jueves, 27 de marzo de 2014

Luchando por un abono social para el transporte público en Madrid

El Consorcio Regional de Transportes de Madrid dice no al abono social

Campaña ¡Abono Social Ya! de la Plataforma Madrid en Transporte Público
Campaña ¡Abono Social Ya! de la
Plataforma Madrid en Transporte Público
Hace un mes participamos como Red de Solidaridad Popular (RSP) de Centro y Arganzuela en un acto reivindicativo con la Plataforma Madrid en Transporte Público solicitando al Consorcio Regional de Transportes de Madrid la puesta en marcha de un abono gratuito de carácter social para personas desempleadas o sin recursos.

Hoy nos ha llegado la respuesta de este organismo. Resulta decepcionante observar como las políticas neoliberales campan por sus anchas, como nos van robando el lenguaje y de que forma ningunean a las personas colocándolas siempre por debajo de las cifras.

Sin embargo de todo se aprende, por ejemplo nos permite conocer que los datos que manejan cuantifican en 750.000 las personas a las que debería extenderse dicho abono en nuestra provincia, cifra de la que se excluyen a las menores de 18 años y a las mayores de 65 por considerar que ya tienen abonos "suficientemente" bonificados para ellas. El coste del abono social lo calculan en cien millones.

Queda patente en la redacción de su respuesta el concepto que tienen de de que el servicio de Transporte ya está "suficientemente subvencionado" por provenir el 50% de su presupuesto de las Administraciones Públicas (mil millones), olvidándose que ese dinero público sale de nuestros impuestos y por tanto de nuestros bolsillos, que no es gratis, que ya lo hemos pagado.

Son los tiempos, la coyuntura de crisis, quienes hacen inviable el abono social por insostenible, dicen.

No hay duda de que nos toca seguir trabajando y luchando para que el abono social sea una realidad.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Convivir, repartir, participar...

La Despensa Solidaria de la Red de Solidaridad Popular de Centro - Arganzuela

La Despensa Solidaria tras una recogida de alimentos y productos de primera necesidad. (Foto: RSP Centro - Arganzuela)
La Despensa Solidaria tras una recogida de alimentos y productos de primera necesidad. (Foto: RSP Centro - Arganzuela)
Apenas si hemos cumplido cuatro meses en la Red de Solidaridad Popular (RSP) de Centro y Arganzuela; sin embargo a mí me parece como si llevásemos ya toda una vida trabajando con la gente del barrio. En realidad, los proyectos solidarios y sociales enseñan mucho y rápido; por eso se dice que son enriquecedores. Convivir, repartir, participar... son verbos que dejan de tener un significado teórico y grandilocuente para convertirse en acciones necesarias, diarias y cotidianas. Habituarse a practicar la convivencia, el reparto, la participación… da un nuevo sentido a la realidad y un punto de vista en el que el esfuerzo y lo colectivo recuperan todo su valor. El paro, la pobreza, el hambre, los desahucios, la corrupción, la desatención médica, la «werticalización» de la educación, la manipulación informativa, la persecución al inmigrante, el fanatismo religioso de la jerarquía eclesiástica que convierte en ley su concepto moral, el expolio de lo público, la desigualdad fiscal, la caza y culpabilización del activista, la deshumanización de la sociedad… no son problemas individuales sino sociales, de esa misma sociedad que tan mal hemos construido y que camina hacia la exclusión de una tercera parte de su población. Todos estos asuntos son una decisión a sabiendas, el resultado de las políticas neoliberales que vienen aplicando nuestros gobernantes con ahínco desde hace ya bastantes años. Si se continúa con las mismas políticas, la riqueza y el beneficio de los poderosos aumentará a costa de que desaparezca del todo el escaso estado del bienestar que nos queda. Pero la solución no está en las manos de los gobernantes, sino en las nuestras. Se trata de que las capas populares de nuestra sociedad, esas que la crisis ha hundido porque las personas han dejado de ser importantes para un sistema que solo piensa en números económicos, puedan empoderarse y comenzar a organizarse para girar la situación. Ese camino de retomar el poder es un largo proceso a través del que recuperar la dignidad primero y luchar después por rescatar lo perdido, asegurarlo y avanzar en nuevos derechos y deberes.

La RSP trabaja a nivel de barrio o pequeña población como una agrupación de vecinos y vecinas. Nos constituimos en una asamblea que se encarga de dirigir y enfocar los proyectos a desarrollar. Formamos un nodo independiente pero unido a una Red. No somos invasivos, lo primero que hacemos es acercarnos a los movimientos sociales que ya están trabajando y participar con ellos en aquellos proyectos que comparten nuestro enfoque: proyectos superadores de esta realidad, con una óptica de izquierdas y solidarios. No admitimos asistencialismo porque huimos de la caridad y buscamos modelos horizontales que sigan el lema «yo doy, yo recibo». Si no los hay y el barrio los necesita, entonces los arrancamos. Así ha ocurrido con la Despensa Solidaria. Sorprende, pero nuestro barrio pasa hambre; paliarlo es una obligación de quienes vivimos en él.

A grandes rasgos, el trabajo de una Despensa Solidaria se divide en dos tareas: llenar la despensa y vaciarla. La primera es una labor más fácil de organizar. Basta con establecer un calendario y la participación de al menos ocho personas voluntarias para esa recogida. Nuestra decisión ha sido recoger alimentos los sábados. El primero de cada mes lo hacemos en la Plaza de Lavapiés, el segundo en el Pasillo Verde (Vallejo Nájera, 48), el tercero en el Mercado de Barceló y el cuarto en el Mercado de Santa María de la Cabeza. A las 11 de la mañana llegamos y montamos el puesto: una mesa en la que colgamos un cartel o una camiseta de la RSP y sobre la que colocamos una serie de productos que pueden servir de ejemplo. Los voluntarios reparten folletos y explican el proyecto; por estrategia se hace con aquellas personas que van a entrar al mercado para que puedan, al hacer sus compras, acordarse de nosotros y a la salida entregarnos algo, lo que puedan. Lo que vamos recibiendo lo vamos colocando en cajas por productos para facilitar el inventario. Hacia las dos y media recogemos. Nos los llevamos al local y lo colocamos en las estanterías.

Primeras horas de una de las recogidas en el Mercado de Barceló. (Foto: RSP Centro - Arganzuela)
Primeras horas de una de las recogidas en el Mercado de Barceló. (Foto: RSP Centro - Arganzuela)
La RSP comenzó a recoger alimentos en diciembre de 2013 y la primera recogida se entregó directamente a dos proyectos solidarios de nuestro barrio: La Alacena de Arganzuela y Barrio Solidario. Luego entendimos que debíamos organizar nosotros también los repartos.

La Despensa Solidaria no se limita a convertirse en un almacén de comida y productos de primera necesidad, no es una especie de supermercado donde los productos están a precio cero para quienes lo necesitan. Requiere una implicación solidaria de quienes los recogen, es decir su propia participación dentro de los proyectos de la RSP. Estamos trabajando en la manera de establecer prioridades para trabajar con diferentes colectivos. En nuestro primer reparto entregamos tonelada y media de alimentos y productos de primera necesidad a 62 familias entre las que se encontraban un grupo de mujeres maltratadas, desahuciados que colaboran con la PAH, las familias que han recuperado el edificio de La Manuela y otros colectivos en situación de exclusión.

Podríamos estar orgullosos de este primer paso, pero en realidad no hay satisfacción que valga más allá de unos minutos, pues el reto sigue pendiente. Nada ha cambiado por paliar las necesidades de unas pocas personas un par de días. Simplemente sabemos cuál es el camino a seguir, ahora nos toca recorrerlo juntos.

sábado, 15 de febrero de 2014

Cuando dejamos de ser un país para convertirnos en un eslogan

Marca España, nuestro teatro, el del barrio


Jueves 13 de febrero de 2014. Teatro del barrio. Madrid

Cartel de la obra de teatro Marca España
Cartel de la obra de teatro Marca España
¿Por qué? Por el estupendo repaso a lo que la marca España esconde.
Dicen en la Guía del Ocio que el espectáculo Marca España es una sátira. A mí, la verdad, es que no me lo parece. Más bien al contrario. Sería como decir que un documental es satírico por mostrarnos la realidad tal y como es. En todo caso, la que sería satírica es la realidad, ¿no? Ella es la que se ríe de nosotros, quien se burla. Marca España no se inventa nada, recrea con absoluta literalidad una serie de sucesos recientes, del año pasado en su mayoría. Basta acudir a youtube para darse cuenta de lo ciertas y exactas que son cada una de las escenas a través de las que se representan los hechos. Un notario, y algún que otro registrador de la propiedad, podrían dar fe de su exactitud. Lo que ha hecho Alberto San Juan, encargado de la dramaturgia y la puesta en escena, ha sido una excelente selección que nos debe hacer sonrojar por los políticos que hemos elegido como gobernantes, por las barbaridades que dicen delante de nuestras narices y sin ningún respeto. En el fondo se trata de hacer una hemeroteca que deje para el futuro cómo fuimos, una colección que reúna los momentos estelares de quienes nos gobiernan y una radiografía que ratifique nuestra mansedumbre irremediable de rebaño. Y todo ello sin dejar de ser también una patada donde más nos duele.

La sátira, en realidad, la hace el propio gobierno desde esa web que ha creado y que llama marca España. En ella explican que esa entelequia mercantil es una política de estado con el objetivo de mejorar la imagen de nuestro país, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Estas políticas se debe llevar adelante mediante un planteamiento en el que deben primar los términos económicos porque solo así nos beneficiaremos todos. Y se hace porque estamos en un mundo global que funciona así, fiándose de una buena imagen-país como la que tenemos y que sin duda es nuestro mejor activo. Avisan también de que solo puede ser eficaz esta política si se se aborda a largo plazo. Me imagino a Mariano Rajoy dentro de veinte años tomando el sol en el jardín del asilo con otros ancianos y que uno le pregunta: «y tú, Marianito, cuándo gobernaste, ¿qué hiciste que ya no me acuerdo?». Y Marianito le responde poniendo cara de que va a decir algo trascendente: «la marca España». Ya escucho las carcajadas que vienen del futuro.

Dice Alberto San Juan que el texto de la obra «nace de la necesidad de cambiar un modelo social que no hemos elegido y que nos hace infelices». El trabajo empezó hace un año, en un taller de actores que conectó sus preocupaciones personales con la realidad social del presente. Se dieron cuenta de la relación directa entre ambos elementos y comenzaron a trabajar diferentes escenas. Aquello le sirvió a Alberto San Juan para construir este espectáculo que se ha convertido en la primera obra de producción propia que estrena el Teatro del barrio. Lleva por subtítulo «cuando las ovejas miran al horizonte» quizá como algo premonitorio de ese cambio y ese despertar lento pero seguro. Por la obra pasan los tipos y tipas que deberían ser los más respetables del país y, sin embargo, con sus palabras se convierten en lo contrario, en verdaderos impresentables. Y frente a ellos suenan las voces de la calle, de los que sufren y de los que ponen el dedo en la llaga para que sintamos de una vez el dolor. No hay color entre unos y otros.

Logotipo del Teatro del barrio
Logotipo del Teatro del barrio
Un espectador cualquiera debe ser capaz de construir el rompecabezas de España con los pedazos de realidad mostrados en el espectáculo. Lo que verá es que nos gobierna la derecha desvergonzada, la que esta sirviendo a los intereses de los poderes financieros y de las grandes empresas, la que cuida solo de que a los suyos, los que llevan los apellidos de su casta, no les pase nada por muy culpables que sean. Hemos dado autoridad a un gobierno que ha colocado la economía como centro del universo y el precio lo pagamos a diario las personas con sufrimiento y dolor. Todo se ha mercantilizado, los estados, los seres humanos… Necesitamos más que nunca un verdadero gobierno de los ciudadanos y para ello se hace preciso que tengamos una buena información. En internet hay medios alternativos, blogs y redes sociales que están realizando esa labor y que nos ayudan a despertar. La cultura también debe realizar ese servicio informativo, sirviendo para crear conciencia. En Marca España no hay nada nuevo que una persona informada desconozca y sin embargo cada uno los fragmentos con los que está confeccionada es necesario difundirlo y hacerlo desde un filtro artístico para que llegue aún más lejos. Es hora de perder el miedo. No vamos a permitir que sigan engañándonos más.

Marca España nos dice que hay dos bandos, el que controla el poder económico y el de la ciudadanía. Estamos en guerra y hay que elegir trinchera, así que no valen respuestas tibias. Sin embargo resulta fácil saber de que lado está cada quien, basta preguntarse si en medio de esta crisis gana o pierde y responder con sinceridad. Yo soy de la mayoría, de los que en esta lucha desigual vamos perdiendo. Asumo pues que hay dos lados y me pongo del mío, con los que son como yo, el de aquellas personas que forman barrio conmigo, de quienes no vamos a dejarnos ganar sin oponer resistencia, de esa ciudadanía a la que una mañana, cuando tengamos fuerzas suficientes, nos tocará arreglar lo que éstos que nos gobiernan han roto. No voy a ser imparcial. Este es mi teatro, el que quiero, el que me identifica. Miro Marca España con mis ojos, los de un obrero, y como tal lo interpreto. Me sulfuro con las palabras que escucho usar a la derecha, con las intenciones que esconden. Me molesta su desvergüenza vestida de falsa simpleza a la que no le preocupa deshacer y «desastrar» este país si a cambio logran su propio beneficio.

Me pregunto con qué ojos mirará Marca España alguien del otro bando, qué razones argumentará para defender las políticas de este gobierno. Me imagino que tomarán cada frase como un axioma cierto, que las encontrarán justificadas, que dirán que no nos quedaba otra posibilidad porque era el único camino… En realidad admiten la imposición, el bien de unos pocos como derecho suficiente. Aplauden los discursos de los suyos y cuando llegan los de nuestras filas cierran los oídos, o simplemente se van. Esta historia no les importa lo más mínimo, así que solo la verán a medias como si no fuese con ellos.

En Marca España no hay burla, ni mala leche, esas cosas le tocará ponerlas al espectador y hacer su propia interpretación del mundo que le rodea y de lo que le han dicho sobre él. Por mucho que ese espectador rasque en la obra no encontrará irreverencia. Verá también que no falta a la verdad, que cada personaje -el de la vida real- hizo sus propios méritos para ser retratado tal y como es. Nada se esconde, todo queda al aire, de manera visible. Eso busca y consigue este espectáculo de nuestra realidad.

viernes, 14 de febrero de 2014

¿Qué nos quedará cuando nos lo hayan quitado todo?

Ejecución Hipotecaria nos obliga a preguntarnos por quiénes son de verdad los culpables


Viernes 7 de febrero de 2014. Centro de Nuevos Creadores. Sala Mirador. Madrid

Cartel de la obra de teatro Ejecución Hipotecaria
Cartel de la obra de teatro Ejecución Hipotecaria
¿Por qué? Porque dice las verdades a la cara
Cada vez es más difícil poder ver un teatro que te rompa el alma. La mayoría del teatro que se representa en las salas y espacios de programación se conforma con lo meramente contemplativo. Es cierto que en los últimos años se han buscado experiencias de cercanía del espectador con los actores, pero sólo han servido para apreciar mejor los detalles interpretativos y aproximar la técnica actoral. Sin embargo no ha existido una preocupación real por mejorar su contenido. El teatro burgués, el más habitual en nuestros teatros, no nos sirve, pues su discurso ha perdido la capacidad para contar la realidad que preocupa a la ciudadanía. Hace tiempo que se quedó en un concepto puramente formal, construido con anécdotas y sin profundidad. Es un teatro por el que público pasa sin que se le pegue nada a la piel. El arte es otra cosa, debe mover conciencias y convertirse en un elemento superador de la realidad a través de un conocimiento efectivo del mundo que nos rodea y de los engranajes que lo atraviesan por debajo. Arte, por ejemplo, es Ejecución Hipotecaria, un teatro verdadero con responsabilidad y de utilidad pública. Se trata de una obra excepcional, que coloca al espectador en una tensión permanente y le obliga a mirar hacia su sociedad para juzgarla. Nada es blanco ni negro, todo tiene sus matices y en ellos nos basamos para eludir culpas propias, para decir que las decisiones las toman otros y nosotros estamos «obligados por nuestras circunstancias» a obedecer. Nos olvidamos que el sistema está engrasado y que cada botón que apretamos tiene sus consecuencias, que no podemos diluir la responsabilidad ética de haber pulsado la tecla.

Voy a contar una historia real: en el verano de 2012, en Karlsruhe, una de las seis ciudades más ricas de Alemania, un hombre de 53 años retuvo a punta de pistola a los encargados de ejecutar la orden de desahucio, incluyendo al nuevo propietario que se había adjudicado el ático en la subasta pública. Liberó a uno y mató al resto de los rehenes. Después se suicidó. La prensa le llamó «el asesino de Karlsruhe» y lo que ocurrió durante aquellas dos horas sigue siendo confuso porque solo tenemos la versión de la policía (masacre planeada, delincuente extremadamente violento, ejecución sin miramientos…). Sabemos que participaron más de 200 policías en el operativo. Sabemos que la hipoteca estaba a nombre de su pareja y que ésta había dejado de pagar las facturas. Sabemos que los dos llevaban mucho tiempo en paro, que no tenían ingresos, que habían agotado sus ahorros, que el futuro que les quedaba por delante se reducía a poder elegir si pasar la noche en un cajero automático o en un albergue. En esa misma historia que acabo de contar se basa Ejecución Hipotecaria. Lo hace introduciendo múltiples cambios porque no quiere quedarse en una anécdota puntual sino extraer conclusiones. Su intención es la de indagar en los motivos que dispararon la situación, analizar el concepto de culpabilidad y, para que no podamos cerrar los ojos porque nos sintamos implicados, trasladar el fondo del asunto a nuestro país dentro del contexto actual.

Ejecución Hipotecaria nos plantea preguntas que la sociedad al completo debería estar haciéndose a diario, dudas morales que no tenemos resueltas y que exigen un postura clara de la ciudadanía. Miguel Ángel Sánchez, su autor, da el paso al frente y nos trae a escena el problema. Se posiciona y también obliga a posicionarse al espectador. Muchas de estas situaciones se resolverían si nuestros estados tuvieran una verdadera justicia, así que deberíamos trabajar por crear leyes justas y eliminar aquellas que no lo son.


Trailer promocional de la obra de teatro Ejecución hipotecaria
Ejecución Hipotecaria nos habla del sufrimiento de un hombre normal, sin trabajo. Una persona de la que en realidad nos separa muy poco. No es distinto, él mismo lo explicita con una frase en la obra después de animar a los otros personajes a que le digan la verdadera característica que les diferencia a ellos de él: «La única diferencia es que vosotros tenéis trabajo y yo no». Esa es la frontera que les divide y cruzarla es algo sencillo, que a menudo se escapa de lo que una persona puede controlar. Estar de un lado o de otro puede cambiar de un día para otro, sin avisar. Con una tasa superior al 25% de desempleo en nuestro país, de pronto, esa tragedia de la que creíamos ser ajenos nos toca de lleno; ya no son cosas que les suceden a los demás, a los que no se preocuparon, a los que en el fondo se merecen su mala suerte.

Charly, el protagonista, no es un psicópata. Es un hombre desesperado al que solo le han dejado su rabia porque le han quitado todo lo demás. Se siente acorralado por una sociedad deshumanizada. Ha sido un trabajador impecable instalando calentadores en los pisos nuevos que se construyeron durante la burbuja inmobiliaria. Ahora ya no se construye; no le necesitan; siente que le han «aparcado» contra su voluntad. No hay trabajo, ni posibilidades de que lo haya en un futuro cercano. En su juventud fue rebelde, pero terminó aceptando los dos principios básicos del capitalismo: vivir para trabajar y consumir. Cuando esa comitiva que viene a desahuciarle entra por la puerta de su casa, sabe que todo se acabó, que no tiene nada más que perder, que ya le han dejado sin nada.

Charly se carga de razones, pero es un parado y por lo tanto un ciudadano que ha perdido los derechos más elementales, una persona a la que la sociedad ha anulado y ha hecho invisible. Su impotencia solo encuentra una salida, pero la violencia no es la solución, no resuelve esta situación más allá de un desahogo. Sin embargo ese desahogo se hace necesario pues cambia las tornas por un rato, hasta que nos damos cuenta de su inutilidad. ¿En qué momento empieza la violencia?, ¿no ha sido antes favorecida por el sistema que premia la ambición y lo económico aún a costa de sacrificar a las personas? Muchos contamos muy poco, mientras unos pocos deciden demasiado. Son los poderes financieros los que anteponen su beneficio a los ciudadanos. Y los estados, vencidos o comprados, se encargan de cuadrar el círculo dictando las leyes que legitiman el robo. Y sin embargo apenas si nos revelamos aunque las condiciones objetivas para el estallido social se hayan dado. Con Charly el espectador empuña la escopeta para ver el mismo camino negro sin solución que nos espera si nada cambiamos. Y lo cierto es que tienta apretar el gatillo, tener una pequeña satisfacción inútil.

Juan Codina y Sonia Almarcha en una escena de Ejecución hipotecaria
Juan Codina y Sonia Almarcha en una escena de Ejecución Hipotecaria
Miguel Ángel Sánchez escribe discursos rotundos que no presentan puntos débiles, bien trabajados y que en ningún momento permiten al espectador escapar de la realidad que llevan. La vida es como él la cuenta, arrastra ese mismo dolor. Su descripción psicológica de un desempleado y el abatimiento que arrastran sus palabras sobrecogen por la sinceridad que encierran. Perfecto el camino cuesta abajo que nos hace vivir a los espectadores. Sánchez es directo, sabe usar la razón, dar argumentos a todos y hacernos sentir a quienes miramos. Nos lleva hacia un carrusel destructivo que el autor humaniza con esplendor a través de las escenas de amor de la pareja desahuciada. El uso que hace ellas en la estructura de la obra es magistral, funcionando de bisagras que rompen tensiones, crean otras, nos emocionan y van explicando los detalles que los informes policiales suelen olvidar. Son esas pocas escenas de sinceridad extrema el punto más fuerte de la función, lo que de verdad da sentido a toda la representación.

Pero nada de eso funcionaría si detrás no estuviera el soberbio trabajo del elenco. Destacan Juan Codina y Sonia Almarcha que le dan toda la fuerza interpretativa y humana que sus papeles necesitan y lo hacen con absoluta sencillez, con la mayor naturalidad que se les puede pedir. Su trabajo es impresionante, de quitarse el sombrero y aplaudir a rabiar. Ambos están bien secundados por Rafael Martín, Susana Abaitua, Ismael Martínez y Adolfo Fernández, que además de interpretar al policía se ha encargado de dirigir la obra para llevarla por un buen camino.

En la obra, todos los personajes se justifican, ofrecen sus razones en esta especie de juicio rápido. De un lado del cañón de la escopeta solo está Charly, del otro queda el resto. Tal vez ellos no le hayan llevado hasta este punto, pero están aquí ahora para completar el trabajo del sistema. Charly sabe que está condenado. Los demás quieren ser reconocidos como inocentes. No les importa saber que el trabajo que realizan es sucio, pero quieren que se les exima de cualquier responsabilidad en sus actos. Nos miran y nos dicen que simplemente cumplen órdenes y que además no pueden hacer otra cosa. Yo no les absuelvo. En sus manos está ponerse en el lado correcto, aunque sea el de los que pierden. ¿A dónde nos llevaría si supiéramos tener un momento de insubordinación y nos negásemos a cumplir obedientemente las órdenes injustas?, ¿qué ocurriría si en un deshaucio el cerrajero se niega a abrir la puerta, o si la secretaria judicial decide no personarse, o, ya sé que es mucho imaginar, que los mandos policiales cambien sus prioridades y no destinen efectivos a proteger los intereses de la banca para dedicarlos a hacer su trabajo persiguiendo a los malos?

sábado, 8 de febrero de 2014

Puro cine desarrollado en unos pocos minutos

Los mejores cortometajes del año según la Academia

No solo de largos viven los Premios Goya de la Academia de las Ciencias y las Artes Cinematográficas de España. Los cortos de ficción van creciendo, dejando atrás un papel secundario para convertirse también en protagonistas de nuestro cine. Los cinco finalistas de este año son verdaderas perlas, luciendo estilo y hechas con verdadera inteligencia.

Los cortos nos retratan. Dicen mucho de nosotros. Por ejemplo que nos preocupan los otros, y también la soledad. Nos molesta que nos utilicen, pero no tanto si lo hacemos nosotros. Asumimos que no conocemos a quien hemos elegido para estar a nuestro lado. No nos gusta la sociedad que hemos creado, ese modelo consumista. Somos egoístas. Somos frágiles. A veces no queremos saber…

Abstenerse agencias, la necesidad de los demás

Cartel del corto Abstenerse agencias
Cartel del corto Abstenerse agencias
¿Por qué? Por la reflexión hacia la soledad.
El tiempo pasa deprisa, cada uno atareado en sus cosas y sin que le sobre unos minutos que pueda dedicar a los demás, aunque sean los más cercanos, a los que se quiere de verdad. Lo cierto es que somos una sociedad de individuos egoístas y caprichosos, como niños que se niegan a crecer e incapaces de asumir responsabilidades. ¿Por qué somos así?, ¿qué haría falta para que cambiáramos y empezásemos a tener un mínimo de sensibilidad? Esas son las preguntas que hace Gaizka Urresti en Abstenerse agencias, empeñado en hacernos mirar a lo que dejamos atrás con nuestro egoísmo y señalando que el camino al que nos conduce ese comportamiento no es otro que el de la soledad.

Laura y Guille son una pareja joven que busca piso. Laura desea que la decisión les sirva a los dos para avanzar un paso en la relación. A Guille le gustan las cosas como están. El peso de la pareja está desequilibrado, se sostiene siempre sobre la misma persona. Van a ver uno de esos pisos en Nochebuena y descubren a Amparo, la anciana dueña de la casa. Ella no permite que ésto sea una visita comercial, trata de darle un toque de humanidad, un poco de conversación, un té… Cada quien busca lo que le falta como puede y en eso nos ayudan los demás y también alguna que otra trampa. Les necesitamos. Son esos momentos dedicados a los demás los que nos sirven para aprender, los que nos mejoran y nos hacen darnos cuenta de lo que tenemos importante de verdad para que no lo dejemos escapar.

La soledad es dolorosa. Y sin embargo Abstenerse agencias la utiliza para generar una cierta ternura desde la que obligarnos a reflexionar porque el corto es una crítica que nos obliga a revisar nuestras prioridades y a rendir cuentas por lo que dejamos de hacer. Esa ternura y esas culpas se nos hacen tan cercanas por las estupendas interpretaciones de sus tres protagonistas: Asunción Balaguer, Carmen Barrantes y Andrés Gertrudix

De noche y de pronto, el miedo a los vecinos

Cartel del corto De noche y de pronto
Cartel del corto De noche y de pronto
¿Por qué? Porque mantiene la tensión con un miedo psicológico.
De noche y de pronto, de Arantxa Echevarría Carcedo, es un corto inquietante. Bien construido, mantiene la intensidad jugando con el miedo instintivo y psicológico que produce la desconfianza. Lo cierto es que apenas si conocemos a nuestros vecinos, cruzamos un saludo cuando coincidimos en el portal, hablamos del tiempo y poco más. A muchos de ellos no les vemos nunca y nada sabemos de ellos. Así que si un día necesitan de nosotros, nos surgen dudas, recelamos.

Cuando el nuevo inquilino del piso de arriba le pide a María que le ayude porque unos ladrones han entrado en su casa no esperamos nada de lo que va a ocurrir. Somos ingenuos y nos parece bien que María le abra su puerta después de algunas dudas. Pero en la mirada de él descubrimos una maldad que ella no ha visto y querríamos avisarla. Nos alegramos cuando sospecha porque nos hemos metido en la piel de ella, nunca veremos el corto desde los ojos de él. Sospechamos juntos, nos angustiamos a la vez y nuestra intuición nos lleva por un camino sin retorno. De noche y de pronto no podría ser nada de lo que es sin el trabajo de sus dos actores: Alicia Rubio y Javier Godino. Ellos dan la intensidad y crean en el espectador toda la angustia de la que se va enriqueciendo el corto. Sus cambios de registro marcan el ritmo para hacer que la historia termine desarrollándose de una forma trepidante.

Hay mentiras y verdades en De noche y de pronto y una necesidad de descubrir lo que es cierto. Pero al final todo es una apuesta, nos jugamos la vida hacia una verdad o una mentira y nos vemos envueltos en una pesadilla. Ese es el gran logro del corto, que no podemos desentendernos de él, que en el fondo formamos parte del mismo juego.

El paraguas de colores, descubriendo la realidad de lo cercano

Cartel del corto El paraguas de colores
Cartel del corto El paraguas de colores
¿Por qué? Por la expresividad de Natalia Millán.
Una actriz desarrolla su trabajo interpretativo con la voz, los gestos y las pausas. Edu Cardoso hace su apuesta con Natalia Millán en El paraguas de colores, le quita la voz.

El paraguas de colores nos narra las dudas de una mujer sobre si su marido le es infiel o no. Solventarlas es fácil, basta con seguirle una noche cualquiera. Elige una en la que va a llover. Aquí estamos con ella dispuestos a poner en claro la fidelidad o no del marido. Como ir tras los pasos de un hombre suele ser algo anodino, una voz nos va narrando de una forma elaborada lo que fue el proceso mental de la mujer mientras iba de detrás de su marido. Cambio de tiempo verbal porque el presente es un pasado consumado, en realidad todo esto ya ocurrió y estamos ante una recreación, la que se hace otra persona diferente que es quien nos cuenta la historia, quien nos va dando una visión psico-analítica de lo que estamos viendo e incluso interpreta lo que el personaje debe sentir. Una voz en off de refuerzo que conduce al espectador.

Hay una culpabilidad encerrada en el corto, y también las ganas de salvar y de condenar a la vez. A la mujer no le ha resultado fácil tomar la decisión de intentar descubrir la certeza o no de sus dudas, el hecho de desconfiar de su marido le produce remordimientos y por otro lado se plantea si de verdad quiere saber. ¿Qué va a pasar si descubre lo que piensa pero no quiere que ocurra?, ¿dónde le coloca el hecho de conocer los secretos que su marido le esconde? Pero la necesidad de saber vence. Ese seguimiento al lado de la mujer nos va a revelar una realidad diferente, con sorpresa, pues a fin de cuentas lo cierto es que nunca llegamos a conocer del todo a las personas con las que convivimos.

Hablaba al principio de la apuesta de Edu Cardoso con Natalia Millán, me falta decir que acierta, pues la actriz, con su trabajo, sostiene la historia.

Lucas, el cómplice necesario

Cartel del corto Lucas
Cartel del corto Lucas
¿Por qué? Porque no se pierde dando vueltas.
La sinopsis de Lucas, el cortometraje de Álex Montoya, es muy simple: «Lucas quiere una moto. Un día conoce a Álvaro, un hombre que le ofrece dinero a cambio de unas fotos inocentes». Pero la verdad es que el dinero no se regala. Tampoco hay nada de inocencia en el fotógrafo a pesar de que su figura nos represente a un hombre patético. El discurso del convencimiento que le lanza al adolescente va dirigido en dos sentidos: lo inofensivo y el hecho de que si cierras los ojos no eres culpable. Y así Lucas puede tener su conciencia tranquila, el sólo se deja fotografiar, para lo que se utilicen luego esas fotos no quiere que le importe. Solo busca la satisfacción inmediata de tener dinero en su bolsillo y comprarse los caprichos que desea. Lo cierto es que no le importa ser cómplice si le pagan por ello y se puede hacer el desentendido.

Hay en el corto una crítica hacia cómo educa nuestra sociedad a los más jóvenes, a esa formación que los irresponsabiliza y aborrega para crear simples consumidores no pensantes. Generamos adolescentes amorales, despreocupados, que viven el instante. Creen que lo controlan todo, pero son frágiles, un punto que les hace vulnerables y del que se puede aprovechar un adulto con malas intenciones. Ese es el dilema que plantea Lucas, el de la culpabilidad. Lo hace explorando esa frontera en la que nadie puede hacerse el inocente porque cada acto tiene su consecuencia.

Javier Butler interpreta con acierto al adolescente; pero es Luis Callejo, en su papel de fotógrafo, quien dota a la historia de profundidad, vistiendo a su personaje de una insignificancia que hace pensar que jamás podría causar un problema. Quiere darnos la pena del que siempre pierde, decirnos que el mundo ha sido injusto con él y que se merece una oportunidad. Con su aspecto quiere evitar que le prejuzguemos, que le dejemos pasar. Su personaje explota un falso lado inofensivo que le permite avanzar antes de hacerse evidentes las dudas morales de su comportamiento. Y sin embargo, desde el principio, en cada uno de sus gestos se esconde algo sucio.

Pipas, una sociedad que no enseña, una juventud que no aprende

Cartel del corto Pipas
Cartel del corto Pipas
¿Por qué? Por tanta crítica hecha con humor.
Cuando dos amigas se juntan para comer pipas en un parque, el mundo se puede poner a temblar. No lo digo por lo que puedan criticar, sino porque el apoyo de una a la otra será absoluto y hasta la mayor paranoia se convertirá en algo posible que incluso se podría llevar a cabo con sencillez. Esa complicidad establecida a través de tantas horas gastadas en esos parques y entre pipas establece lazos irrompibles. Es una forma de ver el mundo compartida entre quienes tienen la misma perspectiva de todo. A veces sustituye a la escuela porque ese banco en un parque es el atril desde el que se aprende todo el universo. Criticar es fácil con un paquete de pipas en la mano y el tiempo por delante.

Pipas, de Manuela Moreno, sienta a las dos amigas en ese banco del parque. Y las escuchamos. Y las entendemos. Son dos «poligoneras» que se cuentan las dudas de una de ellas con su pareja, un chico que no ha tenido otra idea que la de ponerse a estudiar. Lo malo es que está cambiando. A ella algo le huele mal, como si se hubiera echado una amante con la excusa de eso de las clases. Ellas no tienen otra cosa que hacer, ni un futuro que les preocupe. Son el retrato de la incultura y hacen gala de ello. No hay por qué sorprenderse, es el modelo que les propone la televisión a nuestra juventud. No hace falta aprender, ya llegará un Gran Hermano que te resolverá la vida. Nada importaría si hubiera un contrapeso a esa televisión estúpida en nuestro sistema educativo, pero lo cierto es que éste también hace aguas.

Pipas tiene un guion redondo, un humor ácido y dos actrices, Marta Martín y Saida Benzal, en estado de gracia. El corto de Manuela Moreno es mordaz y crítico, de esos que nos deja temblando pero con una sonrisa en los labios.