domingo, 26 de enero de 2014

¿Mezclados o puros?

Argentina principal favorita al Goya a mejor película Iberoamericana con El médico alemán de Lucía Puenzo

Cartel de la película El médico alemán
Cartel de la película El médico alemán
¿Por qué? Porque es imposible mirarla sin cierta inquietud.
Lucía Puenzo empezó como guionista, carrera que pronto combinó con la escritura de sus primeras novelas. Cuando se sintió segura y se ganó una oportunidad se pasó a la dirección. Desde allí, detrás de la cámara, con constancia y manteniéndose fiel a su propio estilo, ha logrado conseguir un cierto prestigio. Con cada una de sus películas ha ido dando pasos hacia adelante. En todas ha buscando que prevalezcan las historias humanas y que prime el peso personal de los personajes, sus dudas y las decisiones que toman condicionados por el universo cercano que les rodea, que suele ser inhóspito y poco receptivo. En cada una de sus tres películas se explora una parte psicológica en esos personajes que, en cierta forma, les atormenta y les impiden la felicidad consciente. En realidad cargan con un peso a cuestas del que es muy difícil, sino imposible, desembarazarse. Son historias de vidas condicionadas e impuestas, de reglas sociales, de dominación, de cosas de familia, de idiosincrasias… elementos todos contra los que hay que rebelarse, pero contra los que nunca resulta fácil hacerlo.

Su última película, El médico alemán, se ha llevado la mayoría de los Premios Sur que entrega la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina y se ha convertido en la principal favorita en muchas quinielas para alzarse con el Goya a la mejor película Iberoamericana el próximo día 9 de febrero. Tiene méritos suficientes para hacerlo. Si finalmente lo gana, no será el primer Goya que levante Puenzo como directora, pues ya se lo llevó en 2007 con su opera prima XXY.

El médico alemán no es otro que Josef Mengele, con otra identidad y huyendo de los servicios secretos israelíes que le persiguen para secuestrarlo y juzgarlo en Israel como estaban haciendo con otros criminales nazis en esa época. No llega a ser una película de espías, aunque a ratos lo intenta. Lo cierto es que ese hecho, el de no serlo, es porque la película apuesta a ser más inquietante aún, enseñándonos la vida cotidiana del monstruo. Mengele es minucioso, frío, soberbio y feroz; pero también educado, cautivador e inquietante. El Mengele que recorre la película está humanizado, tratado como una persona y no como un mero personaje, y eso es lo que más miedo nos da, porque, sin perder su dimensión humana, sigue siendo igual de sanguinario en sus decisiones. Los grandes criminales de la humanidad están dominados por un fin que los imposibilita a sentir la menor empatía con aquellos semejantes que no forman parte de la misma élite o condición. Usan y toman lo que necesitan, carecen de remordimientos, son despiadados, les falta humanidad. Y sin embargo viven entre los demás, se comportan como todos en lo cotidiano, a menudo resultan indistinguibles…

Mengele experimenta y las vidas que se cruzan en su camino no valen nada, o solo en la medida que le sirven a sus experimentos y mientras le son útiles. Va plasmando sus ideas, las hipótesis, las conclusiones alcanzadas, sus estudios y experimentos en un cuaderno que resulta cruel y que recoge el fondo de su alma, esa parte despiadada de una ciencia trastornada y sin corazón, esa ley que el fin está por encima de los medios que se utilicen para consguirlo. Ese cuaderno, sus textos y sus dibujos, es uno de los grandes aciertos artísticos de la película que sirve para darle a Mengele sus dos dimensiones y hacerlo ganándonos por su estética.


Trailer promocional de El médico alemán
Mengele está lleno de poder. Sabe que casi todo se puede comprar con dinero, que solo hace falta encontrar la cantidad justa y así actúa. Frente al monstruo, Lucía Puenzo nos coloca la candidez de la familia argentina a la que se acerca Mengele por puro interés: una niña con problemas de crecimiento y una madre embarazada de gemelos, dos de sus elementos fundamentales sobre los que más le gusta experimentar. A ambas se las gana; a la madre por usar con ella ese trato europeo que tanto echa de menos ella y a la hija porque se siente deslumbrada por una persona mayor que la trata presuponiéndole cierta inteligencia y dándole confianza. El engaño está servido y el universo cinematográfico perfectamente dibujado y al servicio de crearnos dudas y colarse entre nuestras grietas hasta hacer temblar los cimientos. Pero somos listos, notaremos el tufillo enseguida, distinguiremos al monstruo y aborreceremos al malo. A eso también juega con maestría la directora.

Esa relación que se establece siempre entre el que engaña y quien es engañado se convierte en el eje central de la película y lo que más valor tiene en ella. Pero hay más elementos, El médico alemán saca a la superficie otro debate importante sobre la construcción de las sociedades, se pregunta si tienen sentido pequeñas colonias donde se mantiene de una forma enfermiza la pureza racial generación tras generación como una forma de mantener unas costumbres anquilosadas de unos antepasados sobrevalorados. O por el contrario, es la mezcla racial la que produce enriquecimiento cultural, diversidad y nueva vida.

El médico alemán está basado en la novela Wakolda de la propia directora. En Argentina, y en los países latinoamericanos que se ha estrenado, la película ha mantenido el mismo título de la novela, algo que en España no se ha respetado, colocando en el centro al personaje que interpreta Álex Brendemühl en lugar de mantener el simbolismo de un nombre de una muñeca. No es la primera vez que Puenzo lleva al cine la adaptación de una de sus novelas, ya lo hizo en su anterior película, El niño pez.

El médico alemán es una película que duele, porque está hecha desde un punto que no permitirá al espectador levantarse de la butaca al terminar sin que se lleve cierta inquietud a su casa.

sábado, 18 de enero de 2014

El nuevo cine que viene de Venezuela

Miguel Ferrari coloca a Venezuela como finalista en los Goya con su ópera prima Azul y no tan rosa

Cartel de la película Azul y no tan rosa
Cartel de la película Azul y no tan rosa
¿Por qué? Porque es divertida pero con sustancia.
Venezuela es un país que apenas cuenta para las pantallas españolas y europeas, así que no suelen llegarnos películas de allí. Sin embargo algo ha cambiado. Al hacer un repaso de lo que he visto en los últimos meses me encuentro con dos trabajos excepcionales que vienen de aquel país: La distancia más larga (Premio del público en el último Festival de cine Iberoamericano de Huelva) y Pelo malo (Concha de oro en el último Festival de San Sebastián). Sin duda, el pasado ha sido un gran año para el cine venezolano. Han crecido y han ganado en calidad, lo que les ha permitido dar un salto espectacular, hasta el punto de colocarse como la cinematografía iberoamericana más emergente en este momento. No se trata de un hecho puntual, ni de una mera casualidad, sino que responde a un largo proceso nacido de una apuesta seria por la cultura y el cine. No podemos obviar que una gran parte de ese éxito se debe a la estupenda ley del cine que llevan años desarrollando y que promueve el apoyo con fondos públicos al talento. Aquí también tuvimos apuestas similares que permitieron a nuestro cine crecer y forjar una buena industria cinematográfica. Pero inexplicablemente nuestros políticos prefirieron abandonar ese camino. El triunfo del cine venezolano resulta de seguir el camino inverso al que quiere imponer el ministro Wert en España. Mientras el cine que se hace en Venezuela se impulsa, el nuestro, salvo honrosas excepciones, se está vaciando. Detrás de ambos modelos hay una decisión política. Lástima que nuestro ministro busque aplicar una política a su imagen y semejanza, la de la ignorancia, la soberbia y la incultura.

Otra prueba de ese cambio de ciclo en su cinematografía, otro ejemplo más de que allí se están haciendo las cosas bien, es que este año, después de 15 sin conseguirlo, Venezuela vuelve a estar nominada para los premios Goya a Mejor película iberoamericana. Lo ha logrado Miguel Ferrari con su ópera prima Azul y no tan rosa, una película de sentimientos y llena de vida que contagia al público. No esconde grandes secretos, nos habla de lo cotidiano, de lo que dicta el sentido común. Y lo hace con una naturalidad que desborda la pantalla.

Decía en el párrafo anterior que la película no esconde grandes secretos, y aunque es así no puedo ocultar que sí encierra un truco que es el que la hace tan contagiosa. Ese secreto se encuentra en el grupo de personajes protagonistas; son buenas personas y esa bondad que encierran deshace cualquier muro del espectador. Podremos estar más cerca o más lejos de la forma de actuar de cada uno de ellos y de ellas, de lo que representan, y sin embargo les comprendemos por su humanidad, porque intentan siempre actuar de la forma correcta, de la misma que deberíamos elegir siempre. A veces se equivocan, pero errar también es humano.

La vida es una aprendizaje y lo que más nos enseña es el ejemplo de los que están cerca, de quienes de verdad nos importan. De lo que habla sobre todo Azul y no tan rosa es de la verdad y la mentira. Elegimos una cosa o la otra y eso afecta a nuestras relaciones. La mentira suele ser más fácil, sirve para esconder lo que no queremos mostrar, pero tiene la vida más corta. Nos va enredando hasta el punto en el que ya no nos deja salida y nos termina complicando más. Ejercer la sinceridad es más difícil porque a menudo hiere.


Trailer promocional de la película Azul y no tan rosa
Dice Miguel Ferrari, su director, que para gustos hay colores y lo dice en todos los sentidos, hablando de diversidad y tolerancia, y también de estética, de opiniones… En la vida hay cosas que nos gustan y otras que nos horrorizan, pero ambas forman parte del día a día. Lo duro es que aunque queramos vivir en una comedia, la realidad nos terminará salpicando con tragedias. Vivir es saber encajar esos momentos con los otros, asumir las dificultades tomando las decisiones más correctas para resolverlas y no perder nuestra esencia en ese camino. Poco importa para ello la sexualidad que hayamos elegido porque eso no es más que un rasgo y pesa lo mismo que cualquier otro elemento de todos los que usamos para construir nuestra personalidad. La homosexualidad o la heterosexualidad no son factores más diferenciadores que las preferencias por un color u otro. Esa tesis sustenta con acierto Azul y no tan rosa. Los problemas importantes son siempre otros: la asunción de la paternidad, la aceptación de nuestra imagen, la relación con los demás, la pérdida injusta de lo que más queremos, el dolor que no se sabemos curar… En todas estas cuestiones vitales no importa más que nuestra humanidad.

Para la Historia quedan los símbolos, pero lo cierto es que la sociedad cambia sin grandes rupturas, con pequeños pasos que van construyendo la nueva normalidad, por puro sentido común. Así, porque evolucionamos, vamos aceptando la realidad y descartando aquellos prejuicios que ya no pueden sustentarse en sociedades justas. Los prejuicios se caen solos y aquellos que se empeñan en mantenerlos aún respirando no podrán hacerlo durante mucho tiempo, pues no les queda futuro. El progreso que avanza se hace irreversible y esa fragilidad inicial de todo lo que empieza un día se muestra irrompible. Cada cual debe tener derecho a vivir su propia vida, haciéndolo a su manera y con las opciones que decida. Los límites solo puede marcarlos la ley, y si la ley es injusta y se queda atrás habrá que cambiarla.

Azul y no tan rosa es una coprodución entre Venezuela y España, con buenas interpretaciones y excelentes planos que me recuerdan la forma de mirar del cine cubano. Me gusta sobre todo ese dar tiempo al tiempo, sin efectismos y con humildad, para que el espectador entre en la historia y vaya sintiéndose parte de ella.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Las difíciles relaciones familiares

Otras historias que también pasaron por el FICXixón.

Varios días de noviembre de 2013. Festival Internacional de Cine de Gijón

Mariana Rondón durante su encuentro con el público
Mariana Rondón durante su encuentro con el público
Ayer se apagaron las luces de la 51 edición del FICXixón, pero aún me quedan historias en el tintero y me apetece alargar un día más la crónica de este Festival.

Gran Angular Ficción. Pelo Malo. Mariana Rondón

Pelo Malo fue la película ganadora en el pasado Festival de San Sebastián. Ganó por méritos propios pues se trata de una gran película. Es una historia dura, de soledades, entre una madre y su hijo. Hay detrás dos asuntos abiertos que rondan y que no se explican: la muerte violenta del padre y lo que ocurrió en Carnavales. Ambas situaciones han construido un dique infranqueable en el corazón que les distancia. Todo está roto entre ellos, sin remedio. El niño es rebelde, como su pelo. Quiere domarlo, alisarlo, buscando transformarse en lo que no es. El niño está formando su identidad con carácter. Choca una y otra vez con su madre, cansada de contemplaciones, preocupada con volver a su trabajo, sin ganas de querer a nadie, cargando sobre su hijo todas sus frustraciones y echándole todas las culpas. Ya es bastante dura su vida como para asumir otras responsabilidades.

Me sorprende gratamente la capacidad de Mariana Rondón, su directora, para trazar unos personajes tan rotundos con la mayor sencillez, simplemente dejándoles moverse y hablar. Mirándoles unos minutos se les entiende a la perfección. Se nota una mano inteligente detrás que se aleja de lo obvio y se dedica a lanzar preguntas al espectador sin que éste se dé cuenta. Rondón nos tiene dando vueltas alrededor de las mismas cuestiones que a ella le carcomen. Sin duda hay en la película muchos niveles y todos tan abiertos que permiten bastantes tipos de interpretaciones. Me decanto por pensar que asistimos a una batalla entre la obediencia ciega y la naturaleza, justo en ese periodo en el que se forma la personalidad. Las opciones que se tomen entonces marcarán el futuro y ante los ojos del muchacho pasan todas las posibilidades. Puede elegir la salida limpia del deporte como el quiosquero, o la violencia como la que terminó con la vida de su padre, o el mundo idílico de la abuela –seguro y con el tiempo detenido-, o la pauta diaria como va a elegir su vecina, o incluso la básica de la supervivencia. Quiere agradar a su madre, pero es demasiado tarde. Nada de lo que hace sirve ya.

Cuenta Mariana Rondón en su encuentro con el público que la historia no empezó aquí, que viene de los anteriores Carnavales. Pero eso no se enseña. Cuenta que esa decisión de omitir una explicación tiene que ver con dónde se ubica el espectador ante la película, en qué lugar de la aceptación o la intolerancia está parado.

No le costó dar con el niño protagonista, en realidad fue el primero en hacer el casting. Pero Rondón pensó que la vida no podía ser tan fácil. Así que vio otros cien más. El niño está en casi todos los planos, por eso era importante ver si tendría fuerzas para aguantar el rodaje. Todos los actores son debutantes, para construir sus personajes se pasaron cinco meses de ensayos semanales. La relación que se estableció entre los actores que interpretaban a la madre y al niño fue muy linda, algo que permitió hacer violenta la relación entre ellos en la pantalla.

La directora explica que con Pelo Malo ha querido tratar de entender por qué una madre se encuentra con que no puede querer a su hijo. Mientras desarrollaba la película ha descubierto que hay muchos motivos. No se trata de juzgar sino de ver las razones. Se desata una guerra de poder donde las necesidades vitales de cada personaje –madre, niño, abuela- son diferentes y ninguno puede dejarlas de lado. En Venezuela tienen una expresión: «correr la arruga», por mucho que la estires siempre va a estar ahí. Cuando al fin la madre recupera lo que quería, cuando vuelve a su cuartito de vigilante de dos metros por dos metros, lo que vemos es que es un lugar como una cárcel. Pero es lo que ella deseaba. Por lo que ha peleado es lo más mínimo.

Mientras filmaban se estaban produciendo noticias sobre la enfermedad de Hugo Chávez. Las imágenes que se muestran a través de la televisión eran las noticias que estaban ocurriendo. No son cualquier noticia. De esa forma, apareciendo al fondo en la película, se trata la contemporabilidad porque se marca la realidad que está ahí. El balance de una vida, la situación difícil del país y el contexto social van drenando el film. En Venezuela aún no se ha estrenado, pero ya ha desatado una controversia muy grande. Vivimos un momento muy perturbado en el que se usan las acusaciones de homosexualidad como armas de polarización. El hecho es no aceptar al otro. En Estados Unidos se habla del racismo de esta película. En América se la tacha de muy política. En Europa se le ha visto un toque de homosexualidad. Reconoce que esas visiones explican que Pelo Malo tiene múltiples posibilidades de lectura.

Gracias a una ley de hace casi diez años en Venezuela se creó el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía. Lo más interesante es que reúne impuestos de todas las industrias audiovisuales para hacer un fondo. Los cineastas presentan sus proyectos a este fondo, concursan y te lo aprueban o no. Gracias a este modelo, se están preparando entre 30 o 40 películas para el año que viene. La directora explica que para concursar a este fondo no ha tenido exigencias políticas. No hay injerencias. El Estado tiene la Villa del Cine, una especie de productora, a través de la que realiza las 3 o 4 películas que le interesan al año. Otra parte importante de la ley es que obliga a los estrenos nacionales a estar en cartelera un mínimo de dos semanas. En este momento el cine venezolano es el que más dinero está dando a las salas de allí.

Gran Angular Ficción. Like Father, Like Son. Hirokazu Kore-Eda

Cartel de la película Like Father, Like Son
Cartel de la película Like Father, Like Son
Like Father, Like Son, del japonés Hirokazu Kore-Eda, también aborda las relaciones familiares. Arranca con la cotidianidad de una familia adinerada. Un padre que trabaja muchas horas para mantener su posición de imprescindible en su empresa y que por tanto sacrifica el tiempo que debería estar con la familia, una madre sumisa y un hijo obediente pero limitado a la hora de cumplir las expectativas que su padre ha fijado para él. El conflicto surge cuando del hospital les avisan que hubo un error con los bebés y que se los entregaron cambiados. Su verdadero hijo está con una familia más sencilla, más mundana. ¿Intercambiarlos?, ¿quedarse con los dos?, ¿seguir como hasta ahora?

Like Father, Like Son va de saber ser padre. Nos habla de elecciones y de desapegos que duelen. El guion y las interpretaciones funcionan bien, pues el espectador construye en su cabeza las preguntan implícitas que no se llegan a pronunciar, pero que están flotando toda la película, especialmente en las miradas. ¿Ha sido un buen padre? ¿Dónde están los lazos padre-hijo, en la sangre o en la relación que han formado a través de la convivencia? ¿Cuál de los dos es su hijo, el que se le parece o aquel al que ha educado en su misma forma de pensar? La oportunidad de empezar de nuevo es una buena forma de ir respondiendo con sinceridad a cada una de las cuestiones y también para no repetir los errores.

Kore-Eda firma una excelente película con expresivas interpretaciones de todos los personajes, incluso los niños.

Cine Europeo en Ruta. Grand Central. Rebecca Ziotowski

Cartel de la película Grand Central
Cartel de la película Grand Central
Es una pena que Grand Central solo sea una película de amor. No todos los días se puede conocer a un técnico de descontaminación que trabaja en una central nuclear. Su vida, igual de precaria que la de la mayoría, daría para mucho más. El protagonista es un muchacho que necesita encontrar un trabajo. No tiene formación y tampoco quiere llevar una vida de delincuente. La oportunidad de trabajar en la central nuclear es una buena solución. Sabe que por fin va a conseguir trabajo, dinero, compañeros y amigos, sentir por una vez que ha echado raíces. El proceso de admisión es demasiado sencillo, sin duda algo no funciona bien. Las cuadrillas se forman cada vez con trabajadores más jóvenes y sin experiencia. Los recortes reducen el presupuesto y éste, a su vez, los salarios y la seguridad que se va al garete. Un medidor que cuelgan al pecho marca el nivel de radiación al que se han expuesto y una máquina antes del último torno comprueba que solo salgan si están limpios y no contaminados. Ahí, en la parte social y en los conflictos laborales, podría haber centrado Rebecca Ziotowski su película para darle mayor potencia. La directora elige contarnos dos tipos de contaminaciones y en ciertas formas compararlas: la radioactiva del entorno de trabajo que mata lentamente y la de enamorarse de quien no se debe que duele igual. Ambas se colocan a la misma altura y con la misma peligrosidad. Ese triángulo amoroso supone la deriva de su protagonista, que nada le importe ni tenga sentido para él. Hay una imagen en la película que muestra a la perfección esa idea, la de la brillante manzana que se cae y baja rodando por el barro.

No es la única comparación poética que Ziotowski nos propone para que saquemos conclusiones: vestir de blanco a la protagonista en sus escenas o esa lluvia que siempre supone una derrota.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Vidas enfermas

El FICXixón echa el telón a su edición 51

Sábado 23 de noviembre de 2013. Festival Internacional de Cine de Gijón

Cartel de la película Miele
Cartel de la película Miele
Se acabó el FICXixón un año más. Lo hizo sin mucho ruido y con las salas llenas de gente que quiere ver cine.

Cine Europeo en Ruta. Miele. Valeria Golino

La actriz Valeria Golino se ha pasado al otro lado de la cámara. Con su película, Miele, tengo sensaciones enfrentadas. Me encanta su fotografía de playa y rostros en primerísimos planos. Me parece que Jasmine Trinca, la actriz protagonista y casi omnipresente en todos los planos, hace un trabajo excelente además de traerme constantemente a la cabeza a una Isabella Rosselini joven y modernizada al estilo de nuestros nuevos tiempos. Me gusta el valor de tratar un tema como la eutanasia sin tapujos, al menos en su nivel básico. Me seducen los diálogos que se salen de los tópicos. Pero no termina de convencer el recorrido que sigue la película.

Ayudar a morir debe ser una tarea agotadora, que exige un esfuerzo mental enorme para no desplomarse. Dudas, desequilibrios… se necesita un carácter especial para mantener las convicciones. Ver morir siempre desgasta; la vida se resiente, la realidad se desenfoca y todo lo demás, si es que queda algo, deja de importar. No es extraño que la protagonista convierta su vida en una mentira y que cuando pierde las fuerzas sea incapaz de mantenerla y estalle. Esa es quizá la parte más frágil de Miele, la prescindible.

El derecho a una muerte digna crea debate sobre si es posible ejercer la decisión de morir cuando la vida no puede considerarse como tal. Es un problema de límites, de preguntarnos cuándo deja de merecer la pena. Sin embargo la pregunta que se hace la película es más demoledora y simple: ¿debería haber límites? No hay respuestas rotundas. No entiendo la condena moral a la eutanasia. No comprendo por qué es obligatorio defender la vida cuando ésta no se sostiene. No me explico por qué se penaliza a quienes ayudan a dejar de vivir una vida indigna, ni la hipocresía social que les obliga a bordear la legalidad para hacerlo. A veces al plantear las cuestiones se muestra el punto de vista y la opinión se deduce según la pregunta hecha.

Gala de Clausura

Largometrajes
Instantáneas de la Gala de Clausura:
(1) Roko, (2) Patrice Leconte y Claudia Sainte-Luce, (3) Foto de familia del FICXixón, (4) Ewa Puszczynska, (5) Inés Paz
La gala de clausura nada tiene que ver con la de inauguración, como si al Festival le pesaran los días y las noches sin dormir. A pantalla completa se repasan las imágenes seleccionadas para recordar esta edición, mientras la banda del Festival de Cine pone la música desde atrás. Cuando se levanta el telón, el escenario está triste, un poco desangelado. Presenta de nuevo Inés Paz, pero esta vez su guion se limita a dar paso a unos y a otras y no se ha colado ni el menor chiste. El ingenio lo ponen SAM o Leconte y poco más.

Escuchar agradecer un premio, más aún si se hace a través de un vídeo, se hace plomizo y el resultado es una gala sosa y descafeinada. Pocos minutos se salvan: Los dos números musicales de Roko como gran apuesta de la noche, la equivocación del distribuidor de Blue Ruin que confundió el nombre del director, Jeremy Saulnier, con el del actor Jeremy Irons y la emoción con la que recogió Claudia Sainte-Luce el premio especial del jurado a su película Los insólitos peces gato.

Gran Angular Ficción. Alabama Monroe. Félix Van Groeningen

Cartel de la película Alabama Monroe
Cartel de la película Alabama Monroe
Félix Van Groeningen ha hecho una gran película que hace unos días se llevó el premio del público en el Festival de Sevilla, es también la enviada por Bélgica a competir por el Oscar a mejor película de habla no inglesa y la que más nominaciones presenta a los premios del Cine Europeo. Lo primero que llama la atención de Alabama Monroe es la forma de contarla, saltando en el tiempo de un lado hacia el otro por los últimos siete años. Lo que parecía caótico se va transformando en una estructura pensada para darnos tiempos para asimilar los golpes. Lo cierto es que cuando contamos algo no siempre somos conscientes de que no seguimos la línea temporal. ¡Cosas del cerebro y de esa forma que tiene de relacionar y asociar los recuerdos! Cuando recordamos nos influyen los sentimientos, de un tema alegre pasamos a otro también alegre porque los almacenamos unidos. Así se estructura nuestra cabeza y también la película. Ese ritmo nos va abriendo los ojos. De la incertidumbre del presente se va atrás, primero a los mejores recuerdos, después a los más dolorosos, para terminar en los que somos incapaces de soportar, y mientras el presente también avanza.

Suena mucho country, la música más triste del mundo, que nos va formando el ánimo y conduciendo por los caminos de la película. Hay leyes de la vida que cuando se rompen nos destruyen. Alabama Monroe va de una de estas situaciones. Pero sobre todo habla de cuando desengañados dejamos de creer, ya sea en la religión o en los Estados Unidos como el mejor país del mundo. Las creencias no se sostienen con la razón y tampoco nos ayudan a hacer más tolerable el sufrimiento. Hay en la película un sensacional alegato contra la religión que habla de esto.

Los protagonistas a veces gritan, algo que, con la intensidad que se hace en esta película, se había perdido en el cine. No estamos acostumbrados, pero aquí resulta una técnica efectiva que provoca al espectador.

La sensación al final es la de que nada sobra, que cada pedazo está sabiamente puesto para enlazar con otro. Alabama Monroe me parece una película redonda, llena de emoción y muy lejos del sentimentalismo.

Pawlikowski gana

Palmarés de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón

Sábado 23 de noviembre de 2013. Festival Internacional de Cine de Gijón

Largometrajes de la Sección Oficial premiados en la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Largometrajes de la Sección Oficial premiados en la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón

SECCION OFICIAL DE LARGOMETRAJES:

El Jurado Internacional de la Sección Oficial de largometrajes de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, integrado por Patrice Leconte, Aida Folch, Iván Trujillo, Pablo Giorgelli y Ray Loriga ha concedido los siguientes premios a los largometrajes participantes:

Premio Principado de Asturias al mejor largometraje: Ida de Pawel Pawlikowski (Polonia)

Premio al mejor director: Jeremy Saulnier por Blue Ruin (Estados Unidos)

Premio al mejor actor: Alexandre Landry por Gabrielle (Canadá)

Premio a la mejor actriz: Agata Kulesza por Ida (Polonia)

Premio al mejor guión: Pawel Pawlikowski y Rebecca Lenkiewicz por Ida (Polonia)

Premio Gil Parrondo a la mejor dirección artística: Atarzyna Sobanska y Marcel Slanwinski por Ida (Polonia)

Premio Especial del jurado: Los insólitos peces gato de Claudia Sainte-Luce (México)

ANIMAFICX:

El Jurado Internacional de la Sección ANIMAFICX de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, integrado por Jordi Grangel, Manuel Sicilia y Sam ha concedido los siguientes premios a los largometrajes participantes:

Premio ANIMAFICX (Ex aequo): The Fake de Yeon Sangho (Corea del Sur) y Cheatin’ de Bill Plympton (Estados Unidos)

Mención especial: Patema Inverted de Yasuhiro Yoshiura (Japón)

SECCION OFICIAL DE CORTOMETRAJES:

El Jurado Internacional de la Sección Oficial de cortometrajes de la 51 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, integrado por Blanca Romero, Emiliano Allende e Iván Massagué ha concedido los siguientes premios a los trabajos participantes:

Premio Principado de Asturias al mejor cortometraje (Ex aequo): Parvaneh de Talkhon Hamzavi (Suiza) y Cargo Cult de Bastien Dubois (Francia)

Premio al mejor director: Kira Richards Hansen por Fucking Tøs (Dinamarca)

Premio al mejor actor: Cosimo Cinieri por La Prima Legge di Newton de Piero Messina (Italia)

Premio a la mejor actriz: Paola Lattus por Asunción de Camila Luna Toledo (Chile)

Premio al mejor guión: André Marqués por Luminita de André Marqués (Portugal y Rumanía)

Premio a la mejor dirección artística: Laura Boni por La Prima Legge di Newton de Piero Messina (Italia)

Premio Especial del jurado: Luminita de André Marqués (Portugal y Rumanía)

RESTO DE PREMIOS:

Premio del público al mejor largometraje de la Fundación Foro Jovellanos del Principado de Asturias: Little One de Darrell James Roodt (Sudáfrica)

Premio FIPRESCI de la Prensa Internacional: Henri de Yolande Moreau (Francia y Bélgica)

Premio al mejor cortometraje Día D'Asturies: Fracciones y Proporcionalidad de Tito Montero (España)

Premio CajAstur del jurado joven al mejor largometraje: Ida de Pawel Pawlikowski (Polonia)

Premio del jurado joven al mejor cortometraje: La Prima Legge di Newton de Piero Messina (Italia)

Premio ValetudoDVD: Estocolmo de Álvaro Martín (España)

Premio Impacta: Madres de Kiko Prada y Javi Prada (España)

Premio Universo Vídeo FICXLab - Gijón Creativo: Guillermo G. Peydró

Premio Proyecto Corto Canal+ - Pecera Estudio: Not The End de César Esteban Alenda y José Esteban Alenda

Premio del público infantil de la sección Efants Terribles al mejor largometraje para menores de 12 años: The Little Ghost de Alain Gsponer (Alemania)

Premio del público infantil de la sección Efants Terribles al mejor largometraje para mayores de 12 años: La Cité Rose de Julien Abraham (Francia)

Premio del público a la sección Rellumes: En Solitaire de Christophe Offenstein (Francia, España y Bélgica)

Premio Coca Cola al mejor largometraje asturiano a la sección Gran Angular: Frankenstein de Anto Rodríguez (España)