martes, 12 de febrero de 2013

¿Por qué desaparece un cadáver?

Oriol Paulo compite con El cuerpo por el Goya al mejor director novel


Cartel de la película El cuerpo
Cartel de la película El cuerpo
¿Por qué? Porque es un buen thriller.
Con El cuerpo, Oriol Paulo debuta en la dirección de un largo. Aunque ya tenía cierta experiencia dirigiendo -un corto, un mediometraje y una película para televisión-, su carrera cinematográfica la había desempeñado sobre todo como guionista, destacando especialmente por el guion de Los ojos de Julia.

El cuerpo solo tiene una nominación en estos premios Goya, la de dirección novel para Oriol. Quizá se merecía alguna otra más, pues se trata de una digna película de género, bien hecha y mejor rematada. La intriga se mantiene y tras cada pieza que se coloca surge otra que parece tener peor encaje con las anteriores, que vuelve tirante el puzzle hasta que se le encuentra su lugar exacto. Ese desconcierto programado que se crea en el espectador como un estado de ánimo inducido es un elemento peligroso sobre el que jugar, sin embargo, la película lo controla y lo convierte en su punto fuerte. Ese control que existe entre lo que los personajes saben y lo que el espectador descubre está milimétricamente inmerso hasta en la propia sinópsis: «El vigilante nocturno de un depósito de cadáveres es atropellado tras abandonar su puesto de trabajo en estado de pánico. Cuando la policía se presenta para investigar, descubre que el cadáver de una mujer recién fallecida ha desaparecido de la morgue. Sin ninguna pista que aclare el extraño suceso, el Inspector Jaime Peña recurre a Álex Ulloa, el viudo de la mujer desaparecida. Juntos, durante el transcurso de una noche intensa, intentarán descubrir la verdad sobre las misteriosas causas de la muerte de la mujer y la desaparición de su cuerpo…»

Cuando se pierde el control de una situación preparada y ésta se vuelve adversa, cuando las dudas nos van rodeando hasta hacerse insoportable la presión, la condición humana se resquebraja. Confesar hasta el último secreto se convierte en una posibilidad que nos puede parecer plausible. Pero esa confesión ni calma ni alivia. Las cosas no son ni la sombra de lo que parecen, porque hay otro que ahora tiene los hilos y está tirando de ellos. Ni siquiera los secretos contados disminuyen la incertidumbre de lo desconocido, de esa trama angulosa que nos intranquiliza. Con ese material está construido El cuerpo a través de dos elementos: un guion si fisuras y una interpretación que aumenta la inquietud.

Nadie nos cae bien. En ningún personaje encontramos rasgos que nos hagan confiar ciegamente en él. Mayka Villaverde (Belén Rueda) es egoísta y mala porque tiene el mundo a sus pies obedeciéndole. El inspector Peña (José Coronado) resulta inquietante con su caracterización inocente y ridúcula y sus explosiones de carácter, además llega con un pasado confuso. Álex Ulloa (Hugo Silva) tampoco tiene un comportamiento que pueda gustar, ya que es el siervo que quiere convertirse en amo. Carla Miller (Aura Garrido), a pesar de sus hermosos ojos, tampoco es clara.

Precisamente, de esa desconfianza en los personajes porque cada cual esconde algo surge la necesidad del espectador por descubrir todo el entramado que hay detrás. La primera pregunta que se hace es quién ha robado el cadáver, pero el interrogante correcto, el que se debería hacer para desentrañar el misterio, es por qué desaparece el cadáver. ¿Para qué todo esto?, ¿cuál es el propósito que hay detrás?

Fuera llueve, es una noche plomiza. Ese tiempo inclemente es el único posible para dibujarnos el estado de ánimo en el que confluyen los personajes. En esas noches de lluvia es cuando todos nos entretenemos mirando por la ventana, fabulando mientras las gotas resbalan inexorables tras el cristal. Dentro, sin embargo, están los culpables, las consecuencias y el ajustar las cuentas. Esa tensión insoportable con la que apretar para saber la verdad. El proceso de construir esa explicación se va pegando a la película, respirando su aire y jugando bazas nuevas. Por eso sorprende que ésta sea una primera película pues está hecha con asombrosa madurez.

7 cajas, el despertar del cine paraguayo

Los directores Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori firman una película redonda que compite por llevarse el Goya a la mejor película Iberoamericana


Cartel de la película 7 cajas
Cartel de la película 7 cajas
¿Por qué? Porque es un cine distinto, ingenioso, que conecta con el espectador.
Para mí, aunque no ha conseguido estrenar en España aún, 7 cajas es la película del año. LLega de Paraguay, un país en el que se realizan muy pocas producciones al año y por tanto con escasos canales de distribución, así que no debe resultarles sencillo exportar su filmografía. Tal vez su candidatura a mejor película iberoamericana en los premios Goya siva para ello y pueda abrirle la puerta a un merecido estreno en las salas comerciales de nuestro país y de toda América Latina. En Paraguay se ha convertido en todo un éxito, llegando a superar en taquilla la recaudación que allí hizo Titanic. En Reino Unido e Irlanda también tienen firmado su estreno inmediato. Su camino desde su finalización ha sido largo y ha llevado a la película por festivales de todo el mundo: San Sebastián, Palm Spring, Mar de Plata, el Círculo Polar Ártico… Su paso por estos lugares ha sido más bien modesto en cuanto a premios, pero positivo en cuanto a sensaciones. De San Sebastián, por ejemplo, se llevó el premio del jurado joven. Sin embargo en todos estos festivales ha funcionado el boca a boca que ha hecho que la película no haya pasado desapercibida.

Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, sus directores, tienen a sus espaldas un largo recorrido de realización en cortometrajes y series para televisión, pero 7 cajas es su primer largometraje. La financiación para su proyecto la han conseguido a través del programa Cine en Construcción. Han aprovechado cuidadosamente el dinero y han construido una película muy dinámica, que sabe administrar la tensión y de gran impacto visual. La han realizado sin concesiones, con honestidad y con maestría, desde una mirada nueva. Todo transcurre en le Mercado 4 de la ciudad de Asunción, un día cualquiera, donde un muchacho se gana la vida arrastrando una carretilla. Sobre ella va transportando las mercancías de unos clientes que no abundan. No hace preguntas, solo lleva los paquetes donde le dicen. Un día de inspección policial, en una de las tiendas le encargan que se ocupe de transportar siete cajas sin saber lo que contienen.

7 cajas es una película ingeniosa, contada con sentido del humor y con un guion soberbiamente administrado para mantener la atención del espectador en cada momento. Una película de género pero que resulta novedosa por su gran acierto de mantenerse integrada en una idiosincrasia que no pierde sus raíces pero que no tiene nada de irreal para un espectador globalizado, ni en lo exagerado, ni en la vida difícil que a cada uno de los personajes les ha tocado llevar. Es realista y es dura porque nos muestra el pobre valor de la vida frente al importe que hay que pagar por conseguir un nuevo celular.

Los protagonistas son personas con pocos recursos económicos, marginados de la sociedad. Pero el mundo tiene dos caras, frente a ellos y aprovechándose de su miseria monetaria están los otros, los de la pobreza moral, mafiosos corruptos y vividores a los que, con sus trapicheos, les cae siempre el dinero llovido del cielo. Son los que conocen como funciona el sistema, al menos los que lo tienen suficientemente comprado. En 7 cajas lo que hay delante son las diferencias sociales y una profunda mirada hacia las carencias de los que menos tienen, de los que están abocados a ganarse la vida desde pequeños entre la misera, los que no tienen pasado, ni presente, ni futuro. Pero para los que nada tienen, la sociedad de consumo también les ha fabricado los mismos sueños y las mismas necesidades. Para Víctor, el protagonista, conseguir un celular o tener sus cinco segundos de gloria saliendo en la televisión son su máxima aspiración, y por ambas se sacrifica. Nada más espera de la vida.

Uno sabe que la suerte nunca se pone del lado de los pobres, así que toda la película el espectador rumia en solitario un final trágico que confía que no llegue. Necesita ponerse del lado del protagonista, el desprotegido, deseando que toda la aventura le salga bien, le anima y le perdona esa cierta inconsciencia con la que va bordeando lo ilegal. A uno le gustaría que Víctor corriese más aún con su carretilla y lograse escapar esta noche del desastre que se le avecina para que mañana empezara otra vida diferente sin peligros, pero no cree que pueda ocurrir. La película sabe jugar en esa cuerda floja con la curiosidad, con esas expectativas y con un doble rasero entre la realidad y lo deseable. Y lo hace sin defraudar.

El Mercado 4 es un microcosmos en el que cabe representar toda una sociedad que cada día sale a ganarse su pan en jornadas infinitas que van desde antes de que amanezca hasta mucho después de haber oscurecido. La honestidad con la que se ha retratado ha hecho que todos los que forman parte de ese Mercado 4 se consideren parte de 7 cajas. El Mercado 4 también es el lugar desde el que se organiza la venta de los dvds piratas de las películas. Sin embargo, en sus puestos han colocado el cartel: «No tenemos la película 7 cajas, ni la vamos a tener». Supongo que ese aviso explica mejor que nada el perfecto retrato que ha hecho el largometraje del lugar y su ambiente, hasta tal punto que quienes allí viven y trabajan han llegado a sentirse plenamente identificados. 

Celso Franco en una escena de la película 7 cajas
Celso Franco en una escena de la película 7 cajas
No solo la buena opinión de quien es retratado nos sirve de balanza con la que pesar la película. También se mide la calidad de una cinta por los inconvenientes que el espectador debe superar. Los subtítulos son uno de esos elementos. Si una película consigue que el público salga feliz después de obligarle a estar leyendo lo que dicen los personajes y que además confiese que no le ha importado, es porque la película es buena. 7 cajas tiene unos pocos diálogos en castellano, pero casi toda ella está hablada en jopará, un idioma local a medio camino entre el guaraní y el castellano. No importa que sea así, la película lo necesita, pues en ese idioma se establecen los códigos, las estructuras y el nivel al que pertenecen los personajes. Es por tanto consustancial al film y el idioma forma parte indisoluble con la historia. En el fondo esa dificultad se va haciendo un placer al poder escuchar otra musicalidad diferente de la nuestra. De la misma forma participa la música, muy tenue, pero perceptible, que va usándose como otra forma de contar y anticipar.

7 cajas es una película emocionante en la que al final, cuando uno termina de verla, lo único que le sale hacer es aplaudir con fuerza.

No me resisto a cerrar esta reseña sin contar una anécdota de ella. A Juan Carlos Maneglia, después de llevar escribiendo el guion cuatro años, se lo robaron. Lo había dejado en el coche y alguien se lo sustrajo con el auto. La noticia tuvo cierta repercusión y llegó hasta el penal de la ciudad. Varias noches recibió llamadas desde allí que le pedían un rescate por recuperarlo. No lo consiguió y le tocó volver a ponerse a reescribirlo de nuevo.

lunes, 11 de febrero de 2013

Cine pequeño que sin embargo es muy grande

Repaso a los cuatro cortometrajes de ficción nominados a la 27 edición de los Premios Goya y de alguna otra categoría


Aquel no era yo, La boda, Ojos que no ven y Voice over son los cuatro cortometrajes de ficción que ha elegido la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España para competir por el Goya.

Cartel del cortometraje Aquel no era yo
Cartel del cortometraje Aquel no era yo
Esteban Crespo se ha marcado toda una película en el corto Aquel no era yo. Trata de una guerra en un país africano y de unos niños en medio de ella que se han visto convertidos en soldados. Dos españoles viajan hasta allí colaborando con una O.N.G. y se encuentran de frente con ese mundo en el que los niños han perdido la posibilidad de desarrollarse como seres humanos. Las leyes de la guerra contrastan con lo que serían sus actividades a esa corta edad. No tienen valores morales por encima de disparar, mentir, matar o seguir viviendo a cualquier precio. Han perdido la infancia para ser admitidos en un grupo rocoso que les da la protección familiar que los niños no tienen. En ellos, la dureza de la guerra se hace costumbre, su violencia algo natural. En eso se ha convertido su vida. Muchos mueren, los que sobreviven cargan con las secuelas tanto físicas como morales. El corto podría haberse detenido en aquello que pasó, sin embargo se adentra valiente en contarnos el presente y enseñarnos cómo uno de aquellos niños afronta su vida ahora, después de todo aquel horror, sin poder dejarlo nunca del todo atrás, cargando siempre con él.

Esta división en dos partes del corto, aunque vayan entremezclándose, hace que el corto presente un comportamiento desigual. La primera, la que narra el pasado de guerra, está construida sobre la acción trepidante, sobre el nervio de una pistola sobre una sien, sobre del dedo inconsciente sobre el gatillo y sobre la fuerza de las imágenes de un combate en el interior de una pequeña población. No le faltan medios y Crespo sabe aprovecharlos para que veamos el horror en directo y en los rostros de sus protagonistas, unos espantados y otros impasibles. La segunda parte, la que llama a nuestra conciencia, es de planos más desdibujados. En ella nos lleva a una conferencia en un salón de actos. Las palabras van dibujando los sentimientos en las caras de quienes escuchan. Es esa revelación y el cómo la aceptemos la que marcará el éxito de este trabajo.

En mi opinión es un corto potente, con mucho significado y rotundo en el mensaje.

Cartel del cortometraje La boda
Cartel del cortometraje La boda
La boda, de Marina Seresesky, nos cuenta una pequeña anécdota. Y sin embargo el corto resulta una maravillosa historia de grandes mujeres, tan llenas de fuerza como acostumbradas a cargar con las dificultades que llegan. Su protagonista es una cubana que vive en Madrid y que trabaja en la limpieza, como muchas otras inmigrantes. No es fácil mantener el curro, ni que el salario tan corto llegue para todo el mes, y menos que se pueda estirar un poquito para alguna ocasión que merece una celebración especial. La vida que soñó no se cumple en este falso paraíso del capitalismo en el que todo son obstáculos colocados tan altos que son imposibles de saltar. Pero ni ella ni sus compañeras se quejan, siguen adelante. Es la amistad el vínculo que mantiene su fortaleza indisoluble y la solidaridad entre estas mujeres trabajadoras el último atisbo de esperanza. Excelentes interpretaciones de un gran reparto y muchos sentimientos saliendo a flor de piel. A Yailene Sierra le basta una mirada triste para contarnos las dificultades de todas las vidas de quienes se fueron de su país para prosperar y no encontraron otra cosa que los peores trabajos. La boda nos revuelve en el asiento ante las pequeñas injusticias con las que se envuelve el día a día. Nos hace sentir por un ratito mejores personas.

Es un corto de mujeres, muy directo y lleno de una superación constante. Esa fuerza lo hace especial.

Cartel del cortometraje Ojos que no ven
Cartel del cortometraje Ojos que no ven
Natalia Mateo con Ojos que no ven nos dice eso que ya sabemos, que en todas las familias se cuentan demasiadas mentiras piadosas y que la realidad se pospone para otro momento mejor. Ojos que no ven es un corto de lo que callamos por no molestar, por tener hoy la fiesta en paz, porque no es el momento más oportuno. Callan con esa coartada y colaboran unos con las mentiras de otros y así la cobardía de cada uno se oculta y pasa desapercibida una vez más. No ocurre nada, mañana lo contamos todo y ya está. Lo malo es cuando mañana también se aplaza y el engaño se convierte en hábito y surge un nudo dentro con tanto secreto que nos ahoga, que no nos deja respirar y que nos impide contar esa verdad que la verdad es que nos duele.

Narrado en tono de comedia y con un reparto excepcional que encabeza la veterana actriz Asunción Balaguer, el corto nos va llevando con sonrisas que lentamente se van haciendo grotescas hasta convertirse en una mueca amarga que deja al descubierto todo el drama, la mentira y el ocultamiento. Cada uno cede y ese ceder le pone en una situación que a cada instante resulta más humillante.

Bien dosificado y con esos villancicos de fondo que piden la benevolencia del espectador, Natalia Mateo desnuda con ironía el entramado de una familia tipo y, entre risas, nos muestra las carencias que toda relación familiar cobija.

Cartel del cortometraje Voice Over
Cartel del cortometraje Voice over
Voice over, de Martin Rosete, quizá tenga el guion más original de los cuatro. Lo firma Luiso Berdejo, un chico que hace unos años, después de hacer unos cuantos cortometrajes aquí, se fue a Hollywwod a trabajar. Voice over tiene mucho de juego, o de manipulación si se prefiere. Una voz en off y en francés, la del actor Féodor Atkine, nos va llevando por tres historias que se parecen. Su tono es el que va induciendo al espectador a sacar conclusiones, a equivocarse, a rebobinar para volver atrás… La voz va jugando con el público. Los tres personajes los interpreta el actor Jonathan Mellor, con el peso dramático justo de quien se está jugando la vida, de quien ve la muerte al final de una pequeña cuenta atrás. Los tres son hombres metidos en situaciones límites, en épocas distintas. Pero quizá cada historia tenga otra forma de ser vista.

Si el guion es original y estupenda la interpretación, tampoco se queda atrás la tercera pata: una espectacular fotografía con la que se recrean las tras atmósferas llenas de colores fuertes, terrosos y asfixiantes, marinos y vibrantes, de noche de luna llena y muerte. El corto es un derroche visual que sabe a algo nuevo y diferente.

Cartel del cortometraje El vendedor de humo
Cartel del cortometraje El vendedor de humo
Otros cortos que compiten en otras secciones:

Dos de los cortos que se enfrentan por el Goya de animación son El vendedor de humo de Jaime Maestro y La mano de Nefertiti de Guillermo García Carsí.

El vendedor de humo es un trabajo de animación que nos cuenta con trazos seguros la historia de alguien que vive de que los demás le compren una ilusión. El problema es que la vende como realidad. El vendedor llega con su carromato a la plaza de un pueblo. No le hacen mucho caso. Pasa el tiempo, pero no pierde su paciencia. De pronto surge una oportunidad. Los demás miran y se les va contagiando una necesidad que no tenían. Todos tienen sueños, deseos de mejorar, de que la imagen de sus enseres cotidianos sea algo más bonita y están dispuestos a pagar por ese embellecimiento pensando que será para siempre, o al menos duradero. Y la realidad es que las mentiras tienen siempre una vida muy corta, que se esfuman cuando cambia el viento. Nuestros tiempos son así. ¡Qué nadie se atreva a pedir responsabilidades!, la culpa es nuestra por habernos dejado engañar y haber comprado humo solamente.

La mano de Nefertiti es un corto que utiliza algunos de los personajes secundarios de Tadeo Jones, no en vano es de la misma productora. Técnicamente el corto es estupendo, pero el argumento es más bien frío y tontorrón. Se trata más bien de un ejercicio práctico o una prueba de animación, con una pequeña historia sin la menor importancia y sobre la que poder explotar esos personajes, como una secuela.

A mejor corto documental está nominado El violinista de Auschwitz de Carlos Hernando, una historia sobre el holocausto del pueblo judío en las cámaras de gas de los centros de exterminio nazi. Hernando entrevista a un superviviente de Auschwitz que nos va narrando lo que allí vivió. Lo que cuenta, por mucho que lo sepamos, es espeluznante. El corto levanta al espectador por el relato en primera persona y por ese acento sefardí del protagonista.

domingo, 10 de febrero de 2013

Haciendo contrapoder

El Frente Cívico Somos Mayoría organiza un acto abierto en Madrid


Domingo 10 de febrero de 2013. Círculo de Bellas Artes. Madrid

Juan Carlos Monedero, Julio Anguita, Pilar García y Víctor Ríos presentando el Frente Cívico Somos Mayoría. (Foto: Toni Gutiérrez)
Juan Carlos Monedero, Julio Anguita, Pilar García y Víctor Ríos presentando el Frente Cívico Somos Mayoría. (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita es el terco ejemplo de un político honesto, con ideas y con programa, de esos pocos que no se doblan ante el poder. Su obstinación se empeña en demostrarnos que es necesario cambiar las cosas. Hay una manera de salir de esta crisis, para ello es preciso abandonar el capitalismo y que las personas -los ciudadanos- estén por encima de los intereses económicos de una minoría. Nadie dice que sea un camino sencillo, pero es el que nos toca por pura conciencia, por deber, por responsabilidad. No es extraño que cada vez que se organiza un acto en el que Anguita interviene la sala reservada se quede pequeña. Así ocurrió con el teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes en el acto público del Frente Cívico Somos Mayoría, porque mayoría somo los que padecemos y es hora de convertir nuestra indignación en rebeldía.

Dijo Juan Carlos Monedero en su turno de palabra que vivimos un tiempo en el que los canallas están envalentonados y los honrados perplejos, así que tenemos que ser desobedientes y atrevidos. Frente a esa España perpleja pero honesta hay otra a la que se le llena la boca con su españolidad, pero que tiene sus cuentas en Suiza. Después nos advirtió de la manipulación que realizan los medios de comunicación, los supuestos detentadores de la verdad, y nos fue describiendo la situación que tenemos en nuestro país. Esta crisis nos obliga a trabajar para que se mantengan los privilegios de una minoría, para que entre todos paguemos el bienestar de los otros. Habló de la Transición como ese mal acuerdo que sirvió para que España se acostara franquista y se levantara demócrata. Le gustaría que se reconociera como primer paso que entonces no se hizo mucho más de lo que se pudo, porque lo cierto es que seguimos bajo el mismo poder de la mafias territoriales y la iglesia católica. Para salir de aquí, advirtió Monedero, no bastan las ideas, es necesario liderazgos, programas y estructuras. Debemos rebajar la incertidumbre de la ciudadanía para que entienda la alternativa, organizar nuestras convergencias y atrevernos a experimentar con ideas que nos emancipen. Conocemos el modelo que impone el poder, así que hay que lanzar el nuestro, porque nadie puede tomar decisiones por nosotros. Es mucha la tarea, pero Monedero está decidido a hacer su parte.

Víctor Ríos explicó que el Frente Cívico Somos Mayoría quiere estar con las personas, trabajando y luchando por los de abajo y con los de abajo. La aspiración del Frente es que la mayoría social se reconozca como tal para convertirse en un contrapoder ciudadano sin complejos y abierto. Confesó que se sumó a la propuesta al saber que la convocaba Julio Anguita, porque para él es una garantía de honestidad, consistencia y sentido común. Preguntó si queremos vivir o que nos vivan. Si elegimos la repuesta primera está en nuestra mano acabar con este régimen y que no se perpetúe transvestido. No debemos dejar que sean otros los que vengan a cambiarlo para que nada varíe. Ante la situación actual no podemos seguir aislados, tenemos que juntarnos para formarnos, informarnos y actuar. Hay que reflexionar, argumentar para desmontar la demagogia reinante y divulgar las ideas.

Julio Anguita durante su intervención. (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita durante su intervención. (Foto: Toni Gutiérrez)
Julio Anguita dijo que quería hablar de los hechos pequeños, aparentemente insignificantes, pero que forman la red sobre la que se asienta la sociedad. Él y muchos como él que se han unido al Frente Cívico tienen la vida más o menos resuelta, se podrían haber quedado en casa, pero no lo han hecho ni lo van a hacer. Se han costeado sus billetes y se han molestado en ocupar el tiempo de un fin de semana para reunirse pensando en los demás. Ese es un pequeño hecho. Nos encontramos frente al fracaso del régimen de la Transición y a una crisis de civilización. La pregunta fundamental nos la hizo a los que allí estábamos: ¿qué vais a hacer cuando se acabe la euforia del acto y los aplausos hayan pasado, cuando cada uno haya vuelto a su casa, mañana al levantaros? Ese es el verdadero desafío.

El Frente Cívico Somos Mayoría se ha constituido en torno a siete cartas que marcan las líneas de actuación. Son puntos de vista con los que trabajar, que hay que seguir limando hasta poner a punto. El 98% tenemos problemas, pero no estamos unidos, votamos cosas distintas y tenemos valores diferentes. Esa es la mayoría plural con la que tenemos que trabajar. Cuando conseguimos un éxito de convocatoria creemos que hemos cambiado las cosas, pero en realidad no habremos conseguido nada hasta que la mayoría esté en la calle y no sentados en sus casas. Duele, pero no cambiaremos este país hasta que una parte importante de la base que vota al PP se pase con nosotros. Tendremos que intentar negarnos, que dejar nuestros símbolos y construir juntos la solución con el trabajo duro del día a día. ¿Cómo vamos a conseguir unir a esa mayoría? A través del mal que nos afecta a todos, aquello que nos une. A eso, Anguita lo llama programa, el programa de lo inmediato, de lo concreto, de lo que necesita una intervención urgente. Porque si mañana empezamos a tomar medidas que van creciendo ya veremos como sigue. El Frente Cívico Somos Mayoría ha encontrado diez puntos sencillos. No será difícil que la gente los acepte pues son de sentido común. Cuando estemos de acuerdo habrá que pelear, es decir, tendremos que llevar con persuasión a la gente hacia la política. El primero de esos puntos dice que el salario mínimo deben ser 1.000€, el segundo que ninguna pensión estará por debajo del salario mínimo; para conseguir ambos no hace falta más que una reforma fiscal. A las pequeñas empresas no les llega el crédito; se podría resolver haciendo una Banca Pública. En los 90 se desarticuló la industria y la agricultura, cerramos las fábricas y dejamos de cultivar los campos pensando que íbamos a ser un país de negocios; si de la mano del sector privado no se garantizan las necesidades de la sociedad tendremos que nacionalizar los sectores estratégicos. Esa es la labor didáctica y pedagógica a realizar, la que va desde lo concreto hasta lo abstracto, la de pizarra y tiza. Es necesario tener la paciencia de ir sacando estas ideas por su propio peso, desde los sentimientos, para que cada uno asuma su responsabilidad, que sepa que sabe.

El Frente Cívico no quiere ser un partido político sino un contrapoder. Nos equivocaremos si lo que buscamos es el gobierno. Estamos frente al poder porque es el poder (la banca, las multinacionales, los medios de comunicación, las grandes familias…) el que está detrás del gobierno. El gobierno no es otra cosa que el capataz que cuida los intereses de los poderosos. El poder vive a base de trampear con su propia ley, porque no soporta su legalidad. Si el poder es violencia institucionalizada y legal, nosotros nos convertiremos en la exhibición de una fuerza tranquila, serena y paciente. Hay que ocupar la calle, llamar a las consciencias y construir ese mayoría tan plural con la que enfrentarse al poder: a Botín, a Francisco González, a la banca alemana…

Cartel del acto abierto del Frente Cívico Somos Mayoría
Cartel del acto abierto del Frente Cívico Somos Mayoría
El contrapoder se tiene que plantear en un momento determinado la desobediencia. Pero cuando la mayoría desobedece, la ley está muerta. Subversión, contagio y combate para cambiar, pues aunque el capitalismo está herido de muerte no vamos a esperar que caiga, hay que derrumbarlo y mientras empezar a dar forma al modelo alternativo. Debemos construir y destruir de manera simultánea, creando, en lugar de los muchos «Yo» de hoy, el «Nosotros» como sujeto colectivo que transcienda a la individualidad. El Frente Cívico Somos Mayoría es una organización muy horizontal, pero no del todo porque el poder es vertical. Somos anormales, pero queremos que este país tenga un número inmenso de anormales, que luchan de otra manera por una sociedad para todos.

¿Con qué empezamos a trabajar? Con el cumplimiento de los treinta artículos de los Derechos Humanos y de la carta de la Tierra. Nosotros seremos honestos en la vida cotidiana, sin coartadas. Cada uno hará su parte para unirnos a los demás por el programa, lo concreto, lo inmediato, lo pequeño. Luego llegarán los compromisos. Vendrá la justicia, la democracia, la ética y la cultura como fenómeno dinamizador democrático de la sociedad.

Tras la intervención de Julio Anguita se mostró una animación audiovisual de Juan Hervás que recoge los diez puntos del Frente Cívico Somos Mayoría. A continuación se abrió un turno de palabra en el que el público expuso sus ideas y lanzó preguntas a la mesa. El acto se cerró con un pequeño concierto de Rojo Cancionero, el duo formado por Gabriel Ortega y Salvador Amor.

domingo, 3 de febrero de 2013

Si nos roban el trabajo, nos roban el futuro

Adolfo Dufour Andía firma Nosotros, la película documental sobre un SINTEL presente


Sábado 2 de febrero de 2013. Sala Berlanga. Madrid

Cartel de la película Nosotros
Cartel de la película documental Nosotros
¿Por qué? Porque golpea y duele con el impacto emocional de un pasado convertido en presente y el futuro desesperante que nos aguarda a todos los trabajadores.
Hace tiempo que no me emocionaba tanto en una sala de cine. Nosotros me dejó sin aire, sobrecogido y roto. Es un documental que duele, que golpea y sobre todo que nos enseña el injusto drama de los obreros que sufren las decisiones de quienes todo lo miden con egoísmo y por interés financiero. Esos son los que mandan, los que controlan el sistema, los que roban y matan, los que deciden un futuro de pobreza para sus semejantes. El neoliberalismo lo reduce todo a números: a ganancias, a beneficios, a indignidad. La mano de obra es ya un concepto deshumanizado e incluso prescindible. En la Sala Berlanga, donde se proyectaba el documental, los trabajadores de SINTEL no estaban solos, les acompañaban los de Telemadrid y los de Iberia, empleados a los que también se les está robando su puesto de trabajo y que experimentan hoy en sus carnes el mismo sufrimiento que ellos empezaron a padecer hace ya casi doce años. Nosotros no es una historia del pasado, ni tampoco un caso excepcional e irrepetible. Hoy aquello se ha convertido en el pan nuestro de cada día.

Antes de entrar en el análisis de lo visto, quería incluir en esta reseña la sinopsis que ha preparado el equipo de la película, pues muestra el espíritu que impregna todo el documental y lo describe a la perfección: «En el invierno de 2012, un Madrid, denso, geométrico, guía los pasos perdidos de personas conmocionadas por el despido inesperado del trabajo que hasta entonces realizaban. Un rumbo impreciso alienta sus anhelos de superar el conflicto económico y emocional sufrido. El ámbito del desempleo es colectivo, pero el pago de lo acontecido, personal. El azar voltea las letras perdidas en el tiempo y evoca, metafóricamente, itinerarios novelados muchas décadas atrás por Steinbeck. El camino también reverbera ecos más recientes: Siete trabajadores de la Empresa Pública filial de Telefónica Sintel, se suicidaron al poco tiempo de recibir la noticia de su despido. Varios más murieron prematuramente. ¿Los otros? Los otros luchan aún hoy por mantener su autoestima. Han pasado once años desde que el "Campamento de la esperanza" dejase su huella en el centro financiero de Madrid. Tras tantos años, ahora, en el 2012, se celebra el juicio y se desvelan muchas de las claves del entramado financiero político que quebró Sintel. Los trabajadores despedidos de Sintel se vieron abocados a una épica que nunca desearon y superaron obstáculos insospechados. Agradecidos los agasajos y desmentidas las calumnias, todo quedó ya atrás. Desde la dificultad del hoy miran el ayer cuando fueron ensalzados como héroes por los mismos que después les denostaron y ahora les han olvidado, Héroes que ellos no quisieron nunca ser porque sus aspiraciones eran mucho más modestas: volver a ser trabajadores con dignidad, y recuperar para serlo lo que sin ningún sentido ni razón les fue arrebatado. Hoy, todos ellos acometen su presente mirando de soslayo a aquel pasado de conmoción, que cambió su vida e hipotecó su futuro, bien diferente del que entonces podían prever».

Nosotros arranca en una obra parada, detenida por la crisis financiera que atraviesa el sector de la construcción. Ante ella un hombre nos confiesa que allí pasó las últimas horas remuneradas que trabajó. Tras él viene otro. Ambos nos hablan del drama del paro, de su soledad, de que han agotado prestaciones y subsidios y siguen sin encontrar un trabajo. Temen el tiempo que va a venir, y a ciencia cierta no saben que va a ser de ellos y de sus familias. Así está su ánimo, unos días mal y otros peor. Son personas cualificadas que han pasado de los 45 años y a los que el mercado laboral les está cerrando todas las puertas de ganarse dignamente el futuro con su trabajo. La tragedia humana de los trabajadores de SINTEL se repite hoy y se generaliza. Ese es el primer nexo de unión de cualquier espectador con el documental, que no va a ver el pasado, sino a observar el presente, ése que ya conoce, y lo va a hacer buceando en una realidad experimentada por otros que empieza a ver que se le parecen.

SINTEL era un organismo público, subsidiario de Telefónica y con beneficios económicos. De la noche a la mañana se privatizó y se destruyó a través de un plan premeditado que dejó a sus trabajadores desamparados y en una situación administrativa ambigua: sin ser despedidos pero sin trabajo, sin salario y sin posibilidad de cobrar el paro. Nosotros explica, sin sobreentendidos ni dar cosas por supuestas, todo ese proceso y logra hacerlo comprensible, a pesar de su gran complejidad, porque está bien contado y porque tiene la capacidad de hacer preguntas que la inteligencia del espectador resuelve. Uno se pregunta por qué eligieron desmotar SINTEL. Les iba bien, no les faltaba trabajo, ganaban dinero y contaban con una plantilla con mucha experiencia en lo suyo. Pero el sistema capitalista veía en ellos algo diferente, dos enormes pecados: estaban afiliados a sindicatos mayoritariamente y muchos pasaban de los cuarenta años. El modelo laboral actual prefiere obreros entre los treinta y los cuarenta y pocos, gente dócil, que no proteste, que no tenga capacidad de organizarse y que no tenga posibilidad de reclamar sus derechos. Trabajadores callados y tristes que solo sepan cumplir con las obligaciones exigidas.

Cuando me incorporé al mundo laboral, por cada empresa que pasaba siempre se vanagloriaban de lo joven que era la plantilla. Tantas veces me lo dijeron que en uno de esos trabajos, en mi primer día, cuando mi jefe me paseaba por la oficina para presentarme también me lo soltó. Le miré y le pregunté: «Y qué hacéis cuando envejecen, ¿los matáis?» Se rió, pero no respondió. Supongo que lo consideró una ocurrencia y prefirió seguir la presentación como si nada. Adiviné en aquellos principios que alguna vez iba a tener cuarenta y cinco años y que entonces, laboralmente, para las empresas informáticas yo no iba a tener el menor interés. Los que son algo más jóvenes, los que están formando una familia, son más rentables, sobre todo en una economía como la nuestra y dentro de una sociedad que ha preferido la velocidad de un consumismo vacío a la calidad de algo bien hecho. Ganó lo rápido a lo bueno. Nos olvidamos de ser responsables.

Nosotros nos cuenta el presente de aquellos trabajadores de SINTEL, de qué forma cada uno de ellos ha ido rehaciendo su vida y de las profundas secuelas que aquel proceso les ha ido dejando. Obligado por el realismo, la derrota y la impotencia recorren todo el documental. Y eso lo hace tremendamente humano. Son personas las que hablan, las que nos cuentan lo que pasó y recuerdan aquel momento que truncó sus vidas; una decisión ajena, económica e injusta, que no les tuvo en cuenta y que les sacó del mercado laboral. El documental está contado desde el plano más personal e íntimo y sin embargo sirve para dar respuestas a lo colectivo, lo de todos. El paro es una lacra social que viven individualmente demasiadas personas.

Un fotograma de la película documental Nosotros
Un fotograma de la película documental Nosotros
El caso de los hombres y mujeres de SINTEL nos habla de lucha y de solidaridad, la que sirve para mantener la dignidad, para poder mirarse cada mañana al espejo y ser conscientes de que no tienen, a esa cara que ven enfrente, motivo para hacerle un reproche. No pudieron ganar. Les traicionaron. Les abandonaron. Y siguen en pie, peleando por su dignidad, contando como les robaron su puesto de trabajo. Nosotros es un drama que sirve para enseñarnos las orejas del lobo, para que sepamos que está ahí y que va a seguir dándonos zarpazos asesinos. Por eso SINTEL es en estos días actualidad.

La actualidad de ese pasado convertido en presente y el futuro desesperante que nos aguarda a todos los trabajadores deben herir al espectador, generarle un estado de shock que le obligue a despertar, a tomar conciencia y a rebelarse. No podemos seguir soportando gobiernos títeres de un poder financiero e inhumano, no debemos seguir consintiendo los caprichos de esos políticos que han demostrado haber doblado las rodillas ante las grandes multinacionales y que obedientes están vendiendo lo público para dejarnos desnudos en la calle.

No me extraña que Nosotros ganase el Primer Premio al mejor largometraje documental en la pasada SEMINCI. Tampoco que cuando leyeron ese premio en el palmarés se escucharan aplausos unánimes.