Mi intención es escribir una entrada muy corta simplemente para indicar que la bitácora ha migrado de blogger a betablogger. Ha sido algo muy sencillo y en mi opinión ha merecido la pena el cambio.
sábado, 9 de diciembre de 2006
Evolución
martes, 5 de diciembre de 2006
Después del concierto de Falete
Carta primera.
Hola, a todos:
acabo de llegar del concierto de Falete y quiero decir que me ha cambiado totalmente. Asumiendo el riesgo de que cada uno de vosotros me tome por loco y me retire la palabra para siempre, decir quiero, como si del aire que respiro surgieran las sensaciones que me llenan y completan, como si ese mismo aire fuera quien yo soy, que ya no queda nada del otro. Respirar ahora carece de sentido cuando la cabeza está llena de sonidos que rebotan en ella para erizar mis sentimientos porque tomar aliento es beberse a uno mismo. Si alguna vez tuve alma seguro que sonó como la vibración de una guitarra que no se apaga, o el clack-clack-clack seco y preciso de una caja, o el compás de unas palmas sobrecogedoras, o el chasquido suplicante que produce sabio silencio tras cortar cualquier vaguedad, o el taconeo perdido y recuperado que resuena primero sobre la tarima y después revolotea dentro de mí haciéndome cosquillas en la garganta cuando ya estoy lejos, o la voz desgarrada que te rompe el corazón para cosértelo en la siguiente frase, o todo un sentimiento que soy incapaz de expresar en palabras porque estas ya nada significan. Tal vez he encontrado mi isla inexistente que tanto busqué, o el punto de no retorno del que no será necesario volver, el definitivo...
Hoy me he sentido gitano y flamenco como hace mucho tiempo que no lo era, como las veces que lo percibí corriendo por mis venas desde una ventana mojada por la lluvia, con añoranza, con tristeza, con lejanía de no poder ser lo que uno quiere ser. Tanto me he sentido que al volver, cruzando Cascorro, me he quedado con un grupo de ellos dando palmas mientras el más joven, Josua, taconeando y frunciendo el gesto nos decía que el calor y el frío están siempre en la punta de los dedos. Todo está en la punta de los dedos con los que tocamos el mundo que quiere escapársenos. Fui un momento uno más, con el mismo ritmo, con los mismos ojos, con la misma sangre, con la misma piel. ¡Ay!, tirititran, tran, tran, tirititran, tran, tran, tirititran, tran, tran...
Siento que os lo hayáis perdido. Otra vez será.
Un beso, saludo, abrazo...
→ Basi Vos firma#
Carta respuesta.
Querido Basi:
De retirarte la palabra nada, al contrario: nos tienes que contar qué es eso del «alma», y en concreto cómo sientes tu nueva «alma gitana».
Nos vemos pronto. Feliz puente.
Yo he elegido besos,
Elisabeth
Carta contestación.
Hola,
Elisabeth, siempre haces preguntas demasiado difíciles. Si empezamos con lo del alma creo que es la esencia de uno mismo que nos vamos construyendo con los sentimientos que cumplimos y los anhelos que incumplimos. No es tangible porque no es -simplemente-. Se puede nombrarla de muchas maneras, tantas como interpretaciones se nos ocurran en cada una de las conversaciones que tengamos sobre ella -como con cualquier ente vivo ocurre-. Si alguien quiere verla de una manera gráfica que se imagine un cubo -como los que teníamos de pequeños para jugar en la playa- para llenar con todo lo que encontramos -arena, colillas, algas, agua... por seguir con el símil-.
Cuando mezclamos alma con gitano hablamos del «duende». Textualmente dice José Mercé: «Vaya palabra... No sé si existe o no. Supongamos: un día no te sientes bien, piensas en el camerino que hoy darías dinero por no cantar, pero eres un profesional y tienes que hacerlo. Y resulta que ese día que estás mal, sales al escenario y algo que no sabes lo que es te ilumina y haces un concierto "de puta madre"... Quizás eso es el duende. Pero sólo quizás».
Lo gitano, para mí representa lo marginal. El barrio de mi infancia y adolescencia era el cruce entre la zona rancia y la zona prohibida -allí donde se acaba la decencia-, por lo que nuestras calles no dejaban de ser caminos de paso de ida y regreso para la mayoría de los gitanos. Su concepción de la vida no tenía nada que ver con la nuestra; no eran contemplativos, se bebían la vida con ansia, a manos llenas, sin rendir pleitesía, tomando lo que les apetecía simplemente porque creían que eso era lo natural, sintiendo, muriendo jóvenes... En una palabra en ellos veía LIBERTAD.
La libertad es el «duende» y el «duende» lo es todo. Su libertad desenfrenada es gratis, simplemente por ser el valor que anteponen a cualquier otro; porque su precio lo pagan con todo lo demás. Lo importante es sentir el viento en la cara siempre, aunque les azotase con lluvia y les golpease con fuerza, no podrá evitar que miren de frente a la vida para pedirle sus cuentas. En estos tiempos globalizados, nos dice Bush que la nuestra se debe recortar, que es más importante la seguridad y que para que, los que nada tienen, no nos quiten lo que tenemos hace falta defenderse. Que nuestros principios occidentales de justicia, libertad y democracia exigen como moneda la libertad. La verdad es que una gran mayoría de los políticos de los Estados Unidos de Norteamérica confunden los verbos ser y tener.
Sueño que soy un gitano con «duende», que me paso a Bush por el forro de los cojones mientras me «rajo» con toda la fuerza para que mi «quejío» sea perfecto, de esos que dicen los «entendíos» del arte flamenco que no existen. Porque eso, eso es lo único que vale en esta vida.
Un saludo.
→ Basi Vos firma#
viernes, 3 de noviembre de 2006
Al Yazira
Tal como la película «El odio» me reactivó hace ya dos meses, esta mañana he vuelto a sentir el chispazo. En las noticias de la mañana, esas que escucho mientras desayuno, dice la presentadora que la cadena de televisión Al Yazira (o Al-Jazeera usando la representación más anglosajona) va a emitir en inglés. Hasta aquí nada anormal, siento el mismo respeto que me produce la lucha del mundo árabe contra el Goliat en que se presenta occidente. La noticia, tras la entradilla, sigue con un vídeo en el que se dice que Al Yazira (الجزيرة نت) significa «la isla» en árabe.
Ahora entiendo mucho mejor a esta cadena, siempre capitana del enfrentamiento contra el poder de los medios de comunicación imperialistas de los Estados Unidos y sus seguidores. Comprendo la lucha diaria por contar su historia, la de otras civilizaciones, aisladas, asfixiadas y sometidas desde la globalización que nos gobierna. Es una emisora que informa con el sesgo de su cultura, tan válida y tan equivocada como todas las demás, y que no se ha rendido a las pretensiones de que lo bueno es lo occidental, a que lo justo son las democracias capitalistas, a que todo se reduce a un gran mercado –bazar o zoco- donde cada uno de los valores es suplantado por la tiranía del dinero y las necesidades económicas de los que más tienen. Las amenazas e intervenciones no han podido cerrarles la boca. Las balas tampoco.
No quiero ser utópico y supongo que, como todos los medios, mentirá y falseará la realidad, para reajustarla o adaptarla a su visión o intereses. Desde aquí, desde mi acomodado sillón en esta isla inexistente, me quedo con la metáfora que mejor entiendo por próxima: la del discurso político lanzado al mar dentro de una botella y emitido desde una isla con la esperanza de que, como tantos mensajes de los náufragos, llegue a una playa, que quienes lo encuentren entiendan su código –por eso tal vez emitan ahora en inglés- y que puedan fletar un barco que les rescate. Toda isla es un grito, el de la última esperanza que nos queda mientras ese aliento final nos aguante la fuerza para seguir rebelándonos.
viernes, 1 de septiembre de 2006
El odio
Hace unos días vi la película «El Odio». Tenía ganas de verla desde cuando asistí al taller literario con Belén Gopegui. Nos puso un fragmento para motivarnos a escribir con conciencia, para que nos preguntáramos cuál es el propósito por el que escribimos. Es la escena en la que un hombre cuenta una historia para poder salir de un cuarto de baño en el que tres jóvenes franceses (segunda generación de inmigrantes) de orígenes diversos (judío, árabe y africano) hablan de vengarse matando a un policía. Cuando el hombre se va dejando allí a los muchachos estos se preguntan: «¿por qué nos ha contado esta historia?». Al ver la película completa me pareció buena la explicación que mayoritariamente dimos en el curso, la de que simplemente quería salir vivo, pero también se me ocurrió otra. Toda la película se puede resumir en una metáfora que se cuenta varias veces: «un hombre se está cayendo desde una azotea y mientras va pasando por cada piso se va repitiendo a sí mismo POR AHORA TODA VA BIEN. El problema no es la caída, es el aterrizaje, porque toda caída termina en el suelo. De eso, el hombre que va cayendo, no se va dando cuenta».
La película no propone soluciones, nos muestra la «caída» limpiamente, sin trampas, desde el punto de vista de los que están cayendo. Han visto todos los problemas (desigualdad, marginalidad, sexismo, falta de oportunidades, violencia, inmigración sin adaptación...), pero no atisban soluciones; están dentro de la espiral que les va destruyendo, con el conocimiento de que no hay salida. Les queda la violencia, el trapicheo, el esfuerzo físico, las fiestas, la venganza, el odio… pero no como una solución, sino como una válvula de escape. En este punto entra en juego la historia del viejo. ¿Por qué nos habrá contado esta historia? Para despertarnos, para escapar, para reforzar el hilo argumental del hombre cayendo... Muchas soluciones, pero de lo que estoy seguro es de que no la contó para solucionar los problemas; cada generación debe resolver los suyos, los de todos.
El viejo cuanta lo siguiente: «Un grupo de deportados van en tren camino de Siberia. En una parada del tren uno de ellos aprovecha para cagar, pero se va lejos porque es muy vergonzoso. El tren arranca y el hombre echa a correr para alcanzarlo. El narrador le alarga el brazo para ayudarle a subir, pero al que corre, cada vez que intenta alcanzar el brazo, se le caen los pantalones, por lo que vuelve a pararse para subírselos y vuelve a correr. Los chicos le preguntan qué pasó y el viejo les responde que al final, su amigo, se murió de frío. Parece que cualquier decisión estaba condenada».
Lo cuento porque me encanta el tema de las decisiones y los puntos de no retorno. La historia del hombre habla de las decisiones que se toman y las que se dejan por tomar. La película, de los que se conforman con ver la caída, de los que se caen y de los que se mueren en el intento; de los que cambian y de los que no; de los que lo entienden y de los que no se enteran de nada; de los que hablan y de los que no escuchan, de los que repiten modelos pasados, porque de momento «todo va bien» y son incapaces de presentir el «aterrizaje».
martes, 27 de junio de 2006
Javi Álvarez
Fecha de última actualización: 07/08/2009
Mi nombre es Javier Álvarez Castellanos. Nací en un pueblo llamado Carrizo de la Ribera, que queda en la provincia de León (España), a la orilla del río Órbigo. Esto que cuento ocurrió un 23 de abril de 1968. Mi primera marca: soy un hombre de ribera más que de mar o de montaña; de escuchar el río desde la orilla, lanzando piedras de vez en cuando.
Mi segunda marca: recibí una educación católica de colegio de curas -o de hermanos maristas, que viene a ser lo mismo- hasta que pude evitarlo. Pensé que había pasado por ella sin pagar factura. Pequé de ingenuidad. Ahora soy agnóstico.
En la frente tengo otra señal, pero esta es física: creía que sabía volar y salté desde el mármol de la cocina. Pronto aprendí que los sueños, sueños son.
Pensé que las máquinas eran un reto y la informática la perfección: decir exactamente cómo quiero que se hagan las cosas. Completé los estudios superiores de informática en la Universidad Politécnica de Madrid. De esta época universitaria recuerdo cada una de las ruedas de molino que fui moviendo. No todo fue sacrificio y dolor, colaboré en diversas actividades de diferentes asociaciones; la más grata: mi participación en la fundación y dirección de la revista «Coleópteros y otros virus».
Aprendí muchas cosas, a tener razón casi tantas veces como a equivocarme, a pelear sin sacar las manos de los bolsillos. Encontré buenos amigos y la parte de mí que me faltaba. Me gané una profesión, unas veces divertida, las más aburrida, que me permite ganarme la vida y me roba el tiempo.
No he perdido el Norte, siempre intentando ser un hombre coherente, que acepta de dónde viene; un obrero que cree que lo honesto es ser de izquierdas, mirando con esperanza los procesos socialistas de América Latina, soñando con la tercera república para este país que establezca una igualdad de facto. No se le presenta fácil al género humano subsistir con dignidad dentro de este entramado capitalista forjado en el siglo XX y que continúa oprimiéndolo en el XXI; así que toca pelear por los ideales, enseñando los dientes y la rabia.
Y en esto de la literatura, poca cosa. Todos los reconocimientos -los tres que figuran a continuación- fueron en la Facultad de Informática. Me mencionaron como mejor guión del primer premio del concurso de guiones convocado por la Asociación Socio Cultural en 1992 -no podía ganar, me presenté fuera de concurso-. Me dieron el primer Premio Voces de Primavera en la modalidad de Poesía en 1995. Finalmente, también me galardonaron con el primer Premio Voces de Primavera en la modalidad de Cuento en 1997.
Después, empezaron los talleres literarios de escritura creativa. Allá por el 2003, en La Casa Encendida, recibí el primero. Lo impartía una gran escritora: Belén Gopegui. En el 2005 volví al mismo escenario, esta vez para aprender del maestro Luis Landero. En el 2007 me cambié al Hotel Kafka, por ver si me aprovechaba el ambiente de la La metamorfosis y volví a ser alumno por partida doble, la primera con Vanessa Herrero y la segunda con Mateo de Paz.
Lo último que hice fue en el Círculo de Bellas Artes, el 2009. Se trató de un curso de guiones llamado «Palabras que crean imágenes» que impartió la directora y guionista Inés París.
Con lo de las críticas culturales colaboro en el diario laRepúblicaCultural y también he publicado alguna reseña en Rebelión.org. Realizo crónicas de actos políticos que se ven publicadas en laRepública.es, el el web del P.C.E.... Me enorgullezco de haber firmado varios artículos para Mundo Obrero.
