo, así que decidió darle un tono más poético que encajase con lo que el director tenía en su mente. Quería contar la historia de una persona dividida por sus contradicciones mentales. The Woman in the Fifth es algo un tanto perverso, una mezcla de géneros que responde a un desafío personal propio. Hay una invención por parte de Pawlikowski de las normas que rigen el film para conseguir crear un universo paralelo que evoque sensaciones. Es su intención crear una atmósfera hipnótica para que el público no mida la película con la realidad. Confiesa que lo único que espera es que el espectador experimente algo. En realidad es un anti-thriller, una especie de juego más que una película de suspense. Hay una intención deliberada en que el nos piense en la trama.

Eligió a Ethan Hawke para el papel protagonista porque necesitaba un hombre que fuese atractivo para el espectador, pues según avanza la película el personaje va perdiendo la confianza que se ha depositado en él y se va haciendo más sospechoso. Hay una intención de que el público sufra con él.

Palmarés del 49 Festival de Cine Internacional de Gijón

Todos los jurados ha coincidido en señalar la buena selección del Festival de este año

Largometrajes de la Sección Oficial premiados en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Largometrajes de la Sección Oficial premiados por el Jurado Internacional en la 49 edición del Festival Internacional
de Cine de Gijón

SECCION OFICIAL:

El Jurado Internacional de la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, integrado por Eduardo Chapero-Jackson, Alberto Fuguet, Fernando Lara, Lola Mayo y Mira Staleva ha concedido los siguientes premios a las películas participantes en la Sección Oficial:

Premio Principado de Asturias al mejor largometraje: (ex aequo) La guerre est déclarée de Valerie Donzelli (Francia) y El estudiante de Santiago Mitre (Argentina)

Premio Principado de Asturias al mejor cortometraje: (ex aequo) At the Formal de Andrew Kavanagh (Australia) y Meteor de Christoph Girardet y Matthias Müller (Alemania)

Premio al mejor director: Ruben Östlund por Play (Suecia)

Premio al mejor actor: Jérémie Elkaïm por La guerre est déclarée (Francia)

Premio a la mejor actriz: Valérie Donzelli por La guerre est déclarée (Francia)

Premio al mejor guión: Santiago Mitre por El estudiante (Argentina)

Premio Gil Parrondo a la mejor dirección artística: Elena Zhukova por Фауст / Faust (Rusia)

Premio Especial del jurado: Take Shelter de Jeff Nichols (Estados Unidos).

Mención Especial del jurado: Iceberg de Gabriel Velázquez (España).

Fernando Lara, Eduardo Chapero-Jackson, Lola Mayo y Alberto Fuguet, Jurado Internacional en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Fernando Lara, Eduardo Chapero-Jackson, Lola Mayo y Alberto Fuguet, Jurado Internacional en la 49 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón

El jurado leyó una declaración mostrando su apoyo al Festival Internacional de Cine de Gijón por su inestimable y necesaria labor en defensa del cine independiente.

RESTO DE PREMIOS:

Premio del público a la sección Rellumes: Tomboy de Céline Sciamma (Francia)

Premio FIPRESCI de la Prensa Internacional: Terri de Azazel Jacobs (Estados Unidos)

Premio del jurado joven al mejor largometraje: El estudiante de Santiago Mitre (Argentina)

Premio del jurado joven al mejor cortometraje: Voice Over de Martín Rosete (España)

Premio Efants Terribles al mejor largometraje: Papá, soy una Zombi de Ricardo Ramón y Joan Espinach (España)

Premio Día D'Asturies: Festuki de Francisco de Borja Fernández (España)

Premio Nuevos realizadores del Principado de Asturias al proyecto: El primer día del resto de mi vida presentado por Marta Loza Alonso (España)

Premio al proyecto corto Canal + 2011: Misterio presentado por Chema García Ibarra (España)

viernes, 25 de noviembre de 2011

Día de cine directo, el más próximo al documental

Dos historias de adolescente con nombre propio

El Festival Internacional de Cine de Gijón está abierto a los jóvenes espectadores, la sección Enfants Terribles está pensada para ellos y es bonito ver todos los días una larga cola de niños y niñas esperando para entrar a ver la película. Para estos pases, cada colegio ha reservado un día y ha hecho la solicitud previa.

Sección oficial. Michael, los criminales y las víctimas no pueden ser invisibles

Markus Schleinzer, director de la película Michael, durante la rueda de prensa de presentación
Markus Schleinzer, director de la película Michael, durante la rueda de prensa de presentación
El austriaco Markus Schleinzer debuta en la dirección con Michael, una película durísima sobre un caso horrible de un hombre adulto, Michael, que tiene secuestrado a un niño en un cuarto especial de su garaje.

Michael resulta especialmente dolorosa por la frialdad con la que está tomada. La cámara sigue al protagonista en su vida cotidiana y no tiene ninguna señal que deje intuir lo depravado que es. Hace una vida normal, pero al llegar a casa, cuando se bajan las persianas automáticas de la casa, encontramos a ese otro Michael que aterra sin levantar la voz, con una pequeña mirada. La suya es una vida construida sobre el engaño y lo hace con espeluznante naturalidad, la vida de un ser que parece ser inofensivo.

Curioso ver que esa maldad del personaje no transciende en su vida profesional, donde se está labrando una buena carrera. Es un monstruo que triunfa porque su mejor virtud es la de ser servil y mostrar la mayor docilidad hacia sus superiores. Algo que nos hace preguntarnos qué tipo de personas están construyendo nuestras sociedades.

No es un producto consumible, es una película que conmueve y hacer revolverse los intestinos de quien la ve, pero lo hace de una forma sosegada, aséptica incluso, mientras nos habla de una crueldad vergonzante que nos sonroja y que no nos permite mirar hacia otro lado. Filmada sin ser explícita, asentada en los detalles y con una gran capacidad para sugerir nos obliga a sufrir con asco, a desearle lo peor a Michael, a no sentir piedad cuando tiene mala suerte, a esperar que le pillen.

Comenta su director en la rueda de prensa que se han dado muchos casos de secuestros de niños en Austria, todos ellos son casos horribles. La intención de Schleinzer con Michael es la de enfrentarse a estos hechos criminales desde un enfoque serio, alejado del tratamiento sensacionalista que tienen estas noticias en la prensa amarilla. Reconoce que no tuvo ningún dilema moral, porque conocía a priori sus ideas al respecto, pero no ha querido ser moralista. Confiesa que no tiene las soluciones y que ni siquiera sabe qué hacer con estos sujetos. Lo que tiene muy claro es que los criminales y las víctimas no pueden quedar invisibilizados ante la sociedad.

Rellumes. Pankot ne e mrtov / Punk’s Not Dead, rebeldes a los cuarenta

Luis Mayo conversa con Vladimir Blazevski, director de Pankot ne e mrtov durante la rueda de prensa
Luis Mayo conversa con Vladimir Blazevski, director de Pankot ne e mrtov / Punk’s Not Dead durante la rueda de prensa de presentación
Pankot ne e mrtov / Punk’s Not Dead es una película de Macedonia dirigida por Vladimir Blazevski. Va sobre un grupo punk que después de diecisiete años vuelven a juntarse para dar un concierto. Hacen un viaje para ir recogiendo a sus viejos compañeros y en él vemos una país destrozado por una guerra con un fuerte conflicto étnico que va siendo el telón de fondo de Pankot ne e mrtov / Punk’s Not Dead.

Lo primero es ir convenciendo a cada uno de los miembros, pues la vida ha dado muchos tumbos. Han envejecido en lo físico, pero sus vidas no han cambiado demasiado, es como si se hubieran congelado en el tiempo para seguir tras la guerra en un punto similar. Lo colectivo se ha deshecho y solo quedan los caminos personales, un tanto ácratas, de cada uno. La película nos muestra con crudeza a los marginales, la pobreza, los que van trampeando para ganarse la vida, las drogas, lo que tienen que escapar por patas pues siempre están –elijan lo que elijan– en el lado equivocado. No hay reconstrucción posible.

Macedonia y las otras repúblicas ex-yugoslavas son un paisaje desolador, con barrios destruidos, con gentes con armas, con bandos que separan a los nuestros del enemigo, algo que se repite varias veces en la película. Por contra, lo que propugna como solución es la multiculturalidad. Hay en Pankot ne e mrtov / Punk’s Not Dead un deseo implícito de provocar desde el arranque de la película. No es otra cosa que invitarnos a levantar la barrera de la moral, a dejar que nos llegue la historia sin prejuicios.

Blazevski, en la rueda de prensa, explica que Macedonia presenta problemas similares a los de otros países postcomunistas, que han iniciado cambios sociales, políticos y psicológicos y que desde dentro se perciben con muchísima inseguridad. A todo esto hay que sumarle un conflicto étnico entre la mayoría macedonia frente a la minoría albana.

Han pasado diecisiete años desde que Blazevski presentara su anterior película, dice que ha sido un periodo de «querer hacer algo y no poder hacerlo». Ahora se siente más maduro y capacitado, ha profundizado en el Cinema Verité. Confiesa es que su deseo es que la película se vea como si fuera un documental. Ha tratado de ser fiel a la cultura punk con sus personajes y la actitud que toman. Resultan caóticos, anarquistas y, con cuarenta tacos encima, parecen ser inmaduros e irresponsables, algo que es fruto de sus decisiones. En opinión de Blazevski el punk es un movimiento importante, con una ideología, y con gente rebelde e inconformista.

Sección oficial. Terri descubriendo su mundo

Azazel Jacobs, director de la película Terri, durante la rueda de prensa de presentación
Azazel Jacobs, director de la película Terri, durante la rueda de prensa de presentación
Entender el mundo cuando se está en el instituto es un proceso difícil, un tanto imposible. En la pubertad se viven momentos específicos que luego, en los años posteriores, tienen un gran impacto en la vida de esa persona. Las decisiones de entonces marcarán el futuro.

Azazel Jacobs nos narra en Terri la historia de un adolescente muy gordo que se siente excluido. Hay, a esas edades, una necesidad de formar parte de algo, de ser admitido en un grupo, de compartir con los demás. Pero no vale cualquier cosa, la solución no puede pasar por una pandilla de monstruos. La diferencia de Terri con los demás chicos es que no tiene a nadie más, él mismo tiene que observar por sí mismo el mundo ya que no tiene otras referencias. Ese trabajo personal de asimilación de lo de fuera le da un cariz importante a su carácter, pues le hace más comprensivo con los otros.

Terri es también una película de aprendizaje, donde se empieza a entender el mundo de fuera y se van encontrando los esquemas a repetir, los que nos permiten aprender lo necesario para sobrevivir. Todos tenemos defectos.

En ese mundo cruel y real, la válvula de escape que funciona es el sentido del humor que está presente con frecuencia en la película. Es un tanto ácido, pero funciona a la perfección, sirve para hacer explotar el dramatismo y para poder dibujar en los personajes una sonrisa ante una vida tan adversa. El director maneja muy bien esa comicidad que lleva a primer plano.

Durante la rueda de prensa, justifica Azazel Jacobs que la película solo nos muestre lo que Terri conoce, dice que en ningún momento ha intentado salirse de su mundo y que ha huido, como director, de hacer ningún comentario para dejar que las imágenes hablen por sí solas. Al hilo de esto explica la importancia de la música en el film, definiéndola como un diálogo para expresar los sentimientos de Terri. También nos habla de que el guion no es suyo, que con este proyecto ha tratado de ver si podía contar la historia de otro. Lo cierto es que lo ha hecho muy bien, le ha salido una buena película que además resulta entretenida.

Esbilla Asturiana. First We Take Milán, 20 años de historia de un campus universitario

Chus Neira y José Braña se han encargado de realizar el documental First We Take Milán. Con la disculpa del concierto que ofreció la Universidad de Oviedo a Leonard Cohen cuando vino a recoger el Premio Príncipe de Asturias, los directores han elaborado un trabajo que recupera los veinte años de historia del campus del Milán, un lugar por el que han pasado Nacho Vegas, Xabel Vegas, Ígor Paskual, Fernando Marín, Mar Álvarez, Montse Álvarez, Luis Mayo…

El documental se ha construido charlando con los músicos que vivieron el arranque del campus, con las canciones del concierto-homenaje a Cohen y a base de grabaciones caseras de los primeros años del Milán que recogen los conciertos que se ofrecían en las Semanas Culturales que se organizaban cada año. Se trata de hacer una memoria audiovisual que recupere la actividad que allí se llevó a cabo, que muestre los grupos que se formaron y que dé visibilidad al movimiento social y cultural que se dio en los años 90 entre los universitarios del campus. Un trabajo express que tardó veinte años en hacerse para poder dar el reconocimiento de la Universidad a aquellos estudiantes que luego han desarrollado sólidas carreras en el mundo de la música.

El documental está hecho sin pretensiones, como una cosa pequeña, pero no por eso deja de ser importante, sobre todo para quienes lo vivieron o se acercan ahora a la música que se hacía en Asturias. First We Take Milán consigue la magia de recuperar el pasado a través de una conversación amable, entre amigos y conocidos, y deja momentos memorables tanto de antes como del ahora. Me quedo con dos del presente, a Ígor Paskual explicando como llegó a la versión del Allelujah estilo Elvis o a Nacho Vegas y Mar Álvarez intepretando El extranjero.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El cine, unas veces como conciencia y otras como celebración

Vol Special irrumpe con fuerza en el Festival

Sin darme cuenta, hoy me percato que ya va quedando poco del Festival Internacional de Cine de Gijón, dos días más y ya habrá echado el telón. Son muchas horas viendo películas, escuchando a sus directores hablar de ellas y respirando cine. Y sin embargo, ya empiezo a sentir la nostalgia de lo poco que queda y la necesidad de disfrutar de cada uno de los minutos que restan.

Sección oficial. Vol Special, la dura realidad de los centros de internamiento europeos para inmigrantes

Fernand Melgar, director de la película Vol Special, durante la rueda de prensa de presentación
Fernand Melgar, director de la película Vol Special, durante la rueda de prensa de presentación
Fernand Melgar, director suizo e hijo de emigrantes españoles, compite en la sección oficial con Vol Special, un duro documental grabado en el interior de un centro de reclusión para inmigrantes en Ginebra. Su cámara se cuela con naturalidad y va siguiendo las historias de los que están allí recluidos. La decisión judicial termina para unos pocos con la salida en libertad, al resto se les propone un vuelo comercial en el que regresar a sus países de origen voluntariamente y, si se oponen, entonces un vuelo especial de expulsión. Se muestra con crudeza el dolor de la repratiación, el temor a ser el siguiente. Cada cual tiene su carácter, pero a todos le hace mella el centro y su situación, una situación injusta siempre, pues niega los derechos a estos ciudadanos. Les considera extranjeros, cuando muchos llevan en Suiza viviendo más de la mitad de sus vidas. Son de allí, no tienen otro hogar. Nada les une a sus países de origen, unos son exiliados en busca de asilo, otros huyeron buscando un futuro mejor, un sueño que se va a romper. No hicieron nada malo, su único crimen es el de ser inmigrantes sin papeles.

En el centro encontramos muchas contradicciones, el personal trata de mantener una relación más humana con los detenidos. Vemos bastante cortesía y también firmeza. Algo que a veces resulta chocante, pues el papel del personal del centro, en lo más profundo es el de carcelero, un rol en este caso que se acerca a lo psicológico, a formar pequeñas estrategias de adormecimiento que hagan la situación más soportable.

Vol Special es una película sobre las contradicciones de nuestra sociedad occidental y un aviso a la conciencia del espectador para que toma nota y sepa que estamos involucrados por nuestros gobiernos en una guerra silenciosa y acallada contra la inmigración y los seres humanos.

Si interesante resulta la película, no lo fue menos la rueda de prensa, en la que Fernand Melgar, con un cerrado acento andaluz, profundizó en su trabajo. Explicó primero que en Suiza existen 28 centros de detención para inmigrantes y que en Europa suman unos 300. Esta ocasión ha sido la primera vez que se ha podido entrar en uno de esos centros de detención para grabar una película. El equipo dedicó seis meses de observación para establecer la relación de confianza tanto con el personal como con los detenidos y dos más para el rodaje. Durante ese tiempo tuvieron acceso completo a todas las zonas del centro, no hubo ninguna censura e incluso tenía las llaves de la cárcel. En el centro había 24 personas retenidas. Grabaron muchísimas horas con ellos, haciendo varias historias, lo que les ha hecho muy difícil la selección hasta reducirlo a poco más de hora y media. Confiesa que todas las historias eran fuertes y no fue fácil abandonar algunas. Abanderado del cine directo insiste que hay que filmar desde dentro para poder extraer el fondo. No añade comentarios, las imágenes hablan por sí solas y en realidad el comentario existe, está de forma invisible, pero no de forma explícita, para que no estorbe al espectador diciéndole lo que debe pensar y de esta forma le permita pensar por sí mismo. Al espectador le exige una participación activa.

El de Ginebra es un centro modelo, en él no ha habido ningún suicidio, y a Melgar le interesaba éste espacialmente por el hecho de estar ubicado en la ciudad de los Derechos Humanos, se preguntaba si eso significaría dotar al centro de una cierta cara humana. Cada cantón tiene su centro y cada uno funciona de forma diferente. En algunos separan a los negros de los blancos; en otros se nombra a los reclusos por su número, nunca por su nombre; en otros son grupos especiales los que se encargan de entrar a recoger a los reclusos con vuelo especial… Retratar alguno de ellos hubiera servido para justificar que se trataba de problemas de los guardias, no del sistema. Por eso eligió el centro de Ginebra, pues allí todo el personal ha elegido voluntariamente ese destino y provienen todos del trabajo social y tienen la máxima de que cada persona dice que hace su trabajo lo mejor que se puede hacer. Eligiendo el centro de Ginebra se puede generar una cadena de responsabilidad colectiva.

Sabe de lo que habla, Melgar, con su cine, reconoce que siempre habla de historias propias. Cuenta que sus padres emigraron a Suiza para trabajar, que entonces les permitían estar allí nueve meses, pero se tenían que volver luego tres a España, tampoco se podían llevar a sus hijos. Así que en uno de los viajes decidieron llevarse a los niños de forma clandestina. Melgar fue un sin papeles.

No es que Fernand Melgar quiera polémica con Vol Special, pero sí quiere que se discuta públicamente este asunto de los centros de internamiento para inmigrantes. No quiere dejarles solos, ni que se olviden los temas de emigración, quiere recordarnos que hay que respetar los derechos de todas las personas y sabe que lo hace en un momento en el que va contracorriente de las decisiones políticas que se están tomando en Suiza. Avisa del peligro que existe en Europa, donde estamos viviendo una guerra sorda contra la inmigración. Si estos lugares siguen proliferando, terminaremos cerrando nuestras fronteras a los extranjeros y convirtiendo el conjunto de Europa en una cárcel. La extrema derecha en Suiza tiene un 30% de los votos, ellos son los que manda, y deciden, los que controlan el poder financiero, los que promueven estos centros y los que no quieren que se hable de estos temas. Han tratado de evitar que la película se pase en las escuelas suizas.

Tras esta película, en Suiza le señalan como terrorista de extrema izquierda. El cine es democracia en movimiento. La suya es una forma de resistencia. Ahora está trabajando en un nuevo proyecto, ha seguido a seis de estas personas deportadas y ha rodado en sus países un año después de la expulsión.

Esbilla. Los muertos no se tocan, nene, un cariñoso tributo a Rafael Azcona

Carlos Iglesias y Silvia Marsó, protagonistas de la película Los muertos no se tocan, nene, posan para la prensa
Carlos Iglesias y Silvia Marsó, protagonistas de la película Los muertos no se tocan, nene, posan para la prensa
Se agradece ver una película en blanco y negro, con sonido doblado en estudio, como las de antes, cuando los guiones los escribía Rafael Azcona. José Luis García Sánchez rinde, con Los muertos no se tocan, nene, un homenaje al maestro, llevando al cine la novela de Azcona del mismo título. Comicidad para volver a esa España de la postguerra, pobre de solemnidad, religiosa a ultranza por culpa de una educación recalcitrante, reaccionaria e incluso contraria a todo aquello que pueda suponer el menor avance.

Con ironía Los muertos no se tocan, nene hace sangre de las clases sociales, especialmente de la burguesía estática y conservadora. Lo cómico va destapando la realidad, funcionando como un falso escudo totalmente transparente que nos permite ver lo que hay al otro lado sin miedo a ensuciarnos. Aquí están todos sus arquetipos: el mendigo pedigüeño, la criada sin complejos que ha espabilado en la ciudad, el militar cobarde, el industrial vasco, el abuelo bebedor y de derechas, el cuñado rojo, la amante insaciable que es más madre que hembra, el médico adivino, la vecina como símbolo del primer amor platónico, el niño que será poeta …

Estupendas son las interpretaciones de Carlos Iglesias, Blanca Romero, Mariola Fuentes, Carlos Álvarez-Nóvoa y Silvia Marsó, actriz que hace uno de sus mejores papeles en cine. Muy bien arropados los cinco por una fila interminable de grandes secundarios que se suman por unos minutos a la ficción de un pasado, de otra forma de hacer cine, desde el cariño y el respeto hacia los que hicieron solos el principio del camino de nuestra filmografía.

Géneros mutantes. Aquele querido mês de agosto y el ritmo de los veranos en el pueblo

Cartel de la película Aquele querido mês de agosto
Cartel de la película Aquele querido mês de agosto
Aquele querido mês de agosto es una película del portugués Miguel Gomes difícilmente clasificable, pues parece una cosa y termina resultando otra. Tengo que confesar que yo me divertí con ella, que no se me hicieron largas las dos horas y media de su metraje.

Me gustó porque me trae recuerdos de mi infancia, de la de aquellos que fuimos niños de ciudad que pasaban el verano en los pueblos de sus abuelos, los que sufrimos la pereza del mes de agosto, con sus calores, sus fiestas con verbena, los baños multitudinarios en el río, las risas y la despreocupación de quien solo está de paso. Son días en los que se adquiere un barniz como de seguir siendo de allí, de pueblo de toda la vida, de decirlo en voz alta y escuchar las sonrisas de quienes de verdad son de allí.

Me gustó el acento portugués que suena como un arrullo y por las canciones que van sonando completas para separar las escenas. Son temas románticos de orquesta de verbena.

Me gustó la entereza del director y su personalidad, incapaz de admitir alternativas que no le sorprendan a él mismo. Puede parecer un vividor, que ha presentado un guion enorme pero que se ha gastado el dinero de la producción sin llegar a rodar nada de lo escrito en él, pero que tiene la osadía de pedir más para encontrar los actores y seguir la historia escrita. Entre esas dos partes está la diferencia, eso de lo que hablaba al principio de que parece una cosa y termina siendo otra. Al inicio todo apunta a la realización de un falso documental que nos habla de los grupos que tocan en las fiestas de los pueblos y que nos sirve de excusa para que los campesinos nos cuenten sus anécdotas y su vida diaria. En la primera de todas vemos un matrimonio de sesenta y tantos en el que el hombre va contando su historia y la mujer, por detrás, va matizando, algo que todos hemos visto alguna vez, pero que en la película está tratado con especial gracia, resultando fresco. La segunda parte se olvida de la primera, salvo para engarzar con algún detalle ya contado. Descubrimos en ella el engaño del uso de la anécdota para ver que nos están contando una ficción. La película no es otra cosa que una historia de amor, un rollito de verano entre dos primos con una banda sonora excepcional, pero es algo que hay que descubrir por uno mismo.

Me gustó el humor directo y el sutil, el jugar con el espectador y el final mágico donde director y responsable de sonido discuten sobre el audio grabado en el que aparecen cosas que no deberían estar en la esos lugares cuando lo recogieron. Una disculpa para que vaya apareciendo todo el equipo técnico para discutir el asunto y así ir formando los títulos de crédito.

Noche del corto español, una selección y una sala llena

Carteles de los cortos participantes en la selección La noche del corto español
Carteles de los cortos participantes en la selección La noche del corto español
Con la sala repleta se mostró la selección de los seis cortos españoles elegidos para esta noche. Son trabajos diferentes, pero todos ellos destacables.

Abrió Desanimado, de Emilio Martí López, un corto de animación con un monólogo divertido e ingenioso, que «sin querer» dice demasiadas verdades.

Le siguió The Astronaut on the Roof de Sergi Portabella, una historia disparatada, llena de giros, que es un homenaje al arte de escribir guiones, destacando por el uso de un lenguaje rápido y por jugar constantemente a cumplir la necesidad de sorprender al espectador.

La Huida, de Víctor Carrey, tira de casualidades, de unir elementos, de una ciencia -como de documental- que se asienta en la meticulosidad y desde la que hila un instante cualquiera que un día ocurre y que lo hace diferente. Muy buenos planos, muy buen tratamiento de la velocidad de grabación, pero demasiado larga la última parte, la que parece un vídeo musical.

Libre directo, de Bernabé Rico, es un corto de interpretaciones, donde cada gesto dice mucho y explica casi todo. Petra Martínez, Ramón Barea y José Antonio Izaguirre dan sentido a la historia. Lo hacen con rostros serios, trabajando sobre tópicos para caricaturizarlos y con buen humor.

Oz, de Adrián López, es una ficción más dramática con dos protagonistas adolescentes. Un argumento elaborado que es una historia de iguales, un deseo de ser normales y un ansia de posterioridad. No tiene muchas sorpresas, pero engancha.

Dinero Fácil, de Carlos Montero Castiñeira, también es un cortometrajes de giros, de hacer pensar una cosa al espectador para terminar siendo otra. Alguien nos engaña o al menos uno de ellos está equivocado. Sin embargo, mientras dura la incertidumbre, picamos esperando la pieza sorpresa que una el desbarajuste y lo explique todo.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El cine del compromiso

Se presenta la esperada película de Santiago Mitre, El estudiante

Durante el Festival Internacional de Cine de Gijón diversos organismos patrocinan la proyección de una película, que por temática consideran afín. Son los casos del Ateneo Obrero, la tertulia feminista «les comadres», Abierto hasta al amanecer, Oficina Municipal de la Lengua, Amnistía Internacional y Milenta muyeres y moces.

Sección oficial. El estudiante y la formación de una conciencia política

Santiago Mitre, director de la película El Estudiante, durante la rueda de prensa de presentación
Santiago Mitre, director de la película El Estudiante, durante la rueda de prensa de presentación
¿Cómo se inicia una carrera política? A veces el camino no es directo. Cuando Roque, el personaje protagonista de El estudiante, llega a la universidad de Buenos Aries lo que de verdad le interesa son las chicas, su formación política está por hacer, es cierto que ha tenido alguna inquietud, pero… Así, sus éxitos de cama se van convirtiendo en las etapas iniciales de su construcción política. No es accidental el camino, todo lo contrario, Roque va tras lo que le seduce y eso es la política.

Cuando Roque encuentra su camino, cuando se forma su ideología, lo hace vinculándola a los sentimientos mucho más que al componente de racionalidad. Se descubre a sí mismo con capacidad de liderazgo, le gusta organizar, participar. En ese camino personal, encuentra los resortes que mueven la política y descubre los dos pilares sobre los que se asienta: capacidad práctica y formación ideológica. Saber aunar ambos en su justa medida es lo que marca el éxito. Descubre que la forma de hacer política se basa en pactar, llegar a acuerdos que repartan el poder, va descubriendo que una carrera política deja cadáveres, que no está exenta de traiciones. Es el valor de la honestidad lo que esta película pone en juego, la decisión que se debe tomar.

Santiago Mitre arranca su película con escenas donde se ve juventud y pasión. Son los jóvenes de hoy los que están reverdeciendo la conciencia política y a eso nos enfrenta El estudiante, a la confrontación entre la vieja política y la juventud que se pregunta cómo va a participar. El mensaje de Mitre, su opinión, es que la política debería ser de otra manera.

En palabras de su director, El estudiante, como cualquier objeto político, es permeable a cualquier interpretación, un punto de inicio para debatir. Lo que ha conseguido es una gran película que no pasará desapercibida para aquellos a los que les interesa la política.

Rellumes. Toomelah, escarbando en busca de los orígenes

Toomelah, del director australiano Ivan Sen, es una película con varios niveles de profundidad y en la que conviven la historia de un niño que quiere ser malo y una comunidad con sus raíces rotas. Toomelah es una reserva de aborígenes, en ella vive Daniel que no quiere ir a la escuela, pues en ella no le ensañan nada de sí mismo y además, lo que pueda aprender, no va a servirle para su vida futura de traficante. No hay muchas posibilidades de trabajo en la reserva. La cultura británica nada tiene que ver con Daniel, tan solo le ofrece el idioma que habla, pero nada le dice de su pasado que intuye está en otra parte. Por dentro siente algo que le inquieta y no sabe explicarse, otra cultura ancestral pegada a sus instintos de la que nada conoce.

Si la escuela no le transmite nada, los mayores tampoco le ofrecen mucho más. Su padre es más bien una figura fantasmal que siempre está borracho. Su tía abuela está llena de silencios, de sus recuerdos de un pasado, de cuando, como otras mujeres de la tribu, fue raptada. Tampoco parece estar viva, ni que nada le importe lo más mínimo. Ante sus ojos sólo se extiende el vacío y la desolación. La abuela, que nunca se fue, siente la misma angustia. Sus horas son largas esperas en las que hacer preguntas a Daniel, pero las respuestas son demasiado obvias como para tomarse la molestia de contestar. Quiere que Daniel le diga lo que quiere ser de mayor, como si acaso el muchacho pudiese elegir.

Nadie es capaz de contarle la cultura de los suyos, como si se hubiera perdido. Algunos se conforman con la nostalgia de aprender un par de palabras en su idioma original. Cuando no hay raíces, el viento se lleva la vegetación y lo único que queda es la aridez de una tierra yerma. La trama pasa despacio, pues el tiempo en la reserva es infinito y no hay prisa por crecer.

Esbilla. La olas, la road movie de la memoria

Cartel de la película La olas
Cartel de la película La olas
Al final de la vida no quedan respuestas por descubrir, pero sí muchas sensaciones que producen ahogo. No hay paz con el presente sin resolver primero el pasado, aquellas cuentas que se quedaron pendientes porque no hubo tiempo o fuerza para terminar de una vez con lo pospuesto.

Alberto Morais construye en La olas una road movie de la memoria, un viaje por carretera en lo exterior y una búsqueda profunda en lo interior. Abrir la válvula que suelta el chorro de palabras no es fácil, lleva su tiempo, así que la película se va construyendo con pequeños gestos, con momentos de largos silencios, asumiendo el proceso de destapar un recuerdo con el ritmo propio de la vejez. El recuerdo es una foto de un tiempo doloroso; la necesidad, la de cerrar las heridas. Miguel quiere ver por última vez el pasado en este presente, mirar lo que el tiempo ha construido encima para soltar el lastre de la memoria.

La olas juega con lo recóndito del alma, desvelando lentamente un enigma, el por qué y para qué del viaje emprendido.

Sección oficial. In film nist / This is not a film, una clase magistral de cómo hacer cine

Los iranís Jafar Panahi y Mojtaba Mirtahmasb avisan de que «esto no es una película». La verdad es que es mucho más, en primer lugar una clase maestra de lo que es hacer cine, en segundo lugar un grito pidiendo libertad para crear.

Panahi está esperando la decisión de un juez para ver si le inhabilitan como director en su país, sabiendo que le van a prohibir hacer cine durante mucho tiempo. Tiene un guion listo para rodar, pero no puede llevarlo a cabo, así que llama a su amigo, el documentalista Mirtahmasb para que le ayude. Decide contar su película en lugar de hacerla y mientras cuenta la primera escena se da cuenta de lo estúpida que es esta idea: si las películas se pudieran contar, no haría falta hacerlas. El cine varía con la interpretación de un actor, con un espacio que resulta más expresivo que cualquier gesto, con una cámara enfocando un pequeño detalle.

Pahani nos habla de la manipulación que el cine conlleva. Está en su casa y oímos ruidos como de disparos. Pensamos que en Irán hay violencia en las calles y con esos sonidos la acentuamos. Luego descubrimos que se trata de la fiesta de los fuegos artificiales, que eran cohetes lo que escuchábamos. De la misa forma, con una llamada telefónica acentúa la presencia de la policía en la calle, algo que por otro lado es normal en cualquier país cuando se celebra algún acto multitudinario o una fiesta callejera. Con esta voz al teléfono y entrecortando el sonido se produce mayor angustia en el espectador.

La última parte resulta aún más original y divertida, se trata de rodar al portero mientras baja la basura, acompañándole en el ascensor y teniendo una conversación sobre las posibilidades de la gente de la calle, a qué trabajos aspiran… Conocemos así la cotidianidad y las aspiraciones del pueblo.

In film nist / This is not a film es un trabajo interesante y que además se ha construido de una forma divertida.