jueves, 9 de junio de 2011

Esquizofrenia, teatro de emociones

La Simpañía presenta un arriesgado montaje para meternos dentro del cerebro de un esquizofrénico


Domingo 5 de junio de 2011. La escalera de Jacob. Madrid


Cartel de la obra Esquizofrenia
Cartel de la obra Esquizofrenia
Dicen que una cuarta parte de la población mundial se enfrentará en algún momento de su vida a esta enfermedad. Una enfermedad que produce rechazo y que estigmatiza a quien la padece. Eva Redondo, actriz, autora y co-directora de Esquizofrenia, se ha documentado trabajando con enfermos que padecen esta enfermedad para contarnos con valentía la historia de dos esquizofrénicos. Además ha tenido la capacidad de mostrárnoslo desde el propio punto de vista de los enfermos, logrando explicarnos cómo entienden el mundo y cómo cambian sus relaciones con los familiares y con la sociedad una vez que se les diagnostica la enfermedad.

Esquizofrenia no es una obra inocua, de esas que disfrazan los problemas para pintar una sociedad feliz. No va en busca de lo positivo pues trata de construirnos una instantánea fiel y dolorosa. Se adentra certera hacia los sentimientos. El miedo que sienten los personajes, su angustia sobrehumana y la soledad que su enfermedad les producen, se trasladan al espectador que los va digiriendo y haciendo suyos, creando lentamente un proceso de empatía con el que sufre, castigado por su enfermedad. Vemos sobre el escenario levantarse la culpa que les pesa, una rabia profunda incontrolable que les deshace, una impotencia que les atosiga y una marginación como seres sociales que les convierte en excluidos, tal como si no existieran.

Es un montaje arriesgado por lo directo, porque llama con fuerza al espectador al querer pintar un mundo para el que muchas veces las palabras no logran construirlo en su conjunto. Esquizofrenia transita por caminos diferentes, buscando lo sensorial, pero que no se pierde porque tiene claro su objetivo. El espectador encuentra historias lineales de los personajes que la obra va tejiendo y contando sobre una narrativa convencional.

El elenco: Begoña S. Somolinos, Estela Aguilar, Silvia Maya, Eva Redondo, Jorge Fuentes y Jonathan Rod
El elenco de la obra Esquizofrenia: Begoña S. Somolinos, Estela Aguilar, Silvia Maya, Eva Redondo, Jorge Fuentes y Jonathan Rod
La historia se abre con dos personajes jugando a un juego extraño. Según pasan los minutos va apareciendo la angustia, el aviso a quien observa de que algo raro les pasa a esos personajes. No son los suyos comportamientos que solamos llamar normales. La obra, a partir de aquí va mostrando puntas de hilo desde las que desenvolver la maraña. Lo hace con los textos y su lenguaje, pero aún con más fuerza, si cabe, con el uso de las luces que aparecen y desparecen, como flashes que ralentizan y detienen el movimiento de los actores, para alargar una sensación pesarosa de desazón. Igual ocurre con los sonidos llenos de fuertes golpes un tanto caóticos que nos aceleran, de estridencias y chirridos que van creando el ambiente de la escena, que nos acercan a la locura. Y finalmente la acertada simbología de los colores que simplifica un mundo en el que solo existen el blanco, el amarillo que va salpicando en detalles las ropas y el negro de las capuchas que visten las sombras sin rostro que van acompañando la esquizofrenia. Es difícil hacer sentir la esquizofrenia a quien no la padece, explicar síntomas que no soportamos y que quien los sufre es incapaz de verbalizarlos. De ahí la importancia de crear una atmósfera que nos acerque a lo que se va a narrar. Durante la representación, Esquizofrenia logró sumergirme en un duro desasosiego que permitió compartir los sentimientos que hay bajo toda persona, sana o enferma. Salí de la función sorprendido y encantado, a pesar de la dureza que percibí, de la tensión de tener la enfermedad ante mis ojos, pues como decía antes, la obra no escatima ni ahorra la cruda realidad.

Me gusta la sencillez de un escenario en el que los objetos se vuelven polifacéticos, donde la propia enfermedad se hace presente, en el que vemos a los enfermos torturándose por dentro y queriendo escapar de una vida que se les va cargando de estigmas; a los cuidadores atentos o descuidados por una rutina que sirve de distancia; a los familiares incapaces de asumir los cambios; y a la propia sociedad, a la que curiosamente se ha representado en el texto con dos abogados rectos y serios.

De las enfermedades se huye. Así lo hace la sociedad, distante, temiendo por un contagio, mirando desde lejos, sin acercarse, sin involucrarse. Las que tienen que ver con la locura nos asustan más, que duda cabe, porque nos deshumanizan, nos llevan por pendientes que nos atemorizan. La muerte ronda toda enfermedad, como una solución para quien se deja vencer persuadido de haber perdido el enfrentamiento, sólo y sin apoyo. Pero la lucha en estos casos es más atroz, por incomprendida, porque incluso puede haber quien deje escapar un suspiro de alivio.

No es fácil interpretar personajes que han perdido el control, que viven en una frontera con una realidad intangible. Me sorprendieron los excelentes trabajos de todo el elenco, que hicieron presentes tanto a la propia locura y sus enfermos, como a los cuerdos. Del primer grupo me quedo con la sonrisa perversa de Begoña S. Somolinos, esquizofrenia pura o con el personaje atormentado que encarna Jonathan Rod por su capacidad de acercarnos la enfermedad o con la dulce bailarina que intepreta Estela Aguilar, capaz de transmitirnos un mundo interior complejo y aislado con unos pocos gestos, con sus impulsos. De los cuerdos me encanta la soltura, profundidad y distancia con las que Eva Redondo teje sus personajes, la frialdad numérica y el temor a la enfermedad que tan bien plasma Jorge Fuentes o la cotidianidad y el embelesamiento con los que construye los suyos Silvia Maya.

Es una obra que se disfruta, a pesar de que se sufre viéndola, pues ha logrado meternos dentro del cerebro de un esquizofrénico. Con Esquizofrenia, el espectador recupera la necesidad de ir al teatro a sentir emociones, a pasar por estados de ánimo semejantes a los de un esquizofrénico. Teatro de emociones que nos ayuda a comprender el mundo.

A modo de pequeño anecdotario: El grupo de teatro La Simpañía nació en 2006. Sus componentes se conocieron en la Fundación Shakespeare y poco después decidieron seguir el aprendizaje uniéndolo a la práctica. Debutaron con Menú del día y más tarde estrenaron la también comedia Misterio en Crimetown y otras dos gracias, premiada en el Festival de Pequeño Teatro de la Ciudad de Valencia. Predatoria, su tercer montaje, es un drama, con abundante humor negro. Hace año y medio se incorporó a La Simpañía la actriz Eva Redondo, quien se ha encargado de escribir el texto, dirigir y actuar en su cuarta obra Esquizofrenia. De la formación original permanecen Íñigo Cavia y Jorge Fuentes.

sábado, 4 de junio de 2011

El viento en un violín, hijos que no saben asentar la cabeza

El viento en un violín es la nueva producción teatral de Claudio Tolcachir y su compañía de teatro alternativo argentino Timbre 4


Martes 30 de mayo de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid

Cartel de la obra de teatro El viento en un violín
Cartel de la obra de teatro El viento en un violín
La sinopsis de El viento en un violín es tan reveladora como escueta: «Mujeres que se aman, buscando desesperadamente un hijo. Madres con hijos, desesperadas por asegurarles la felicidad. Hijos desorientados, desesperados por encontrar su lugar. Historias de seres ricos y pobres buscándose la vida. Y el amor que lo atraviesa todo, que todo lo permite, lo bueno y lo malo. El amor de pensar la vida de otra forma y aceptarla tal vez, en nombre del amor».

Ser madres es un deseo, un impulso, de Lena y Celeste, las dos protagonistas de El viento en un violín; una echa de menos algo que perdió, la otra necesita un cambio porque siente que le falta no sabe qué, pero es consciente que precisa cordura, que se acaben sus cambios de humor. Darío está en tratamiento con un psicoanalista, pues según su madre no termina de arrancar, de ser un bicho raro que se va quedando atrás. Los tres son personas con ausencias, que juegan en la vida con cartas marcadas. Con las viejas fórmulas de la clase social a la que pertenecen, distantes, porque es aquello que han aprendido. Lo demás hay que deducirlo, o lo que es lo mismo, vivirlo.

Las historias más cotidianas, las que ocurren a diario, de la mano de Claudio Tolcachir cambian el rumbo, como si les cortara el plástico que las envuelve con el filo de una navaja y así nos permitiera ver un interior sin deformaciones, lo humano que hay dentro de cada personaje y sus formas de relacionarse. El autor y director las araña, las estruja, las retuerce y las exprime. No inventa nada que no tengamos al alcance de nuestras manos, que no podamos leer a diario en la prensa. Pero no se queda en ese punto del periodismo actual, en el de la anécdota, sino que profundiza para desarmarnos, para ver que lo más absurdo no está tan alejado de nuestros comportamientos, pues lo absurdo no es inhumano. Lo inhumano resulta ser otra cosa que también va pasando ante nuestros ojos. Es cierto que no somos como los personajes de El viento en un violín, pero todos podríamos serlo. El teatro de Tolcachir es un teatro humanizado que nos cuenta historias que no se pueden ver sin tomar aire, sin acercarse hasta casi tocarlas. Un teatro que hace saltar chispas.

Lautaro Perotti y Tamara Kiper en una escena de la obra El viento en un violín
Lautaro Perotti y Tamara Kiper en una escena de la obra El viento en un violín
En la obra uno puede ver el polvo más indecoroso que se pueda imaginar. Lo sórdido se mezcla con lo hilarante hasta hacerse indivisible. Hay, también, verdades crueles. Tolcachir las pone en boca de personajes que se comportan como locos y los demás las reímos. Lo cierto es que nuestra educación -ese proceso de socialización- no es otra cosa que una mordaza que nos calla. El que lo tiene todo perdido, el que no ve el mundo en toda su realidad, el tonto, el enfermo, serán quienes nos griten lo más obvio. Y nos reímos. Pero queda flotando la tragedia que se va conformando. Las incapacidades del personaje que habla se rompen y se convierte, a la hora de expresarse, en alguien mucho más capaz que los demás.

Es un teatro de las vueltas que va dando la vida para ir construyendo sus soluciones; un teatro que supera lo preconcebido, sin prejuicios, directo y fresco. Un teatro de preguntas: ¿Está acaso todo tan pautado como para que la vida se pueda seguir con un simple manual?, ¿somos diversos?, ¿impredecibles? Y cada escena con la que avanza rompe un prejuicio y nos hace más sabios. Lo cierto es que la vida deja tantos hilos colgando que presta su tiempo y espacio para filosofar.

Me gusta El viento en un violín porque te hace dar vueltas en la cabeza, porque te obliga a plantearte conclusiones. No es un teatro que pasa, es como esos cafés densos que dejan posos en la taza y cuyo sabor perdura en el paladar mucho más que otros. Y sin embargo es un teatro sin pretensiones, modesto, con un decorado cotidiano, a medio hacer para que el espectador reconstruya el resto, ponga las paredes de su propia casa, sus muebles.

Tamara Kiper e Inda Lavalle en una escena de la obra El viento en un violín
Tamara Kiper e Inda Lavalle en una escena de la obra El viento en un violín
El viento en un violín habla de dos mundos que se mueven a velocidades distintas, pero en ambos, las madres sienten que van perdiendo a sus hijos, que son incapaces de resolver los problemas que la vida les va planteando. Lo cierto es que el drama queda abierto, como si se hubiera cerrado por casualidad o si no quisiese terminar. Quizá simplemente porque debe continuar en otro espacio.

Sorprendentes los actores. Lautaro Perotti consigue adentrarse en su personaje y hacernos creer lo más fantástico con sus gestos, sus miradas y una interpretación perfecta. De la misma forma Inda Lavalle y Tamar Kiper nos dibujan una relación difícil con la naturalidad que precisa. Mientras que Araceli Dvoskin, con su personaje, asienta la historia en la realidad, la ata a la tierra con la fuerza de su trabajo. Miriam Odorico, con un papel pequeño, consigue mostrarse de lo más expresiva, haciendo que las situaciones exploten. Gonzalo Ruiz cierra el cuadro, ofreciendo la cara de una derrota cargada de triste amargor. Difícilmente se podría haber encontrado un elenco mejor para esta obra.

Al terminar, no podría ser de otra forma, un éxito tremendo: los aplausos no cesaban.

A modo de pequeño anecdotario: El viento en un violín se estrenó en el Festival d’Automne de París en noviembre de 2010. Su estreno en España se produjo dentro de la Temporada Alta de Girona, desde donde ha viajado a Madrid para formar parte de la programación del Festival de Otoño en Primavera de este año.

jueves, 26 de mayo de 2011

Tiempo de conciertos

Martirio y José María Vitier, Juan Perro y Toni Zenet ofrecieron tres estupendos conciertos en el Teatro Español para presentar sus nuevos discos


Reseñas: Martirio y José María Vitier - Juan Perro - Zenet

Mayo es quizá el mes con más actividad cultural en Madrid. Por un lado se celebra el 2 de mayo como fiesta de la Comunidad y por otro San Isidro como patrono local. El Teatro Español, como viene siendo habitual en los últimos años, no deja pasar la oportunidad y programa unos buenos conciertos bajo el nombre de Noches del Español. Este año ha servido para presentar los nuevos trabajos de artistas con mucha personalidad.

Viernes 20 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Martirio y José María Vitier presentando su disco El aire que te rodea (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Martirio y José María Vitier presentando su disco El aire que te rodea
(foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
El compositor cubano José María Vitier ha preparado un disco lleno de poesía, donde la música se convierte en ese propio aire que rodea los versos que canta e interpreta Martirio. Cuentan que se conocieron en 2002 cuando el pianista cubano le pidió a Martirio que cantara un poema de Federico Garcia Lorca para un disco suyo. Allí nació una idea que ha terminado concretándose en este disco que han hecho juntos, mano a mano, y que lleva el nombre de El aire que te rodea.

Cuando las luces se apagan, aparece Vitier que se acerca a un majestuoso piano de cola frente al que se sienta. Sus dedos se deslizan, juegan, y va apareciendo una música contagiosa, timbrada y robusta. Después presenta a Martirio y es la voz maravillosa de la onubense la que va dando profundidad a los textos. Martirio tiene un toque personal, algo especial que tiñe la voz interpretando cada palabra que canta con un sentimiento inigualable. A los dos se les une Raúl Rodríguez con su guitarra española para completar el trío. Todo suena y resulta perfecto en este repaso del disco.

Siempre resulta especial ver a Martirio sobre un escenario pues lo que se escucha en sus discos se queda en la mitad de lo que ella ofrece en directo con su presencia y su arte. En esta ocasión se la ve apasionada, como recién enamorada, atravesada por una luz mística que le ilumina la cara. Sin embargo se muestra más contenida en sus sentimientos que cuando cuenta historias de personas, esas letras de coplas y tangos llenas de vida, que la poesía, tal vez en otro plano más idealista, no logra sustituir. Del repertorio me quedo con Amor sádico que tiene más chispa.

Sábado 21 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Juan Perro presentando Río Negro (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Juan Perro presentando su disco Río Negro
(foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Había pasado mucho tiempo desde el anterior disco de Juan Perro. Uno piensa que ya le ha visto otras veces, así que no espera sorpresas. Pero lo cierto es que desde que sale a escena te das cuenta que estás frente a uno de los grandes y de golpe recuerdas por qué cada uno de sus conciertos termina siendo un recuerdo imborrable para quien le escucha. Sin duda es algo mágico, una capacidad que nunca pierde. Todo es mezcla, sonidos de jazz, blues, Nueva Orleans, Cuba, África... Juan Perro, el «negocio» al que se dedica ahora, es música en estado puro, de esa que su banda extrae de los instrumentos artesanalmente sobre el escenario, que no puede repetirse más que en ese mismo momento. Escucharles es un placer y con ellos dos horas se convierten en apenas un instante.

Santiago Auserón se muestra coqueto, juguetea con sombreros vistosos que va cambiando para la ocasión -para que hagan juego con el tema que canta-, luce un bonito traje y unos zapatos de diseño. Habla con el público, responde cuando le provocan y regresa a su música, consciente de que controla un show del que es centro absoluto. El público le adora, además disfruta y contagia ese placer que siente sobre el escenario.

Repasa de arriba abajo su nuevo disco Río Negro, con temas de estribillos contagiosos como Malasaña -un himno de libertad necesario para estos tiempos en que la vida va a volver a las calles y las plazas-, Reina Zulú, Pájaro de Siracusa, Poco talento, Pies en el barro o La nave estelar cargada de fina ironía.

De las nuevas hay una canción que me llega más: Forastero, de la que Juan Perro explicó la historia. Contó que hace algún tiempo, cruzando uno de esos barrios peligrosos en Nápoles una imagen le trajo otros tiempos y se recordó a sí mismo hace ya mucho con los pensamientos de entonces. Su ojos se cruzaron con un muchacho en camiseta blanca de canalé que salía de su casa y se le quedó mirando a él, al forastero que viene de otros sitios con otras ideas, que ha visto un mundo que al chico le queda lejos. El tema está cantado desde el punto de vista del niño y hay una reflexión que no puedo olvidar «Él se alejó para no volver jamás, / pero quizá me llevase en su cabeza. / Dime forastero / que atraviesas la ciudad / y a este barrio viejo vienes a parar / si un día yo / como tú podré viajar / y contemplar / desde lejos la pobreza».

Pero también hay tiempo para entonar y puntear Cozumel cuando se lo pide el público y darle las gracias por seguir acordándose y queriendo aquellas, las primeras, canciones del Perro. Suenan otros temas indispensables que forman parte de sus otros discos: El cigarrito, Mala fama, La charla del pescado, El ala rota, A un perro flaco y Fonda de Dolores que cierra el concierto con el público en pie, bailando y las luces encendidas.

Quien no ha visto a Juan Perro en directo, aún le queda algo por hacer. Es sin duda uno de esos indispensables, y mucho más sobre el escenario de un teatro.

Martes 24 de mayo de 2011. Teatro Español. Madrid

Toni Zenet presentando su disco Todas las calles (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Toni Zenet presentando su disco Todas las calles (foto de archivo por cortesía del Teatro Español)
Zenet, y su banda, son también otros que disfrutan sobre un escenario. Ahora presentan su segundo disco Todas las calles que sigue la estela que marcó Los mares de China. La banda se mantiene al completo, siguen los vientos de Ove Larsson y Manuel Machado, las cuerdas de Taboada y Aguilar, el piano de Rivero y la inagotable batería de Castro. Cada día que pasa suenan más engrasados; algo que no resulta demasiado fácil, pues llegan a estar hasta diez personas.

Sobre el escenario repasa los temas de Todas las calles. Entre ellos va recuperando algunas otras canciones de su primer disco que hacen las delicias del público. Suenan Estela, Dientes de rata, Un beso de esos, En el mismo lado de la cama y Soñar contigo, único tema de los bises.

Zenet tiene algo especial, un encanto canalla que su voz amplifica porque a la vez es dulce, envolvente, llena de matices, de las que invitan a soñar. La música tiene una base de jazz en la que se sumergen para fusionarse boleros, tangos, sonidos flamencos y universales de aquí y de allá. Escucharle cantar es como viajar por otros espacios, tiempos y recuerdos. Las letras, firmadas por Javier Laguna, hablan de amores y desamores, de lo que fue y de lo que no pudo ser, de lo que empieza y de lo que ya se acabó.

La puesta en escena desborda alegría que el público devuelve con palmas, pasándoselo bien. Sin duda de lo más especial son las improvisaciones y solos que van haciendo cada uno de los músicos. Zenet ofreció otro concierto memorable.

jueves, 19 de mayo de 2011

El mundo no puede funcionar sin trabajadores, pero sí sin patrones

La crisis que viene, un libro del Observatorio Metropolitano editado por Traficantes de sueños


Jueves 19 de mayo de 2011. Acampada Sol. Madrid

Portada del libro La crisis que viene
Portada del libro La crisis que viene
La Librería Traficantes de sueños, influida por la propia actualidad, trasladó la presentación del libro La crisis que viene a la Puerta del Sol, al seno de la propia #acampadaSol. Junto a Isidro López, miembro del Observatorio Metropolitano y coautor del libro se sentaban Charo Morán, de Ecologistas en Acción, y el profesor Carlos Taibo.

Abrió la presentación su autor, explicando que el libro se divide en tres partes. La primera se dedica a desmitificar los lugares comunes a los que nos somete la ideología económica, empeñada en explicarnos que lo que pasa es algo inevitable. La economía no es ninguna ciencia, es más bien un saber difuso que no debe tener capacidad para determinar ninguna ley. Esta economía capitalista marca como prioridad la recuperación, pero la de sus agentes capitalistas; no busca una recuperación del empleo, eso lo hacía el capitalismo industrial, pero ahora estamos en otra fase donde lo único importante son los beneficios financieros que ya no se generan con el trabajo productivo. Otras de las falacias que utiliza la ideología económica capitalista son las de decir que los salarios son muy altos y que los costes del estado del bienestar resultan insostenibles. Lo que ocurre es que el beneficio, para seguir creciendo, debe ir agarrándose a los recursos sociales. Y finalmente, se nos machaca con el mensaje de que volveremos a tener un ciclo de crecimiento, algo que Isidro López vaticina que no va a suceder a nivel mundial y mucho menos en España donde, por nuestro tejido, lo único que podríamos esperar es alguna nueva burbuja.

La segunda de las partes de La crisis que viene trata de abrirnos los ojos sobre lo que está ocurriendo. Por un lado asistimos a la disolución de la clase media tradicional debido a que la diferencia entre los ganadores de los ciclos y el resto de la sociedad se acentúa dramáticamente. Nos encontramos con una pérdida de derechos brutal, tanto que están desapareciendo. El gasto público y los servicios sociales de los estados van pasando a ser tutelados por los organismos financieros que con ellos están buscando una nueva forma de generar beneficios; no les preocupa fagocitar a los estados, porque estos siempre pagan, así que presionan para que la deuda suba y ellos aumenten su beneficio. También asistimos a un reforzamiento de las tendencia destructivas del medio ambiente.

La última de las partes se plantea las líneas que esta crisis proyecta hacia el futuro. La primera de ellas es desplazar y repercutir los costes y las causas hacia los grupos sociales más débiles y crear así microluchas de jubilados contra jóvenes, locales contra inmigrantes... en un sinfín de «guerras entre pobres». La segunda acentuar la política del miedo contando que no hay salida y que el camino de sacrificios que imponen los mercados es lo único que se puede hacer. Debemos superar ese miedo para cambiar las cosas. Los partidos políticos se han mostrado incapaces para proponer una salida a la crisis, además se ha dañado el empleo, los derechos y la propiedad pública que se ha transformado en un mapa de recursos para las castas financieras. Hay que pensar en soluciones. La que nos propone La crisis que viene es una redistribución a gran escala. Tenemos riqueza en el planeta suficiente, pero no hemos sido capaces de repartirla de una manera justa, pues ésta se concentra en un 1% de la población, en unas pocas personas que acumulan la riqueza, una minoría que la explota.

Isidro López, Charo Morán y Carlos Taibo durante la presentación del libro La crisis que viene en la Acampada Sol (Foto: Toni Guitiérrez)
Isidro López, Charo Morán y Carlos Taibo durante la presentación del libro La crisis que viene en la #acampadaSol (Foto: Toni Guitiérrez)
Charo Morán se encargó de centrar la crisis ecológica, pues el capitalismo lleva asociados y ocultos una serie de temas ecológicos. La economía al uso que manejamos deja a un lado los problemas ambientales. En primer lugar porque se basa en un crecimiento continuo que supone una carga de flujos y materiales infinitos en un planeta con recursos finitos. Estos límites planetarios están al margen de la economía capitalista que constantemente los sobrepasa. Citó el cambio climático como otro de los resultados de vivir al margen de dichos límites. Cualquier desarrollo debe ser sostenible. No podemos seguir permitiendo que el 20% de la población consuma el 80% de los recursos del planeta.

Charo Morán habló también de la huella ecológica, el impacto que tiene sobre la naturaleza lo que hace el ser humano. Generamos mayor cantidad de residuos de los que el planeta puede asumir. Después ilustró la hecatombe de una biodiversidad que se acaba. Cada organismo, cada sistema, es una pieza del puzzle y si vamos eliminando piezas, aunque nos parezcan independientes, llegará un momento en el que se colapsen algunos de esos elementos, lo que influirá directamente en el resto de especies. Los seres humanos estamos modificando todos los ecosistemas, sin darnos cuenta que esa biodiversidad es quien garantiza nuestra calidad de vida. La conclusión es que el sistema económico se desarrolla a espaldas de las leyes del planeta, es solo un subsistema, pero se comporta como si fuera al revés, como si todos los demás sistemas tuvieran que estar supeditados a él. Ilustró el «pico el petróleo» como otra incongruencia más donde nos olvidamos del tiempo que le cuesta al planeta generar dicha energía comparándolo con el efímero tiempo en el que la consumimos. Señaló otro contrasentido al medir el bienestar a través del PIB que sólo contabiliza inversiones y gastos. Habló de la deuda ecológica contraída moralmente con los países pobres que tienen las materias primas. Alertó de ese mensaje que nos lanzan diciendo que si no consumimos no vamos a salir adelante de la crisis. En realidad es al revés, aquellas sociedades que sean más austeras encontrarán la solución antes. Debemos ir hacia sociedades colectivas, más cooperativas, autogestionadas y con una cultura más de suficiencia.

Carlos Taibo dijo estar de acuerdo con la mayoría de las tesis que el libro plantea. En primer lugar, al igual que La crisis que viene, nos aconsejó abandonar la visión cíclica de las cosas: no va a llegar una época de bonanza. Nos pidió que manejemos con prudencia la diferencia entre lo público y lo privado, porque tenemos que saber defender lo que lleve la etiqueta de público y sacar del baúl la palabra socializar. Nos aconsejó que sepamos distinguir entre el anticapitalismo y el antineoliberalismo que no son lo mismo, pues el segundo término acepta las reglas de este sistema, algo que le ha ocurrido a los sindicatos mayoritarios. Debemos preguntarnos ¿Cómo trabajamos? porque aunque las palabras explotación y alienación han desaparecido del vocabulario no lo han hecho de la realidad; ¿Para quién trabajamos? y así darnos cuenta que lo estamos haciendo para el propio capitalismo y no para nosotros; ¿Qué producimos? no vaya a ser que estemos hipotecando los derechos de las personas venideras. El mundo no puede funcionar sin trabajadores, pero sí sin patrones.

#acampadaSol (Foto: Toni Guitiérrez)
#acampadaSol (Foto: Toni Guitiérrez)
El sistema capitalista nos cuenta que si tenemos crecimiento, los empresarios tendrán beneficios. Con ellos invertirán y se recuperará el empleo. Pero no es así, pues esos beneficios durante las dos últimas décadas han venido dedicándose a la especulación. Después hace una nueva pregunta que deja en el aire: ¿Qué escenario nos deja la desaparición de las clases medias?

Carlos Taibo desconfía que todo se pueda llevar a un terreno de la financiarización como hace el libro, sobre todo cuando se discute de ecología. No es cierto que el capitalismo se vaya olvidando de las materia primas. A pesar del «pico el petróleo» y de que éste vaya camino de agotarse, el sistema capitalista seguirá manteniendo la misma rueda, aunque haya entrado en una etapa de corrosión vital y no sea tan vivaz para encontrar soluciones. Hay que prestar atención a pesar de los estertores, pues el capitalismo morirá matando. Empieza a escucharse un discurso oficial que va lanzando mensajes alarmistas, no debemos extrañarnos, nos avisan de que las medidas que va a arbitrar este capitalismo enfermo serán mucho más duras, salvajes y menos inteligentes.

Hay quien nos pide que esperemos el momento del colapso para cambiar, lo que puede ser muy peligroso. La otra opción, la de Carlos Taibo, es que tenemos que salir del capitalismo ya y construir nuevas sociedades menos complejas, que no sean tan dependientes y donde se habrá abolido el trabajo asalariado. En el fondo es lo que estamos haciendo todos juntos en esta plaza de la Puerta del Sol.

Tras la charla se abrió un interesante debate en el que fueron participando los asistentes. Unos expresaban sus opiniones, otros alentaban ánimos para avanzar en una sociedad más justa, algunos preguntaban a los ponentes sobre asuntos relacionados avivando el debate, queriendo aprender... Esa es la participación ciudadana en el centro de la ciudad que busca un mundo mejor, más justo. Es esperanza y presente de una revolución pendiente que solo la juventud puede emprender. Por fin algo se mueve.

lunes, 9 de mayo de 2011

Palmarés del IV Certamen de Cortometrajes Express!

Triunfo de Tommy Llorens con su cortometraje Maiakovski

La Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo aprovecha el espacio de la Muestra de Cine y Trabajo para convocar un concurso único de cortometrajes, donde se debe rodar y editar un corto de cuatro minutos sobre temática laboral en 48 horas. Para garantizar que todos los participantes lo hacen en el fin de semana que indican las bases el viernes se entrega a los participantes un objeto que deben incluir en el corto y que ellos desconocen a priori. Este año, el objeto ha sido una pajarita de papel. Para esta convocatoria se inscribieron 44 equipos, de los que terminaron presentando cortometraje 29. De ellos se seleccionaron los 9 finalistas que se han venido proyectando en el Auditorio Marcelino Camacho de CC.OO. antes de las películas de la Muestra de Cine y Trabajo.

El acta del fallo del certamen de este año dice así: «En Madrid, a las 13:00 h. del día 7 de mayo de 2011, en los locales de CC.OO. (Lope de Vega, 38) se reúne el Jurado calificador del IV CERTAMEN DE CORTOMETRAJES EXPRESS, que ha tenido lugar en el transcurso de la IX MUESTRA DE CINE Y TRABAJO, convocado por la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo, integrado por Carlos Iglesias, Daniel Galindo, Esteban Espinosa y Alberto Leal. En representación de la entidad convocante, actúa como secretario de la sesión, Juan F. Escudero.

ACUERDA otorgar los siguientes premios a los siguientes cortometrajes:

Esther Rivas, Pedro G. Marzo, Tommy Llorens y Carlos Iglesias durante la entrega del primer premio del IV Certamen de Cortometrajes Express! (Foto: Toni Gutiérrez)
Esther Rivas, Pedro G. Marzo, Tommy Llorens y Carlos Iglesias durante la entrega del primer premio del IV Certamen de Cortometrajes Express! (Foto: Toni Gutiérrez)
Primer Premio: Maiakovski de Tommy Llorens

Segundo Premio: El método Mirror de Fátima Cayetano Martínez y Espinar Gabriel

Tercer Premio: Juventud sin futuro de Alba González de Molina, Blanca Ordóñez y Juan M. Montalbán

Mención especial al Mejor Guión: Tommy Llorens por Maiakovski

Mención especial al Mejor Interpretación: Sara, Patri, María, Félix y Víctor, el reparto de El método Mirror»

Como anécdota, Juan F. Escudero explicó que para hacer las pajaritas se ofreció una voluntaria. El día que tocaba hacerlas tenía consulta con el médico, así que se llevó las hojas y allí se puso a hacerlas. En unos minutos aquella sala de espera se convirtió en un taller de papiroflexia.

Los cortos premiados se pueden ver en la página que la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo dedica a los ganadores del Certamen de Cortometrajes Express!