viernes, 29 de junio de 2012

¿Dónde encontramos la felicidad?

Rompecabezas es el primer largometraje que dirige la argentina Natalia Smirnoff

Cartel de la película Rompecabezas
Cartel de la película Rompecabezas
La 9ª Muestra de Cine de Lavapiés regresa a La Bagatela para una nueva proyección. Esta vez se aleja del documental para entrar directamente en el mundo de la pura ficción de la mano de dos directores latinoamericanos. Se proyecta en primer lugar el cortometraje del cubano Alberto Valhondo Marta. En apenas tres minutos y medio nos cuenta una historia angustiosa: un hombre que llama por teléfono a su madre para despedirse porque huye, la madre que desea contestar, el padre que lo impide. Lo que resulta más sugestivo es la atmósfera del carcelero creada por el autor, con ese semblante vencedor que nos indica que siempre su voluntad prevalece sobre la del resto, los que viven presos, los repudiados.

Natalia Smirnoff es una joven que iba para ingeniera de Sistemas Informáticos, que ya trabajaba de eso para una televisión por cable, y que por su trabajo se pasaba el día volando de un lado para otro. Un día el avión en el que viajaba casi se cayó. No le pasó nada pero algo en ella cambió: abandonó sus estudios a unas semanas de acabarlos, se matriculó en la facultad de Cine y tres años después dejó su anterior profesión en la cadena de televisión para dedicarse a rodar películas con personas tan relevantes como Pablo Trapero, Jorge Gaggero, Alejandro Agresti, Lucrecia Martel, Verónica Chen y Ariel Rotter. Rompecabezas es el primer largo que dirige.

Al arrancar la película nos topamos con María del Carmen, una mujer omnipresente, sin un segundo de descanso ni en su propia fiesta de cumpleaños. Ella se encarga de la casa, cuida de los hijos, cocina y el largo etcétera de las tareas cotidianas que forman la vida de un ama de casa. La de María del Carmen es una vida sin sustancia propia, como la de muchas otras mujeres dulces y bondadosas que han postpuesto sus sueños por los de la familia, dedicadas en cuerpo y alma a los otros, tanto que se han anulado como personas. Ese comenzar desde lo anodino, algo que no hace presagiar una película de acción, es la trampa que utiliza Natalia Smirnoff para sorprendernos con una película vitalista y llena de encanto.

María del Carmen descubre a los cincuenta, por un regalo de cumpleaños, una habilidad nueva, ella es capaz de armar rompecabezas con mucha rapidez. Es algo innato, que siempre había estado allí pero sobre lo que nunca había puesto su atención. Llega a esta afición tarde y sin formación previa, pero tiene un instinto con el que construye su propio estilo, uno que no sigue las normas elementales de hacer primero los bordes, separar por colores, detalles, formas… Lo hace a su manera, como ha hecho casi todo en esta vida. Ella mira las piezas del puzzle por separado, busca la que necesita en cada momento y la va uniendo al resto con mucha delicadeza.

María Onetto y Arturo Goetz en una escena de la película Rompecabezas
María Onetto y Arturo Goetz en una escena de la película Rompecabezas
En la madurez, una mujer que no ha hecho otra cosa que cuidar de su familia, se encuentra con que toda su felicidad ha consistido en amar a un hombre y ver crecer a sus hijos. Pero siempre llega el momento trágico para las madres, aquel que ocurre cuando los hijos empiezan a hablar de una decisión que les ronda por la cabeza: volar por sí mismos e irse de casa de sus padres. Percatarse que esta situación va a suceder supone un cierto vacío, pues es entonces cuando se percibe que se carece de vida propia al margen del rol de madre y esposa. En ese momento no queda otra solución que la de buscar un camino nuevo para los años que quedan. María del Carmen está acostumbrada a las cosas sencillas, por eso, tirando de esa nueva pasión de armar puzzles que le roba horas de la noche para seguir juntando las piezas, que le enseña a guardarse sus secretos por primera vez, va a encontrar el eje de su desarrollo personal.

Aún queda tiempo para vivir una vida propia, solo hace falta dejar entrar un aire fresco por la ventana. No rechaza la felicidad pasada: el amor a su marido, un día de campo, pescar en silencio al atardecer en un viejo embarcadero… Pero se da cuenta de que necesita nuevos pequeños detalles con los que ser feliz. Rompecabezas nos habla de ese proceso, del punto de inflexión en el que se vira el timón con fuerza de voluntad y mucha determinación, un poco por azar, sin romper con nada, pero haciéndose valer y sabiendo que no hay retorno. Esa fuerza que no se le veía a la protagonista a primera vista, siempre ha estado en ella, en su constancia, en su entrega y, cuando gira, en la determinación absoluta de seguir armando rompecabezas.

Dice Natalia Smirnoff sobre las mujeres que se limitan a ser amas de casa que «es muy importante que las mujeres puedan trabajar y ganarse la vida, para que puedan ser independientes y adultas. Si el marido es el único en ganar dinero, la esposa se convierte un poco en hija. La gran tragedia llega cuando todos se van y se queda sola en casa sin nada que hacer. Demasiadas mujeres pierden la cabeza después de los cincuenta». En ese punto se les hace necesario encontrar una nueva faceta con la que sentirse útiles y que les permita un nuevo equilibrio dentro de su vida. Rompecabezas no tiene otro secreto que saber explicarlo.

Me gusta el ritmo de la película, pausado pero bien dirigido a un objetivo. No se pierde por las ramas, sino que cada escena cuenta lo que necesita para construir la trama, así que nada le sobra. El espectador no sabe más que María del Carmen, lo que ve es lo que le va ocurriendo a ella, al mismo tiempo. De esta forma le permite al espectador compartir con la protagonista su experiencia y sentirla a la vez, con los mismos impulsos que se sienten desde su punto de vista. Algo que no se conseguiría sin en el enorme y estupendo trabajo de María Onetto, que con una interpretación de pocas palabras, pero muchas miradas inteligentes, nos introduce en el interior de esta madre. Una labor en la que colaboran con mucha maestría los actores Arturo Goetz y Gabriel Goity que la acompañan.

jueves, 28 de junio de 2012

Las dictaduras producen muertes que nos llenan de vacío

La Tabacalera se convierte en un cine de verano para acoger la proyección de la película de Adán Aliaga La mujer del Eternauta

Cartel de la película documental La mujer del Eternauta
Cartel de la película documental La mujer del Eternauta
Continúa el cine gratuito y callejero en Lavapiés, el del compromiso con la multiculturalidad y la vida, el que nos habla de personas que dan ejemplo de lucha y solidaridad, el que ha seleccionado la 9ª Muestra de Cine de Lavapiés para el disfrute de sus vecinos. En esta ocasión es la Tabacalera, convertida en cine de verano, el espacio que acoge la proyección. La enorme pantalla se ha colgado de su fachada trasera y comparte frente con antiguas ventanas enrejadas y una larga chimenea que sube por toda la pared recordando el pasado industrial del edificio. El tiempo, que suele hacer estragos, ha roído el cemento durante los años de abandono. Las paredes más próximas, aquellas a las que se llega estirando el brazo o subiéndose a un pequeño andamino casero, han sido decoradas con murales que nos dicen que el lugar está lleno de vida, de gente que participa. Los muros del edificio no son otra cosa que el tablón sobre el que plantar los sueños, el artificio sobre el que plasmar nuestros anhelos como sociedad y también el que recoge nuestros miedos. El esqueleto de un dinosaurio en pintura comparte espacio con una jardín de cactus o con una barra en la que se sirven zumos y que está presidida por un botijo colectivo, o también con una mesa de comida árabe en la que te atienden tres mujeres vestidas a la manera de sus orígenes. Es la diversidad lo que hace del patio de la Tabacalera un espacio de convivencia, de todos, de cada uno, un lugar donde confluir y participar, que estimula y contagia.

La sesión de la noche la abre un cortometraje de Irene Garcés titulado Tierra estéril. Es un trabajo lleno de simbolismo, donde las imágenes cuentan la tragedia que se calla. Pero el plato fuerte de la noche, el que ha concentrado a la mayoría, es la proyección del documental La mujer del Eternauta, de Adán Aliaga. Se trata de un trabajo excelente, entre lo más destacable de la Muestra de este año.

La película tiene un comienzo muy atrayente, con la recreación del personaje del cómic argentino del Eternauta en un mundo apocalíptico del futuro que bien podía representar la Argentina de las dictaduras de finales del siglo pasado con la que está llena de paralelismos. El Eternauta es un hombre que emprende un camino para encontrar a su familia y se va convirtiendo en héroe sin querer y siempre desde su humanidad y trabajando con los demás. Su autor fue Héctor Oesterheld quien el 27 de abril de 1977 fue secuestrado por las fuerzas armadas en La Plata. No le detuvieron por el personaje que había creado, sino por su militancia política. Lo mismo que les había ocurrido a sus cuatro hijas, Diana, Beatriz, Estela y Marina, y a sus yernos. La historia del Eternauta, de Oesterheld y de su familia se va escuchando contada por distintas voces. No aparecen en cámara, pero van dando su opinión, como si fueran fantasmas que no se hacen presentes hasta la parte final del documental. Hasta entonces se les escucha mientras las imágenes vagan de un lado a otro de Buenos Aires, buscando dentro del mismo mundo del futuro por el que se desenvolvía el personaje del cómic.

Poco a poco va apareciendo la mujer de Oesterheld, la viuda del Eternauta, Elsa Sánchez. Lo hace entrando como en sombras, sin llamar la atención, para ir contando lentamente su verdad. Arranca desde lo cotidiano, mientras ve la tele y comienza a charlar con la asistenta de un pan que ya no está bien, con pura trivialidad. Frente a ese plano personal, el documental nos cuenta una historia difícil, la de una mujer a la que la dictadura le arrebató a su marido y sus cuatros hijas, que los hizo desparecer y los asesinó. La película habla sobre el vacío que le ha producido a Elsa Sánchez la pérdida de toda su familia y cómo ha logrado convivir con ese vacío tan doloroso. Nos explica una historia conmovedora, cargada de sentimientos, de emociones, que no puede dejar indiferente a nadie.

Elsa Sánchez en una escena de la película documental La mujer del Eternauta
Elsa Sánchez en una escena de la película documental La mujer del Eternauta
Uno de los mayores aciertos de La mujer del Eternauta es el de presentar a Elsa Sánchez a través de dos niveles, el plano personal y familiar y el político. De esta forma se va reconstruyendo la personalidad de una mujer que nace para llevar los apellidos de su esposo, pero a la que la vida le cambia el rumbo y termina siendo ella misma, con sus propio nombre, con su propia historia de lucha para mantener la dignidad de los que ya no están, para exigir justicia. Seguir con vida le hizo pasar de una simple mujer trabajadora a una líder, algo que tuvo que ir aprendiendo sobre la marcha. Antes de que todo ocurriera era un ama de casa prudente, una mujer de militancia cero, lo que posiblemente fuera la causa determinante que le permitió salvar su vida y convertirse en la única superviviente de su familia.

En el pasado no compartió con ellos los mismos ideales políticos, como si esos temas en la familia se le escondieran para que no llegasen hasta ella. El peronismo es un movimiento muy complejo, algo que en Argentina todos entienden pero que ninguno sabe explicar con palabras. Héctor Oesterheld y las cuatro hijas del matrimonio eran montoneros, que es la línea de la izquierda y el justicialismo dentro del peronismo. En el presente todo ha cambiado para Elsa Sánchez, su imagen de luchadora, infatigable y fuerte, se asocia con los Kirchner, la misma rama justicialista que compartió su familia y cuya militancia en ella determinó sus desapariciones y ejecuciones.

El documental es una versión descargada de prejuicios, despegada de la visión que podría expresar un argentino y más próxima a la que pueda tener un gallego que acude a una de las charlas que Elsa Sánchez dio por España hace unos años. Eso hace que el componente político quede muy desdibujado. Quizá el único flanco débil que tiene le película sea su escasa implicación política, algo que se ha sustituido por profundizar más en lo emocional.

La mujer del Eternauta es un homenaje a Elsa Sánchez. El equipo de la película reconoce que el hecho de haber convivido unos meses con ella les ha cambiado la vida. Cuentan que la película ha ido variando durante todo el proceso, desde el guion original hasta el resultado final con el que el equipo afirma sentirse muy satisfecho. No es para menos, han hecho una gran película.

martes, 26 de junio de 2012

Yo muero hoy, un manual de activismo

La escritora Olga Rodríguez presenta su libro sobre los movimientos sociales del mundo árabe y sus revueltas para dejar de ser súbditos y convertirse en ciudadanos


Miércoles 26 de junio de 2012. Librería La Marabunta. Madrid

Olga Rodríguez durante la presentación de su libro Yo muero hoy (Foto: Toni Gutiérrez)
Olga Rodríguez durante la presentación de su libro Yo muero hoy (Foto: Toni Gutiérrez)
En el libro Yo muero hoy la periodista Olga Rodríguez trata el tema de los movimientos sociales en el mundo árabe, abordándolos desde su experiencia como periodista independiente y a través de testimonios de personas que viven allí y que han formado parte de dichos movimientos. El libro salió publicado por la editorial Debate el 10 de mayo de este año. A la autora le tocó presentarlo en Madrid el 22 de mayo, día para el que la Enseñanza había convocado una jornada de huelga, y aún así acudieron más de trescientas personas a la presentación. Hoy, un mes después, el libro sigue despertando muchísima curiosidad e interés. Así lo demuestra que no cupiera nadie más en la librería La Marabunta para escuchar a la periodista hablar de él.

Tras una breve presentación de su amigo Javier Couso, Olga Rodríguez arrancó con una anécdota para simbolizar la importancia de las revueltas del mundo árabe en otros movimientos sociales surgidos en Occidente. Cuanta que tras la manifestación del 15-M, cuando un grupo se quedó a hacer noche, una amiga la llamó por teléfono para preguntarle cómo se habían organizado en la plaza Tahrir. Dice que Yo muero hoy es un libro sobre un periodo convulso que marcará una época de despertar. Su intención ha sido la de contextualizar lo que ha ocurrido y lo que está pasando en esos países. Insinúa que podría considerarse un manual de activismo porque describe las tácticas revolucionarias del mundo árabe al contar los retos y los obstáculos a los que se han tenido que enfrentar los movimientos sociales. Añade que también sirve para establecer paralelismos con lo que tenemos aquí, porque hay problemas globales que piden soluciones globales.

El origen está en una nueva actitud psicológica que les ha llevado desde la indignación a las revueltas. Lo que ha ocurrido es que mucha de la población de los países árabes ha decidido dejar de ser súbdita para convertirse en ciudadana. Con esa idea se ha abierto un proceso de conquista de las calles en el que sus demandas han sido políticas, sociales y económicas. Tres factores éstos que se resumen en la mayoría de los eslóganes que corean, como el de «Pan, libertad y justicia social». Quieren una condiciones laborales dignas, que se fije un salario mínimo, pero también un salario máximo. No tenían experiencia sindical, así que cada una de sus reivindicaciones sale del instinto obrero y desde ese espíritu piden un cambio. No hay peticiones religiosas en sus demandas, rompiendo con ello los estereotipos occidentales que vienen usando desde hace bastante tiempo los medios de comunicación para referirse al mundo árabe, limitados siempre a transmitir homogeneidad y fundamentalismo. Pero la realidad de estas revueltas nos habla de diversidad. Todo esto lo cuenta Yo muero hoy a través de las historias de sus personajes, una minoría que no se acomodó en su sofá como el resto, sino que salió a las calles a trabajar por un cambio profundo.

Las revueltas de la primavera árabe, no surgen de la noche a la mañana, sino que hay unos antecedentes previos que confluyen hasta terminar desencadenándolas. Centrándose en Egipto cuenta la periodista como preámbulo de estos movimientos las manifestaciones para condenar la política exterior del acuerdo de paz de Camp David firmado con Israel, porque un Egipto libre y democrático daría la espalda a Israel. En el año 2000 surgen las primeras agrupaciones contra Mubarak que con los tambores de guerra en Irak sonando en el año 2003 se amplifican. Ese año surge Kifaya (basta), un movimiento político urbano y de clase media opuesto al régimen que va a jugar un papel primordial. Las manifestaciones de esta organización son duramente reprimidas, pero no cejan. Empiezan a tener más apoyos y seguidores por enfrentarse a las políticas neoliberales emprendidas en el país tras la presencia de organismos internacionales que empujan a que se apliquen la reducción del déficit, la bajada de salarios, los recortes en los Servicios Públicos de la Sanidad y la Educación… Sus demandas enfrentadas a estas políticas injustas son compartidas por un amplio sector de la población. En diciembre de 2006 comienzan a hacerse presentes los movimientos obreros cuando más de 3.000 mujeres del complejo industrial del delta del Nilo de Mahalla dejan sus máquinas de coser y van tomando la fábrica al grito de «¿Donde están los hombres? ¡Aquí estamos, las mujeres!» reclamando el pago de unos bonos adicionales que el gobierno había prometido unos meses antes. Esta situación fue el desencadenante de un conjunto de huelgas en todo el país reivindicando condiciones de trabajo más justas, salarios dignos y despidos de los gerentes que cometían abusos. Durante 2007 todos los meses hay huelgas. En 2008 el precio del pan sube a diario, incluso algún día llega a duplicarse y triplicarse. Finalmente el 6 de abril de 2008, los movimientos obreros de las fábricas y los movimientos urbanos sociales coinciden en una jornada de huelga y se organizan manifestaciones conjuntas. En 2009 el acoso de Israel a la Flotilla de Gaza también es motivo de reivindicación. Durante 2010 se viven más protestas y huelgas. En julio de 2010, en las calles de Alejandría, el joven bloguero Khaled Said es apaleado hasta la muerte por la policía. Todos estos acontecimientos son un prólogo hacia las revueltas de 2011, los que han ido construyendo el tejido social importante que las sostiene, con gente volcada en luchar por el cambio. Como dice Galeano: «Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo».

Javier Couso y Olga Rodríguez durante la presentación de su libro Yo muero hoy (Foto: Toni Gutiérrez)
Javier Couso y Olga Rodríguez durante la presentación de su libro Yo muero hoy (Foto: Toni Gutiérrez)
La plaza de Tahrir se ocupa el 25 de enero de 2011 y en 18 días de protestas los manifestantes consiguen que caiga Mubarak y su régimen dictatorial represivo. Durante esos 18 días, las fuerzas policiales entraban en la plaza usando fuego real, balas de verdad que supusieron un alto precio en vidas humanos por conseguir la libertad. Después de cada desalojo, el pueblo regresaba a la plaza. «Yo muero hoy» era el eslogan que se coreaba cuando entraban las fuerzas represivas disparando. Lo gritaban las clases más humildes que no tenían nada que perder, y también las clases medias que empobrecidas se sentían humilladas porque había subido el desempleo y veían que ya no iban a tener acceso a una vida digna. «Yo muero hoy» es el grito frente la represión, el que Olga Rodríguez utiliza para dar título a su libro. Explica que no lo interpreta como el deseo de querer morir, sino más bien como el deseo de recuperar la dignidad.

También habla la periodista de la situación actual y un tanto compleja. Explica que han empezado a intervenir en ella una serie de actores internos con el fin de secuestrar o encauzar la revolución. Las fuerzas militares del país así se están comportando con torturas, exámenes de virginidad y demás elementos disuasorios utilizados contra el pueblo. Pero también hay actores externos de injerencia, como es el caso de los EE.UU. que aporta 1.300 millones de dólares anuales de ayuda al ejercito y que éste año también ha renovado. Su intención es que no se detenga la aplicación de las políticas neoliberales que tanto daño están haciendo a la población, como así señalan algunos de los documentos aparecidos en Wikileaks. También se puede observar la presión que ejercen Israel, Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico, pues Egipto es una piedra angular de la región.

Las elecciones legislativas las ganaron los Hermanos Musulmanes. Fueran unas elecciones que se celebraron bajo el paraguas de la Junta Militar y que por tanto la izquierda no dio por legítimas. Para las presidenciales, la Junta Militar ha dejado fuera a candidatos válidos y sin embargo ha permitido la presencia de dos candidatos relacionados con el anterior régimen. Parece que hay ciertas irregularidades en ese proceso, a lo que hay que añadir que dos días antes de celebrarse el Tribunal Constitucional disolvió el parlamento. Tras las votaciones en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, la Junta Militar ha dado un golpe de estado encubierto. A la media hora de cerrarse los colegios, asumió el poder legislativo y anunció una serie de disposiciones que les permiten controlar el país y la futura constitución que se redacte. La Junta Militar ha dicho que va a seguir mandando, aunque no consiguieron ganar las elecciones con su candidato Ahmed Shafiq. A las cuatro de la mañana Mohamed Morsi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, anuncia que ha ganado, pero la Junta Militar condena dicho anuncio. Finalmente la presión del pueblo les ha obligado a aceptar a Morsi, pero el largo periodo de una semana que ha transcurrido entre las votaciones y el reconocimiento del vencedor nos puede hacer pensar que ha sido un periodo de negociación entre los diferentes agentes y el nuevo gobierno de los Hermanos Musulmanes. Ya se ha dejado todo bien atado. Un ejemplo es que Morsi ha anunciado que no tocará los acuerdos internacionales.

Sobre los Hermanos Musulmanes, la periodista ofrece su visión. Señala que con los recortes en Servicios Públicos, la Sanidad ha dejado fuera a mucha parte de la población, principalmente a las clases más desfavorecidas. Los Hermanos Musulmanes han venido supliendo este vacío dejado por el estado y han asumido la asistencia a toda esas personas que se había quedado sin atención sanitaria. Sus líderes son gente multimillonaria, empresarios que aplican políticas neoliberales. Su masa social es amplia, y en ella también están obreros que participaron en las huelgas. Esto hace que tengan ciertas tensiones y también escisiones. Por otro lado existe una gran diferencia generacional entre sus dirigentes y los jóvenes musulmanes que también integran el partido y que más de una vez han dado la espalda a sus líderes. Los Hermanos Musulmanes marcaron desde el principio una gran distancia con los llamados revolucionarios a los que no apoyaron, ni estuvieron de acuerdo con sus demandas. Sin embargo, tras las elecciones han tendido puentes con las organizaciones que participaron en las revueltas, quizá porque se han visto maniatados para gobernar, lo que les ha obligado a hacer una llamada a la unidad. Cuanto más difícil se lo ponga la Junta Militar, más van a invocar esa unidad. Sobre la separación Estado-Iglesia dice que es algo aún pendiente, como aquí. No es incompatible democracia e islamismo. Los medios occidentales agitan el fantasma del islamismo para defender y justificar la presencia de dictaduras en la zona, pero la realidad es que, en líneas generales, los Hermanos Musulmanes son una organización moderada que gobernará renunciando a muchas medidas impopulares y al fundamentalismo. Las políticas neoliberales por las que apuestan son contrarias a las demandas de las revueltas, por lo que no les resultará fácil aplicarlas. De la misma forma sus política de caridad no van a ser suficientes, pues el 40% de la población vive con menos de dos dólares diarios. Ahora veremos cómo se mezclan con las demás fuerzas y a qué alianzas políticas se llegan.

Presentación del libro Yo muero hoy en la librería La Marabunta (Foto: Toni Gutiérrez)
Presentación del libro Yo muero hoy en la librería La Marabunta (Foto: Toni Gutiérrez)
Preguntada sobre el 48% de votos que ha obtenido Shafiq, Olga Rodríguez explicó que aquí también hay mucha gente que votó por Rajoy. Añade que resulta difícil romper el pensamiento dominante y que las organizaciones que han participado en la revolución son jóvenes, clandestinas y por tanto sin una estructura, ni una financiación detrás. El cambio da miedo y en nombre de la estabilidad se llegan a decir y hacer auténticas barbaridades. Pero no hay estabilidad posible sin justicia social que luche contra las desigualdades. Aunque han surgido muchos grupos de izquierdas, a las elecciones se han presentado por separado, sin unirse. Se ve una cierta ausencia de liderazgo y muchas discrepancias. Si se hubieran aliado, la suma de sus votos los colocaría por encima de los ganadores. Deben seguir trabajando sin renunciar a la fuerza de la calle ni al movimiento obrero.

Sobre la cobertura mediática la periodista dice que los medios españoles han cubierto las noticias siempre desde los estereotipos y, una vez finalizadas las revueltas, sin darle demasiada transcendencia. Han cubierto las noticias por el efecto dominó, haciéndose eco de lo que otros medios internacionales emitían. Desde Occidente, para con estos países y por intereses políticos, se usa una visión paternalista y colonial que ve esas culturas como inferiores y bárbaras, estigmatizando a una población que no se considera a la altura de la libertad. Pero sus demandas echan por tierra esos esteoritipos que defienden lo indefendible. Por esos estereotipos tampoco han mostrado la presencia activista de las mujeres, ni han recogido los debates sobre la igualdad de género que ha surgido en la sociedad egipcia que ve en el sexismo y machismo un problema gravísimo que se viene arrastrando desde el pasado.

lunes, 25 de junio de 2012

Las ciudades invisibles que habitan los «sin papeles»

La Muestra de Cine de Lavapiés nos adentra en la miseria alrededor de la inmigración ilegal

Cartel de la película documental Quils reposent en révolte (Des figures de guerre)
Cartel de la película documental Qu'ils reposent en révolte (Des figures de guerre)
La taberna Alabanda es uno de los bares clásicos de Lavapiés, de los de barra larga y caña fría. En su parte de atrás tiene un escenario en el que unas veces toca algún grupo y otras proyectan películas. Hoy tocaba película, pues la taberna es uno de los locales que participa en la 9ª Muestra de Cine de Lavapiés.

Hay documentales que sirven para informar, como ocurrió con la programación de ayer en la Muestra. Otros, sin embargo, lo que pretenden es que el espectador pueda meterse en la piel de otros semejantes. No resulta tarea fácil hacernos sentir lo que padecen algunos seres humanos que han tenido mucha menos suerte que nosotros. De este segundo grupo es Qu'ils reposent en révolte (Des figures de guerre), un trabajo del director francés Sylvain George que retrata la inmigración ilegal en Francia. Para ello rodó durante más de tres años en Calais, punto habitual de paso en las rutas de la emigración hacia Inglaterra. Allí llegan personas de diferentes lugares del mundo y esperan con paciencia su oportunidad para poder cruzar al otro lado del Canal de la Mancha. Unos lo harán intentado colarse en alguno de los muchos camiones que por allí circulan y otros a través del puerto marítimo. Su espera se hace larga y Sylvain George no pierde detalle. Nos muestra con dureza las condiciones infrahumanas en las que se ven obligados a convivir.

El espectador se adentra en lo cotidiano de la vida de estos emigrantes clandestinos. Con lentitud y paciencia, la misma con la que ellos pasan el día esperando, vamos viendo lo que hacen y cómo entretienen las horas muertas. Se dedican a su higiene personal, a buscar su oportunidad, a ir de un lado para otro, a correr delante de la policía que les hostiga, a charlar y a recordar. De esa forma se nos va haciendo visible la ciudad fantasma de los emigrantes, esa que pasa desapercibida y que los medios ignoran por lo general. Ellos, los que viven en ella, le han dado un nombre: «la jungla».

Quizá las partes más interesantes del documental ocurren cuando algún inmigrante cuenta su historia a la cámara. Cada una de ellas narra una tragedia, una muestra de superación humana, una esperanza incansable de encontrar un lugar mejor donde labrarse un futuro próspero. El sufrimiento y el dolor es la otra cara de la moneda, algo que Sylvain George no nos escamotea. Así nos muestra los primerísimos planos de los pies destrozados de tanto caminar cuando llegan o la forma en la que se van quemando o cortando las huellas para no ser identificados. Si las imágenes y las palabras son impactantes, no lo son menos los silencios explícitos, e incluso la eliminación del audio. Pequeños espacios para que el espectador pueda reflexionar sobre lo que ve.

Una escena de la película documental Quils reposent en révolte (Des figures de guerre)
Una escena de la película documental Qu'ils reposent en révolte (Des figures de guerre)
Se habla de contrabandistas pero no aparecen. Los que sí salen son los políticos y lo policías, dedicados a perseguir a los inmigrantes sin papeles constantemente. Esa presencia policial se hace más numerosas, represiva y brutal cuando se desmantela el campamento de los clandestinos para proceder a su deportación.

Abundan en el documental las imágenes en las que se contempla el agua, ya sea un río, las olas del mar, una fuente de la que va cayendo o la lluvia. Sirven por su sonoridad, por su grandeza, pero también por convertirse en una metáfora de que el agua siempre sigue la corriente y camina hacia su destino: el mar. Si la transportas de nuevo a su origen, volverá a hacer el mismo camino, tantas veces como lo intentes. Así de terca es la naturaleza. La inmigración sigue las mismas pautas. Ninguna deportación es una solución. Si las condiciones de vida en sus países de origen no mejoran, ellos volverán a llegar otra vez, y otra, y otra… Hasta que lleguen a su destino o mueran intentándolo.

Qu'ils reposent en révolte (Des figures de guerre) nos muestra las condiciones de vida de esta inmigración ilegal de Calais y lo hace tratando de ser objetivo, desde un plano de igualdad entre quien retrata y quien es retratado. El uso del tiempo lento, casi real, es otro de los atributos que definen el documental. Sin duda esa igualdad y proximidad que se establece son dos factores que trabajan para conseguir la empatía buscada. La realización en blanco y negro potencia la oscuridad e iguala la luz de las muchas horas de rodaje. Mucho trabajo que hace que el documental sea largo, de dos horas y media.

Sylvain George consigue ese objetivo inicial de ponernos dentro de la piel de otros. Y sin embargo, el visionado de su película resulta duro de ver. La excesiva duración, lo contemplativo y los muchos silencios hacen que Qu'ils reposent en révolte (Des figures de guerre) tenga un público reducido, el realmente interesado en saber sobre las condiciones de vida de los inmigrantes ilegales que llegan de paso a nuestra ciudades.

domingo, 24 de junio de 2012

Donde prima lo privado se deshace lo público

El desmantelamiento de lo público y la ausencia de un derecho real a una vivienda marcan la temática de la jornada en la 9ª Muestra de Cine de Lavapiés

Dos de los mediometrajes que se presentan este año en la 9ª Muestra de Cine de Lavapiés son ElectroClass y Diari d'una mercaderia. Se proyectan en La Bagatela, una Asociación cultural que promueve las artes escénicas, visuales y el pensamiento contemporáneo. El local, de paredes blancas, tiene dos plantas. En la superior, la que te encuentras nada más entrar, hay dos espacios diferenciados: un lugar con sofás para charlar cómodamente o leer los libros de una bien provista estantería y otra parte, más hacia el interior, a la que se accede tras cruzar bajo la viga maestra de madera. Este segundo espacio lo preside una mesa de cajones, detrás de la que a estas horas se encuentra uno de los socios. Se sirven cervezas y refrescos, el público le pregunta sobre el lugar y así se hace un poco de tiempo hasta que a las siete en punto comienzamos todos a bajar las escaleras que conducen a la planta de abajo, un sótano igual de blanco con sillas y una pantalla desplegada. Hay tanta gente que han tenido que buscar alguna silla más y en las mismas escaleras se tienen que quedar sentadas algunas personas más.

ElectroClass, la destrucción de lo público en beneficio de una oligarquía

Cartel del mediometraje ElectroClass
Cartel del mediometraje ElectroClass
ElectroClass es un documental lleno de buenas ideas. Está hecho para la ETB, y según su directora, María Ruido, al ritmo que pide la televisión. En este proyecto, se mezclan distintas imágenes, unas provenientes de archivos de la propia ETB, de algunos profesionales, de youtube y también de fragmentos de películas clásicas en blanco y negro. El documental está dividido en siete capítulos. Arranca con un vídeo en el homenaje a Pertur y se cierra con el comunicado del fin de ETA. Sin embargo no habla de terrorismo, pero sí lo hace del País Vasco y concretamente de la ciudad de Bilbao. Con el ejemplo del desmantelamiento de los Astilleros para la construcción del Guggenheim, vemos el paso de una sociedad industrial (que produce) hacia otra de servicios (que consume). Vemos así como surge el desembarco de un capitalismo cognitivo en Euskadi. Se desmontó la industria pesada como requisito de un mundo globalizado que nos decía que debemos desechar aquello que producimos más caro y que tampoco logramos exportar.

Los ochenta supusieron cambios económicos, políticos y sociales, encaminados todos a convertirnos en una ciudadanía democrática y postmoderna, un camino que ha conducido a nuestro país a ser una industria del servicio, donde ya se producen muy pocas cosas. Este cambio se diseñó durante la Transición y supuso entregar lo público a las oligarquías franquistas que simplemente habían realizado un pequeño lavado de cara. Se privatizaron los espacios públicos, los de todos, para que unas pequeñas élites hicieran grandes negocios que solo repercutía en sus bolsillos. Y esto ocurrió con la connivencia de los medios de comunicación públicos. Este desmantelamiento industrial propició la mentalidad de que ya no somos proletarios sino clase media, lo que ha llevado a una decadencia de los trabajadores en lo sindical y la disolución de las grandes ideologías de izquierdas en provecho de un liberalismo deshumanizado.

María Ruido describe ElectroClass como un proyecto de investigación. Juega a hacer un trabajo experimental, donde quizá le da mayor importancia al continente y a las formas que al propio contenido. Esa decisión, en cierta manera, hace que se diluya el mensaje y que se emborrone un tanto para que sea el espectador el que tome control sobre la percepción desdibujada que se le ofrece. Así ocurre cuando separa el audio de las imágenes que se proyectan, queriendo señalar que la visión de la autora prevalece sobre las opiniones que se escuchan y que son relegadas a un segundo plano, aunque las imágenes con las que se sustituyan tengan escaso interés. De la misma forma la coda final simbólica con una serie de imágenes de películas de Ciencia Ficción nos saca de nuevo de la realidad y de la historia contada hacia un lugar impreciso. En cambio sí que resulta muy interesante el mostrarnos una sociedad previa luchadora, enfrentada a la policía, que sale a la calle a protestar y defender sus derechos, algo que la clase obrera hemos perdido definitivamente a finales del siglo pasado y que ahora estamos pagando. Destaca también esa metáfora de lo que en realidad es la industria de servicios: no aparecen nunca trabajando los obreros del astillero, los que fueran la industria productiva, pero sí se nos muestra el trabajo invisible de los limpiadores indicando hacia donde nos ha llevado este cambio y cual es la verdadera magnitud de la palabra «servicio» para que la veamos con rotundidad.

ElectroClass es un trabajo muy personal, que potencia lo artístico sobre el propio mensaje. No es un documental que se explique por sí solo, sino que requiere de ayudas externas e interpretaciones, algo poco habitual en un género que suele potenciar la importancia de informar al espectador. Lo que en el fondo debe querer es producir una cierta inquietud en el espectador, un despertar lento a través de lo sensorial.

Diari d'una mercaderia y el acuciante problema de la vivienda

Dice Buenaventura Vidal, director de Diari d'una mercaderia, que se niega a considerar la vivienda como una mercancía. Pero la realidad se empeña en desmentirle pues se ha convertido en un producto y de los más especulativos. Así que, para enfatizar más, lo pinta al contrario en su título que se ha traducido al castellano como Diario de una mercancía. El documental arranca con la historia de varios ocupas, y lo hace para que no nos llevemos a errores. Quien ocupa una vivienda nada tiene que ver con los estereotipos que nos enseñan en televisión. Vemos que los ocupas son básicamente familias sin recursos que se han visto obligadas a darles una patada a una puerta para tener un techo bajo el que cobijarse, personas que ya no pueden pagar el importe de la hipoteca y son embargadas por los bancos. El contraste se agudiza y ante esta necesidad de una vivienda podemos ver una gran cantidad de ellas que se encuentran vacías, por pura especulación. Más sangrante aún es cuando se trata de viviendas de protección social.

Quedarse en la calle, con una mano delante y otra detrás, es una situación que nos puede ocurrir a cualquiera en unos pocos meses, basta un golpe de destino para que el capitalismo nos muestre su otra cara. Así que una parte importante en la que se centra Diari d'una mercaderia es la de explicar los procesos de deshaucio y los abusos que comenten los bancos. La policía defiende al poderoso y se olvida de los derechos del ciudadano, como si solo necesitaran protección los intereses del grande. Frente a eso sólo queda la opción de la solidaridad vecinal como la que propugna la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, apoyándonos los unos a los otros en momentos de injusticia. Son varios y diferentes los casos que se muestran en el documental, incluso en algunos la televisión suplanta con una pantomima el trabajo real de estos grupos.

La película habla también del mundo del trabajo, un tema asociado a poder, o no, pagar una hipoteca. El protagonista del documental es un joven que vive en Barcelona y que en el momento de rodar la película se encuentra trabajando en los autobuses turísticos de la ciudad. Su formación no le ha servido para encontrar el trabajo deseado y ha terminado alienado despachando tickets y pulsando botones. Bromea diciendo que se ha colocado como temporero en el monocultivo del turismo y el espectador, que ha comenzado a sonreír, se da cuenta de que broma ninguna. Dice que un día cualquiera deja en la caja del autobús mucho más dinero del que la empresa necesita para pagar su nómina. Luego entra en profundidad y explica los motivos de la huelga de los trabajadores de su empresa. Si el trabajo se precariza no es posible optar a una vivienda.

Diari d'una mercaderia es un buen trabajo que explica uno de los mayores problemas que tiene nuestra sociedad, de la especulación de unos pocos y de la imposibilidad de otros muchos. Y lo hace de forma directa, llamando a cada cosa por su nombre.