domingo, 6 de diciembre de 2009

Al final, somos lo que eligimos

«Tú eliges», una nueva lucha de Antonia San Juan frente a la educación victoriana


Cartel de la película «Tu eliges»
Cartel de la película «Tu eliges»
Escrita y dirigida por Antonia San Juan, «Tú eliges» es una comedia, o un drama, según por el lado que se mire, con una marcada intención de romper los esquemas del espectador. Sabe obtener carcajadas en varias escenas con los elementos más simples y a la vez obligar a reflexionar. La película propone que cada uno elija su destino, porque al final nos convertimos en el resultado de las decisiones que hayamos ido tomando a lo largo de la vida, sin admitirse las excusas de los chantajes que los demás puedan realizar sobre nosotros. Un canto claro a bajarse las máscaras colocadas en los rostros por la rígida educación victoriana y católica, que impone lo que se ve ante lo que se siente.

Con muchas tramas en paralelo (ruptura de una pareja dedicada al mundo del espectáculo, preparación de la fiesta de presentación de un nuevo disco, citas a ciegas...) las historias van confluyendo, aclarándose el parentesco y las relaciones que van uniendo a todos los personajes. Nos cuenta un día en su vida y lo que vemos es que habla, sobre todo, de soledades, de distancias entre las personas. La vida es tomar partido, elegir, y después responsabilizarse de esas elecciones que van construyendo la soledad que habitamos.

Luis Miguel Seguí y Antonia San Juan en una escena de «Tú eliges»
Luis Miguel Seguí y Antonia San Juan en una escena de «Tú eliges»
La película tuvo poco tiempo de rodaje, apenas 20 días, que además Antonia San Juan aprovechó para rodar otro corto: «Las once». Sus preocupaciones como directora se notan en una merma interpretativa de su personaje. A la película también le falta ese algo más de tiempo para haber pulido las aristas y que así se hubiera convertido en un film más acabado y de calidad excelente.

En cuanto a las interpretaciones, grandes cómicos como Neus Asensi, Secun de la Rosa o Félix Navarro consiguen la risa y a la vez saben dar paso a la tragedia. Luis Miguel Seguí representa a un personaje perdido que interpreta con sobriedad. Antonia San Juan trata al suyo con rigidez y cierto hieratismo. Tiene un corto papel Andrés Lima al que su labor de director en Animalario va alejando de las pantallas; es la suya una interpretación modélica para servir como contrapunto perfecto al huracán Neus. Finalmente la Mala Rodríguez, además de ofrecernos la banda sonora, también actúa en la película con un papel que sabe llevar a buen cauce.

Dice en primera persona Antonia San Juan que las mujeres «somos unas hijas de puta» y luego más seria cuenta que la sociedad cristiana trata muy mal a la mujer, salvo que sufra, «que tenga cárcel». No sólo critica este aspecto, habla también de que esta sociedad presenta una incapacidad para cuestionarse nada y se orienta a que el individuo no se convierta en responsable de sus propios actos para que así no pueda comandar su vida ni promover cambios de forma consciente. Su película se mueve por estos cauces, provocando preguntas y respuestas sociales en el individuo, presentando mujeres cotidianas esforzándose por ser felices, con sus batas y sus conversaciones de café, atraídas y engañadas, pero fuertes siempre.

A modo de pequeño anecdotario: Antonia San Juan llegó con «Tú eliges» al Festival de Málaga de Cine Español y habló de lo difícil que es hacer cine, de que había tenido que usar sus ahorros y también de cómo la madre de su pareja, Luis Miguel Seguí, había invertido los suyos en ella. No era un proyecto descabellado, sus cortometrajes anteriores «V.O.» y «La china» habían tenido cierto recorrido y éxito. Respecto al corto «V.O.» decir también que obtuvo más de 30 premios y que llegó a estar nominado para los Goya de la Academia de Cine de España. Contaba Antonia que necesitó hacer aquel corto para poder salir del personaje que había interpretado en «Todo sobre mi madre». En Málaga, aún no contaba con distribuidora que permitiera a su primer largometraje exhibirse en las salas de España. Finalmente Sorolla Films ha apostado por la película.

sábado, 5 de diciembre de 2009

«La tierra», una historia sencilla que se alarga

«La tierra» nos muestra una violencia opresora en los entornos tradicionales


Sábado 5 de diciembre de 2009. Teatro Valle Inclán. Madrid


Cartel de «La tierra»
Cartel de «La tierra»
Sin duda es su escenografía lo mejor de «La tierra». Nubes en el cielo, el olivar sobre un cerro de arena, la luna llena, la valla de madera que también representa las fachadas de las viviendas del cortijo y la tierra que parece colarse en todas partes. El espectador la huele durante la obra, una tierra que va siendo empujada, movida y estrujada por los actores y que como imperceptible polvo forma parte del necesario aire que se respira en las butacas. Una tierra entre arena y ceniza, seca y yerma de un lugar en el que hace mucho que ya no llueve porque la naturaleza castiga un crimen silenciado por el pueblo.

Bien iluminada, con acertado uso de las sombras, con excelente manejo de los espacios, de una marcada poética en palabras e imágenes y con una gran visión de conjunto para la escena, la obra no desaprovecha momentos para afirmarse como una plástica postal dramática, como si fuesen instantes que estuviesen esperando a ser fotografiados. Los sentimientos, escondidos y encerrados, temerosos y temblones, callados, avergonzados, como corresponde a una sociedad rural oprimida, son interpretados a la perfección por el elenco. Sin embargo algo cojea en el argumento.

«La historia ocurre ahora», como dice uno de los personajes, pero viene de nueva años atrás, así que sobre el escenario se entrecruza el presente con el pasado a través de varios flashback. No hay problema de distinción, el autor y el director han cuidado estos detalles y en pocos segundos uno siempre sabe si está en el presente o en el ayer. Podría ser un elemento que dinamizara la obra, pero recurren a ello en exceso, hasta el punto que se obtiene el resultado contrario: el texto se ralentiza, pues están explicitando algo que ya se viene intuyendo con suficiente fuerza desde mucho antes. Sí, la historia es sencilla y resulta previsible, a mitad de la obra ya no quedan secretos para el espectador pues torpemente ha sido desvelado cada uno de ellos.

Una escena de «La tierra»
Una escena de «La tierra»
Dramáticamente resulta hermoso de qué forma, simulando la cámara rápida del cine, pasa, cuando arranca la obra, toda la historia que se va a contar en unos segundos. Su estética es sobresaliente, pero las pinceladas que deja en la retina se convierten en un poso que destruye toda intención de sorpresa posterior.

La obra tiene grandes momentos y siempre está latente la potencialidad de una historia que puede crecer. Sin duda el momento en el que María (Marta Poveda) le describe a Mercedes (Andrea Soto) cómo es la vida de Madrid es una de las mejores piezas, en pocas palabras cuenta las sensaciones de soledad y distancia que producen las grandes ciudades. O Pilar (Nieve de Medina) con el gesto torcido por la vida. O a Miguel (Raúl Prieto) y a Pozo (Mariano Llorente) tumbados sobre la tierra mientras charlan y comparten una botella que es la vida misma. Se perciben en general las buenas intenciones del autor de crear un texto interesante, pero que no se llega a plasmar del todo, que se ha quedado en un intento.

A la obra le sobra el personaje del fantasma de Juan (Julio Vélez) para explicar al espectador lo mismo que los actores van mostrando, aburre y me vuelve perezoso, para qué interpretar si este señor me va a contar lo que pasa e incluso describir los sentimientos de los otros personajes. El espectador no necesita que se lo den mascado. De la misma forma ocurre con la protagonista, que a veces parece salirse de su cuerpo para hablar en tercera persona de lo mismo que está diciendo, para diseccionar su alma y unos sentimientos que al autor le deben parecer demasiado profundos para ser representados. Son momentos muy literarios pero que puestos sobre un escenario estropean el trabajo de los actores.

La violencia como algo cotidiano forma parte inseparable de la obra y su reflejo sobre las personas consigue resultar impactante. De la misma forma, buena representación de la tradición como un conjunto de respuestas establecidas para conformar el comportamiento que se impone, define todas las posibilidades y supone la carga que los personajes aguantan.

Me dejaba para el final la lluvia, que al final de la obra cae con fuerza sobre la tierra redimida.

A modo de pequeño anecdotario: La historia de «La tierra» es larga y curiosa, así que la resumo. Fue escrita por José Ramón Fernández entre 1994 y 1997. Resultó finalista del premio Tirso de Molina 1998. En ese mismo año el texto fue leído en el desaparecido festival de teatro de Sitges y se publicó en Primer Acto y posterirmente en un libro que también contenía «Para quemar la memoria», lo que propició una lectura dramatizada dirigida por Juan Simón y una puesta en escena de Luisma Soriano en la ESAD de Murcia. Siguieron una lectura dirigida por Luis Miguel González en Madrid y otra dirigida por Horacio Videla en el II Festival de Dramaturgia Europea de Santiago de Chile en 2002. Año también en el que se publica en Internet dentro de la colección de Plácido Rodríguez por Caos Editorial. A principios de 2006, Gerardo Vera se interesa por la obra para el Centro Dramático Nacional, pero el autor se había comprometido con Emilio del Valle y Producciones Inconstantes y la obra se estrena en febrero de 2007. Tras el tiempo de explotación por Inconstantes, Gerardo Vera volvió a plantear la producción por el CDN de este texto, marcando como director a Javier G. Yagüe, con el que el autor había trabajado en la Trilogía de la Juventud («Las manos», «Imagina» y «24/7») en la Cuarta Pared. Mientras tanto el texto se publicó otras dos veces y en el 2009 el texto fue traducido al rumano, griego y francés.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Ya llovío. Treinta años de Nuberu

Llega a Madrid la exposición itinerante «Ya llovió. Treinta años de Nuberu (1978/2008)» que recoge un repaso en imágenes y sonidos a la trayectoria del grupo musical Nuberu con motivo de su despedida de los escenarios y que resulta una buena disculpa para hacer un recorrido por treinta años cruciales de la historia de Asturias




Cartel de la exposición «Ya llovió. Treinta años de Nuberu»
Cartel de la exposición «Ya llovió. Treinta años de Nuberu»
Anoche se inauguraba la Exposición sobre el grupo musical Nuberu, que recoge imágenes y objetos que reflejan su trayectoria musical. No son solo instantáneas y recuerdos, la exposición muestra también su compromiso político y social dentro de los movimientos obreros y solidarios, lo que supone una mirada hacia la Asturias y la España que salía peleando de una Dictadura para encontrarse ante una Transición que marcaba los caminos de la Democracia. La Exposición se puede visitar hasta el 8 de enero de 2010 en la Delegación del Principado de Asturias en Madrid.

Nuberu tiene sus orígenes en el colectivo Camareta formado por jóvenes vecinos del concejo de San Martín del Rey Aurelio. Dos de aquellos muchachos eran Chus Pedro Suárez y Manolo Peñayos que, con el nombre de Nuberu, en 1978 tuvieron la oportunidad de grabar su primer disco «Asturies, ayer y güey».

El Delegado del Principado en Madrid, Miguel Munárriz, abrió la exposición con unas palabras para destacar que Nuberu trascienden lo musical para convertirse en historia de Asturias.

Por su parte, Gema Suárez, Concejala de Cultura del Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio (municipio del que provienen Chus Pedro y Manolo), recordó que esta exposición que hoy llega a Madrid comenzó su andadura en el Teatro Municipal de El Entrego, a principios de junio. Recalcó que aquí también se resume la inquietud cultural y política de todo un concejo que siempre se ha mostrado inquieto en ambas facetas. Hoy el territorio de San Martín del Rey Aurelio se ha convertido en una factoría cultural, donde sus gentes han cambiado la mina por la escritura y la música.

«Ya llovió. Treinta años de Nuberu»
«Ya llovió. Treinta años de Nuberu» (foto: Toni Gutiérrez)
Tomó la palabra Pablo Manzano, presidente de la Fundación Nuberu, para realizar un repaso por la trayectoria del grupo, desde aquel primer disco y su primer concierto en el cine sindical de El Entrego, e incluso antes, cuando Nuberu formaba parte de la plataforma de artistas en apoyo al PCE. Ya desde entonces expresaban un canto a la solidaridad y al mundo del trabajo. Compusieron muchos himnos generacionales, que aún hoy siguen siéndolo y siempre se han mostrado como artistas comprometidos con lo asturiano. Su disco «Como tú yes» fue el primer disco que se grabó en directo en Asturias. En el 2008, Chus Pedro y Manolo toman la decisión de concluir Nuberu después de 30 años cantando en una lengua que oficialmente no existe. Esta exposición, cuando finalice de viajar retornará a la Fundación donde se quedara permanentemente.

La directora general de promoción cultura y política lingüística del Principado, Consuelo Vega, recordó que este año 2009 el Gobierno del Principado de Asturias concedió a Nuberu una de sus Medallas de Asturias 2009, que son más altos reconocimientos que otorga la comunidad asturiana y sirven para premiar méritos verdaderamente singulares que concurran en personas e instituciones cuya importancia y trascendencia para los intereses generales de la Comunidad Autónoma les haga acreedoras y dignas de tan elevada recompensa. Galardón conseguido tanto por su música como por su trayectoria difundiendo la música tradicional, la cultura y la lengua asturiana. Trayectoria que comienza en el 78, cuando el pueblo recupera la voz y la palabra. La mirada a este exposición debe servirnos a todos para que nos reconozcamos un poco más y un poco mejor.

Instantánea de la exposición
Instantánea de la Exposición (foto: Toni Gutiérrez)
Manolo Peñayos resultó breve en su intervención. Agradeció a Víctor Manuel, presente en el acto, todo la ayuda que siempre les ha brindado. Habló de la exposición que, paseando la historia de Nuberu, llega a Madrid, lo que le sirvió para recordar aquellos tiempos en los que cantaban «Dios te llibre de Castiella» como expresión del centralismo. Preparándola se encontraron repasando muchos vídeos, lo que les trajo muchas emociones, sobre todo revisando las manifestaciones de entonces. Cerró su intervención prometiendo que seguirán trabajando por la cultura.

Cerró el acto Chus Pedro Suárez, un tanto afónico, para decir que «Nuberu somos mucho más que dos», que son todos aquellos que comparten una forma de sentimiento de comprometerse con la cultura asturiana. Dice que la historia de Nuberu se resume en una tayuela, que como ella se apoyan en tres patas. La primera es el compromiso político con el mundo del trabajo y de la solidaridad, no en vano son de la cuenca minera del Nalón y no pueden dejar atrás su contexto social. La segunda de las patas es la tradición innovada para envolver y llevar lo tradicional a un entorno más universal que pueda ser compartido en cualquier parte del mundo. Finalmente, la tercera, el compromiso con la lengua asturiana. Aquí aprovechó para decir que a los políticos les juzgará la historia por no entender la necesidad de dotar al asturiano de oficialidad. A Víctor Manuel le da las gracias, no sólo por aquel primer disco que les ayudó a grabar, y por la ayuda que durante toda su trayectoria les ofreció, sino porque gracia a él existe Nuberu y sus discos. Se disculpa por el estado de su voz que no le permite cantar como estaba previsto, dice que le ha pasado como a la sidra, que en el momento que pasa el Negrón se estropea.

Chus Pedro pidió al público que coreara sus canciones, mientras al piano interpretaba las melodías Gabino Antuña.

jueves, 3 de diciembre de 2009

La cotidianidad de «La ventana»

«La ventana» nos muestra ese punto de la vejez en el que el ser humano se convierte en perdedor


Cartel de «La ventana»
Cartel de «La ventana»
Tras un largo recorrido por festivales, el director argentino Carlos Sorín estrena en las salas comerciales su película «La ventana». En España participó en la Seminci de 2008.

El argumento de la película es sencillo: Antonio (que interpreta Antonio «Taco» Larreta) es un escritor mayor que se encuentra postrado en la cama por una enfermedad. Hoy vendrá a visitarle su hijo, que vive en el extranjero y al que hace muchos años que no ve. Su hijo sin duda se habrá convertido en un extraño. Antonio sabe que es la última oportunidad para que todo salga perfecto, pero, aunque su testarudez no lo reconozca, su cuerpo está ya vencido.

Por la ventana se cuela el paisaje de la Patagonia convertido en un personaje más de la obra y una metáfora de la vida y el tiempo que se van alejando y que el protagonista necesita tocar con sus manos. Son campos de cereales, repletos de luz, con cielos azules con nubes de algodón y extensiones que se confunden con el horizonte. Naturaleza que enseña a Antonio los ciclos de la vida, que unas cosas finalizan para que puedan comenzar otras. Sin duda es la fotografía una de las piezas fundamentales de la película.

Sobre ese paisaje de Bahía Blanca se levanta la Estancia San Juan, una casa señorial en la que vive el protagonista, un claro reflejo de su carácter, el de un hombre que niega su situación desafiando su estado físico con arrogancia, empeñado en un «yo puedo» sin asumir que se trata de una batalla perdida. Esa lucha frente a la derrota segura es quizá el mayor encanto de la película. Sorprende de la casa que parece encontrarse en un lugar perdido del mundo, pero en su interior está llena de ajetreo: la mujer que se encarga de la estancia, el hombre de los recados, la enfermera, el afinador del piano, el médico, los excursionistas, el niño vecino, el hijo y su esposa. Todos van y vienen de un lado para otro en el quehacer de sus tareas diarias, cruzándose y charlando con la cotidianidad propia de la vida, con naturalidad.

Antonio Larreta en una escena de «La ventana»
Antonio «Taco» Larreta en una escena de «La ventana»
Hablé del paisaje y de la casa, y releyendo veo que no he hecho otra cosa que describir a su protagonista. Sorín no suele utilizar actores profesionales en sus películas. Ésta no es una excepción: ha elegido al escritor, dramaturgo y guionista uruguayo Antonio «Taco» Larreta y sin duda es él quien más impregna de su propia vida al personaje, le traslada su carácter y una mirada afilada de dignidad invencible. «Taco» no es un desconocido: en 1971 obtuvo el Premio Casa de las Américas por su obra teatral «Juan Palmieri». En 1980 ganó el Premio Planeta por su novela «Volavérunt». Entre las películas en las que ha participado como guionista está lo mejor de nuestro cine: «Los santos inocentes», «La casa de Bernarda Alba», «Las cosas del querer», «El maestro de esgrima», «Volavérunt» y «Juana la Loca».

Su interpretación está llena de humanidad, cargada de silencios y gestos que su mirada completa. Arrogante por naturaleza, duro y desafiante. Manda afinar el piano porque él es un hombre de aquellos tiempos en los que no se mostraba el cariño a los hijos, así que busca símbolos para decírselo.

La película, en muchos momentos triste y melancólica, explora el retorno a la infancia en el final de la vida, cuando las personas van sintiendo una cierta lejanía con los afectos y se ven irremediablemente envueltas en la soledad. Conceptos que plasma a la perfección durante la película.

Como decía, su argumento es sencillo, sin que pasen grandes cosas, un retazo de cotidianidad, y apenas nada más.

Carlos Sorín, director de «La ventana» durante la rueda de prensa
Carlos Sorín, director de «La ventana» durante la rueda de prensa
Carlos Sorín, durante la rueda de prensa, reconoce no estar obsesionado con la vejez, pero sí interesado en que con la edad se cambia la relación con la realidad, surge una fragilidad especial y «en ese punto todos son perdedores».

Preguntado por Chejov, el director lo muestra como un ejemplo para sus películas en las que no pasa nada, todo es cotidianidad, pero al final estalla la tormenta que ha permanecido latente durante toda la obra. Pero esto es cine, y aquí, según Sorín, las palabras son accesorias, lo esencial es el primer plano y el gesto para que el espectador intuya lo que pasa por la misma situación, no por lo que se le dice. Cuando se reduce la palabra se hace crecer los visual. Dice no entender que las funciones de guionista y editor en el cine no recaigan directamente sobre el director, ya que las entiende esenciales al proceso de autoría. En su caso se encarga él de editar y normalmente también usurpa la labor del guionista. En «La ventana», cuando tenía la historia armada y reafirmado en sus limitaciones como guionista, se decidió a reunirse con el escritor Pedro Maizal buscando otro punto de vista que pudiera darle una visión diferente para aportar a la película.

Sobre «Taco» Larreta dice que añade al personaje su propia dignidad y orgullo. Todo eso estaba mínimamente en el guión y que en el momento de editar ve que resulta algo esencial. La edición es la etapa de reflexión del director.

Durante la película se plasma un sueño del protagonista, para ello se muestra con una película antigua. Preguntado sobre este tema, Sorín comenta que es un recurso narrativo que le sirve para representar, dentro de su poética, ese momento. Encontró que una película rayada en blanco y negro le servía tanto para representar el sueño como el paso del tiempo.

Respecto a sus nuevos proyectos, dice que cuenta con un disco duro en el que los va almacenando, que una veces retoma alguno de ellos y otras recicla personajes. Ahora mismo está trabajando en uno de estos proyectos.

A modo de pequeño anecdotario: Carlos Sorín tiene una política curiosa a la hora de hacer cine: elige actores no profesionales, así que su primer trabajo es encontrar personas parecidas a sus personajes. Cuando encuentra su protagonista intenta conocerlo y reescribe el guión para que así no tenga que interpretar. Para esta película buscaba un escritor con 86 años, con la voz ya quebrada. «Cuando encontré a Taco me salté una de mis normas, nunca doy el guión a los actores, pero en este caso se trataba de un hombre que conocía el mundo del cine y que había escrito muchos guiones, así que entendí que debía dárselo. Él se lo estudió y se lo aprendió perfectamente, con sus puntos y comas, precisamente lo que no quería. Así que pedí a los asistentes que hicieran desaparecer de su camerino el guión y todos los demás que hubiese por el rodaje. Le resultó duro y me dijo que tal vez él no era la persona que yo estaba buscando para el papel. Al final se dejó llevar. Yo quería sacarle lo que es él y después del tercer día comenzamos a conseguirlo».

domingo, 29 de noviembre de 2009

47FICXixón: Final de unos días intensos con una fuerte ovación

Fin de fiesta con una gala divertida y una buena película con mensaje


Hoy el Festival echa el telón, aunque mañana se vuelvan a proyectar la película ganadora y el premio del público joven. A primera hora de la tarde ya estaban desmontados los casilleros de prensa y se respiraba en el aire la nostalgia de los días pasados, melancolía que se levanta por encima del cansancio, del tiempo robado al sueño. Han caído las últimas botellas de sidra con la comida, hoy me sabe quizá más dulce, a despedida corta, a un «hasta luego».

«The last days of Emma Blank» una película con tintes teatrales

Alex Van Varmerdam, Annet Malherbe y Tom Erisman, el equipo de la película «The last days of Emma Blank»
Alex Van Varmerdam, Annet Malherbe y Tom Erisman, el equipo de la película «The last days of Emma Blank»
Dentro de la sección oficial se proyecta la película holandesa «The last days of Emma Blank» de Alex Van Warmerdam. En una zona de vacaciones, cercana a la playa, se levanta una casa negra que esconde secretos tras sus paredes. Unos sirvientes obedecen a «la señora», caprichosa y opresora, en sus últimos días. Pero, ¿quién son esos sirvientes?, ¿por qué se dejan humillar?, ¿servilismo o avaricia? En los márgenes de este juego teatral se mueve este largometraje de buenas interpretaciones y hermosa fotografía conseguida con la luz veraniega del exterior que contrasta con lo que se esconde dentro de la casa.

Una casa que, el director explica durante la rueda de prensa, se construyó a propósito para la película, pues por mucho que buscó no la encontró. Esta película nace como una obra de teatro de hace diez años. El director tiene un grupo de teatro y primero lo escribió como texto teatral y posteriormente lo convirtió en guión. Su intención primera surge en torno a la idea dramática de los sirvientes a la que le da una vuelta de tuerca preguntando que ocurriría si la propia familia se convierte en el servicio. Respecto a sus influencias dice que sí, que esta película es un cúmulo de pequeñas influencias que va siendo la experiencia y algunas de ellas incluso ya las ha olvidado. No quiere ser un arqueólogo de su propio trabajo.

La clausura

Escenario antes de comenzar la gala de Clausura de la 47 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Escenario antes de comenzar la gala de Clausura de la 47 edición del Festival Internacional de Cine de Gijón
Hay que acercarse hasta La Laboral para la gala de clausura. En su teatro suena música rápida, de batería y guitarras eléctricas, sin voces, mientras vamos entrando. Sobre un escenario grande se puede ver un atril con el número 47 y más atrás y hacia la izquierda paneles con las letras FICX. Colgados desde el techo caen varias pantallas. La gala la presenta Dani Mateo y lo hace con humor y desparpajo. Bromea sobre la Sexta y sobre Cuatro, pues los presentadores de la gala de inauguración pertenecían a dicha cadena. Pasa de puntillas sobre lo moderno de este Festival y las gafas de pasta para comenzar un monólogo cinematográfico sobre Dios y el hijo que envía para salvar a la humanidad, una historia a la que le falta un giro de guión según Mateo.

Se entregan los diecinueve premios, con agilidad, pues los ganadores cuyos agradecimientos duren menos de tres minutos recibirán un caramelo. Todos se han llevado el suyo.

«Don’t let me drown», una historia de amor juvenil en el Nueva York del 11-S

Cruz Ángeles director de «Don’t let me drown»
Cruz Ángeles director de «Don’t let me drown»
Cruz Ángeles clausura el festival con su película «Don’t let me drown». Se trata de un largometraje dinámico en el que los sentimientos y emociones siempre están apunto de explotar. Varias generaciones de latinos representados en dos familias, la una mexicana y la otra dominicana para plasmar su mundo, las diferentes formas de asimilación (padres e hijos) a la cultura norteamericana. Especialmente dramático y asfixiante es el trabajo de Ramón que se encarga de limpiar los escombros de la Zona Cero. El director consigue que se respire el polvo nocivo que envuelve al personaje traspasando la pantalla, que se tosa con él sangre. Otro de los mayores logros del director es conseguir que la película resulte tremendamente cercana.

En la rueda de prensa de la mañana, Cruz Ángeles reconocía que siempre le ha resultado difícil centrarse en una sola cosa, motivo por el que esta película es un crisol de personajes que le permite mostrar diferentes generaciones simultáneamente. Cuando se habla del 11-S siempre se muestran bomberos y policías, todos ellos blancos, se olvidan de todos los inmigrantes que trabajaron allí limpiando los escombros. Presenta un mensaje claro: los personajes provienen de otros países y otras razas, pero ahora todos viven en Nueva York y entre todos se construye la ciudad.

Cuando le preguntaron su secreto para manejar la tensión lo resumió con sencillez: escribir, reescribir, rodar y montar. Dice que la emoción es el elemento que pasa todas las barreras lingüísticas. Cuenta que para sobrevivir en tiempos de crisis las mejores medicinas son la risa y el amor. Comenta que él personalmente quiere hacer que el mundo funcione y recuerda que en su país había muchos jóvenes que salieron a votar en las últimas elecciones porque, como él, querían que hubiera un cambio. Había un rayo de esperanza.

Fue sincero al hablar sobre las dificultades para hacer su película, dijo que eran las mismas que cualquier largometraje de cine independiente: el dinero. También habla de las complicaciones para encontrar el elenco. Pero al final todo se resuelve tomando decisiones con rapidez, para que las cosas funcionen con lo que tienes.