viernes, 29 de agosto de 2014

El más bondadoso, el mejor


Ilustración: Jorge Alaminos
Ilustración: Jorge Alaminos
No hay nada que eche más de menos que el mar enfurecido visto desde una barandilla del paseo, su golpear inquieto sin pautas establecidas, rompiendo contra un acantilado, usando toda su fuerza. Del mar me gusta su sonido, sobre todo en esos días en los que más ruge. Ahora que el que miro es un mar calmado, sin ninguna bravura, me da tiempo a releer la prensa y a ver una foto del Papa Francisco acompañando un titular de los suyos, de los que acostumbra a construir con un mensaje transformador que contagia esperanza. Lo leo y me alegro, como si no fuera solo una intención y ya estuviera todo hecho.

Pero lo pienso un poco más, recuerdo también el titular de la semana pasada, y el de la anterior y otro más… Me doy cuenta de que el tiempo pasa y la Iglesia no termina de decidirse a comenzar a aplicar esos cambios prometidos, que todo se queda en un enunciado voluntarioso y que nada se ha movido. Me molesta ese «marketing» que llamo de «decir sin hacer» que se gasta el papa Francisco porque es como el de un mar manso, encerrado en una botella.

De mis amistades aprecio las conversaciones que mantenemos, ese buscar un punto impreciso donde no cabe el equilibrio de las medias tintas. Reconozco que jugamos con la misma violencia del mar, a arriesgar el tipo y a llevarnos por delante a los demás con nuestras historias. Mirando a los ojos al retrato del Papa no pude evitar recordar una de esas conversaciones. Me confesó una de mis amigas que cuando era una niña, en su pueblo, había un cura muy bueno, tanto que pensaba que quizá era el mejor del mundo. Contaba que se preocupaba por los demás, que lo que ahorraba en calefacción, pasando frío por su cuenta, lo usaba para ayudar a las familias que lo necesitaban. Me explicaba que se preocupó de los jóvenes para que se educaran y fueran inquietos, que no dieran nada por sentado y metieran siempre los dedos dentro de las llagas.

Me decía que aquel fue un cura que practicó con el ejemplo. Mi amiga se alegraba por su suerte, pero en el fondo sentía una cierta tristeza. Contaba ella que de niña pensaba que la bondad era el mayor mérito de una persona y suponía que la Iglesia se regía por los mismos principios que predicaba. Creía entonces que el mundo funcionaba correctamente, que a cada cual se le medía siempre por sus méritos y llegaba tan arriba como sus capacidades le permitían. Así que estaba segura de que cuando creciera no iban a poder contar con el cura, pues en pocos años ya no estaría en la parroquia porque se lo habrían llevado a Roma, a ocupar el lugar que le correspondía, el de Papa.

Lo cierto es que no ocurrió nada de aquello. Aquel hombre se murió diez años después siendo el párroco de la misma iglesia, sin haber subido un solo peldaño más en el escalafón eclesiástico. La niña creció y se topó con la realidad descubriendo que la meritocracia, por mucho sentido común que la sustente, no es algo que se aplique con frecuencia.

El mérito y la bondad no sirven para dirigir la Iglesia. Pero los tiempos están cambiando, ahora que se habla de transparencia, seguro que estarán pensando en un nuevo mecanismo para poner en práctica y acercar la forma de gobernar su institución a la ciudadanía. Será un procedimiento que la ventile y traiga aires de democracia a su seno. No sé, a lo mejor ya están ellos dándole vueltas a unas primarias abiertas.

Revista Gurb

martes, 5 de agosto de 2014

Llega la mitomanía de Cervantes


Ilustración: Artsenal
Ilustración: Artsenal
Ahora que la economía sigue por los suelos y se mantiene nuestro empecinamiento en desarrollar el proceso de transformación que nos llevará a convertirnos exclusivamente en un «país de vacaciones», a una noticia como la de buscar con afán los huesos de Cervantes en un céntrico convento madrileño solo puedo encontrarle una lectura economicista, sobre todo porque en esta aventura ha invertido el dinero de sus ciudadanos el ayuntamiento de Madrid, gobernado por un partido al que todo lo cultural suele darle sarpullido. Pero es que no están los tiempos como para andar comprando nuevas esculturas, ni construyendo edificios simbólicos que alberguen museos. Tampoco llegamos para añadir un nuevo monumento con el que tentar a los visitantes que repiten, esa nueva muesca en un mapa que permita señalar algo que el año anterior no era posible. La realidad se ha hecho ahorrativa, así que toca escudriñar un poquito a ver a qué somos capaces de colgarle un cartel de «visitable» a la vez que situamos una hermosa taquilla delante. Los huesos del autor de El Quijote pueden bien cumplir ese objetivo, ¡quién no ha soñado nunca con mirar la tumba de un escritor universal a ver si por ósmosis le vienen pensamientos profundos o simplemente soltarle un igualitario «no somos nadie, tú aquí muerto y yo en paro»!

Tampoco somos imaginativos en la idea, simplemente copiamos modelos. William Shakespeare está enterrado en la Holy Trinity Church de Stratford-upon-Avon, la misma iglesia en la que fue bautizado. Al menos hace unos años, la entrada era gratuita, pero se aconsejaba una donación de la que se indica expresamente la cantidad en varios avisos. Los números dicen que la villa natal del escritor británico recibe un cuarto de millón de visitantes al año y que su tumba está dentro de los diez mausoleos más visitados del mundo. Shakespeare muerto se ha convertido en un negocio, en eso que ahora se ha dado en nombrar como «marca». Así que no estamos hablando de la historia de la literatura, de nuestro pasado de esplendor, de lo que fuimos y sobre todo de los que construimos con nuestras palabras. Hablamos de pura mitomanía.

Tendremos tazas, camisetas… Nos haremos «selfies» frente a sus restos y sobre todo pasaremos por taquilla. El marketing de la industria literaria también sabrá aprovechar el momento y estará cavilando. No tengo la menor duda de que tendremos nuevas ediciones de sus obras.

Todos ganamos. Pero la fiesta se ha estropeado, la venerable tumba de Cervantes no estará lista para este año porque, cuando se trabaja dentro de un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural, los permisos se alargan y los plazos son siempre inciertos. No es más que un retraso, un poco de tiempo ganado para terminar de dar forma a la idea, cerrar un plan de negocio, mejorar la imagen e ir creando las expectativas necesarias y la parafernalia en la que nuestras administraciones públicas participarán para cubrir el cupo de sus presupuestos en cultura.

Yo, sin embargo, soy más de pedir que el dinero público se invierta en cultura viva, de la que me hace pensar, de la que se construye día a día con nuestra realidad para ser el mejor antídoto contra ese pensamiento único que tratan de imbuirnos desde el poder. Quiero que se dé la oportunidad de elegir nuestro futuro, que tengamos opciones más allá de ser los que ponemos las copas en los chiringuitos a los turistas.

Revista Gurb

lunes, 21 de julio de 2014

Qiu Xiaolong habla de Chen Cao como poeta, miembro del partido y gourmet

Entrevista con Qiu Xiaolong en la Semana Negra de Gijón

Martes 8 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

El escritor chino Qiu Xiaolong
El escritor chino Qiu Xiaolong
La Semana Negra nos trajo este año al escritor chino afincado en San Luis (EE.UU.) Qiu Xiaolong, autor de la saga de novelas del inspector Chen Cao. Tuve la oportunidad de charlar con él para hablar de literatura, filosofía, Oriente, Occidente…

Javi Álvarez: ¿El hecho de que su personaje Chen Cao además de policía sea poeta no es una forma de preservarlo y colocarlo sobre una atalaya para, en cierta forma, poder usarlo como una vara con la que medir la sociedad china?

Qiu Xiaolong: Efectivamente, yo quería, que además del punto de vista de un policía, Chen Cao pudiese analizar las situaciones en las que se ve envuelto desde la perspectiva de un poeta. Son miradas completamente diferentes pero complementarias. Como policía su deber es juzgar los hechos, ver la perspectiva legal de qué está bien, qué está mal e intentar resolver esos misterios; pero como poeta puede juzgarlos a otro nivel, digamos que desde un punto de vista de justicia poética. No se trata solo de condenar a un asesino porque ha matado a alguien, sino de intentar entender las circunstancias sociales y culturales, el cómo y el por qué, averiguar los motivos que le han llevado a cometer el crimen. Son puntos de vista contradictorios que a veces no coinciden bien, pero me gustaba que alternasen y diesen una visión más compleja.

El poeta romántico inglés Percy Shelley dijo una vez en una de sus obras que el poeta debería ser el juez más alto de la realidad. Es un sueño, un ideal romántico, que funciona muy mal en la realidad, pero me gusta la idea de que el poeta debería ser el que trasladase su visión de las cosas.

JA: En sus novelas las mujeres participan pero no están nunca en un primer plano. ¿Sería posible en la China actual que el inspector Chen fuera una mujer?

QX: Es una idea muy interesante. Mi personaje favorito de toda la serie de novelas es Peiquin, la mujer del inspector Yu. Siempre intento que por lo menos uno o dos capítulos de la novela sean contados desde su punto vista. Ella no es policía, pero está muy metida en las investigaciones, ayuda a su marido Yu y también al inspector Chen. Tiene uno de los papeles más importantes de la serie. Quizás podría ser una buena idea que una de las próximas novelas la escribiese enteramente desde su punto de vista, que ella diera su perspectiva, porque realmente me interesa. Lo ideal sería un relato corto contado por completo desde su perspectiva. Hasta ahora es cierto que las mujeres, incluido ella que es la más destacada, han tenido un papel muy secundario. Sería distinta una novela policial contada desde el punto de vista de una mujer china normal, que no esté dentro de las fuerzas del orden, en vez de ser siempre los maridos los que lleven el papel protagonista.

Qiu Xiaolong
Qiu Xiaolong
JA: Hay muchos detectives a los que les gusta la gastronomía. La mayoría, aparte de comer, cocinan. ¿Sería posible en algún momento que Chen cocinase o es algo totalmente imposible?

QX: Yo cocino, además me gusta mucho hacerlo. Es cierto que en algún capítulo el detective Chen cocina un poco, pero no es para nada como Pepe Carvalho, el personaje de Vázquez Montalbán, donde esta característica sí forma parte integral. De momento se le ve sobre todo comiendo en restaurantes tradicionales. Quizá debería hacer que cocinase más. Supongo que esto tiene que ver conmigo mismo. En Estados Unidos suelo cocinar a menudo, pero cuando estoy de visita en Shangái no tengo tiempo para hacerlo, estoy siempre de un lado para otro, así que como fuera. Quizás eso se filtre subconscientemente en el personaje.

JA: Chen se define porque es poeta, miembro del partido y le gusta la gastronomía. ¿De dónde le vienen estas características al personaje?

QX: El hecho de que sea un gourmet está relacionado con un amigo mío, que es también miembro del partido, periodista y escritor, al que le gusta mucho comer. Él intenta compensar lo que no le gusta de su vida y de su trabajo con la gastronomía. No tuvo la posibilidad de elegir, las circunstancias políticas le obligaron a trabajar para el partido y busca el equilibrio personal a través de la comida.

Chen es poeta como yo. Soy poeta, escribo poesía, aparte de la que aparece publicada en las novelas. Además siempre me pareció una buena idea que el inspector dedicase parte de su tiempo a esta ocupación. En las novelas clásicas chinas hay poesía: al principio de cada capítulo e incluso al final hay una cita de un poema clásico, también se incluyen versos para marcar el ritmo. El hecho de ser un escritor chino y tener un personaje chino me permite mezclar esta estructura poética también en mis novelas.

JA: Si usted tuviese un personaje que fuese occidental y sus tramas se desarrollasen en occidente, ¿qué otras características le definirían?

QX: La verdad es que no lo sé. Puede que si el protagonista fuese occidental ni siquiera fuese poeta. Aunque hay personajes occidentales como el detective Dalgliesh escrito por la británica P. D. James que además de detective también es poeta. Se refiere a ello en las novelas pero nunca, a diferencia de las mías, aparece publicado ninguno de sus poemas. Como mucho dice que ha sacado una nueva antología, pero nunca vemos escrito nada de sus poemas.

JA: ¿Entiendo que no se ha planteado una novela en Occidente con un protagonista occidental?

QX: A pesar de que llevo más de veinte años viviendo en los Estados Unidos, no considero que conozca lo suficiente como para escribir un libro ambientado en Occidente y con protagonistas occidentales. Es cierto que en uno de los libros de la serie, el inspector Chen tiene que viajar a Estados Unidos y la mitad del libro está ambientado en Shangái y la otra mitad en Estados Unidos, pero es un protagonista chino el que da su punto de vista sobre lo que ve allí.

Qiu Xiaolong
Qiu Xiaolong
JA: Hablando de la mezcla de culturas y sociedades, ¿qué valor de la cultura asiática se llevaría a Occidente y cuál de Occidente a China?

QX: Es una pregunta complicada, sobre todo porque China está cambiando a tal velocidad que en algunos aspectos es más occidental y más capitalista que muchos otros países occidentales. Por ejemplo, estuve de visita el año pasado en Shangái y observé mayor culto por las marcas comerciales de lujo que en San Luis, donde resido actualmente y apenas hay tiendas de este tipo. Si ahora tuviera que elegir una característica asiática sería alguna de las de mi personaje Chen Cao, como la pasión por la poesía clásica que es algo muy típico de la cultura oriental. O quizás ciertos valores del confucionismo que siguen formando parte de la vida diaria de China, no tanto como filosofía compleja sino como pequeñas enseñanzas útiles para la vida diaria.

En cuanto a la segunda parte de la pregunta, una idea occidental que me interesa es la que desarrolló Goethe en su novela Doctor Fausto: si te esfuerzas, si sufres o lo pasas mal pero le pones dedicación y empeño, puedes conseguir cualquier cosa y el esfuerzo habrá valido la pena. Esto también es la base de la idea del capitalismo que desarrolla Max Weber, que si uno lo pasa mal pero lucha y se esfuerza puede conseguir siempre llegar a sus objetivos. Creo que es una idea típicamente occidental que difiere de la tradición china. La filosofía china tradicional te enseña justo lo contrario, que tienes que contentarte con lo que tienes, que no debes buscar más, sino que dentro de lo que te ha venido dado tienes que buscar la felicidad. Aunque claro estos tiempos son muy distintos. Con la globalización y los cambios que está viviendo China, ya no cabe que sus contemporáneos se contenten fácilmente con lo que tienen, seguramente ahora tengan muchas más aspiraciones que antes. Pero desde un punto de vista filosófico y tradicional, Occidente siempre propuso que si no estás contento busques algo distinto, mientras que la filosofía China siempre busca la felicidad en uno mismo, no en lo que le rodea.

JA: ¿Volverá alguna vez a vivir en China? Y si es así, ¿bajo qué condiciones?

QX: Espero que sea posible y que pronto pueda regresar a China para vivir, pero de momento no, por ahora solo puedo ir de visita. La condición principal sería poder escribir con total libertad, sin tener que preocuparme por la censura, como pasa ahora. Por ejemplo, yo escribo en inglés y en las traducciones al chino han sustituido Shangái por una ciudad imaginaria llamada Ciudad H para que no se reconozca. Si se respetase esta libertad, podría vivir allí y escribir tal como ahora, aunque seguramente sería un cambio y tendría que volver a acostumbrarme. También tendría problemas técnicos porque en Shangái mi idioma diario sería el chino, así que seguramente volvería a escribir en chino y eso sería todo un cambio para mí. Pero sí, sí que me veo volviendo a establecerme en Shangái.

La República Cultural

miércoles, 16 de julio de 2014

Y también pasaron por la Semana Negra…

… Rosa Ribas, Craig Russell, Alexis Ravelo, Javier Pérez de Andújar y Fernando López

Días 9, 10 y 11 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

El trabajo del día a día hizo que muchas otras charlas interesantes de la Semana Negra se quedaran solo en el bloc de notas. Trato hoy de recuperar algunas de ellas de aquella vorágine.

Rosa Ribas: un crimen en un pueblo perdido de los cincuenta

Rosa Ribas presentando su novela en la Semana Negra
Rosa Ribas presentando su novela en la Semana Negra
Ángel de la Calle, para presentar la novela El gran frío de Rosa Ribas y Sabine Hofmann, hace un batiburrillo con todo aquello que le ha impresionado. Habla de la España profunda de los años 50, de Ana, una periodista que hace notas de prensa de sociedad para La Vanguardia, de un crimen en un pueblo de Teruel perdido, pequeño y cerrado, del viaje por caminos tremebundos hacia atrás en el tiempo siguiendo la ruta del autobús, de que Ana debe acompañar a Isidro Castro, de la Brigada de Investigación Criminal, para hacer una crónica al estilo del El Caso en ese pueblo, de la nieve blanca en un lugar negro, de una historia de estigmas, de corrupción, un caso abismal que sigue ahí… Se nota que la novela le ha gustado mucho.

Rosa Ribas explica que la vida rural es muy dura, que la España de los cincuenta también lo era. Que eso forma el entorno que buscaba. En Don de lenguas, la anterior novela que había escrito con Sabine Hofmann, exploraron una gran ciudad, Barcelona, en la misma época. Sobre los estigmas se hizo dos preguntas: ¿a quién le importa y por qué? Dice que Sabine viene de la liturgia protestante y que esto le parecía muy raro, pero que al documentarse vio que en Baviera también existía un culto morboso a la sangre.

De sus personajes se queda con Aurelia, la dueña de la pensión, a la que descubrimos a través de la mirada de Ana. Es cortante, seca, habla con monosílabos, pero la periodista nota que hay algo detrás. Con su instinto va apreciando los pequeños detalles y es capaz de ganársela sacando un café-café de su maleta, algo que en un pueblo perdido de la comarca del Maestrazgo es solo un sueño. Aurelia es el personaje clave, en el que confluyen todos los hilos de la novela y todo el pueblo. Cualquier instantánea del lugar refleja que viven un presente que es una perpetuación de la Edad Media, pero no saben que pueda existir otra cosa. Los poderes son el amo del pueblo que controla a los hombres y la Iglesia que lo hace con las mujeres. El poder central de Madrid está muy lejos.

Sobre el hecho de escribir sus novelas con la alemana Sabine Hofmann dice que procuran que el lector no note la diferencia, como si las hubiera escrito una sola persona. En su anterior novela se reunieron al principio para estructurarla y luego cada una iba escribiendo un capítulo diferente, cada cual en su idioma. Tocaba traducir, corregir... Se hizo largo. Para El gran frío han cambiado de procedimiento. Han planificado la novela juntas, pero esta vez el texto lo ha escrito mayoritariamente Rosa Ribas. Hofmann escribió dos capítulos para meterse más en la historia y luego funcionó con el papel de lector-corrector. Con la siguiente ya verán porque no quieren repetir fórmulas, ni temas, ni formas de trabajo. No tienen prisa, cuando esté estará. En Don de lenguas tenían muchos hilos narrativos, pero para El gran frío han buscado otra forma de narrar que han encontrado en la fuerza que tiene el ambiente, en el aislamiento y en un peligro latente que Ana no sabe dónde está, pero que va a venir.

Craig Russell: la múltiple personalidad

Craig Russell presentando sus novelas
Craig Russell presentando sus novelas
El escocés Craig Russell fue policía y trabajó en el mundo de la publicad. En los noventa decidió dedicarse a escribir. Explica que cada vez conoce más el oficio. Explora la novela negra para discutir cuestiones filosóficas. Añade que como escritor uno intenta explicarse a sí mismo, quién es, dónde vive y cómo es su época. Russell tiene dos sagas. Una de ellas la protagoniza el comisario Jan Fabel en la ciudad de Hamburgo en el tiempo presente. La otra es la del detective Lennox y se desarrolla en los años 50 en Glasgow. Cuenta Russell que en los 50, Glasgow pasó de ser la segunda capital del imperio a una ciudad deprimida postindustrial. Le interesaba conocer su propia identidad, además también es un tema que le gusta. Explica que la cultura escocesa tiene muchos vínculos con la cultura del norte de España y que siente que aquí, al ser la mentalidad parecida, se entiende el sentido de humor de Lennox. Reconoce que en nuestro país siempre le han tratado bien y que es un buen mercado para sus libros, tanto que está aprendiendo español –esto último lo dice en castellano–.

No puede evitar que le pregunten por el proceso Escocés. Responde que es un tema complicado, que él forma parte de una partido federalista europeo muy pequeño. Le gusta el modelo escandinavo. Su opinión va por un futuro dentro de Europa. Así que la propuesta importante para quien gane debe ser seguir en Europa. El Reino Unido es euroescéptico. Ingleses y escoceses tienen distinto punto de vista sobre casi todo. No le gustaría que Escocia se separase de Inglaterra, pero sí quiere que tenga mayor autonomía. Quizá sea la hora del independentismo. Sabe que España no lo apoyaría para que no sea un ejemplo que pueda seguir Cataluña. Reconoce que no sabe lo que va a votar. Es un tema que le pone muy nervioso. Hay que ser muy cuidadoso con los asuntos de independencia, pensarlo todo bien. No se debe reaccionar desde las presiones inmediatas, pone para ello como ejemplo otra vez Cataluña donde opina que los votantes independentistas catalanes han aumentado por consecuencia de la crisis. Quizá este asunto del proceso escocés no tiene relevancia con la serie de Lennox, pero en cierta forma cree que sí. En los cincuenta está el origen. Surge la idea de la britanización al convertirse las ciudades escocesas en sedes manufactureras británicas.

La música tiene una significativa presencia e influencia en sus novelas. Dice que la gente oye la música de su generación y se olvida de las modas anteriores. Mientras escribe escucha música de los 50 para la serie de Lennox y alemana para la de Fabel. Le gusta mucho la cultura alemana, pero reconoce que su música es mala. A sus hijos no le gusta ninguna de las dos, le han regalado unos cascos como indirecta.

La rueda de prensa no acaba aquí, pues hay una revelación. Christopher Galt, el autor de la novela futurista El tercer testamento, es el propio Graig Russell. La novela tiene un elemento de ciencia ficción, pero está ambientada en la realidad de nuestro tiempo. La ha escrito para preguntarse a dónde nos va a llevar la aceleración de la tecnología en un futuro próximo. Aunque ya se lo han preguntado más veces, dice no estar influenciado por Philip K. Dick. Cuando lo escribió era algo muy diferente, un thriller en el que trataba temas distintos a sus novelas habituales y por eso quiso tener otra identidad. Aunque la novela ya ha salido en España, aún no lo ha hecho en el Reino Unido. Tal vez cuando lo haga vaya firmada con su nombre verdadero, en ese sentido está recibiendo muchas presiones por parte de la editorial. El autor explica que tiene una visión clara de quien es Galt y quien Russell y le gustaría seguir con el seudónimo porque así los lectores identifican claramente la diferencia del tipo de obras y también porque Galt le permite escribir con un inglés más norteamericano. Ha recibido apoyo de sus lectores, pero supone que cederá a las presiones de los editores. Lo que sí tiene claro es que a partir de ahora mantendrá dos corrientes de novelas.

Alexis Ravelo: la literatura canaria en auge

Alexis Ravelo presentando su novela
Alexis Ravelo presentando su novela
A Aléxis Ravelo lo presenta Paco Camarasa. Dice de él que no es Ross Macdonald. Lo aclara: de Macdonald decían que escribía siempre la misma novela, pero que cada vez lo hacía mejor. Sin embargo Ravelo no hace nunca la misma novela, nunca es más de lo mismo. Añade que cada libro que escribe es mucho mejor. Dice que La última tumba va de sexo, dinero, poder… y venganza en los bajos fondos de Canarias. Es un escritor que sigue la tradición de las novelas negras americanas de capítulos cortos e historias cortas. No necesita más. El librero destaca también el manejo del lenguaje del escritor.

Ravelo explica que está aquí gracias a Paco, porque él fue el primer librero de la península que confió en sus libros. Afirma lo dicho, sobre todo que es una novela de venganza, la del Conde de Montecristo más tonto de la historia. Dice que se inspiró en un hecho real, pero que todo es ficción. Le llamó la atención cómo en un asesinato se trataba de silenciar y ocultar las tendencias sexuales de la víctima. Pensó que eso le venía bien. Pero los libros no están hechos de buenas ideas, afirma, sino que una novela se va haciendo de malas ideas. Termina contando que quería hablar de la gente del barrio de su generación y de cómo, de pronto, les llegó todo tipo de droga.

Javier Pérez de Andújar: el patriotismo desde el sentido del humor

Javier Pérez de Andújar presentando su libro en la Semana Negra
Javier Pérez de Andújar presentando su libro en la Semana Negra
Javier Pérez de Andújar está en la Semana Negra para presentar su libro Catalanes todos. Lo escribió en 2002; en aquella época hacían un fanzine de cachondeo y como Franco era de hacer reír prepararon un artículo sobre sus visitas a Cataluña. Dice que se informó en el Hola, el diario oficial. En las páginas se veía a los que se pegaban la vida padre mientras teníamos una dictadura. Y con esos pies de foto que encontró buscó la manera de contar cada una de las 15 visitas que Franco realizó a Cataluña. Ahora se acaban los derechos de aquel libro y lo iban a guillotinar. Así que le preguntó a su editor si podía sacarlo en este momento de una forma, más que oportuna, oportunista. Pérez de Andújar es de los que piensa que no hay que vender la misma moto dos veces, así que lo que hizo fue reescribirlo con mayor profundidad en los personajes, metiendo ecología y otras novedades. Lo ha tenido que actualizar para llegar hasta la Vía Catalana y ha incorporado monstruos de hoy como Paco Merienda, un personaje que dirige un periódico que tiene que tener razón. Además le añadió La División, una obra de teatro no publicada sobre el discurso de Suárez que quería dimitir y dimitió.

Reconoce que el libro es una obra de humor, de cómo era la sociedad catalana franquista. Está escrito con afán de provocar la risa. Con el discurso patriótico la gente se pone muy solemne y se envuelve de pureza. El patriotismo es un sustantivo, la nación se puede cambiar y el patriotismo se hace intercambiable, patriotas de otro sitio con las mismas ideas. Con el nacionalismo catalán se dijo mira que bien han quedado recibiendo a Franco. Hubo una casta catalana que se benefició, medró y se hizo rica con el franquismo. Pretende reflejar una categoría que se quiere olvidar. Los protagonistas eran franquistas recalcitrantes y lo fueron hasta que murió Franco. Muchos franquistas abrazaron el discurso de Convergencia solo para frenar a los rojos. Al PSUC y al PSC los desarmaron desde el nacionalismo.

El libro va por la segunda edición, su autor dice que lo leen, les gusta y se lo pasan bien. Señala con pena que Catalanes todos no ha molestado al sector del nacionalismo catalán. Si quieres tocar las pelotas tienes que hablar en serio. Ellos, como el libro va en broma, no se sienten identificados. La dialéctica con el humor no va con ellos, es una vía que no quieren tocar. Ellos siempre van en serio.

Fernando López: saldando cuentas pendientes

Fernando López presentando su novela en la Semana Negra
Fernando López presentando su novela en la Semana Negra
El argentino Fernando López presenta su novela Odisea del cangrejo. Alexis Ravelo nos cuenta como arranca: con un señor en el hospital saliendo del coma. Suponemos que ha pasado por un suceso violento, pero eso irá llegando. Está contada por este hombre, en esa especie de duermevela por el que atraviesa. Todo tiene que ver con una desaparición que parece un crimen y que está relacionada con él. El protagonista es Alejandro, un juez.

Explica Fernando López que la intriga de la novela está sobre todo en saber si su destino final será la muerte o la cárcel. El juez Alejandro está rindiendo cuentas. Empieza a recordar su vida personal, afectiva y su relación con su padre y con sus hijos. La novela trata todos los temas y recorre los últimos 30 años de Argentina. En ese sentido también salda cuentas con el pasado, con ese grupo de personas que luchó contra la dictadura y que ahora viven cómodamente como burgueses. El momento más importantes para Alejandro es cuando recuerda su vida de revolucionario. Siente que desde entonces ha vivido un retroceso, como un cangrejo, que ha abandonado todas sus convicciones. Le pesa ser un burgués. La novela está contada como una memoria, en un clima de somnolencia y total irrealidad, con todos los recuerdos juntos, de la misma forma que hace la memoria.

Cartel de la Semana Negra (ilustración de José Muñoz)
Cartel de la Semana Negra (ilustración de José Muñoz)
Odisea del cangrejo transcurre en 2001, en la época de crisis más grande de la democracia argentina que vino tras la dictadura. Hay una hecatombe total, donde se derrumban los valores morales. Le suelen preguntar por qué eligió que Alejandro fuese juez y siempre responde que porque también son seres humanos, con sus aciertos y errores, tienen la misma condición. Añade que no tiene que ver con el hecho de que él mismo haya sido juez. En su país es habitual que los jueces lleven una vida disoluta con la sensación de total impunidad. Ellos viven así, se dan los gustos que quieren. Hay una verticalidad que tiene que ver con el cargo y que se traduce en poder. Tienen patentes especiales y muchas ventajas sobre el ciudadano común.

La novela transcurre en Saltito, en realidad es San Francisco de Córdoba, el lugar donde nació el autor. Cuenta que algunos se han escandalizado allí. Dice que la novela negra se distingue por crear un malestar específico en los lectores. Eso es lo que ha utilizado, seres normales que viven en una pequeña ciudad, con sus oficios, y a los que sin embargo les ocurren cosas que no están en esa normalidad.

Con la novela le ha pasado una cosa muy curiosa en Argentina. Fue finalista del premio Planeta con ella y la editorial decidió publicarla, pero la cuestión se fue retrasando de tal forma que Fernando López escribió la segunda parte Áspero cielo. El embrollo es que al final se ha publicado antes la segunda parte que la primera.

La República Cultural

domingo, 13 de julio de 2014

Un objetivo político y cultural

Se da por clausurada esta edición de la Semana Negra

Domingo 13 de julio de 2014. Semana Negra. Gijón

Ángel de la Calle, José Luis Paraja y Ana Gonzáles clausurando la Semana Negra
Ángel de la Calle, José Luis Paraja y Ana Gonzáles clausurando la Semana Negra
Tocaba despedida. A las puertas del Don Manuel había abrazos, besos y adioses, pues estos días se viven con mucha intensidad. Cierto que había habido cierta desbandada, la mayoría de los argentinos optaron por regresar a Madrid en tren por la mañana muy temprano, querían estar seguros de poder encontrarse frente a la televisión a las nueve de la noche para ver si a Argentina le daba por ganar el Mundial. Qiu Xiaolong se despedía con la tristeza de dejar atrás unos días memorables. No se va muy lejos, a Santander. Va a impartir unas jornadas en la Universidad Internacional Menédez Pelayo. Los autores que volvían en el bus negro iban colocando sus maletas en el autobús para ir por última vez en esta edición al recinto de la Semana Negra.

Se había hecho un poco tarde. La jefa de prensa, Lorena, quiso que nos hiciéramos una foto de familia, pero Mauricio, el responsable de la carpa del Encuentro, no quería acumular más retraso y dijo que ya habría tiempo después para retratos. No deseaba que el último día se fuera al traste la puntualidad que se había trabajado impecablemente durante los nueve días anteriores. Subieron a la mesa para clausurar esta edición los responsables de la misma: Ángel de la Calle y José Luis Paraja. A ellos se unió Ana Gónzalez, la consejera de Educación y Cultura del Principado de Asturias. Empezó ella con un discurso leído de arriba a abajo, de un corte serio y con un mensaje institucional al que luego darán voz los medios locales.

Siguió Paraja, con su concisión habitual de unas pocas frases bien concentradas. Dijo que esta locura es un festival cultural de zahorra y tarima. Pero no solo es cultura, también diversión. En la Semana Negra se mezcla la literatura y el churro. Se abraza la conciencia con el compromiso a una realidad que nos rodea y vinculado a la gente del pueblo. Para cerrar da las gracias a todos los trabajadores.

Ángel de la Calle a quien da las gracias en primer lugar es a José Luis Paraja. Lo hace por aguantarle todo el año y también por no perseguirle con un cuchillo jamonero cuando decide gastarse 400 € en una moqueta para esta carpa. El periódico A Quemarropa se titula esta mañana «Todo para el pueblo», tuvieron una duda hasta el último momento. Iban a poner «Grandes esperanzas» porque las tenían para el año que viene. Pero dice que las buenas noticias las contará luego.

El autobús ardiendo
El autobús ardiendo
Añade que la verdadera clausura fue anoche, con 600 personas en esta misma carpa para recibir el regalo de un libro. El objetivo claro de la Semana Negra es la promoción de la lectura, por eso estamos todos aquí. Pero la Semana Negra tiene espíritu y alma. Hay un objetivo cultural que es también político. En este instante, a Ángel de la Calle le suena el móvil y escuchamos el tono que tiene: A las barricadas. Cuelga sin responder y continúa. Explica que este año han tenido la posibilidad de tener otra carpa y lo han hecho. La mejor forma de resistencia es crecer.

En este punto se acaba la clausura. No se hace por voluntad sino que fuera el autobús en el que habían venido los autores está ardiendo. Está vacío, por suerte no había nadie en él. Se levanta una columna de humo negro y del autocar salen llamas. Los fotógrafos ya están tomando las instantáneas sobre las que contarán la historia mañana. Los autores miran. En algunos corrillos hay cierta intranquilidad por los equipajes, pero afortunadamente, salvo dos maletas, ya se habían cambiado todas al otro autobús. El dibujante José Muñoz no puede evitar estar muy nervioso, el autobús estaba parado frente a la carpa donde se encuentra su exposición. Son los dibujos de toda una vida. Por suerte las carpas son ignífugas y, a pesar del fuego y el calor, al final se recuperan todas las láminas intactas. Solo se han derretido algunos faldones de las carpas de exposiciones y de A Quemarropa.

Policía y bomberos llegan pronto. Estos últimos sacan sus mangueras y apagan el fuego con rapidez. Primero el humo cambia del negro al blanco y luego solo queda el grotesco esqueleto del autobús. No le pasó nada a nadie. En realidad ha habido mucha suerte, el autocar se ha quemado sin nadie dentro, con el recinto cerrado a los visitantes y en un espacio de paso por lo que no se ha propagado. En la Semana Negra están acostumbrados a que surjan problemas y a encontrar la forma de resolverlos cada vez que se producen. Al final, todo esto se convertirá en una anécdota que se comentará en las próximas ediciones y quizá forme parte de la trama de más de una de las novelas que escriban.

Ya solo queda la espicha de clausura que se hace en el concejo de Aller, en Moreda. Eso sí, con un poco de retraso sobre el horario previsto. Cosas de la vida.

La República Cultural