domingo, 22 de abril de 2012

30 años de oscuridad, la vida inhumana de los «topos»

Festival de Málaga Cine Español. Documentales Sesiones Especiales y AnimaZine. 30 años de oscuridad

Cartel de la película 30 años de oscuridad
Cartel de la película 30 años de oscuridad
30 años de oscuridad tiene una participación doble en el Festival de Málaga Cine Español, por un lado como sesión especial dentro de la sección Documentales y por otro en AnimaZine. Y es que se trata de un híbrido que mezcla el documental con la animación. Por un lado se muestran diferentes entrevistas a personas con información sobre como fue la vida de personas que vivieron ocultas tras la Guerra Civil para escapar a la represión franquista, los «topos», y por otro se recurre a la animación para particularizar con la historia de Manuel Cortés, antiguo alcalde de la localidad malagueña de Mijas, que estuvo oculto treinta años en su propia casa. La suya es una historia real y durísima, como la de muchos otros hombres que para escapar de una muerte segura se encerraron en vida dentro de sus casas, en pequeños huecos que les convirtieron a ellos en presos políticos y donde entregaron en sacrificio su vida entera para huir de la represión. Lentamente perdieron todas las ilusiones y su angustia agarrotará al espectador.

Los historiadores datan el final de la Guerra Civil en 1939. Pero la represión continúo más allá, aumentando su grado de crueldad, aún si cabe, durante los siguientes años de la dictadura de Franco, un régimen que denigró a las personas y se olvidó de cumplir con los derechos humanos. Para los «topos» la guerra terminó mucho más tarde, treinta años después, en 1969, cuando un documento publicado en el Boletín Oficial del Estado «perdonaba» los supuestos «crímenes» que hubieran cometido. Pocos habían conseguido sobrevivir a tan duras condiciones de aislamiento y los que lo hicieron regresaron más como fantasmas que como personas. Las suyas son historias asombrosas que sin embargo están llenas de humanidad. Cada una de ellas es única y sin embargo ninguna deja de ser universal, pues describen el miedo y la angustia vital por mantener la vida que acompaña a todo ser humano acosado. Nos habla de que ocultarse significa seguir vivo, pero que el precio es la pérdida paulatina de la libertad y del sentimiento humano, de cómo se debilita el cuerpo, la mente y el corazón, hasta perder las ganas de vivir.

Sufren los «topos» y, en una magnitud parecida, sus familias. Quienes están al tanto del secreto deben guardarlo más allá de la violencia que ejerzan sobre ellos las fuerzas de seguridad del estado en busca de esa información. El silencio se instaura y los más pequeños aprenden a convivir con el miedo atroz a que se les escape el secreto, a evitar mostrar el menor indicio que dé pie a una sospecha. Saben que un descuido o una delación significan la muerte del que está escondido.

Manuel H. Martín, director de 30 años de oscuridad, posando durante el festival (Foto: Ana Belén Fernández, por cortesía del Festival de Málaga)
Manuel H. Martín, director de 30 años de oscuridad, posando durante el festival (Foto: Ana Belén Fernández, por cortesía del Festival de Málaga)
30 años de oscuridad es un documental sobre los años posteriores a la guerra, de esas otras víctimas que sobrevivieron a ella pero a las que no se dejó vivir. Algunos, como Manuel Cortés, aguantaron, pero ¿a qué precio? Es el drama de muchos españoles a los que se les arrebató toda posibilidad de dignidad, condenados a la oscuridad, al silencio y a una muerte en vida. Españoles que en su mayoría no habían cometido ningún delito salvo tener unas ideas políticas de izquierda y defender la República, el régimen legítimo que habíamos elegido en las urnas y contra el que se levantaron impunemente los militares, la iglesia y  las clases dominantes.

Si la parte de entrevistas, la más propia de un documental, nos sitúa en el contexto y nos va explicando lo general, la parte de animación tiene un sentido diferente. Como cuenta Manuel H. Martín, su director, «mi principal intención es la de hacer partícipe al espectador del miedo, la angustia, la desesperación que llevó a los topos a renunciar a sus vidas durante tanto tiempo. No se trata simplemente de recordar a estos hombres, sino de implicar al espectador emocionalmente en sus historias. Y la propuesta narrativa que hemos planteado sin duda contribuye a ello». Y ese es su gran valor, hacernos mirar hacia lo que estuvo tantos años oculto y además transmitirnos la angustia de aquellas emociones vividas por un hombre encerrado y su familia. Hacerlas presentes, expresarlas y revivirlas para que se haga justa memoria y no caiga en el olvido.

El trabajo de 30 años de oscuridad es meritorio y lleno de dignidad, pero también de mucha calidad, tanta que fue nominado a los Goya en categoría de mejor película documental. Es dolorosa, pero merece la pena verla y escucharla con las espléndidas voces de Juan Diego y Ana Fernández.

Hijos de las nubes. La última colonia, hacer lo justo y lo correcto en el Sahara

Festival de Málaga Cine Español. Sección Documentales. Hijos de las nubes. La última colonia

Cartel de la película Hijos de las nubes. La última colonia
Cartel de la película Hijos de las nubes. La última colonia
En 1975 murió Franco. Además, en nuestro país, ocurrieron muchas más cosas, por ejemplo, la vergonzante cesión que se realizó de los territorios propios en el Sáhara a Marruecos y Mauritania, en lugar de a las fuerzas nacionalistas que tenían la intención de construir un nuevo país. Marruecos y Mauritania, que no tenían vínculos anteriores con esa tierra, invaden militarmente dichos territorios. Así, como levantamiento ante la invasión de su país, nace la lucha del Frente Polisario. En 1979 Mauritania abandona la guerra y devuelve los territorios que habían ocupado al Frente Polisario creándose en ellos la República Árabe Saharaui Democrática. Con Marruecos no hay avance. En 1991, por mediación de las Naciones Unidas se alcanza un alto el fuego y se organiza un plan de paz por el que se acuerda la celebración de un referendum que decida el destino del territorio saharaui. Una consulta que aún no se ha llevado a cabo. Mientras, la población saharaui vive dividida entre los campos de refugiados de Argelia y el territorio ocupado por Marruecos donde son frecuentes y continuas las violaciones de los derechos humanos tales como las detenciones ilegales, torturas y desapariciones de personas, así como un fuerte bloqueo informativo. El pueblo saharaui lleva ya esperando 37 años para poder volver a su tierra.

Para contarnos ese contexto, reflejar la situación actual del Sáhara Occidental y, sobre todo, darnos una visión de la forma de actuar de la diplomacia internacional con este asunto, el director Álvaro Longoria ha realizado el documental Hijos de las nubes. La última colonia que se proyectó en la Sección Documentales del Festival de Málaga Cine Español. No es un trabajo descafeinado, sino que profundiza en las causas y nos muestra sin paños calientes cómo las potencias occidentales, especialmente Francia y Estados Unidos, se desentienden del problema, pues en la política exterior de esos países priman los intereses económicos sobre los principios éticos y los derechos humanos. El documental, a través de entrevistas, material de archivo y un poco de acción sobre el trabajo del propio equipo, analiza el pasado, muestra el presente y pone su mirada en el futuro del Sahara. Es clara la intención de informar al espectador, pero también la de involucrarlo para que se movilice y pueda servir de elemento de presión social ante la diplomacia internacional.

En Hijos de las nubes se observa el proceso por el que fue pasando el equipo de la película y las dificultadas que tuvieron para que la gente hablase. Han realizado más de setenta entrevistas durante cuatro años, sin embargo, nadie en Marruecos quiso hablar con ellos y otros muchos muestran sus reticencias, negativas y recursos dilatorios para no hacerlo. Cuenta su director que cuando consiguieron que hablara Felipe González empezó a resultarle más sencillo realizar otras entrevistas que se habían estancado. Hubo intentos de hablar con el gobierno de Zapatero, pero varios ministros que dijeron que lo harían, al final no lo cumplieron. Lo cierto es que el Sahara es un tema incómodo y del que muy pocos de los entrevistados hablan con total sinceridad. Con la cámara apagada hablaban más, dice su director. En el documental queda muy claro que los franceses no quieren molestar a Marruecos y que no desean que se pueda abrir la caja de Pandora. Es sorprendente algunas de las declaraciones, muy pocas, que nos cuentan la realidad sin ambages, con palabras directas, sin esconder nada. Pero las que más abundan son las de los otros, los que juegan a hacer malabares con sus frases.

Fotograma de Hijos de las nubes. La última colonia
Fotograma de Hijos de las nubes. La última colonia
La película documental está protagonizada y producida por Javier Bardem, y se sirve del tirón del actor para llegar a lugares que de otra forma no alcanzaría. Bardem visitó por primera vez los campos de refugiados saharauis en 2008. Desde entonces ha trabajado por dar a conocer mundialmente este conflicto olvidado por muchos y nos ha mostrado su postura rotunda como claro defensor de los derechos del pueblo saharaui. No ha dudado en acudir a la diplomacia internacional para que intervenga en defensa de los derechos humanos y medien en una solución pacífica y justa. La decisión de que el hilo conductor sea el viaje de Bardem viene dada por el deseo de su director de acercar el problema a todos los públicos. Cuando alguien ajeno se plantea el conflicto que vive el pueblo saharaui, le pasa como le ocurrió al propio equipo cuando llegó al campamento de refugiados, por eso querían contar en primera persona la realidad que habían vivido.

Hijos de las nubes es un documental cargado a partes iguales de política y humanidad, que nos habla de un drama que sufren personas reales que tienen una vida terrible. Es una petición a los democracias internacionales para que no se queden de brazos cruzados, que no pongan más obstáculos y se decidan a intervenir para que se haga lo justo y lo correcto en el Sahara. La situación tiene que cambiar, no se puede permitir que Marruecos siga en un territorio sobre el que ningún país le reconoce soberanía alguna.

Cuando le preguntan a Álvaro Longoria si hay motivos para la esperanza, responde que sobre el tema de la autodeterminación no hay movimientos, pero que él sí que ve un avance en la presión sobre los Derechos Humanos y confía en que haya un cambio en breve. Mirando a largo plazo confiesa que todo puede pasar, que nada se sabe. Francia es un aliado indiscutible de Marruecos en este tema y tiene derecho de veto en Consejo de Seguridad de la O.N.U. Esa alianza no se va romper si el pueblo francés no presiona a sus dirigentes.

Por cierto, hay que destacar que todos los beneficios que produzca Hijos de las nubes se dedicarán a la causa humanitaria en el Sahara.

El mundo es nuestro, la guasa de la calle

Festival de Málaga Cine Español. ZonaZine. El mundo es nuestro

Cartel de la película El mundo es nuestro
Cartel de la película El mundo es nuestro
El Festival de Málaga Cine Español tiene una sección en competición, ZonaZine, en la que programa películas arriesgadas desde el punto de vista comercial. A esta sección llega este año Alfonso Sánchez con su primera película: El mundo es nuestro, un largometraje que le ha costado mucho esfuerzo sacar adelante y que tiene su origen en Mundo Ficción y sus famosos cortometrajes de la Trilogía sevillana en los que Alfonso Sánchez y Alberto López van sacando punta a la realidad de esa capital andaluza. Con ese pequeño éxito alcanzado en internet, sus ganas y un crowdfounding bajo el lema Apadrina a un Tieso que le permitió recaudar 600.000 euros, ha logrado llevar su proyecto del papel hasta las pantallas del cine Albéniz en Málaga. Aún no tiene distribución, pero seguro que tras su paso por el festival lo consigue, pues es una gran película a la que si le dan una oportunidad, tendrá éxito.

Aquí han hecho mucho ruido, acompañados constantemente por la música de charanga de La Maravilla Gipsy Band y por una legión de seguidores que lucían las camisetas de la película con un hermoso eslogan: «Ante el terrorismo financiero expropiación bancaria». Sí, la película va de la redistribución de la riqueza mediante lo que se viene llamando el atraco a un banco. Pero lo cuentan con mucha gracia, sin dejar títere con cabeza, señalando con el dedo a quien tiene la culpa de todas nuestras desgracias. Es la cruda realidad tamizada por un humor gamberro y una crítica feroz a nuestra situación de crisis económica.

El «Culebra» y el «Cabesa» son dos rateros de extrarradio con pocas luces para eso del delinquir pero que saben mucho de la realidad de la calle y de las injusticias. Idolatran al «Dioni» y su sueño es poder empezar una nueva vida, a ser posible en Brasil y con un buen botín en los bolsillos. Pero pocas veces les salen bien a los pobres los asuntos de dinero. Hay dos formas de robar, y en eso la película es muy clara, la de quienes la crisis ha dejado «pelaos» y que como salida tiran por donde sea y la de aquellos que nos roban a todos. Esa otra delincuencia de traje caro y de maletín, xenófoba y de derechas, manipuladora y traicionera, también sale retratada en la película. Son poderosos, despiadados y controlan desde sus empresas y organizaciones al poder financiero y político. No tienen la torpeza de esos jóvenes de barrio que empiezan a delinquir como medio de subsistencia. En medio, un pueblo desinformado que tiene que elegir. Afuera, la policía que no pinta mucho.

El equipo de la película El mundo es nuestro posa en el Photocall
El equipo de la película El mundo es nuestro posa en el Photocall (Foto: Nani, por cortesía del Festival de Málaga)
Y con todos esos elementos, Alfonso Sánchez, monta una buena película llena de sentido del humor, que se cachondea de casi todo sin dejar de pintar la realidad, algo distorsionada, eso sí, pero sin perder la esencia de lo que es. Las carcajadas del público no paran durante toda el metraje. Esa ternura y ese reírse hasta de su propia idiosincrasia son el mayor acierto y la forma de esconder un mensaje afilado y revolucionario, lanzado como sin querer. El mundo es nuestro es una película rebelde, diferente, surrealista en cierta medida, delirante y sobre todo cargada de una dulce ingenuidad que nos salva de la desesperación, ahora que todo está tan mal. Nos habla de nuestros tiempos, del desempleo, de la precariedad laboral, de las hipotecas, de la pareja, de los empresarios chanchulleros y de los que no pueden pagar a sus empleados, de los maletines, de la corrupción financiera y política, de los desheredados al margen del sistema, de los medios de comunicación, de las redes sociales, de las procesiones y hasta del movimiento de los indignados. Toda nuestra sociedad sale retratada en esta caricatura y nosotros somos de los que siempre perdemos.

Pero sí, es cierto, «El mundo será nuestro» si un día decidimos salir todos juntos a por él, porque el poder del pueblo hay que ejercerlo. Dejémonos de historias y hagamos de una vez la revolución para que todo cambie, para que se acabe tanta injusticia. «Er Cabesa» y «er Culebra» ya han empezado por su cuenta, con un cine que trae un nuevo mensaje y que se convertirá en paradigma de una nueva corriente de cine sarcástico y crítico con la crisis. La calle toma el cine y no se va a callar. Viene gritando a pedir justicia.

El mundo es nuestro es una gran película, cargada de dignidad, que motiva la reflexión ayudando a que cada uno pueda sacar sus propias conclusiones sobre nuestro contexto y que además garantiza la risa.

sábado, 21 de abril de 2012

Málaga y su alfombra roja

Arrancó la edición número 15 del Festival de Málaga Cine Español

Público esperando el pase en los cines Albeniz (Foto: Toni Gutiérrez)
Público esperando para entrar al pase de su película en los cines Albéniz (Foto: Toni Gutiérrez)
El Festival de Málaga Cine Español es uno de los mejores escaparates del cine que se hace en España. Lo es para los directores y también para actrices y actores, que en estos días se pasean juntos por la alfombra roja del Teatro Cervantes. No es la única alfombra roja, Málaga se engalana con muchas otras, como la que se extiende a lo largo de la calle Larios o la que rodea los cines Albéniz y sus aledaños. La ciudad respira cine por los cuatro costados, en las conversaciones de todos también aparece irremediablemente.

Hace tres años que no venía por el festival y lo cierto es que han cambiado muchas cosas. La primera es que, salvo los pases de prensa, todas las sesiones son numeradas, algo poco habitual en el mundo de los festivales. Lo que no ha variado es el fenómeno fans que se da cita durante todo el festival a los pies del Teatro Cervantes y resulta siempre sorprendente verlo en acción, o en reposo, en ese tiempo de larga espera y aburrimiento que soportan con estoicismo. Es sábado, día de la inauguración, y ya a las diez de la mañana se podía ver un numeroso grupo de jovencitas, tras las vallas, esperando que llegaran los primeros famosos, algo que no ocurriría hasta media tarde. La prensa estaba citada a las seis y media, así que al menos se pasaron una jornada laboral completa a la espera.

Habíamos recogido la acreditación el viernes, el día previo a que todo arranque y que supone un gran esfuerzo de trabajo para la organización pues  es ese día en el que ir resolviendo flecos, convirtiendo en puntadas definitivas lo que aún está hilvanado y con la angustia de que al día siguiente se encienden todos los focos. Les falta empezar a rodar, así que hay algo de desbarajuste y se echa de menos un poquito más de información. Este año resulta fácil darse cuenta de que hay muchísima prensa. Las cintas rojas de las que cuelgan las credenciales han crecido en número, algo que se confirma con facilidad asistiendo a cualquiera de los pases. Abundan la gente joven que trabaja y colabora con medios digitales, especialmente blogs. La acreditación son dos piezas, la propia tarjeta y una cartulina roja que servirá como cartilla para canjear por entradas de otras sesiones diferentes de los pases de prensa en una taquilla especial que se abrirá durante tres horas todos los días. Cada día hay que canjear las de ese día.

El festival ha elegido para su arranque la película de Eduard Cortes, The Pelayos, así que hoy es su día, no hay otra en la Sección oficial y nada le hace sombra. El pase de prensa se celebra tras su mañanera proyección en los cines Albéniz. El elenco al completo está sentado en una larga mesa dentro de la propia sala. Muchos flashes y algunas preguntas que van orientadas hacia la familia de los Pelayo, la propia película y la crisis de financiación que está viviendo el cine español. El largometraje no está mal, es dinámico, entretenido y ambicioso.

Por la tarde elegimos de la sección Montreal en Málaga una película belga titulada Hasta la vista que ha ido recogiendo varios premios en diferentes festivales. Cuenta el viaje de tres jóvenes con minusvalía hacia un burdel en España donde poder perder su virginidad. Es un trabajo interesante, pero un tanto frío, de ese norte de Europa donde los sentimientos se esconden hasta que explotan sin remedio, de las que juega con el emotividad contenida. Otra de las secciones fundamentales del festival es Territorio Latinoamericano que funciona como una pequeña muestra del cine que se hace al otro lado del charco en español. Elegimos la argentina Juntos para siempre, una de esas películas donde interviene la psicología, la vida de un guionista, el humor y las relaciones posibles e imposibles. Arranca muy bien, con una estructura estupenda de tres niveles de anidamiento, pero poco a poco va perdiendo fuelle.

Mientras todo esto ocurría, en el Teatro Cervantes tenía lugar la alfombra roja con su glamuroso photocall y la posterior gala de inauguración que presentaron Francis Lorenzo y Ana Fernández.

The Pelayos, cine español de casino

Festival de Málaga Cine Español. Sección oficial. The Pelayos

Cartel de la película The Pelayos
Cartel de la película The Pelayos
El Festival de Málaga Cine Español ha elegido The Pelayos, la película de Eduard Cortés, para abrir esta edición número 15. Se trata de un largometraje coral, fresco y muy dinámico en el que la banda sonora y la fuerza de la música ayudan a desarrollar ese empuje. Lleno de adrenalina y locura The Pelayos nos habla de vivir la vida según llega, saboreando lo que nos depare con los cinco sentidos. Es cine de casinos, hecho aquí y con muchísima ambición. Si algo traslada la película al espectador son las ganas de vivir, de soñar y de trabajar para construir sus propios sueños. Casi nada surge del aire, por el contrario, nos exige esfuerzo, sentarnos a pensar, reflexionar y un método. Luego tocará demostrarlo en la práctica, hacer que lo pensado sea realidad. Así es el mundo de «Los Pelayo», una familia que desbancó los casinos del mundo con un método legal e infalible basado en la imperfección de la ruleta. Una familia que tenía público a su alrededor cuando jugaban en los casinos y a los que todos jaleaban y aplaudían cada vez que la bola caía en una casilla con el número al que ellos apostaban. Su método funcionaba y suponía que la banca no ganaba siempre, que con astucia y dentro de las normas, cualquiera podía ganar.

Cuenta Cortés que el proyecto surgió hace seis años, cuando los productores le propusieron esta aventura. Él y Piti Español, para escribir el guion, convivieron dos semana con la familia de Gonzalo García-Pelayo Segovia y se volvieron para su casa con mucha energía y entusiasmo. Lo que buscan con la película es transmitir las ganas que esta familia ponía en todo lo que hacía, seducidos por un sueño que a través de la perseverancia y la ingenuidad se hizo realidad, demostrando que unas pocas veces el débil puede vencer al más fuerte, al que está armado hasta los dientes, usando su inteligencia. Su historia es el pasaporte que les permite construir una buena película que se nutre de las vivencias de estos personajes. La ficción sirve como un acompañante que simplifica y ordena los hechos, como una lupa sobre la que aumentar ciertos detalles y darle ese aire peliculero y vividor que tanto luce  en The Pelayos.

Es el casting el otro gran punto fuerte. Daniel Brühl y Lluís Homar se encargan de resolver con mucha solvencia los dos papeles protagonistas, los que muestran los dos polos del sueño y su viabilidad. Su energía es contagiosa. No es el suyo un duelo interpretativo, el enfrentamiento lo tienen los dos con Eduard Fernández, sentado al otro lado, ante los monitores del casino, siempre vigilante, como perro fiel del sistema. Destacan también los excelentes trabajos dando vida a los personajes secundarios de Vicente Romero, Oriol Vila, Miguel Ángel Silvestre, Blanca Suárez y sobre todo Huichi Chiu.

El equipo de la película The Pelayos posa durante el Festival de Málaga
El equipo de la película The Pelayos posa durante el Festival de Málaga (Foto: Nani, por cortesía del Festival de Málaga)
El resultado es una película muy urbana, con una cuidadísima fotografía, con aire de club, de estupendos primeros planos y de encuadres con hermosos paisajes. The Pelayos busca la elegancia por encima de las apariencias y se asienta sobre personajes de moral profunda, la que tienen los inocentes que saben que no están haciendo trampas en su lucha contra un sistema hostil que se ha protegido para ganar siempre, que habla de justicia y de decisión para abordar los sueños. Pero también habla de buscarse la vida para vivir con lujo sin tener que hacer un trabajo convencional, de ser un buscavidas y de triunfar en el intento.

Durante la rueda de prensa, los actores contaron pequeñas anécdotas, como que Daniel Brühl interpreta el tema musical con el que se abre la película o que al final del rodaje los productores invitaron a todo el equipo a cenar en el Bulli… Pero también hubo espacio para lo más profundo, como cuando el actor Lluís Homar habló sobre la difícil situación que está atravesando la financiación del cine español, un tema que está latente en cada una de las conversaciones de este festival. Dijo que el mayor problema es no saber dónde está el final, que nos dé la impresión de estar asomados a un abismo sin fondo. Como solución propone la imaginación, y recuerda que frente a la adversidad siempre puede surgir la posibilidad de hacer mejor cine aún, pero habrá que arremangarse. El cine español va sobrado de talento, en eso vive un momento dulce, pero por contra se da en el peor periodo financiero. Los productores explican que estos recortes desde las instituciones parecen tener un claro mensaje: «que nadie opine, que nadie piense. Cuantas menos opiniones haya, mejor. Y el cine es opinión».

The Pelayos me gusta por seductora y porque demuestra que si queremos podemos hacer películas al estilo de Hollywood sin el menor complejo. Tenemos gente que escribe historias estupendas, grandes técnicos, directores con tan buenas ideas como visión, que disponenemos de grandes actores y actrices capaces de hacer creíble al personaje más despintado. Echo en falta, por contra, un poquito más de trasfondo, que no todo en la película vaya orientado al puro entretenimiento.