viernes, 30 de septiembre de 2011

¿El instinto o la eficacia?

No habrá paz para los malvados, de Enrique Urbizu, cine negro y criminal de nuestros tiempos

Cartel de la película No habrá paz para los malvados
Cartel de la película No habrá paz para los malvados
En el pasado Festival de San Sebastián se habló mucho de No habrá paz para los malvados, algunos incluso auguraron que José Coronado se llevaría la Concha de Plata a la mejor interpretación masculina. Le ganó un griego, Antonis Kafetzopoulos, por interpretar otro tipo de policía, menos duro y más humano. Santos Trinidad, el papel que interpreta José Coronado, es uno de esos personajes que agradece hacer un actor porque se prestan a un buen lucimiento personal: un policía marginal, alcohólico con un pasado glorioso pero que ahora va por libre, duro e insensible. Coronado lo borda, se come la pantalla, y Urbizu lo sabe y se recrea en planos cortos, que nos muestren cada una de sus arrugas, cada una de las cicatrices que la vida le ha dejado.

Santos Trinidad es un personaje en el otro lado de los demás, nadie puede compararse con él si no es por oposición. De su experiencia sólo queda un poco de aquella esencia convertida hoy en puro instinto que le permite avanzar sin complejos ni vergüenzas. Frente a él tenemos a la jueza Chacón (Helena Miquel) que es toda eficiencia, que va atando cabo a cabo, con esfuerzo y dedicación extrema, tanto que su vida profesional se coloca por encima de la personal. Es inteligente y capaz, siempre encuentra lo que busca, pero resulta un trabajo lento cuando se está del lado de la justicia. Frente a Santos también está el inspector Leiva (Juanjo Artero) compañero de promoción que le admiró durante mucho tiempo. Leiva es el ejemplo de un policía que cumple con corrección y eficiencia en su trabajo, su antagónico. Frente a Santos aparece el comisario Ontiveros (Pedro Mari Sánchez), un hombre oscuro, que se mueve sacando provecho de lo que se encuentra rebañando los márgenes de la legalidad.

Santos Trinidad no está atado por la ley, está por encima de ella y esa es la ventaja que juega. Nada le ata más que el deseo de terminar un asunto que se le quedó a medias. No hay ningún interés altruista que colocar por encima. Justificar lo alegal por sus resultados e independientemente de sus causas, hacerlo solo por las vidas que salva, es una trampa en la que quiere encerrarnos Enrique Urbizu, acentuándolo además con las últimas imágenes de la película que resultan una declaración en regla de sus intenciones. No puedo estar de acuerdo con ello. Creo en el camino que emprenden Chacón y Leiva, aunque siempre lleguen un poquito después, y creo en él porque ese sendero es la única garantía de un mundo justo y honesto, la única posibilidad para no fomentar nuevas desigualdades que traigan acarreadas como resultado otras injusticias.

José Coronado en una escena de la película No habrá paz para los malvados
José Coronado en una escena de la película No habrá paz para los malvados
¿Qué hacemos entonces con los malvados, con los que siembran el terror, con los que matan sin piedad por unas ideas que en su caso consideran de valor superior al de la propia vida? ¿Los ajusticiamos sin juicios ni defensas?, ¿les pegamos un tiro durante un asalto y mientras duermen?, ¿los encarcelamos en Guantánamo y nos olvidamos de que son seres humanos y que como tales tienen derechos? Durante muchos años, una gran mayoría de políticos y medios de comunicación han venido machacándonos con el asunto de que la seguridad debe estar por encima de la libertad y en ello se han amparado para ir limitando al ser humano, para dar forma legal a atrocidades que se comenten en nombre de nuestra supuesta seguridad.

Los mercados globales exigen medidas globales, y eso supone injerencia sobre otros estados y explotación de la materia prima que no se tiene mediante el uso de la fuerza militar y otras estrategias impulsadas por los servicios de inteligencia. El mundo se ha hecho un lugar injusto, donde vamos aumentando las desigualdades, donde hacemos diferencias sustanciales, donde creamos problemas que no resolvemos por el simple hecho de que su solución implicaría disminuir la rentabilidad. Mientras fomentemos un mundo de desigualdades, en el que no queramos distribuir equitativamente la riqueza, seguirá habiendo malvados y lo que haga Santos Trinidad servirá de poco.

El papel de Santos en esta película es importante porque nos descarga la conciencia de la culpabilidad. El sistema sigue siendo justo, pero ha sido un hombre descarriado, que no tiene que rendir cuentas a nadie, que está fuera del sistema, el que ha perseguido a quien hace el mal sin que nosotros, desde las butacas de nuestra vida, podamos intervenir. El instinto gana a la eficacia y de todas formas nos quedamos contentos, sonreímos porque un montón de inocentes se han salvado por el coraje de un hombre que actúa al margen de la ley.

En lo técnico, No habrá paz para los malvados, es una obra maestra. Cada encuadre, cada plano, cada fotografía es cine del grande, del que se cuela por los ojos sin explicaciones. Un cine negro de nuestros días.

El guion no es redondo, sino que tiene pequeñas formas por las que se le escapa la fuerza. La primera es la poca claridad con la que cuenta la primera escena que siembra la duda de si toda la trama de la película nace por una pura casualidad o si hay una historia anterior que está reviviendo. La segunda es el ritmo, que baja en algunos momentos con fuerza y que dejan escapar al espectador.

A pesar de esa primera escena, a partir de ella, toda la película sigue ya perfectamente enganchada, sostenida por una buena estructura en la que el resto de las piezas va encajando con suavidad y cierta sorpresa. En resumen, No habrá paz para los malvados es cine de acción, de ese que termina con muchos muertos, con disparos certeros y un halo de realidad doloroso como el que nos dejan muchos de los sucesos que encontramos a diario en la prensa.

A modo de pequeño anecdotario: Elena Miquel interpreta en la película a la jueza Chacón. No es una cara conocida del cine, pues ésta es aún su segunda película, la primera fue El idioma imposible. Donde es más famosa es en el mundo de la música. Forma parte del grupo Facto Delafé y Las Flores Azules y su tema Mar el poder del Mar se convirtió en el tema musical de la campaña Ya es primavera en El Corte Inglés de 2008. Mezclando cine y música tenemos su participación en la banda sonora de Yo soy la Juani de Bigas Luna

jueves, 29 de septiembre de 2011

Reírse de lo incorrecto

Juanra Bonet representa el monólogo-conferencia Animales


Miércoles 28 de septiembre de 2011. Teatro Alfil. Madrid

Cartel de la obra de teatro Animales
Cartel de la obra de teatro Animales
Los animales no se ríen, no tienen sentido del humor. Tampoco se preocupan de lo que es políticamente correcto, solo viven para comer y reproducirse. El ser humano es un animal que ha aprendido a comportarse con decoro y que procura no ofender a quien le escucha. Animales es un ejemplo de lo contrario, de cómo dar rienda suelta a la risa metiéndose con todo aquello que solemos evitar. No hay temas tabú, de todo nos podemos echar unas risas, que por irreverentes pueden sonar hasta más sanas. Juanra Bonet, en este monólogo, se va adentrando con valentía en los terrenos pantanosos de lo religioso, el nazismo, los judíos, los catalanes, la televisión, las minusvalías, la casa real, el terrorismo… No deja títere con cabeza.

Y lo cierto es que nos reímos de las mayores salvajadas, como si fuera del teatro estuviéramos encorsetados por un mundo serio que nos marca lo que podemos decir y lo que no. Ayer, Letizia Ortiz abría el VI Seminario Internacional de Lengua y Periodismo de San Millán de la Cogolla (La Rioja) que versa sobre El periodismo y el lenguaje políticamente correcto y, con su discurso, venía a decir la princesa que vivimos tiempos que nos imponen lo correcto, lo socialmente establecido, así que no nos cuesta sacrificar en el camino la precisión. Ella cree que son compatibles un periodismo de rigor y un respeto amable hacia el otro, el que es diferente a nosotros. Ya se saben, la realeza y el papel couché no se asuntan por nada, son capaces de casar cualquier cosa con un par de palabras escritas por otros y una sonrisa propia detrás de la que esconder que no tienen opinión. Son tiempos de maquillaje de la realidad, que se suaviza con eufemismos, y de políticos que nos están dejando vacías de significado las palabras sin el menor rubor. El respeto le ha ganado la batalla a la exactitud, a lo preciso, así que Animales se convierte en una especie de ritual de liberación, un círculo de excluidos que se ríen de lo prohibido.

No comparto muchas de las gracias del texto, supongo que tengo mis límites, aquellos temas en los que pienso que el humor no resulta ser el tratamiento adecuado. Y sin embargo veo que me equivoco, que tiene razón el cómico y que un rato de buenas risas es terapéutico, que quizá es una forma de crítica mucho más directa, afilada y sin prejuicios. Me veo riéndome de asuntos que me avergonzaría confesar, muchas veces porque realmente el enfoque con el que las trata me divierte y otras por puro contagio. La risa se expande, basta un buen reidor para que todos sigamos detrás.

De Juanra Bonet añadir que es un gran improvisador, que tiene una chispa especial y el encanto del niño bueno diciendo palabrotas, esa imagen que siempre nos hace reír a todos.

A modo de pequeño anecdotario: Ricky Gervais, el autor del texto que ha sido adaptado para este espectáculo, es conocido por ser el guionista y creador de la famosa serie de la BBC The Office. Menos conocidos son sus trabajos de productor y también de actor, o que participara en Los Simpson, donde le puso voz a un personaje en uno de sus episodios.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El grotesco sinsentido de premiar lo más ridículo

El 59 Festival de Cine de San Sebastian construye un palmarés variopinto que corona con los delirios de Isaki Lacuesta


Viernes 23 y sábado 24 de septiembre de 2011. San Sebastián


Cartel de la película La voz dormida
Cartel de la película La voz dormida
Un festival es un lugar de paso, al que llegan películas un tanto extrañas muchas veces, para que el público las vea y opine. Aunque se cuelen algunas producciones de las grandes distribuidoras a modo de peaje, suelen ser películas llamadas de autor. Es algo sabido y asumido por quienes visitamos estos espacios del nuevo cine, incluso nos gusta que sea así. El 59 Festival de San Sebastián no es ninguna excepción. La segunda regla que se cumple en todo festival es que nunca acertarás el palmarés. Nada hay más impredecible que la gente del cine dándose premios. Puedes pensar que se premiará lo más disparatado, pero siempre pondrás un límite que eliminará algo que consideras que no llega al mínimo exigible y en esa línea imaginaria que has trazado te has equivocado seguro y hasta eso que descartas y que no te atreves a llamar cine tiene su público. Parece que en los últimos años el cine debe ser valiente, pero en verdad el único valor que atesoran esas películas que salen coronadas de muchos festivales es el de aburrir soberanamente al público. También sabes que hay películas estupendas, de esas que logran emocionarte, que te despiertan, que te cuentan historias de las que aprendes, pero que nunca se llevarán el premio porque hay alguien que opina que no son lo suficientemente atrevidas.

Benito Zambrano, un meticuloso trabajador del cine, estrena La voz dormida, que participa en la Sección Oficial. Es una película que esperaba con impaciencia por estar basada en la gran novela de Dulce Chacón, por republicana y porque Zambrano, que no se prodiga mucho, construye verdaderas obras maestras de nuestro cine. En esta película repasa nuestra historia, la dura e injustificada represión franquista, y lo hace sin contemplaciones, hablando claro. Me gusta porque no hay concesiones a la derecha, no niega que hubiera desmanes en los dos bandos, pero señala con el dedo a quiénes originaron la guerra y su posterior sangría, quienes fueron los que se aplicaron con afán destructivo para construir una nueva España que dejaba fuera (en las cárceles, en las cunetas, en las tapias de los cementerios…) a los que defendieron el régimen democrático y social de la República. Ellos son los culpables y todavía no han pagado por sus crímenes, nuestra sociedad ha sido incapaz de condenarles. Sin embargo, las mujeres que retrata La voz dormida no son culpables, no hicieron nada malo, quisieron una educación pública, una cultura que llegase a todo el mundo y la libertad para pensar por uno mismo, qué crimen se le puede achacar a una maestra cuyo único delito fue apuntarse a un sindicato socialista que además era legal. Frente a ellas una Iglesia mortificadora, de monjas y curas de látigo, que piensan que la verdad es única y la atesoran ellos por la gracia de su «dios padre y señor todopoderos», lo que les faculta para castigar a quien se equivoca no opinando igual. Los militares salen menos, pero son del mismo ramo, pues tampoco creen que los rojos tengan defensa alguna, su ideología misma les condena.

Esa es la sociedad que se encuentra Pepita (María León), con la guerra acabada, al llegar a Madrid para estar cerca de su hermana Tensi (Inma Cuesta) que cumple condena en un penal de mujeres. Pepita es bondadosa, cree que se puede vivir en esta España azul, piensa que quedan márgenes para la justicia. Ella los explora sin prejuicios, busca pero constantemente se le niega y sus ojos, que se van llenando de lágrimas, no pierden nunca su brillo, esa esperanza que la mantiene siempre en pie. Lo hace con dignidad, aunque tenga que suplicar, y así va comenzando a construir una ideología propia, con los golpes que esta vida le va dando. Son los otros, los que desde una posición de fuerza, se hacen indignos. En toda comparación gana ella. En la interpretativa también. Sobrecoge el primer fusilamiento en la tapia de la cárcel y el levantarse de las presas, puño en alto, para entonar la Internacional. Sobrecoge el último ajusticiamiento, el de la propia Tensi y su grito de «Viva la República» antes de que suene la bala asesina. Sobrecogen las torturas. Sobrecogen la crueldad y el desprecio de quien manda. María León se alzó con la Concha de Plata a la mejor interpretación femenina de esta edición, pero la película se merecía mucha mayor presencia en el palmarés de este año.

En las colas, mientras se va esperando para entrar, se aprende mucho de cine. Del danés Nicolas Winding Refn todo el mundo hablaba muy bien. En Zabaltegi-Perlas se presenta su película Drive, su aventura hollywodiense. Una película cargada de acción, coches rápidos y personajes duros como el acero a los que les cuesta hasta dar los buenos días. Si tuviera que describirla podría decir que es como si a Tarantino le quisiéramos dar un toque a lo David Lynch. Sobra sangre, crueldad y las muchas y diferentes maneras en las que va muriendo hasta el propio apuntador. No es un cine que me guste, pero tuvo sus aplausos entre el público.

Los ganadores del 59 Festival de Cine de San Sebastián. Foto: Iñaki Pardo, por cortesía del Festival
Los ganadores del 59 Festival de Cine de San Sebastián.
Foto: Iñaki Pardo, por cortesía del Festival
Las acacias, de Pablo Giorgelli, competía en Horizontes Latinos y ganó. No me explico por qué. Se trata de una película argentina de lo más contemplativa: asistimos al viaje de un camionero que transporta maderas entre Asunción del Paraguay y Buenos Aires y al que en esta ocasión, por cosas de su jefe, le acompaña una mujer con su hija de cinco meses. Subidos en la caja del camión, sin apenas conversaciones, vamos asistiendo a los diferentes estados de ánimo por los que pasa el protagonista, quien acostumbrado a viajar solo asume la compañía como una contrariedad. Poco a poco, ganado porque ella no es especialmente habladora y por la dulzura de la niña, su carácter va girando. Es una película sin secretos y aburrida, con el ruido del motor zumbando siempre en la oreja como su principal aliciente, y cuyos mejores momentos son los instantes de aseo del camionero.

Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta, se convirtió en la gran triunfadora de esta edición al alzarse con la Concha de Oro a la mejor película. Muy pocos dicen que es una película atrevida, divertida incluso y original, pero que el público no consigue entenderla. En mi opinión, ni siquiera tiene mérito como para estar en la Sección Oficial. Es una especie de western a la africana, algo que intenta acentuar con la música por si no lo habíamos pillado directamente. Es también un cuento infantil de esos de buscar un santo grial, la pieza clave sobre la que asentar una cultura, en este caso un bunker militar en el que François Augiéras cubrió sus paredes de pinturas para dejó hundirse en la arena del desierto para que nadie pudiera encontrarlo hasta el siglo XXI. Además es la historia de un recluta con ideas propias abandonado por sus compañeros por incapacidad con lo colectivo y que pasa a convertirse en bandido y luego en santón. Y sobre todo son los delirios de Miquel Barceló y su concepto personal de pintura. Son historias que convergen, se mezclan, pero que ni avanzan, ni resuelven nada. No hay por donde cogerla y para ello Lacuesta habla de que es una película en la que todo muta. Uno siente que le han tomado el pelo, que ha perdido una hora y media de su vida viendo un cine aburguesado y snob que no tiene nada que decir. En asturiano hay una palabra que es «refalfiau» y que explica a esos que, de tener tanto, están cansados ya de todo. Los pasos dobles es una película ridícula, de señorito «refalfiau». No hace falta este tipo de cine, no aporta nada. Y mucho menos merece recibir premios.

viernes, 23 de septiembre de 2011

El cine de una Europa decadente

Un panorama desolador es lo que nos pintan muchas de las películas del Festival de San Sebastián de este año


Jueves 22 y viernes 23 de septiembre de 2011. San Sebastián


Cartel del 59 Festival de Cine de San Sebastián
Cartel del 59 Festival de Cine de San Sebastián
Europa y su sociedad están en claro declive. Han iniciado una cuesta abajo de la que difícilmente podrá recuperarse. Es algo que se ve en su cine y que el 59 Festival de San Sebastián ha evidenciado.

La película belga L’Envahisseur / The Invader / El invasor, de Nicolas Provost, es un claro ejemplo de una sociedad que se estructura a dos velocidades, marcando la diferencia entre los de allí y los que llegan de fuera. No es una gran película, sobre todo por el ritmo demasiado lento, un tanto denso, y por la evolución más bien esperpéntica de su protagonista. A una costa llega una patera, es una playa nudista que a los ojos del africano se convierte en un paraíso lleno de mujeres blancas y rubias desnudas, cargado de lo diferente. Ha emigrado dejando atrás su historia para convertirse en un europeo de primera. Sabe que tiene que trabajar duro, que deberá olvidar sus raíces. En las primeras escenas uno pude dejarse llevar y pensar que está viendo una película que nos quiere contar de dónde ha salido la prosperidad de occidente y nos va a hacer pensar si no habrá sido acaso por el trabajo y la explotación de gentes venidas de otros lugares para ocupar los empleos que nosotros despreciábamos. Ellos han construido nuestros edificios y nos han permitido mantener un nivel de vida burgués. El protagonista, de color negro intenso como el carbón, ya está en el mundo de blancos que codicia. Piensa que ya tiene trabajo, que un día llegarán sus papeles y que a partir de aquí, por el hecho de estar en esta tierra prometida, será uno más y que podrá empezar a exigir. Le engañan y quiere que quienes lo hacen paguen por ello. Tampoco se comporta de una forma demasiado racional, y parece tener problemas mentales de percepción. Esa es la trampa en la que se cae como espectador, pensar que, por su estado, las pretensiones del africano son desmedidas, y que por tanto no tiene derecho a ellas, creer que son solo pura locura. Es el momento crucial, cuando se entiende el mensaje oculto, al comprender que esos mismos derechos suponen una inquietud para la clase dominante. Se puede abusar de los que llegan, explotarlos, esclavizarlos, usarlos, pero se debe mirar con cien ojos, pues nada sabemos de ellos ni de si se van a portar «como personas civilizadas que asuman un papel de segunda». Deben saber que no tendrán los mismos derechos, que por su color no serán europeos de primera. Esa es la espina que nos clava Provost después de habernos tenido dando muchas vueltas. La película se cierra con un sueño, el del protagonista sustituyendo el status del otro. Compite en la sección Zabaltegi-Perlas y algo que nos da una magnitud de la película es que en la votaciones del público a la mejor película quedó la penúltima.

Por su parte, el griego Filippos Tsitos, llega con Adikos kosmos / Unfair World / Mundo injusto, una película sencilla que nos quiere hablar de si en esta Europa corrupta, los individuos pueden aún comportase con justicia ya que la sociedad ha dejado de hacerlo. Una metáfora de los restos que deja el capitalismo voraz que se ha impuesto en nuestros países, que nos ha traído la ruina económica y moral, una Europa llena de mentiras, en las que aún quedan algunas buenas personas incapaces de ver maldad en el resto. En ella un policía decide que quiere ser un hombre justo, que mirando a los ojos va a ver la verdad, entender las causas y permitir a los desgraciados que no carguen con más problemas a su espalda. Las cosas no le salen bien, demostrar la inocencia de los que no tienen dinero es mucho más difícil que lavar la culpabilidad de quien lo amasa. La vida del justo es una vida solitaria que se precipita a la autodestrucción. ¿Qué es lo importante, los motivos, la verdad o vivir entre los demás compartiendo con ellos el peso de esta injusticia, haciéndonos compañía los unos a los otros? En el fondo buscamos el poder apoyar la cabeza en el otro para descansar un instante. Conocer un poco al otro para encontrar esos puntos de cercanía que nos hagan ver el subconjunto en común que nos libere de nuestra pesada soledad, que nos lleve de un paisaje imaginado a otro real y compartido. La película compite en la Sección Oficial y ha sido una de las grandes triunfadoras de esta edición, pues se ha alzado con dos de los premios más codiciado, Filippos Tsitos se ha llevado la Concha de Plata al mejor director y Antonis Kafetzopoulos la Concha de Plata al mejor actor. Sin embargo no es para tanto, aunque tenga un buen punto de partido y un mensaje que darnos.

Cartel de la película Sangue do meu sangue / Sangre de mi sangre
Cartel de la película Sangue do meu sangue / Sangre de mi sangre
Sangue do meu sangue / Sangre de mi sangre llega de Portugal para mostrar que allí tampoco se viven buenos tiempos. La película de João Canijo resulta dura e impactante. Nos habla de una familia, en un barrio periférico, de las pocas oportunidades, de una casa pequeña para cuatro personas, donde la intimidad queda fuera de sus paredes. No hay fuerzas para salvar a sus dos hijos a la vez, el primero cayó por el camino de la droga, eligió ser un pequeño traficante que sobrevive con sus chanchullos, pero que se enreda sin remedio. Un joven perdido para su madre desde que ingresó en el correccional. Sin embargo sí que ha puesto sus esperanzas en su otra hija, estudia, trabaja, pero se enamora de quien no debe, de quien pertenece a otra clase, de esos que tienen cocinera con cofia, de los que no comen sopa a diario. No hay salidas, solo deudas que pagar, deudas que uno nunca sabe cuando las contrajo, si las heredó por el simple hecho de nacer en una familia marginal. Da lo mismo la inteligencia, da lo mismo el esfuerzo, da lo mismo tener sueños, da lo mismo la educación. La diferencia existe de partida y el salto no hace más que partirnos la crisma. La película está bien construida, con una estructura sólida, con diálogos bien trazados y giros que mantienen en vilo al espectador. A pesar de la crudeza de la realidad que muestra, Sangue do meu sangue / Sangre de mi sangre se deja ver muy bien. Compite en la Sección oficial y ha conseguido quedarse en el palmarés de esta edición, pues la prensa internacional la ha votado como mejor película.

En el Reino Unido no están mucho mejor. El actor Paddy Considine nos trae su primera película como director: Tyrannosaur / Tiranosaurio. Es una historia rotunda, de alcoholismo, malos tratos y un pasado que muerde la conciencia hasta que sangra. De rabia contenida y de dolor. De explotar y encontrarse con que no hay lugar para uno, levantarse sin esperanzas para vivir otra vez un largo día o volver a casa para recibir otra paliza. De no saber medirnos, de tenernos miedo, de actuar con desmesura o de no hacerlo. De pensar que sabemos lo que va a ocurrir, pero que nos vence la apatía. Convivimos con la violencia, al protagonista le domina y no sabe explicar su mecanismo, si le sirve para algo aunque sólo sea un simple desahogo o le traza un camino sin vuelta atrás, sin razón, que le conduzca a la autodestrucción. Lo que sí sabe es que las personas no cambiamos, no habrá días plácidos para nadie. Un guion excelente muy bien llevado por dos interpretaciones sobresalientes, la de Peter Mullan de nuevo en la piel de un hombre atormentado sin esperanza y la de Olivia Colman, un contrapeso excelente que construye un personaje difícil de mucha profundidad. Sin duda es una gran película que triunfó en el pasado Sundance y que aquí participa en Zabaltegi-Perlas. Despertó el merecido aplauso del público.

martes, 20 de septiembre de 2011

La callada lucha por el poder durante el franquismo

Queipo, el sueño de un general. Antonio Dechent da vida al general para desnudarnos una época cruenta y despiadada


Martes 20 de septiembre de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid


Cartel de la obra Queipo, el sueño de un general
Cartel de la obra Queipo, el sueño de un general
Queipo es una figura difícil de nuestra historia que no puede despertar simpatías, pues quiso ser protagonista en todo momento: monárquico que luego apoyó la dictadura de Primo de Rivera para más tarde desdecirse; declarado republicano y a la vez conspirador contra la República; militar golpista de la derecha más atroz y enfrentado en una lucha de egos con Franco; vallisoletano convertido en virrey de Andalucía y constantemente desterrado. Al final hombre de una única ideología, la suya propia: el queipismo.

En Queipo, el sueño de un general vivimos los últimos minutos del general Gonzalo de Queipo de Llano, su vida se le escapa y, en esos efímeros minutos, mil voces le llenan la cabeza con sus propios demonios. La culpabilidad que le remuerde no le deja descansar, y su conciencia quiere explicarse. La obra no justifica a Queipo, nos lo enseña desde dentro, con sus pocas grandezas y sus muchos defectos.

Acierta Pedro Álvarez-Ossorio, autor del texto y director de la obra, en no repasar toda la vida del general, sino en revisarlo desde el 18 de julio de 1936, con una dramaturgia endiablada que viene y va sobre la línea temporal, sin respetar un orden cronológico para ir dejando cabos a los que acudir después, cuando ya todo está más atado. Nos plasma un militar ambicioso, con un concepto de España rondándole en su cabeza que es similar al de un caserío, viéndose como el amo del cortijo, posición de la que otros, con menor valía en su opinión, le han ido desalojando. Es un salvapatrias sin complejos que quiere ser el caudillo por méritos propios y que además considera que no le han sido suficientemente reconocidos. Ese destino es su obsesión: poder y gloria, un lugar predominante en la historia. Que los demás no le reconozcan su heroicidad única, su trauma.

Antonio Dechent y Oriol Boixader en una escena de Queipo, el sueño de un general
Antonio Dechent y Oriol Boixader en una escena de Queipo, el sueño de un general
En ese vistazo hacia atrás, un peso importante lo tiene su familia, especialmente su hija Maruja con la que establece una relación un tanto extraña de la que se insinúa algo más profundo de lo contado con algunos gestos alargados. En ella confía el papel de ser su secretaria personal, hasta que le comunica que se quiere casar y él no soporta que sea la esposa de quien cree que es un traidor, así que la deshereda y arroja lejos. Vuelve en los últimos momentos para hacer unas paces sosegadoras. Ella pone a salvo las memorias de su padre, ante la sospecha de que puedan ser buscadas por comprometedoras para el régimen. Precisamente esas memorias, mezcladas con la pura Historia, van a ser el hilo conductor de la obra.

Queipo es un hombre de ordeno y mando, sanguinario, de dura represión contra los comunistas, de escarmientos preventivos y de sepulturas. No le temblaba el pulso en mandar aviones a bombardear poblaciones que se le resistían, o de firmar y promover brutales detenciones, fusilamientos, crímenes, castraciones y violaciones. Tenía una idea clara de la justicia y su opinión estaba por encima de juicios, declaraciones y defensas de los inculpados, le bastaba decir que se hacía porque era necesario. Estableció nuevos métodos de lucha, utilizó la propaganda y la guerra psicológica, él mismo se convirtió en la voz del miedo, la que lanzaba sus arengas y amenazas desde la radio. La radio entra a formar parte de la obra, se convierte en un medio más puesto en juego durante la representación, que nos va contando sus pensamientos, sus amenazas y también la realidad de un régimen que se imponía con mano dura. Es otro de las apuestas hechas en Queipo, el sueño de un general que dan muy buen resultado. Lo mismo hace con el documental, incorporando imágenes que den la potencia justa que se precisa, o las conversaciones telefónicas que van acelerando el ritmo o esa iconografía fascista mezclada con la religiosa. Elementos todos que van colocando y situando al espectador en un punto negro de nuestra historia en el que posiblemente no quiera permanecer.

El texto nos cuenta el Queipo político, el que tiene dotes administrativas y militares. Pero también nos habla del hombre, al que le gusta interpretar a Ricardo III, el que se encierra en sus paranoias de estar siempre perseguido, el que desconfía de todos pues no hay hombres como él, el que necesita la religión acompañándole y de la que saca fuerzas.

No es una historia de largos monólogos, aunque se asienta en varios discursos, porque siempre encuentra la forma de ser dinámica. Primero de todo por la inclusión de otros elementos no tan dramáticos y segundo por la facilidad de los actores de la compañía para representar más de un papel, poner más de un acento y sacar más de una voz. Son pocos y parecen muchos, lo que da una gran variedad. Así podemos asistir a una charla, disputa mejor dicho, entre Queipo y Franco que sin duda es uno de los puntos fuertes de la obra.

También hay espacio en ella para un poco de humor, como el que se muestra en las discusiones entre requetés y falangistas de las que Queipo se convierte en ecuánime juez y que así nos permite vislumbrar su equidistancia ante ambas corrientes, más preocupado de sí mismo no le importa dejarnos ver su ridiculez.

Pero si algo mantiene en pie la obra sobre todo lo demás es la grandiosa interpretación de Antonio Dechent, cargada de fuerza y de épica, para defender a un personaje lejano de sí mismo. Dechent nos acorrala y después nos desgarra pues abre una rendija desde la que ver al hombre que hay debajo del general grotesco y mesiánico. Nos hace sembrar dudas, pues nos enseña todo lo cruel del personaje y también algunas pinceladas de ternura y de razón en su discurso. No sé si podré perdonárselo.

A modo de pequeño anecdotario: La idea de esta obra le rondaba desde hace tiempo a Antonio Dechent, para que entendamos el origen nos cuenta primero una historia: «Málaga. Guerra civil. Bajo una cama una niña de siete años, aterrorizada, abraza fuertemente a su hermano recién nacido. Su madre y su abuela han salido en busca de alimento, de noticias, de consuelo. Su padre y sus otros tres hermanos pequeños están en la zona nacional. Pero el terror de la niña no viene de esta situación de caos e impiedad, de estos días de confusión y llanto. Su terror proviene de un aparato, de una radio donde ha vuelto a sonar la VOZ. Y la VOZ ha dicho: “Esta tarde os mandaré un regalito.” Y la niña corre bajo la cama abrazando al bebé y espera el bombardeo. Esa niña es mi madre y la VOZ pertenecía al general Queipo de Llano».