lunes, 21 de marzo de 2005

El alma


Hola,

te envío esta carta que espero sea breve para contarte que creo haber encontrado el alma. No es que la buscase especialmente, pero...

Me han contado que en Berlín han abierto un restaurante para personas anoréxicas y bulímicas, me han dicho que el sitio se llama Sehnsucht(1). Dirás que qué tiene esto que ver con el alma, dame algo más de tiempo(2) para proveerme de todos los ingredientes y cocinar toda la historia.

Un plato con imperdibleNo estoy especialmente interesado en la anorexia ni en la bulimia, ni en trastorno digestivo alguno; pero si me atraen las noticias curiosas y en particular los restaurantes originales o al menos diferentes(3). Así que, ni corto ni perezoso(4) busqué toda la información que pudiese hallar(5). Entre aquella marabunta(6) de páginas estaba la carta de platos. Con descuido comencé a leerla; al principio sin mucha pasión, hasta que percibí un destello de ironía llamando «hambre de lobo» a un plato de faldilla de cordero. Más abajo, casi al final, me encontré con el «alma». Avariciosamente me interesé al instante por su contenido, el alma para Katja(7) y Claudia(8) es una crema de capuchino con una galletita. Una sonrisa cruzó mi rostro. Para mí también.

Allí mismo, sin moverme de mi habitación, había encontrado que las otras almas(9) ya no pueden existir ni como concepto(10).

Un beso muy fuerte, entre el corazón y la boca.

      Roberto Carpio(11)

(1)Ya sé que tu alemán no es muy bueno así que te cuento que la traducción al castellano es «nostalgia». Intentaré no escribir nada más en esta carta que no sea castellano.

(2)En realidad espacio, las palabras escritas se extienden en el espacio más que en el tiempo.

(3)Ya conoces mi necesidad de probar sabores nuevos.

(4)Esta expresión es más poética que realista. A mí me espanta la poesía pero, en este caso, me ayuda a enfatizar el punto al que quiero llegar o, en realidad, alargarlo.

(5)hallar. (Del fallar). 1. tr. Dar con alguien o algo que se busca. 2. tr. Dar con alguien o algo sin buscarlo. 3. tr. Descubrir con ingenio algo hasta entonces desconocido. 4. tr. Ver, observar, notar. 5. tr. Descubrir la verdad de algo. 6. tr. Dar con una tierra o país de que antes no había noticia. 7. tr. Conocer, entender después de una reflexión. 8. prnl. Estar presente. 9. prnl. Estar en cierto estado. Hallarse atado, perdido, alegre, enfermo. (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua). Es curioso ver que la primera acepción es la contraria de la segunda. Pero no quería hablar de eso sino que pretendo proponerte un juego: adivina cuál de las nueve posibilidades es la que he querido usar.

(6)marabunta. (De or. inc.). 1. f. Población masiva de ciertas hormigas migratorias, que devoran a su paso todo lo comestible que encuentran. 2. f. Conjunto de gente alborotada y tumultuosa. (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua). Cómo ves yo también uso el lenguaje como me da la gana. Para algo se inventaron los símiles, metáforas, metonimias…

(7)La propietaria de la «nostalgia».

(8)La cocinera de la «nostalgia».

(9)Me refiero a esas que dicen que:

  • no son materiales
  • conforman nuestra esencia
  • se quedan flotando cuando se nos acaba la vida
  • se nos manchan cuando pecamos

(10)Cuando encontramos algo tangible renegamos de lo abstracto, pues lo tangible podemos recordarlo y lo abstracto –¿qué podemos hacer con ello?-. Siendo algo más filosófico podríamos decir que cuando encontramos una explicación para lo sobrenatural deja de ser sobrenatural.

(11)Desalmado de profesión.

viernes, 18 de marzo de 2005

Desmantelando símbolos franquistas


El pedestal vacíoEn la madrugada del 17 de marzo se procedió a desmontar la estatua ecuestre del dictador Franco que se encontraba en Madrid. He visto a la extrema derecha rendir tributo a «su héroe» y reconozco que me ha causado sonrojo y sorpresa. Siempre respeto la libertad de expresión, pero se me hace muy difícil comprender a los que tienen las manos manchadas con sangre.

Soy de los que defienden la opción de desmantelar nuestras ciudades de símbolos franquistas y no acepto la idea que transmite la derecha de «vamos a olvidarlo todo que la transición salió muy bien». Creo que hay muchas cosas que recordar, debemos devolver la memoria a nuestros soldados republicanos y resarcir a los presos políticos y a todos los represaliados durante los cuarenta años de dictadura que vivimos. Estamos obligados a recuperar la república como forma de gobierno en nuestro país pues fue la que elegimos mediante sufragio universal.

Santiago CarrilloEsa noche, unas horas antes, Santiago Carrillo cumplía noventa años y parece ser que el gobierno aprovechó la fecha. Se le brindó un homenaje que desde las diferentes cadenas de televisión se le ha dado un tinte socialista. He releído sobre este tema en internet y curiosamente me he encontrado con artículos mayoritariamente en contra del dirigente político, en el que se le dibuja con rabo, cuernos y tridente -tal como se nos pintaba durante el franquismo-.

Nota: la fotografía del pedestal es obra de Olalla Cernuda y apareció publicada en el diario digital El mundo.

jueves, 17 de marzo de 2005

Actualizando mi irrealidad virtual


La irrealidad virtual de Javi ÁlvarezEste es el nuevo aspecto que tiene la portada de mis páginas personales. En ellas recojo mis escritos, catalogados por relatos, versos, opiniones y cajón de sastre.

El nombre que le he puesto a este espacio es irrealidad virtual para reflejar un poco la amalgama digital que presenta.

Siempre se le plantean dudas a un escritor cuando sube algo a la red, el fantasma del plagio sobrevuela y ronda la cabeza con su voz tipo conciencia que dice «eres un idiota». Mi opinión se inclina a compartir, a distribuir, a permitir, a vivir y sí, a ser un idiota.

miércoles, 16 de marzo de 2005

Método para escribir un cuento


EscribirSoy muy obsesivo en casi todo, pero especialmente a la hora de escribir. He ido perfeccionando lo que he dado en llamar «mi método». Lo primero, tengo que prever es un estado inicial del que partir y un estado final al que la historia debe llegar.

Luego le pongo título al relato -me ayuda mucho para cuando me pierdo y no me importa cambiarlo mientras voy escribiendo la historia, pero está ahí, en la cabecera de todas las páginas-.

También para ayudarme y para crear un ambiente más lúdico he fijado una serie de normas que cumplo para la mayoría de los relatos que escribo:

  • En el relato sólo aparecen tres personajes.
  • Siempre aparecen los nombres de los tres personajes.
  • Todos los nombres comienzan por la misma letra.

(Es curioso ver luego que la gente que ha leído mis relatos no se ha dado cuenta de que existen esas reglas y se cumplen. Para mí es un salvavidas que a fin de cuentas tampoco influye en lo que narro).

Con ésto hemos cerrado la parte de ambiente, y ya puedo comenzar a escribir el primer párrafo (otra manía: no puede ser un día de fin de semana) y lo releo haciendo ya correcciones.

Escribo el segundo y releo los dos haciendo correcciones.

Así con cada párrafo hasta el final. Cuando en una de estas pasadas no modifico nada de un párrafo puede ser por dos cosas:

  • Creo que es lo que quería escribir y ya no debo tocarlo, entonces en las siguientes pasadas ya no lo modificaré y lo leeré por encima a no ser que cambie el sentido de la narración.
  • Sé que tiene algún error pero no doy con él. Entonces pongo una nota a pie de página explicando la sensación que tengo para corregirlo en un futuro.

Todo esto que he contado es el primer día, en el que espero haber escrito la mitad del relato. Lo dejo dormir una semana y lo recupero (tampoco puede ser un día de fin de semana). Lo leo sin ánimo corrector y escribo el siguiente párrafo. Vuelvo a aplicar la técnica de las pasadas. Este segundo día lo termino. Y lo dejo dormir hasta el fin de semana siguiente. El fin de semana es para corregirlo definitivamente.

De todas formas no soy tan obtuso como para no saltármelo alguna vez:

  • Cuando tengo prisa porque me quiero presentar a algún concurso y no me da tiempo opto es escribir todo lo que puedo el primer día sin pararme a releer y corregir el fin de semana.
  • Cuando estoy escribiendo un relato más complejo o más largo suelen aparecer más de tres personajes
  • Cuando me atasco mucho utilizo más días.
  • Cuando creo que es sano no seguir normas.
Puntos de no retorno es un claro ejemplo de todo lo aquí expuesto.

martes, 15 de marzo de 2005

El miedo


MiedoEl miedo nos impide hacer -o decir- muchas de aquellas tareas que deberíamos haber convertido en realidad. Nos produce una insatisfación con el camino que hemos elegido después de cada duda. Es tan atroz, que cada uno de nosotros quiere vivir sin miedo. Existen muchos tipos: unos propios y otros colectivos, unos reales y otros ficticios, unos instintivos y otros adquiridos. De la misma forma, creamos nuestras defensas para poder soportarlos y convivir con ellos. A veces son mecanismos incocentes, como el hecho de cantar cuando estamos a oscuras, tanto para infundirnos ánimos como para poder asustar al imaginario atacante. Otras son más sofisticados, la compra de armas como medio de autodefensa, los barrotes en las ventanas, los seguros de vida...

Las sociedades capitalistas han agudizado la crisis del miedo al introducir un nuevo factor: el dinero, en concreto sus fluctuaciones en mercados de futuros y en las inversiones, tanto en las más arriesgadas como en las de carácter conservador. De pronto, la sociedad nos acosa con el miedo a perderlo todo, a encontrarnos vagando por las calles sin nada.

Los gobiernos consiguen maniatar a los pueblos a través de soluciones parciales -o apaños- a sus miedos: invierten en seguridad, defensa, en medicina, en televisión... Estados Unidos recorta las libertades de sus ciudadanos -y de los inmigrantes especialmente- a cambio de asegurarles que viven en una nación más segura.

Personalmente creo que abusan de nosotros y que debemos comenzar a plantearnos algunos interrogantes. ¿Qué tenemos que sacrificar en el altar de nuestros miedos cada día para poder llegar al final de la jornada?, ¿la honestidad?, ¿los principios?, ¿el sentido común?... ¿Dónde está el límite que podemos soportar?

Ayer tuvimos reunión del taller literario. Hicimos lo de siempre, comimos y bebimos, hablamos de nosotros -de cómo nos cambia el mundo y cómo lo cambiamos-, leímos nuestros deberes y los criticamos -siempre constructivamente-. En realidad, el grupo juega un papel de lastre -en el buen sentido: tirar de nosotros- en nuestras vidas: nos obliga a escribir, a socializarnos en un entorno cultural, a compartir motivos y técnicas para mejorar nuestra pasión de escritores, y, en el fondo, a encontrarnos los unos con los otros. En realidad, el taller, es la manera de matar nuestros miedos durante tres horas.