lunes, 12 de septiembre de 2011

El espacio de los socios en el Festival

Cortometrajes que son formas de ver la vida


Lunes 12 de septiembre de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid


Cartel del cortometraje Jugando con la muerte
Cartel del cortometraje Jugando con la muerte
El Festival de Cine de Madrid-PNR proyecta 34 cortometrajes en la sección oficial para socios de la propia Plataforma de Nuevos Realizadores. Los reparte en tres sesiones, el lunes tocaba la segunda de ellas y se proyectaron once trabajos de lo más dispar en contenido, duración y estilo de dirección.

Paul Urkijo Alijo dice que tanto él como su equipo son gente que está empezando, que ha conseguido hacer el corto con familiares y amigos. Sin embargo Jugando con la muerte, ese corto del que habla, es mucho más, tanto que marca una gran diferencia con respecto a los otros diez proyectados. Es el guion, la historia que atrapa, la fotografía tenebrosa, la gran interpretación de Txema Blasco, el maquillaje, el presentar el ingenio como opción a la caja tonta que absorbe nuestro tiempo en familia, las ganas de divertirse, el jugar a hacer realidad las batallitas increíbles del abuelo, el aprendizaje de la muerte, la tozudez de los mayores que no se rinden, los pequeños guiños a una realidad desde un corto de género fantástico... Todo está en su sitio y eso se nota en el resultado. Como curiosidad, la presencia en la producción de Christian Gálvez, el presentador de Pasapalabra.

Regeneración es un cortometraje del que su director, Pedro Estepa Menéndez, dice que representa el grito de los realizadores ante la negra situación económica y social que estamos viviendo. El futuro está en nuestras manos, añade. Buena fotografía, un ambiente bien plasmado en una emisora en la que vamos escuchando la realidad y una cámara que nos va contando el presente de una prensa radiofónica ejemplarizada en un locutor que en el pasado obtuvo los mayores reconocimientos.

Andrés & Javier, de Juan Manuel Díaz Lima, es un documental de dieciocho minutos para reflejar la vida de una familia con un hijo al que han diagnosticado beta-talasemia mayor, una enfermedad incurable cuya solución pasaba por el nacimiento de un hermano concebido por selección genética para fines terapéuticos. Se trata del primer caso que ocurrió en España. Dudas, milagros, esperanzas y cotidianidad -sobre todo cotidianidad- de los días antes de volver la colegio ahora que ya está recuperado.

Tommy Llorens presentaba dos de sus trabajos. Maiakovski, ganador del último Certamen de Cortometrajes Express! que organiza la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo de Comisiones Obreras, es un corto de instantes, de las pequeñas cosas que nos pasan por la cabeza cuando nos dan una mala noticia con optimismo, cuando juegan con lo que debemos sentir queriendo quitar hierro a lo que sentimos, de cuando nos dan la última punzada. Está filmado en primerísimos planos que se centran en ojos y labios para resumir el trabajo interpretativo y expresar los diálogos. De trasfondo se quedan otras imágenes que fluyen a modo de recuerdos. Es un corto que llena la pantalla, que recurre a la poesía -al menos en ritmo y simbología-, pero que deja demasiados pedazos abiertos a una interpretación subjetiva, pues trata de difuminar más que de concretar.

El segundo de los cortos de Llorens, Por un piano, es una especie de documental que más bien parece una metáfora, o una encuesta, sobre cuando dejar paso a los que vienen detrás. Unos dirán saber retirarse, otros pundonor, pues juega a mostrar opiniones enfrentadas y una cierta ironía.

Cartel del cortometraje 5 aspirantes (y un dispositivo)
Cartel del cortometraje 5 aspirantes (y un dispositivo)
Nómada films viene con tres de sus cortos a esta sesión. Eva Redondo firma la dirección de 5 aspirantes (y un dispositivo), un corto ingenioso que lleva la esforzada vida del recluta a los procesos de selección. El corto se ríe de muchas cosas y lo hace con la risa contagiosa porque satiriza una realidad que nos toca a todos. Tal vez sea el resultado de un proceso de somatización. Nos enganchan las historias de sargentos autoritarios que exigen un esfuerzo equivocado y desmedido, que pierden las proporciones y que se olvidan de la correcta educación, la de preparar y formar para el trabajo que vas a hacer. Esto se puede contar de muchas formas, pero como lo hacen en 5 aspirantes (y un dispositivo) además entretiene.

Daniel Diosdado y Eva Redondo dirigen Con cara de gilipollas. Es un guion sencillo y agradecido de interpretar. En toda relación de pareja siempre hay momentos en que la reacción de una de las partes, ante lo que dice la otra, es quedarse con cara de gilipollas. Es un problema de ritmos entre las partes y también de que lo inesperado no avisa. Pero siempre hay un motivo para sorprenderse más. Nuestra capacidad roza lo infinito como nos hacen aquí.

Conciencia breve de amor eterno, de Daniel Diosdado, es el tercero de los trabajos de Nómada Films. Un instante de silencio, como si se nos hubiera olvidado lo que queremos decir, una situación extraña en una habitación, un despertar. Pocas cosas, casi nada, pero tiene la capacidad de transmitir todo un estado de ánimo, de esos tiempos de mariposas en el estómago en los que las sonrisas dicen más que las palabras.

José Ramírez Antón presenta Game Player, una pequeña historia de revancha llevada a cabo a través del mando de una consola capaz de interactuar con los seres vivos hasta el punto de manejarlos. ¿Realidad o deseo? Queda abierto, como un final que se presiente, pero que no se muestra. Lo cierto es que su ácido humor negro resulta divertido.

De Memorias de atracos, de Miguel Á. García de la Calera, podría decir que al principio me pareció una historia tonta. Dedicar una ficción a conversar con las víctimas de un atraco para que nos lo cuenten. A la segunda historia pensaba que ya no se puede ahondar más, que el entrevistador era un rarito un tanto morboso que se había empeñado en hacerse un archivo informativo tipo El Caso, pero de barrio. Sin embargo el director consigue darle una vuelta a todo esto, hacer que al espectador empiecen a rondarle ideas. ¿Y si todos los atracos que nos cuentan se pudiesen contar como uno solo, de la misma forma? ¿Dónde queda la realidad cuando nos ponemos a contar una historia en la que somos protagonistas? ¿No estaremos exagerándolo un poco y perdiendo objetividad? Las capacidades que ponemos sobre nosotros mismos crecen y, por el contrario, a los demás los caricaturizamos. Así que al final me ganó. Memorias de atracos, tenía algo debajo.

Nena, de María Florencia Álvarez, es un corto con acento argentino, un tanto nihilista y contemplativo, de una adolescencia entre perdida y llena de dudas.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Cine de guerrilla

Las mesas redondas del Festival de Cine de Madrid-PNR en el Café Galdós


Domingo 11 de septiembre de 2011. Café Galdós. Madrid


José Fernández, presidente de la PNR, y Jesús Monroy, director, actor y productor
José Fernández, presidente de la PNR, y Jesús Monroy, director, actor y productor
En el Café Galdós, todas las tarde a eso de las 18:00, el Festival de Cine de Madrid-PNR que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores, tiene una cita participativa en sus mesas redondas. Esta vez se trataba de aclararse en eso de qué es el Cine de Guerrilla. Abrió la tertulia José Fernández, presidente de la PNR, para expresar su sensación de que el cine, tal como lo conocemos, se está viniendo abajo. Es cierto que se puede seguir haciendo cine sin recurrir a tópicos, pero cada día le resulta más difícil llegar a las salas. Rodar es cuestión de fe, de tener confianza, de esfuerzo y sobre todo de voluntad. El director toma la decisión de sacar la cámara a la calle y lo hace, pero el resto de proceso ya no depende de él. Señaló también que las instituciones españolas llevan años empeñadas en crear industria y no lo consiguen, pero mantienen el mismo sistema. Si conservamos estas pautas perderemos la frescura del cine.

José Víctor Fuentes describió el cine de guerrilla como una forma de hacer cine, un cine chico, con pocos medios, con independencia de si se tiene dinero o no para hacerlo. Es una decisión, no algo que se elige por obligación cuando no se dispone de capital económico. Explicó que cada uno de los presentes tendrá su propia definición, pero todos vendrán a decir lo mismo. El cine de guerrilla es el que se hace fuera de las instituciones, al margen del sistema de subvenciones, de la financiación de las cadenas de televisión y con una actitud transgresora.

Jesús Monroy nos habló de Nómada Films, un proyecto de producción, distribución y cartera de profesionales en el que está involucrado. En cinco años han logrado producir once cortometrajes (presentan siete en este festival), un largometraje y una web-serie. Todo con pocos medios, sin co-producciones para no tener limitaciones y mucho trabajo, pero siempre con la intención de tender una mano a la gente que viene de nuevas.

Elena Medina, directora del festival, trató de enfocar la conversación en otros aspectos. En estos tiempos de tanta accesibilidad resulta fácil hacer una película. Queremos hacerla y no esperamos. ¿Pero qué pasa después?, ¿cuál es nuestra perspectiva una vez acabada?, ¿qué canal reivindicamos, cómo vamos a preocuparnos del retorno? Como ejemplo pone su documental, que después de pasar por cuatro festivales se distribuyó como un producto musical en dvd por los mismos canales que sigue la música. El sistema actual de distribución está hecho por y para el cine de gran presupuesto. Hay que buscar otras vías para que se pueda mostrar este cine y la apuesta debe salir de los propios cineastas. Los grandes no van a dar oportunidades, así que habrá que salir a la búsqueda del espectador y del lugar. Habrá que montar circuitos y dar con otra forma de distribución. Confesó que no tenía la solución.

Virginia Park que organizaba junto a José Víctor Fuentes el Festivalito contó que lo que habían visto es que había muchas obras, pero no dónde exhibirlas, pues eso lo controlan desde dentro de la industria. Es cierto que las salas se están transformando a digitales, pero se mantienen las mismas condiciones.

Los directores José Víctor Fuentes y Tommy Llorens
Los directores José Víctor Fuentes y Tommy Llorens
José Víctor Fuentes añadió que quien hace cine de guerrilla quiere distribuir por sí mismo, pero lo malo es que a los meses ha perdido fuego. Señala que faltan agentes de distribución para este tipo de películas pequeñas. Hay que ser una guerrilla organizada. Parece que hoy en día Internet es la gran salvación, un lugar donde poner las películas gratis, pero faltan una plataforma de cine independiente digital que le de cauce, lo gestione y produzca ingresos. Son proyectos que faltan, que no ve que salgan.

Tommy Llorens afirmó que una película no es otra cosa que un buen guion, buenos actores y el director para que entre todos hagan la película cojonuda y no cada actor el papel de su vida. Confesó que le gusta el cine digital de guerrilla y que está dentro de él, pero que quiere que sus películas se vean. No es partidario de poner las películas gratis en Internet, cree que nos hemos acostumbrado a lo del coste cero para ver películas y eso habrá que variarlo para que el cine pueda seguir existiendo. Habló de filmin como una solución, una página web que funciona como un videoclub y dónde la página y el director van a medias. Sobre las subvenciones insistió en que sus mecanismos le parecen bochornosos y propuso un nuevo mecanismo, que lo que se subvencione sea el precio de la entrada al público que vaya a ver las películas de nuestro cine, para así entrar en una competencia real.

Francisco Brives presentó la iniciativa ArtHouse Madrid que está reclamando un edificio público para ser puesto a disposición de los cineastas y creadores como un lugar donde, a modo de co-working, puedan desarrollar su trabajo y sus proyectos. Contó también la frustración habitual de encontrarse con un trabajo terminado, pero no hallar el lugar donde proyectarlo y empezar a rentabilizarlo. Nadie va a vender el trabajo de un cineasta independiente, el propio director se ve obligado a llegar hasta el final del proceso. Propone salir al exterior para no quedarnos dentro de esta endogamia nacional, dignificar la profesión, tener un salario, repartir mejor el dinero del cine y una red de distribución al margen de la institucionalizada.

En su segunda intervención, Jesús Monroy, habló de que los festivales como éste son una solución. Después volvió al canal de Internet como vía de distribución, un canal falso en su opinión, pues para que las plataformas admitan la película, ésta debe tener todos los certificados, sino no será reconocida y no se mostrará. Sin certificación no hay ingresos que provengan de Internet, así son las normas. Es necesario cambiar la ley de cine, una solución que no considera utópica.

José Víctor Fuentes explicó que él trabaja al margen del sistema, pero que eso no le ha impedido hacer cine y buscar subvenciones para ello. Cree que la conversación no está en si hacen cine de guerrilla o no, sino en empezar a pensar de otra manera, porque hay que demostrar que la gente quiere ver las películas que ellos hacen. Y eso lo da Internet. Quejarse está bien, pero hay que hacer cosas.

En mi opinión todos tienen una idea de lo que es cine de guerrilla que a grandes rasgos coincide. Lo que no comparten son las soluciones. En el fondo cada cual tira por su camino y con parsimonia va haciendo su cine, a su manera y con sus medios, desconfiando del resto. Así, los proyectos colaborativos no parecen ver nunca la luz.

La comedia toma el Festival del PNR

Explorando los límites de la realidad


Domingo 11 de septiembre de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid


Cartel del cortometraje Rött Hår|Svart (Pelirrojo|Negro)
Cartel del cortometraje Rött Hår|Svart (Pelirrojo|Negro)
La sesión de hoy de cortos de la sección oficial del Festival de Cine de Madrid-PNR que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores supone el paso del ecuador. Se proyectan ocho trabajos.

De todos ellos destaco Rött Hår|Svart (Pelirrojo|Negro), de Alfonso Díaz y Luis Ángel Pérez, un corto falso documental sobre la genética narrado en sueco. Una historia genial e inteligente de tres minutos cargados de buen humor y con un cierta inquietud existencial motivada por un gran conflicto: la capacidad de identificación de una persona cuando unas pruebas dicen que su raza es otra diferente a la que ha venido ejerciendo durante años, tener que amoldarse a una vida nueva y diferente de golpe. Rött Hår|Svart juega constantemente sobre la línea de la realidad y la ficción, algo muy trabajado en el guion y también en la excelente interpretación de su protagonista, Daniel Pérez Prada. El corto resulta fresco y sorpresivo. No hay descuidos en él, todo está perfectamente hilado en un trabajo cuyo resultado es de mucha calidad. Con buen montaje y con esa voz en sueco que da profundidad al juego del falso documental haciendo sobria una historia imposible, que sin embargo sabe ganarse al público que la disfruta de principio a fin.

Entrevista, de Ángela Armero, es un obra que sabe jugar con los giros de guion. De pronto una entrevista de trabajo se convierte en otra cosa totalmente diferente, algo que hace ver al espectador la historia desde otro punto de vista y le previene para que no pierda atención. Guion algo disparatado en el que no es fácil hacer verosímil la historia, pero que lo consigue con las convincentes actuaciones de Luis Callejo, Juan Díaz y Alba Alonso.

Isabel Herguera nos trae su corto de animación Ámár. Dibujos-collages de fuerte impacto visual que se transforman desde un sueño dulce hacia una perturbadora pesadilla. Con un trasfondo de locura es un trabajo fuertemente surrealista.

El premio, de León Siminiani, cuenta con dos excelentes actores, Pilar Castro y Luis Zahera, a los que hay que añadir la producción de Koldo Zuazua y Daniel Sánchez Arévalo. Siminiani no desaprovecha la oportunidad para hacer un corto con empaque, sustentado por las interpretaciones de sus protagonistas. Es un corto que va y viene para dar la vuelta completa y explicar lo que cada uno quiere, o busca, en su pareja. Juega también a la realidad, usando para ello imágenes de la gala de los Goya de 2010. No le vendría mal un poco más de dinamismo para hacerlo brillar.

Cartel del cortometraje Aunque todo vaya mal
Cartel del cortometraje Aunque todo vaya mal
Otra de las grandes sorpresas de la noche fue el primer cortometraje de la actriz Cristina Alcázar: Aunque todo vaya mal. Una divertida comedia musical que consigue que te sueltes a reír a carcajadas. ¿Qué ocurre cuando uno se despierta cantando y ya no puede dejar de hacerlo? Alcázar juega con los gestos, con las miradas de sus actores, con los detalles, y sobre todo con la vergüenza. Eso es lo que hace grande al corto, saber que nos vamos a reír de quien sufre por timidez, de quien tiene que salirse de los márgenes y empezar a comulgar con naturalidad con lo más absurdo. Por ponerle un pero, el exceso de elementos de color rosa, que casi empalaga.

Llama ya, de Jorge Naranjo, se mueve por las mismas líneas de la realidad. Un ambiente bien trazado, una noche de soledad y un programa de llamadas en la tele con un teléfono al que hay que llamar para decir manzana y ganar mucho dinero. Esther Rivas, la joven que presenta el call TV, aporta la vitalidad, las ganas de participar de llamar para participar; pero son los ojos de Isabel Osca los que se graban en la retina, los que se te quedan fijos, esa mirada entre inquieta y sabia, como de quien guarda en secreto una esperanza. De una anécdota y con muy pocos medios, su director saca adelante un buen trabajo.

J. Enrique Sánchez en Berlín nos cuenta una historia que es más bien un sueño del catálogo de los deseos ocultos de cada hombre. Berlín es un pretexto para hacer más fácil un encuentro, para simplificar la fase de cortejo, para acelerar el deseo, para seguir el juego porque nos interesa. Berlín podría perderse en muchos caminos, pero va directo, está bien contado desde una voz en off y bien resuelto.

Hombre máquina, de Alfonso Moral y Roser Corella, es un documental rodado en Bangladés para reflexionar sobre el trabajo en sociedades donde se sigue explotando. Allí las máquinas no han sustituido a la fuerza física del ser humano. Se han ido lejos para contar historias que ya nos imaginábamos, con imágenes que vemos con frecuencia en los informativos. Los directores han elegido desenfocar los bordes de la fotografía para hacer más claro lo que pasa en el centro, sin embargo, no creo que esta decisión aporte gran cosa.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Cortos que dejan sabores en la boca, largos que abren los ojos

Un excepcional nivel en los cortometrajes y un sobresaliente documental en este sábado de Festival de Cine de Madrid-PNR


Sábado 10 de septiembre de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid


Cartel del cortometraje La Hégira
Cartel del cortometraje La Hégira
Si el Festival de Cine de Madrid-PNR que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores puede presumir de algo es, sobre todo, de sus cortometrajes. Los que se pudieron ver esta tarde han sido de gran nivel, con historias cargadas de emoción, sentimiento y hasta con un punto de buen humor. Cada corto es un mundo, unas pocas imágenes que resumen muchos anhelos. El esfuerzo de mucha gente, la ilusión de verlo sobre una pantalla de cine, con las luces apagadas y el público en silencio, como expectante por ver lo que allí va a pasar. Justo un segundo antes de ese momento en que se sabrá si el esfuerzo ha valido la pena porque se ha llegado a conectar, o no, con el espectador. De seis cortos se componía la sesión de hoy de la sección oficial.

Liteo Deliro, con La hégira, conecta de verdad. Se trata de una ficción de desarraigo contada en árabe y subtitulada al castellano, con grandes interpretaciones que logran una sorprendente autenticidad. A pesar de no ser la primera vez que veo el corto, aún se me pone la piel de gallina con la última escena. Es una historia de encrucijada, la que toman unos protagonistas que solo pueden decantarse por emigrar buscando una prosperidad que en su país no encuentran. Es la suya una tierra sin futuro, un lugar fronterizo que se va ahogando. El padre impone el fin de la etapa adolescente en su hijo de golpe y fija para él un destino que inicia un camino que supone tanta incertidumbre como pérdida. El sendero que marca la cabeza no coincide con el que desea el corazón. La hégira es un corto contado con dramatismo que sujeta al espectador en su butaca. Le deja un sabor amargo, de vida injusta, y en la retina unas imágenes grandes de buen cine.

Victor Carrey, con La huida, nos cuenta una historia bien filmada, con gusto por el cine, de muy buenos planos y muchos actores bien acompasados. Algo hay en ella que me recuerda al cine norteamericano. Tira de casualidades, de unir elementos, de una ciencia -como de documental- que se asienta en la meticulosidad y desde la que hila un instante cualquiera que un día ocurre y que lo hace diferente. Casualidades y elementos. Entre los actores del corto figura Dani «el Rojo» del que recientemente ha salido publicada su biografía: Confesiones de un gángster de Barcelona. La huida me termina sabiendo a carrera y vídeo musical.

Cartel del cortometraje Pesares
Cartel del cortometraje Pesares
Pesares, de José Luis Mora, es un pequeño corto de vidas difíciles, de personas que podrían tirar la toalla, apesadumbradas, cansadas de cargar sobre sus espaldas un fracaso tras otro. No llevan, como la mayoría, la vida que les gustaría ahora que las oportunidades han desaparecido. Pesares debería saber a amargura, a resentimiento, y sin embargo deja un poso mejor por encima, el de la amistad, la de dos amigos que comparten piso y que, aún nadando entre sus pesares, se preocupan el uno del otro. Es un corto de actores, de tensión, de interpretación. Buena la de Jesús Monroy, de premio la de Eva Redondo.

Nadie tiene la culpa, de Esteban Crespo, es un corto con ingenio, un enredo psicológico para decirnos que las mujeres nos ganan siempre a los hombres en un par de puntos de inteligencia, que son capaces de darle la vuelta a cualquier razonamiento y encontrar una fisura -o una grieta- que les sirva de punto de escape. Las hay tan inteligentes que nos hacen pensar que las decisiones que seguimos, las que pensamos que hemos tomado por nosotros mismos, no nos las han dado ya resueltas ellas. Nadie tiene la culpa es una comedia entretenida que sabe a sal y chispa.

También hay un lugar para la animación. Zoe Berriatúa presenta La cosa en la esquina, una historia negra, en inglés, que sabe al cine clásico de Bogart pasado por el diván del psicólogo. Le queda algo de moraleja, una explicación de esos pequeños monstruos que solo vemos nosotros, o de manías que tarde o temprano terminaremos por asumir.

Sam Orti presenta Vicenta, una animación con plastilina que resulta divertida e ingeniosa. Sus personajes, el malhumorado del protagonista principalmente, son la salsa que esconde el resto del plato. Debajo, si apartamos la gracia, vemos un pasado casposo que sería atroz sin el camuflaje del humor, un hombre machista y tacaño, una vecina que se comporta como una loba que va tras el dinero y una santa ama de casa que sobrevive porque en el fondo siempre ha sido la más fuerte.

Cartel del largometraje Los dioses de verdad tienen huesos
Cartel del largometraje documental Los dioses de verdad tienen huesos
En el pase de la noche Los dioses de verdad tienen huesos, de Belén Santos y David Alfaro. Un documental impresionante que expone una situación de injusticia universal a través de las enfermedades de varios niños que no pueden ser tratados en su país, Guinea Bissau, por la falta de medios. Su única oportunidad reside en que sean evacuados a Europa. Impresiona la entrega de los 6 protagonistas: un religioso, dos médicos -uno guineano y el otro occidental-, una cubana y dos cooperantes de la ONG AIDA que participa en la tramitación de la documentación y financiación para que esos muchachos y muchachas puedan ser intervenidos en Portugal y España. No hay un sesgo compasivo que mataría el documental, lo que se ve es una historia que interesa, contada con pulso cinematográfico, que da voz a todos, sin olvidarse de los guineanos, haciéndose más interesante con cada fotograma.

Sobrecoge y a la vez sorprende. El drama en África es la falta de recursos. La muerte sólo es una causa. Tener que elegir a quien se puede ayudar y quien dejar morir es simplemente la tesitura con la que se encuentran los protagonistas. Augusto se fue a Cuba a estudiar medicina, es uno de los pocos médicos que volvió a su país, pues es consciente de la obligación moral que tiene con los suyos en Guinea Bissau.

Atrapa el sentido del humor, la exaltación del optimismo y las ganas de disfrutar de cada uno de los instantes que les depara el día, sin rendirse nunca. No se puede mantener de otra forma la vida de quien ofrece una esperanza al que la necesita a cambio de una sencilla sonrisa. Así es su vida, y sin querer, como espectador me sorprendo riéndome porque, entre la dureza de esa realidad, los directores hayan dado peso a varias anécdotas muy graciosas. Otro de los mayores encantos del documental, de su magia, es haber conseguido hacerse transparente para los protagonistas, que se muestren con naturalidad y que nos hablen de los malos momentos y de los buenos.

También hay espacio para enseñar los asesinatos del Presidente Nino Vieira y del Jefe de Estado Mayor Tagme Na Wai. Lo político repercute en todo, los pacientes comprueban las implicaciones al ver de pronto que se retrasan sus trámites por ello.

Los dioses de verdad tienen huesos es un documental directo, que sabe a valentía y que se aplaude con ganas y con todo el corazón.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Cine existencial, de palabra y de silencio

Primeras proyecciones en el Festival de Cine de Madrid-PNR


Viernes 9 de septiembre de 2011. Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes. Madrid


Jesús Blanco e Itziar Miranda en una escena de Perro Flaco
Jesús Blanco e Itziar Miranda en una escena de Perro Flaco
Llega un año más, y ya suman 20, el Festival de Cine de Madrid-PNR que organiza la Plataforma de Nuevos Realizadores. Sin duda, una oportunidad para ver «un cine diferente, atractivo, dinámico, participativo y siempre en movimiento», como dice su directora, Elena Medina.

Se nutre de cortometrajes, pero también se han ido haciendo un hueco los largos, especialmente aquellos que llegan con cierto compromiso, cine hecho desde otra óptica por nuevas voces. Cuenta Amanda Guadamillas, presentadora oficial, que el festival «se hace para proyectar películas de calado y que mucha gente pueda verlas».

En la sección oficial compite Perro flaco, la segunda película de Ernesto Martín, quien imparte clases en la ECAM, la escuela de cine de Madrid. La sala del Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes está llena. Se siente una cierta expectación, una profunda curiosidad por el trabajo de quien enseña a hacer cine. Lo que se ve es, sin duda, un proyecto muy personal, de muy bajo presupuesto. Cine intimista, bien estructurado, que nos va desvelando las trampas de un hombre egoísta, un poco seductor, que lo está perdiendo todo, que empieza a ir hacia la deriva, como si de pronto le cayesen encima todas las pulgas de golpe. Pablo (Jesús Blanco) deja de tener su vida controlada de un día para otro, una necrosis en la cadera es el detonante. Vuelve a una casa vacía tras la operación y, de uno en uno, se va a enfrentar con el resto de personajes.

Excelente trabajo actoral, especialmente de Itziar Miranda, que desde un personaje de dramatismo contenido profundiza y nos explica la esencia de Pablo, desnudándolo totalmente, dejándole a la intemperie, ya sin su coraza, perdido todo su encanto. Es una película de cuatro actores, con mucho diálogo, contada en primeros planos, de subir y bajar emocional, en tonos apagados, con poco color y con un buen tema musical final que acompaña a los créditos. Pero sabe a poco, le falta espacio. De todas formas, se escucharon muchos aplausos al final.

Cartel de la película Caracremada
Cartel de la película Caracremada
Si Perro flaco se puede considerar un cine existencial de palabra, de buscarse y entenderse a uno mismo, Caracremada también lo es, pero por causas muy distintas. La primera de todas porque nos habla de la supervivencia, de la existencia como vida que hay que salvaguardar. Se narra sin apenas diálogos, en imágenes y sonidos y aquí está su mayor diferencia.

Caracremada es un largometraje de Lluis Galter que ha pasado por Venecia y San Sebastián, y ha sido premiado como Opera Prima en los premios Sant Jordi de cine. Se había estrenado en Barcelona, pero no había logrado hacerlo en Madrid. El Festival la proyecta dentro de la sección Noche de estreno.

La película cuenta la historia de uno de los últimos maquis españoles: Ramón Vila Capdevila, y lo hace con una maravillosa fotografía que va retratando el paso del tiempo sobre los montes en los que se esconde su protagonista. La naturaleza cambia, pero la vida se va haciendo más rutinaria, de objetivos repetidos. Un tiempo infinito, largo, tanto que pierde su significado. Un hombre que se funde con la naturaleza.

Muy simbólica y sin explicaciones, para que el espectador la construya en su interior. Sin apenas diálogos, con un tiempo lento que parece que no transcurre siquiera, con una naturaleza desbordante, Caracremada no es un cine fácil de ver desde la butaca, pues la acción parece ocurrir siempre en otro sitio. Una película de soledades, de silencio.