jueves, 5 de mayo de 2011

La realidad islandesa frente a la imaginación desbordada

Continúan la IX Muestra de Cine y Trabajo y el IV Certamen de Cortometrajes Express!, organizados por la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo de CC.OO. en el auditorio Marcelino Camacho

Cartel de la película Louise-Michel
Cartel de la película Louise-Michel
Tras la inauguración de ayer, la IX Muestra de Cine y Trabajo da paso a su segunda jornada. Como es tradición, antes de cada proyección, Bruto Pomeroy, responsable de la selección de la Muestra, presenta la película. Lo hace siempre sin desvelar la trama, hablando de las particularidades del film.

A las 19:00 se proyecta, «Louise-Michel» de los cineastas Gustave de Kervern y Benôit Delépine, una película que bien podría describirse como una comedia negra tan absurda como disparatada. El largometraje arranca con la cremación de un cadáver. La mesa-ascensor sobre la que se sitúa el ataúd no sube, el horno no se enciende... Nada funciona, pero mientras lo intentan suena «La Internacional». Sin duda se trata de una película con su propia seña de identidad, que le viene por su guión, en parte por las interpretaciones y en otra por lo que no se llega a decir. Louise antes se llamaba Jean Pierre, pero para conseguir un trabajo se transformó en mujer. Michel nació siendo Cathy, pero lleva una vida como hombre porque le acomplejaba su aspecto físico enorme para una niña. Sus cambios de identidad sexual nada influyen en la película, salvo en aumentar el disparate. ¡Vaya sociedad la nuestra!, ¿no? Pero el trabajo de Louise se acabó, tanta deslocalización hace que cierre la fábrica y las empleadas quieren sacarse de encima la explotación de todos estos años, así que deciden usar el dinero de la indemnización en contratar a una persona que asesine al patrón. En ese punto entra Michel, un tanto fanfarrón, pero que a la larga es incapaz de terminar el «trabajito» para el que tiene que subcontratar -malos tiempos- a moribundos para llevarlo a cabo.

¿Quién es el culpable?, ¿el jefe de aquí, su jefe en la pirámide de multinacionales que esconden el entramado...? Clara crítica a este sistema capitalista despiadado que juega con el trabajo. No es una gran película, pero tiene inteligencia y consigue los objetivos que se propone con su reflexión sobre la explotación de los obreros por parte de las multinacionales. Y además, alguna risa se escapa en quien la ve.

Cartel de la película Dios bendiga Islandia
Cartel de la película Dios bendiga Islandia
Para la segunda sesión, la de las 21 horas se ha seleccionado la película documental Dios bendiga a Islandia del director Helgi Felixson. No hay muchas oportunidades de ver cine islandés en nuestro país, tampoco de hablar abiertamente sobre la crisis financiera que allí se vivió, ni de la forma en la que el descontento social llevó a los ciudadanos a tomar primero las calles y después las decisiones políticas. Con sus protestas tumbaron el gobierno de Geir Haarde, líder de un partido que llevaba dieciocho años consecutivos asentado en el poder.

Es un documental curioso, con un ritmo dispar, que muestra las manifestaciones de Reykjavik desde el estallido del 2008 hasta las elecciones del 2009. En ellas se va deteniendo en diversas personas y su comportamiento. Tenemos al policía que sabe que su cabeza está con los que se manifiestan, pero que el cuerpo se rinde a sus obligaciones de funcionario para hacer cumplir la ley de una forma dialogante y tranquila. Un personaje curioso éste, digno de un Vidas anónimas, pues no se conforma con su trabajo, sino que además es submarinista, empleado de el único investigador privado de la isla, rockero duro y devoto fiel religioso. Vemos también a varios activistas, entre los que destacan un camionero que termina pasando de manifestante a candidato a las elecciones del 2009 y una mujer espiritual de buen discurso, gran capacidad narradora y un manejo extraordinario de lo simbólico. Pero Dios bendiga a Islandia va más allá, al unir a estas imágenes diversas entrevistas, como la del propio Geir Haarde a quién pide que explique lo que pasó entonces, o a diversos banqueros implicados en todo aquel mercadeo financiero, crediticio y bancario que mandó a Islandia a la bancarrota y provocó el colapso de su economía. Curioso es escucharles defender lo indefendible o cambiar el tono cuando piensan que no se les está grabando, acostumbrados a mandar tanto como a mentir.

Sin duda Helgi Felixson toma partido por la gente de la calle, por sus gritos, por el camino emprendido para solucionar ellos mismos sus problemas, pero no se deja llevar, sabe que los cambios siempre son lentos, que la situación fue dura, dramática, tanto que poco a poco vamos viendo el precio de aquello: un éxodo de los islandeses tras la crisis que se van yendo para empezar de cero buscando su futuro lejos del hogar.

En ambas sesiones se proyectaron primero los tres cortometrajes seleccionados a concurso del día. 215 pajaritas es un cuento muy breve para retratar con sutileza de qué forma y con qué actividad mata el tiempo alguien que lleva cierto tiempo en paro. Por su parte Juventud sin futuro supone un duro discurso sobre una juventud preparada pero que a la vez se siente relegada porque le han robado su futuro. Una oferta irrenunciable resulta un cortometraje más elaborado, que se asienta sobre un buen guión que sabe tramar una perfecta metáfora del mundo laboral y una excelente interpretación de sus tres actores. Sin duda un corto de mucha calidad, entretenido y muy bien acabado.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Una oportunidad de ver cine social y comprometido con el mundo del trabajo

Se abre la IX Muestra de Cine y Trabajo y el IV Certamen de Cortometrajes Express! de la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo de CC.OO.

Cartel de la IX Muestra de Cine y Trabajo y el IV Certamen de Cortometrajes Express! de la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo de CC.OO.
Cartel de la IX Muestra de Cine y Trabajo y el IV Certamen de Cortometrajes Express! de la Fundación Ateneo Cultural 1º de Mayo de CC.OO.
La IX Muestra de Cine y Trabajo comenzó con unas palabras de presentación por parte los organizadores, Blanca Casado, Presidenta del Ateneo Cultural 1 de Mayo, y Paco Naranjo, Secretario de Comunicación de CCOO Madrid.

Al hacer balance del último año, nos recuerda Blanca Casado que resulta que no hay nada de que alegrarse, vivimos inmersos en una crisis de deuda pública y el concepto de democracia ha evolucionado en los últimos tiempos hasta convertirse en un sinónimo de desmantelamiento del sector público y privatización. Cada vez está más clara la veracidad de lo que decía hace meses el Nobel de economía Joseph Stiglitz sobre que mientras los banqueros no se vean en la cárcel la economía no se recuperará, ya que su voracidad no tiene límite. El sistema capitalista nos ahoga y solo si hay un giro estratégico del propio sistema podremos recuperar derechos. Es necesaria una democracia participativa, en la que se recupere la militancia. En muy poco tiempo esta crisis está consiguiendo que perdamos derechos conseguidos a lo largo de más de 100 años de lucha obrera.

Lo que pretende esta Muestra es enseñar realidades incómodas a través del cine, realizar una movilización intelectual. Se trata de cinco días de proyecciones «obscenas» que no permiten a quien las ve quedarse indiferente, pero que, por desgracia, casi seguro que no se podrán ver en otras salas de nuestro país, algo que suele ocurrir con la selección que se hace cada año, ya que este tipo de cine parece no interesar a las distribuidoras españolas.

Películas como las seleccionadas para esta IX Muestra de Cine y Trabajo, como El caso Coca-Cola, son necesarias para cambiar el mundo porque enseñan a vivir con dignidad, y por eso es necesario acercarlas a la mayor cantidad de público posible. Sería bueno que se proyectasen en los institutos. La gente debe salir de casa, alejarse de la comodidad del sofá y ver estas cosas, contarlas y hacer que otra gente las vea. Así describe Paco Naranjo el objetivo de la Muestra, que sin el público no tendría sentido.

Paco Naranjo, Secretario de Comunicación de CCOO Madrid, presentando la IX Muestra de Cine y Trabajo
Paco Naranjo, Secretario de Comunicación de CCOO Madrid, presentando la IX Muestra de Cine y Trabajo (Foto: Toni Gutiérrez)
Tras estas presentaciones se proyectó un vídeo que anunciaba las películas seleccionadas en la Muestra de Cine y Trabajo de este año.

En cuanto al IV Certamen de Cortometrajes Express, este año se presentaron 29 cortos, de los que se han seleccionado 9 para concurso. Cada día, antes de cada película, se proyectarán tres de los cortometrajes seleccionados y el domingo se hará público el fallo del jurado. Después proyectarán los ganadores y además otros cuatro cortos seleccionados por su temática laboral.

Una vez concluidas las presentaciones el numeroso público asistente a la inauguración tuvo la oportunidad de ver un interesante documental canadiense, El caso Coca-Cola, un trabajo de los directores Germán Gutiérrez y Carmen García sobre un caso judicial abierto en Estados Unidos contra el gigante multinacional para intentar que asumiese su responsabilidad en los crímenes perpetrados en Colombia contra sindicalistas por parte de paramilitares contratados por una de las filiales locales de Coca-Cola. Una acusación que incluye secuestros, torturas y asesinatos de aquellos que luchan por mejorar las condiciones laborales de sus compañeros. Para narrar la historia se siguen los pasos de dos abogados defensores de los derechos sindicales, Daniel Kovalik y Ferry Collingsworth, y de Ray Rogers, un activista de la campaña Stop Killer Coke!.

Aún con el documental en la retina, y para ahondar en la crisis humanitaria que sufre Colombia, César Carrillo, ex presidente del sindicato USO de Colombia, tomó la palabra. César Carrillo es colombiano y sindicalista, y vive refugiado en nuestro país después de haber sufrido cárcel en Colombia por su condición de activista sindical, así que sabe muy bien de lo que habla El caso Coca-Cola, en el que incluso aparecen algunos de sus compañeros allá en Colombia. Actualmente coordina la Red Derechos Humanos-Colombia de la Fundación Paz y Solidaridad de Madrid, desde la que se divulga la grave situación de los Derechos Humanos en Colombia.

En El caso Coca-Cola se muestra sólo uno de los aspectos de la crisis humanitaria que sufre Colombia, pero la situación global es aún más grave, y no sólo por el número de sindicalistas asesinados (más de 2.000 en los últimos 25 años) sino también por la impunidad casi absoluta con la que se comenten estos crímenes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la ONU tienen denuncias, incluso la OIT mantiene una oficina permanente en el país, pero los paramilitares que secuestran, amenazan y asesinan a los sindicalistas están organizados y dirigidos desde el Estado. La raíz del problema no está en un presidente o en el siguiente, se trata de una política de estado, por eso la situación sigue igual con el actual gobierno. Que nadie piense que la entrada del nuevo gobierno hizo retroceder las políticas de exterminio de sindicalistas. En 2010 fueron asesinados 52, en lo que va de 2011 ya han muerto a manos de paramilitares 7, desde que José Manuel Santos preside el país han sido asesinados 22 sindicalistas. A pesar de que la versión oficial dada desde el gobierno es que ya concluyó el problema o que se trata de «balas cruzadas» por el conflicto armado existente en el país, las cifras no dejan lugar al optimismo. Incluso mienten descaradamente al decir que ha disminuido la impunidad. Esta es la situación en Colombia, y por eso no son suficientes las medidas policiales y judiciales, es necesario aplicar medidas políticas que permitan ejercer el trabajo sindical.

lunes, 18 de abril de 2011

Nacho Vegas ofrece un gran concierto en el Jovellanos

La magia de quien apuesta por la calidad del sonido y las buenas letras.


Sábado 16 de abril de 2011. Teatro Jovellanos. Gijón


Una instantánea de archivo de Nacho Vegas
Una instantánea de archivo de Nacho Vegas
Abrieron la noche los Wellcome Culebras, un grupo con un buen sonido, entidad propia y canciones muy elaboradas, que ofrecieron un pequeño concierto de cuarenta y cinco minutos.

Pero era la noche de Nacho Vegas. Al fondo del escenario se ve como única decoración el cuadro completo de Adolfo P. Suárez que le ha servido para elaborar la portada de su disco La zona sucia, un paisaje inspirado en edificios de Madrid y Gijón y donde a las farolas del cuadro se le han añadidos unos focos para darle vida y evocar un aire bohemio, local y universal. La tarima del escenario parece una tienda de instrumentos musicales; además de la batería, un cajón, los teclados, un acordeón y el bajo se observan seis guitarras eléctricas, dos acústicas, un banjo y un pequeño guitarrín. No es tan grande la banda para tanto instrumento, a Nacho Vegas le acompañan sus cuatro músicos, pero sin duda se cuida cada sonido que se exprimirá siempre con el instrumento adecuado.

Suenan los primeros acordes de Cuando te canses de mí y aparece un instrumento más, una de esas guitarras que se tocan sentado, sobre las rodillas, para darnos matices legendarios del Misisipi. Es un buen arranque y el público, entregado desde el principio aplaude encantado. Le siguen Cosas que no hay que contar y Reloj sin manecillas. Con Dri Martini S.A. se produce el primer momento mágico, la banda está engrasada y al ritmo de la música, que va subiendo, vemos botar a la vez a teclista y bajista. No pueden evitar estar contagiados, el público tampoco.

Dos pequeñas mesitas recogen diversos vasos de los que van bebiendo los músicos, son como dos minibares. Después de algunas canciones, se acercan y beben un sorbo. Se miran, intercambian complicidades y siguen. Nacho Vegas no se quita la chaqueta, impasible al calor de los focos, concentrado en todos los detalles del concierto. Todo es intencionado, cada nota que suena, cada palabra que dice.

Portada del disco La Zona Sucia que presenta en el concierto
Portada del disco La Zona Sucia que Nacho Vegas presenta en el concierto
Tocan Hablemos de Marlén, me quedo observado al público porque me sorprende el silencio sepulcral que se respira. Les miro y me sorprendo, todo son rostros concentrados, atendiendo, sin perderse el menor detalle de lo que va pasando en el escenario, absorbiendo la esencia de un concierto esencial, de un artista completo. Me da lo mismo en el rostro en el que me detenga, todos presentan la misma ilusión, el mismo deseo.

Le sigue Maldición, otra canción muy triste, trágica como la anterior. Es el acordeón quien nos da las pistas del lugar, el instrumento que nos hace evocar en nuestros recuerdos la historia que nos narra Nacho Vegas. Sus canciones parece que se pegan a la piel de quien las escucha, no sé si es por la extrema sensibilidad, por su poética o por qué otro secreto; pero cuando uno las oye por primera vez piensa que ya las conocía, que esas palabras forman parte también de quien las escucha, que llevan desde siempre dentro de uno mismo, como si fueran parte de su esencia. No son canciones fáciles, no hay estribillos pegadizos. Lo que hay es mucha verdad, la historia de un hombre tímido que hace buena música con lo que le pasa. Las letras de Nacho Vegas están cargadas de sus intimidades, tamizadas levemente a lo sumo. El público las recibe con cariño, agradecido y entregado.

Es el turno de Incendios. Después suben las hermanas Mar y Alicia Álvarez que forman Pauline en la playa, le acompañan para poner los coros a Perplejidad. Nacho Vegas no suele decir nada entre canción y canción, acaba una y empieza la siguiente. Sin embargo en este punto recuerda que «hoy se cumplen 80 años y dos días de la proclamación de la II República Española», para conmemorarlo toca Canción de palacio #7, un tema emblemático que hoy adquiere una nueva connotación para mí y en el que además se escucha el pequeño guitarrín y una excelente segunda voz que va siguiendo partes del texto como un eco, o mejor como una memoria que recuerda la palabra dicha.

Nacho Vegas aprovecha para presentar a la banda. Lo hace de una forma desenfrenada, divertida. Dice que son la trama asturiana y comienza presentado a Abraham Boba, de Vigo, aunque con la misma mala leche cómo si hubiera nacido en Campo de Caso, añade después. Boba acaba de sacar disco propio que Vegas recomienda: Los días desierto. Al bajo Luis Rodríguez que recientemente ha tenido que emigrar a Madrid, una leyenda urbana de esas que Tinín Areces dice que no existen. La batería es cosa de Manu Molina, cordobés con gran melena, toda ella le ha crecido en Asturias. Las guitarras son cosa de Xel Pereda, tan buen músico que no necesitaría ni siquiera afinar.

Es el turno de Me he perdido y Xel se luce con el banjo que también utiliza con la siguiente canción Va a empezar a llover. El concierto está llegando a lo más alto. Muchos aplausos con las primeras notas de La gran broma final que suponen una explosión en el público. Los seguidores de Nacho Vegas son variopintos, no hay un estereotipo común, ni domina una estética determinada. Es gente calmada que escucha atenta, que comparte, que se emociona.

Regresan las chicas de Pauline en la playa para hacer los coros. Nacho Vegas afina su guitarra, surgen bromas «no afino ni con afinador». Mar se mete con él y Nacho le devuelve la broma: «mientras yo afino, Mar os va a contar una cosa muy graciosa que le ocurrió». Son momentos simpáticos que terminan con una nueva guitarra en el escenario. Vuelve el acordeón, suenan las palmas en el público para llevar el compás de Lo que comen las brujas y una especie de nube encantada se intuye flotando por el Jovellanos. Las chicas se quedan y suena Taberneros, es el final del concierto.

Con los bises, Nacho Vegas vuelve solo al escenario. Con su acústica hace la Canción del extranjero. No necesita más, llena todo el Jovellanos rítmicamente. La banda sube a arroparle para hacer El hombre que casi conoció a Michi Panero y el público rompe en aplausos con los primeros acordes. El final es apoteósico. Tocan El mercado de Sonora como la banda potente de rock que son y Xel Pereda termina por los suelos, jugando con sus pedales. Todos juntos han conseguido hacer un concierto inolvidable, de los que se quedan marcados a fuego.

A modo de pequeño anecdotario: Para la portada de La zona sucia, Nacho Vegas ha utilizado una enorme z que rasga un telón negro y deja ver parte del cuadro de Adolfo P. Suárez. El mismo cuadro aparece completo y solo en el interior, pues no quería mancharlo con el título del disco ni con su nombre.

sábado, 16 de abril de 2011

La omisión de la familia Coleman. Un teatro nuevo

Claudio Tolcachir nos trae el aire fresco del teatro alternativo argentino


Martes 12 de abril de 2011. Matadero - Naves del Español. Madrid


Cartel de la obra de teatro La omisión de la familia Coleman
Cartel de la obra de teatro La omisión de la familia Coleman
Claudio Tolcachir armó La omisión de la familia Coleman en 2005. Desde entonces la ha paseado por muchos lugares y siempre ha resultado novedosa, algo que hace que vuelva a escena una y otra vez, que le pidan que se represente de nuevo porque hay siempre público expectante. Son seis años de éxito continuo. A mí, me ocurría que cuando la obra venía a Madrid yo estaba en otro sitio. La omisión de la familia Coleman se me había convertido en una asignatura pendiente. Así que, lo reconozco, tenía mucha curiosidad; quería saber dónde estaba escondido su secreto. Esta vez no se escapó.

Desde el primer minuto observo que es un teatro diferente, cargado de inteligencia. El escenario representa la casa de una familia. Está lleno de objetos, de detalles que nos hablan de cómo son los Coleman: una máquina de coser, una bicicleta, una cama que sirve para dejar la ropa que alguien confecciona con la máquina, un sofá envejecido donde gastar las horas, una mesa vacía, unos zapatos sobre una silla... Se acumulan los objetos con un cierto desorden. Cuando los actores salen a escena, no lo hacen desde atrás, sino que utilizan los mismos pasillos por los que entró el público unos minutos antes, como si cualquier espacio del teatro formase parte de la propia casa. Se ha roto la famosa cuarta pared para poder introducir al espectador en el interior de la obra.

Un hombre y una mujer hablan. ¿Quiénes son?, ¿qué relación tienen?, son las preguntas que surgen. Y antes de responderlas ya se oyen las primeras risas. Es teatro de personajes, de gentes que tienen una historia que contar, de secretos a rascar, de incertidumbres. Es la vida en directo, con el ritmo propio de la misma vida.

Tamara Kiper y Lautaro Perotti en una escena de la obra La omisión de la familia Coleman
Tamara Kiper y Lautaro Perotti en una escena de la obra La omisión de la familia Coleman
Vemos lo cotidiano de la familia, lo que viene ocurriendo cada día desde hace seguramente mucho tiempo, sin poder remediarse. Una convivencia difícil cargada de conflictos y un difícil equilibrio que parece a punto de quebrarse, con relaciones construidas a lo largo de muchos años soportándose. Violencia para solucionar el caos unas veces, otras un humor ácido y corrosivo -casi negro-, y las más de las veces pura indiferencia. Conviven los Coleman cansados de una rutina que marca las relaciones y les conduce camino de lo absurdo como escape, sabiendo que otro día igual es imposible, que no podrán aguantarlo, aunque al final lo sigan haciendo, sobrevivan. Enfilan lo absurdo sin perder un ápice del interés, sin desviarse de un realismo misterioso que hace cada escena tan creíble como posible. El texto se asienta en lo verosímil con maestría.

El factor de lo patético y su uso en la obra hacia lo cómico resulta natural, tanto que el público termina asumiéndolo de tanto que lo ignoran los personajes agotados de vivir con ello. Algo que sin duda enriquece la dialéctica de la obra que crece y se hace más interesante a cada momento. La atención está fija en lo que ocurre, en cómo ocurre. Hacemos un viaje guiado al interior de los Coleman, a cada una de sus intimidades y sin querer nos sentimos uno más en su espacio.

Se intuyen secretos, historias que harían encajar el puzzle que desperdigado se muestra sobre el escenario, ausencias nombradas que cerrarían el círculo. Y éstas se desvelan, o no, pues lo que no sale a la luz también forma parte de la historia. Siempre hay apuestas de quién será el que termine yéndose de la casa, cada uno va buscando sus salidas, como si vivir en otro sitio hiciera que la vida fuese mejor. Sin embargo la costumbre les ancla.

Lautaro Perotti, Araceli Dvoskin, Miriam Odorico, Inda Lavalle y Jorge Castaño en una escena de la obra de teatro La omisión de la familia Coleman
Lautaro Perotti, Araceli Dvoskin, Miriam Odorico, Inda Lavalle y Jorge Castaño en una escena de la obra de teatro La omisión de la familia Coleman
El pasado se revuelve, se intuye y se enfrenta o se esconde o se deja estar como un mueble más sobre el escenario, que cumple una finalidad. Todo vale en la realidad que tiene ejemplos para todo. Parece ser el azar quien rija el tiempo y el destino, pero en el fondo cada personaje se labra su futuro mientras lo espera. El tiempo gastado esperando se hace convincente y necesario; cómo se trastea con él y se pierde, va ganando en fuerza e intensidad. La omisión de la familia Coleman es una obra tan rica en matices que uno no pierde ni un instante la atención, interesado en una vida familiar tan sorprendente como cargada de cotidianidad.

El texto es extraordinario y las interpretaciones soberbias. Lautaro Perotti sostiene un personaje histriónico con una naturalidad rotunda, en una de las mejores actuaciones que he visto sobre un escenario. Miriam Odorico también está maravillosa, moviendo un personaje desequilibrado que siempre se encuentra arriba pero que los demás ven abajo. Araceli Dvoskin, la abuela aglutinadora, es el contrapunto, la sensatez que sostiene con su dureza a la familia y sus vínculos, no dejando que se rompan. Tamara Kiper hace el papel de hormiga que veladamente va asumiendo las tareas necesarias de las que el resto huye, su interpretación supone una solvencia que la obra necesita.

¿Cuál es la omisión? Hay muchas, tal vez tantas como espectadores. Supongo que cada cual encontrará la suya, pues la que cierra la obra, la soledad encontrada al final perturba. Lo cierto es que después surge una fuerte y larga ovación de reconocimiento por parte de un público encantado. Se ve en las caras de los actores y actrices que acogen con satisfacción los aplausos. Al irme siento algo que debe ser felicidad subiéndome desde el estómago. No es extraño, me siento agradecido por haber visto una obra sobresaliente.

A modo de pequeño anecdotario: Claudio Tolcachir es uno de los fundadores de la compañía Timbre 4. En 1999, un grupo de profesionales del teatro con orígenes y formaciones diversas, se juntan. En 2001 tuvieron la necesidad de generar un espacio propio donde poder llevar a cabo investigaciones, entrenamientos y exposiciones, para lo cual se construyó según sus necesidades ese lugar.

El nombre de la compañía hace referencia al espacio físico teatral, Timbre 4, que construyeron y que dirige Claudio Tolcachir. Fue desde el principio un lugar de trabajo. Hoy, no sólo funciona como sala teatral, sino que durante toda la semana recibe alumnos de teatro que entrenan y se forman como actores. El compromiso de la escuela apuesta por una formación personalizada y específica, que, al mismo tiempo, incentiva a los alumnos a ser multidisciplinares. Dicen sus fundadores: «Es una casa. Y la casa es una escuela. Y la escuela es un teatro...»

jueves, 14 de abril de 2011

Hace 80 años tuvimos la II República. Hoy trabajamos porque venga la III

Un jueves de espíritu festivo


Jueves 14 de abril de 2011. Madrid


Escarapela republicana bien lucida en una solapa (Foto: Toni Gutiérrez)
Escarapela republicana bien lucida en una solapa (Foto: Toni Gutiérrez)

8:00. Me levanto de buen humor, con una sonrisa lo más republicana posible que espero no perder en todo el día.

8:15. Facebook se ha vuelto tricolor. Muchos amigos se han cambiado la foto por banderas, chapas, 14 de abriles... Casi todos han puesto algún texto en su estado para recordar la fecha. Sorprende encontrar otros amigos con los que nunca hablo de política que también han participado hoy, que han mostrado que son y se sienten republicanos. Pienso en eso que se dice, eso de que si hubiera un referéndum lo perderíamos; otro día vale, pero hoy no.

10:30. Ateneo de Madrid. José Luis Centella presenta la II lectura continuada de la Constitución de la II República Española. Veo amigos de carne y hueso y gente de la que soy fan sin tener que pulsar un me gusta. Echo en falta algunas caras, pero sé que se irán «conectando» a lo largo del día.

10:36. Ateneo de Madrid. Julio Anguita con voz firme lee el Articulo 1º que dice así «España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones. La bandera de la República española es roja, amarilla y morada». No añade nada más. Le sigue un chico joven, de color, que habla el castellano con el acento de su país. Lee el Artículo 2º: «Todos los españoles son iguales ante la ley». Lee después un hombre mayor, que en sus espaldas carga mil historias: «Artículo 3. El Estado español no tiene religión oficial». Y así van pasando personajes conocidos y desconocidos que nos hacen reflexionar a todos con un texto sencillo, humano y más progresista que el de ahora. Uno siente que el paso que dimos hacia atrás no lo hemos recuperado aún.

II lectura continuada de la Constitución de la II República Española
II lectura continuada de la Constitución de la II República Española

10:55. Ateneo de Madrid. Ahora leo yo, es el Artículo 29, el que dice «Nadie podrá ser detenido ni preso sino por causa de delito. Todo detenido será puesto en libertad o entregado a la autoridad judicial, dentro de las veinticuatro horas siguientes al acto de la detención. Toda detención se dejará sin efecto o se elevará a prisión, dentro de las setenta y dos horas de haber sido entregado el detenido al juez competente. La resolución que se dictare será por auto judicial y se notificará al interesado dentro del mismo plazo. Incurrirán en responsabilidad las autoridades cuyas ordenes motiven infracción de este Artículo, y los agentes y funcionarios que las ejecuten, con evidencia de su ilegalidad. La acción para perseguir estas infracciones será pública, sin necesidad de prestar fianza ni caución de ningún género».

18:55. Plaza de Cibeles. Aún no han cortado el tráfico y la gente se agolpa en las aceras. Unos buscan la sombra, otros quieren sol. Las banderas se van desplegando. La gente sigue llegando, vamos a ser una multitud.

19:00. Plaza de Cibeles. Oigo a lo lejos unas campanadas. El último autobús desciende por Alcalá y tras él se cortan los carriles de bajada a la plaza. Saltamos a la calle. Se despliegan las pancartas. Llegan los Nacionales (los policías, se entiende) y se colocan al final, para que los coches sigan pasando por la plaza. Sigue llegando más gente. Viandantes despistados me preguntan qué pedimos. La respuesta es sencilla una sociedad mejor, donde todos seamos iguales y con los mismos derechos, sin admitir excepciones «reales». Una democracia verdadera en la que el pueblo elija a todos y cada uno de sus representantes. Una sociedad laica que progrese en valores de fraternidad, libertad, justicia y ciudadanía, donde la participación nos permita asumir todas las responsabilidades. Retomar las utopías porque deben convertirse en realidad.

19:30. Plaza de Cibeles. Parece que nos movemos. El camión de la UJCE ha adelantado unos metros para unir su pancarta a la del PCE. Los megáfonos rugen, aunque tras alguno empieza a escucharse una voz que ya se ha quedado afónica.

Banderas republicanas al inicio de la manifestación conmemorando el 80 aniversario de la II República (Foto: Toni Guitiérrez)
Banderas republicanas en la Manifestación conmemorativa del 80 aniversario de la II República (Foto: Toni Guitiérrez)

20:15. Alcalá. Somos muchos los que vamos Alcalá arriba. Somos republicanos. Lo gritamos bien alto. Si echo la mirada veo tres cosas. La primera, mucha juventud, más que otras veces. La segunda, originalidad: la bandera tricolor aparece en miles de sitios, la encuentro en escarapelas, tirantes, pulseras, bufandas, gorros de lana, pañuelos doblados en el bolsillo de la solapa, flores... La tercera, buen rollo. En el fondo toda manifestación ciudadana es una fiesta.

20.35. Puerta del Sol. Ya casi hemos llegado todos. El oso se viste de republicano para zarandear goloso el madroño. Al fondo veo el pequeño escenario. Según voy llegando escucho que sobre él hay quien toca y canta y quien recita poemas. Carlos Tena se arranca con una décima republicana y después lee el manifiesto que las organizaciones convocantes han preparado. Aplaudimos, regresa la música. Y al final, cuando ya me voy yendo, escucho el himno de Riego sonando en la Puerta del Sol.

21:30. Pongo la televisión, había llegado tarde para el telediario de la Uno, así que aprovecho la redifusión en el Canal 24 horas. Estoy por rendirme pensando que nada van a poner, tentado de hacer zapping, cuando al final, ya casi como preámbulo de los deportes, se les escapan unos minutos para recordar el aniversario de la República y sacar unos pocos instantes las manis de Madrid, Barcelona y Sevilla. No se han lucido mucho, pero nadie va a pedirle peras a un olmo.

23:10. Apago la tele y termino de escribir éste día como si lo hiciera en un diario, para recordarlo, para que no se me olvide. Me doy cuenta que no se me ha borrado la sonrisa con la que amanecí. Estoy seguro, más que nunca, que veré la Puerta del Sol festejando la llegada de la III República.

Una de las pancartas de la Manifestación pidiendo la III República (Foto: Toni Guitiérrez)
Una de las pancartas de la Manifestación pidiendo la III República (Foto: Toni Guitiérrez)